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Full text of "Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada"

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) f E R T t O F 







ARTES SCIENTIA VERITAS 



/ 



HISTORIA 



ECLESIÁSTICA Y CIVIL 



DE 



NUEVA GRANADA, 



ESCRITA SOBRE DOCUMENTOS AUTÉNTICOS. 



POR 



D. JOSÉ MANUEL GROOT 

INDIVIDUO CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA 

DE LA HISTORIA 



TOMÓV 



SEGUNDA EDICIÓN, AUMENTADA 



BOGOTÁ 

CASA EDITORIAL DE M. RIVAS & C* 

1893 






WLlJí, 



^— — .!_ 



F 



^-^-5^ HISTORIA 

ECLESIÁSTICA Y CIVIL 



DE 



NUEVA GRANADA 



CAPITULO LXXXVIl. 



ImportAücia que dio el Libertador & Colombia. — Beoonocimiento de la independenoia 
por la Gran BretatUí, — ^Tratados.— El señor Hartado, Ministro de Colombia en Lon- 
dres.— £1 Congreso aprueba diversos tratados. ^Decreto sobre los premios j recom- 
pensas del Perú. — Manda el Congfreso qne se paguen al Libertador los sueldos que se 
\ le debían desde 1821. — Decreto de honores al Ejército. — Aprobación del empréstí- 

' to.-^Otros actos legislativos sobre asuntos eclesiásticos. — Causa j condenación del 

Coroiibl luíante. — Acusación contra el doctor Pe2a ante el Senado. — Consecuencias 
funestas de estos hechos.— Nueva sublevación de los pastusos.— El General Sucre en 
La Paz. — Destrucción de las últimas fuerzas realistas en el Alto Perú. — Muerte de 
Olañeta. — ^Marcha hasta el Potosí.— Sucre envía al Gobierno de Colombia las bande- 
ras de Pizarro que flameaban sobre la cumbre del Potosí. — La Gaceta sobre este 
acontecimiento. —El doctor Madrid á las banderas de Pizarro.— El Libertador mar- 
cha para el Alto Perú.-«En el Cn2co le presentan al Libertador una corona de oro 
esmaltada de diamantes. — Este la ooloca sobre las sienes de Sucre, diciendo que era 
él quien la merecía. — Sucre la remite al Congreso de Colombia.— Se erige la Bepú- 
blica de Bolivia.— Primeras tropas colombianas que regresan á su patria.— El Liber- 
tador en el Potosí. — ^Hermoso cuadro de Larrazábal.— Celebra el Libertador en Chu- 
quisaca el aniversario de Ayacucha— Su regreso á Lima. — Bendidón de la plaza del 
Callao. 

I 

^ •*"^ UÉ importancia daba Bolívar á Colombia ! Colombia llama 
I ■ \ ^^ atención de las naciones poderosas al salir de la lucha de 

I \ F catorce años, no sólo libertándose á si misma, sino á dos Re- 

I I ^1^ públicas más; y aun se preparaba, si fuese necesario, para 

nuevas empresas. La prensa europea daba testimonio de 

: ello. '' Colombia, decía por este tiempo un periódico inglés, Coloihbia, un 



HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Estado nuevo, formado del antiguo Virreinato español de la antigua Nue- 
va^ Granada, y de la Capitanía general de Caracas, es de todos los nuevos 
Estados de la América meridional^ el que ha atraído más la atención de la 
Europa por largo tiempo. Habiendo sido uno de los primeros que entraron 
en la carrera borrascosa de la independencia, ha sufrido todas sus vicisi- 
tudes con una perseverancia que llamará la atención de la posteridad. 

" Realmente, tan pronto como Venezuela hubo obtenido un Gobierno 
independiente en 1810, los jefes de la revolución ansiaron por sustituir en 
cada Provincia la autoridad soberana á la privada, y establecer una Repú- 
blica federativa, por el modelo de los Estados Unidos; pero la ilustración 
de los españoles americanos no era aún igual á aquel grado de libertad, y 
pocos centenares de hombres, salidos de Coro, bastaron para destruir el 
gobierno federativo, cuyos elementos orgánicos habían sido desunidos por 
la discordia. Así, las Provincias que ahora componen la República unida, 
fueron por seis años el campo de las divisiones intestinas,- despedazándose 
mutuamente, luchando por la soberanía y destrozando una Constitución 
después de otra, hasta que el cañón de Morillo resonó en sus oídos. 

" La unión* subsiguiente de todas las Provincias, bajo un gobierno cen* 
tral, produjo, finalmente, un cambio en el estado de los negocios, ^olivar, 
que en medio de la tormenta nunca desesperó de la salud pública,, fue 
capaz de resistir á Ids veteranos de Morillo y atravesar los Ande^ sobre los 
cuerpos españoles que los defendían, de inducir un cambio eo el carácter 
de la guerra, y obligar á feroz enemigo á observar las leyes sancionadas 
por las naciones civilizadas, concluyendo un armisticio con una nación á 
la que él había afectado, por largo tiempo, mirar como una horda de ban-» 
didos. ^ ' 

'' Desde aquel momento esta vasta porción del Nuevo Mundo obtuvo 
al fin su independencia, por su constancia y sacrificios, y consolidó, bajo 
una República común, la existencia política de aquel inmenso país, que se 
extiende desde el mar Caribe al Perú, y desde el Pacífico al Atlántico. 

"Al presente, no sólo no posee la España una sola pulgada de tierra en 
aquella vasta región, sino que es actualmente perseguida por las armas vic- 
toriosas de Colombia, que después de haber conquistado su propia indepen- 
dencia, ha tomado sobre sí la libertad de sus vecinos : Bolívar mismo ha 
conducido tropas al Perú para libertar la cuna de los Incas de la opresión 
de los españoles. 

'* La regeneración interna de Colombia mantiene la paz con el suceso 



/; 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETE» 

de 9US armas. Aquella República ha adquirido yá un grado de civilización á 
que ningún otro Estado de la América española ha alcanzado, y no puede 
verse sin admiración la rapidez con que cada ramo de esa existencia social 
está mejorándose ahora bajo la egida protectora de su Constitución. Tran- 
quilidad ; sumisión general á la ley común ; seguridad en todos los derechos 
legales; un sabio y vigoroso Gobierno, reconocido y respetado en todo el 
territorio, tales son los caracteres bajo los cuales la República de Colom- 
bia, tan débil, tan insignifícantef pocos años há, se ofrece ahora á la consi- 
deración del universo civilizado." (i) 

£1 juicio europeo, pues, estaba yá bien formado respecto á Colombia 
en 1824, y al dar cima sus ejércitos á la libertad dd imperio de los Incas, 
el gabinete de San James fue el primero de los que, en Europa, reconocie- 
ron la soberanía é independencia de Colombia. 

Uno de los miembros de la Comisión británica, el Coronel Campbell, 
estuvo de regreso en Bogotá, trayendo tan importantes despachos. El rego- 
cijo y entusiasmo de la capital fue grande, y se manifestó espléndidamente 
en varios actos públicos, particularmente en el convite que el Vicepresi- 
dente dio á los honorables miembros de la Comisión británica. En la sala 
donde se tuvo el banquete, á que asistieron, además de los miembros del 
Gobierno y Cuerpo diplomático, una Comisión del Congreso y muchos su- 
jetos notables, se puso esta composición de Urquinaona en medio de los 
retratos del Rey de Inglaterra, Jorge IV, y del Libertador, con los demás 
adornos correspondientes al asunto: 

Que ciña el despotismo su ancha frente 
Con la corona de fatal beleño, 

Y mire con adusto y torvo ceño 

Las virtudes de un pueblo independiente. 
Jure la destrucción de aquel que intente 
De dura esclavitud dejar el sueño, 

Y calcule y trabaje con empeño 
En sufocar la libertad naciente. 

Del exterminio y guerra acompañado, 

Y por las duras Parcas conducido. 

Un yugo, en vez de cetro, empuñe osado*... 
Vanos esfuerzos hace el fementido, 



tmm 



(1) J7^ Ameriean Monitor» London, 1824. 



.B^M 



HISTORIA DE NUEVA (^RANADA 

Pues mientras Jorge exista el ilustrado, 
El derecho del hombre es protegido. 

El mismo dijo en un brindis, aludiendo á la Santa alianza: 

Los tiranos de Europa han levantado 
El puñal carnicero ; 
Y crueles y alevosos han gritado: 
I Morir ó esclavizar al orbe entero I 
A tan bárbaro grito ha contestado 
Un pueblo entre los libres el primero: 
*** j Oh sacra libertad 1 poder ninguno 
Doblegará el tridente de Neptuno." 

• 

Esto se refería al poder marítimo de la Inglaterra, que había declara- 
-do no consentir en que los aliados de la España le ayudaran contra la 
América. 

Inmediatamente después de llegado á Bogotá el Coronel Campbell, se 
abrieron las negociaciones para la celebración de un tratado. Los negocia- 
dores fueron : por parte del Gobierno de la Gran Bretaña, los señores Ha- 
milton y Campbell, y por parte del de Colombia, los señores Pedro Gual, 
Secretario de Relaciones Exteriores, y Pedro Briceño Méndez, de Marina 
y Guerra. El tratado de amistad y comercio se firmó el 1 8 de Abril. Con- 
vínose en este tratado, por parte de los dos Gobiernos, en la completa abo- 
lición del tráfico de esclavos. El señor Campbell quedó en Bogotá encar- 
gado de negocios de Su Majestad Británica, y el señor Hamilton regresó á 
Inglaterra, llevando el tratado para su ratificación. Obtenida ésta, se pre- 
sentó en la Corte de Londres, como Ministro Plenipotenciario de Colom- 
bia, el señor Manuel José Hurtado, primer Ministro de los Estados Sur- 
americanos reconocido en una Corte europea con carácter diplomático. 

El Congreso aprobó el tratado celebrado entre el Gobierno de la Re- 
pública* y el de los Estados Unidos del Norte. Celebróse otro de unión, 
liga y confederación con la República de Centro-América, erí los mismos 
términos que los celebrados con el Perú, Chile y Méjico en 1823 y 1824. 

También dictó un Decreto por el cual daba su consentimiento para que 
el General Sucre, Jefes, Oficiales y tropa del Ejército colombiano, premiados 
por el Gobierno d^l Perú, pudieran aceptar las recompensas y honores que 
se les concedieron. El Congreso recordó que al Libertador no se le había sa- 



^ 



\ 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETE. 

tisfecho ni el haber militar que le concedía la ley del Congreso de Cúcuta, 
ni sus sueldos, y dictó un Decreto para que de cualquiera fondo que fuera, 
aun privilegiado, se le satisficiese su haber y sueldos hasta el año de 1821 ; 
pero tal pago no se realizó, porque el acreedor no miraba por sus interesen. 
Otro Decreto sancionó el Congreso, de honores y recompensas; á los 
vencedores en Junín y Ayacucho. Por el artículo primero se decretaron 
los honores del triunfo al Libertador Simón Bolívar, Presidente de Colom- 
bia, y al Ejército auxiliar colombiano vencedor en Junín y Ayacucho. Por 
el artículo segundo se encargaba al Ejecutivo presentar al Libertador una 
medalla de platina, á nombre de la Nación, con geroglíficos é inscripciones 
de Junín y Ayacucho. Por el tercero, la misma medalla de plata se manda- 
ba distribuir á las Municipalidades, al Museo, Universidades y Colegios de 
la República, para conservarla como un testimonio auténtico de la gratitud 
nacional. Por el cuarto, el Poder Ejecutivo debía presentar, á nombre del 
Congreso, una espada de oro al General Sucre, con esta inscripción : £1 
Congreso de Colombia al General Antonio José de Sucre, vencedor en Aya^ 
cucho el año de 1824. Por el quinto se concedió á los individuos del Ejér- 
cito un escudo bordado de oro, sobre campo rojo, para todos los Jefes y Ofi- 
ciales, y de seda, desde Sargento para abajo, con la inscripción: Junín y 
Ayacucho en el Perú, Por el sexto, los cuerpos de toda arma añadirían á 
su denominación la de vencedor en el Perú. Por el séptimo, se encargaba 
al Libertador expresase, á nombre del Congreso, los sentimientos de grati- 
tud nacional al esforzado Batallón " Rijles de la Guardia^^ que antes quiso 
ser despedazado en su mayor parte, que ceder por un momento á la fuerza 
superior del enemigo el día 8 de Diciembre, en los campos de Huamangui* 
lia. Por el octavo se mandó celebrar, en toda la República, un día de fies- 
tas y regocijos en celebración de los triunfos del Ejército, y una fiesta reli- 
giosa de acción de gracias tributadas al Altísimo por la visible protección 
que dispensaba á las armas defensoras de la libertad. Por el noveno, fiesta 
funeraria en todas las capitales, por los colombianos muertos en la campa- 
ña del Perú. Por el décimo se mandaba registrar este Decreto en todas las 
Municipalidades, Universidades y Colegios y en las oficinas de los Estados 
Mayores departamentales y divisionarios, (i) El último artículo era auto- 

(1) Consignamos en nuestra Historia este recuerdo de gratitud hacia esos ilustres 
colombianos á quienes debemos independencia y libertad, porque nada existe de tan gl0«- 
rioso monumento en los lugares donde se mandó depositar. [.Gloria 4 los manes de esoft 
militares, cuyo tipo se rompió para siempre^ 



>' 



8 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

rizando al JSjecutivo para disponer de los fondos necesarios á fin de dar 
cumplimiento á las disposiciones de este Decreto, con todo el decoro co- 
rrespondiente á la dignidad nacional y al mérito eminente de los servido- 
res de la Patria á quienes se quería recompensar. 

£1 Ejecutivo dictó inmediatamente las órdenes convenientes para la 
puntual ejecución de este decreto, habiendo tenido que ocurrir á Europa 
por los objetos que en el país no podían ser bien ejecutados. Para ' la cele- 
bración de los regocijos públicos señaló el día 24 de Junio, aniversario de 
la batalla de Carabobo y ocupación de Cartagena, y el 27 del mismo mes 
para los funerales por los militares muertos eñ la campaña del Perú. 

Este Congreso también se ocupó en el negocio del empréstito, cuyo coji- 
trato ratificó con cortas modificaciones y aprobó plenamente la conducta 
del Ejecutivo. Se declaró piratería el tráfico de esclavos. Se organizó el ré- 
gimen político de los Departamentos, Provincias, cantones y parroquias de 
la República; se crearon Juntas provinciales que atendieran á varios ramos 
de los intereses provinciales. Se destinó un millón de pesos del empréstito 
para fomento de la agricultura; se reformó la contribución directa; se. die- 
ron leyes del Poder Judicial y de procedimiento en los juicios civiles. 

En cuanto á negocios eclesiásticos, el Congreso expidió una ley favo- 
rable al clero. Abolió las exacciones llamadas por el Gobierno español, y á 
cuyo favor se percibían, media annata, mesada eclesiástica y anualidad con 
que estaba gravado el sueldo^de los canónigos. Por un decreto del mismo i. 

Congreso se declaró corresponder á los Gobernadores de Provincias, y bajo 
este concepto á los intendentes en las de su residencia, examinar y aprobar 
^-"^"^las cuentas de fábrica de las iglesias catedrales y parroquiales, que habrían 
de presentar cada año los respectivos mayordomos, debiéndose observar en 
«1 examen, arreglo y formación de las cuentas la instrucción y cédula de 
19 de Julio de 1797. Por otro decretóse resolvió que las ternas remitidas 
al Poder Ejecutivo por los Capítulos catedrales, para lascanongíás de oficio '> 

€n que se incluyesen uno ó más indignos, á juicio del Ejecutivo, ó de que 
se excluyesen los opositores más dignos, pudieran ser devueltas, manifes- • 
tando el Gobierno ios fundamentos que para ello tuviese. Por esta disposi- 
ción quedaron al arbitrio del Gobierno las provisiones del coro, pues que 
podía devolver las ternas hasta que viniesen en ellas los de su agrado, aun- 
que no fueran los mejores para la iglesia.; y como las promociones también 
estaban en su mano, era probable que los canónigos que habían aceptado la 
iey .de jiatronato y los empleos, tvo queriendo ixialquistarse coa el Ejecuti vo^ 



CAPITULO OCHENTA Y SIETE. 

cuidaran de no proponer sino á aquellos p jr quienes se supiera que tenía 
interés, y que excluyeran á los que les repugnasen, aunque fueran los más 
dignos y mejores para el servicio de la iglesia. 

Tuvo lugar en esta legislatura la acusación del doctor Miguel Peña, 
Presidente de la alta Corte de Justicia, que no había querido firmar la sen- 
tencia de muerte dada por el Tribunal- contra el Coronel de caballería 
Leonardo Infante, por atribuírsele la muerte de un oficial. 

Tanto la causa del Coronel tomo la de Peña, fueron ruidosas, por la 
naturaleza de las personas sobre que se versaban.. La primera tocaba con un 
Jefe de gran mérito por su valor, y de los más distinguidos libertadores de 
la Nueva Granada en i8 19. La segunda tocaba nada menos que con el 
más alto Magistrado del Poder Judicial, el doctor Miguel Peña, abogado 
venezolano de mucho mérito por sus luces, y sobre todo, por la firmeza de 
su carácter, aunque luego le fuera funesto á la República. 

Desgraciadamente hombres influyentes, pero fatídicos para el país, se 
declararon contra el Coronel Infante de una manera encarnizada. ¿Y por 
qué ? .Nada tenía Infante que ver con los doctores Vicente Azuero y Fran- 
cisco Soto, sino era el haber sido uno de sus libertadores. Sin embargo, 
estos dos señores fueron los que más se cargaron contra él. El General 
Santander también se manifestó muy interesado por la justicia en el mismo 
sentido. Esto lo conocieron todos, y se dijo que el Vicepresidente estaba 
resentido con el negro, porque en las fiestas en celebración del triunfo de 
Boyacá le había dicho, delante de toda la gente, algunas chanzas^ propias 
de un llanero, pero ofensivas á la valentía militar del General. 

No hay para qué decir que B¡ Correo, redactado por los dos dichos 
doctores, y órgano ministerial, se pronunció terriblemente contra el Coro" 
nel Infante y el doctor Peña. Los correistas eran del consejo privado del 
Vicepresidente. El mismo señor. Restrepo lo dice en su Hishria de Co* 
lombia. 

Otros enemigos tuvo este desgraciado militar, que no le perjudicaron 
poco, y fueron multitud de personas tímidas y asombradizas, del barrio de 
San Victorino^ que era el en que habitaba Infante. Estos le tenían miedo, 
porque el Coronel era todo un llanero, y los llaneros tienen chanzas pesa* 
das; á lo que se agregaba ser de imponente aspecto. Era negro de los más 
finos; llanero de Maturín, de lanza brava; corpulento, bien formado, de 
buena fisonomía, y aunque cojo, tenía un caminar garboso. Siempre anda* 
ba uniformado; coa sus charreteras de plata y sombrero alto galoneado. Te- 



10 HISTORIA VfE mXEVA GRANADA 

nía gusto en salir por las noches á pasear por las calles con su sable de latón 
al cinto, y solfa atajar á las gentes para chancear con ellas, aunque no se 
supo que le faltara á nadie, ni esto era efecto de embriaguez, pues no tenía 
ese vicio. Sin embargo, con estos modos llaneros tenía molestos á los del 
barrio, y aun aquellos con quienes trataba lo miraban con recelo, porque 
los llaneros en la sociedad de las gentes cultas son como el mastín que entra 
á la sala meneando la cola, y aunque el amo diga que no hace nada, todos 
lo miran con recelo, y desean que lo echen afuera. Los vecinos de San 
Victorino deseaban salir de Infante, y al día siguiente de su prisión ama- 
necieron letreros que decían : San Victorino libre! Esto contribuyó mucho 
á su desgracia, pues los que se empeñaban en matarlo no tenían que temer 
la crítica popular, sino qup antes contaban con sus aplausos. Sin embargo, 
las gentes justas y desapasionadas se manifestaron interesadas en favor de 
Infante. 

La causa de este hombre, vista hoy á la luz de la ciencia moderna ju- 
rídica y de la filosofía humanitaria, debe ser un padrón de infamia para los 
jueces que en ella fallaron y para los que la apoyaron, aunque los princi- 
pales hayan sido los patriarcas de la escuela liberal ; de esta escuela que 
hoy anatematiza la pena de muerte como la institución más bárbara que 
se haya reconocido, y como el mayor atentado contra la humanidad. 

Cuando así estaban los ácimos prevenidos contra el Coronel Infante, 
amanece el día 24 de Julio el cadáver del Teniente Francisco Perdomo 
entre las aguas del río de San Francisco, bajo el puente de San Victorino. 
Por sospechas se mandó reducir á prisión á Infante en el mismo día por 
la tarde. £1 lo supo desde por la mañana, mas no se le dio cuidado alguno. 
Como era hombre á quien se temía, se mandó poner tropa sobre las armas 
y se dio orden para que si resistía se le hiciera fuego. Infante se dio ala 
prisión sin resistencia. Siguióse el proceso con tal rapidez como jamás se 
había visto en nuestros tribunales de justicia; tal que, para el día 13 de 
Agosto, es decir, á los veinte días, yá estaba sentenciado á muerte todo un 
Coronel de los libertadores de Colombia. 

La causa de Infante hay que considerarla bajo dos aspectos ; en lo sus- 
tancial y en el procedimiento. 

En cuanto á lo primero, no hubo más pruebas que indicios y sospe- 
chas, que aunque verosímiles, nunca podían hacer prueba para sentenciar 
á muerte á un hombre. Dos mujeres, madre é hija, fueron los principales 
declarantes, que dijeron haber amenazado Infante á Perdomo- con que te 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETE. II 

había de romper tres costillas y partirlo de un cintarazo ; que esa noche le 
había dicho á un tal Riera, que sacase con engaños de la casa á Perdomo y 
le dijese que corriera por la calle abajo para el puente ; que hecho eso, 
Infante había salido con él, y que luego habían oído una risotada de éste. 
Del proceso resultaba justificado que entre estas dos mujeres é Infante 
había habido un contrato ilícito ; que éste le había ofrecido á la madre 
cincuenta pesos ; que no le había dado más que un escudo, y que habiendo 
ido á su casa á cobrarle lo restante, la había echado á foetazos. Era más 
que claro que tales declarantes no merecían fe alguna. Al tomarles segun- 
da declaración, contradijeron parte de lo que habían dicho en la primera. 
Estas habían citado á dos oficiales, de los cuales el uno dijo que nada sa- 
bía de lo que se le preguntaba ; el otro negó parte de lo que se le suponía 
saber, y sólo convino en una circunstancia insignificante. Riera, aunque 
dijo ser cierto que él había sacado de la casa á Perdomo, negó que hubiera 
sido por mandato de Infante. Esto era lo más que había en el proceso ; de 
aquí para adelante todo era confusión y oscuridad. 

^ Sin embargo, Infante fue juzgado y sentenciado á muerte en un Con- 

sejo de Guerra, compuesto de Coroneles. Regía entonces para estos juzga- 
mientos el Reglamento de San Félix, el cual exigía la concurrencia de dos 
Generales para juzgar á un Coronel. Por esta nulidad, reclamada por el 
defensor ante la Corte, la sentencia se declaró nula y el proceso se devolvió 

^ al Comandante general. Nombráronse nuevos vocales para el Consejo, 

entre ellos á los dos Generales José Miguel Pey y Federico D'Ebens, con 
cuya concurrencia, el Coronel Infante fue sentenciado á muerte. El fiscal 
interino de la alta Corte, doctor Francisco Soto, pidió la confirmación de 
la sentencia, y aun el día que se vio la causa, se presentó y pidió á la voz 
la misma confirmación. Si se hubiera tratado de sentenciar á Sámano ó á 
Morillo por los asesinatos de los patriotas, no se habría tomado tanto inte- 
res en la ejecución de la sentencia de muerte, como se tomó para matar á 
uno de los más beneméritos Jefes libertadores. 

Visto el proceso con la concurrencia de todos los acusados, se votó la 
causa por los tres Ministros de la alta Corte, doctor Miguel Peña, doctor 
Félix Restrepo y doctor Vicente Azuero, y por los dos Jueces militares, 
Coronel Antonio Obando y Coronel Mauricio Ensinoso. Este votó por la 
absolución : Obando á muerte ; Azuero á muerte; Restrepo á degradación 
y diez años de presidio ; (i) Peña por absolución. 

(1) £1 catonismo del doctor Restrepo no se maúifestó en la eausa del doctor SaaTO- 



12 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Resultaron, pues,- dos votos á muerte ; dos á absolución y uno á de- 
gradación y presidio, es decir, voto á vida, que por poco que hubiera pe- 
sado en la balanza de la justicia, debía haberla inclinado al lado de la 
equidad, y esto fue lo que el Presidente del Tribunal declaró* por su parte, 
acumulando el voto del doctor Restrepo á los otros dos á vida, y dijo que 
el reo estaba absuelto. 

Oh ! qué escándalo ! El Tribunal decidió que había discordia y se 
llamó á un Conjuez, que lo fue el doctor José Joaquín Gori, quien agregó 
su voto de muerte. Quedaron entonces tres á muerte y tres á vida ; por lo 
cual el doctor Peña dijo que no había sentencia, porque el voto á presidio 
y degradación era á vida. Dijo, además, que desde la primera votación re- 
sultaba absuelto Infante, por el artículo 25, Título 5. <>, Tratado 8.° délas 
Ordenanzas militares, por las cuales se le estaba juzgando ; que el Consejo 
de Guerra le había impuesto la pena de ordenanza, y que en esta parte 
!a disposición era imponer pena de muerte al reo habiendo un voto más á 
muerte sobre los que absolvieran ó impusieran otra pena ; pero en la vota- 
tión primera no sólo hubo un voto más sobre los dispersos á vida, sino 
que hubo un voto más á vida sobre los de muerte. Sin embargo, cuando se 
tocó el caso de discordia, el Tribunal, para salir de este estrecho, aunque 
fuera por las bardas, declaró que la votación no debía hacerse conforme á 
ordenanza, sino conforme á la ley orgánica de tribunales ; y que confurme 
á esta ley había sentencia de muerte. . * 

Peña atacó á sus compañeros en este atrincheramiento, que habían 
formado de pronto, diciendo que aun tomando los votos conforme á esta 
ley, no había sentencia, pues que por el artículo 19 se necesitaba la con- 
formidad de la mayoría absoluta de los Jueces que asisten á la causa, es 
decir, uno ó más sobre la mitad, y en el caso presente había tres á muerte 
y tres á vida ; por lo que se denegó á firmar lo que se quería llamar sen« 
tencia. Pero no fue posible que los Ministros cedieran un punto: ellos 
decían que el voto á presidio y degradación se acercaba más á los votos á 
muerte que á los de vida; de manera que el punto en cuestión era de si el 
voto á presidio y degradación debía servir para salvar la vida á un, bene- 

dra ni en la de Infante. En é&ta no podía haber término medio entre la absolución 7 la 
luaerte ; porque, ó Infante era responsable por la muerte de Perdomo, ó no lo era : si lo 
primero, debía sufrir, según las leyes, la muerte, y si lo segundo ¿ por- qué imponerle 
pena alguna ? ¿ Podrá imponerse penas tan graves por an delito ¿ quien no es respon- 
sable de ese delito 7 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETF. 1 3 



^^^^*^^^^^^^^^^^^i^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^ 



mérito de la. patria, ó para quitársela. La razóa que el doctor Azuero alega- 
ba de que había más distancia de la pena de presidio á la vida, que de la 
pena de presidio á la muerte, era la prueba más grande de la ceguedad de 
tales Jueces, Si á este sujeto se le hubiera puesto ea la alternativa de ele- 
gir, para él, entre el banquillo y el presidio, ¿ habría elegido el banquillo ? 
Oigamos en esta parte al doctor Peña ante el Senado. 

" Votada por segunda vez la causa del Coronel Infante con el Conjuez, 
resultaron tres votos á muerte y otros tres distintos : yo dije que no había 
sentencia, porque no había mayoría absoluta: los Ministros dijeron que sí 
había sentencia, y que el reo estaba condenado á muerte. 

"Yo me fundé en la ordenanza, y en que el artículo 19 de la ley orgá- 
nica de tribunales pide la mayoría absoluta en las sentencias; 

** El fundamento de los Ministros, según su propio acuerdo, es que el 
artículo 19 de la ley orgánica, que pide mayoría absoluta, debe entenderse 
sólo en las votaciones de los Ministros del Tribunal, y que cuando haya 
discordia no se necesita la mayoría absoluta, sino que basta la relativa, 
porque el artículo 17 de la misma ley manda qué para dirimir las discordias 
se nombre un Conjuez ó un Letrado. Nada dice de mayoría relativa. Este 
mismo fundamento se halla apoyado con varias reflexiones. 

" Pues, señores, es bien claro y evidente que lo que yo he hecho es 
entender el artículo 19 en la latitud de sus palabras, exigiendo su observancia,, 
no sólo en las sentencias que se pronuncian por los Ministros del Tribunal, 
sino en los casos de' discordia; y que los Ministros han restringido su sen- 
tido, declarando ó explicando que no debe observarse en este último caso; 
lo cual, en nuestro idioma, se llama interpretación. 

**El resultado de estos hechos es que los Ministros han interpretado ó 
declarado los dos artículos de la ley, restringiendo el sentido claro y termi- 
nante del 19, que es benéfico, y de cuya observancia, en los casos de dis- 
cordia, no resultan decisiones injustas por el 17, cuyo contenido nada dis- 
pone contrario á la mayoría absoluta, sino por una consecuencia que sacan 
los Ministros, contraria al sentido expreso de aquél, la cual se evita guar- 
dándose las leijres generales que no están derogadas ; que por esta interpre- 
tación deja de comprenderse en el artículo 19 á un ciudadano á quien pue- 
de aprovecharle, y se declara condenado á muerte un oficial de la Repúbli- 
ca. Prescindamos de su nombre. 

^ La cuestión de derecho que actualniente se presenta á nuestra consN 



:4 HISTORIA DE NUEVA GRANABA 

deración es si un tribunal de justicia puede hacer una interpretación 
semejante 

" Siempre que haya sobre el globo un hombre^ que sin la ferocidad de 
un tigre ó de una pantera, dotado de buen juicio é imparcial, se atreva á 
decir que un Tribunal de justicia puede, dejando á uu lado la equidad y. la 
humanidad, hacer esta interpretación contra el sentido claro de una ley 
útil, y contra la seguridad personal, tomando la inteligencia de las leyes, 
no en el sentido que sea mds provechoso, como está mandado, sino de pla- 
ñera que/^f/W/^M^á aquel iquien su contenido pueda aprovechar, causán- 
le con la interpretación una muerte afrentosa, yo soy criminal. 

** Siempre que haya quien con algún fundamento diga que semejante 
interpretación ó declaración, restringiendo el sentido de la ley, puede ha- 
cerse en un Gobierno monárquico ó republicano por otra autoridad distin- 
ta de la del Rey ó del cuerpo legislativo^ como lo manda la Ley 4.», Título 
33, partida 7 y nuestra Constitución, yo soy criminal." 

No habiendo querido firmar el doctor Peña la sentencia, se le acusó por 
la Cámara de Representantes ante el Senado. Admitida la acusación, el doc- 
tor Peña recusó á los Senadores Remigio Márquez y Juan Narváez, que ha- 
bían votado á muerte en el Consejo de Guerra contra Infante, y recusó al 
doctor Francisco Soto, ** no sólo por haber manifestado su opinión en la cau- 
sa principal contra Infante, sino por el mismo interés con que había solicita- 
do su muerte, yendo personalmenre á los estrados, cuando jamás lo había 
hecho " El Senado declaró sin lugar las recusaciones, y se declaró irre- 
cusable como Corte de justicia, sin manifestar ningún fundamento^ contra 
la Constitución. 

Después de esto, es bueno ver la hipocresía ministerial en el articulo 
de oficio publicado en la Gaceta de Colombia de 13 de Abril, número 181, 
que decía así : 

^' £1 sábado 26 del pasado se ejecutó, en la plaza mayor de esta ciudad, 
la sentencia de muerte de que habla la resolución anterior, pronunciada 
contra el Coronel Leonardo Infante por el Consejo de Guerra de Oficiales 
Generales y confirmada por la alta Corte marcial, por el homicidio /r^«íd- 
ditadoy alevosamente cometido (i) en la persona del Teniente de Infante- 
ría Francisco Perdomo, natural de la Provincia de Caracas. Este acto so« 



V 



(l) Quien lea esto 7 no se haya impuesto del negooio, creerá que del proceso zesoW 
tan pruebas evidentes del delito, no habiendo habido más que indicios* 



* 

■^ 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETE. I S 

lemne de justicia llamó la atención de todo el pueblo de Bogotá. El reo 
conservó hasta los últimos momentos aquella presencia de ánimo con que 
tantas veces se había presentado delante de los enemigos de su patria. Su 
marcha al lugar del patíbulo, vestido con el uniforme militar, inspiraba 
ideas consoladoras á la estabilidad de la República (i) á la vez que conster- 
nó el ánimo de los e^ectadores. Un hombre elevado desde la última clase 
militar al alto rango de Coronel, manifestaba la justicia dei Gobierno que 
lo había recompensado mientras empleó su espada contra ios enemigos de 
la independencia y de la libertad. Ese mismo Coronel, vencedor en cien 
batallas, destinado á perder la vida por el homicidio de que fue acusado, 
mostraba que la ley tiene toda su fuerza en Colombia, y que castiga con 
igualdad á los que la infringen. ¡Yá no existe el desgraciado Coronel In- 
fante I ] Permita el cielo que nunca jamás vuelva á presentarse en la Re- 
pública un espectáculo tan sensible, no obstante su justicia y rectitud ! 

** Después de ejecutada la sentencia, se presentó el Excelentísimo señor 
Vicepresidente á caballo entre las tropas que concurrieron á la ejecución, y 
les dijo : ¡ Soldados de la República 1 ved ese cadáver; las. leyes han ejecu- 
tado este acto de justicia. Mientras el Coronel Infante empleó su espada 
contra los enemigos de la República y la sirvió con fidelidad y bizarría, el 
Gobierno le colmó de honores y recompensas ; pero la ley descargó sobre 
él todo su vigor el día en que, olvidando sus deberes, sacrificó alevosamen- 
te (2) á un ciudadano, oficial también de la República. Este es el bien que 
ha conseguido Colombia después de sus gloriosos sacrificios; mi corazón 
Qstá partido de dolor con la vista de semejante espectáculo, y necesito toda 
la fuerza de mis principios para hablaros delante de este cadáver. 

^' Soldados I esas armas que os ha confiado la República no son para 
que las empleéis contra el ciudadano pacífico, ni para atropellar las leyes ; 
son para que defendáis su independencia y libertad ; para que protejáis á 
vuestros conciudadanos y sostengáis invulnerables las leyes que ha estable- 
cido la Nación. Si «os desviáis de esta senda, contad con el castigo, cuales- 
quiera que sean vuestros servicios.'' 



<1) Este hecho, i quién lo oreyeral fae el principio de la jiérdida de la Bepdblioa, 
oaasionada por la revolnción de Páez. Lnégo se verá oómo. 

(2) Suponiendo qne no hubiera dada de que Infante había matado á Perdomo ¿oómo 
m dnpo que había sido con alevosía ? JTe hubo un solo deelaraate testigo del hecho ] 7 se 
«ientan detalles de nn hecho que nadie tío 1 



1 6 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Hermosa arenga I \ Lástima que no se hubiera pronunciado sobre un 
verdadero acto de justicia ! Veremos. luego lo del Coronel Bustamante. • 

Tenemos un manuscrito del Padre Fray Ángel Ley, religioso muy 
distinguido del convento franciscano de Bogotá y hermano del Coronel Lo- 
renzo Ley. Este manuscrito se titula : Capilla y suplicio del Coronel de la 
República de Colombia^ Leonardo Infante, El Padre Ley merece todo cré- 
dito, tanto por su virtud eminente, como por haber sido el confesor de In- 
fante, á quien auxilió en la capilla y no lo desamparó hasta el pie del pa- 
tíbulo. 

En este dopumentp se dice que Infante nació en Maturín, pertenecien- 
te á la Provincia dé Venezuela ; que tomó servicio en las tropas de la Re- 
pública desde la edad de quince años ; que se distinguió en mil acciones, 
principalmente en la del Pantano de Vargas, en que estando rodeado por 
los enemigos triunfantes el Ejército Libertador, Infante fue el primero que 
rompió el cerco con su lanza y su caballo, (i) Oh ! de cuántas otras accio- 
nes distinguidas no se pudiera hacer mención al hablar de este bravo solda- 
do! Fue uno de los del Caujural'con Páez; §u nombre está inscrito por 
este General en. su Autobiografía^ entre los 150 Jefes, Oficiales, Sargentos 
y soldados con que, en las Queseras del Medio, derrotó á todo el Ejército 
de Morillo, obligándolo á retirarse en desorden, dejando multitud de muer- 
tos. (Véase el número i.*^). Heñios hablado en otra parte de su desgracia en 
la campaña del Sur. Cuando estuvo prisionero, dice el Padre Ley que 
estando para morir en Pasto, á causa délas heridas que había recibido^ 
hizo su confesión general, disponiéndose cristianamente para la eternidad. 

Hablando del acontecimiento de Perdomo, dice la relación que ha- 
biéndosele atribuido la muerte de éste á Infante, se le mandó poner preso ; 
que bastó intimarle ,.la orden del Comandante general para prestarse al 
arresto ; pero que como había tanta fama de. su valor, se previnieron las 
tropas para este acto, y aun se dio orden de que en caso de resistencia se 
le quitase la vida. Sigue la relación de la causa exactamente del mismo 
modo que llevamos referido, y luego dice : " En la prisión se desposó con 
una niña blanca de Popayán, llamada Doloies.Caicedo. El día 23 de Marzo 
pasó^ á la prisión su defensor y le hizo saber el mal estado de su causa y 
que se le iba á poner en capilla. Inmediatamente llamó al padre fray An- 

(1) No sabemos á qué atribuir la omisidn del nombre de este jefe en el parte de esta 
acción, en la cual se le dio el grado de Coronel y el de efectiyo enBoyacá. | Hayhombr^ 
desgraciados I 






CAPÍTULO OCHENTA Y SIETTE. Jj 

gel Ley, religioso franciscano, para disponerse á morir. Este religioso, es- 
tando informado de que la sentencia indispensablemente se ejecutaba, pasó 
al cuartel de artillería y cuarto de su prisión, y hablándole con la integri- 
dad de su ministerio, le hizo presente que su muerte precisamente se se- 
guía, y que debía tratar con todas veras el negocio de %u salvación. A todo 
se allanó el Coronel, y aun él mismo pidió á su confesor le leyese el exa- 
men de conciencia de un examinatorio que tenía en su poder. Conservaba 
aún algunas esperanzas de que no se le intimase la sentencia última. Sin 
embargo, se determinó de cualquier modo á hacer su confesión general, 
y para quedar desembarazado de otros negocios y entrat en el examen, 
dispuso primero su testamento, ordenando se le enterrase en. la parroquial 
de San Victorino, y dejando á su mujer todo lo que tenía, 

** Aunque el Coronel Infante era negro fino y no se le conocía una 
educación política, con todo, era cristiano apostólico romano ; y aun á pe- 
sar de que no podía explicarse sino en términos toscos y bárbaros, no se le 
puede negar un talento aventajado, con el que conocía las cosas con clari- 
dad y preveía sus resultados. Habiéndole dado el confesor las reglas para 
hacer el examen de sus pecados y el modo de buscar y pedir el dolor de 
ellos, se retiró, dejándole ocupado en este asunto. 

^' £1 día 24 de Marzo tuvo aviso el confesor de que se le intimaba la 
sentencia de muerte, poniéndole en capillar En cumplimiento de su deber^ 
pasó á la prisión á prevenirle, haciéndole entender que esa misma tarde 
debían leerle la sentencia. Se conformó con la voluntad de Dios ; per- 
donó verdaderamente á sus enemigos y se dispuso con muchos actos de 
resignación y de humildad para recibir aquel terrible golpe. En efecto, á 
las cinco y media de la tarde se presentó el Fiscal de sii causa y le dijo 
estas palabras : * Señor Coronel, esto es hecho: tenga Usía valor y resigna- 
ción y oiga su sentenci^.' La oyó, unos ratos de pie y otros sentado, por- 
que no podía estar de rodillas. Cuando llegó á leerse que se infería que 
Infante había ^brazado á Perdomo con el brazo derecho y que con el iz- 
quierdo le había empujado para arrojarlo alríoporla muralla de San 
.Victorino, no pudo cotitenerse, y levantándose del taburete en que estaba 
sentado, dijo : ^ Si lo hubiera hecho, lo hubiera dicho/ (i) y se incomodó 
algún tanto. Serenóse con las reflexiones del confesor. Oída su sentencia, 
calló y suplicó al Fiscal dejase entrar á su mujer. Desde entonces tomó un 



(1) Seguramente quiso decir que Be lo habría dicho al coafesor. 



1 8 HISTORIA DB NUEVA GRANADA 

devoto crucifijo en sus manos y trató de disponerse á bien morir, 

*' Según costumbre, empezaron á entrar los religiosos, que continua- 
ron asistiéndole en la capilla hasta la hora del suplicio. Siempre mantuvo 
la imagen de Jesucristo en las manos : se prestó dócil á todos los consejos 
y disposiciones con que se procuraba disponerlo, haciéndose leer en un 
libro devoto para concurrir motivos de dolor. El día 25 de Marzo hizo su 
confesión general con muchas lágrimas, y repitió muchas veces este santo 
sacramento. Llegó el caso de desfallecer, de llorar por su situación y de 
casi perder los sentidos. Un oficial entró á pedirle perdón, y le abrazó di- 
ciendo que todo corazón perdonaba á todos los que le hubieran ofendido. 
"Un tal Jacinto (Riera), que aparecía cómplice de la muerte de Perdo- 
mo, y que también se hallaba sentenciado á muerte en la cárcel, le escri- 
bió una carta suplicándole que respecto á que Infante sabía que no tenía 
parle en la muerte de Perdomo, lo consultase con su confesor y protestase 
su inocencia. Esta carta no llegó á manos de Infante, ni del confesor ; pero 
á éste se le dio noticia de su contenido por dos personas de autoridad. El 
confesor hizo saber esto al Coronel Infante, previniéndole que llamase al 
Fiscal y que hiciese una protesta de la inocencia de Jacinto. El respondió 
que lo haría, y que no sabía que Jacinto fuese cómplice en la muerte de 
Perdomo. 

'* Tenía su relicario al cuello con una imagen de Jesús crucificado y 
una imagen de Nuestra Sefíora de los Dolores. Suplicó que no se lo quita- 
sen y lo enterrasen con él, pues toda su vida le había acompaño y librádose 
por él de grandes peligros. Cualquiera creería que las balas le habían be** 
cho pedazos ; pero ] cosa maravillosa 1 las balas entraron en el cuerpo por 
los dos lados del relicario, dejándole sin lesión alguna. Cuando le amorta- 
jaron para enterrarle y le quitaron los botones de la chaqueta, que eran de 
plata, también le quitaron dicho relicario, el cual vino á parar en manos de 
la mujer. 

'* El día 26 de Marzo de 1825 recibió con mucha devoción y edifica- 
ción de los circunstantes el divino viático. En este mismo día amaneció 
un pasquín, en el que exhortaban al Gobierno para que no quitasen la 
vida á Infante, y le amenazaban en caso de efectuarlo. El Coronel Infante 
ignoró esto, y estaba plenamente persuadido de que su sentencia se iba á 
ejecutar. 

" La comunidad de San Francisco, por un acto de su acostumbrada 
caridad, asistió en la capilla algunas horas antes de la ejecución para en- 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETES tg 

cometidarle el alma y acompañarle hasta el saplicio. Oyó la recomenda* 
cióa de su alma repitiéndola en romance, según se la iba diciendo el con- 
fesor. Poco antes de este acto religioso entró un Oficial animándolo con 
palabras de valor, y recordándole el que él había tenido en todas las cir^ 
canstancias de guerra, á que se portase con espíritu y fortaleza^ Lp oyó é 
invmediatamente que salió el tal oficial dijo á su confesor : 

— " Padre, no hay espíritu ni fortaleza para esto. 

— " Así debe ser, le respondió, y lo demás sería temeridad ; tanto 
porque la muerte naturalmente es temible, como porque un cristiano es- 
pera el juicio terrible de Dios, y está incierto del destino eterno que le 
tocará. 

— " Dice usted muy bien, replicó ; y llorando, se acostó en su cama, 
comenzándole con temblor de cuerpo una especie de desmayo : pidió agua, 
trajéronle café, y echándole un poco de vino se recuperó. 

*' £n el momento que le intimó el oficial de la guardia que era tiem* 
po de marchar, se puso en el lugar que le correspondía de la escolta, uni- 
formado con las insignias militares, sombrero galoneado y un plumaje, 
charreteras, banda encarnada y bastón, lleVando éste en la mano derecha 
y elcrucifijo en la izquierda. A sus lados iban los reverendos Padres d«l 
Convento de San Francisco y su confesor. Antes de salir sacó algunos rea- 
les que tenía en el bolsillo y los dio á un tamborcito para que los repartie- 
ra entre los otros. Después de haber bajado la escalera, se separó de la 
escolta, diciendo que iba á cumplir un voto, y llegándose á la ventana del 
calabozo de los presos, los llamó, dándoles un bolsillo de dinero y encargán- 
les que lo encomendaran á Dios. Se incorporó otra vez en su lugar, y la 
escolta siguió su marcha, continuando el Coronel con los actos de las vir- 
tudes que le inspiraba su confesor y el padre presidente con el mayor fer- 
vor y devoción. El mismo advertía se le dijese poco y despacio, para for- 
mar concepto y practicar los consejos. Así llegó hasta el puente de San 
Francisco, y mirando á la multitud de gentes que había en los balcones y 
casas, dijo : (i) 

—"Ahora me acuerdo de que hace cinco años entré triunfante por 
estas calles y aquí voy para el suplicio. 

" La escolta torció la esquina para tomar por la calle del parque de la 
* artillería, y advirtiéndolo el Coronel, llamó al oficial y le preguntó : * i por 



^^ 



(1) Eetaba ^eso en el lio^iciOi 



20 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

qué me llevan por estas calles ? ' El oficial le respondió y le hizo saber que 
tenía orden para ello. 

— " Yá entiendo, respondió Infante. Supongo que la ejecución será en 
la plaza y me era mucho mejor seguir la callé derecho, tanto por el impe- 
dimento de mi pierna como por otros motivos. 

'' Con las exhortaciones del confesor procuró aquietarse, conformándo- 
se en todo con la voluntad de Dios. Pero antes de llegar á la casa del 
Congreso mandó le echasen una copa de vino, y habiéndose suspendido, 
la levantó diciendo : ' Brindo por el perdón de mis enemigos.' 

" Preguntaba frecuentemente cuál era la puerta del Congreso. Previen- 
do el confesor alguna novedad, lo procuraba distraer y que atendiese sólo 
al lance en que se hallaba, empleando aquellos instantes en el negocio sólo 
de su salvación. Sin embargo de esto, miró á los balcones del Congreso, y 
viendo en ellos á muchos Representantes, les dijo : 

— *' Yo soy el que ha puesto á ustedes en esos bufetes ; pude matar ,á 
muchos y no lo ejecuté. 

" El confesor hacía los mayores esfuerzos á fin de que conservase una 
paz cristiana y olvidara todo motivo de resentimiento. Unos ratos conse- 
guía apaciguarlo, y otros no dejaba de manifestarlo, especialmente cuando 
entró en la plaza y vio el aparato de su ejecución. Se dirigió á palacio y 
dijo : (2) 

— " Este es el pago que se me da, ¡ Qtcién lo hubiera sabido ! Dicen 
que Infante está aborrecido de la ciudad de Santafé ; levante alguno la 
mano y diga en qué le ofendí : yo voy al suplicio por mis pecados y porque 
soy un hombre guerrero^ pero no por haber matado á Perdomo ; soy kl pri- 
mero: MAS OTRO SEGUIRÁ DESPUÉS DE MÍ. 



(2) El General Santander estaba entre las vidrieras de sn gabinete que daba sobre 
la acera por donde pasaban á Infante, que si lo hubieran conducido vía recta por la 
Calle Real, no lo habría podido ver pasar tan de cerca el Vicepresidente, quien se hizo 
hada atrás cuando Infante volvió la mirada al gabinete. El que esto escribe fue testigo 
ocular de los hechos aquí referidos, porque siendo empleado entonces en la Secretaria 
de Marina y Guerra, cuyo local estaba en el mismo Palacio de Gobierno y habitación 
del General Santander, salió con los demás oficiales á los balcones que estaban conti- 
guos con el gabinete del G^eneral. Infante se sentó en el banquillo y se cogió del asiento 
con las dos manos como para no caer. Cuando se le hizo la descarga, cayó al suelo por el 
lado derechOi y habiéndole hecho allí otro tiro, no se movió más. Este f ae el momento 
en que el General Santander salió á la plaza á caballo, seguido de su edecán Bamón 
Márquez, y habló á la tropa, 



•.. 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETE. 21 

*^ Estas Últimas palabras han sido interpretadas de varios modos ; todo 
ha sido adivinar ; lo cierto es que sólo Dios conoce y sabe los corazones* 
Llegó por último frente al banquillo y oyó la última sentencia sin inmu» 
tarse ni decir una sola palabra. Reconoció al Comandante general y le 
dijo : 

— " Señor Comandante general : Usía sabe que soy un hombre casado, 
y no le digo más. 

** Esto era recomendándole á su mujer. Volvió al confesor y le pidió 
licencia para mandar la escolta. El confesor le contestó y le dijo que de 
ninguna manera: que se debía dejar quitar la vida con humildad, y que 
siendo los hombres solamente los instrumentos de la divina voluntad, 
Dios era el que por sus manos se la quitaba. En todo lo que voy refiriendo 
se deja conocer que Infante tenía talento 5 pero especialmente en lo que re- 
plicó entonces al confesor, que fue lo siguiente : 

— " Pb «o me mando quitar la vida^ sino que yd lo tienen asi mandado; 
y solamente mando la ejecución. 

— " Ni aun eso, replicó el confesor, porque es una especie de vanidad 
que debe estar muy lejos de un espíritu cristiano. 

" Suplicó, llegando al banquillo, á su Fiscal que le diese una vuelta 
por los cuerpos militares, que estaban allí formados en cuadro, para des- 
pedirse de sus amigos. Esto no se le concedió. Se presentó el General, 
barón D'Ebens, quien, quitándose el sombrero, le hizo una grande cortesía, 
á la que correspondió el Coronel Infante, diciéndole : 

— " Señor General, en la otra vida nos veremos. 

" Puesto al banquillo, dijo que no se sentaba y que le tirasen así para- 
do ; y pidió al Fiscal que le dejase hablar al pueblo unas palabras. Se le 
concedió y fueron éstas : 

— " Infante muere, pero no por la muerte de Perdomo. 

" Se quedó un rato parado con el confesor : pidió á Dios misericordia; 
repitió que perdonaba á sus enemigos ; se dio muchos golpes de pecho y 
entregó el crucifijo al confesor. El Fiscal le mandó que se sentase en el 
banquillo, é Infante comenzó á desabrocharse la chaqueta. El Fiscal le dijo 
que no era necesario, y sentándose, finalizó su vida á los 23 años de su 
edad. El cadáver cayó al suelo, y meneándose, como es natural, se le dis- 
paró otro fusilazo." (i ) 



(1) No sabemos si en esto de lar edad haya habido alguna equivocación en el ma< 



22 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Llegando aquí, el padre Ley refiere que el Vicepresidente salió á ca- 
ballo al cuadro de la tropa, y que pronunció el discurso que se publicó en 
la Gaceta^ aunque no en toda su extensión, pero en lo sustancial exacta- 
mente lo mismo. 

Propone luego un caso de moral que no debemos omitir. Dice así : 

'* Se deseará saber i si Infante pecó mortalmente en los actos de sen- 
timiento que hizo y expresiones que dijo estando casi en el suplicio ? 

''Se responde que para pecado mortal son necesarias las siguientee 
condiciones : que la materia sea grave ; que haya perfecta advertencia por 
parte del entendimiento y perfecta deliberación por parte de la voluntad. 
Además de esto, el hombre ha de estar perfectamente en sí y no poseído 
de una pasióii que aun contra su voluntad le arrebate. Estando á estos 
principios se sostiene que el Coronel Infante no pecó mortalmente, y que 
á lo rxíis^ pudo haber pecado venial. La materia es visto que no era grave. 
Él fue acometido de una pasión violenta de sentimiento á la vista de los 
objetos que se le presentaban ; nada extraño es que prorrumpiese en voces 
de queja, sin dañar la estimación de alguno. Aun hay más ; que el hombre 
en semejante situación va yá trastornado, le falta la completa advertencia 
y libertad para ser dueño de la moralidad de sus acciones. Por esto es 
que digo que, á lo más, pudo haber pecado venial, el cual, si lo cometió, 
lo expió con los actos que hizo de arrepentimiento antes de sentarse en 
el banquillo ; actos que hizo sensibles dándose golpes de pecho y reparan- 
do con ellos el mal ejemplo que en los párbulos pudo haber dado, no fal- 
tando sacerdote que en aquel acto le absolviese. No faltan ignorantes que 
pregunten; ¿ si Infante se salvaría ose condenaría ? A esto se responde con 
dos palabras. Dios sabe los corazones : Dios sabe los que son suyos ; y nin- 
guno puede estar seguro de si es digno de amor ó de odio del Señor. Sola- 
mente hay algunas conjeturas morales, y ésas nos demuestran que Infante 
murió penitente.*' (i). 

Hay hechos característicos que aun cuando no aparezcan sino como 
secundarios en la historia, por ellos se puede rastrear todo un porvenir, 

nnscrito, porque la taUa, formas y fisonomía de Infante manifestaban ana edad como 
de 80 aiSos. 

(1) Al pie de esta relación, que está firmada por el Presbítero doctor Leonardo ISxk' 
gollón, que existe, y de quien la hemos adquirido, se dice : ** La anterior relación de Üa 
oapilla y suplicio del Coronel Infante la dictó su confesor, 9I muy reverendo Padre Fray 
Aagel Ley, al ín&aflorito." 



capítulo ochenta y siete. 23 

así como en el sistema de Cuvier, por el fragmento de un animal se deter- 
mina toda su constitución. La causa de Infante es uno de estos hechos^ y 
por eso nos hemos detenido observando sus caracteres. 

Aparece en la escena un hombre, y hombre benemérito, conducido al 
patíbulo por mano de la justicia, sin las pruebas suficientes del crimen por 
que se le condena ; y este hombre en las puertas de la muerte, poseída su 
conciencia de las verdades eternas de su religión, protesta que no ha come- 
tido el crimen que se le imputa. ¿ Eran de más peso que esta prueba los 
indicios por que se le condenó ? 

Desde entonces se vio lo que iba á ser la justicia en la República, 
vien Jo á los sacerdotes de la ley sacrificar una víctima ante el altar de su 
ídolo ; y entonces se vio lo que debían esperar los hombres que habían 
dado independencia y libertad. Por eso dijo Infante, como inspirado, al 
acercarse al patíbulo: " Soy el primero, mas otros seguirán después de 
mí." Siguióse Sucre : siguióse Bolívar; y no hay que decir más. Los celos, 
las rivalidades, la ingratitud, las venganzas, debían hacer su afición. No 
queremos decir que por gratitud se haya de sacrificar la justicia, ni la li- 
bertad de los pueblos, sino que no seamos ingratos, arruinando por medios 
inicuos á los que debemos algún bien. La inicua condenación del Coronel 
Infante fue el primer toque á la destrucción de Colombia. El doctor Peña, 
hombre de una fibra terible, fue condenado por el Senado á un año de 
suspensión en las funciones de su empleo, pagando de su sueldo un susti- 
tuto. El doctor Peña anunció en su defensa ante el Senado, en tono mis^ 
terioso, que él se impondría suspensión perpetua ; y marchando á Vene- 
zuela, tomó la venganza bien á costa de todos. Páez sin Peña no habría 
hecho lo que veremos muy pronto. 

No había cerrado sus sesiones el Congreso, cuando se tuvo noticia de 
una nueva insurrección de los pastusos. Con motivo de la conclusión de la 
campaña del Perú empezaron á venir á Pasto unos cuantos Oficiales suel- 
tos, que habían quedado francos ; y como los vieron venir de mala traza, 
muchos los tuvieron por derrotados, y esta idea fue aumentando hasta 
llegar á asegurarse en Pasto que el Libertador había perecido con todo su 
ejército en el Perú. No fue menester más para que se levantaran los pastu- 
sos con un jefe guerrillero llamado Juan Benavides, que andaba prófugo 
por los montes, quien excitaba á la rebelión contra los patriotas. 

Juntáronse bandadas de diversos pueblos. Moncayo, Erazo, Ángulo y 
otros levantaron guerrillas por el Castigo, Taminango, Berruecos y la Cruz. 



24 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Sorprendieron dos destacamentos, quitándoles las armas y municiones. La 
insurrección tomó tanto cuerpo, que se necesitó de todo un militar como el 
Coronel Juan José Flórez, al frente de una fuerza respetable, para sofocarla. 
Diéronse varios combates en que murieron muchos indios de los pueblos 
levantados; pero al ñn se logró someterlos completamente. 

Decíamos antes que después de la batalla de Ayacucho el General 
Sucre había marchado hacia el Cuzco ; que el Ejército Libertador cubría 
hasta el Desaguadero, y que no quedaban más enemigos por debelar en la 
América del Sur, sino los que existían en el Alto Perú con Olañeta, y esto 
fue lo que consiguió Sucre, sin más que marchar por todos aquellos pue- 
blos y ciudades hasta llegar á la Paz, ciudad que abandonó Olañeta para 
retirarse al Potosí, convencido de que yá no era posible resistir á un ejér- 
cito de soldados invencibles, ante cuyo valor y disciplina habían plegado 
todos los ejércitos expedicionarios desde el Orinoco hasta el Desaguadero. 
Este mismo convencimiento persuadió últimamente á varios de los jefes 
con que contaba para tomar el partido de abandonarlo. Arenales, Urdininca 
y otros jefes argentinos y peruanos lo acosaban y dispersaban sus cuerpos; 
y por último, derrotado el día i.® de Abril, por los mismos tránsfugas de su 
partido, cayó prisionero, gravemente herido, y murió en aquel mismo día. 
Todo quedó en manos de los republicanos, y Sucre marchó en triunfo hasta 
el Potosí, y el día 3 del mismo mes se habían arriado las banderas de Cas- 
tilla, que por trescientos años habían flameado sobre aquellas heladas cum- 
bres, para dar lugar al pabellón colombiano. Es indescribible la alegría y el 
entusiasmo patriótico que se apoderó de todos los habitantes del Alto Perú 
á la vista del Ejército Libertador y de su noble Jefe, quien se vio abrumado 
bajo el peso de tantas glorias, pero más por las del amor y agradecimiento 
que le tributaban aquellos pueblos. . v 

El Coronel graduado Antonio Elizalde fue diputado por el General 
Sucre para presentar al Gobierno de Colombia los trofeos ganados por el 
ejército auxiliar al Perú en su última campaña. Llegado este Jefe á Bogotá, 
presentó al Vicepresidente de la República las banderas españolas que con- 
ducía. La Gaceta de 4 de Septiembre decía, al dar cuenta de este aconte- 
cimiento: 

**E1 Gobierno ha visto con satisfacción, en su «ala de despacho, el es- 
tandarte de Castilla y los pendones reales de las Provincias del Alto Perú, 
que no recordarán en adelante la ¿poca ominosa de la subyugación de su 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETE. 25 

América (i) sin decir al mismo tiempo á quien los mirare la gloria de la 
emancipación y las heroicas proezas de los hijos de Colombia en la tierra 
de los Incas. A estos trofeos acompañan otros no menos dignos del ejército 
que los envía, á saber: la bandera coronela del regimiento de Burgos, con 
las armas de esta Provincia y las del Cuzco, que son un sol con esta ins- 
cripción: civitas solis vQcabitur una. La del batallón de Huamanga, mag- 
níficamente bordada de oro y plata. Otra de las de la Cruz de Borgoña con 
estas inscripciones en sus ángulos: La batalla de Ayohuma recuperó las 
Provincias del Polosi y Charcas^ en 14 de Noviembre de 1818: lavó la 
afrenta del Tucumdn y Salta en los llanos de Vicapúpió: i.® de Octubre de 
1818, Las banderas de los batallones i.® y 2.® del regimiento de Cazadores 
de Extremadura, igualmente lujosas que la del batallón Huamanga; y por 
último, los sellos reales, grande y pequeño de la Real Audiencia y Canci- 
llería del Cuzco." 

Estos trofeos fueron remitidos con el siguiente oficio del General en 
Jefe al Secretario de la Guerra: 

" El señor Coronel graduado Antonio Elizalde, Ayudante general y 
diputado del ejército, para felicitar á S. E. el Vicepresidente por el feliz 
término de la campaña de las tropas colombianas en el Perú, que ha finali- 
zado la guerra de la independencia, tendrá el honor de presentar á S. E. el 
estandarte real de Castilla con que los españoles entraron á este rico país 
trescientos años pasados. 

" Este trofeo que el ejército presenta á S. E. en testimonio dé respeto 
y de aprecio, recordará un día á los hijos de los libertadores qué sus padres* 
penetrados de los deberes patrios y del sublime amor á la gloria, conduje- 
ron en triunfo las armas de Colombia á las frías y eminentes cimas del 
Potosí. 



(1) Iios amigos de las luces no deberían llamar época de eabyugación ominosa Ja de 
la conquista de América; porqae si algunas conquistas pueden ser laudables, son aque- 
llas que llevan la civilización 7 las luces á las naciones óalvajes. Si los que han llevado 
al cabo tales conquistas han oprimido y vejado á los pueblos conquistados, eso es otra 
cosa; pero nunca debe maldecirse la conquista, porque esto quiere decir que se reniega 
de la causa de la civilización. Las Bepáblicas que hoy existen en la América del Sur de- 
ben su existencia á esa conquista, y sin ella, ni nosotros estaríamos gloriándonos de pa- 
tríotismo, ni los pueblos que yacían sentados en las sombras de la muerte^ habrían cono- 
cido el Evangelio, que ha sido el bien eterno que la conquista trajo & los indígenas ame- 
ricanos. Sobre la conducta de la monarquía con éstos, véanse los documentos que tenemos 
pnblioados en el tomo 1.* de esta obra. 



26 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

'^También pondrá á los pies de S. E. los cuatro pendones españoles de 
las Provincias del Alto Perú que formaban la insignia del vasallaje y escla- 
vitud de estos pueWos á los descendicfntes de Fernando Vi, y que hoy han 
recobrado su libertad y sus derechos por el valor, constancia y heroísmo) 
de las legiones de la República. 

"A estos trofeos que el ejército tributa, como resultados de sus traba- 
jos, al Gobierno de su patria, añade el noble orgullo de asegurarle que han 
desaparecido los enemigos que oprimían la tierra de Manco Capac, y que 
desde Ayacucho á Tupiza se han humillado veinticinco Generales españo- 
les, mil cien jefes y oéciales y diez y ocho mil soldados, en el campo de ba- 
talla y en las guarniciones; y redimido del poder de los tiranos un terreno 
de cuatrocientas leguas y dos millones de habitantes, que bendicen á Co- 
lombia por los bienes de la paz, de la libertad y de la victoria coii que los 
ha favorecido. 

" El ejército espera que S, E. acoja con bondad los sentimientos de 
su entusiasmo nacional, y yo tengo la satisfacción de ser su órgano para 
manifestárselo. 

" Dios guarde á V. S. muchos años — Señor Secretario — Antonio José 
de Sucre J^ 

Las banderas castellanas fueron depositadas en el Museo nacional por 
orden del Gobierno, y sobre este asunto el ilustre poeta colombiano doc- 
tor José Fernández Madrid, que yá había podido regresar á su patria, com-^ 
puso el siguiente soneto : 

Estas son las banderas que algún dfa 
En manos de Pizarro tremolaron. 
Estas en Cajamarca presenciaron 
La más abominable alevosía : 

Recuerdos de opresión y tiranía 
Al Perú tres centurias insultaron, 
Y los Libertadores las hallaron 
Tintas en pura sangre todavía. 

I Monumentos de un d^pota insolente, 
Banderas de Pizarro ensangrentadas. 
Que rindió ante Bolívar la victoria 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETE. 27 

f A los pies de Colombia independiente 

Para siempre abatidas y humilladas 
Oprobio del Perú, seréis su gloria I (i) 

Sin saber aún el Libertador la total destrucción del ejército español 
en el Alto Perú, emprendió viaje para el Cuzco, después de haber cerrado 
sus sesiones el Congreso, dejando organizado un Gobierno provisorio en 
Lima. En lea tomó estas noticias, y 9ontinuando su viaje, hizo su entrada 
triunfal en el Cuzco el día 25 de Junio, después de recibir en Arequipa 
y en todos los pueblos del tránsito las manifestaciones más tiernas del 
amor con que le miraban aquellas gentes, á quienes iba haciendo cuanto 
bien podía por medio de providencias dirigidas á remediar sus males. 
En el Cuzco fue extraordinario .el entusiasmo con que se le recibió. 
Allí le fue presentada á nombre del pueblo una guirnalda de oro, esmal- 
tada de perlas y diamantes, y se le obsequió á competencia entre todas las 
gentes, desde los más ricos hasta los más pobres ; cada cual según sus 
posibles. 

El Libertador, siempre grande y por consiguiente ajeno de ruines 
pasiones, y aun más que todo, de envidia y de vanidad, atribuyendo al 
General Sucre todo el mérito de la libertad del Perú, le adjudicó la 
guirnalda, diciendo que era quien la merecía. Sucre, á su nombre y al del 
Ejército Libertador del Perú, presentó esta preciosa alhaja al Congreso de 
Colombia, el cual, por un solemne decreto, admitió el presente, que mandó 
depositar en el Museo, juntamente con el manto real de la mujer dé Ata- 
hualpa, que para ese establecimiento nacional remitía igualmente el Gene- 
ral Sucre. (2) 

El Libertador se dirigió á Puno y de allí á la ciudad de la Paz, donde 
se le presentaron dos diputados, de la Asamblea del Alto Perú reunida en. 
Chuquisaca ; éstos eran, Mendizábal y don Casimiro Olafieta. Los diputa- 
dps pusieron bajo la protección del Libertador la nueva República que 

(1) El Museo nací onal| parece que estaba destinado á segnir la snerte de Colombia. 

¿1 fne abandonado despnés del aSo de 1845 en manos de diversos extranjeros que, segdn 

la Toz pública, varios de ellos se llevaron algunos objetos preciosos. £1 último, en cuyas 

manos cayó, fue un ruso que desapareció de la capital llevándose las banderas españolas 

y otros objetos. Por fortuna se los quitaron en Honda ol embarcarse y se remitieron al 

Gobierno. 

(2) La guirnalda se pasó después & la Casa de moneda, porque en el Museo no esta- 
ba segura. 



28 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

se acababa de erigir en el Alto Perú, denominada Bolívar^ y después 
Bolivia. 

Era llegado el tiempo de que los soldados colombianos volvieran á su 
patria, y el Libertador determinó despachar cuatro mil hombres. El bata- 
llón Junín, fuerte de mil cuatrocientas plazas, y el cuarto escuadrón del 
regimiento de Granaderos montados de la Guardia, compuesto de doscien- 
tos hombres, eran los primeros cuerpos que debían embarcarse para Pa- 
namá ; debiendo seguir sucesivamente los demás cuerpos de la división 
Lara. 

Dirigióse el Libertador de la Paz al Potosí, donde recibió el día 16 de 
Octubre, en solemne audiencia, al Jefe supremo del Perú, á varios miem- 
bros del Cuerpo Diplomático y á una Comisión enviada por el Gobierno 
de Buenos Aires. Era el objeto de esta comisión felicitar al Libertador por 
sus triunfos en el Perú y por los servicios prestados á la causa de la liber- 
tad é independencia de la América del Sur. 

La página en que Larrazábal describe el viaje que el Libertador hizo 
al Potosí, es brillante. Dice que se realizó aquella palabra que, como 
sueño, se tuvo en las selvas del Orinoco : ''Llevaremos nuestras armas 
triunfantes hasta las cimas del Potosí," y continúa con este bello cuadro : 

" Cuando se acercaba el Libertador á Potosí, se vieron flamear sobre 
la cúspide del argentino cerro, en cuyas vertientes está constituida la ciu- 
dad, las banderas de Colombia, Perú, Chile y Buenos Aires ; y cuando en- 
traba por las calles, veintiún camaretas ó petardos se quemaron en la 
cumbre del cerro, cuyo saludo tuvo el más singular é imponente efecto ; 
todos los valles repitieron en eco, como un trueno, el saludo aéreo que se 
hacía al Libertador, cuya poderosa mano había destruido á los enemigos 
de la América. ¿ Y qué diré del Potosí ? Todo era en aquel pueblo anima- 
ción y alegría. Las campanas no daban tregua : la música por las calles ; 
los fuegos, los arcos triunfales, las decoraciones, los vivas, la exaltación del 
más desenfrenado amor ; el retrato de Bolívar colocado en todas partes ; 
las señoras llevándolo al cuello en medallas costosísimas... Potosí deliraba 
con su padre, con su Libertador, La esposa del General don Hilario de 
Quintana, mujer encantadora, dirigió á Bolívar un bellísimo discurso, y 
doce ninfas le coronaron con rosas y laureles. El Libertador contestó á los 
discursos congratulatorios que se le dirigieron con un fuego que abrasaba. 
En realidad de verdad, decía el General Miller, que fue testigo de las es- 
cenas indescribibles del Potosí, en la improvisación, Bolívar no conocía 



CAPÍTULO OCHENTA Y SIETE. 29 

rival. En un día le vi contestar diez y siete arengas sucesivas con la más 
asombrosa propiedad y con un colorido que es preciso renunciar á dar de 
él la mas ligera idea. | Qué poesía I [Qué lujo de imágenes ! ; Qué viveza 
de imaginación ! Y con esto, qué palabra tan llena de gracia y suavidad 1 
¡ Qué epítetos tan propios ! | Qué giros tan sorprendentes I Proponiendo 
un brindis, dando gracias, ó hablando sobre cualquier materia dada, Bolí- 
var no puede quizá ser excedido. Inproposing a toast; in returning thanks; 
or in speaking upon any given subject^ perhaps Bolívar cannot be sur- 
passed.^^ 

«Siete semanas permaneció el Libertador en el Potosí, y fueron siete sema- 
nas de continuo y creciente regocijo. El 26 de Octubre el Libertador subió 
al famoso cerro que tanta riqueza ha dado á España, acompañado de Su- 
cre, del Prefecto y de otras muchas personas de distinción. En la cúspide? 
tendiendo su vista á todas partes, y con el pabellón de Colombia en la mano, 
Bolívar pronunció un discurso que electrizó á todos los que le oían, singu- 
larmente á Sucre, que, henchido de entusiasmo, lloraba como un niño. Es 
imposible ahora reproducir aquel discurso sublime, que, según la expresión 
de O* Leary, fue el sublime de Bolívar, 

« El Libertador estaba inspirado ; ¿ quién en su lugar no habría sentí- 
do la influencia de la gloria ? El hizo una rápida enumeración de los traba- 
jos de la independencia ; de los reveses espantosos de 1814 y de los triun- 
fos inmortales de San Félix, Boyacá, Carbobo, Pichincha, Junin y Ayacu- 
cho : recordó á sus invictos compañeros de armas, tan leales á la causa 
santa de la patria; tan valientes en el campo del honor; modelos de abne- 
gación y de virtud: vio á la Europa asombrada de nuestros martirios y de 
nuestra constancia, obligada á reconocer nuestras nacionalidades, y á la 
Musa de la historia trasmitiendo, en deliquios de entusiasmo, á las remotas 
generaciones, los prodigios de nuestros guerreros ciudadanos, de los solda- 
dos de la libertad Sur-americana. Venimos venciendo desde las costas del 
Atlántico^ dijo, y en quince años de una lucha de gigantes^ hemos derroca- 
do el edificio de la tiranta, formado tranquilamente en tres siglos de usur- 
pación y de violencia. Las miseras reliquias de los señores de este mundo 
estaban destinadas á la más degradante esclavitud; / cuánto no debe ser 
nuestro gozo al ver tantos millones de hombres restituidos á sus derechos 
por nuestra perseverancia y nuestro esfuerzo! En cuanto d mi^ de pie sobre 
esta mole de plata que se llama Potosi^ y cuyas venas riquísimas fueron 
trescientos años el erario de la España^ yo estimo en nada esta opulencia 



30 HISTORIA DE NUEVA GSANADA 

cuando la comparo con la gloria de haber traído victorioso el estandarte de 
la libertad desde las playas ardientes del Orinoco para fijarlo AQUÍ^ eu 
el pico de esta montaña^ cuyo seno es el asombro y la envidia del universo^* 
De Potosí siguió el Libertador á Chuquisaca, á donde llegó el 3 de 
Noviembre, á tiempo que estaba reunida la Asamblea de los Representan- 
tes de Bolivia. Aquí celebró el aniversario de la victoria de Ayacucho, y 
en Enero de 1826 regresó á Lima, con la satisfacción de encontrar yá libre 
absolutamente de enemigos la República peruana, habiéndose rendido en 
esos días la plaza del Callao. El General Salom adquirió gran celebridad 
en la dirección del sitio de esta plaza fuerte. Rodil se vio precisado á soli- 
citar capitulación, la que se le concedió por pura generosidad, pues que no 
podían resistir una semana más el sitio, y el Libertador había declarado^ 
por un decreto, fuera de la ley á todos los que sostenían aquella plaza, no 
habiendo obedecido las capitulaciones ni las órdenes del General Canterac, 
que mandaba entregarla. Las capitulaciones <:on Rodil se hicieron en los 
mismos términos que las de Ayacucho, poco más ó menos. Los cuerpos 
colombianos que tomaron el Callao, á las órdenes dü General Salom, tu- 
vieron orden para regresar á Colombia. El batallón que más se distinguió 
en la t oma del Callao, tomó este nombre, y con él regresó á su patria, sien- 
do 8U Comandante el Coronel Florencio Jiménez. 



^mmammt^ittm'^mm^tm 



— ♦* • ^•- 



CAPITULO OCHENTA T OCHO. ^t 



CAPITULO LXXX VIII. 

Maniobra de Iob liberales espafioles emigrados en Londres para corromper la fe católica 
en América. — Se mancomunan con los protestantes en la empresa. — Establecen la 
Sociedad bíblica en Bogotá. — La autoridad eclesiástica favoreot esta empresa. Opó^ 
nense el doctor MargaUo 7 el doctor Botero.^-Inconsecuencias de los ministeiia- 
l68.~Servicios del clero á la República. — ^El Obispo Jiménez escribe El Atalaya — Oo- 
legie de ordenandos. — La Gaceta elogiaba á las monjas de la Enseñanza. — Se multi- 
plican los establecimientos de enseñanza pública. — Las Escuelas náuticas. — El Vice- 
presidente celebra el cumpleaños del Libertador. — ^Bolívar llega al apogeo de su 
gloria. — La familia de Washington comisiona á Laf ayette para que presente á Bolívar 
el retrato de aquél. — Elecciones de Presidente y Vicepresidente. — El primer vaporen 
el Magdalena. — Monederos falsos. — Los ingleses establecen en Bogotá la diversión de 
carreras de caballos. — Los <^ viajes de Mr. Molien.—^ Noticióte atribuido al doctor 
Merizalde. — Caso que le ocurrió con Barrionuevo. 

HEMOS llegado en el Perú hasta el año de 1826, por no interrum- 
pir la narración de aquellos gloriosos sucesos para las armas de 
la Eepública de Colombia y su Libertador. Ahora volvamos á 
ésta, tomando los sucesos del tiempo en que los dejamos anterior- 
mente. 

Estábamos e n el mes de Marzo^ y de ahí para acá se ofrecieron cosas 
de bastante s ignifícación y consiguientes al estado en que se había puesto 
el país con tantos elementos de irreligión, principalmente con la introduc- 
don de muchos libros y periódicos extranjeros. La prensa del país llevaba 
á Europa las ideas emitidas por los editores de El Correo; las del Minis- 
terio en la Gaceta^ y las leyes y decretos anticatólicos que se expedían por 
el Congreso y el Ejecutivo, todo lo cual excitaba el espíritu anticatólico de 
los extranjeros que se ocupaban en- hacer guerra á la Iglesia; tales eran los 
protestantes de la Sociedad bíblica de Londres y los liberales españoles asi- 
lados en esa gran Babilonia del libre examen, y también en Francia. 

Estos tomaron por su cuenta el ilustrarnos, mandándonos m ultitud 
de catecismos y libretos, todos, con pocas excepciones, sazonados co n la sal 
y pimienta del protestantismo, el utilitarismo y algunos con el jansenismo. 
El establecimiento de Ackerman era la principal fragua de tales armas« El 
señor Moreno, arcediano de Lima, observaba que los emigrados españoles 
en Londres tomaban el espíritu de I4S sectas y aprendían á llamar supers- 



32 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

ticiÓQ la creencia de la Iglesia romana: que se empeñaban en traducir al 
castellano, para propagar en América, obras heterodojasi como si quisieran 
persuadirnos á ser cristianos emancipándonos de la autoridad de la Iglesia, 
Ó á seguir á Cristo fuera del rebaño, que, según nos advierte El mismo, es 
uno solo, bajo un solo Pastor. Marchena se atareaba en traducir, aunque 
pésimamente, los libros más detestables del ateísmo y materialismo. Alcalá 
nos mandó su geografía, en la que contradice abiertamente la Sagrada Es- 
critura al hablar de los aborígenes americanos, que, según él, no vienen de 
la familia de Noé. Villa nueva y Llórente, el primero en su Juicio de De- 
prad sobre el concordato de Méjico; en su Incompatibilidad de la monar^ 
guia universal del Papa; en su Vida literaria. £1 canónigo Llórente, cu- 
yos escritos respiraban por todas partes los errores de la herejía y de la 
incredulidad, .principalmente en la Apología de la constitución religiosa y 
en el Retrato político de los papas. Los esfuerzos de todos éstos tendían á 
una con los de El Español^ redactado por Blanco, apóstata del catolicismo, 
á persuadirnos que debíamos independizarnos de la Silla Romana. 

Los protestantes, aunados con estos apóstatas españoles, creyeron en- 
contrar la mejor coyuntura para introducir el protestantismo en Colombia, 
contando, sin duda, con sorprender la candidez ó poca instrucción de los 
prelados eclesiásticos é ignorancia del común de los colombianos. Así fue 
que con toda la confianza mandó la Sociedad bíblica de Londres un comi- 
sionado de su seno, Mr. Thompson, para fundar la Sociedad bíblica en la 
República, el cual vino á Bogotá, donde su proyecto fue acogido con entu- 
siasmo y favorecido por el Gobierno. 

Aquí esperará el lector ver al Gobernador del Arzobispado y demás 
prelados saltar sobre el campo con las armas de la Iglesia en la mano á 
defender la viña del Señor. Nada de eso. La Sociedad bíblica protestante 
se estableció con acuerdo, consentimiento y cooperación de la autoridad 
eclesiástica.... Será creíble? 

En El Constitucional número 2^j dü 17 de Marzo de 1825, se lee 
esto : 

"El 15 del corriente, á las cinco y media de la tarde, se han reunido 
públicamente en la capilla de la Universidad de esta capital los señores Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores, doctor Pedro Gual; Senador, Antonio 
Malo; Representantes, Joaquín Gómez y doctor Mariano Niño; Rector del 
Colegio Mayor de San Bartolomé, doctor José María Estévez; Rector de la 
Universidad, Fray Joaquín Gálvez 5 Prior del convento de predicadores, 



CAPÍTULO OCHENTA Y OCHO. 33 

Fray Mariano Garnica; doctor José Nicolás Quevedo y el Secretario de la 
Vaiversiá2id, invitados por. Mr, I hoffífison, COMISIONADO de la Sociedad 

BÍBLICA BRITÁNICA Y EXTRANJERA, CON EL OBJETO DE ESTABLECER UNA SO- 
CIEDAD BÍBLICA EN Colombia. Se leyeron los reglamentos; se hicieron al- 
gunas observaciones por el señor Gual y se acordó últimamente una reu- 
nión más general para el domingo 20 del corriente á las cuatro de la tarde, 
en el mismo lugar, en que se tratará de las ventajas ó inconvenientes de 
dicho establecimiento en Colombia, y de común acuerdo se. instalará esta 
Sociedad, que tantas bendiciones espirituales ha traído al género humano 
en Europa, Asia y África; y de que se dará al público una idea exacta por 
medio de la imprenta, advirtiendo, entre tanto, que el objeto exclusivo de 
esta Sociedad es la propagación de la Sagrada Biblia en todo el orbe." 
En Bl Constitucional del 24 de Marzo se lee lo siguiente : 
"Sociedad bíblica — El 20 del corriente tuvo lugar la reunión anun- 
ciada en el número anterior para el establecimiento de tan importante So- 
ciedad. Se pronunciaron elocuentes discursos por los señores Gual, Castillo 
y Herrera, y después de una dilatada discusión convinieron en que se hi- 
ciese un convite general, por medio de esquelas, para este día (el 24) á las 
4 de la tarde. El objeto principal de esta invitación es asegurar las bases 
de esta Sociedad para su permanencia y decoro; oír las razones juiciosas 
de los señores concurrentes y convenir definitivamente en lo que parezca 
más conforme con el estado actual de la República y sus f elaciones. Quiera 
el cielo que veamos cumplidos los deseos de los que han interesado sus lu- 
ces y patriotismo en una empresa tan benéfica." 

En él mismo periódico, con fecha 31 de Marzo, se decía bajo el mismo 
epígrafe : 

•* Por fin se ha conseguido plantear un establecimien to cuyas ventajas 
. conocerán bien pronto los amigos de la religión de Jesucristo y de la ver- 
dadera ilustración de los pueblos. Se ha procurado reunir todas las perso- 
nas principales de esta capital por medio de la distribución de más de 
trescientas esquelas de convite, y á pesar de la estrechez de la capilla de la 
Universidad, se logró la concurrencia de las dos terceras partes. Ofrecemos 
dar á la prensa separadamente los discursos que allí se pronunciaron, y los 
que han ofrecido remitir algunos de los señores que no tuvieron tiempo 
para producirlos, protestando hacerlo con toda fidelidad. No se debe extra- 
fiar ni de la oposición que pueda sufrir este benéfico establecimiento, por 
las interpretaciones siniestras que yá se han oído, ni del choque de opinio« 



34 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

nes 3obre una materia tan interesante que yá se ha experfuientacio; pero sí 
es muy notable que un escritor público haya dicho que es prefwrente la 
impresión de dos millones de catecismos, única ilustración que proporcioi- 
naban nuestros antiguos opresores álos pueblos, á la circulación y propa- 
gación de la Sagrada Biblia. No es del caso ni conforme á nuestras sanas 
intenciones el promover contiendas. El objeto exclusivo de la Sociedad 
bíblica que se acaba de establecer en Colombia, es proporcionar á todos los 
colombianos la lectura de la palabra divina en nuestro propio idioma, esto 
es, en el idioma español ó castellano, traducida de las versiones aprobadas, 
tales como las del Padre Scio ó la del célebre Torres Amat, {i) publicada 
recientemente en Madrid con todas las aprobaciones necesarias, (2) y sin 
traspasar un ápice de las disposiciones del Tridentino. (3) Si esto es vitu- 
perable, si esto.es capaz de- producir censuras acres y extemporáneas, será 
preciso poner á los pueblos de Colombia al nivel de los más bárbaros del 
mundo. La Sociedad bíblica se ha instalado con acuerdo y aprobación 
de ¡os sabios je/es encargados del poder ejecutivo de la República y del 
gobierno eclesiástico del arzobispado, á quienes pertenece exclu'si va- 
mente y sin disputa el velar sobre la felicidad espiritual y temporal, de 
los pueblos, y cuya probidad nadie puede dud^r sin injusticia.'* (4) 

Jueves 7 de Abril, número 32 del mismo periódico': 

" Sociedad bíblica de Colombia. Acta del 4 de Abrt'l'-^El 4 del co- 
rrien*^e se reunieron en la capilla de la Universidad los señores extranje- 
ros y colombianos (5) quéjtan generosamente han contribuido para llevar 
al cabo este establecimiento, y cuyas listas se imprimirán por separado. 
Aprobaron undmmemefife un reglamento de 22 artículos, que debe servir 
para su organización y economía, y conforme á éste procedieron á las elec- 
ciones de Presidente, Vicepresidente, Secretario y Tesorero, que resultaron 
de la manera siguiente : 

" Presidente — El señor doctor Pedro Gual, Ministro de Relaciones 
Exteriores. 

" Primer Vicepresidente — El señor doctor José María Castillo, Minis- 
tro de Hacienda. 



(1) Con las notas? 

(2) Pero con notas. 

(3) Menos en cuánto á notas. 

(4) Téngase presente desde ahora que el negocio era del orden espiritual. 
O) Estos extranjeros no eran naturalizados, y eran ingleses protestantes. 



CAPÍTULO OCHENTA Y OCHO. 35 



*^ Segundo Vicepresidente — ^El señor doctor José María Estévez, pre- 
beodado y Rector del Colegio Mayor de San Bartolomé. 

_ • 

" Tercer Vicepresidente — El señor doctor Juan Fernández de Sotoma- 
yor, Rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 

'* Tesorero — El señor José Sans de Santamaría, Senador y Contador 
departamental de Cundinamarca. 

" Secretarios — El Padre Fray Antonio María Gutiérrez, Secretario de 
la Universidad, y el sefior doctor Ricardo N. Cheyne. 

'' Del mismo modo y con iguales formalidades se procedió al nombra- 
miento de una comisión compuesta de veinte individuos, de los cuales la 
mitad son eclesiásticos., hz Sociedad deseaba tener á su frente al virtuoso 
y benemérito Provisor Gobernador del Arzobispado, (i) pero á más de re- 
sistirlo con su natural moderación, expuso (2) oportunamente que el articu- 
lo 3.^ del Reglamento reserva á los ordinarios eclesiásticos la revisión de 
las ediciones de la Sagrada Biblia en sus respectivas Diócesis, conforme d 
las disposiciones conciliares y y que este acto de jurisdicción que debía ejer- 
cer, como Gobernador del Arzobispado, lo privaba del honor que esta res- 
petable Sociedad le brinda. 

''Se trató igualmente de la impresión, por separado, de los discursos, 
reglamentos, listas de suscriptores y actas de la Sociedad, y todos convinie- 
ron en que se verifique con la prontitud posible, designando también para 
sus avisos El Constitucional, cuyos editores han franqueado hasta ahora 
sus columnas en favor de este establecimiento (3). Últimamente se acordó 
que el pliego de las suscripciones quedara en la habitación del Padre Rector 
de la Universidad, á donde pueden ocurrir todos los que quieran suscribir- 
se, de las ocho á las nueve de la mañana en cualquier d(a." (4} 

Este Constitucional, órgano de la Sociedad bíblica, era empresa de los 

ingleses, y la imprenta de Jaime Cowie y sus agentes, en Caracas; losseño- 

» '■ ■ 

(1) Nótese el empeño en meter eclesiástioos en la empresa. Luego veremos que todos 
estos eclesiástioos fueron distinguidos y bien recompensados por el Gtobiemo. 

(2) Yéase que estaba en la Junta. 

(3) Es notable el primer artículo con que rompe el primer número de este periódico 
inglés protestante. Halo aquí .: ** De venta un KsaBO 6 mulato como de 20 años de edad, 
«ano y sin tachas, en precio equitativa Los pormenores se darán en €í despacho de esta 
imprenta." i Los humanitarios liberales al servicio del infame comercio de esclavos ! 
fiste periódico se redactaba en inglés 7 castellano. 

(4) £1 Padre Bector vivía en el Convento de Santo Domingo. Así los dominicanos 
ae distinguieron tanto en los proyectos masónicos como en los protestantes. 3 - 



36 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

res Jones Powles, Hurí y Compañía en Maracaibo; los seí5ores Ttill Me Fa- 
blane y Compañía, en Cartagena; los señores Roberto Burton y Compa- 
ñía, en Guayaquil; y el señor R. Wasp, en Santa Marta, (i) 

En el número del 26 de Mayt), otro artículo Sociedad hibltca^ suscrito 
por un sociOj decía : " El público, que ha visto yá varias producciones de 
cerebros acalorados contra este benéfico establecimiento, verá muy pronto 
la falsedad, 1& calumnia y las siniestras interpretaciones con que se ha in- 
tentado el ataque, y muy particularmente contra el apóstol de Facatativá 
que ha escrito pastoral para sus parroquianos y se vende públicamente en 
esta capital, en la tienda del ciudadano Rafael Flórez, á real y medio. 
¡ Nuevo medio para esquilmar el rebaño propio y el ajeno ! ¿ Estos son los 
pastores abrasados por la gloria de Dios? " (2) 

Se ve por este lenguaje acre y sarcástico, propio del editor de E¡ Co- 
rreo^ la guerra abierta contra los eclesiásticos ortodojos, al mismo tiempo 
que estos socios prodigaban los elogios más aduladores á los que se estaban 
prestando al proyecto protestante. ¿Y esta clase de soqíos eran de religión 
protestante ó querían profesarla los d« la escuela ateísta y materialista de 
Destutt de Tracy y Jeremías Bentham ? . De ninguna manera; esos no 
tenían religión, pero se prestaban de auxiliares al protestantismo, como 
medio para acabar con el catolicismo en el país,, del mismo modo que se 
prestaron los filósofos del siglo pasado á los jansenistas para destruir á los 
jesuítas, y después volver contra ellos. Destruido el catolicismo, los so- 
cios bíblicos ministeriales no habiían sido protestantes. 

En el número 43 del mencionado periódico, correspondiente al jueves 
23 de Junio, se cumplió con la oferta de publicar el Reglamento de la So- 
ciedad bíblica de Colombia para que se viera "la falsedad, la calumnia y las 
siniestras intenciones con que se ha intentado el ataque contra la Socie- 
dad." Aquí está la introducción al Reglamento para desmentir á los escri- 
tores que clamaron contra el establecimiento de la Sociedad bíblica como 
el medio destructor del catolicismo é introductor del protestantismo; 
dice así : 



(1) Como buenos protestantes anglicanos. ^ 

* {2) No se sabe que los impresores imprimieran folletos gratis, y el del doctor Saave* 
draj que contenía diez páginas en 4.», vendido á real y medio, no debía ser inotÍYO dd 
€ficándalo para este buen cristiano. 



CAPÍTULO OCHENTA Y OCHO. 37 

** REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD BÍBLICA DE COLOMBIA. 

" Considerando las grandes ventajas que ha reportado el género huma- 
no con el establecimiento de esta Sociedad, y que el santo objeto de sus 
fundadores (i) por más que se critique, (2) no ha sido otro que uniformar 
la moral de los pueblos por medio de las máximas divinas de las Escfitu- 
ras, (3) hemos creído hacer un servicio importante á Colombia, cuyos pue- 
blos, aunque sumisos y obedientes al Evangelio en grado heroico, no han 
podido recihif otras nociones de la religión santfi de JesüSy por lo general^ 
sino la de pequeños catecismos y arbitrarias interpretaciones, estable^ 
ciendo y fundando una Sociedad nacional é isdepej^diekte^ bajólas reglas 
siguientes : 

"i.* Esta sociedad se llama la Sociedad Bíblica de Colombia, 

" 2.* Su único y exclusivo objeto es promover la circulación y propa- 
gación de la Sagrada Escritura en toda la República y en toda la América, 
conforme á sus alcances. 

" 3.* Las ediciones de la Escritura que se circulen por esta Sociedad 
serán precisamente de las versiones aprobadas por la iglesia católica, y su- 
jetas á la revisión de los señores ordinarios eclesiásticos, conforme á las 
sabias disposiciones del Tridentino." 

Los demás artículos eran depura organización económica. *¿ Qué más 
garantías que esta sujeción y respeto hacia el sabio Concilio de Trento ' 
para asegurar la conciencia católica de las autoridades eclesiásticas ? 

Uno de los caracteres distintivos de los herejes y falsos apóstoles, es 
la hipocFCSía y las supercherías de que se valen en su proselitismo. 

La referencia hecha d Tridentino por la Sociedad Bíblica, érala egida 
con que intentaba parar los tiros de los católicos y el lazo para coger á los 
incautos é ignorantes. El Tridentino no habla de las versiones de la Biblia 
en lengua vulgar, sino de las versiones latinas con notas y de la Vulgata 
latina que declara auténtica ; y cuando manda someter á la aprobación y 
revisión de los ordinarios eclesiásticos los libros impresos, no habla de 
la Biblia sino de otras obras sobre religión, y por eso, después de hablar 
de las ediciones de la Vulgata latina, dice : '* Y que ninguno tenga facul- 



(1) Los protestantes. 

(2) Por más condenado que esté por la Silla apostólica y los Concilios, debería decir, 

(3) Entregadas al libre examen de las gentes para que cada cual entienda las mázi« 
mas divinas del modo que le parezca y más conveoga á sus personas é intereses. 



38 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

tad de imprimir ó hacer que se impriman cualesquiera abras que traten 
de cesas sagradas^ sin poner en ellas el nombre de su autor, ni de vender- 
las en adelante 6 retenerlas en su poder, sin que sean primero examinadas 
/ y aprobadas por el ordinario etc.'' <i) 

¿ Podría entenderse esto con las impresiones de la Biblia en lenguas 
vulgares ? Si en este lugar hablara el Concilio de la Biblia, estaría por de- 
más el advertir que esas obras tratasen de cosas sagradas, pues que en la 
Biblia todas ellas lo son ; ni se hablaría de nombre de autor sino de editor^ 
porque los nombres de los abtores de los libros sagrados son bien conoci- 
dos. El Papa ha sido quien ha permitido la versión de los Ubros santos en 
lengua vulgar. Este Papa fue el señor Pío VI, quien en su breve de apro- 
bación hecha en San Pedro de Roma á 17 de Marzo, dirigido al señor 
Antonio Martini, decía sobre ello : ** Lo que sabiamente has practicado 
dando á luz los Libros Sagrados puestos en idioma vulgar, acomodándo- 
los á la común inteligencia de los fieles, habiendo añadido aquellas notas 
de los santos padres que has tenido por conveniente para precaver cual- 
quier abuso, en lo que no te has desviado de la regla de la congregación 
del índice, ni de la constitución que sobre este punto publicó el inmortal 
pontífice Benedicto XIV, predecesor nuestro de gloriosa memoria.'* En 
esas reglas.había declarado este pontífice que se podían leer las versiones 
de la Biblia en lenguas vulgares, con tal que estuvieran con las referida s 
notas, i Por qué, pues, se referían los de la Sociedad Bíblica al Tridentino 
y no á los Papas, cuyas constituciones eran las del ^aso ? Por qué había 
de ser, sino porque en las constituciones y breves de los Papas se exigían 
las nocas, sin las cuales no se permitían los ejemplares de la Biblia y los 
socios habrían contrariado el objeto y el espíritu de la Sociedad si hubieran 
pensado en hacer impresiones de la Biblia con las notas, siéndoles suficien- 
te para engañar, la chicana de referirse al Concilio d=e Trente. 

El Provisor tuvo la candidez de contentarse con el artículo 3.^» del 
reglamenta Pero i qué habría sucedido al someterte la edición de la Biblia 
para su aprobación ? Que le habrían presentado la Biblia dei Scio ó el 
Amat, ajustada á las ediciones aprobadas, pero sin las notas, y entonces se 
le habría dicho que siendo fiel la reproducción, estaba oUigado á darle su 
aprobación, y como la Sociedad contaba con la protección del Gobierno, 
.que siempre hada lo que quería de los Provisores, podía contarse con que 



¿1) ^es. IV. Decreto sobre la impresi6a y acó de los Libsos flagrados. 



CAPÍTULO OCHENTA Y COSO. 39 

• 

no habría censura'(i). Si la historia no se escribiese pata todos» sino sola- 
mente para la gente de instrucción, seria por demás empeñarnos en probar 
•que el intento de la Sociedad Bíblica era el de difundir la Biblia sin notas^ 
Mas como habrá gentes que al oír hablar con tanto respeto del Tridentino, 
crean que se trataba de publicar la Biblia en completo con sus notas, fíjese 
la atención sobre estas cláusulas de uno de los más distinguidos socios, el 

4 

doctor Vicente Azuero, quien á pocos días, en una acusación contra el 
doctor Margallo, decía : ** Fórmase una Sociedad Bíblica, compuesta de los 
señores Secretarios del Despacho ; del señor Caicedo, prelado benemérito 
y de notorias virtudes cristianas ; del Canónigo doctor Estévez y de otras 
muchas personas respetables. Su piadoso objeto era extender á todas las 
clases el conocimiento de los Libros Sagrados, donde debe beberse como en 
su fuente la santa doctrina, y no alterada ni enturbiada por los torpes co* 
mentariosy violentas interpretaciones de esos hipócritas que saben torcer la 
divina palabra para sus ambiciosos fines "... ¿Se quiere más ? Repitamos 
aquí las palabrasMel encabezamiento del reglamento, porque es preciso re-- 
petirlas. 

'* Considerando las grandes ventajas que ha reportado el género hu- 
mano con el establecimiento de esta Sociedad, y que el santo objeto de sus 
fundadores, por más que se critique, no ha sido otro que uniformar la 
moral de los pueblos por medio de las máximas divinas de las Escrituras^ 
hemos creído hacer un servicio importante á Colombia, cuyos pueblos» 
aunque sumisos y obedientes al Evangelio en grado heroico, no kan podido 
recibir otras nociones de la religión santa de Jesús, /o/' lo general^ sino 
las de pequeños catecismos y arbitrarias interpretaciones, estableciendo 
y fundando una sociedad nacional é independiente etc.'^ 

1 Cuánto no comprende este párrafo ! 

(1) No ereemofl sea éete tm jnioio temerario^ si se atiende á dos cosa» : & la mala fe 
de que tusan los cateqmstas del protestantismo agentes de la Sociedad BCblica, y á la 
candidez del Proyisor. Sobre lo primero no hay más que decir, sino que en tiempos pos* 
tenores quisieron mny formalmente engañar vX señor Arzobispo Mosquera con igual 
negocio. (Véase el nilmero 2). T sobre lo segundo, baste recordar que el señor Oucedo^ 
por ün reclamo del Fiscal^ declaró nulo un auto suyo en que decfa que no se podían 
leer libros contra la religión ; y también le hicieron creer que la obra de Josaf a Benesrá 
era buena, y le dio licencia á don Bernardo Pardo para venderla^ estando prohibida^ 
verdad de que respondemos nosotros, por habérnoslo dicho el mismo Pardo, con motivo 
de haberle preguntado cómo la vendía estando prohibida. '* El señor Caicedo me ha 
dicho que nada tiene de malo y q«e puedo venderla^** f ne la respuesta que m nos dio. 



40 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Dejando á un lado (por no ser ahora nuestro objeto la controversia) 
eso de las grandes ventajas que el género humano ha reportado con el 
libre examen, que no será la menor la de brotar nuevas sectas todos lo? 
días, hasta dar en los más absurdos disparates, é ir hasta el ateísmo, con el 
fin de uniformar la moral del género humano, nos fijaremos en lo que se 
dic^ de no haber podido, hasta ahora, nuestros pueblos recibir nociones 
de la religión sino por catecismos y arbitrarias interpretaciones. Con esto, 
la Sociedad Bíblica condenaba abiertamente la enseñanza de la iglesia ca- 
tólica, por cuyos catecismos é interpretaciones se. había estado .enseñando 
la religión en Colombia desde la conquista. Se iba, pues, á sustituir otra 
enseñanza de la religión pJr la Biblia, libre de interpretaciones; luego las 
Biblias de la Sociedad debían ser sin notas. 

¿ Y quiénes eran'los maestros de esta santa escuela de Cristo ? ¿ Quié- 
nes los que iban á enseñar ¡a santa doctrina? Mr. Thompson, protestante, 
comisionado de la Sociedad Bíblica de Londres, y los Secretarios del des- 
pacho, i Y quién dio misión á estos señores para enseñar el Evangelio á 
los pueblos ? Aquí estamos yá en herejía. 

Esta enseñanza nueva de la religión santa de Jesús, por tales apósto- 
les del Gobierno y del protestantismo, debía ser nacional é independiente ; 
es decir, como en Inglaterra ** la iglesia establecida por la ley indepen- 
diente de Roma." Esta iglesia se establecí.i por la Sociedad Bíblica, por- 
que era la que iba á enseñar la verdadera religión de Jesús, según decía su 
reglamento, y su santa doctrina, según el doctor Azuero. 

El acta que contenía esta reprobación de la enseñanza católica en los 
pueblos de Colombia, y esta proclamación de una iglesia nacional é inde- 
pendiente^ con las demás herejías de Pascual Quesnel, condenadas por la 
bula UnigenituSy fae aprobada con .unanimidad, contándose entre los 
miembros que dieron esta sanción,' el Provisor Gobernador del. Arzobispa- 
do, los canónigos Estévez y Sotomayor, (i) el padre Garnica y demás 
eclesiásticos afiliados á la empresa ; y esto, después de haber oído en una 
de las reuniones del mes anterior á los doctores Margallo y Botero, com- 
batir el proyecto coñio obra de los protestantes condenada por la Iglesia ; 
y después de haber oído su improbación hasta por la prensa, cuando El 
Noticiosote decía: '* Aconsejamos al señor Provisor haga suscripción para 



(1) No se contaron entre los asociados en este proyecto el deán £Losillo, ni más o^- 
cónig-os que los nombrados. 



s 

\ 



CAPITULO OCHENTA Y OCHO. 4I 

imprimir, antes que la Biblia, dos millones de Astetes, para que aprendan 
sus ovejas la doctrina cristiana.'' ¿ Y cómo pudieron, después de todo esto, 
aprobar semejantes proposiciones el Provisor y demás eclesiásticos ? (2) 
¿Podría creerse que aceptaban el protestantismo y abjuraban el catolicis- 
mo ? Nó, estO/€ra imposible ; exceptuando á los que estaban en la logia. 
Los precedentes de los demás no daban lugar á pensar tal cosa de ellos, y 
menos que de ninguno, del señor Caicedo. 

Nosotros no podemos explicarnos la conducta de esos eclesiásticos, 
sino suponiéndoles, hasta cierto punto, ignorancia^ atendidas las razones 
siguientes : 

El clero de aquellos tiempos, con raras excepciones, no se dedicaba 
sino al estudio de la teología moral, y por eso sería que el doctor Botero, en 
la Junta á que concurrió, dijo que el clero colombiano no era más que la- 
rraguista. La iQoXogí^ positiva estaba muy descuidada, era una arma arrum- 
bada en el arsenal, porque no había enemigos contra quienes combatir, 
cuando nadie cuestionaba sobre religión ; cuando no se leían libros malos 
y cuando se cuidaba tanto de evitar cuestiones sobre Ja materia, que hasta 
los libros de controversia se prohibían por el Gobierno español, y aun los 
mismos que se imprimían en España, como el Evangelio en triunfo^ de 
Olavidé, que no podía andar en manos de todos. El estudio de la historia 
general de la iglesia, que es la fuente de los mejores conocimientos en he- 
chos de disciplina y cuestiones de dogma controvertidos por loa herejes y 
defendidos por los santos padres y doctores de la iglesia, se podía decir que 
estaba abandonado. Uno que otro literato tenía en su estante el Ducreux, 
único historiador eclesiástico que se conocía en el país. Los estudios canóni- 
cos tampoco eran comunes en el clero ; eran más bien los abogados los que 
se dedicaban á ellos. Esta era la situación del clero á tiempo que nos manda- 
ban malos libros de filósofos volterianos, jansenistas y protestantes, de don- 
de nuestros políticos tomaban su grande erudición eclesiástica para aturdir 
al clero, no acostumbrado á combatir con enemigos de armas tan afiladas 
y de una táctica sagaz y traidora. Por eso se vieron algunas veces los Pro- 
visores encarrilados por los personajes del Gobierno en cierto sentido y 
diciendo cosas que más favor se les haría con decir que predicaban por 
mano ajena, que pensar en que ellos lo dijeran de suyo. Así, seguramente, 



(2) Respecto á los padres Gálvez 7 Gutiérrez no hay que admirarse^ poique eran 



masones. 



42 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

fue que el señor Caicedo, ea una pastoral en que aconsejaba al clero la 
prudencia^ que era el tema del Gobierno para volver perros mudos á los 
ministros de la palabrai llegó á decir : ''Si en el siglo XVI se hubieran 
manejado las cosas de otro modo, es muy probable que hoy no veríamos 
con sumo dolor el reino de Inglaterra separado de la comunión romana/' 
Este ha sido el lenguaje de que han usado los enemigos de la iglesia para 
condenar la conducta del Papa, que no quiso sacrificar la moral de la igle- 
sia en favor de los vicios de Enrique VIIL Se le podía haber dicho al Pro- 
visor ; i A iemetipso hoc dicis an alii dixerunt Ubi f 

El señor Caicedo seguía diciendo al clero : "¿Valiéndome del dicho 
vulgar, os digo, hermanos míos, que más mosgas se cazan con una sola 
gota de miel que con un barril de vinagre." Esta era sentencia de San 
Francisco de Sales, y no dicho vulgar ; y en efecto, decía bien el santo ; 
pero no hay que volverse tan de miel, dice el dicho vulgar, que se lo co- 
man á uno á dedadas. La dulzura del Provisor con los empresarios del 
protestantismo en Colombia lo habría llevado muy adelante si el doctor 
Margallo no hubiera espantado esas moscas con su Ballena. Este* sabio y 
santo sacerdote derramó encima de ese enjambre todo el vinagre de las 
censuras de la iglesia, sin ofender á nadie ni quejarse del Gobierno, y Co- 
lombia se libró del cisma y de la herejía, á donde se le llevaba con tanta 
maña. La Sociedad Bíblica encalló, y sólo quedaron de ella las lamentacio- 
nes del doctor Azuero contra la Ballena. 

Después de todo esto, dígasenos, todavía, que los clamores de los sa* 
cerdotes celosos por la religión no eran más que las voces del fanatismo y 
del gódismo^ que quería desacreditar al Gobierno. No hablemos ya de las 
logias ; fijémonos únicamente en el negocio de la Sociedad Bíblica esta- 
blecida por una comisión protestante, de acuerdo con el Grobierno y bafo 
su protección, siendo todo el ministerio el núcleo de tal sociedad, y su 
presidente el primer Secretario de Estado. Dígase, en vista de esto, si este 
Gobierno no era un enemigo de la iglesia católica, que la minaba por su 
base, aunado con los prot;estantes. ¿ Serían aprensiones las de I03 católicos 
que se quejaban del estado de las cosas en punto á religión ? ¿ No tendrían 
razón los que decían que la religión estaba en peligro ? ¿ Y el pueblo no 
tendría razón para declamar contra la tolerancia de cultos, al ver á los 
protestantes anglicanos venir á Colombia á minar la creencia del país, 
concitando á los católicos para enrolarlos en las sociedades protestantes ? 
Según ciertos escritores, el Gobierno del Yicepresic^nte Santander ab- 



CAPÍTULO OCHENTA Y OCHO. 43 

solutamente nó daba motivo alguno de queja ni de desconfianza en ma- 
teria de religión. Los que se quejaban en este sentido no eran más que 
fanáticos godos que calumniaban al Gobierno, para ponernos otra vez en 
manos de Fernando VIL 

En presencia de los hechos, fúzguese de la exactitud con que semejan- 
tes cosas se han escrito. 

El prurito de atribuir al godismo cuanto se escribía y predicaba contra 
las tendencias anticatólicas, se contradecía al'mismo tiempo publicando en 
la Gaceta de Colombia los servicios y rasgos patrióticos del clero, y preci- 
samente de individuos que predicaban y escribían en aquel sentido. £1 
Obispo de Popayán era uno de éstos, y yá hemos visto cuántas pruebas de 
adhesión á la causa de la Independencia daba al Gobierno y éste las man- 
daba publicar con elogio. Entre otros varios escritos del señor Jiménez en 
defensa de la religión, se vio El Atalaya^ periódico publicado en 1824. Se- 
gún las talificaciones que se daban á los que defendían esta bandera, este 
Obispo era fanático y enemigo de la República. Sin embargo, el Gobierno 
lo elogiaba siempre como buen patriota. En la Gaceta número 186 se pu- 
blicó un artículo bajo el rubro de generosidad patrióticay en que se decía : 
"El Reverendo Obispo de Popayán, doctor Salvador Jiménez de Enciso, 
ha cedido á favor del Colegio de Antioquia trescientos pesos anuales, paga- 
deros de la renta de diezmos que le pertenece en aquella Provincia. Esta 
donación generosa es tanto más apreciable y digna de elogio, cuanto que 
no es la primera con que este prelado favorece la educación pública de su 
Diócesis. El da, además, mil doscientos pesos anuales al Colegio de Popa- 
yán, y. al de Cali le. tiene cedidas todas las cuartas que le corresponden en 
aquella ciudad.'' (i) 

Se dice en la misma Gaceta: "El Presbítero Domingo Benítez ha 
cedido también, en medio de la mayor escasez de facultades, ciento treinta 
y seis pesos en dinero efectivo para los gastos de la escuela lancasteriana 
de Ibarra, en cuyo establecimiento se está trabajando. El Presbítero Bení- 
tez ha añadido con esto un título más á los que tiene yá adquiridos á la 
gratitud pública por los constantes servicios que ha prestado á la causa de 
la libertad desde 1809, en que se pronunció por ella, los cuales le han pro- 
ducido no pocas persecuciones del Gobierno español.^' 

Siempre estaremos encontrando servicios del clero en fevor de la edu- 



(1) Deberla agregar qne 61 reedificó la iglesia Catedral de Popay&n. 



I 



44 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

cación publica. En este mismo año se estableció la cátedra de derecho 
canónico en Tunja, ofreciéndose á desempeñarla gratuitamente el Presbí- 
tero doctor Bernardo Mota. 

Dando noticia la Gaceta del estado del Colegio de ordenandos, decía : 
" Siendo la enseñanza de los jóvenes que aspiran al sacerdocio uno de los 
principales cuidados que ocupó la atención del Congreso y ocupa la del 
Gobierno, por la íntima conexión y trascendencia que tiene con la educa- 
ción cristiana y política de lo^ pueblos, creemos conveniente dar al público 
noticia del estado y progresos del nuevo Colegio." Se decía sobre esto que 
ni el Rector ni el Vicerrector tenían mis sueldo que la sa'tisfacción que 4es 
resultaba de emplearse gratuitamente en la instrucción de sus hermanos 
por la utilidad pública. El doctor José Torres Están, Cura de San Victo- 
rino, era el Rector, quien empleaba las horas que le quedaban libres 
en la administración de la parroquia, en la instrucción de los jóvenes 
alumnos y demás funciones del rectorado. ^ 

Elogiaba también la Gaceta á las monjas de la Enseñanza que se de- 
dicaban por institución á la educación de las niñas : " Dividen la enseñan- 
za eri dos clases, decía: la primera de colegialas que viven en el Colegio 
por separado, pero bajo de la misma clausura permanecen allí hasta que 
sus padres ó tutores las sacan para que tomen estado; y la segunda es la 
enseñanza de toda clase de niñ¿is que ocurren á las piezas exteriores del 
convento diariamente. Desde que se fundó ese tan útil establecimiento, no 
baja el número de las asistentes de ciento y cincuenta. A unas y á otras 
se les enseñan principalmente los principios de la religión, leer y escribir, 
y los oficios y labores propios de su sexo, en que han adelantado tanto, que 
se ven bordados exquisitos, así en sedas como en blanco, que pueden igua- 
lar á los mejores que nos traen de Europa. La República está llena de 
excelentes madres de familia^ criadas y educadas en este monasterio y en 
los otrosí (i) 

Los establecimientos de educación, en lo general, progresaban. En 
todas las capitales había Colegios y casas de educación, que daban anual- 
mente noticia de sus adelantos al Gobierno, que las publicaba en la Gaceta, 
Entre estas noticias se dio la de los actos públicos de la Universidad de 
Caracas, en cuyos asertos se observaba que todas las ciencias se enseñaban 
en latín, cosa que no aprobaba la Gaceta^ y con bastante razón respecto de 



(1) Gaceta de Colombia 6&\ 12 de JaniOi número 191, ¿ Cómo e»táii hoy '^ 



CAPÍTULO OCHENTA Y OCHO. 45 

ciertos ramos. Las escuelas náuticas que se habían establecido en Cartage- 
na y Guayaquil estaban dando muy buenos resultados. 

En Mompox, como en otra parte se ha dicho, había una fundación de 
Colegio de don Pedro Pinillos. Ella estaba abandonada y el Gobierno 
promovió su restablecimiento, haciendo reparar el edificio y que se abriese 
el Colegio con el nombre de San Stmón^ en lugar de San Pinillos. 

El Vicepresidente celebró en este día el cumpleaños del Libertador 
con un gran baile de etiqueta y espléndido ambigú en palacio. La Gaceta 
dio una interesante noticia de esta función, " La sala, dice, estaba ricamen- 
te adornada, no con las preseas del lujo de los reyes, sino con los trofeos 
de los ejércitos vencidos por los hijos de Colombia. Veíase en la testera el 
retrato de Bolívar, principal ornato de todas nuestras fiestas, así como.^ el 
original lo es de nuestra patria y de este siglo. Los estandartes reales de 
Castilla con que Pizarro acaudilló en 1533 á los destructores del imperio 
del Sol ; los pendones bajo cuya siniestra influencia ha jurado el Perú 
someterse necesariamente á la voluntad de doce monarcas españoles, desde 
Carlos V hasta Fernando VII ; las banderas de los bravos de Extremadura, 
Huamanga, Numancia y Burgos ; la que lleva los testimonios de vencedo- 
ra de las huestes argentinas en Ayohuma y Vilcapujio, y el estandarte del 
Escuadrón de Guías del General Morales, formaban la magnífica tapicería 
de aquel salón. No se compraron estas telas á precio de oro ni en los 
mercados de la China; los colombianos vencedores las arrancaron al ene- 
migo á costa de su sangre, desde las riberas del Zulia hasta ^,las márgenes 
del Apurimac, y la juventud colombiana ostentaba su hermosura, su pla- 
cer y sus gracias, celebrando el día de su Libertador en medio de las in- 
signias de Marte, amenazadoras poco tiempo há entre los batallones de* la 
tiranía...." 

Entre aquel concurso de señoras se hallaban muchas viudas y otras 
dolientes de los patriotas fusilados por Morillo en 1816, y de ellas algunas 
de las que aquel bárbaro tuvo la vil complacencia de hacer concurrir al 
baile que dio por el cumpleaños del Rey. ¡ Qué recuerdos ! ¡ Qué con- 
traste entre una y otra función; entre los objetos que en la 'sala de baile de 
1 816 se presentaban á la vista de las señoras, y los que se les presentaban 
en la de 1825 I • 

El Libertador había llegado al apogeo de sus glorias. La nueva Re- 
pública Bolívar era la columna levantada sobre las cumbres del Potosí, para 
inscribir en ella este nombre, que debía eternizarse, cuando todos los de 



46 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

SUS émulosi y perseguidores habían de quedar, unos estigmatizados por el 
juicio imparcial,9y otros dados al olvido. El nombre de Bolívar llenaba e! 
continente americano y llamaba la atención de los europeos y americanos. 
La familia del Libertador de la América inglesa, la familia de Was* 
hington, quiso por este tiempo tributar una muestra de su admiración ha- 
cia el héroe colombiano y le envió de regalo la prenda más estimable para 
ella, cual era el retrato de su padre. El General LaíFayette fue encargada 
de tan honrosa como agradable comisión, y para darle cumplimiento re- 
mitió el retrato al Libertador con la siguiente carta : 

** WasTiftngton, I/* Se Septiembífe de 1825, 
*• ^ Señor Presidente Libebtadob : 

'' Mi religiosa y filial consagración á la memoria del General Was- 
hington no podía apreciarse mejor por su familia que honrándome con la 
comisión de que me ha encargado. Satisfecho de la semejanza del retrato, 
yo tengo la dicha de pensar que de todos los hombres existentes, y aun de 
todos los hombres de la historia, el General Bolívar es el solo á quien mi 
paternal amigo habría preferido hacerle este obsequio. ¿ Qué más puedo 
yo decir al gran ciudadano á quien la América meridional ha saludado con 
el nombre de Libertador que le han confirmado los dos mundos y que, 
dotado de una influencia igual á su desinterés, lleva en su corazón el amor 
de la Libertad y el de la República sin mezcla de otra cosa? Sin em- 
bargo, los testimonios públicos y recientes de vuestra benevolencia y de 
vuestra estimación, me autorizan á presentaros las felicitaciones persona- 
les de un veterano de la causa común que, pronto á partir para el otro he- 
misferio, seguirá con sus votos el glorioso término de vuestros trabajos, y 
de esa solemne Asamblea d« Panamá, donde van á consolidarse todos los 
principios y todos los intereses de la independencia, de la libertad y de la 
política americana. 

*^ Recibid, señor Presidente Libertador, el homenaje de mi profunda 
y respetuosa adhesión. — Laffayette^^ 

Era llegado el tiempo de las elecciones de Presidente y Vicepresiden- 
te y miembros del Congreso de Colombia. Todas las Asambleas electorales 
votaron unánimemente por el Libertador para Presidente, *con excepción de 
las de Venezuela, en que sólo hubo unanimidad en la Provincia de Ca- 
racas. » 

Varios otros acontecimientos de más ó menos importancia tuvieron 
lugar en el curso de este año. Llegó el primer vapor para el Magdalena^ 



CAPÍTULO OCHENTA Y OCHO. 47 



V^^^^^N^^^fc^^^^^^^^^^^^^^^^^O^ 



construido en los Estados Unidos por la contrata de privilegio exclusivo 
con Élbers. El Museo se encargó al doctor Jerónimo Torres; aparecieron los 

■ 

primeros escudos falsos, hechos en Antioquia; se establecieron por los in - 
gleses las corridas de caballos, que se hacían en un gran circo de dos millas 
en el llano de la Floresta, y á que concurría muchísima gente 3^se hacían 
muchas apuestas. 

Los Inspectores nombrados fueron : los señores Pedro Gual, José Ma- 
nuel Restrepo, Coronel Campbell, James Handerson ; y Secretario de la 
carrera, el doctor Mayne, depositario del escate Leidersdorf. Las pri- 
meras carreras se hicieron en celebración délos triunfos de Carabobo y 
Ayacucho. Empezaron el sábado 23 de Junio por la tarde, (i) 

Otra cosa dio entretención á los bogotanos, y fue la lectura de 
los viajes de Mr. Molien en Colombia. Algo dio que reír á los hom- 
bres, y á las mujeres que rabiar 4 mas no dejó de llevar sus buenas críticas. 
Pintó á las señoras recibiendo visitas de una manera bien miserable, en 
términos que dio lugar á que se dijese que, sin duda, en su mansión en Bo- 
gotá no haUa visitado más que á las mujeres del pueblo. Mr. Molien pare- 
ce que era por el estilo de aquellos viajeros trasferinarios que en El Pano- 
rama tMoirüense pintaba JS¡ Curiosa Parlante escribiendo en su cartera : 
*' Las jóvenes personas van al Prado tan tapadas que no se les ve la cara; '' 
porque haUa ido al paseo del Prado al entrar la noche, y se encontró con 
unas muchachas que se retiraban para sus casas abrigadas por razón del 
sereno. En poUtica no dejé de decir buenas verdades Mr. Molien, una de 
ellas j(que fue profética) la de que Colombia no duraría sino mientras vi- 
viese Bolívar. 

El Noiiciosote^ atribuido generalmente al doctor Merizalde, era nn bus- 
capié que hada saltar ¿ todo el mundo. ]^abía sido acusado al Jurado y 
absuelto, lo que dio lugar á que el Teniente-Coronel José María Barrio- 
nuevo tonase la venganza por su mano, dándole al doctor Merizalde un 



(1) Em el aTÜH) se deofa : « Sosoripterefi-— Señor Handeraon, doctor Ma^e, Coronel 
Watts, aefior Dlinworth, señor ElberSi Coronel Mamby, Ck>zonel Bendle, Coronel Campbell, 
señor Amaf • Pareja por 100 pesos, «orre ó paga, ün císn^ Sey-eenaper, del señor Han- 
derson : divisa, gorro oarmesí 7 negro ; |inete. Coronel Bendle. ün bi^ Jaok del señor 
Cade: divisa, gorro azul 7 carmesí; jinete, el Capitán Smith. Tramo, 2 millas. Pareja 
por ana copa de plata de valor de 50 pesos; corre 6 paga, ün cisne Potowmac del Coro- 
nel Watts: gorro aísol 7 verde; jinete, Capitán Smith. ün cisne aranca, del señor Elbers: 
gorro negro; jinete, Coronel Bendle.'' ^ 



48 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

navajazo en la cara. La demanda fue ruidosa y el hecho escandaloso. Ba- 
rrionuevo se defendió diciendo que sólo le había tirado con la mano y que 
la herida la había causado con un anillo de diamante que tenía en el dedo; 
lo que se demostró por el reconocimiento de los facultativos que no podía 
haber sido así, atendida la profundidad del tajo. El doctor Merizalde siem- 
pre sostuvo que El Noticiosote no era suyo; pero lo cierto fue que á los po- 
cos días de este atentado se acabó el periódico. No hubo persona que no 
condenara el hecho de Barrionuevo, hasta entre los mismos enemigos de 
Merizalde, porque tendía á destruir la garantía de la libertad de imprenta. 



CAPITULO LXXXIX. 

La Francia inicia negociaciones con Colombia.-^Carta del Libertador al Vicepresidenta 
sobre el reconocimiento de la Gran Bretaña. — La Kepública tomística en fiesta^. — 
Carta del Papa al Provisor. — Intrigas del Ministro espa&ol en Boma contra el de 
Colombia.— Es falso que el Papa mandara salir de sus Estados al señor Tejada. — Su- 
puesta Encíclica del Papa en favor do Fernando VII. — Imputaciones hechas al cle- 
ro por el señor Bestrepo. — Elogio que el señor Bestrepo hace del «lero. — La Misee^ 
lánea sobre matrimonios. — Enseñanza de Bentham. — Lo que dice el señor Bestrepo 
sobre los males causados por esta enseñanza. — Ella retrajo de los jsstudios á muchos. 
La Asamblea americana de Panamá. — Sociedad Filantrópica de Bogotá. — La Fede- 
ración literaria. — Fiestas de Diciembre. — La Bepública bartolina. — Elige Presidente 
á don José M. Chaves y por Arzobispo al doctor Moyano. — Betrato de este ecle- 
siástico. 

AL fin la Francia en este ano dejó de ser reservada y misteriosa 
para con Colombia. Se había quejado de algunos agravios hechos 
á su pabellón por los corsarios colombianos; hubo explicaciones y 
su gobierno se dio por satisfecho, declarando al mismo tiempo 
que guardaría perfecta neutralidad en la contienda de la España con sus 
perdidas colonias, lo que causó gran contento público, porque esto ya era 
como dar el primer paso al reconocimiento de la independencia, y desen^ 
gaño para el gabinete de Madrid. " « 

El Vicepresidente recibió un oficio del Libertador, fechado en Arequi- 
pa á 8 de Junio, en que lo felicitaba de la manera más honrosa por haber 
logrado al fin el reconocimiento de la República por la Gran Bretaña. 
Trasportado de entusiasmo patriótico, le decía : 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE. 49 

*'He recibido ayer con un gozo inefable la gloriosa comunicación que 
^ V. E. me ha hecho el honor de dirigirmje, participándome el reconocimien- 
to de Colombia por la señora de las naciones, la Gran Bretaña. Yo me con- 
gratulo á mí mismo, á mi patria y á V. E. por el término de una empresa 
que colma de bendiciones al pueblo, de laureles á los soldados y ¿e gloria 
al Gobierno, que ha sido el arquitecto de esta prodigiosa creación. El ejér- 
cito en el campo y V. E. en la administración, son los autores de la exis- 
tencia y de la libertad de Colombia. El primero ha dado la vida al suelo 
de sus padres y de sus hijos, y V. E. la libertad, porque ha hecho r^gir las 
leyes en medio del ruido de las armas y de las cadenas. V. E. ha resuelto 
el más sublime problema de la política : si un pueblo esclavo puede ser 
libre, V. E., pues, merece la gratitud de Colombia y del género humano. 
Acepte V. E. la mía como, soldado y como ciudadano. 

" Sírvase V. E. recibir los sentimientos de mi distinguida considera- 
ción y respeto. — Bolívar.'* 

Un concurso de cosas tan halagüeño parecía que era una prenda de 
felicidad y estabilidad ^Je Colombia; y así debería ser, si de otro lado no 
trabajase el genio del mal en su contra. Sin embargo, siempre la prosperi- 
dad embriaga, aunque sea momentánea. Así los colombianos se regocija- 
ban en las fiestas de Diciembre de este año, siendo notables las funciones 
presentadas por el Colegio del Rosario, que, erigido en República sobera- 
na como tipo de alguna que había de venir después, con un Congreso de 
cachifos y su Consejo de colegiales, expedía leyes, aunque inocentes, y las 
presentaba como actos de su soberanía ; tales fueron las muy buenas repre- 
sentaciones teatrales que ofrecieron al público en su mismo Colegio, El Pi- 
zarro, La ^edra: |qué recuerdos I 

También había recibido el Provisor una carta de contestación del 
Papa, en que le daba gracias por la felicitación que le había dirigido al sa- 
ber su elevación al Pontificado ; y al manifestarle lo grato que le era el 
' tener noticias de la fidelidad en que se conservaba la cristiandad de estos 
pueblos, decía : ".Sean testigos estas nuestras letras de la paternal caridad* 
con que abrazamos sinceramente á esa parte del rebaño del Señor, que se 
nos ha encomendado, aunque tan separada de nosotros por la distancia de 
los lugares. Igualmente deseamos ardentísimamente poder, cuanto antes 
sea posible, daros un pastor; y vosotros, que con tan ardientes deseos pedís 
^to mismo, haced con vuestros ruegos y oraciones que Dios nos abra 
camino y modo de ejecutarlo. 



50 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

« 

'' Entre tanto procurad en vuestras necesidades espirituales ocurrir á 
nuestro venerable hermano el Areobispo de Philipos, que es lo que hemos 
podido hacer en la dificultad de los tiempos, el destinar para esa América 
meridional un Vicario apostólico,* con la potestad y facultades necesarias 
al efecto. ' 

'* £1 estado de esa Iglesia y Diócesis que nos expusiste compendiosa- 
mente, (i) nos será útil, y por lo mismo lo hemos recibido con ánimo be- 
nigno; y á ti exhortamos que entre tanto emplees todo cuidado y solicitud 
para que los fieles encomendados á tu cuidado se conserven (diligentemen- 
te en la santa religión, y en la obediencia á esta Santa Sede, como á centro 
de la fe católica. Y á ti y á ellos, con propensiosísima voluntad y de nues- 
tro corazón, impartimos la bendición apostólica. ' 
. '^ Dada en Roma en San Pedro, el día i.^ de Enero de 1825. 

León Papa Xn." (2) 

Estos eran los sentimientos del Papa, siempre dispuesto á favorecer la 
Iglesia de la República ^ como pastor universal de la grey de Jesucristo, sin 
pararse en respetos políticos hacia el Rey de EspaOi; y sin embargo, no 
estuvo libre de que se le atribuyeran hechos capaces de persuadir que era 
enemigo de la República y que prestaba su apoyo á Fernando VII para 
restablecer su dominaci^Sn en América. Sentimos tener que impugnar al- 
gunas aserciones del seüor Restrepo en esta parte de su historia de Colom- 
btUy que dice : 

^< Probablemente los pasos de la misma Santa Alianza, 6 acaso más 
bien de la España, sujetaron d un vejamen del Santo Padre al seflor Ignacio 
Tejada, Ministro de Colombia en Roma. Tuvo éste orden para salir de los 
Estados pontificios, y se vio, por tanto, obligado á retirarse* por algún 
tiempo á Florencia. El Papa no se atrevía á disgustar á Fernando VII 
tratando con los Ministros de las nuevas Repúblicas americanas X^) y has- 
ta se publicó en la Gqceta de Madrid una Encíclica del Sumo Pontí- 
fice en que recomendaba á los habitantes de las colonias españolas la obe- 
diencia y sumisión al Gobierno de la metrópoli." 

(1) Ea Mayo de 182i, fecha de la carta 6 que coixiesta y que le foo enviada por con- 
ducto del señor Lasso. 

(2) Gaceta del 28 de Agosto, ntunero 102. 

(3) No (^mprendemos cómo pudo escribir esto el historiador de Colombia, pues no 
Be puede suponer que ignorara que el Papa había celebrado Im oottcordato oon el Gfobier< 
no de Chile 7 que allí existía como Delegado aposlóUoo el Arzobispo de Fhilipoa. 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE, 5I 

Según el modo de expresarse aquí el señor Restrepo, no dejaba duda 
alguna de que la Encíclica fuera del Papa; sin embargo, al hablar de ella en 
su exposición al Congreso, decía : ** El Gobierno español ha puWicado en 
sus gacetas una Encíclica verdadera 6 supuesta^ en que á nombre del Papa 
se persuadía etc." Ante el Congreso no se aseguraba que la Encíclica fuera 
auténtica y ante la historia sí debía aparecer con tal carácter. Dos cargos 
hay aquí contra el Papa; el vejamen irrogado al Ministro de Colombia y la 
Encíclica. Veamos si estos cargos eran justos. 

En la Gaceta de Colombia se lee lo siguiente : 

" Roma. — Para que nuestros lectores puedan juzgar de las intrigas de 
la Corte de Madrid en Roma, hemos creído conveniente publicar los si- 
guientes documentos. En ellos se verá que nuestro Ministro, el señor Tt- 
jada, estuvo expuesto á salir de los Estados Pon tifíelos en Octubre del año 
pasado, en virtud de una ox^^w fraguada sin duda por la legación españo- 
la. Pero Su Eminencia el Cardenal Secretario de Estado vio este procedi- 
miento con tanta indignación^ que inmediatamente hizo dar al señor Teja' 
da la correspondiente satisfacción. 

'' Este incidente, agregado á los informes que tenemos de que en la 
Gaceta de Madrid han comenzado á aparecer Encíclicas de Su Santidad 
incitando á los americanos á la violación de su juramento y á la anarquía 
nos hace sospechar que la España, ya que no ha podido subyugarnos en 
los campos^ de batalla, pretende ahora tentar si puede sacar algún partido 
inquietando las conciencias de los incautos. Tenemos, sin embargo, gran 
conñanza en el buen sentido de nuestros conciudadanos para no temer las 
•consecuencias de semejantes maniobras. Los enemigos de la América creen 
todavía que somos tan salvajes como los aborígenes de nuestro continente, 
y van por consiguiente á abrirnos una campaña puramente espiritual. Pre- 
parémonos, pues, y no nos costará mucho trabajo el/iisipar esta tempestad. 
Después de la borrasca vendrá la bonanza, y con ella una paz inalterable y 
eterna. Entre tanto, podemos asegurar que el señor Tejada se halla actual- 
mente en Florencia, con esperanzas muy fundadas de lograr pronto el mejor 
resultado de su misión^ 

¿ No había leído el señor Restrepo esta Gaceta, que se redactaba por ei 
Oficial mayor de su Secretaría ? 

Por de contado que tampoco había leído las dos notas que siguen^ pu^ 
blicadas en la misma Gaceta, y son éstas : 

** Eminenüsimo señor: — Un Comisario del .Gobierno acaba de hacer- 



52 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

me saber una orden de U. £., ó más bien de Su Santidad, para que salga 
de sus Estados dentro del más breve término posible. 

^'Aunque yo no debía esperar una orden semejante sin conocer los 
motivos, ni ser tratado, por decirlo así, como un criminal, no habiendo ve- 
nido á Roma sino para pedir socorros espirituales para los católicos de mi 
país, estoy, no obstante, dispuesto á cumplirla, aunque con sentimiento, lue- 
go que dicha orden me sea enviada /or escrito y que se me devuelva el pasa- 
porte que se halla depositado en el Despacho del Gobierno de esa ciudad. 

"Entre tanto ruego á U. E. reflexione por un instante sobre el efecto 
escandaloso que debe producir en América, y aun en toda la Europa, la pu- 
blicación de todo lo que ha ocurrido en Roma, y de lo que actualmente 
ocurre en Bolonia con respecto á mi comisión, y cuáles serán las conse- 
cuencias. 

*' Yá he tenido el honor de hacerla ver á U. E., con toda claridad, en 
mi carta de 27 del próximo pasado, y hallándome con esto á cubierto de 
toda reconvención de parte de mi Gobierno y de mis compatriotas, iré yo 
mismo ájnformarles del éxito desgraciado de los pasos que he dado para 
obtener el fin de mi comisión, 

"Espero que U. E. reflexionará un momento antes de decidirse defi- 
nitivamente sobre un negocio tan delicado. Me atrevo aún á esperar que 
se me permitirá aguardar aquí una resppesta, y deseo sea tal que me evite 
el desagrado de anunciar á mi Gobierno que el Padre de todos los fieles no 
quiere oír las súplicas de los católicos de Colombia. 

Ignacio Tejada r 

CONTESTACIÓN. 

"Señor: — El señor caballero Chia ven ha entregado ayer á Su Emi- 
nencia la carta que usted le dirigió el 21 del mes de Octubre. Ha sabido 
por esta carta, con la mayor sorpresa, que un Comisario del Gobierno ha 
significado á usted, de su orden, ó más bien de orden de Su Santidad, el salir 
de los Estados sin la menor dilación posible. Su Eminencia aseguró inme- 
diatamente al caballero Chiaven que él no había dado semejante orden, y 
le manifestó su grande extrañeza por una cosa de que estaba absolutamente 
ignorante. Le aseguró al mismo tiempo que ni Su Santidad podía comu- 
nicar tal orden, porque ciertamente el Santo Padre habría hablado de ello 
á Su Eminencia. Pero en la audiencia de ayer tarde. Su Eminencia supo, 
de la boca misma del Santo Padre, que estaba con igual sorpresa» 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE. 53 

" Su Eminencia me ha ordenado explicar á usted todo esto, y rogarle 
al mismo tiempo manifestase el nombre del Comisario que se presentó en 
su casa : la autoridad local qiie lo mandó ; si fuese en nombre de Monseñor 
el Vice-legado, ó de Su Eminencia el Cardenal Arzobispo de Bolonia ; ó de 
la policía, ó del Senador de la Villa. 

" Ruego á usted me conteste sobre esto, y al cumplir con las órdenes 
de Su Eminencia el Cardenal Secretario de Estado, que me ha encargado 
le asegure de su estimación y consideración, tengo el honor de suscribir- 
me, con perfecto aprecio y respeto, de usted, señor, muy humilde y obe- 
diente servidor, Jerónimo Galanti^ Oficial de la Secretaría de Estado de 
Su Santidad. — Al señor doctor Ignacio Tejada." 

Pocos días después se decía en la misma Gaceta', " Las más recientes 
comunicaciones de nuestro agente el señor Tejada son del 20 de Abril en 
Florencia, desde áonáQ proseguía desempeñando su comisión. Por esta vez 
ha remitido varias gracias despachadas por el Santo Padre, entre ellas la se- 
cularización de dos religiosos colombianos, y confirmación del capítulo pro- 
vincial de agustinos descalzos, celebrado en 1820, que tantas inquietudes 
suscitó en los tribunales de esta ciudad." Y en La Miscelánea^ periódico 
liberal de Bogotá: " En algunos papeles extranjeros hemos leído la impor- 
tante noticia de que el Nuncio de Su Santidad en Madrid ha tomado el 
más vivo interés en que Fernando reconozca la independencia de sus anti- 
guos Estados transfretanos. Esta conducta del Jefe de la Iglesia es, sin 
duda, la más conforme á la misión de paz que recibió de Jesucristo y al 
carácter que debe tener como Padre común de la cristiandad." 

Nada de esto necesita 'de comentarios, y sólo rejfetiremos que nos cau- 
sa admiración el modo asertivo con que el señor Restrepo habla sobre el 
asunto'en su Historia, no solamente debiendo tener conocimiento de lo pu- 
blicado en la Gaceta^ que se redactaba en su Secretaría, sino que lo debió 
tener en el Consejo de Gobierno cuando en él se consideraron estas notas, 
enviadas por el mismo Tejada, 

Pero hay todavía una cosa peor, y son las consecuencias que el mismo 
señor Restrepo refiere y dice que causaron las noticias de Roma cuando se 
supieron en Bogotá; noticias que se tuvieron en esta capital por la Gaceta^ 
según como las acabamos de ver y que por lo tanto no debieron producir el 
efecto que se les atribuye. 

Acabando el señor Restrepo de referir lo de la expulsión del señor Te- 
jada y lo de la Encíclica del Papa, dice lo siguiente : 



54 HISTORIA DB NUEVA GRANADA 

'' Divulgadas que fueron en Colombia estas noticias de Roma, causa* 
ron bastante alarma, excitada por los fanáticos. Dijeron que el Papa des- 
aprobaba la independencia colombiana y d gobierno que se habían dado los 
pueblos; por consiguiente, que aquélla y éste eran opuestos á la santa reli- 
gión de Jesucristo. Varios predicadores se valieron de tales argumentos 
para desencadenarse contra los Magistrados de la República^ á quienes pin- 
íaban como her^jes^ masones é impíos,^ 

Este trozo mis parece de la ¡dama del doctor Plaza, que del circuns- 
pecto señor Restrepo. Esta alarma, este desencadenamiento de fanatismo, 
toda esta bulla figurada en este trozo, era ocasionada por las noticias de 
Roma; pero acabamos de ver el carácter y sentido con que ellas fueron pu« 
blicadas. Luego no pudieron producir semejantes efectos. ¿Y no lo estaba 
diciendo la misma Gaceta del Gobierno ? Allí se decía que nada hahia que 
temer de semejantes maniobras de la España. ¿ Se habría dicho esto si esas 
maniobras hubieran producido toda esa efervescencia y ese desencadena- 
miento de los predicadores fanáticos, incitando á los pueblos para sostener 
la religión con el cañón y la espada ? Pero sigamos todavía el texto : 

** Daban anza para esto las imprudencias de algunos altos empleados y 
personas notables^ que desde 1819 habían promovido en la capital y en otras 
ciudades la multiplicación de logias de francmasones. Preocupados acaso 
<íon la idea de que pudieran tener alguna utilidad las ridiculas ceremonias 
de aquella*s Asambleas, nada más habían conseguido que divertirse á costa 
de algunos candidos neófitos; sin embargo, dieron pábulo y un pretexto á las 
declaraciones interminables de los predicadores^ sobre todo en Bogotá y 
Quito, ciudades que abrigaban mayor número dé fanáticos." 

Sobre este párrafo es de observar, primeramente, que las logias fueron 
^establecidas en Colombia por algunos altos empleados )f personas notables; 
pero como antes ha dicho el señor Restrepo : '* Las logias masónicas que 
algunos imprudentes y fanáticos de otra especie habían introducido en varias 
Provincias,^' etc. (i) se sigue que los altos empleados y personas notables 
del año de 1^19 nb eran más que unos imprudentes fanáticos de otra especie, 
entre los cuales se contaban los Secretarios de Estado. 

Aquí ya conviene con nosotros el historiador de Colombia en que el 
establecimiento de las logias fue pe/judicial, aunque dándole al pensamien- 
to un giro no muy exacto m muy justo, porque la predicación contra el 



<1) Página 368 del mismo tomo 3:* de Im Sistaria de Oelemhia, 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE, 55" 

establecimiento de sociedades anticatólicas, prohibidas por la Santa Sede^ 
no podía atribuirse á fanatismo f esto era un deber de los ministros de la 
palabra y de los pastores de la Iglesia; y políticamente hablando, estaban * 
muy en su derecho para hacerlo,, pues no hacían más que defender la reli* 
gión católica, apostólica, romana, que, según la ley de i8^i, sobre causas de 
fe, era el más precioso derecho de los colombiano», sin que valiera alegar 
la tolerancia, porque ésta se entendía de las religiones, y las sociedades ma* 
sónicas no eran religión, sino sociedades clandestinas enemigas de la reli* 
gión católica. Creemos que si se hubieran establecido sociedades masónicas 
de godos para trabajar contra la República, los predicadores que hubieran 
declamado contra ellas no habrían sido calificados de fanáticos, sino de muy 
patriotas. ¿Por qué, pues, habría de ser fanatismo el predicar contra las so-> 
ciedades que trabajaban contra la religión católica? ¿ Y quiénes eran esos 
fanáticos desencadenados en Bogotá ? El primero de ellos, el que estaba á 
su frente, según ha dicho antes el mismo señor Restrepo, era el doctor 
Margallo ; y como acaba de decir que la predicación contra las logias era 
pretexto que se tomaba para acriminar al Gk>bierno> tendremos, $egún eso^ 
que el doctor Margallo, cuya santidad era reconocida hasta por sus mismos 
enemigos (exceptuando al doctor Azuero), era un hipócrita calumniante» 
(Véase el núme/o 3). 

Continuando el señor Restrepo ese párrafo, dice : " Llegóse á temer 
una conjuración religiosa, pues ya se hablaba en los pueblos de restablecer 
la religión católica á su primitiva pureza ; es decir, c(m la espada y el cañón^ 
A fin de que pasara la borrasca^ fue necesario que el Gobierno obrara con 
vigor y eriergía; algunos predicadores fueron encausados ^ reducidos d prisióm 
y juzgados por sus discursos sediciosos. Esta conducta vigorosa reprimid 
su orgullo é intolerancia y dejaron de inflamar á los pueUós con sermones 
incendiarios." 

Apenas se puede creer que se haya escrito semejante cosa. Nosotros 
hemos vivido en la capital en la época á que estos hechos se refieren, y nada 
de eso vimos: se puede desafiar á cualquiera á que diga quiénes y cuántos 
fueron esos predicadores denunciados y castigados, á buen seguro que no 
se podrá citar otro hecho que el del doctor Margallo en el año siguiente de 
1826, á quien, como veremos luego, acusdel doctor Azuero; mas no por 
haber predicado sobre masones, sino contra los estudios de Bentbam. Abso*» 
lutamente no hubo más caso que éste en aquella época. 

Ahora vamos á dar la demostración de que en ese año no se vieíoa 



56 HISTORIA DE NU£VA «RANADA 

semejantes trastornos, alarmas ni amenazas de espadas y cañones; ni de 
tratar de herejes á los miembros del Gobierno. 

Es claro que si tales cosas hubieran tenido lugar por ese año en la Re- 
pública, tanto el Vicepresidente en su Mensaje al Congreso del año de 1826, 
como el señor Secretario del Interior, doctor José Manuel Restrepo, en su 
Memoria del ramo, habrían informado de ello al cuerpo legislativo. Vea- 
mos lo que en la parte del orden público decía el primero en su mensaje : 

"La República disfruta de tranquilidad interior; la Constitución es 
venerada ; las leyes se observan y los colombianos gozan libremente del 
derecho de reclamar su cumplimiento.'^ Más adelante : " El pueblo, nues- 
tro comitente, disfruta de libertad política y civil, szn haberse visto expues- 
to d las convulsiones interiores de que frecuentemente son víctimas las nue- 
vas sociedades/' 

El Secretario del Interior, entrando en más detalles, decía sobre tran - 
quilidad pública : 

))Y sinembargo, el Ejecutivo y sus agentes han tenido que emplear un 
gran celo, vigilancia y, sobre todo, mucha prudencia para precaver el tras- 
torno de la tranquilidad pública, amenazada por otra clase de ataques á la 
opinión. Hablo de los esfuerzos que ha hecho ú fatiatismo en el último año 
para desacreditar nuestras leyes, queriendo persuadir á los pueblos que 
ellas ofendían á la religión de sus padres. No duda el gobierno que los qate 
han maniobrado astutamente para difundir é inspirar tales ideas á los in- 
cautos y sean personas adictas al gobierno español ^ y que se valen de estos 
arbitrios para ver si pueden introducir el desorden. Mas no lo han consegui- 
do. Todos los magistrados velan sobre sus operaciones tanto como los patrio- 
tas. Las miras siniestras de esta clase de enemigos han sido denunciadas con 
frecuencia por los escritores públicos, de modo que el pueblo va conocién- 
dolos mejor, y desengañándose de la malignidad de los que pretenden extra- 
viarle. El Poder Ejecutivo ha procurado mantener un justo medio y que se 
discutan francamente las diferentes opiniones. Confía en que el influjo de 
las luces y de la civilización es irresistible, y seguro el triunfo de las opinio- 
nes liberales. Mas no por esto dejará de hacer que caiga el peso de la ley 
contra cualquiera que se atreviera á turbar la tranquilidad pública bajo el 
pretexto de religión. Hasta ahora no ha sucedido, y el gobierno espera 

QUE NO SUCEDERÁ. 

Bien: ¿ en dónde están los encausamientos de varios predicadores, que 
no solamente no los menciona aquí el señor Secretario, sino que dice no 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE. 57 

haber sucedido hasta ahora perturbación alguna bajo pretexta de religión t 
Nótese que habla de los que han m^niohrsLáo astutamente; lo que no puede 
entenderse de la predicación pública, sino de lo que se hace por medio de 

intrigas. Y atiéndase á la frase : «No duda el Gobierno sean personas 

adictas" etc. Luego no se refiere aquí el Secretario á predicadores, sino á 
personas desconocidas ; el subjuntivo sean lo indica claramente, porque si 
hablara de predicadores, que^eran personas conocidas, usaría del indicati- 
vo son. 

"Sin duda, continúa el señor Secretario, para promover estas mismas 
¡deas en los nuevos Estados Americanos es que el Gobierno Español ha pu- 
blicado en su Gaceta una encíclica, verdadera ó supuesta^ en que, d nombre 
del Papa^ se persuade á los obispos y al clero americano prediquen la obe- 
diencia y la unión á la monarquía española. Aunque el Ejecutivo está per- 
suadido de que esta pieza ningún influjo puede tener sobre el clero de Colom- 
bia^ QUE HA DADO TANTAS PRUEBAS DE ADHESIÓN Á NUESTRAS INSTITUCIONES, 

con todo, ha dictado providencias convenientes para frustrar cualesquiera 
miras de los desafectos c\}xq pudieran abrigarse en nuestro suelo. '* 

Más adelante, informando sobre negocios eclesiásticos, decía: " Todo el 
clero secular y regular de Colombia continúa dando pruebas de sumisión 
al Gobierno y de adhesión d las leyes de la República, Uno y otro han he- 
cho y hacen servicios importantes, distinguiéndose algunos individuos, cuyo 
patriotismo ha tenido mucho influjo sobre los demás. Si otros se resienten de 
opiniones antiguas, ó que de ningún modo están en consonancia con nues- 
tras instituciones, debemos esperar que el tiempo y las luces que se difun- 
den por todas partes les hagan variar, ó por lo menos les impongan silencio." 

Este era, sin duda, el lugar en que el señor Secretario debería haber da- 
do cuenta de las medidas enérgicas tomadas por el Ejecutivo en ese año 
contra los predicadores que se habían desencadenado contra las leyes y el 
Gobierno, concitando á los pueblos á la rebelión, so pretexto de religión. Pe- 
ro se ve que apenas había algunos que se resentían de opiniones antiguas^ lo 
que no conviene con aquel fanático desencadenamiento ; y de estos mis- 
mos opinaba el señor Restrepo, que dejándolos á la acción del tiempo y de 
las luces, podían variar y guardar silencio; sin que entienda por esta última 
frase esa predicación furiosa que concitaba á los pueblos á tomar la est)ada y 
el cañón contra el orden público y el gobierno, porque las rebeliones no se 
disipan dejándolas al tiempo y á las luces. 

Queda, pues, más que refutado con esto lo que en lá Historia deColom- 



j 

i 



■^_. :.. 



58 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Ha ha escrito sobre el desencadenamiento fanático de los predicadores el se- 
ñor Restrepo ; así como también lo de la encíclica del Papa. Y tan general 
es el elogio qae aquí se hace del clero de Colombia por el Secretario de Go- 
bierno ante el Congreso^ que no solamente queda disipado lo de los párrafos 
que acabamos de insertar, sino todo cuanto anteriormente se ha dicho con- 
tra el clero en punto al fanatismo y godismo.% 

Vamos ahora á acabar de borrar con otra esponja e! cuadro del señor 
Restrepo, si es que algo ha quedado por borrar. 

La Miscelánea^ periódico cuyas opiniones liberales merecieron los elo- 
gios de la Gaceta de Colombia ; periódico que sostuvo el proyecto de ley 
que se discutía en el Congreso, declarando que la disparidad de cultos no 
era impedimento dirimente del matrimonio, por no ser éste más que un con- 
trato; que el matrimonio^ como sacramento, y sus votos, había sido introdu- 
cido por los Papas, lo que apoyaba con doctrinas protestantes y canónicas 
heterodoxas; periódico que sostenía ser los diezmos renta de la nación y que 
sólo e) Gobierno podía disponer de ella ; periódico que calumnió al señor 
Lasso, atribuyéndole que en sus Sentimieníoshahí^. dicho que sólo los cléri- 
gos debían ser legisladores, y para ello insertó algunas frases del prelado 
tergiversadas, como se verá en el cotejo de los textos ; periódico^ en fin, que 
sostuvo cuanto en sentido anticatólico se hacía, y que, como veremos 
luego, sostuvo á los doctores Azuero y Diego Gómez contra los presbíteros 
Margallo y Méndez ; este periódico, completamente irrecusable, decía en su 
número de 15 de Enero, bajo el rubro de Godos^ lo siguiente : 

'* Barruntan algunos entre la clerecía, que á favor de la libertad y de 
la propagación rápida de las luces puede destruirse, no la religión, porque 
ésta tendría muchos defensores, pero sí un cierto número de abusos de dis- 
ciplina externa, que ellos defienden con más ahinco que los dogmas, porque 
les dan una inñuencia política que no deben tener, y riquezas que tampoco 
han debido adquirir. Alarmados por un peligro tan inminente, se han puesto, 
pues, eri campaña para minar y desacreditar el sistema y las instituciones ac- 
tuales, persuadidos de que sólo el régimen español puede garantirles el estado 
actual de cosas y dejarlos en sus holguras.'' *Toco tienen ellos que ver con 
antiguo y nuevo sistema, con Fernando, ni con iddependencia ; lo que les 
importa es vita^bona y reviente el que reventare, (i) Es necesario confesar 



i 



(1) Para comprender la temeridad 7 mala fe de esta gente, no hay man que saber si- 

* 

no que el principal de esos, sacerdotes contra quienes se lanzaban todos estos imprope- 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE. S9 

que si no han sido detenidos en su marcha progresiva, es por la demasiada 
deferencia de las autoridades ; porque á nuestro modo de ver, es un cargo 
que puede hacerse con justicia ante el tribunal de la opinión al Ejecutivo 7 
al Legislativo en estepefiodo, esa protección excesiva al clero, muy diferente 
de la que ps debida á la religión. La influencia que éste quiere tener en los 
políticos es peligrosa en extremo, porque ella traba la administración y for- 
ma un partido de oposición á todo lo que es grande y liberal. £1 Congreso 
y el Poder Ejecutivo y sus agentes subalternos, lejos de comprimir aquel 
fomes, siempre pronto á áWdXTítst, parece que la han mirado con indiferencia. 
Aun puede decirse más; en lugar de avasallar ese espíritu sutil y entrome- 
tido, no han hecho sino alentarlo, de tal manera, que la parte mundana 
del clero cree que de ella sola depende la prosperidad ó desgracia de la 
República, la tranquilidad ó las turbaciones, la guerra 6 la paz. 

Nuestra censura debiera entenderse respecto de algunos pocos, porque 
seríamos muy injustos si dejásemos de reconocer que en Colombia hay 
eclesiásticos ilustrados, virtuosos, patriotas^ tales como algunos de los que 
hoy tienen asiento en las Cámaras legislativas. Los hay también á quienes 
la causa de la independencia debe servicios muy importantes. 

'' Si el Poder Ejecutivo hubiese empleado las facultades extraordina- 
rias, deque casi siempre ha estado investido durante estos cuatro años, en 
purgar el país de esta especie de godos de que acabamos de hablar, que son 
tanto más temibles, cuanto se esconden detrás del simulacro de los intereses 
de la religión, para herir á la República, la tranquilidad y la consolidación 

ríoe, era el doctor Francisco Hargallo, hombre cuya santa yida se había conocido desde 
su infancia. El doctor Margallo no pretendió nnnca beneficios, ni los admitió cuando se 
los ofrecieron muj importantes. No contaba m&s que con la renta de una corta capella- 
nía y con el sueldo de sacristán mayor de la parroquia de las Nieves. Con esto se mante- 
nía él y mantenía dos hermanas y un hermano. No recibía limosna» de misas, ni de nin- 
guna otra clase ; por consiguiente vivía pobremente. Sus hábitos eran de paño burdo 7 
%o los remudaba sino cuando estaban hechos pedazos : su vestido interior era de los lien- 
zos del país más ordinarios. Sus ayunos eran continuos : su comida tan escasa y pobre co- 
mo sus vestidos, y ésta la dividía con los pobres que hacía sentar á su mesa. Gt/ntinua- 
mente daba limosnas, quitando de lo preciso, necesario para sv persona ; hubo día en 
que no teniendo que darle á un pobre, se quitó la camisa que tenía puesta y se la entre- 
gó. Continuamente estaba confesando enfermos, & los presos y asistiendo á loehospitaleH. 
Después de muerto se le encontró un dlisio adherido á la piel y á loe huesos, porque no 
tenía carnes. Esta era la vita bona del jefe de los predicadores de que hablaba La Misoe- 
lánea y que sin instigar & nadie contra las leyes niel Gobierno, defendía la causa católica. 



6o HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

• 

de nuestro sistema estarían mejor asegurados, fsta conducta parsimoniosa , 
6 más bien pusilánime, que ha guiado á nuestro Gobierno en este negocio, 
debería haber sido qon más razón el objeto de las reclamaciones de algunos 
escritores que se han levantado contra las facultades extraordinarias. Es- 
tas son siempre un mal ; pero á veces necesario. Ellas se han agravado 
por desgracia, tal vez demasiado largo tiempo, sobre algunos departamen- 
tos. Mas, ¿ porqué sin dejar de reclamar su cesación cuando yá fuesen nece- 
sarias, no se ha reclamado también vigorosamente el buen uso que de ellas 
ha debido hacerse ? Si los escri4:ores todos hubieran hecho oír al Gobierno 
sus clamores sobre este punto, hoy nos veríamos quizá libres de algunos 
¿^dos de sotana^ que con sus armas invisibles hacen una guerra invisible á 
la República. " 

Hemos querido copiar todo este trozo, por dar á conocer el espíritu de 
su autor, y que dé más fuerza á lo que hace á nuesto propósito. Por su- 
supuesto que él se queja deque los clérigos maquinan, mas no visiblemente 
ni por odio á la República ni por amor al Rey, sino porque creían que con 
el antiguo sistema se pasaban mejor vida. Estos cargos iban por otro cami- 
no del que lleva el señor Restrepo, y los que así se portaban, el mismo es- 
critor confiesa que eran pocos. Confiesa también que esos clérigos si no han 
sido detenidos en su marcha progresiva (invisible), ha sido por demasiada 
deferencia en las autoridades^ hasta poderse hacer -cargo al Gobierno por 
la excesiva protección al clero en ese periodo. El Ejecutivo, dice el escritor, 
ha estado investido de facultades extraordinarias y en uso de las cuales 
debería haber castigado á esos godos de sotana, y que no lo ha hecho. Esto 
decía un escritor contemporáneo, refiriéndose al mismo año á que se refie- 
re el historiador de Colombia. ¿ En dónde están, pues, aquellos encausa- 
mientos y prisiones de clérigos por predicar la rebelión á los pueblos para 
restablecer la religión con la espada y el cañón ? ¿ Se habría quejado este 
escritor,' como se quejaba, á la faz del Gobierno y del público, por cuyos 
ojos estaban pasando las cosas ; se habría quejado de la lenidad y aun de 
protección del Gobierno hacia los predicadores, si hubiera usado con ell^s 
de esa conducta enérgica de que habla el señor Restrepo ? 

Ahora queremos suponer que en realidad los predicadores se hubieran 
desencadenado en el año de 1825 contra el Gobierno, y que hubieran pin- 
tado á los Secretarios de Estado como herejes, masones etc., sostenemos que 
les habría sobrado razón y que no habrían dicho más que la pura verdad. 
¿ No se acaba de ver fundada la propaganda protestante de la Sociedad bí- 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE. 6 1 

blica, no sólo favorecida por el Gobierno, sino encabezada por los Secretarios 
de Estado en asocio de Mr. Thompson, agente enviado por la Sociedad bíbli* 
ca de Londres con tal objeto ? ¿ No era éste un ataque descaradamente 
decidido entra la religión católica, apostólica, romana, garantizada por la 
ley ? ¿No era esto abrazar y propagar la herejía protestante ? ¿ Cómo, pues, 
no habían de tener los sacerdotes católicos el derecho, ó más bien el deber, 
de levantar la voz contra semejante atentado ? ¿ Cómo no habían de decir 
la verdad, calificando de herejes y masones á los miembros de un Gobierno 
protector y fundador de la herejía en Colombia ? Y esto venía sobre el es- 
tablecimiento de las logias, que por confesión del mismo señor Restrepo se 
sabe que fueron fundadas por altos empleados : sobre la ley de patronato y 
otras ofensivas á la iglesia. De manera que se quería hacer cuanto fuera po- 
sible en ofensa de la religión y que nadie chistara, que los predicadores fue- 
ran perros mudos, -como los maldecidos por el Espíritu Santo (i). Los co- 
lombianos tenían derecho, y nadie lo disputaba, para quejarse contra los 
desmanes del poder y reclamar sus garantías en el orden político y civil ; 
pero* cuidado no articularan una queja por los atentados cometidos por el 
poder público contra el más precioso de sus derechos, el de su religión, (2) 
porque entonces se les había de tapar la boca llamándolos fanáticos, enemi- 
» gos de la República, conspiradores contra el Gobierno etc., etc. Todo se de- 
bía aguantar, y en efecto todo se aguantaba, porque si hubiera habido ver- 
dadero fanatismo, es seguro que habría habido un levantamiento general 
de los pueblos y mucha sangre derramada. El Libertador habría tenido que 
dirigir sobre Colombia el ejército del Perú para restablecer el orden público, 
trastornado por los caprichos y malas ideas de los gobernantes. 

Demasiado satisfecho estaba el Vicepresidente y su Ministerio de que 
en Colombia podían hacer cuanto quisiesen en hiateria de religión, sin 
riesgo alguno, cuando en este mismo año de 1825 se atrevió el General 
Santander á mandar, por Decreto de 8 de Noviembre, que en todos los 
Colegios los catedráticos enseñaran legislación por Bentham. Esto era 
peor que todo; peor que la masonería; peor que la Sociedad bíblica; peor 
que la introducción de malos libros, porque en todo eso no se hacía más 
que regar la cizaña entre el trigo para que creciera y lo ahogara; pero 
con esto lo que se hacía era arrancar de raíz la buena semilla y sembrar 



(1) Isaías, LVI, 10. 

(2) Ley de 17 de Septiembre de 1821. 



62 HISTORIA DB NUETA GRANADA 

¡a mala. Un hombre, siendo protestante, judío ó mahometano, puede tener 
caridad, puede ser generoso, puede ser patriota, y si al fin se lo lleva el 
diablo, puede haber sido bueno para la sociedad mundana; pero el ben- 
ihamista, profesor del sensualismo, sin conciencia, sin más Dios ni más 
prójimos ni más patria que el yo; sin nada más allá de la muerte; éste, 
por consiguiente, sin más objeto en sus acciones ni más principio de moral 
que procurarse sensaciones agradables, es peor que todos; y si alguna vez 
pudiera formarse una sociedad de semejantes seres, no se sabe cómo podrían 
vivir, siendo cada uno el regulador de su moralidad por sus apetitos y 
propia conveniencia material. No hay que decir que como no vemos todos 
esos males con los benthamistas que existen, porque esto consiste en que 
éstos han nacido rodeados de una atmósfera moral de diversa especie, y 
dentro de ellos mismos hay un principio adquirido inapercibidamente en 
la primera educación, y que se puede llamar la educación del espíritu, que 
no les permite pasar de cierto límite. De éstos se puede decir lo que Mr. 
Augusto Nicolás ha dicho de los protestantes con relación al protestan- 
tismo, á saber: que ese sistema no ha hecho en la sociedad todo el mal 
de que es capaz en principio, porque los protestantes son mejores que el 
protestantismo, y eso depende de la influencia trasmitida de generación 
en generación, de sentimientos de diversa especie en que nacieron y se 
criaron los primeros que abrazaron las sectas, separándose del catolicismo. 
Mas, á medida que las sectas se van alejando de su orrgen, van entrando 
en el excepticismo, y acercándose al ateísmo y materialismo. Los primeros 
benthamistas hechos de masa católica no harán tanto daño, porque, contra 
su misma razón y su misma voluntad, no podrán ser netos benthamistas; 
siempre habrá casos en que obren contra su principio, y esto lo estamos 
viendo entre los nuestros. Pero como ese sistema es peor que el del pro- 
testantismo, porque mata en germen el principio espiritualista que el otro 
conserva, aunque como planta rodeada de las hortigas, el estrago no será 
tardío en la nación que lo adopte por base de la educación pública, porque, 
á la vuelta de dos ó tres generaciones, el sentimiento espiritualista se habrá 
extinguido absolutamente en el corazón de los hombres que se han ido 
formando bajo la influencia del materialismo utilitarista, trasmitido de 
padres á hijos, y sostituyéndose á la sana moral la del sensualismo, la socie- 
dad donde todo esto suceda tendrá una bonita camorra^ como decía ,Vol- 
taire augurando los progresos de su filosofía. 

£1 señor Restrepo dice que este decreto alarmó mucho á los padres 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE. 63 

de familia de conciencia delicada. No se necesitaba de tener conciencia 
tan delicada para al armarse con esto. Observa luego que del principio 
de utilidad, base pr imordial del sistema de Ben^ham, los jóvenes inexper- 
tos deducían consec uencias erróneas harto perjudiciales á su moralidad y 
t:uyos funestos resultados se descubrieson con el tiempo y la experiencia, 
pero " que entonces aun no se preveían, por no ser la obra bien conocida." 

Esta salida del señor Secretario que autor izó el decreto, nos parece 
•confirmatoria del concepto de imprudentes y fanáticos de otra especie^ que 
11a poco más atrás formó de los altos empleados que establecieron las logias; 
porque solamente por una grande imprudencia, unida a 1 fanatismo filosó- 
iñco, pudo haberse mandado enseñar legislación en los Colegios por una 
obra de moral tan depravada, como que es diametrálmente opuesta á la 
del Evangelio, que es la primera ley moral que conoce el mundo. El señor 
Secretario se disculpa con que a«<;2 no era bien conocida. Peor por ahí; 
porque, ¿ cómo designar por texto para la enseñanza de la juventud una 
obra cuya moral no era bien conocida ? i Podría suponerse esto en un 
ministerio de hombres ilustrados ? ¿ Y el tratado de legislación de Ben- 
tham en diez tomos en octavo, traducido al castellano y comentado por 
Salas, no estaba en Bogotá desde el año de 1824 ? ¿ Y no se estaba ense- 
bando en San Bartolomé por este autor desde mucho antes de expedirse 
el decreto? Desde entonces, el General Santander estudiaba la legislación 
^e Bentham sin dejar el libro de la mano. En el despacho lo tenía siempre 
abierto sobre su pupitre y sólo lo hacía á un lado cuando tenia que escribir 
ó cuando los Oficiales de la Secretaría (i) le llevaban á la firma resolucio- 
nes ó despachos. Pero i para qué decir más sobre esto, si los mismos Con- 
sejeros privados del General Santander, que defendían entonces la ense- 
íianza de Bentham, contra la cual reclamaron los padres de familia, se 
empeñaban en persuadir que era lo mejor que se había escrito y demasiado 
conocido de los colombianos ? Óigase al doctor Azuero: 

" ¿ Y de dónde ha venido esa repentina persecución contra las obras 
de Bentham ? De la ignorancia más vergonzosa; de un fanatismo estúpido 
y de una indigna parcialidad. Hd muchos años que Bentham es conocido^ 
citado, copiado y venerado por varios escritores nacionales^ aun desde el 
tiempo de la dominación española y de la infame inquisición....*. Desde 
los ominosos tiempos del antiguo Gobierno, los tratados de legislación de 



(1) filantor eza unod« ellos, j por eso lo«abe. 



64 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Bentham hacían yá el objeto de los estudios y las meditaciones secretas 
de los Camilo Torres, de los Camachos, los Pombos y de otros ilustres 
mártires y primeros fundadores de la independencia. Sus doctrinas se 
insertaban en la Bagatela que daba el General Nariño, en la primera 
época de la República ; los mejores Senadores y Representantes lo citan 
frecuentemente con respeto y admiración en los salones del Congreso; 
varias leyes han sido formadas conforme á sus principios. ¿ Y cuál es, 
finalmente, el patriota, ^/ literato colombiano que no procure adquirir y 
estudiar á Bentham f^^ Esto decía el doctor Azuero cuatro meses después 
de publicado el decreto de que; tratamos, y que, según el señor Restrepo, 
se expidió cuando ** la obra no era bien conocida." (i) 

Este funestísimo decreto causó el perjuicio de ahuyentar de las aulas 
á algunos jóvenes é impedir el ingreso de otros, porque entonces había 
padres de familia que preferían la moralidad y buenas ideas de sus hijos 
al brillo de una carrera que no podía menos que hacerse á costa de tan 
altos intereses; y este perjuicio se hizo presente al Gobierno por medio 
de la prensa y de representaciones; mas, nada valió para que se sostitu- 
yese otro texto de la clase de legislación, lo que hizo ver que no era tanto 
la instrucción en esa ciencia lo que se quería, cuanto inocular en los espí- 
ritus, á la sombra de esa ciencia, el principio del sensualismo materialista. 
Así se minaban los cimientos de la República^ cuando el Libertador com- 
plementaba el grande edificio, no yá de Colombia solamente, ni de sus 
protegidas las Repúblicas peruanas, sino de todos los Estados del Nuevo 
Mundo, con la grande institución anfitiónica de Panamá, obra admirable 
del genio de Bolívar, que iba á ser el lazo común que atase como en un 

• 

solo haz la fuerza de voluntad de esas naciones para asegurar su libertad 
é independencia y arreglar sus cuestiones sobre Derecho de gentes, sin el 
empleo de la fuerza, bajo el imperio de la razón y la bandera de la paz. 
Yá habían concurrido al lugar designado algunos Representantes de las 
naciones americanas. Por Colombia habían ido el señor Gual y el General 
Pedro Briceño Méndez; y por el Perú los señores Pando y Vidaurre. Por 
los Estados Unidos mejicanos iban los señores Michelena y Domínguez. 
Los de Buenos Aires, Guatemala y Chile debían ser nombrados inmedia- 
tamente, lo mismo que los de Boliviá y el Brasil; y según el mensaje del 



(1) Mttoria de Colombia^ tomo «V de la 2v* edioión, p&gina 470. Para ccmooer la 
cbza de Bentham no se necesita más que leer el capítulo 1.* 



capítulo ochenta y nueve. 65 

Presidente de los Estados Unidos del Norte, concurrirían también los de 
esta República para tomar parte en los negocios que estuvieran de acuerdo 
con la neutralidad que aquel Gobierno debía guardar con la Ssjiafía. Era 
el cielo que se despejaba en alegre día para la América, mientras que 
debajo de tierra circulaban los fuegos volcánicos de las malas ideas, de la 
envidia y las ambiciones, que pronto debieran hacer su explosión para 
cubrir de cenizas y ardiente lava cuanto bueno se iba levantando sobre el 
campo de la República. Bajj el influjo del hermoso día, que pronto se 
había de anublar y convertirse en caos tenebroso, se empezaban á formar 
asociaciones útiles en Colombia. 

A manera del Congreso político de Panamá, se había propuesto 'yá la 
federación literaria de América ; es decir, un Congreso de literatos diputa- 
dos por cada nación de la América española, que sirviese de ceqtro y guía 
al movimiento literario. En el Sol de Méjico se propuso la misma idea, y 
según ella, el Congreso literario debía empezar por fijar las bases del idio- 
ma español americano, formando un diccionario y una gramática propios 
de la lengua : debería mantener sus agentes en París, Roma, Viena, Ma- 
drid, Londres y Edimburgo, con el fin de obtener cuantos libros y má- 
quinas fuese posible; haciendo los académicos» traducciones al idioma 
español americano, y repartir esas obras en las Repúblicas confederadas, 
para el adelantamiento de las ciencias y las artes. * 

Si esto no era más que una bella utopia, por lo menos manifestaba la 
disposición de los ánimos para las empresas de verdadero progreso nacio- 
nal. No todo se habría podido realizar ; pero ¡ cuánto no se habría hecho á 
la sombra de la paz y el orden 1 

Era llegado el mes de Diciembre, siempre alegre y festivo para la 
capital. Yá hemos visto en otra parte cómo se ponía en movimiento la 
gente : paseos, bailes, pesebres, misas de aguinaldo, todo era alegría y buen 
humor. Los colegios celebraban los aguinaldos con varias funciones. El 
de San Bartolomé, como en otros años, desde el día 16 se erigió en Repú- 
blica, con el nombre de Bartolina. Se hizo Congreso y se dio constitución. 
Se eligió para Presidente de ella al señor José María Chaves, empleado de 
la Casa de moneda, y por Arzobispo al Presbítero doctor Moyano. Las cua^ 
lídades que la constitución exigía para ser Presidente de la República, eraa 
tener plata y no ser miserable. El tren de poderes y empleados era comple- 
to : había Tribunales de justicia, Secretarios de Estado, Intendente, Go- 
bernador, etc. ; Generales, Jefes y oficiales del ejército y matina, que se 



€6 HISTORIA DB NUEVA GITANADA 

presentaban con sus uniformes é insignias. Había papeles públicos, entre 
«líos la Gaceta Oficial, en que se publicaban noticias y comunicaciones de 
las autoridades; los partes del Almirante de marina, Pioquinto Rojas, en 
•que daba cuenta de las«operaciones de la armada naval, designando los na- 
vios, bergantines, fragatas, goletas y pailebotes, con los nombres de ciertas 
personas de fuera, á quienes, sin ofender su honor, se les atribuían, en 
lenguaje y términos náuticos, las propiedades y acciones de los buques, 
yá batiéndose, yá dando caza, yá á la capa, yá varándose, yá abordando al 
enemigo, qtc. Estos partes eran para hacer reír al más serio, porque el al- 
mirante tenía genio para dio. Los Secretarios del despacho trabajaban 
asiduamente, cada uno en su ramo. El de Hacienda no tenía más funciones 
que pedir plata al Presidente de la República para los gastos nacionales ; 
porque la República Bartolina no costeaba al Presidente, sino que el 
Presidente costeaba de su bolsillo la República : admirable institución, 
que se había de adoptar en todas ellas. El señor Chaves desempeñó con 
mucho patriotismo su período presidencial, á satisfacción de los bartolinos, 
porque cubrió cumplidamente el presupuesto de gastos que le pasó el 
Congreso. 

El Arzobispo no tenía mis funciones episcopales que las de asistir á 
las comedias y entremeses que se representaban por la noche, y echar ben- 
diciones. Es preciso hacer aquí un bosquejo del doctor Moyano, para com- 
prender cuánta fue la sabiduría del Congreso en esta elección, que hizo en 
virtud de la ley de patronato. 

El doctor Moyano, natural de la Provincia de Antioquia y de familia 
distinguida, era lo que se llama una alma de Dios. Hizo sus estudios en 
el Colegio de San Bartolomé, y dicen que fue aprovechado ; y sí sería, 
porque era graduado en cánones. Su fisonomía era simpática. Alto de 
cuerpo, algo trigueño, seco y amojamado, de edad como de unos sesenta 
años ó algo más ; un poco alocado ; siempre de buen humor ; amigo de 
conversar con todos ; candido en extremo ; continuamente andaba aprisa, 
con los brazos extendidos y el manteo arrastrándole ; zapatos en changle- 
tajs y medias de lana punteadas ; siempre riéndose, dejaba ver en su gran- 
de boca, de labios delgados, una buena dentadura pareja, en que no faltaba 
más que un diente, que le hacía gracia. Un día que iba por la mitad de 
la calle, del modo que se ha dicho, le gritaron : " á un lado, que ahí vaa 
las bestias ; '' el doctor Moyano, en vez de hacerse á un lado, se paró, y vuel« 
to hacia el tropel, decía, con tantos ojos y los brazos abiertos : '* ¿ y la ley ? 



CAPÍTULO OCHENTA Y NUEVE. 67 

¿ y la ley ? " Las bestias le pasaron casi por encima, llevándole una el man- 
teo, que^Aoíaba enredado en la enjalma. La ley que invocaba era la de policía, 
que, en lo escrito y no practicado, prohibía correr con bestias por la calle. 
Visitaba á las monjas, que le daban de almorzar y chocolate con bizco- 
chuelos por la tarde. Siempre salía de los locutorios con los bizcochos 
en la mano para regalarlos á las señoras de las casas que visitaba. Todos 
lo querían, porque tenía sangre liviana, como dicen, y era sumamente ca- 
ritativo con los pobres, á quienes daT^a lo q\ie podía, siendo él tan ppbre, 
que sus amigos tenían que socorrerle, principalmente con ropa. Un día se 
quitó los calzones en un zagLi^i:^ara dárselos á un mendigo. Decía la misa 
muy ligero, y en un Miércoles Saí>t5, que debía de estar de prisa, díjose, 
y fue valido, que en la pasión empezó á pasar hojas á toda prisa, y que 
decía : " pendejadas de San Lucas ; pendejadas de San Lucas.*' Este rasgo 
característico del Arzobispo bartolino servirá al lector para juzgar de lo 
que sigue. 

Empezáronse las funciones de la República, en lasque se representaban 
por las noches varias piezas por los colegiales. El concurso era grande, 
aunque sólo de gente convidada por esquelas. Asistía el Vicepresidente San- 
tander, pero como particular, lo mismo que otros altos empleados. El señor 
Chaves, Presidente de la República, con bastón y banda nacional, y el ilus- 
trísimo señor Moyano, Arzobispo de la arquidiócesis, con vestiduras episco- 
pales, ocupaban los dos primeros puestos. El doctor Moyano se moría de 
gusto oyéndose llamar Ilustrísimo señpr, y le echaba bendiciones á todo el 
mundo. Estaba tan poseído de su papel, que, estando sentado junto al Ge- 
neral Santander, le hablaba con tanto fundamento, como si efectivamente 
fuera Arzobispo; y Santander, que tenía algo del humor del ventero que ar- 
maba caballeros andantes, le daba el tratamiento de Ilustrísima, y él lo re- 
cibía con mucha seriedad. Los familiares le tenían el sombrero, de pie, de- 
trás de la silla, vestidos de monigotes. Estos eran los que hoy son doctor 
Vicente Lombana y doctor Severo García, Provisor del Arzobispado. 

Así se pasaron los colegiales alegremente los días de aguinaldos y pas- 
cuas, y no se sabe quién sentiría más el fin de la República bartolina, si los 
colegiales ó el doctor Moyano. En la última noche de función, después de 
concluida la pieza y echado el telón, empezaron los del teatro* á tocar una 
campana. Todos preguntaron qué era aquello ; á lo que contestó un cole- 
legial, sa'cando la cabeza fuera del telón : "Estocando á sede vacante, por- 
que se murió el Arzobispo ; " á lo cusA todos largaron la risa, y el doctor 

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68 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Moyano, levantándose furioso del asiento, dijo que él no se había muerto 
para que le tocaran á sede vacante; y que él no estaba allí para que lo bur- 
laran, y se salió por en medio de todos, prometiendo que no volvería á ser 
Arzobispo en toda su vida. 



CAPITULO XC. 

Instalaoifin del Congreso de 1826— La Comisión peruana se presenta al Congreso— Los 
DipatadoB del Perd piden al Congreso permita al Libertador perm§neoer más tiem- 
po en el Perú-^Se Bolidta lo mismo respecto & Sucre en el Alto Pera— La Bepüblioa 
de Bolivia premia al ejército colombiano— Memorias de los Secretarios de Estado— 
Fkojecto de leiy sobre disparidad de cultos en los matrimonios— Proyecto de ley por 
la cual se fija edad para emitir votos religiosos — Acaloradas discusiones de este pro* 
yecto— Una de ellas acaba á trompadas entre los Senadores Méndez y Diego Feman- 
do Gómea— Se juzga al primero y se le expulsa de la Cámara— Se expulsa una 
novicia del Carmen, y quejas de La Miteelánea contra este procedimiento— Se hacía 
cargo á las monjas de azotarse por Femando VII — Un (Carmelita las defiende con la 
ley de patronato— Lo que decia el escribano de Honda sobre loe frailes— Los peores 
enemigos de loe conyentoe son los frailes— Hechos que lo comprueban — Pleitos 

promovidos por los padres Vargas, Vela, Medina— £1 Congreso hace el escrotinio de 
los registros eleocionarios^Besultado de las elecciones para Presidente y Vicepresi- 
dente de la Bepúbllca— En este año empezaron las desgracias de Colombia— El plan 
de estudios ha sido la más funesta— Proyecto de libertar á Cuba— Los ladrones, y ley 
especial que hubo de darse para contenerlos— La rebelión de Páez en Venezuela, 

PRINCIPIÓ el año de 182Ó instalándose el Congreso el día 2 de 
Enero, conforme á la Constitución, con 21 Senadores y 57 Repre- 
sentantes ; eligiéndose por Presidente de la Cámara del Senado al 
señor Luis A. Baralt, y de la de Representantes al señor Cayetano 
Arvelo, ambos venezolanos. 

Abiertas las sesiones, recibió el Congreso el mensaje del Poder Ejecuti- 
vo, informando muy satisfactoriamente sobre el buen estado en que conti* 
nuaba la República. En seguida se leyó la nota dirigida por la comisión del 
Congreso peruano, dando gracias al de Colombia por los eficaces y podero* 
sos auxilios que tan generosamente había prestado al Perú. Las Cámaras 
contestaron en los términos debidos á tan respetable comisión. (Véase el 
número 4). ^ 

Los comisionados pidieron al Congreso permitiese al Libertador perma<* 



CAPÍTULO NOVENTA. 69 

necer por algún tiempo más en su país^ por exigirlo así las circunstancias* 
El Congreso contestó que el permiso dado al Libertador para pasar al 
Perú, no se había limitado á tiempo, y que, de consiguiente, podía perma** 
necer allí hasta cuando lo creyese necesario» 

Los representantes de la Asamblea general del Alto Perú, reunida en 
Chuquisaca^ también solicitaron del Congreso de Colombia la permanencia 
del Gran Mariscal de Ayacucho por jilgún tiempo en aquel país, y les fuo 
concedida, lo mismo que la permaiíencia de dos mil soldados colombianos, 
bajo las condiciones que estipularan los Gobiernos de ambas partes. La Re- 
pública de Bolivia premió los servicios del Ejército Libertador, adjudican-* 
dolé un millón de pesos, que por comisión especial del Gobierno repartió el 
Libertador. 

Los Secretarios de Estado presentaron sus memorias, informando d^ 
talladamente al Congreso sobre cada uno de los ramos de su cargo, y prO'<^ 
poniendo varias medidas. 

El del Interior, doctor José Manuel Restrftpo, pidió con instancia al 
Congreso que fijara por una ley el plan general de estudios que debía obf 
servarse en toda la República, para uniformar las ideas de las futuras gene- 
raciones y reformar las de la presente, viciada por la educación colonial. 

'^ Sobre la materia, decía, repito cuanto dije en mi última exposición al 
Congreso, y especialmente que, en estudios, es preciso hacer una revolu- 
ción tan completa como la que han sufrido nuestras instituciones políticas. 
Es doloroso tener que olvidar la mayor parte de lo que aprendimos en la 
educación colonial de los españoles, y estudiar de nuevo; pero es necesa- 
rio para colocarnos á la par de la ilustración del siglo, y para obtener el 
rango á que aspiramos entre las naciones Verdaderamente civilizadas/' 

En negocios eclesiásticos informaba sobre los buenos resultados de la 
ley de patronato, que sin dificultad era obedecida por todo el clero. 

Sobre profesiones religiosas proponía que se prohibiese recibir novi- 
cios ni novicias antes de la edad de 25 años. Relativamente á dotes de 
monjas opinaba el Secretario que, muerta una monja, el dote debía volver 
á la familia, á cualquiera otra persona que tuviera derecho, ó en caso de 
DO haber quien lo tuviera, que la misma ley le diese aplicación al prin- 
cipal. 

La ley de supresión de conventos menores, expedida en 1821, había 
ofrecido en la práctica algunas dificultades que el Secretario pedía se 
allanasen por el Congreso, y opinaba que la supresión debía hacerse exten. * 



70 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

siva á todos los conventos que no tuviesen ocho religiosos sacerdotes. 

El señor Castillo, Secretario de Hacienda, que seguramente era dema- 
siado filósofo para cuidar mucho del culto de Dios al establecer sus cáno- 
nes de Economía Política, decía sobre el estado de la agricultura en 
Colombia: • 

^' Para la prosperidad de la agricultufa no se necesitan leyes que di- 
rijan el interés individual: la acción ^t las leyes en esta parte debe ser 
negativa. Basta que ellas aseguren la Rbertad removiendo los obstáculos 
que se oponen á su ejercicio." 

No pasaremos adelante sin observar aquí las contradicciones ideológi- 
cas de nuestro ministerio. 

La idea general del Secretario del Interior era ésta: todo tiene que 
hacerlo el legislador sobre un pueblo embrutecido en la educación colo- 
nial, aislado de la ilustración del siglo. La del Secretario de Hacienda era: 
nada debe hacer el legislador sobre un pueblo embrutecido en la educa- 
ción colonial, aislado de to*da educación : el legislador debe dejar hacer y 
nada más: es decir, al niño que han criado con las piernas amarradas, 
cuando se las soltéis, dejadlo andar ; no le deis la mano; quitad solamente 
los barrancos y piedras que le puedan embarazar el paso. 

Continuaba el señor Castillo: 

*' Yo debo indicaros estos obstáculos, por más que prevea la siniestra 
interpretación que hará el vulgo de mis indicaciones, porque jamás sacrifi- 
caré la verdad, ni el bien de la República y de mis conciudadanos, al temor 
de censuras malignas ó interesadas. 

" El diezmo eclesiástico es el primer obstáculo que impide sus pro- 
gresos y retarda su prosperidad." 

Seguía el Secretario con todos aquellos razón nmien tos de que han 
usado siempre los de su escuela, para proponer la abolición de la renta, se" 
fialando una dotación para la manutención de los ministros del culto. 

No sería del vulgo que debería temer las críticas el señor Castillo, 
sino de todos los católicos que respetasen las leyes canónicas; leyes vigen- 
tes en la República y que nunca podía derogar ni variar la potestad civil 
sino por medio de arreglos con la Santa Sede. El Secretario podría tener 
muy buenas razones económicas contra la exacción del diezmo; pero como 
ministro de un pueblo católico, debería haber llevado el negocio por el ca- 
mino que habían dejado trazado los Congresos deGuayana y Cúcuta y aun 
la misma ley de patronato; debería, en vez de proponer al Congreso que 



CAPÍTULO NOVENTA. ^l 



-v>-< 



hqllara la ley eclesiástica, haber promovido la verificación del concordato 
con la Silla Apostólica para solicitar de ésta la reforma conveniente. 

Otra cosa que preponía el Secretario era la reducción de los intereses 
de censos al tres por ciento. De manera que por todas partes se estrechaba 
el sitio al estado eclesiástiéo. Nuestros últimos economistas no han creído 
que sea gravoso pagar intereses al cinco por ciento, sino para el dueño del 
capital, y se han empeñado en demostrar que la usura es muy útil y prove- 
chosa para todos. 

Siempre ocupaban de preferencia al Congreso los negocios eclesiásti- 
cos, en términos que ya se decía en el público que los Congresos se habían 
convertido en concilios. Al empezarse las sesiones de este año se presentó 
á la discusión del Senado un proyecto de ley que derogaba el impedimento 
matrimonial de disparidad de cultos, cuestión escandalosa y ofensiva á la 
religión. Se defendía este proyecto diciendo que la materia era de la com- 
petencia de la potestad civil, no siendo este impedimento dirimente por 
derecho natural ó divino. Se alegaba que según las escrituras del Nuevo 
Testamento y la historia de los primeros siglos de la Iglesia, los cristia" 
nos se careaban con los infieles, y que las leyes reales eran las que después 
habían establecido ese impedimento, y que, de consiguiente, el legislador 
de Colombia podía derogar esa disposición perjudicial al buen orden de 
la República. Se decía también que en países muy católicos de Europa 
se contraían matrimonios entre católicos y protestantes, sin más requisito 
que una dispensa. Pero esta dispensa no Ja daba el Gobierno sino el Papa; 
de manera que esto era tanto como confesar que esos matrimonios tenían 
impedimento eclesiástico. Pero los defensores del proyecto se valían de esta 
circunstancia para probar que el impedimento no era de derecho divino, 
porque decían que si lo fuera, la Iglesia no podría dispensarlo. Esto no 
era más que divagar para aparentar razón, pues que nadie sostenía ni 
podía sostener que el impedimento en cuestión fuera de derecho divino. 
En La Miscelánea se publicó un artículo sosteniendo el proyecto con 
grande aparato de erudición eclesiástica; y en efecto, se ve que el escritor 
estaba versado en la ciencia eclesiástica de Llórente, porque con tantas 
citas de Cánones, Concilios y Papas, no searcordó, entre otras prohibiciones 
de la Iglesia, de la Constitución Magna nobis del señor Benedicto XIV, en 
que pone ciertas condiciones bajo las cuales puede dispensarlo el Sumo 
Pontífice. Tampoco se acordó del Tridentino, que en la sesión XXIV, canon 
4.*», condenó el error de los protestantes que negaban á la Iglesia el poder 



72 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

de instituir impedimentos dirimentes: poder que la Iglesia había ejercido 
constantemente, y que no pudiendo negarlo los jansenistas, y queriendo 
evadir el anatema del Concilio, apelaron al efugio de decir qne ese poder 
correspondía originariamente á la suprema potestad civil, quien lo había 
concedido á la Iglesia; doctrina que fue condenada por el señor Pío VI 
en su bula Autorenfidei^ en 1794, como eversíva de los cánones del Tri« 
dentino. 

Así era como en los Congresos de Colombia se defendían todos los 
proyectos en materias eclesiásticas, con doctrinas de los jansenistas, de los 
protestantes y filósofos, sin que hubiera escritores que impugnaran todas 
estas cosas, entrando en examen crítico de cada punto para hacer conocer 
á la nación cuál era el espíritu de sus Congresos y de su Gobierno. Sobre 
ciertas materias y cuestiones alarmantes en el común de las gentes, como 
la de masones, tolerancia de cultos y malos estudios, se escribía y se predi- 
caba; pero de resto, multitud de cosas pasaban sin más contradicción que la 
de uno que otro Diputado, y eso, de una manera floja é insuficiente, 
excepto en la ley de patronato, en cuya discusión se presentaron discursos 
de mucho mérito, capaces de haber hecho encallar esa ley, si se hubiera 
querido atender á la razón. 

Otra cosa admira, y es que nuestros legisladores y nuestro Gobierno, 
teniendo abierta la puerta para entrar á la Iglesia, se empeñaran en entrar 
por las bardas, escandalizando al pueblo católico y, de consiguiente, enaje- 
nándose la opinión pública, para hacer revolucionarios de ciudadanos pa- 
cíficos pero amantes de la religión. * Esta puerta era la que habían 
dejado abierta los Congresos que encargaron al Gobierno celebrase un 
concordato con el Papa, y eran sabidas las disposiciones favorables en que 
se hallaba el pontífice; sabía el Gobierno que había celebrado concordato 
con la República de Chile; y sin embargo, en lo que menos se pensó fue 
en que Colombia hiciera otro tanto ; no pensó sino en abocarse todos los 
negocios elesiásticos, y en imponer silencio á los que reclamaban contra 



* La mayor parte de los conspiradores fusilados ó deportados posteriormente 
bajo la Presidencia del General Santander, fueron campesinos y hombres del pueblo, 
gente buena, laboriosa y honrada, que, en TÍsta de la continuación de tales cosas, creían 
perdida la religión en el país, y por cuya causa estaban dispuestos á seguir al primero 
que quisiera tumbar un Gobierno que tan hostil se mostraba á la Iglesia. Esto era lo 
que llamaban fanatismo, cuando los verdaderos .fanáticos eran los que se habíaii Qxupe« 
fiado en hacer guerra á la creencia de otros. 



CAPÍTULO NOVENTA. 73 

algunos de esos atentados, intimándolos con la calificación de godos^ me* 
dio muy cómodo para entablar persecución contra ellos. Es preciso decirlo; 
la conducta de los poderes públicos en Colombia bajo este respecto en ese 
tiempo, fue la más indigna é impopular que podía darse ; y era' preciso que 
de ahí para acá se fuera siguiendo lo 'que se ha seguido, hasta llegar al 
tiempo presente, que es tal cual lo estamos viendo. 

Todo revelaba por ese tiempo las intenciones dañadas de ciertos hom- 
bres, que por desgracia eran los que daban el tono en política. Se discutía 
en el Senado el proyecto de ley que fijaba la edad de treinta años paralas 
profesiones religiosas. Los que lo combatían decían que siendo suficiente eu 
¿1 orden legal la edad de veinticinco años para que un individuo se consi- 
derase con bastante capacidad de razón para disponer de sus intereses, ¿ por 
qué no había de ser la suficiente para poder emitir votos con bastante co- 
nocimiento de lo que hacía ? El proyecto se sostenía con toda aquella 
exageración de ideas con que han combatido siempre los institutos monás- 
ticos los heterodojos é impíos. Un Senador juicioso é ilustrado, el señor 
Jerónimo Torres, que en parte había combatido las razones aducidas en 
contra del proyecto, concluyó su razonamiento proponiendo que, en caso 
de que se adoptase esa disposición, debería fijarse, no la edad de treinta 
años, sino la que se designase en las leyes de la República para declarar al 
hombre suijuris. Apoyada la proposición, los Senadores Soto y Gómez- 
hablaron en favor de la permanencia del artículo, que el primero de éstos 
presentó modificado en estos términos: "Ninguna persona, sea del sexo 
que fuere, podrá ser admitida en calidad de novicia en convento, mo- 
nasterio, hermandad ó casa de recolección, antes de tener la edad de trein- 
ta años cumplidos." * 

De este modo las profesiones no' podrían hacerse ni á los treinta años* 
porque en todas las instituciones de órdenes religiosas se ha de tener un 
largo noviciado antes de hacer los votos. En el designio no había lealtad, 
no era que se trataba de impedir el mal que pudieran sufrir algunas per- 
sonas ligándose con votos inconsultamente; lo que se quería era acabar 
con las órdenes religiosas bajo apariencias de razón. Esto estaba bien claro 
al ver la proposición del Senador Soto. No fijándose edad para recibir non 
vicias, éstos podían entrar en los conventos desde niños, y educados allí, se 
acostumbrarían á la vida monástica; adquirirían amor á la religión, tomarían 



* Acta del día 13 de Enero de 182d. 



74 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

afecto á la orden, y de este modo, era probable que en lle^^ando á la edad 
de profesar, habría muchos que perseverasen en la vida monástica gastosa- 
mente. Pero.no pudiéndose recibir en los claustros sino personas de edad 
de treinta años, era probable que gentes acostumbradas al mundo no 
habían de hallarse en disposición de abrazar la vida monástica, á no ser 
por alguna de aquellas circunstancias de la vida^ en que más bien por me- 
lancolías ó por miseria que por vocación, van algunas personas á pedir el 
hábito á un convento; y ¡ cuántas otras que de verdadera vpcación ha- 
brían profesado en regular edad y seguido con fruto la vida religiosa, deja- 
rían de profesarla santamente, pasando más años en la vida mundanal y 
quizá en la desgracia I Pero esto era lo que se sabía perfectamente, y por 
eso se hacía aquella tan acertada modificación. 

Los más opuestos al proyecto fueron el señor Lasso y el Canónigo 
doctor Ramón Ignacio Méndez, venezolano. Este, en el año pasado, había 
estado en contra de la ley de patronato ; pero luego admitió la canongía 
que le dio el Gobierno en virtud de aquella ley. 

Había hablado el señor Méndez en contra del proyecto que se discutíar 
aduciendo en favor de los votos monásticos textos de la Santa Escritura, 
la autoridad del Tridentino y otras del derecho eclesiástico. Tomó en se- 
guida la palabra el Senador Diego F. Gómez, combatiendo el discurso del 
señor Méndez, y como no se le pasó por alto echarle en cara la inconse- 
cuencia de haber admitido canongía después de haber estado en contra de 
la ley de patronato, tan luego como se levantó la sesión, el señor Méndez 
se le dirigió con una reconvención que, contestada por el doctor Gómez, 
paró en pescozones en la misma sala, y habrían seguido si no se hubieran 
metido áp por medio varios Senadores. 

Con tal motivo la sesión se abrió de nuevo, y Góñiez expuso que el 
señor Méndez le había dicho que se guardase de insultarle, y que no ha- 
biendo comprendido si esto se lo decía como una jocosidad ó chanza, él 
había contestado concuna expresión igual. Que entonces le había acome- 
tido el señor Méndez á golpes, cuya agresión no había repelido, como po- 
dría haberlo hecho en cualquiera otra parte, por respeto al sitio en que se 
había verificado, á presencia del Senado, que acababa de levantar su sesión; 
y hecha esta exposición, se retiró de la sala. * 

En la barra había multitud de gente, en su mayor parte jóvenes estu- 



^ Aota del mismo día. 






CAPÍTULO NOVENTA. 75 

diantes, militares, comerciantes, empleados y otras personas de esas que 
gustaa de política y novedades, ó lo que yamamos chisperos. Esta gente 
(entre la cual se hallaba el que habla) levantaba voces de indignación 
contra el doctor Méndez y en general contra los eclesiásticos. 

Calmado el alboroto, el Canónigo Briceño, Senador, manifestó su 
sentimiento por aquella ocurrencia, que dijo serle tan desagradable; y aña- 
dió que suplicaba no se considerase el hecho como individual, y que no se 
hiciesen referencias injuriosas al estado eclesiástico, como se habían ,oido 
hacer á los de la barra. El doctor Soto propuso que estampándose en el 
acta todo lo que se había dicho en la discusión, el Presidente del Senado 
mandase al señor Méndez, con dos Senadores, arrestado á su casa, para dar 
con eso una satisfacción al público y proceder después á las ulteriores dili- 
gencias de encausamiento. El señor Lasso tomó la palabra para decir que 
estaba confundido con aquel suceso tan imprevisto; que habría querido po- 
nerse de por medio para recibir él los golpes que uno y otro señores se 
daban, sin que le constase cuál había sido el agresor; que estaba conforme 
con la proposición del señor Soto; pero que el arresto los había de com- 
prenderá ambos. El Presidente dijo que no se debía ni se podía imponer 
arresto sin preceder juicio sobre que recayese. El doctor Soto contestó que 
el arresto no era como castigo, sino como medida de precaución. 

No se podía formular cargo alguno en aquella discusión, porque, como 
consta del acta; todos los Senadores fueron diciendo que no habían visto 
cuál de los dos había sido el agresor, y el doctor Soto, que fue el que más 
habló para sostener que el doctor Méndez debía ser arrestado y el doctor 
Gómez nó, dijo, desde el principio, que no hablaría del suceso, reserván- 
dose para hacerlo después. Nombróse una comisión para instruir el pro- 
ceso durante la sesión, la que presentó las declaraciones que acababa de 
tomar; pero no habiendo tiempo para continuar, el Presidente resolvió 
que el señor Méndez fuese arrestado á su casa, conducido por los Senadores 
Domingo Caicedo y José Sanz de Santamaría, suspendiendo la sesión, que 
debía continuarse al otro día, con vista de lo actuado por la comisión. 

Abierta la sesión al día siguiente, en presencia de un concurso in- 
menso atraído por la novedad del hecho, y principalmente de gente ene- 
miga del clero, llamada por los directores de partido, para imponer miedo 
á los fanáticos^ tan fanáticos que bastaba una bulla de colegiales en la barra 
para imponerles miedo, se empezó la sesión con la lectura de una repre- 
sentación del Senador Gómez, en la que pedía se juzgase al Senador Mén- 



76 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

dez por la agresión que había perpetrado el día antes en la sala del Senado 
contra su persona, y se le impusiese la pena decretada en los artículos 102, 
160 y 164 de la Constitución, injertándose, además, la sentencia en la Ga- 
ceta del Gobierno. Quejábase también contra el Senador Pérez Valenciai 
diciendo: *^ que cuando le había visto atacado, en vez de socorrerlo le había 
dicho: i ve usted el resultado de sus leyecitasf Pedía, pues, que á éste y al 
señor Lasso se les privase de conocer en este juicio " (i). 

El Se;pador Valencia desmintió esta aserción y protestó contra ella 
diciendo: '^ que le sorprendía sobremanera esta inculpación que le hacía el 
^ñor Gómez, pues que lejos de agraviarle con las expresiones que este 
señor decía, se le había acercado y le había abrazado, tratando de sacarlo 
de la sala y de calmarlo, diciéndole que aunque había sido agraviado^ pres- 
cindiese y se dejase de eso, que era una cosa demasiado escandalosa y podía 
tener malas consecuencias " (2). 

Tan palpable era la calumnia contra este Senador, que habiendo el 
mismo Gómez publicado á los tres días su representación en número ex- 
traordinario de La Miscelánea^ suprimió la parte relativa á Valencia y so- 
bre cuya supresión dirigió á los editores del periódico la siguiente expli- 
cación, que se publicó en el mismo número: 

** Contesto la apreciable de usted y digo: que por lo que he oído 
manifestar hoy en el Senado al señor Pérez, y por lo que en su favor ha 
expuesto el señor Caicedo, sujetos de cuya veracidad no me es permitido 
dudar, he creído conveniente que en la impresión que usted quiere hacer 
de mi representación, se omita el párrafo en que le recusaba, porque hoy 
he retirado de palabra, delante del Senado, dicha recusación. 

Esto era tanto como decir: lo queme dijo el señor Pérez Valencia, no 
me lo dijo^ por lo que he oído manifestar, y por lo que en su favor ha ex- 
puesto el señor Caicedo, sujetos que dicen más verdad que yo ] Cuánto 

ciega la pasión ! 

De la declaración de ocho testigos contestes, resultó que el Senador 
Gómez, contestando á las razones del doctor Méndez, lo había insultado 
con una alusión á la ley de patronato que había combatido éste en el año 
pasado y que en el presente estaba cogiendo un sueldo en virtud de ella! 
que el doctor Méndez, concluida la sesión, se había dirigido al asiento del 
doctor Gómez reconviniéndole; que éste le contestó: "w á mí tampoco " 

( t) Acta del Senado del día 13 de Enero de 1826. 
(2) Acta del día 13. 



CAPÍTULO NOVENTA. 77 

por dos veces, y que luego el otro le habia dado dos golpes en la cara ; sia 
que se pudiera ver más, por haberlos rodeado Inmediatamente los demás 
Senadores que estaban inmediatos. 

El señor Méndez dijo en su declaración, que efectivamente había des- 
cargado un golpe, aunque frustrado, al señor Gómez, y que luego le habia 
repetido otro con que lo había tirado al suelo, porque Gómez, aunque en 
vano, le había correspondido al primero : que el acto había sido indelibe- 
rado; pues su intención al dirigirse á él no había sido de insultarle, sino de 
reconvenirle por el insulto que le había irrogado. 

Ante el Senado manifestó su arrepentimiento por aquel hecho, con- 
fensando que había cometido una falta en tomar por su mano la venganza 
de un insulto personal; pero que no se le debía atribuir el carácter que se 
le quería atribuir, porque debía tenerse presente que ni había sido en la 
sesión, ni por causa de las razones que en la discusión del proyecto se ha- 
bían opuesto á las suyas, sino por la injuria personal que se le había diri- 
gido: que no había ido deliberadamente á ofender á Gómez, sino á decirle 
que otra vez no lo insultara, porque no lo haría impunemente; que en* 
tonces se había salido el doctor Gómez de detrás de la mesa y se le había 
acercado manoteándole y diciéndole **ni á mí tampoco, ni á mí tampoco,'* 
y que entonces ya no habia sido dueño de su. razón y le había tirado el 
golpe. 

Sin embargo de haberse disculpado en parte el señor Méndez con estas 
explicaciones, tanto en su declaración como ante el Senado, éste dijo en su 
sentencia que por hallarse convicto y confeso era culpable de una injuria grave 
y atroz y de haber violado la libercad de los Senadores en la persona del Se- 
nador Diego Gómez ; y en consecuencia, procediendo con arreglo al artícu- 
lo 56 de la Constitución y teniendo en consideración las penas en él esta« 
blecidas etc., se decretaba la destitución del Senador Ramón Ignacio Méndez 
del empleo de Senador ; y se mandó publicar esta sentencia en la Gaceta del 
Gobierno. 

El cargo más grave era el de haber violado la libertad de los Senadores; 
pero para insultar ; porque el insulto fue público y comprobado por las de- 
claraciones, y sobre ésto fue que el señor Méndez dirigió su reconvención 
al doctor Gómez, y no sobre sus opiniones respecto á la ley que se discutía. 
Estaba, pues, la sentencia del Senado fundada sobre dos mentiras; la de 
dar por convicto y confeso á quien se habia exculpado en la confesión con 
la legitima excepción de haber sido provocado ; y la de suponer, contra lo 



78 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

probado, que la agresión había sido por las opiniones del Senador sobre la 
materia en discusión. A lo que se agregó la festinación con que se siguió la 
causa, que se enjpezó y concluyó en menos de cuarenta y ocho horas, fal- 
tando á la formalidad legal de la ratificación de los testigos. 

Debería haberse portado el Senado con más consideración con el señor 
Méndez, no por razón á su dignidad sacerdotal, porque esto era lo que más 
le perjudicaba, sino en consideración á sus méritos como patriota. 

Entre tantos insultos como contenía contra éste la representación de 
Gómez al Senado, uno de ellos era tratarlo di^ fanático rabioso^ acostumbra^ 
do á lidiar toros y fieras^ lo cual decía sabiendo que el señor Méndez había 
permanecido mucho tiempo entre los llaneros. El señor Méndez, en su ma- 
nifiesto á sus conciudadanos, decía sobre esto: "He lidiado toros y fieras, es 
decir, con españoles, en los llanos de Apure, por no doblar mi cerviz á los 
tiranos en la misma época en que otros los adulaban. Nada he omitido por 
vuestro bien, y nadie puede quitarme la gloria de haber sido vuestro fiel 
compañero en los más tristes días*del infortunio y la desgracia.'* 

El lector deseará saber cómo salió el señor Méndez de la dificultad en 
que lo puso el doctor Gómez, enrrostrándole la aceptación de canongía, ha- 
biendo estado en contra de la ley de patronato. Óigasele : 

" Opiné que (el derecho de patronato) debía volver á la silla pontificia, 
porque de ella emanó el privilegio concedido á los Reyes de España y por- 
que los colombianos no somos sucesores de ellos, sino en sus derechos tem- 
porales, no en los que obtuvieron graciosamente de la Iglesia, á cuyo Jefe 
toca prolongarlos, restringirlos ó revocarlos. Fui de esta opinión y lo seré 
siempre; pero mi voluntad como ciudadano no es la voluntad del legislador: 
en el primer caso debo sujetarme á la mayoría, y esta mayoría forma la ley 
que no me es lícito infringir ni contrariar. En efecto, declaró el Congreso 
pertenecer el patronato á la nación y su ejercicio lo dividió según la ley ex- 
pedida. Ni antes ni después de esta ley he tenido aspiraciones, por más que 
se me invitó por mis prelados; por más que mis compatriotas me invitaion 

á ello ; por más que los barineses, mis paisanos, se obligaron muchos de 
ellos á colocarme, á expensas de su caudal, en la silla episcopal, yo los des- 
animaba, yo mé conocía indigno de tan alto puesto *y les hacía ver que 
mis fuerzas no eran bastantes. Después de la ley, ni por mí, ni por interpósita 
mano, he pretendido empleo eclesiástico, y si el Poder Ejecutivo me propu- 
so para la dignidad de Arcediano de la metropolitana de Caracas, yo la 
renuncié porque mis sentimientos no eran conformes: si últimamente me 



CAPÍTULO NOVENTA. 79 

presentó para Maestro de Escuela de esta Santa Iglesia, yo me vi en la ne- 
cesidad de aceptar esta gracia, y confieso ingenuamente que mi conciencia 
está inquieta. No he recibido sino una corta suma por razón de ella, y si se 
extraña mi aceptación, debe atribuirse á que he sido y soy buen patriota ; 
á que he querido autorizar con mi ejemplo al mismo Senado y al primer 
magistrado de la República, y á que he deseado dar señas de obediencia á 
la ley sacrificándole mi propia opinión. No necesito la suma que pueda re- 
dituarme la dignidad de Maestro de Escuela, porque en Barinas tengo una 
fortuna cuya, renta sube á mucho más : no necesito de su influjo ni de su 
perspectiva, porque entre mis paisanos y entre todos los que me conocen 
poseo su aprecio, su amor y todo su corazón, y lo poseo á pesar de la desti- 
tución del Senado, porque es siempre la opinión pública el mejor Juez." 

Estas Uyedtas de la testamentaría del difunto Correo^ cuyos hijos no 
dejaban de cumplir su voluntad, perjudicaban de día en día la opinión pú- 
blica y acarreaban enemigos al Gobierno de Colombia, cuyo Vicepresidente 
estaba yá bien aborrecido de los venezolanos, que sin justicia se creían de- 
primidos por el Gobierno de Bogotá^ idea á que se daba cuerpo con cierfos 
actos de injusticia cometidos contra ellos, tales como la condenación inicua 
del Coronel Infante y la del Ministro Peña, por razón de esa causa; agregán- 
dose ahora la del señor Méndez, hombre tan querido y respetado en Vene- 
zuela. Y como todos los procedimientos del círculo dominante iban marca- 
dos con el sello de la injusticia y prevención contra todo lo eclesiástico, esto 
irritaba más los ánimos, que yá no veían sino una pandilla de hombres que 
se habían propuesto hacer triunfar sus ideas á despecho de la opinión pú- 
blica ; erigidos en oráculos de la política para cambiar de un día para otro 
las leyes y costumbres del país, despreciando altamente á los que reclama- 
ban contra novedades que tenían en contra la opinión del pueblo, cuyo 
nombre tomaban hipócritamente para obrar contra sus mismos sentimien- 
tos, abusando de su ignorancia. Pero las inconsecuencias en que caían á 
cada paso' era lo que más daba á conocer k mala fe con que se procedía en 
punto á negocios eclesiásticos. Se estaba tratando de salvar víctimas del 
claustfo, según decían, con impedir sé recibiesen en los monasterios y con- 
ventos personas que no tuvieran menos de treinta años, para impedir que 
profesasen sin vocación y que luego se arrepintiesen y al mismo tiempo se 
acusaba á las superioras de monjas porque no admitían á profesar mujeres 
sin vocación. 

Esto se vio poco antes de la reunión del Congreso y antes de presea- 



8o HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

tarseel proyecto de ley que fijaba edad para emitir votos de religión. En La 
Miscelánea^ periódico que defendía todos estos principios y en que tan ofi- 
ciosamente se publicó la representación del Senador Gómez contra el señor 
Méndez, se había publicado un artículo con el título alarmante de Hecho 
escandaloso^ en que se decía que las monjas del Carmen de la capital ha- 
bían arrojado del convento á una señora que se hallaba de novicia^ hacía 
más de seis meses, y agregaba : '^ Parece que lo que ha ocasionado un pro- 
cedimiento tan escandaloso ha sido la diferencia de opinión de las novicias 
y de las monjas, pues éstas no hari explicado los motivos que tuvieran para 
expelerla. La Priora del convento dice que no tenía espíritu de religiosa, (i) 
pero confiesa que cumplía con todas las obligaciones prescritas por la regla. 
Lo averiguado es que las monjas del Carmen se azotan por la intenci(^n de 
Fernando VII, y la novicia nunca quiso acompañarlas en un ejerctctc^ que 
era tan contrario á sus sentimientos (2). No digo esto porque no se azota- 
ra, sino porque no hacía de la penitencíala aplicación enunciada y que va- 
rias veces se le prescribió." 

No dejaba de ser necesaria la advertencia, después de decir que la 
novicia cumplía con lo prescrito en la regla, y después que la novicia 
nunca quiso acompañar á las monjas en un ejercicio que era tan contrario 
á sus sentimientos. £1 ejercicio se convirtió en intención, Pero si era en 

esto en lo que consistía la contrariedad con las monjas, ¿ cómo sabían éstas 

« 

que la novicia se azotaba sin la intención que mandaba la regla ? ¿ Y cómo 
llegó á saber el escritor de La Miscelánea las intenciones de la novicia ? 
Estos pequeños trampantojos dan bien á conocer las buenas intenciones 
de los defensores de las novicias. 

Ahora es preciso decir lo averiguado sobre la tal novicia. Era una 
Vargas, exaltada por la política, que siempre estaba en el convento dando 
noticias y echando vivas al General Santander. ¿ Tendría vocación esta 
mujer para monja del Carmen ? Ella quería estar en el convento y en el 
mundo de la política y las chisperías, lo que no podía tolerar la Priora, 
quien por las constituciones estaba en el deber de expeler del claustro 
esta clase de personas. Si la Vargas hubiera pretendido salir del convento 
y la Priora no se lo hubiera permitido, entonces el hecho escandaloso habría 
sido éste. Mas no quedó sin respuesta el defensor de la clausura. En una 



(1) ¿Esto no seria una explicación f 

(2) O más bien á sus costillas; 



CAPÍTULO X0VR3rrA« 8l 

hoja titulada El Carmelita se le hicieron las correspondientes observa* 
Clones, arguyéndole de ona manera análoga á la que empleó el Senador 
Gómez con el señor Méndez. Decía El Carmelita que si las monjas se 
azotaban por Fernando VII, era por ser sucesor del Rey, que tanto había 
hecho por la fundación del convento; pero que, como por la ley de patro- 
nato que se acababa de dar, d Gobierno de la República había sucedido 
en derechos á Fernando VH, la azotaina que las madres se daban, yá no 
era por Fernando Vil, sino por el General Santander, que ejercía el 
Derecho de patronato, y á quien la novicia quería tanto; y que negar esto, 
sería tanto como negar que el Gobierno se había subrogado en los derechos 
del Rey de Espafia y de consiguiente en el patronato. 

Era tanto lo que se había trabajado y se trabajaba por volver odiosos 
los institutos monásticos y desacreditar á sus individuos, que personas 
en quienes no se podía suponer estudios irreligiosos, se expresaban en len- 
guaje puramente volteriano. Hé aquí lo que un escribano de Honda con- 
testaba en El OmstitucUmal de 1825 á un religioso dominicano que había 
publicado un artículo quejándose de no haberle hecho justicia los Tribu- 
nales á otro religioso de la misma Orden, i quien un vecino de aquella 
villa había estropeado: 

" M. R. P. M. L. J., Calificador del Santo Oficio etc.— Camo soy el 
escribano de esta ciudad, me duelen las falsedades que V. P. ha estampado 
contra los Tribunales y Juzgados..**.. Prescindiré desde luego de aquello 
que V. P. dice sobre el empeoramiento de la suerte frailesca, porque esto 
debe ser irremediablemente y una consecuencia precisa de lo mucho que 
chocan las instituciones de VV. PR MM, KR, con la ley civil de los pue- 
blos, como tantas veces ha gritado la prensa y como á cada paso lo palpa- 
mos etc.'* 

Los malos frailes agravaban la de^i^racia de sus conventos por con- 
graciarse con los poderosos enetni^f^ áe las instituciones monásticas, y 
esto se vio en la época de que vamr/s hablando, con la cuestión que sus- 
citó el Prior de la Candelaria, Fray Te/más Vargas, sobre que no existía 
la Provincia de recoletos desde que, en vifttíd de la Ley de 1821^ se habían 
suprimido los conventos menores* 

Desde el afio de 1820 había habido una gran discordia en el Capítulo 
provincia], en que fue electo el Padre Fray José María de los Dolores. El 
Gobierno tuvo que entender en ello; se ocurrió á Roma con el negocio 
y el sefior León Xll aprobó el Capítulo. Ahora se traUba de reunir el 



82 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Capítulo para elegir Provincial, y el Padre Vargas se opuso á ello, alegando 
aquella razón, fundándose en que no había el número de conventos q\i^ 
por las bulas de erección de provincias se necesitaban para que la hubiera, 
y que no habiendo provincia no podía haber provincial. El actual y los 
Padres de la consulta sostenían que aun cuando en lo material no exis- 
tiera, existía en lo formal; que al Papa se le había informado sobre la 
supresión de los conventos; que sabía á cuántos había quedado reducida 
la provincia y que no la había declarado insubsistente ; que los religiosos 
existen tes tenían que vivir conforme á la Constitución de la Orden, cum- 
pliendo con los votos, lo que no podían verificar desde que se conviniese 
en que no había provincia, y otras mil razones, que no fueron suficientes 
para que el Padre Vargas, con unos pocos partidarios, desistiera de su 
empeño, y hubo de ocurrirse al Gobierno, que sometió el negocio á una 
junta de teólogos y canonistas para que diesen su parecer. Estos fueron: 
el Deán doctor Andrés María Rosillo, el abogado doctor Tomás Tenorio, 
el canónigo doctor Pablo Plata y el presbítero doctor Juan de la Cruz 
Gómez Plata, los cuales presentaroa al Gobierno una muy docta diserta- 
ción, demostrando con las bulas pontificias, cánones y las municipales de 
la Orden, que había provincia. Con esto concluyó el negocio y se tuvo el 
Capítulo. Pero el Padre Vargas no se dio por vencido y apeló á la impren- 
ta, como si el negocio fuera del orden político y del dominio público, y 
como si no fuera hijo de obediencia en quien la humanidad era un deber, 
publicó varios escritos en que hacía descripciones odiosas y ridiculas de 
los actos de comunidad y consulta que habían tenido lugar, y lo peor era 
que en sus desahogos halagaba las ideas de los que querían sujetar los 
negocios de la Iglesia al Poder civil. Hablando sobre el cargo de cismático 
que le hacían los consultores, decía: '* Bien merecida filípica, pues este 
religioso debía predicar, hasta enronquecer, que la provincia descarnada 
de los candelarios está sujeta al Vicario general de Madrid, según lo dis- 
puesto por el señor Gregorio XV: que las Américas son de los españoles i 
según la donación del señor Alejandro VI, y que todos, todos deben^os 
obedecer á Fernando VII, según una encíclica atribuida aJ señor León 
XII." El Padre Vargas decía que no negaba que el Prior es subdito del 
Provincial, " pero sólo cuando el Provincial es legitimo Provincial^ y se 
halla en el ejercicio de sus funciones." Esto era desconocer la autoridad 
pontificia, pues que el Papa había aprobado el Capítulo que había elegido 
al actual Provincial y en virtud de esa aprobación ejercía sus funciones. Y 



CAPÍTULO NOVENTA. 83 

para no decir más, baste saber que el Padre Vargas estuvo de masón^ 
porque picaba de ilustrado. Inmediatamente después de perder el pleito,* 
él y su hermano Mariano, fraile del mismo convento, ocurrieron por su 
secularización á Roma y dejaron el claustro. A entrambos se les dio buen 
curato, que era el cebo que se ponía á los frailes para que se secularizaran. 
Estos dos hermanos habían empezado su carrera eclesiástica de monacillos 
en la catedral; luego temaron el hábito de religiosos. Ambos eran hom- 
bres de talento y de inátrucción, pero de poco juicio. El Padre Fray 
Tomás tuvo una suerte bien triste, porque se llenó de hipocondría; volvió 
arrepentido á su convento y murió dementado. 

Los dominicanos también tuvieron su novedad en este tiempo, á causa 
de dos frailes malos que por vengarse de su superior, que celaba por la ob- 
servancia religiosa, denunciaron por medio de cartas al Intendente de Bo- 
yaca, doctor Márquez, que el convento del Valle del Santo Ecce Homo no 
tenía el número de ocho religiosos al tiempo de ejecutarse la ley de supre* 
sión de conventos en 182 1. 

El Intendente procedió inmediatamente con mucho empeño, y ofició 
al Prior del convento diciéndole que la Intendencia tenía á bien se practi- 
case un inventario formal, poniendo en depósito por el Alcalde, asociado 
del doctor Ángel María Flórez y Escribano, todo cuanto pertenecía al con- 
vento el día 28 de Julio de 182 1 y le perteneciese al presente. Se le preve- 
nía al Prior presentase á los comisionados los inventarios con los demás 
documentos del caso y bienes del convento. 

El Prior, Fray Domingo Barragán, se presentó al Poder Ejecutivo cou 
este oficio, denunciando el hecho como despótico y arbitrario. Decía estar 
informado de que el fundamento de tal resolución consistía en el simple 
denuncio de los religiosos Fray Domingo Díaz y Fray José María Medina, 
hombres mal avenidos en los claustros, por su antigua aversión á ellos, y 
que siempre habían querido vivir insubordinadamente ; que éstos habían 
supuesto que al tiempo de la publicación de la ley no existían en el conven- 
to los ocho religiosos que exigía el artículo i.°, contra el testimonio jurídico 
de los jueces comisionados de aquel tiempo, que aseguraban lo contrario, y á 
cuyos documentos, que se hallaban en el archivo de la Intendencia, apelaba 
en corroboración de esta verdad. Decía también que para dar viso de ver- 
dad al denuncio, el Padre Medina había acompañado unas cartas del Pre- 
lado que gobernaba en aquel tiempo la Provincia, remitidas á los Priores 
para arreglar el número de los conventuales ; y finalmente, que al mismo 



84 HISTORIA DE NUETV^A GRANADA 

efecto se habían hecho tomar declaraciones de hombres rústicos incapaces 
de comprender ni por las fechas ni por las providencias lo que se les pre- 
guntaba. Quejábase el Prior de haber procedido el Intendente sin que in- 
terviniera la autoridad eclesiástica, como lo prevenía el artículo ¡,^ de la 
ley ; y asimismo del despojo que habían sufrido los religiosos del conven- 
to, quienes se habían visto privados hasta de lo necesario para sustentarse, 
por haberse embargado el dinero que había en el depósito. 

El Padre Barragán publicó estos documentos en £¡ Constitucional j y 
esto ocasionó una contestación del Padre Medina en estilo grosero é insul- 
tante, de modo que, queriendo vindicarse, no hizo más que dar pruebas en 
corroboración de lo que el Padre Superior decía acerca de su mala conduc- 
ta. Vea aquí el lector unos cortos párrafos bien característicos : 

"Me declaró inhábil para todo lo favorable en la religión, prevalido de 
su autoridad, sólo porque resistía siempre doblar la rodilla al detestable des- 
potismo y ser víctima perpetua de sus caprichos." 

Sobre la excomunión impuesta por el Prelado decía : 

** Yo confieso haberme sido ella muy saludable, si es que tuvo tan bue- 
na mano su depravada intención ; lo cierto fue que jamás tuve ratos más 
placenteros." 

Quejándose de que el Padre Barrabás (así le llamaba) lo había tratado 
de apóstata por haber solicitado secularización, decía : ^ 

"Hipócritas; generación siempre malvada y perversa I. verdad era apos- 
tasía es la de haber cambiado la inestimable libertad por la intolerable ser- 
vidumbre de los claustros y el sometimiento á la dominación déspota. Pero 
un denso velo no deja conocer á algunos estas verdades ; pena debida por 
el horrendo fanatismo de que son propagadores," etc. 

Esta clase de frailes sabían el lenguaje de la época para congraciarse 
con los gobernantes, que tocante á esta clase de asuntos, todos tenían las 
mismas ideas, eso sí, para tener después motivos de arrepentimiento algu- 
nos de ellos, á quienes Dios ha dado tiempo para conocer sus yerros y dar 
satisfacción sobre ellos ; aunque no todos han cumplido con este deber. 

Sobre el reclamo del Padre Barragán pidió informe el Ejecutivo al In- 
tendente de Boyacá, el cual acreditó con documentos que, aun cuando el 
día que fue el comisionado á tomar razón del estado del convento del Santo 
Ecce Homo había ocho religiosos, no los había en el mes de Julio, al tiempo 
de publicarse la Jey en 1^21; pero esto resultaba de las declaraciones que 
tachaba el Provincial. Resjiltó también comprobado ser cierto lo que el 



CAPÍTULO NOVENTA, 8$ 

m 

Provincial decía acerca de los dos frailes Díaz y Medina, sin cuyo denuncio 
el convento no habría sido suprimido. 

Un tal Padre Fray Joaquín Vela, de San Agustín, fue otro de los que 
por este tiempo dieron guerra á los Prelados de su convento. Este Padre 
presentó un escrito contra su religión é individuos, lo que dio lugar á una 
defensa por parte del convento. En estas publicaciones hay cosas graciosas 
que deben referirse. Veamos algunos retazos de la representación del Padre 
Vela dirigida al Vicepresidente ; 

" Excelentísimo señor : — ^Fray Joaquín Vela, de agustinos calzados, 
condecorado con el escudo de Carabobo, dirige á V. E. por segunda vez su 
representación sobre incongniidad de este convento de Bogotá que exige 
supresión según la ley^ y sobre nulidad de profesiones, que indica un dere- 
cho imperioso en cada fraile para la oposición de los beneficios eclesiásticos 
en iguales términos al clero secular. A la empresa me han excitado, yá la 
repugnancia que á mi primer escrito han manifestado los regulares que 
desean perpetuarse de los empleos de Provincial, Prior y Procurador, en 
donde perciban su comodidad pecuniaria.. •• ^ien podía yo flaquear y de* 
sistir del combate que desde el año de 1810 hasta la época presente me han 
declarado, sólo por tratar de la defensa de los regulares, al verme solo contra 
un Ejército numeroso de Provinciales, Priores, Procuradores, Padres nues- 
tros y Padres maestros que, alimentados con la leche de la tiranía y servi- 
lismo, temen gustar de la dulzura de la libertad y de la verdadera virtud ; 
pero como la Historia Sagrada y profana me presenta monumentos patéti- 
cos y verídicos, en que los hombres solos han triunfado heroicamente de 
crecido número de enemigos, como un David contra los filisteos; un Sansón 
contra el león, contra una infinidad de rivales derribados con una carra- 
ca, y contra las formidables columnas del templo ; una Judit contra los 
ejércitos de Holofernes ; un Robinson contra todos los enemigos que en su 
isla desierta se le presentaron ; (i) y finalmente, en nuestro país araucano 
un Lautaro, Capitán del General Caupolicán, contra él ejército español, me 
hallo resuelto á morir primero que permitir el que la verdad sea oscurecida 
por las densas sombras de la preocupación y el engaño. Manos á la 
obra.... (2) 



(1) Se olvidó el Padre de un Qnijote contra el gigante Malambnmo y los cueros de 

vino tinto. 

(2) Tenemos ana Taj^a de Cóngolo de alma negra. 



86 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

• 

''Sin embargo, las luces ilustradas del siglo no podrán paralizar, cuan** 
do se hallaa yá convencidos ios hombres de que lus frailes no sólo no han 
sido necesarios para la publicación del Evangelio en los cuatro ángulos del 
orbe, sino que se han convertido en sanguijuelas de la sociedad ; no será 
Colombia la que sobre el particular camina en lo sucesivo con pasos de 
enano, cuando en las empresas más arduas y delicadas ha legalizado más 
agigantadamente que las demás naciones civilizadas del mundo.".... (i) 

'^ Me nombran mis rivales con el epíteto de desertor de la religión, 
como si. ésta consistiera en el ridículo traje de tanto matachín, inventado 
por algunos novadores con el objeto de hacer raya en el mundo, como si la 
ley y traje trasmitido desde el tiempo de mi Señor Jesucristo y á sus após* 
toles no bastaran á felicitar á los sacerdotes.... ( Qué espectáculo tan humi- 
llante para Colombia mantener aún todavía en su seno una multitud de 
hombres robustos, vigorosos y rechonchos, contemplando y rezando por 
oficio, llamándose penitentes, sustentarse y engordar con las limosnas ! " 

Por estos rasgos puede verse qué clase de hombres eran los frailes ilus- 
trados, con quienes en ese tiempo tuvieron que lidiar los Prelados. Ahora 
vamos á acabar de conocer la alhaja que era el Padre Vela en cuanto á pa- 
triotismo. , 

Estando de Vicario Prior interino del convento de Tunja en 1818, 
quiso continuar en el cargo después de haberse elegido Prior en propiedad 
al Padre García, y ocurrió con queja de despojo al Gobernador, Coronel 
don Juan Nepomuceno Quero, quien escribió una carta al Provincial en 
su favor. El Provincial contestó á Quero, y éste; comprendiendo entonces 
lo que era el fraile, contestó al Provincial, diciéndole que la súplica que le 
había hecho en favor del Padre Vela había sido engañado por éste, y aña- 
día que "abusando de la buena fe, y deseoso de servir en lo que fuese com- 
patible con la justicia, me hizo presente sus servicios al rey y la facilidad 
que había de premiarlos, dejándole continuar en el empleo de Vicario 
Prior." 

El Padre Vela continuó sus escandalosos escritos, y el Provincial le 
impuso suspensión á divinis^ único medio que tenía para hacerlo entrar en 
su deber. Pero lejos de esto, lo que hizo fue salirse del convento é irse á 
vivir á casa particular. Algún tiempo después ocurrió á la Corte Superior 



(1) Y con las laoea de semejantes yelas llegaremos hasta volar en esto de leffoli* 



CAPÍTULO NOVENTA. 8? 

de Justicia con recurso de fuerza contra el Provincial, á quien pidió infor- 
mes el Tribunal. El Provincial informó con los documentos, y el Tribunal 
declaró que no hacía fuerza el Prelado y que debía cumplir el Padre Vela 
con las constituciones de la orden. 

Decíamos antes que el Congreso estaba aguardando los registros de las 
elecciones para verificar el escrutinio. Se obtuvieron éstos, y el 15 de Mar- 
zo se reunieron las dos Cámaras en la iglesia de Santo Domingo, por más 
espaciosa. Abiertos los registros, resultó popularmente electo para Presi- 
dente de la República el Libertador, por 582 votos de 608 que eran los elec- 
tores. Los restantes se repartieron entre Páez, Sucre, Santander y Ur- 
daneta. 

Procedióse al escrutinio de Vicepresidente. El General Santander tuvo 
286 votos; el General Briceño Méndez 76 y el doctor José María del Casti-^ 
lio 56, dividiéndose los demás entre diversos candidatos. Se contrajo enton- 
ces el Congreso, según la Constitución, á votar por uno de los tres que 
habían tenido más votos. El número de congresistas era de 98 y de éstos 
votaron 70 por Santander, dividiéndose los restantes entre los otros dos 
candidatos; y de este modo quedó electo el General Santander Vicepresi- 
dente para el segundo período constitucional. 

Esta reelección fue ndal recibida en los Departamentos del Magdalena 
y Venezuela. En aquél tenía enemigos Santander desde la cuestión de em- 
préstito; pero éstos no eran muy desinteresados : los de Venezuela eran aún 
más apasionados. Siempre habían mirado de mal ojo á Santander, por ser 
granadino, y nunca había agradado á los caraqueños que la capital estuvie- 
ra en Bogotá, y por eso en los papeles de oposición denominaban al Go- 
bierno de Bogotá, Se quejaban de que el General Santander no empleaba 
sino á los granadinos en las oficinas del ramo ejecutivo; lo que era entera^ 
mente injusto, pues que en las Secretarías de Estado siempre mantuvo dos 
Secretarios venezolanos y dos granadinos, y entre Oficiales y Escribientes 
mantuvo también parte de venezolanos. 

En los otros departamentos, principalmente ^n el de Cundinamarca, 
también se había granjeado Santander bastantes enemigos por cuestiones 
religiosas ; pues que tal había sido el empeño que el Ministerio y sus adhe- 
rentes habían tomado en hacer triunfar sus malas ideas, contra la opinión 
pública. El General Santander pudo haber sido demasiado benéfico al país 
y el más querido después del Libertador, si no lo hubieran pervertido los 



88 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

malos consejeros privados que lo dominaron desde el principio de su go- 
bierno. 

Apenas creada la República, se puso en sus manos, y el creador de ella 
marchó para el Sur, ocupado sólo en las cosas de la guerra. Santander fue 
el llamado á educar esta nueva criatura social, y su gobierno debía impri- 
mirle al carácter que había de decidir de su buena ó mala suerte futura. 
Pero á este ayo de Colombia se acercaron hombres superiores á él en cono- 
cimientos, porque entonces Santander no era más que un militar, y con las 
influencias de esos hombres de ideas pervertidas con la filosofía incrédula y 
las teorías descabelladas ó inaplicables al país, le hicieron tomar tal giro en 
su gobierno, que hasta los tiempos en que estamos han venido los resulta- 
dos que vemos. / 

Por consecuencia, y en seguimiento de ese sistema, tuvimos en este 
año de 1826, desgraciado para Colombia, el funesto plan de estudios que 
debía propagar, de generación en generación, el contagio de las ideas diso- 
ciadoras. Esta ha sido la mayor calamidad para el país, y de la cual no 
han hecho cuenta nuestros historiadores, siendo así que todos nuestros 
males nos vienen de la perversidad de los hombres, la perversidad de los 
hombres, de las doctrinas, y las malas doctrinas de las malas enseñanzas, 
I No hemos proclamado la educación pública como el primer elemento 
social ? Sí, y con razón, porque ella forma los hombres. Pues bien : si esta 
educación conduce á la incredulidad, que quita el freno de la conciencia ; 
al materialismo, al sibarismo, al utilitarismo, al egoísmo, ¿qué podrá resul- 
tar en una sociedad compuesta de semejantes individuos ? 

A este mal se agregó la revolución de Páez en Venezuela ; la quiebra 
de la casa de Goldschmidt de Londres, que había hecho el empréstito en 
1824 ; y por último, la guerra que se le empezó á declarar al Libertador 
por los que estaban en posesión de Colombia y temían que éste no siguiese 
la política empezada por ellos y para ellos. 

Por este tiempo yá se había empezado á dar pasos en una empresa 
que, si algunos ilusos republicanos han aplaudido y sentido que no se hu- 
biera podido continuar, otros la han tenido por fanfarrona y descabellada. 
Era que se trataba de libertar* las islas de Cuba y Puerto-Rico del poder 
español. Se había celebrado un tratado con Méjico sobre auxilios para la 
toma del castillo de San Juan de Ulúa, que permanecía en poder de los 
españoles. Para esto se contrataron buques en compra, y en cuyo negocio 
engañaron al Gobierno, como al que no sabía lo que compraba : otros se 



CAPÍTULO NOVENTA. 89 

mandaron construir en los Estados Unidos, que costaron mucho dinero. 
Estos fueron las dos muy buenas fragatas Colombia y Cundinaparca, que 
desaparecieron después. Se había nombrado para jefe de la escuadra au- 
xiliar á Méjico, al General Lino de Clemente, que tan mal lo había hecho 
con Morales en Maracaibo ; mas habiendo tenido noticia de la rendición 
del castillo, el auxilio para Méjico no tuvo lugar. Entonces se dispuso que 
la escuadra colombiana, en combinación con la de Méjico, obrara sobre 
las dichas islas, lo que no habría tenido buen resultado, ni páralos liberta- 
dores ni para los libertados, que no habrían sido los blancos sino los negros, 
que bien pronto habrían prevalecido sobre aquéllos. Pero hubo la fortuna 
de que se atravesase la mediación de la Inglaterra y los Estados Unidos, 
que desaprobaron el proyecto, por lo cual se abandonó. El Gobierno 
inglés dio bien á entender que la principal razón por que se oponía, era la 
de no exponer á la población blanca de esas islas á correr la misma suerte 
que en Santo Domingo. 

El Congreso recibió la renuncia del Vicepresidente de la República, 
que no le fue admitida. Dictó la ley de enseñanza pública en Colombia 
y un decreto que autorizaba al Ejecutivo para dictar y ejecutar el plan de 
estudios en todas las escuelas, colegios y universidades de la República. 

Otro acto notable expidió este Congreso, y fue la ley draconiana de 
3 de Mayo, que se llamó la ley de ladrones. Por esta ley, el procedimiento 
era tan ejecutivo, que á las cuarenta y ocho 'horas de encausado un ladrón» 
yá estaba sentenciado á muerte. Los trámites del juicio eran tan sencillos, 
que no daban lugar á*chicanas ni á dilación de ninguna especie. Todo 
individuo á quien se probara haber entrado á una habitación escalando,, 
fracturando ó de alguna otra manera violenta, tenía pena de muerte, sin 
apelación. Sólo se exceptuaban de esta pena los menores de quince años, 
que debían sufrir algunos años de presidio. Los jueces ó agentes de policía 
podían allanar las casas al tener noticia de hallarse oculto algún ladrón ó 
algunos efectos robados. 

Las circunstancias hicieron necesaria esta ley. Por todas partes se 
levantaban partidas de ladrones, que no solamente robaban, sino que ase« 
sinaban, y yá no eran únicamente las gentes del pueblo bajo las que ro- 
baban ; personas de categoría en la sociedad, y no pobres, sino hasta 
comerciantes, emprendieron el negocio de robar muías. No había noche 
que se pasase sin robos ; por las mañanas lo que todos preguntaban era en 
dónde había habido robo : ninguno dormía tranquilo. Uno de los robos 



90 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

más notables fue el de la Jerezana, mujer del Say Bogotá, antiguo Mar- 
qués de San Jorge. A ésta la cogieron los ladrones, que se introdujeron 
enmascarados en su casa, la vendaron y la amarraron, después de cogerle 
las llaves, y le robaron multitud de alhajas y dinero. Otro de consideración 
fue el del inglés Segismundo Leidesdorf. Este vivía en una de las casas de 
la plaza mayor ; los ladrones se entraron á primera noche, cuando él estaba I 

fuera, y le robaron treinta mil pesos en onzas de oro. Otro fue el robo del 
clérigo Barreto. Entrados los ladrones á su casa por la noche, lo mataron 
cruelmente y lo robaron. Esto causó muchísima alarma; hubo mucho in- 
terés por descubrir á los ladrones, y se consiguió. Los principales fueron 
un tal Almeida, una beata de San Francisco llamada la beata Pinto, y un 
negro llamado Amaranto, de edad de diez y seis años. Estos fueron sen- 
tenciados á muerte, la que se ejecutó previa la absolución de la excomunión 
del canon en que ñabían incurrido. Se les puso en el atrio de la parro- 
quial de San Carlos, donde sufrieron la penitencia para recibir la absolu- 
ción. Este acontecimiento causó mucho horror. 

En tal estado, todos clamaban porque se tomasen medidas eñcaces 
contra los ladrones. El Cabildo de la ciudad dirigió una representación á 
los diputados de Cundinamarca, para que éstos procurasen en el Congreso 
el remedio de tan grave mal. (Véase el número 5). 

A consecuencia de todo esto se dictó la ley de 3 de Mayo, 
y con la cual desapareció en poco tiempo la plaga délos ladrones, es- 
carmentados con la muerte de muy pocos que se atrevieron á seguir con 
el robo después de expedida la ley. Entonces se vio lo que valía la pena 
de muerte. 

Ocupábase el Congreso en sus tareas ordinarias, cuando de repente 
se halló con un negocio de la mayor gravedad ; negocio que se puede 
decir fue el botafuego aplicado á la mina que debía volar la República 
de Colombia. Hablamos de la revolución de Valencia, á cuya cabeza es- 
taba el General José Antonio Páez, Comandante general del Departa- 
mento de Venezuela, y con lo cual ese benemérito General t znó todas 
sus glorias. 

El Ejecutivo, en virtud de la ley de 25 de Agosto de 1821, había dic- 
tado un decreto de alistamiento. El General Páez tuvo que proceder á su 
ejecución, para lo cual se puso de acuerdo con el Intendente, General Es- 
calona, y convocados los ciudadanos, muy pocos fueron los que concurrie- 
ron ; lo que se repitió por dos veces. La medida urgía, porque se había 

/ 



CAPÍTULO NOVENTA. \ 91 

denunciado una conspiración en Caracas y no había fuerzas suficientes 
para mantener el orden público. Hízose otra convocatoria para el día 6 de 
Enero, y tampoco fue obedecida. Visto esto, Páez creyó que no debía de- 
jar burlados los decretos de la autoridad y mandó por las calles patrullas 
que cogieran á cuantos hombres hallasen, sin distinción alguna, y los con- 
dujeran al Convfsnto de San Francisco, local señalado para el alistamiento. 
Las patrullas salieron y atropellaron multitud de personas. La ciudad en- 
tró en conflicto ; se ocurrió al Intendente, quien ofició á Páez sobre esto y 
las patrullas tuvieron orden de retirarse. * 

El Intendente ofició al Poder Ejecutivo dándole parte de la situación 
alarmante y peligrosa en que se hallaba Caracas con aquella medida ; y 
la Municipalidad dirigió una queja á la Cámara de Representantes, en que 
pintaba aquel hecho como un exceso de arbitrariedad, refiriendo las 
tropelías y malos tratamientos que la tropa había cometido contra los 
ciudadanos por orden de Páez. Al mismo tiempo que se recibieron estas 
comunicaciones oficiales, vinieron cartas particulares á los diputados ve- 
nezolanos, en que se pintaban los sucesos del 6 de la manera más exage- 
rada, lo que exaltó los ánimos en demasía. La Cámara de Represen tai;! tes 
pidió informes y documentos sobre el hecho al Vicepresidente, quien co- 
rrespondió á lo pedido, no obstante, haciendo la observación de que la Cá- 
mara ofendía con aquello la independencia de los poderes. En el informe 
que dio, hizo prudentes observaciones y advertencias al Congreso para que 
no se precipitara á tomar medidas antes de oír á Páez, como era justo y de- 
bido á un jefe de tantos méritos como él. Otras personas prudentes, tanto 
del Congreso como de fuera de él, se empeñaron en calmar principalmente á 
los venezolanos, que estaban empeñados en acusar á Páez. Pero nada valió 
y la acusación fue introducida en el Senado y admitida el día 30 de Mar- 
zo ; y Páez, declarado suspenso del destino, fue llamado á Bogotá para su- 
frir el juicio. 

Los republicanos ilusos que no tenían en la cabeza otra cosa que las 

Repúblicas de Grecia y Roma, hechos unos Catones, y queriendo asimilar 

al pueblo romano el pueblo de la colonia española, clamaban que cómo 

había de haber en la República Generales que se hicieran superiores á la 

ley ; que era llegado el tiempo de saber si la República era efectiva ó noy 

haciendo comparecer ante el Senado al General Páez. Era la prueba de la 

celada de Don Quijote la que se quería hacer ; y así salió ello. 

Los partidarios é instigadores de Páez le hicieron creer que el Gene- 



92 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

ral Santander estaba empeñado en perderlo ; y el doctor Peña, que era el 
principal de ellos, y que halló la ocasión de vengarse tan malamente de 
la injusticia cometida en la causa del Coronel Infante, le decía á Páez que 
si venia á Bogotá, Santander lo haría fusilar como á aquél. 

El doctor Peña tenía una causa más que lo interesaba en trastornar el 
orden, y era que en el Senado se había admitido otra acusación contra él 
por haber defraudado á la República en veinticinco mil pesos ; y fue el | 

caso que habiéndole recomendado en Cartagena la conducción de tres- 
cientos mil para Caracas, de ellos, doscientos mil en onzas de á diez y seis 
pesos, que le abonaron á diez y ocho, él se aprovechó del aumento, de- 
fí'audando á la República en esa suma, 



CAPITULO XCI. 

Predicación del doctor Margallo contra los estudios de legislación por Bentham — 
» Ejercicios de la Tercera j del Colegio de San Bartolomé — El doctor Margallo es 
acusado como sedicioso por el doctor Vicente Azuero— Doctrinas heréticas que con- 
tenía el escrito de Azuero — Peticiones de Azuero contra el doctor Margallo — ^Grande 
interés con que el Crobierno acogió la queja del doctor Azuero— El Ejecutivo decretó 
conforme en todo á lo pedido por Azuero, tomando por fundamento la acusación 
flin pruebas — El doctor Margallo no se defiende— La vista fiscal del doctor He- 
rrera — Este dice que no resultan comprobados los cargos — Auto escandaloso del 
Provisor contra el doctor Margallo— Se le recluye en San Diego— El Provisor pro- 
pone que se examine la obra de Bentham para ver si debe prohibirse — Ella lo es- 
taba en Boma desde 1819 — Elogio que hace del doctor Margallo el doctor Saavedra, 
con motivo de su predicación contra Bentham— El temblor de tierra del 17 de Ju- 
nio — Prórroga del Congreso— Varias leyes de este Congreso — Decreto que permite 
al ejército admitir las gracias y recompensas dadas por el Perú — Generosidad de 
los soldados colombianos— El Vicepresidente reparte las medallas de oro mandadas 
por el Grobiemo del Perú. 

AL mismo tiempo que los ánimos se agitaban en Bogotá con la 
cuestión de Páez, otra, aunque no del orden político, vino á lla- 
mar la atención pública por su trascendencia en el orden moral, 
yá por la importancia de la materia, yá por las personas interesa- 
das en ella. El doctor Francisco Margallo y el doctor Vicente Azuero son 
los dos personajes principales de esta escena. El primero figura como reo 
cargado de crímenes, y el segundo como actor ofendido injustamente y 
cuyas virtudes había vulnerado atrozmente aquel eclesiástico. Tales fueron 



CAPÍTULO NOVENTA Y UNO. 93 

los términos de la acusación que contra él presentó el doctor Azuero al 
Poder Ejecutivo. Y para que no se crea que exageramos, vamos á copiar 
aquí algunos párrafos de esa acusación, so1]re la cual podían aplicarse al 
doctor Margallo estas palabras de Jesucristo á sus discípulos: *' Si llamaran 
Belcebub al padre de familia, ¿ cuánto más á sus domésticos ? " 

El doctor Azuero empezaba su representación manifestando al Go- 
bierno la gravedad y trascendencia del negocio que iba á ocupar su aten- 
ción, aun cuando á primera vista pareciese pequeño, y luego, entrando en 
materia, decía : 

'* En las últimas semanas de la próxima cuaresma he sido yc^ el objeto 
' de las criminales difamaciones de un eclesiástico faccioso y rebelde 'á las 
leyes de la República, ó más bien, no lo he sido tanto yo cuanto el juicio- 
so sistema de educación de la juventud colombiana, establecido por el 
Gobierno. El doctor Francisco Margallo, sacristán de la parroquial de las 
Nieves de esta ciudad, ha atacado en dichos días la enseñanza de los prin- 
cipios del Derecho civil y penal por el célebre Jurisconsulto Jeremías 
Bentham. En la iglesia de la Orden Tercera ha dirigido ejercicios espiri- 
tuales á cosa de cuarenta personas, en que dijo con el mayor acaloramiento 
que el Colegio de San Bartolomé era un semillero de impiedad y de he- 
rejía, que profetizaba que sería incendiado, y que ojalá fuese aquella misma 
noche en que hablaba. Se produjo particularmente contra la cátedra de 
Derecho público y contra la enseñanza de Bentham ; cuyas doctrinas ase- 
guró ser impías, y excomulgados los que las adoptaban : me designó par- 
ticularmente como un hombre que, después de haber sido su discípulo en 
teología, me había pervertido con malas compañías y malos libros ; y pintó 
el expresado colegio como una escuela de costumbres corruptoras. En el 
monasterio de Santa Gertrudis ha repetido igual predicación en ejercicios 
semejantes, á que asistía un gran concupso. Y por último, el sábado de 
pasión, día i8 del próximo Marzo, por la noche, ha asaltado por sorpresa á 
ios alumnos del Colegio de San Bartolomé, con el solo objeto de hacer 
una violentísima declamación contra el estudio de Bentham, cuyas obras 
ha llamado prohibidas por la bula vi cenc^ Domini y excomulgados los que 
enseñaban y seguían sus principios ; ha querido compeler á los ejercitantes 
á detestar de ellas, como incompatibles con la religión cristiana, poniéndo- 
los á escoger entre Jesucristo y Bentham, y me ha designado allí también 
especialmente, diendo que me había dejado preocupar de errores. 

'^ Para que se comprenda la extensión de la criminalidad de estos ac- 



94 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

tos, no debo pretermitir que V. E., autorizado ampliamente al efecto por la 
Ley de 2S de Julio del año undécimo, expidió en 8 de Noviembre del año 
décimo quinto un decreto, por cuyo artículo i.® previno que los catedrá- 
ticos de Derecho Público enseñarán los principios de legislación por Ben- 
tham, los principios de Derecho político constitucional por las obras de 
Constant ó Lepage, y el Derecho público internacional por la obra de 
Vattel; y por el artículo 2.®, que los Rectores de las universidades y colegios, 
y también los Gobernadores de las Provincias, cuidaran de que inmediata- 
mente se cumpliese esa disposición." 

Sobre esta parte era sobre la que más se esforzaba el doctor Azuero. Esta 
acusación calumniosa y en términos tan virulentos contra un sacerdote que, 
con toda justicia y razón, era mirado como un santo por todas las gentes de 
religión, causó grande escándalo, y en el momento salió la prensa católica 
á su defensa. Publicóse una serie de cartas críticas de un patriota retirado^ 
en que se referían los hechos conforme á las deposiciones de testigos pre- 
senciales y testimonio de personas fidedignas. De ello resaltaba que en la 
Orden Tercera no predicó el doctor Margallo lo que se le atribuía, sino 
que en conversación familiar con algunos ejercitantes les advirtió que la 
obra de Bentham contenía doctrinas contrarias á la religión católica, y que 
sentía vivamente que se enseñase por ella en su colegio ; agregando que 
desde niño había oído cierto pronóstico de que ese edificio sería abrasado, lo 
que seria preferible á ver pervertidos á sus hijos ; que muy lejos de hablar 
contra el catedrático, lo excusó cuanto pudo, diciendo que se había deslum- 
hrado con las doctrinas de aquel libro; que en Santa Gertrudis no habló 
del catedrático, sino únicamente contra las doctrinas de Bentham, mostran* 
do aquel celo que lo caracterizaba por la salud de las almas, pero sin hacer 
alusión á leyes ni á personas; que en San Bartolonié ni sorprendió ni 
asaltó á los ejercitantes ; que fu^ á hacer una plática por recomendación del 
Kector, á quien se presentó antes de entrar á la capilla para avisarle que 
iba á desempeñar su encargo, lo cual fue testificado por el mismo Rector ; 
que en la plática se esforzó en persuadir la malignidad de los principios 
del citado autor, como contrarios á la doctrina de Jesucristo; que disculpó 
al catedrático de la clase y que se empeñó en persuadir la necesidad de ha- 
cer una representación al Gobierno, haciéndole presente los errores de la 
obra y pidiéndole se hirviese mandar enseñar por otro autor menos per* 
judicial. 

£1 autor de las cartas del patriota bacía una reseña de la vida del doc- 



N 



CAPÍTULO NOVENTA Y UNO. 



9S 



tor Margallo, y después de demostrar tudas las virtudes de un santo, de 
un hombre verdaderamente apostólico, lleno de ciencia, de caridad y de 
discresión, llamaba por testigo de sus palabras al público y desafiaba á que 
se le desmintiera en algo de lo que decía* No hubo quien le replicara 
palabra. 

Veamos ahora cómo enseñaba el ministerio evangélico el doctor Azue< 
ro al doctor Margallo. 

Siguiendo su acusación, decía al Gobierno : 

*^ El ministerio de la predicación entre nosotros es una función pública, 
que no puede ejercerse úví consentimiento del Gobierno y sin pasar los lími- 
tes fijados por las leyese 

. ¿ Qué tales principios entre católicos ? La Iglesia, por institución divi- 
na, es libre: no depende de los gobiernos, ni las leyes de éstos pueden 
impedir ni reglamentar la predicación del Evangelio. ¿ Cómo principió esta 
predicación^ en Jerusalén ? San Pedro empezó por enrrostrar á los magis- 
trados y al pueblo la maldad que habían cometido en perseguir y dar 
muerte á Cristo (i). Cuando los apóstoles con toda libertad increpaban así 
á los magistrados y al pueblo que les obedecía en su iniquidad, vinieron á 
denunciarlos y acusarlos ante los jueces y magistrados del gran consejo, 
como el doctor Azuero al doctor Margallo ante el Poder Ejecutivo. Los 
magistrados hicieron comparecer á San Pedro y á San Juan para recon- 
venirlos por lo que predicaban sin consentimiento ni aquiescencia del go- 
bierno. Los apóstoles les contestaron: " Si es justo delante de Dios oíros 
á vosotros antes que á Dios, juzgadlo vosotros, pues no podemos dejar de 
hablar las cosas que hemos visto y oído.'' Los magistrados tuvieron á bien 
dejarlos ir libres. 

Prosiguen los apóstoles su misión y se les reduce ala cárcel; sonpues- 
tos en libertad milagrosamente y continúan su predicación sin permiso ni 
aquiescencia del Gobierno. Se les hace comparecer nuevamente y se les 
dice: *' Con expreso precepto os mandamos que no enseñaseis en este nom- 
bre y ved que habéis llenado á Jerusalén de vuestra doctrina y queréis 
ECHAR SOBRE NOSOTROS LA SANGRE DE ESE HOMBRE." También se quejaban 
de injurias, aunque sin insultar á los apóstoles, i Y qué contestaron éstos ? 
" Es menester obedecer á Dios antes que á los hombres." Y no contentos 
con esta respuesta, volvieron á echarles en cara su maldad, diciéndole^: '' El 



(1) Hechos apostólicos, ll-23-m-13, 14, 19. 



96 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Dios de nuestros padres resucitó á Jesús, á quien vosotros matasteis po' 
níéndolo en un madero." (2) 

Según las doctrinas del doctor Azuero, estos apóstoles eran unos fac- 
ciosos y rebeldes á las leyes. , ' 

Las proposiciones del doctor Azuero, sobre la sujeción de la palabra 
evangélica al Gobierno, y la limitación de ella por las leyes, eran dos 
herejías de primer orden, condenadas por la Iglesia bajo todas formas, y 
sus factores y propagadores declarados herejes. \ Y estos republicanos no 
querían que se les tratara de tales ! | Cosa rara, que no nos cansaremos 
de hacer notar I en Colombia, con libertad de imprenta, con esta misma 
ley de imprenta que no peri^itía escritos heréticos, y con otra ley de 17 de 
Septiembre do 1821, que imponía al Gobierno el deber de mantener en 
toda su pureza la religión católica, apostólica, romana, como el más pre- 
cioso derecho de los ciudadanos; en Colombia, decimos, con todas estas 
libertades y garantías para defender la religión, no se denunciaban al ju- 
rado por los fiscales, ni por la autoridad eclesiástica, escritos tan heréticos 
como éste; pero ni se impugnaban. ¿ Pero cómo se habían de denunciar 
al jurado ni impugnar las herejías que en su representación contra el doc- 
tor Margallo estampaba el doctor Azuero, si el Provisor, en la sentencia de 
este negocio, calificó á este sujeto de hombre religioso f Lo veremos más 
adelante, y por ahora continuemos viendo la religiosidad del doctor Azue- 
ro. Decía: 

** Nadie puede convocar al pueblo en un lugar público, arengarlo y 
proclamarlo sin permiso de las autoridades constituidas. Cuanto más sa- 
grado sea el lugar donde se tiene la reunión, cuanto más santo sea el objeto 
ó el pretexto con que se le congregue, tanto más derecho tiene el Gobierno 
á usa» de su suprema é impiescriptible inspección para cuidar de que 
no se perturbe el orden público y de que no se abuse de estas santas fun- 
ciones." 

Según esco, en las fiestas de iglesia no podrían tocarse las campanas 
para congregar al pueblo, sin que el campanero fuera á pedirle licencia a^ 
Gobierno para tocar á misa ó á sermón. ¡ Oh libertad I 

" El oficio de predicador, seguía diciendo, tiene sus restricciones y su 
responsabilidad, lo mismo que cualquiera otra ocupación pública. Su mi- 



(2) Hediofi apostóHcos. 17-19-7-28, 29 7 80. 



CAPÍTULO NÜVENTA Y UNO. 97 

sióa es explicar sencillamente el dogma y recomendar las buenas cos- 
tumbres." 

Con que el oficio de explicar el dogma era para el religioso Azuero 
como cualquiera otra ocupación pública ; por ejemplo, la de los cómicos, ó 
la de los boticarios, i Y cómo habría quedado el doctor Azuero, si hubiera 
habido en aquella ocasión un predicador que explicase sencillamente el 
dogma de la libertad de la Iglesia ? Probablemente el doctor Azuero, aun- 
que discípulo en Teología del doctor Margallo, no sabía que ese dogma era 
uno de los fundamentales- de la Iglesia fundada por Jesucristo. Un sabio 
Obispo de Canarias decía sobre esto : 

" La Iglesia puede subsistir sin diezmos, sin propiedades, sin religio- 
sos, sin monjes y aun sin templos; pero de ninguna manera sin liher- 
iady sin independencia. Es tan indispensable este elemento para su régimen 
moral, que suponiendo, por un momento, la enajenación de su indepen- 
dencia, se apercibiría en el instante la destrucción, el fin y la desaparición 
del catolicismo La independencia de la Iglesia es un dogma correla- 
tivo á la fe, su gobierno es inmutable, su autoridad es divina ; y para que 
jamás, bajo cualquier pretexto que sea, no se pudiesen suscitar dudas so- 
bre esta verdad importante, el Señor delegó á los Obispos, en persona de los 
apóstoles, la misma autoridad con la cual había sido enviado por su eterno 
Padre." 

El doctor Azuero no se expresaba en su acusación como un- simple 
novador^ sino como un hereje; y si no, óigase al mismo Obispo hablando de 
los novadoi'es sobre este mismo punto: ** Sé que los novadores responden 
que su intención no es someter la Iglesia en lo relativo al dogma, sino en 
lo perteneciente á la disciplina. Mas, aun admitiendo una distincióu tan 
insidiosa, haré observar que profesan una doctrina herética anatematizada 
mil veces; que la Tglesia, desde su nacimiento, habiendo tenido necesidad 
de disciplina para gobernarse, ha debido formarla, sostenerla y variarla á 
su grado con una independencia absoluta." 

Véase, pues, cuánto era el error, cuan grande la herejía del doctor 
Azueip, erigido en maestro de doctrina del doctor Margallo y del Ejecuti- 
vo de Colombia, á quien imponía estas reglas para su observancia, y para 
que, según ellas, graduase el crimen del sacerdote faccioso rebelde á las 
leyes. 

Ahora preguntará cualquiera: ¿ en dónde estaba ese fanatismo de la 
capital cuando así se proclamaban las herejías ante el Gobierno contra un 



98 HISTORIA DB KUBVA GRANADA 

sacerdote ejemplar que era el {dolo del pueblo; en dónde ese fanatismo de 
puñales, teas, espadas y cañones, que asi aguantaba semejant<(s cosas sin 
moverse ? 

Pero sigamos al doctor Azuero, porque ahora vamos á ver la inconse* 
cuencia en principios de este sujeto, y algunos otros desbarro^ de diversa 
especie. Decía : 

'' Cuando las congregaciones son á puerta cerrada, como los ejercicios 
espirituales, crece la necesidad de que intervenga el Gobierno. Allí se 
aumenta el riesgo de la seducción; la clandestinidad da más audacia á un 
predicador que sea enemigo del orden establecido; habla con tanta más> 
desenvoltura cuanto esta más seguro de no ser denunciado y de que se le 
guarde el secreto y 

¿ Y qué diría el doctor Azuero si á estas reuniones clandestinas^ á 
puerta cerrada, se agregase la circunstancia del secreto, con juramento de 
guardarlo inviolablemente todos los concurrentes á las reuniones, acerca 
de lo que allí pasara y se dijera; con otra circunstancia más, la de tener 
signos, señas y palabras misteriosas para conocerse los asociados entre sí, 
sin admitir á otras personas, sino mediante pruebas y juramentos de guar- 
dar los secretos de los ejercicios? Oh I qué espanto! qué horror I 

¿ Cómo habría de permitirse semejante asociación ? 

Pues, señor, esta asociación existe en Colombia, pero no es de ejerci- 
tantes de San Ignacio, no es de ascéticos, sino de masones. Esa es la logia; 
y de la logia, con todas estas cosas peligrosas para el orden público, na 
decía nada el doctor Azuero, ni el Gobierno temía. Ya se ve, los hombres 
de la escuela del doctor Azuero dirían que de los masones no tenia qué 
temer el Gobierno, por cuanto á que los planes de éste en materias de reli- 
gión estaban de acuerdo con aquéllos. Pero si fueran justos, por lo 
menos, debían confesar que si las reuniones de ejercitantes ponían en cui- 
dado al Gobierno, por la sospecha de que el director faese enemigo sujo,, 
la autoridad eclesiástica y todos los buenos católicos tenían sobrada razón 
para alarmarse y condenar las reuniones masónicas, no por sospechas de 
que el director de ellas fuese enemigo de la Iglesia, sino sabiendo de ciencia 
cierta que la orden de los masones es enemiga de la Iglesia católica y que 
se ocupa en minarla en todas partes. Pero no se hacía á los católicos la 
justicia de hallarles razón en sus alarmas y cuidados sobre las reuniones 
clandestinas de la logia; lo que se hacía era acriminarlos diciendo que toma- 
ban por pretexto la masonería para hacer guerra al Gobierno; que no era la 



CAPÍTULO ^NOVENTA Y UNO. 99 

religión, sino el godtsmo^ lo que los movía. 

" Con este objeto, y como el negocio es á mis ojos de la mayor im- 
portancia, decía el doctor Azuero, permítame V. E. algunas consideracio- 
nes más sobre los ridículos fundamentos en que pretende apoyarse este 
sedicioso sobre la naturaleza de los escritos de Bentham. 

"El doctor Margallo ha fundado la prohibición y las excomuniones de 
Jas obras de Bentham en la bula de la cena; y esto solo es un delito.... La 
mencionada bula, que algunos atribuyen á Martino V y otros á Bonifa- 
cio VIII, y cuya publicación anual el día de jueves santo ordenó Paulo III, 
ha existido más de doscientos años antes que naciese Bentham, y que sus 
escritos viesen la luz pública. Así la bula sólo ha podido proscribir sus 
obras profé ticamente, sin conocimiento de causa y sin saber si lo que ha- 
bían de contener era bueno ó malo." 

No sabemos que el doctor Margallo se apoyara en esa bula ; pero admi- 
ra tanta ignorancia en un letrado. La ley condena un crimen é impone 
.pena al que incurre en él. Si el crimen contenido en las obras de Bentham, 
* que no era nuevo, porque ho eran nuevas sus doctrinas, estaba condenado 
en esa ley canónica, que se dio antes que él naciese, le comprende la pena 
.establecida para quien incurre en ese delito. ¿En esto hay profecías? 

Pero se dice: "sin conocimiento de causa." 

Otra ignorancia en derecho canónico ; pues el doctor Azuero debía sa- 
ber que en la clasificación de las penas canónicas hay unas que son d jure 
y otras ah homine: las primeras son las que se establecen por la ley general 
y permanente, y se imponen por mandato transitorio ó por sentencia arbi- 
traria del Juez. Estas penas se dividen en latee sententíce y en otras que son 
ferendce sententíce. En las pirimeras se incurre y producen su efecto en 
fuerza de la ley misma, desde que se comete el delito. En este caso se ha- 
llan las doctrinas de Bentham. 

A más de este error en derecho, incurría el doctor Azuero en otro his- 
tóribo. Decía que Paulo III era el que había ordenado la publicación de 
esta bula cada año, el día de jueves santo; siendo así que este Papa, en su 
bula de 1536, dice al principio que es una ro^/z/w^r^ ¿jw/í¿^»¿? de los sobe- 
ranos pontífices el publicar esta excomunión el jueves santo, para conservar 
la pureza de la religión 'cristiana y para mantener la unión entre los Heles,; 
pero no se deja traslucir el origen de esta ceremonia, (i) 



(1) Bergier. Diccionario de Teología. .7 



100 HISTORIA DE NUEVA CHANADA 

Respecto á las materias de la bula in ccena^ oo era más exacto el doctor 
Azuero. Decía que ea esta bula se excomulgaba á todos los herejes, su s 
fautores y á los que leen sus obras. De aquí deducía que no podían leerse 
en Colombia más escritos que los de los católicos ultramontanos, y añadía : 
^' Así, debemos renunciar á la lectura de las obras inglesas, de las nortéame- 
ricanas y de la mayor parte de las que se publican ^n los pueblos civiliza- 
dos de la Europa." Esto era abundar en sofisma ; porque sabido es que la 
Iglesia nunca ha prohibido las obras de los no católicos, sino cuando han 
contenido errores contra la fe, las costumbres ó disciplina eclesiástica ; y 
nunca las obras extrañas á estas materias, como las de ciencias, artes, oficios 
etc., aunque sus autores hayan sido herejes, judíos ó paganos. La Iglesia 
prohibe los libros por su inmoralidad ó sus errores, pero no por sus autores. 

El doctor Azuero mismo vindicaba bajo cierto respecto al doctor Mar- 
gallo. Parece que por defender á Bentham no caía en la cuenta de ello, 
cuando decía : 

'^ Si se hubiese de estar á tan extrañas ideas, no sé cuáles serian los 
libros por donde debiera enseñarse el derecho público. No hay un solo pu- 
blicista de algún crédito que no contenga á cada paso máximas muy opues- 
tas á las que profesa este eclesiástico. El ha asegurado que en el Colegio 
del I\ osario se enseñan doctrinas más puras que en San Bartolomé ; pero 
allí se han dado lecciones por el Espíritu de las leyes de Montesquieu, y no 
me sería difícil demostrar que este autor tiene más invectivas sobre materias 
religiosas que todas las obras de Bentham. Allí se ha enseñado por el Paca- 
to social de Rousseau, que todos saben cómo trata á la religión ; se ha leído 
el Derecho de gentes por Vattel, que, como rígido protestante, ataca frecuen- 
temente los dogmas y prácticas ortodojas; hoy día se enseña la ciencia del 
derecho por Lepage^ que contiene también diversos capítulos sobre religión 
y sostiene vigorosamente la tolerancia religiosa. Estos ejemplos, que estoy 
muy distante de improbar, persuaden la injusta parcialidad con que se ha 
tratado de difamar sólo á mí y al Colegio de San Bartolomé ; y si no, ¿por 
qué no se han atacado también las enseñanzas por esos otros autores? Por 
una singular contradiccíód y una bochornosa ignorancia, el mismo doctor 
Margallo, que exhojtaba en la iglesia de la Tercera Orden á que se deserta- 
se de la instrucción de Bentham, aconsejaba que los estudiantes pasasen al 
Colegio del Rosario á estudiar por Lepage." 

Dos cosas se deducen claramente de todo esto : la una es, que el doctor 
Margallo no se oponía á I03 estudios de esa ciencia, sino á que se enseñase 



CAPÍTULO NOVENTA Y üNO. lOÍ 

por Bentham} y la otra, que no era tan intolerante como se decia, puesto 
que convenía en que se estudiase por esos otros autores» El convenir el doctor 
Margallo en que se estudiase por Montesquieu, Vattel y Lepage, más bien 
que por Benthara, no probaba bochornosa ignorancia, sino que sabía mu- 
cho ; que conocía demasiado á Bentham, más que el doctor Azuero, si era 
que éste de buena fe lo creía menos perjudicial á la creencia religiosa que 
esos otros autores j porque ésos no establecían por principio de moral en 
legislación el sensualismo materialista, determinando lo bueno y lo malo 
por el placer y el dolor; han establecido su sistema sobre el derecho natural 
y la conciencia, que niega Bentham. Las doctrinas de Lepage, sobre todo, 
al tratar del foro interno y el externo, son muy buenas. Si Vattel como 
protestante y Montesquieu como filósofo dan algunos tiros sobre el catoli- 
cismo, no destruyen por su base las creencias espiritualistas, como Ben* 
tham; demasiado conocido es este pensamiento del último: ''¡Cosa admi* 
rabie ! la religión cristiana, que parece no tener más objeto que la felicidad 
enia otra vida, hace también nuestra dicha en la presente." (i) 

Sería largo hablar de todos los cargos y falsas acusaciones que el doc-» 
tor Azuero hacía al doctor Margallo. El era el autor de cuantas imagina- 
rias conspiraciones de godismo y fanatismo figuraban la mala fe ó el miedo 
de estos hombres; tramas ocultas, Sociedades i^ fruteros^ todo por el estilo 
de la beata predicadora y del sermón del doctor Margallo en San Juan de 
Dios, referido por una negra al doctor Soto y que lo asustó tanto, que fue 
materia para proyecto de ley sobre variación de la capital de la República. 
Recordaremos, por último, lo que pl doctor Azuero dijo en su acusación so- 
bre la Sociedad bíblica, y que dejamos copiado atrás, agregando aquí la con- 
clusión de ese período, que decía : " Nuestro insigne profeta, que hasta 
de las luces de la religión quiere hacer monopolio exclusivo, se presentó 
á contradecir en tono magistral, insolente y desvergonzado, el más religioso 
de los proyectos ; y después con sus declamaciones turbulentas, con sus im« 
posturas, con su Ballena, hizo todos los esfuerzos posibles para desacreditar 
la empresa.'' 

Concluía el doctor Azuero su acusación pidiendo al Gobierno hiciese 
practicar información sobre los hechos referidos : que se pasase testimonio 
al Provisor para que, en virtud de las leyes alegadas, le recogiese las licen- 
cias de predicar y confesar al doctor Margallo; que se pasara otro testimo- 

(1) Eesariides lote, li^re ZZIY, esp. 3;» 



ro>2 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

RÍO de lo actuado ala Corte Superior, para que en virtud de la ley de 
patronato siguiese la causa hasta sentenciarla, imponiéndole la ptna de ex- 
'irañamiento y demás á que hubiera lugar por las leyes ; que en lo sucesivo, 
para predicar y dar ejercicios espirituales, se diese previo aviso al IntendeH'* 
te y que no se permitiese desempeñar estas funciones á los sacerdotes sos- 
pechosos; en fin, que requiriera el Vicepresidente al Congreso para que 
diese una ley todavía más especifica y circunstanciada, que previniera y 
castigara con la necesaria severidad los abusos que se cometieran en el mi- 
fe nisterio de la predicación y otras f unciones'eclesiásticas. JEl 1 1 de Abril de 
1826 fue dirigida al Ejecutivo esta representación, la que se decretó á los 
seis días. El Gobierno empezaba su resolución por decir que "resultando 
que el querelloso presenta varios testigos (i.) capaces de comprobar los he- 
-chos que refiere y que í*«¿/«¿/<2¿/^;«^«/^ tienden á desacreditar el plan de 
enseñanza pública prescrito por el Gobierno, á contrariar el sistema politico 
entorpeciendo su marcha y á inspirar desconfianzas contra las autoridades, 
sobre cuya buena opinión descansa en gran parte la nación y la tranquili- 
• dad interior, y no pudiendo ni debiendo desentenderse el Poder Ejecutivo 
de oír y apreciar la queja del señor. Azuero sin hacer traición á los debe- 
res que le ha impuesto la Nación al confiarle la ejecución de las leyes, la 
observancia de la Constitución y del orden interno, mucho más cuando 
las leyes y la Constitución han proclamado principios dignos de los esfuer- 
zos de los colombianos, de la marcha del siglo, -y compatibles con la reli- 
.gión revelada, qtte por la misericordia de Dios profesa el pueblo y el Go- 
bierno y resultando de la misma exposición (2) que el doctor Margallo ha 
desoído no solamente los requerimientos y amonestaciones de sus Prelados, 
sino aun las reconvenciones del mismo Ejecutivo dirigidas á moderar su 
imprudente xelo religioso y circunscribirlo dentro de Ja esfera que la cari- 
dad evangélica, el ejemplo de los apóstoles (3.) y de otros piadosos eclesiás- 
ticos de la República (4) han prescrito-; resuelvo á consecuencia." 

(1) Al Gobierno no presentó testigos, sino qne dijo podía el Intendente tomar decla- 
raciones á testigos; de manera que el Gobierno fundaba su resolución sobre testigos á 

< quienes no liabia tomado nLpodido tomar declaración. 

(2) Hesultando 1 de la misma queja; es decir, del dicho del querelloso. 

(3) Mnjpógumus, Hechos, IV. Véase el lugar citado y dígase si el Ejecutivo sabía 
lo que estaba diciendo. Es muy cómodo citar el ejemplo de los apóstoles, como aquel que 
para todo decía según la ley^ sin saber si había ley. 

(4) Sin duda que uno de éstos sería el hermano del querelloso, muy digno de prewMi 
^ taise.po»ejeioplo de Tirtudes sacerdotales al doctor Margallo. 



CAPÍTULO NOVENTA T UNO* IQ^ 

La resolución fue, como dicen, á pedir de boca, con otra cosa que no le^ 
ocurrió al acusador, pero que le ocurrió al Juez : *^ que se una á la causa, 
que se ha. de abrir, el expediente formado contra el doctor Margallo á re- 
querimiento del Senado" etc. 

El doctor Azuero publicó esta« piezas en. un cuaderno y al pie de la. 
resolución puso una nota en que,, dando las gracias al Gobierno por la. 
prontitud, justicia y sabiduría de la resolución, voijiitaba nuevos sarcasmos 
y dicterios, que se le habían quedado. en el tintero, contra el doctor Mar- 
gallo. 

Este humilde sacerdote no se defendió, aunque varios dé sus amigos le. 
instaron para que lo hiciese, ofreciéndole sus servicios abogados de primera, 
nota. El no hizo sino dar su declaración sobre lo que había pasado, confor- 
me á lo que al principio hemos visto. 

La- vista fiscal del doctor Ignacio Herrera, nada sospechoso en cuestión^- 
con clérigos, es lo suficiente para juzgar con toda seguridad sobre el nego- 
cio y conocer que todos los cargos hechos por el doctor Azyero fueron funda- 
dos sobre informes falsos, no resultando más cargos comprobados que los. 
de haber predicado contra las doctrinas de Bentham, sin ofender al Gobier- . 
no ni á persona alguna^ Esto es lo que dice el Fiscal. 

Hecho todo lo que pedía el doctor A-zuero, se pasó la causa al. Pro visor^. 
doctor Fernando Caicedo, quien dictó el auto siguiente:, 

** Bogotá^ VEINTE DE JULIO de Í5^^r— Vistos :. atendiendo alo que resul- 
ta de la9 declaraciones de testigos en esta causa y á la desistencia que por 
su parte hace el señor Ministro doctor Vicente Azuero, en su contestación* 
de fojas 24, cuyo contenido nos es muy satisfactorio, y sus rasgos propios de. 
la generosidad y religiosidad de su autor, que no ha pretendido otra cosa, 
según se ve, que el orden público y el mismo bien del doctor Margallo, á lo- 
que expone en su prudente dictamen el señor Fiscal nombrado en el asun- 
to ; sin dejar de considerar la lenidad y demás virtudes de aquel eclesiástica 
y su bien público y notorio celo, el que tenemos con él por único motíirtS" 
para proceder á veces del modo que ahora, (i) para dar lugar á ocurrencias, 
como la presente, cuando en el negocio que ha dado origen á este procedi- 
miento se podía sin duda abrazar un partido más regular y obtener el fin 

(1) Eb decir, predicando contra las doctrinad materialistas, fsensualistas y cnanto* 
malo puede caber en un autor que niega el derecho natural, la conciencia y que se burla 
de las penas del infierno, porque ningún otj|:o cargo resultaba del proceso. Aquí el £roYS^ 
fior volvió á las aflojadas anteziores.. 



104 ' HISTORIA DE NUEVA GRANADA 



^^^^^^^^^^^^^^^^ 



que se deseaba; (2) resolvemos por todo sobreseer en esta causa, amones* 
tando al Presbítero doctor Francisco Margallo, para que en adelante mida 
sus expresiones, y se contraiga en sus sermones y pUticas á la explicación 
del Evangelio y de la doctrina cristiana y á la corrección de los vicios en 
general, mandando que se presente en uno de los conventos de religiosos 
de esta capital y permanezca allí por diez días, empleándolos en santos ejer- 
cicios y que al fin nos exhiba certificación del Prelado Regular que fuere, 
para ^n su vista proceder en cu into á la continuación de sus facultades y 
licencias. (3) Saqúese copia de esta resolución y diríjase con oficio al señor 
Intendente para su inteligencia. Y deseando que en lo sucesivo calmen los 
recelos de la enseñanza de la juventud por la obra de Jeremías Bentham y 
cesen las varias interpretaciones que se dan á las doctrinas de este autor, 
oficíese por Nos al Excelentísimo señor Vicepresidente de la República su» 
pilcándole se sirva determinar la reunión de una Junta de teólogos y cano* 
iiistas para el examen de dicha obra, y dar las providencias competentes 
para que se suprima del todo eñ los Colegios ó se textea las proposiciones 
que no sean arregladas á la moral y dogmas cristianos, según se manifesta- 
re en el concepto de los individuos de la Junta." 

A este auto, publicado en la Gaceta de Colombia correspondiente al 
domingo zo de Agosto, número 253, sigue un artículo en que se decía ; . 
En la Corte Superior de Justicia del Departamento sabemos que se conti* 
núa la causa iniciada contra el mismo doctor Margallo por los motivos á 
que alude la anterior providencia de la curia eclesiástica, y en la cual el 
Fiscal doctor Herrera habló poniendo acusación en forma contra el acu- 
sado. Daremos oportunamente noticia al público del resultado.*' 

Esta oferta no se cumplió, porque de ahí para adelante no se volvió á 
dar sobre esto más noticia. La acusación del doctor Herrera se contrajo 
únicamente al cargo de haber impugnado la enseñanza por Bentham. Hé 
aquí el texto : 

"El Poder Ejecutivo ha prevenido la lectura de los principios de 
legislación por Jeremías Bentham en los colegios ; y por lo mismo no 
pudo blasfemar contra esta enseñanza. Su conducta es viciosa y clama 
por la imposición de una pena que lo contenga eii lo sucesivo y sirva de 
ejemplo á los demás predicadores. 

(2) Qui legit, intelligat^ 

(3) Bonito modo de sobreseer en la cauMf impoiuetido pena 7 dejando pendientie l^ 
causa pjEura imponer 6 no imponen ol^as. 



CAPÍTULO NOVENTA Y UNO. I05 



^ a^^^>^M^^tfi^*i 



"Los Otros crímenes que se acusan no ofrecen dato alguno. Tampoco 
es público y notorio, ni estamos en el caso de una pesquisa general manda- 
da por el Gobierno, que es la circunstancia que pide la ley para que los 
Ministros fiscales acusen sin denunciador conocido. Ignora el Ministerio 
que el doctor Margallo sea un hipócrita astuto que ocultamente mine los 
fundamentos de la República. No lo tiene por una espía ó devoto de la mo- 
narquía española. Tampoco sabe que haya turbado la conciencia de los 
moribundos con doctrinas anticatólicas ó eversivas de la seguridad del Go- 
bierno. La opinión pública se manifiesta por medio de la prensa y des- 
miente las demás acusaciones.'* ^ 

No entraremos en comentarios sobre el auto del Provisor, porque nos 
detendríamos demasiado haciendo ver que al doctor Margallo nadie en el 
orden eclesiástico, ni menos el editor de El Correo^ podía darle lecciones 
sobre el cumplimiento de su ministerio, pues que al ser un sabio y un santo, 
agregaba un gran talento, mucha discreción y humildad. Sólo haremos una 
observación, i Cómo proponía el Provisor al Gobierno que se hiciese una 
Junta de teólogos y canonistas para saber si el tratado de Legislación civil 
y penal de Bentham era contrario á la religión, cuando la obra estaba pro- 
hibida en Roma, bajo el pontificado del señor Pío Vil, por Decreto del 22 
de Mayo de 1 8 19? <í Ignoraba esto el Provisor? Pues si la obra estaba 
prohibida por la Iglesia, i para qué someterla al juicio de teólogos y cano- 
nistas? ¿No estaba hecho yá eso en Roma y concluido el juicio ? ¿ No esta- 
ba yá el libro de Bentham incluido en el índice de los prohibidos ? ¿ Qué 
más tenía que hacer el Provisor, sino declarar á la faz del mundo cristiano 
que el doctor Margallo, en lugar de merecer reprensiones, suspensiones y 
reclusión, merecía alabanza, por haber cumplido valerosamente con el deber 
de un sacerdote católico ? 

Oigamos sobre este asunto á un célebre orador colombiano, en el elogio 
fúnebre del doctor Margallo, pronunciado en la iglesia catedral de Bogotá 
en presencia del inmenso concurso y de la asistencia oficial que asistió á 
las exequias, (i) 

** Yá conocéis, señores, por estos lineamientos, al execrable Jeremías 
Bentham, esa obra infernal, cuyo elogio, después de tanto como se ha dicho 
en contra, sólo puede hacerse yá por el más fanático espíritu de partido. El 
celo del doctor Margallo se inflama contra una obra ominosa y funesta para 



(1) £<1 día 5 de Julio de 1837. El orador f oe el doctor Manuel Fernández Saavedra. 



i 



I06 HISTORIA DE NUEVA GRANAHA 

la Iglesia y el Estado; ¿ ni cómo habría de callar el centinela colocado por 
Dios sobre los muros de Sión ? ¿ Era acaso uno de aquellos perros mudos 
que, según el profeta, no saben ladrar speculatores ejus canes muti^ non va- 
lentes laifare^ que siguen la mentira, y que sólo toman interés en lo que 
pueda afectar su orgullo ó su ambición ; cuando tantos hombres ilustrados^ 
que son la gloria y el ornato de la patria (entre ellos el Excelentísimo señor 
Presidente, que aquí n(s honra con su presencia) hablaban y habían de ha- 
blar, él permanecería en silencio ? De ninguna manera: él era un sacerdote 
de Jesucristo, y un sacerdote de Je¿Licrisiu que no deteste á Bentham, un 
sacerdote que pueda estar por Bentham, no es como quiera un pecador co- 
mún, es un monstruo más horrible en la Iglesia que Judas en el aposto- 
lado. 

**La historia de los combates del doctor Margallo en este punto parte 
desde la exhortación que hizo á los alumnos de su Colegio en unos ejerci- 
cios espirituales, y aunque su animadversión sólo recayó sobre Bentham, la 
cuestión tomó el aire de atentatoria; se siguió un juicio y el doctor Marga- 
lio fue penado con un retiro de diez días á la recoleta de San Diego. No ha 
sido ésta la primera vez que ha encontrado en su sola virtud y buenos de- 
seos el ipotivo para la prisión: cuando era secular se había visto confundí"' 
do con los reos en la cárcel pública, sin otra causa que haberse presentado 
personalmente ante el feroz pacificador Morillo, y aun derribádose á sus- 
pies para impetrar una amnistía en aquella época de luto y de dolor. ¡Alma 
generosa y sencilla ! ignorabas que nunca la clemencia tuvo lugar en el*' 
corazón de los tiranos ! 

" Encerrado en San Diego, aprovecha aquella ocasión para hacer una 
general revista de su vida. Pero ¡ qué asombro ! Católicos, en esta confe- 
sión, que comprende el dilatado espacio de sesenta y seis años, no se hallan 
más que imperfecciones ligeras, defectos leves de que no está exenta la pie- 
dad más vigilante en esta miserable vida: el confesor apenas halla materia 
para conferirle la absolución ; y el mismo sacerdote» que entonces le oyó de 
penitencia, depone lo que yo refiero, del modo más solemne, y asegura 
que, en su concepto, el doctor Margallo no perdió la gracia bautismal Sus 
virtudes debieron en esta ocasión adquirir notables incrementos; pero coma 
la verdad es una y siempre la misma, sus sentimientos, después de salir dé- 
la recoleta, fueron idénticamente los mismos; y por eso, hablando con nn 
sujeto de categoría, le dijo, con aquel chiste que tanto amenizaba su con- 
versación : He tenido ejercicios^ pero propósito de la enmienda mngur 



CAPÍTULO NOVENTAY UNO. lOJ^ 

no, (i) y así fue, porque no dejó de predicar contra Bentham, ni de com- 
batir el error con aquel mismo celo que siempre lo distinguió eti su minis- 
terio. El había aabido elevarse hasta el que nos dio aquel soplo inmortal, 
contra cuya vitalidad nada pueden todos los esfuerzos humanos." (2) 

En el sagrado libro de los Hechos Apostólicos se refiere que denun- 
ciada la predicación de los Apóstoles á los Magistrados del Concilio, éstos 
los hicieron comparecer para intimarles silencio, á lo cual respondieron 
los apóstoles lo que habían respondido en otra ocasión. Los magistrados 
reventaban cuando esto oyeron y consultaban cómo les darían la muerte ; 
mas un doctor de la ley llamado Gamaliel los disuadió de tal idea. Sin 
embargo, no quisieron dejarlo sin castigo ; los hicieron azotar, y luego 
los largaron, previniéndoles que no hablasen más en nombre de Jesús. 
** Pero ellos salieron gozosos, dice el sagrado texto, porque habían sido- 
hallados dignos de sufrir afrentas por el nombre de Jesús, y cada día 
no cesaban de enseñar y predicar á Jesucristo en el templo y por las- 
casas.** (3) 

Esto mismo hizo el doctor Margallo. El salió gozoso de su pri- 
sión por haber sido hallado digno de padecer por la causa de Jesuciisto, 
y no dejó de predicar contra la 'enseñanza de Bentham, sin que se le vol- 
viese á perseguir. Sin duda habría en el consejo de Gobierno algún Gama_- 
lieií que les hiciese presente que no era muy prudente el continuarla 
persecución, porque tenían en contra la opinión^ pública, y la persecución 
de un sacerdote ejemplar como el doctor Margallo no dejaba de inspirar 
temores al pueblo, observando que apenas se había dado principio ala- 
causa, vino la espantosa calamidad del terremoto sucedido el día 17 de 
Junio á las die^y media de la noche r la misma fecha del decreto del Go* 
bierno dos meses antes, que mandaba encausar al doctor Margólo. 

Se anunció la catástrofe por un movimiento de oscilación bastante^ 

* 

sensible, que hizo poner eu pie á todos los que se habían recogido á dormir; 
pasados como cinco minutos, vino el movimiento tan fuerte, que no permi- 



(1) Este personaje fue- el mismo General Santander, quien hallándose cabalmente 
en una tienda de la Galle Real á tiempo que el doctor Margallo venia de San Biego^ le 
preg^untó en tono jocoso qué tal le había ido de ejercicios, á lo que le dio esa respuesta. 
Santander respetaba y apreciaba particularmente al doctor Margallo y gustaba mucho de. 
«irlo, y el doctor Margallo lo quería, porque lo había conocido desde el Colegio» 

(2) Juan XX-22. 

(3) Hechos Y-il y 42. 



lo8 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

tía andar á la gente y arruinó algunos edificios, principalmente iglesias, que 
en la mayor parte sufrieron, arruinándose enteramente las de varios pue- 
blos. Mas no hubo desgracias en las personas, por haber sido prevenidas con 
el primer movimiento. Toda la gente salió de las casas, porque nadie se 
Creía seguro debajo de techado. Así fue que la plaza mayor y las plazuelas 
se vieron inundadas por el concurso de todos los habitantes de la ciudad, 
gran parte de ellos á medio vestir y otros desnudos, envueltos en las cobi- 
jas de la cama. El terror era grande ; por dondequiera se oía cantar el sanio 
Diosj y los pecadores ocurrían al tribunal de la penitencia. 

A las cinco y media de la mañana del siguiente día se sintió un fuerte 
estremezón de tierra, que cesó al instante. Ese día nadie hablaba de otra 
cosa que del temblor : cada uno referia en dónde estaba, cómo estaba; con 
quién estaba, qué hacía ó qué decía al momento del temblor. Todos toma- 
ron cuarteles fuera de sus casas, temiendo que se les vinieran encima, y las 
familias se repartieron por todas las casuchas de los arrabales é inmediacio- 
nes de* la ciudak4 ' ^^s de bahareque y paja se pagaban á más alto precio, por 
la mayor seguri(^d; sus dueños cobraban hasta una onza por noche, y se 
salían con sus juncos á dormir á los alares, porque no era de perder tan 
buena ocasión para sacar plata del miedo. Aquí era la bulla de criados y 
de criadas y muchachos, entrando y saliendo, con camas, con platos, con 
trastos, en idas y venidas á las casas para traer lo necesario para comer, 
para dormir, en aquellas salitas ó tugurios donde se amontonaba todo, 
camas, platos, ropa, con gran gusto de los muchachos, que cada rato sentían 
temblar porque no se fueran para su casa: las viejas rezaban ; á las mozas 
les daban convulsiones, y San Emigdio era invocado á toda hora, porque 
de los santos nos acordamos cuando nos asustamos. 

Por máí de. quince días se estuvieron sintiendo movimientos que, 
aunque tenues, eran suficientes para mantener á la gente en alarma fuera 
de sus casas. En todos estos días el trabajo de las oficinas se interrumpió 
y los negocios sufrieron atraso por mucho tiempo, principalmente en el 
comercio, pues los de plazos cumplidos se disculpaban con el temblor, por- 
que no hay mal que por bien no venga. Las aulas y escuelas estuvieron 
cerradas, cosa tan agradable para los estudiantes y escueleros, que si hu- 
bieran podido rebullir la tierra todos los días, no lo habrían excusado. Entre 
tantos sustos había también sus gustos, porque aquel mismo estado de des- 
orden daba lugar á la franqueza é inspiraba confianza entre las gentes, re- 
pitiéndose visitas agradables, contrayéndose nuevas amistades. Sin tener 



CAPÍTULO NOTENTAYUNO, 1 09 

que hacer rodar la conversación sobre temblores, ella caía á plomo desde 
que el visitador ó visitadores tomaban asiento en los bsfúles ó petacas, des- 
pués de haberse hecho un chichón en la frente con el marco de la puerte- 
cita al entrar á la pieza. 

Mediante este estado de cosas, taf> miedoso para unos y tan sabroso para 
otros, las cuestiones políticas se olvidaron por algunos días. La Gaceta nos 
decía, hablando del temblor, que las personas nimiamente piadosas atribuían 
aquello á castigo de Dios, ignorando que la tierra se remueve per causas 
naturales. Sin embargo, no nos dice que el fanatismo ni el godismo se hu- 
bieran aprovechado de la ocasión para sacar partido, como pudo haber 
sucedido realnjente, hallándose la persecución abierta contra el doctor Mar- 
gallo. I Qué buena ocasión para éste, si hubiera sido tal cual lo pintaba el 
doctor Azuero ! ¡ Qué buena ocasión para un San Bartolomé contra los 
masones, si realmente hubiera existido en Bogotá un pueblo fanático, de 
puñales y teas, como se ha querido figurar I Pero la Gaceta, en esta solemne 
ocasión, no nos dice nada de eso y, por el contrario, sus palabras son éstas:. 
" Las autoridades han cuidado eficazmente del orden público y de la segu- 
ridad de las propiedades y personas ; los eclesiásiicos han ejercido su minis- 
terio con suma prudencia y celo» * (i ) 

El Congreso había cerrado sus sesiones el día i.® de Mayo; pero ha- 
biendo quedado por hacer algunas leyes importantes, el Ejecutivo lo com-^ 
vocó extraordinariamente. Las sesiones extraordinarias se abrieron el 8 y 
duraron veinte días. 

Varias fueron las leyes que sancionó este Congreso, entre ellas la que 
declaró en comisión los empleados de manejo en el ramo de Hacienda. 
Un diputado de la Cámara de Representantes, oponiéndose á esta ley, que 
dejaba á esos empleados á la libre remoción del Ejecutivo, dijo, entre otras 
cosas, que la ley establecía una distinción odiosa entre estos empleados y 
los demás; que no sabía por qué no se sujetaba á todos los del ramo á la 
misma condición. El doctor Miguel Tobar, que era Representante y tenía 
un talento especial para hallar analogías y hacer comparaciones, dijo que 
él tampoco sabía por qué era que entre las burras que cargaban pasto y las 
que cargabaii adobes se hacía la distinción, odiosa de poner á las primeras 
una mochila en el hocico y á las segundas nó. Dicho esto, se sentó sin decir 
más. Todos comprendieron el símil, que causó bastante risa y decidió la 



(1) Qtmta de Cohmltia, ntbnero 246, del 2 d9 Jalio* 



1 1 01 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 



caestión, porque oadié tomó después de esto la palabra para atacar el pro- 
yecto, que fue aprobado. Dióse otra ley adicional á la de Gobierno polí- 
tico ; la orgánica del ejército, la de marina^ otras sobre monedas, otra arre* 
glando los términos en que debía prestarse el consentimiento para poder 
contraer matrimonio los menores^ y la de crédito público. También 
expidió el Congreso algunos decretos. Uno por el cual se suspendían las- 
provisiones de las canongías que en lo sucesivo vacasen, bajo ciertas reglas; 
otro sobre civilización de los indios de la Goajira, Darién y Mosquitos, 
asignando al efecto diez mil pesos al año del fondo de misiones. Pero en el 
decreto no se hablaba de misioneros, y sólo se indicaban algunas disposicio- 
nes sobre el modo como debían obrar [ los empleados civiles para reducir á 
los indios I Expidió también el Congreso un decreto por el cual se permi- 
tía á los agraciados por el Congreso constituyente del Perú aceptar las< 
condecoraciones y demás recompensas que se les habían concedido; y otro 
en que se permitía la permanencia del General Sucre en Bolivia, para 
ponerse al frente de su Gobierno, _por haberlo pedido asUa Asamblea de 
Chuquisaca y apoyádolo el Libertador (i). 

La Municipalidad y Junta de hacendados de Arequipa regalaron á los. 
soldados de la división Lara mil quinientos pesos, los que donaron aL 
Colegio de huérfanos y al de niñas. Los cuerpos de la división eran Rifies^ 
Vargas y Vencedor en Boy acá y un escuadrón de Húsares, 

El Vicepresidente de Colombia recibió del Gobierno del Perú doce 
medallas de oro para que las presentase á los Jefes- colombianos que tuviera, 
á bien 5 otras de plata para los miembr^^^s del Congreso, y otras para treinta 
y cuatro Colegios y Universidades de la República. 

También fue premiado en Bolivia él valor del General Córdoba coa 
una corona de oro, la que remitió á la Municipalidad de Rionegro. 



(1) La Asamblea se instaló el 10 de Julio. El 11 de Agosto se constittiyeron bajó la^ 
denominación de Bolívab, encargando al Libertador el Poder Ejecutivo por el tiempo 
que allí residiera. La Asamblea se disolvió el 6' de Octubre, fijando el 26 de Mayo paxm 
la reunión del Congreso constituyente, y encargó al Libertador la formación de ut» 
Constitución política para el país». 



CAPÍTIJLO NOVENTA Y DOS. IJJ 



<^» «»^«»ir- 



CAPITULO XCIl. 

Regresa el Liberfcaiaor á Lima— El señor Restrepo y Larrazábal sobre ©ate puato— Recibe 
fll Libertador en Lima un enviado de Páez — Este proponía un plan de monarquía-^ 
Gontestaoión del Libertador — Queda consamada la revolución de Venezuela— Páea 

> envía comisionados cerca del Libertador con las noticias —Situación de la capital— 
El Vicepresidente convoca una Junta para consultar sobre los negocios de Venezuela. 
Besoluciónde la Juitta — Se oficia al Libertador— Estado anormal del Pera — Des- 

' cúbrese una conspiración en Lima — £1 Libertador resuelve venir á Colombia al 
«aber los trastornos de Venezuela— Manda al Coronel O'Leary cerca do Páez— Insta- 
lación del Congreso de Panamá — Carta del Libertador al Vicepresidents felicitán- 
dolo por su reelección — Éste escribe al Libertador otra carta en contrario sentido á 
la primera — Lo que sobre esto dice él GeneralT Posada — La Constitución boliviana y 
la Ojeada — El Libertador envía la Constitución al General Santander — Alarmas que 
«sto dkusa entre los republicanos — Empezaron los trastornos en Guayaquil — Actas 
de dictadura— Escándalo que causa la • oontestación del Secretario del Libertador 
á la Municipaliiad de Guayaquil — Interesantes confesiones del señor Restrepo sobre 
las causas del trastorno — Acusaciones que éste hace al Libertador — Se satisface sobre 
ello — Viene el Libertador á Colombia mal informado del estado de las cosas — Se le 
previene contra el General Santander — Páez no hace caso de las cartas del Líber* 
tador que le entrega O'Leaiy— Córdoba, acusado de un delito, viene á presentarse á 
los Tribunales— Contraste de la coilduota de éste con la de Páez. 

DEJAMOS al Libertador en Lima á su regreso de Bolivia. Ha- 
blando de este regreso el señor JRestrepo, dice que fue repentino 
y cuya causa no quiso revelar nunca el Libertador. Eí señor 
Larrazábal dice: "No conoció, sin duda, Restrepo ni las cartas 
confidenciales de Bolívar, ni su proclama de Chuquisaca, donde están 
explicados Jos motivos de su vuelta á Lima. * A fines de Diciembre ó 
Enero iré por allá, escribía el Libertador al Coronel Heres, desde el Cuzco 
(9 de Julio) á terminar mi Gobierno peruano y dar cuenta del Alto Perú 
•y de los Departamentos del Sur. Feliz yosi dejo reconocido el Gobierno 
peruano; reunido su Congreso americano; nombrado su Gobierno cons- 
titucional; el país libre; el General La Mar á la cabeza de los negocios^; 
ia anarquía destruida y la Constitución reformada por los legítimos repre- 
sentantes de la Nación-.' *Un deber sagrado para un republicano, decía á 
ft)s pueblos del Alto Perú, despidiéndose de ellos el i.*» de Enero de 1826; 
un deber sagrado para.un republicano me impone la agradable necesidad 



112 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

de dar cuenta á los representantes del puebla de mi Administración* £1 
Congreso peruano va á reunirse, y yo debo devolverle el mando de la 
República que me ha conñado. Así, parto para la capital de Lima, pero 
lleno de un profundo dolor etc.'' 

£1 señor Restrepo hace en esta vez algunos cargos al Libertador, á lo» 
cuales responde el señor Larrazábal. £1 más punzante de ellos es el de 
haber pretendido continuase en el Gobierno del Perú, embriagado con las 
adulaciones de algunos. ** ¿ Y de dónde inventa Restrepo, dice Larrazábal, 
que el Libertador se dejó seducir por consejos halagüeños que lison- 
jeaban su vanidad, haciéndole creer que era el único hombre que, mientras 
viviera, debía mandar en la América del Sur ? Bien lejos de eso, apenas 
llegó á Lima, declaró públicamente qne el hombre que debía mandar en el 
Perú era el General Lámar, y (omando á éste de la mano, lo sentó en un 
lugar prominente, circunstancia que refiere el mismo Restrepo ; la Presi- 
dencia de Colombia la había yá renunciado por tercera vez. A sus amigos, 
á su hermana, al más querido de sus edecanes, al fidelísimo Coronel Ibarra, 
les escribió: * No quiero más mando; deseo retirarme á la vida privada y 
al silencio; más tarde volveré á servir, si fuere necesario; ahora estoy 
cansado.* Ciertamente, no hay pruebas para decir que el Libertador amara 
el mando y se dejara seducir de consejeros halagüeños que lisonjeaban su 
vanidad; y si, en efecto, gobernó, fue «ompelido, obligado fuertemente 
por las circunstancias, que le mostraban como vano el trabajo y valentía de 
los principios si dejaba inadvertidos y peligrosos los fines. Cuando llegó á 
Lima, por ejemplo, nada era más sabido de todos que su intención de 
renunciar la Jefatura suprema del Perú. Itwas understood^ escribe Miller, 
io be his intentíon to resign^ to his congress^ ihe ahsolute powet with which 
Sis Excelency had heen invested; pero los comisionados peruanos que 
vinieron á Colombia á dar las gracias por los auxilios poderosos que el 
Congreso y el Gobierno de esta República prestaron tan generosamente 
á la del Perú, solicitaron con vehemencia qoe se permitiera al Libertador 
continuar por algún tiempo más rigiendo los destinos de aquella Repú-^ 
blica, nacida bajo los auspicios de la gloria de Bolívar^ á tiempo que reu- 
niéndose en Lima los Diputados al Congreso, y divulgándose la noticia 
de que el Libertador regresaba á Colombia, trayéndose á sus compañeros de 
armas, la Municipalidad de la capital, los Tribunales, todas las corpora- 
ciones, los padres de familia el pueblo fue á la residencia de Bolívaf 

á pedirle que no lo abandonase^ dejándole expuesto^ á que la anarquía. 



CAPÍTULO NOVENTA Y DOS. 113 

levantara su horrible frente. Las peticiones no se dieron tregua^ y fue la 
más notable la que firmaron cincuenta y dos Diputados pidiéndole que se 
suspendiera la reunión del Congreso á que ellos mismos pertenecían, y 
que se consultase á las provincias si debía reformarse la Constitución, y 
qué individuo ejercería la primera Magistratura del Estado. Bolívar gozaba 
en el Perú de una sólida y entera popularidad, confiesa Restrepo, y se 
había creado una persuasión general, tesada en los talentos esclarecidos 
de este grande hombre, que sólo él podía mantener la tranquilidad de 
aquel hermoso país. Sin embargo, el Libertador en nada pensaba menos 
que en permanecer en el Perú. Al señor Vidaurre que le había escrito 
diciéndole: * En el momento que el sol se separe de nuestro suelo descen- 
derá en torrentes la pútrida agua de la discordia y saldrá del fango el 
caimán hambriento de la guerra civil. No están las pasiones extinguidas 
ni perfectamente sofocadas. Iguales á aquellos insectos que ni parecen ni 
^e mueven cuando tienen sobre sí una gran masa, ellas sólo esperan que 
se levante el peso para exparcirse con libertad y emplear sus pasos contra 
el Estado y sus dignos defensores.' A Vidaurre, digo, que le escribió estas 
cosas y que le rogaba encarecidamente no se separase de Lima, le contestó: 
4 Mi intención es renunciar á todo mando en esta República; dejar á su 
Congreso en la más amplia libertad para sus deliberaciones y para que 
promulgue y sancione las leyes que quiera dar á su patria y determine de 
su suerte. Sin duda que ninguno mejor que ellos (los Diputados) pueden 
hacer el bien de la Nación, porque ellos la representan en toda su pleni- 
tud. Estos son mis sentimientos, y crea usted que los realizo.' (i) 

** Deseaba el Libertador que el Mariscal don José de Lámar se hiciese 
cargo de la Presidencia del Consejo de Gobierno, á cuyo fin le hizo venir 
de Guayaquil. Gozaba Lámar de mucha reputación en el Perú y era sujeto 
de cierta distinción y de respeto. Con él al frente de los negocios, podía 
Bolívar separarse sin temor de que sobreviniesen desórdenes en el Perú; 
mas, por desgracia, Lámar no quiso admitir el honroso empleo que se le 
confería, alegando tener una salud muy quebrantada, y se ausentó para 
' Guayaquil. Pensó entonces el Libertador en el General Santa Cruz, que 
estaba en Bolivia, el cual, aunque llamado con instancia, no pudo venir 
sino en Junio. Y luego que éste ocupó la Presidencia del Gobierno, el 
Libertador no pensó más que en volverse á Colombia, como lo efectuó. 



(1) £0taa GiurtaB se hallan en la ooleoGión de docnmeatos.. 



<II4 HISTORIA DE NUEVA aRANAt>A 



^***^^^^^^**^^^^v^^^^^^^* 



¿Qué razón, pues, tiene Restrepo .para haber escrito lo que escribió? 
^ Debía el Libertador haber procedido con mayor festinación, aumentando 
acaso con su atropellamiento los inconvenientes que de suyo tenía el Perú ? 
¿ No censura todo el mundo con'justicia la fuga de San Martín ? ¿ Y debía 
Bolívar imitar esa conducta, precisamente cuando la imitación entrañaba 
mayores riesgos ? Por lo demás, ni decoroso, ni propio del alto carácter del 
X»ibertador, cuyas acciones y aun razones iban siempre revestidas de una 
.trascendente grandiosa majestad, era corresponder á las confianzas honrosas 
del Congreso y de los deseos del Perú con auseatarse á la buena de Dios, 
sin premeditar lo que hacía, ni dársele pena de dejar su nombre inscrito 
entre los de los veletas atolondrados. El ojo perspica'z de la Europa estaba 
fijo sobre él; la pluma de losjescritores se hallaba mojada yá para escribir 
los aciertos ó los errores del hombre de Estado después de los triunfos 

inmortales del guerrero Concedamos razón al Libertador de haber 

procedido en el torbellino de aquellas circunstancias sin prisa, que es 
pasión de necios, sin atropellar los sucesos, ni desmentir sus obligaciones, 
ni burlar desatinadamente la esperanza de un gran pueblo." (i) 

Hé aquí la conducta del Libertador en sus últimos días de mansión 
£n.Lima, explicada por ..un escritor que ha ri^gistrado cuantos documento} 
existen, oficiales y particulares, relativos al asunto. Explicación necesaria., 
por cuanto á que de ahí para acá parten las calumnias forjadas contra el 
hombre á quien todo se debían ,.pero que considerándolo yá innecesario, era 
imposible que los ambiciosos y los que querían amoldar el país á sus ideas, 
pudieran sufrir aquella superioridad, ante la cual todos ellos aparecían 
pequeños. 

Estaba. en, Lima el Libertador, cuando llegó allí, enviado por el Gene- 
ral José Antonio Páéz, el venezolano Leocadio Guzmán, quien le entregó 
una carta de éste, en que le proponía un plan de monarquía en Colombia. 
.Yá habían insinuado al Libertador la misma idea, relativamente al Perú, 
algunos partidarios de ese sistema que se hallaban en aquella República, 
idea que había despreciado absolutamente el Libertador. A Páez le con- 
testó con una improbación terminante. (Véase el número 6), Esto pasaba- 
antes de la sublevación de aquel General, cuyas ideas de monarquía habían 
.sabido cultivar muy bien en su espíritu unos cuantos venezolanos, según 
-el testimonio del señor Restrepo, que, por estar en el Gobierno en aquella 

(1) Continnactón de la rida de BolÍYar por.Eelipe Larrazábal, tom,.2.o Año del866« 



CAPÍTULO NOVENTA Y DOS. 1 1 5 



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época, sabia bien todas las cosas que pasaban en la revolución de Ve- 
nezuela. 

Había llegado ésta á su último punto, porque aun cuando Páez, al ser 
llamado por el Gobierno para responder de su conducta ante el Senado, 
había contestado que obedecería y había entregado el mando á Escalona, 
conforme á las órdenes del Gobierno, todo eso parece que fue una especie 
de farsa, porque el hecho es que, á poco, los interesados en la revolución, 
que eran los que siempre habían mirado mal la unión de Venezuela y 
Nueva Granada, se valieron de varios medios para alarmar la población 
de Valencia, haciéndola creer insegura, y hacer necesaria la autoridad de 
Páez. Hubo reunión del Cabildo; los agitadores promovieron una asonada 
por la noche del 30 de Abril, en que hubo dos muertes. La Municipalidad 
se reunió con un concurso numeroso de pueblo que aclamó al General 
Páez. Esta reunión turtiultaria lo trajo de su casa al Cabildo y allí se le 
encargó del Gobierno. A los pocos días otra reunión de la Municipalidad, 
yá de acuerdo con la de Caracas, inviste á Páez de una nueva y omnímoda 
autoridad, con el título de Jefe civil y militar de Venezuela, En el acta de 
esta Junta se acordaron varias medidas, una de ellas la de enviar una 
comisión cerca del Libertador, instándole por su pronto regreso á Colom- 
bia, para que, hecho cargo de las circunstancias, influyera acerca de la anti- 
cipación de las reformas constitucionales; y que se manifestase la resolu- 
ción en que estaban los pueblos de acelerar la reunión de la gran conven- 
ción que hiciera las reformas. La conducta de Valencia fue seguida por 
otras provincias de Venezuela; otras permanecieron fieles al Gobierno de 
Colombia, bajo la autoridad del General Bermúdez, que, con Arismendi y 
otros, se opuso á la rebelión. Páez nombró al Coronel Diego Ibarra y al 
Licenciado Diego Bautista Urbaneja para llevar al Libertador las comu- 
nicaciones acordadas por la Municipalidad de Valencia. 

* Estas últimas novedades, que pusieron el colmo al trastorno de la 
República, causaron mucha impresión en el Gobierno y en todos los habi- 
tantes de la capital. El Vicepresidente convocó una junta de personas 
caracterizadas para conferenciar con ellas, reunidas al Consejo de Estado, 
sobre las medidas que debieran adoptarse en tan peligrosa emergencia. 
En la Junta se acordaron varias cosas, entre ellas, que se improbara por 
un decreto la conducta de Páez y de las Municipalidades revolucionarias; 
que el Ejecutivo se declarase en uso de las facultades extraordinarias, con- 
forme al artículo 128 de la Constitución, y que publicase un manifiesto 

8 



lié HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

sobre la ilegalidad de los acontecimientos de Venezuela y la legalidad de 
los procedimientos del Gobierno. Este Consejo se tuvo en 9 de Junio, y 
el 10 despachó el Vicepresidente al Teniente Patricio Armero con pliegos 
para el Libertador, dándole aviso de los sucesos de Venezuela. Al concluir 
la relación de los hechos, decía: *' Lo expuesto basta para que V. E., como 
Presidente de esta República, como su Libertador, como el padre de la 
patria, como el soldado de la libertad y como el primer subdito déla Cons- 
titución, tome el partido que crea más conveniente á nuestra salud y á 
la causa de la América. Colombia ha nacido porque V. E. la concibió: 
se ha educado bajo la dirección de V. E. y debía robustecerse bajo el suave 
influjo de la Constitución y de V. E. mismo. Hoy está atacada en su 
infancia, con graves peligros de perecer, y V. E. es el único que puede sal- 
varla, etc." 

Antes de que el Libertador recibiera esta not2í del Vicepresidente, que 
tanto se retardó por causa del Oficial que la conducía, yá le había llegado 
la noticia de la insurrección de Páez y su acusación ante el Senado. Los 
negocios en el Perú se hallaban en agitación y las gentes divididas en 
partidos. El Libertador y los miembros del Consejo de Estado, con otras 
personas notables, deseaban que se adoptase la Constitución boliviana, 
otros la rechazaban, yá por odio á los colombianos, yá por intereses par- 
ticulares. Bastaba que el Presidente y Senadores fueran vitalicios para 
que se pronunciaran contra ella, no sólo en el Perú, sino en Colombia, 
todos los homVes aspirantes á esos altos destinos. Descubrióse hasta una 
revolución en Lima, tramada contra los colombianos y con el designio, 
según se dijo, de asesinar al Libertador. 

Este, luego que recibió las npticias de lo acontecido en Valencia y la 
admisión de la acusación de Páez por el Senado, comprendió todo el mal 
que se iba á seguir á la República de Colombia y ya no pensó más que en 
su regreso á ella. Intertanto se disponían las cosas para su marcha, envió 
aceleradamente á su edecán el Coronel OXeary con pliegos para Páez y 
para el Vicepresidente. 

Recibióse por este tiempo la noticia de haberse instalado el día 22 de 
Junio el Congreso de Panamá y del tratado celebrado por los Plenipoten- 
ciarios de las Repúblicas. Para proceder á la instalación y abrirse las sesio- 
nes, se echaron suertes con el fin de saber á cuál de las Repúblicas tocaba 
la Presidencia, y verificado el sorteo, tocó á Colombia. El 17 de Julio la 
Asamblea se puso en receso, habiendo determinado trasladarse á la villa de 



CAPÍTULO NOVENTA Y DOS. 1 1 7 



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Tacubaya, en Méjico. 

El 8 de Julio llegó á Bogotá el Coronel O'Leary y presentó los pliegos 
al Vicepresidente. El Libertador decía al General Páez que obedeciese al 
Congreso si no quería perderse; pero esto venía tarde: la revolución estaba 
consumada. Sin embargo, el Vicepresidente hizo marchar inmediatamente 
para Venezuela al Coronel O'Leary. Este trajo también la contestación del 
Libertador al oficio en que el Vicepresidente le había dado parte de su 
reelección. Decía así : 

"Señor: — Con sumo gozo he recibido el honroso pliego en queme 
comunicáis vuestra reelección. La sabiduría de Colombia ha colocado á 
su patria, por este acierto, fuera de las convulsiones internas. Al continua- 
ros en el mando de la nación ha querido que la llevéis por la senda de las 
leyes á obtener el cumplimiento de la felicidad y de la gloria que le han 
dado vuestra administración y los legisladores. Si los votos nacionales se 
han dignado llamarme de nuevo á la Presidencia del Estado, mi deber es 
someterme reverentemente á su soberanía ; mas también es mi obligación 
resistir á la voluntad nacional cuando ella infringe los preceptos de su 
propia conciencia y viola sus propias leyes. El pueblo colombiano ha orde- 
nado por medio de sus representantes que ningún ciudadano le sirva en la 
presidencia del Estado por más de ocho años. Yo he sido seis años 
Jefe supremo y ocho Presidente; mi reelección, por tanto, es una mani- 
fiesta ruptura de las leyes fundamentales. Por otra parte, señor, yo no 
quiero mandar más, y ha llegado el momento de decirlo con libertad y sin 
ofensa de nadie. Ni la patria, ni la ley, ni el bien mismo de Colombia me 
exigen lo contrario. He cumplido todos los encargos que me han impuesto 
mi deber y mi celo espontáneo ; he llevado al cabo todos piis compromi- 
sos, pues he llenado mi función de soldado, única que he profesado desde 
el día en que^istió la República; para esto me destinó la Providencia, y 
más allá sería desobedecer sus decretos. Yo no he nacido para magistrado, 
no sé ni puedo serlo. Aunque un soldado salve á su patria, rara vez es un 
buen magistrado. Acostumbrado á los rigores y á las pasiones crueles de 
la guerra, su administración participa de las asperezas y de la violencia de 
un oficio de muerte. Tan sólo vos sois una excepción de esta tremenda 
regla. Yo felicito á Colombia, porque al perder un magistrado, ya posee 
otro consumado en los negocios de Estado y veterano en la táctica de las 
leyes. 

"Aceptad, señor, la expresión sincera de mi respeto y profunda con- 



Il8 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 



sideración. — Bolívar." (i) 

Después del oficio que el Vicepresidente escribió al Libertador con 
fecha 9 de Junio, le escribió una carta con fecha 19 de Julio, en que 

le decía : 

" Respecto á la venida de usted, permítame que le diga mi opinión : 
usted no debe venir al Gobierno, porque este Gobierno, rodeado de tantas 
leyes, amarradas las manos y envuelto en mil dificultades, expondría á 
usted á muchos disgustos y le granjearía enemigos. Una vez que uno solo 
de ellos tuviera osadía para levantar la voz, toda su fuerza moral recibiría 
un golpe terrible, y sin esta fuerza ¡ adiós Colombia, orden y glorias ! 
Cuando hablo así, sólo tengo presente el bien público, y^ de ninguna ma- 
nera el mío. Yo estoy, como he dicho, loco, porque ya me faltan fuerzas 
para resistir tanto golpe y ojos para llorar los males de la patria ; por lo 
mismo bailaría de contento el día que usted tomara el Gobierno Su- 
puesto, pues, que no debe usted venir á desempeñar el Gobierno, éste 
debe autorizarlo para que siga á Venezuela con un ejército á arreglar todo 

aquello." 

El General Posada dice sobre esta carta que parecía haberse arre- 
pentido Santander de lo que antes había escrito al Libertador, á conse- 
cuencia de haber tenido noticia de que en Venezuela había Generales de 
Hombradía con quienes podía contar el Gobierno. Antes' había hecho car- 
go, con mucha razón, el mismo escritor al Vicepresidente, de haberse ma- 
nejado cobardemente y dejado tomar cuerpo á la insurrección de Páez, 
pudiendo, en uso de sus facultades, haberla sufocado al nacer, por medio 
de la fuerza. Quizá se habría conseguido, pues que era la primer^ ten- 
tativa que se hacía de sublevación en Colombia. Si los clérigos hubieran 
sido los del pronunciamiento de Valencia, no se les hubiera dejado pasar 
á mayores. Observa también sobre este documento el General Posada, que 
Santander dejaba conocer su deseo de continuar en el mando y reducir al 
Libertador á simple General de operaciones en Venezuela, bajo sus órde- 
nes; y observa, además, que manifestaba aversión al sistema actual. Sin 
duda que al General Santander le gustaba el mando; pero lo más probable 
parece haber sido que sus consejeros íntimos le hicieron dar ese paso, no 

/jx j)0 jjqni para adelante remitimos al lector á las Memorias del General Posada, 
si desea un pormenor detallado y exacto de los acontecimientos, en la parte política, 
hasta la disolución de Colombia, lo cual no podríamos hacer nosotros sin extendemos 
demasiado fuera del plan que nos hemos propueato. 



CAPÍTULO NOVENTA Y DOS, 1 1 9 

gustando de que el Libertador viniese á hacerse cargo del Gobierno. Sin 
duda á esas personas, que ya estaban demasiado prevenidas contra aquél, 
no les acomodó mucho la comunicación en que Santantler le llamaba con 
tanta instancia para que tomara á su cargo la dirección de los negocios 
políticos. 

Un encadenamiento de circunstancias vino poniendo las cosas de la 
República en malísimo estado, cada día de mal en peor. El Libertador 
ignoraba absolutamente el estado de la opinión pública en Colombia y de 
las divisiones y animosidades que se* habían suscitado; y enteramente pa- 
gado de su Constitución boliviana, en que él creía haber acertado en el 
modo de conciliar el sistema republicano con el orden, previniendo aque- 
llos inconvenientes que conducen los Estados democráticos á la anarquía, 
envió á Bogotá un ejemplar de ella y escribió al General Santander, 
manifestándole sus deseos de que se adoptasen para. Colombia algunas 
de sus disposiciones cuando llegase el tiempo de reformar la Constitución. 
Vino luego la Ojeada sobre la Constitución boliviana, escrita en Lima por 
Leocadio Guzmán: la Ojeada era una apología de aqull código y su recor 
mendación para Colombia. No fue menester más para que levantar^in el 
grito hasta las nubes los liberales; se atribuyó la Ojeada al mismo General 
Bolívar, y como con la misma recomenfiación había mandado la boliviana 
á Caracas, y la revolución de Páez lo que proclamaba era reformas, ya se 
llevó la temeridad hasta juzgar que el Libertador había mandado hacer 
la revolución de Venezuela. El Gobierno había nombrado Intendente de 
Guayaquil al Comandante Tomás C. de Mosquera; y el actual General Juan 
Paz del Castillo, con otros Jefes, trató de hacer un pronunciamiento 
oponiéndose al nombramiento de nuevo Intendente, quien al fin se pose- 
sionó del destino. Pero como el objeto principal de los que querían hacer 
el pronunciamiento no era éste, lograron reunir una Junta, que presidió el 
nuevo Intendente, é hicieron una acta el 6 de Julio, por la cual se autorizó 
al Libertador con facultades extraordinarias, á título de salvar el país de 
la anarquía. Al dar este paso, unos lo hacían nada más que por afecto 
al Libertador, en quien tenían tanta fe que creían no se haría de otro 
modo mejor la felicidad de la República que poniéndola en sus manos. 
Otros eran del partido monarquista y creían hallar la ocasión para poner 
al Libertador en el camino del trono, no obstante la improbación que siem- 
pre había dado á semejante idea y las repetidas manifestaciones contra 
la institución de menarquías en América, tales como las emitidas en el 



120 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

discurso con que acababa de presentar al Congreso de Bolivia la Consti- 
tución que para esta República se le había pedido; discurso hermosísimo 
que encantó á los liberales de arabos mundos y que tanto elogió el Vice- 
presidente Santander en la Gaceta de Colombia^ y que en La Miscelánea 
lo elevó hasta los cielos. 

La acta de Guayaquil se reprodujo en Quito y Cuenca, promoviéndola 
los Jefes militares y otros individuos de primera nota, entusiastas amigos 
del Libertador, pero no amigos miserables aduladores del poder, sino 
patriotas admiradores de sus glorias, y que de buena fe creían que era el 
único hombre capaz de hacer la felicidad de la patria. 

Llegan luego á Guayaquil Guzmán, el General Salom y el Coronel 
Demarquet,/^y fomentan las opiniones por la dictadura. Esta palabra era 
fatídica, aunque en otro tiempo hubiera servido para hacer bien ó remediar 
males en Cartagena, Antioquia y Cundinamarca. No era menester tanto 
para que los liberales de Bogotá, á cuyo frente estaban el doctor Vicente 
Azuercjy el doctor Francisco Soto, empezaran á escribir contra el Liber- 
tador, atribuyéndole los trastornos de Colombia por miras ambiciosas. 

El señor Restrepo, en esta parte de la Historia, dice que había razón 
en los pueblos del Sur para que se pronunciasen contra el orden estable- 
cido y tratasen de mejorar su suerte poniéndose en manos del Libertador, 
porque se les había colocado en un estado violento, dándoles instituciones 
y leyes contrarias á sus intereses, hábitos y costumbres, haciéndoles victi- 
mas de teorías impracticables contrarias á todos los hechos existentes. 
Hablando del motín de los soldados del Batallón Araure (compuesto en su 
mayor parte de los prisioneros del Callao) para saquear á Quito el día 22 
de Agosto, dice que esta tropa no había podido marchar á su destino por 
no haber un real en el tesoro para pagarla, á causa de haberse abolido las 
antiguas y cuantiosas rentas, para establecer otras que fuesen conformes 
con los principios de Economía Política de Juan B. Say. (Véase el n.® 6 bis). 

Después del arribo de Guzmán y Salom, se tuvo en Guayaquil una 
junta popular convocada por el Intendente Tomás Cipriano de Mosquera, 
en la cual se acordó, el día 28 de Agosto, la dictadura del Libertador por 
todo el tiempo que éste lo juzgase necesario, autorizándolo, además, para 
convocar la gran Convención que hiciese las reformas constitucionales 
cuando la República estuviese libre de peligros, ad virtiendo que intertanto 
(xuayaquil se pronunciaba por la Constitución boliviana. Quito siguió I05 
PÚsmos pasos de Guayaquil y luego las demás provinciaS^del Sur, 



\ 



CAPÍTULO NOVENTA Y DOS. 121 

El Intendente Mosquera dirigió la acta á todos los cabildos de Colom- 
bia en pliego cerrado y rotulado, pero sin oficio remisorio. ¿ Era ésta una 
excitación tácita para que se hiciese lo mismo en todas partes ? La prime- 
ra se había dirigido al Libertador por la Municipalidad de Guayaquil, y 
la contestación que á su nombre dio el Secretario general, José Gabriel 
Péi"ez, puso el colmo á las alarmas de los liberales que de buena fe temían 
ya la autoridad del Libertador, y á los que no eran de buena fe sino que 
buscaban pretextos para desconceptuarlo, los llenó de contento, porque ya 
tuvieron un buen argumento para persuadir que él era el instigador de' 
los pronunciamientos. Sin embargo, todo lo que decía el Secretario en 
contestación á la Municipalidad de Guayaquil, era que las razones que 
exponían los de Guayaquil para desear las reformas de la Constitución 
eran graves y podcosas ; las cuales serían consideradas por la represen- 
tación nacional ; y que el Libertador había consignado su profesión de fe 
política en la Constitución presentada á la República de Bolivia. 

I Oh, qué escándalo, no pensar como el doctor Azuero I La Gaceta de 
Colombia tronó ; y la Bandera Tricolor hizo zafarrancho de combate (i). 

Es preciso oír las explicaciones que sobre el descontento de los pue- 
blos da el señor Restrepo, porque con ellas va á justificar lo que hemos 
dicho sobre la mala conducta observada por los Congresos, por el Ejecu- 
tivo y sus parciales. Dice así : 

** Como estos acontecimientos parecen tan extraordinarios, daremos 
una explicación de sus causas. Antes se ha indicado el odio que los pue- 
blos del Sur tenían á las leyes colombianas. Oponíanse éstas á sus antiguas 
habitudes, usos, costumbres, preocupaciones (religión) y en lo general, 
eran inadaptables al país y á los pueblos que debían regir. Anunciar un 
nuevo Congreso en Colombia era lo mismo que predecir un terremoto ó 
un huracán que nada dejaba en su lugar (2). Componíanse entonces nues- 



(1) En el número 17 de este periódico, que se 'halla en la Biblioteca Nacional, co- 
lección de Pineda, 1.* serie, volumen i.*», se publicó con notas, bajo el epígrafe de seevi- 
LISMO, el oficio con que el Intendente Tomás C. de Mosquera dirigió la acta de Guayaquil 
al Comandante General del Cauca. La Bé>ndera Tricolor, redactada por los mismos que 
Za Miscelánea, se sostituyó 6, ésta. Entre los redactores se contaban : Juan de Dios 
Aranzazu, Alejandro Yélez, el Teniente Coronel Pedro Acevedo, Luis .Vargas Tejada 
y otros. 

(2) Esto no era sólo en los pueblos del Sur, sino en todos y en la misma capital dé 
la Bepública. Hubo un afio en que amanecieron carteles en las puertas de las iglesias pi- 



122 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

tros Congresos, y por desgracia ha sucedido lo mismo después, aun con 
mayor exceso, de abogados y jóvenes cuyas cabezas estaban llenas de las 
teorías de los franceses y de los norteamericanos. Querían plantear sin más 
examen, y aclimatar entre los pueblos de Colombia, las doctrinas de Rou- 
sseau, Voltaire, Destutt de Tracy, Constant, Say, Bentham, Fritot " 

Descansemos aquí para decir que no hemos dicho más nosotros : que no 
dijo más el doctor Margallo, porque no necesitaba más que nombrar estos 
autores de nuestra legislación para poder decir que el Congr^eso era impío 
y que se trataba de destruir la religión. Si así hubiera predicado el doctor 
Margallo, no se le habría podido acusar de godismo ni de fanático por el 
mismo que ahora nos dice que el espíritu de nuestra legislación era tomado 
de todos estos impíos, ateístas, materialistas y sensualistas. 

Sólo dos cosas ha olvidado el señor Restrepo: las memorias de los Se* 
cretarios de Estado y la Gaceta ministerial, en que se proponían, sostenían 
y autorizaban todas estas diabluras de los abogados y jóvenes de cabezas 
llenas de teorías. Recordamos que en la Memoria del señor Restrepo, 
Secretario del Interior, se decía sobre Instrucción Pública al Congreso de 
este mismo año: " Sobre la materia repito cuanto dije en mi última expo- 
sición al Congreso, y especialmente que en estudios es preciso hacer una 
revolución tan completa como la que han sufrido nuestras instituciones 
políticas. Es doloroso tener que olvidar la mayor parte de lo que aprendi- 
mos en la educación colonial de los españoles y estudiar de nuevo ; pero 
es necesario, para colocarnos á la par de la ilustración del siglo y para ob- 
tener el lugar á que aspiramos entre las naciones verdaderamente civili- 
zadas.'' I Pues no habían de hacer diabluras esos mozos de las cabezas 
calientes, cuando los hombres de seso los aguijoneaban asi ? 

Pero el señor Restrepo formaba otro juicio del Congreso de 1824, que 
fue uno de los más dañinos en el sentido de que habla ; decía así : " El 
Congreso trabajó con asiduidad, constancia y patriotismo. En la Cámara 
de Representantes hubo algunas disputas acaloradas, porque se formaron 
dos partidos llamados la Montaña y el Valle. El primero propendía á 
oponerse al Gobierno existente y en lo general sus opiniones no eran 
liberales ; en el segundo estaban los diputados más distinguidos por la 



díendo bo rogase & Dios por la calamidad piiblica qae liabía de reñir el 2 de Enero, qne 
era el de la reunión del Congreea 



CAPÍTULO NOVENTA Y DOS. 123 

liberalidad de principios, los que apoyaban las medidas y proyectos del 
Gobierno colombiano " (i ). 

Continúa el señor Restrepo : "La consecuencia fue que /or doquiera 
se suscitó el más profundo descontento, elevándose un clamor general con- 
tra las leyes colombianas, que disgustaban á las clases influyentes de la 
sociedad. El clero y el ejército, que eran los más poderosos, las rechaza- 
ban diciendo que abogados inexpertos (2) se habían apoderado del Go- 
bierno en todos sus ramos: tampoco las amaban los agricultores y comer- 
ciantes, porque chocaban con sus intereses de mil maneras diferentes." 

Es decir que legislación peor, ni más aborrecida, no podía darse; 
porque perjudicaba los mtereses de la agricultura y del comercio, las dos 
fuentes de la riqueza pública ; chocaba con la religión; descontentaba á los 
militares. De esto resulta que sólo los empleados estaban contentos con 
ella. Pero aquí también se olvidó hacer cuenta de otra clase descontenta ; 
los padres de familia, que deseaban la instrucción de sus hijos y á quienes 
perjudicó enormemente el Gobierno coa la designación de textos anti- 
católicos y materialistas' para los colegios, lo que retrajo de los estudios á 
muchos jóvenes, privando á sus padres del bien y utilidad de ver á sus hijos 
en la carrera de las letras. 

Ha venido, pues, el señor Restrepo á coincidir con nosotros ; y el lec- 
tor debe acabar de persuadirse de dos cosas que antes hemos dejado sen- 
tadas : primera, que tanto á los predicadores como á los demás católicos 
les sobraba razói\ para decir que se trataba de acabar con la religión, pues 
acabamos de oír de boca del señor Restrepo de qué autores era que se to- 
maban las doctrinas para convertirlas en leyes : Rousseau, Voltaire, Ben- 

tham, Tracy ^ para qué es más ? Segunda, que no había tal fanatismo 

en el clero ni en el pueblo, porque si lo hubiera habido, teniendo el Gobier- 
no en su contra todas las clases influyentes y poderosas, seguramente muy 
pronto habría venido á tierra. Estas son cosas demasiado claras para no com- 
prenderlas. ¿Y no podremos repetir ahora lo que en otra parte dijimos al 
señor Restrepo sobre los que se habían quedado atrás de su siglo porque 
se oponían á todos esos desbarros y locuras, que alcanzaban á ver más lejos 
que los que estaban adelante ? 



(1) Estos eran los abogados 7 jóvenes cojas cabezas estaban llenas de las teorías de 
los franceses, norteamericanos etc. eto. Páginas 412 y 534, tomo 8,^ de la Historia de 
Colombia. 

(2) Lo mismo qne ha dicho antes el señor Bestcepo» 



124 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

El señor Restrepo sigue diciendo : ^' En tales circunstancias, creemos 
que si Bolívar se hubier^ presentado con un carácter político, bien firme y 
decidido, hubiera sido capaz de variar nuestra forma de gobierno á con- 
tentamiento de muchos; empero, obró á medias; avanzando unas veces y 
retrocediendo otras: esta conducta versátil lo perdió finalmente en la opi- 
nión pública y nada estable dejó en pos de sí.'' 

No creemos en la versatilidad que se atribuye al Libertador. El pro- 
puso lo que le pareció convenir, y un clamor general se levantó en las 
bandas llamadas liberales, acusándole de tirano ambicioso. Entonces retro- 
cedió, es decir, cedió á las circunstancias. Si se hubiera presentado con ese 
carácter político firme y decidido que quería el señor Restrepo ¡ oh \ qué 
escándalo ! Si el proponer un proyecto de Constitución, nada más, fue su- 
ficiente para que se le calificara tan indignamente, ¿ qué habría sido al que- 
rer imponer por la fuerza sus ideas de reforma ? PirJo haberlo h^cho y á 
contentamiento de muchos, y nos habría hecho un gran bien, porque ¿qué 
le faltaba? ¿Talento político? Nó. ¿Prestigio? Nó. ¿Fuerza militar? 
Nó. ¿ Opinión en los pueblos ? Tampoco. ¿ El Gobierno existente y la legis- 
lación de entonces tenían crédito ? ¿ tenían de su parte la fuerza moral que 
da la opinión de los pueblos ? Tampoco, porque en los cuatro años de legis- 
laturas no se había hecho más que contrariar la opinión pública y exasperar 
á los pueblos con teorías inadecuadas y ruinosas para el país, contrarias á 
sus creencias y costumbres, cosas que confiesa paladinamente el señor Res- 
trepo. El Libertador contaba con todos los medios y reeursos para haber 
impuesto las reformas que hubiera querido, en las circunstancias que domi- 
naban al país á su regreso del Perú ; pero no quiso, por evitar los tiros de 
la maledicencia. Es verdad que no le valió. su moderación, que ojalá no la 
hubiera tenido ; pero es á ella ala que con justicia y razón se debe atribuir 
el haber desistido délas ideas que manifestaba á su regreso del Perú. Estos 
temores en el orden moral, y no en el de un círculo oposicionista, dema- 
gogo, físicamente impotente, fueron la causa de las vacilaciones de aquel 
hombre político, pero demasiado susceptible á la injuria, para que nada 
estable pudiera dejar en pos de sí ; y bien lo significó cuando poco antes 
de morir dijo que trabajar en América era arar en .el mar. 

Venía el Libertador de Lima, sabiendo el estado de anarquía en que 
estaba la República ; pero mal informado de sus pormenores é ignorando 
muchos. No veía más que la República incendiada por el Congreso, con 
la tea de la acusación de Páez. Desde que puso el pie en Colombia, el la 



CAPÍTULO NOVENTA Y DOS. 125 

de Septiembre, ea que arribó á Guayaquil, no oyó más que quejas contra 
el Gobierno y contra las leyes que se habían estado expidiendo por los 
Congresos : se le hablaba con':rael empréstito, sobre lo cual se acriminaba 
al Vicepresidente y sus agentes ; el clero le manifestaba el estado de alarma 
en que se hallaba por las leyes anticatólicas ; los padres de familia se que- 
jaban de las disposiciones sobre estudios corruptores de las ideas y de 
la moral de sus hijos ; los militares del desafuero, cuestión que le ase- 
guraba la adhesión del ejército contra las instituciones actuales ; los 
agricultores, los comerciantes, todos se quejaban contra las nuevas leyes, y 
con razón, dice el mismo que en ese tiempo era Secretario del Interior. 
Por otra parte, oía murmuraciones acerca de la Constitución boliviana y 
del poder vitalicio, que se miraba con horror por muchos republicanos de 
buena fe, aun amigos suyos, impresionados con las declaraciones de hom- 
bres interesados, que se propusieron explotar esta mina para arruinar su 
reputación entre los colombianos. Veía los papeles públicos de la capital, 
que ya empezaban á dirigirle invectivas amargas, afectando reconocer su 
desinterés y patriotismo y su fidelidad hacia la Constitución inviolable por 
diez aiios^ frase que se le repetía en estilo sarcástico, para dar á entender 
que se estaba en la persuasión de que venía á echarla abajo para perpe- 
tuarse en el mando ; y esto cuando estaba cansado de renunciar la Presi- 
dencia de Colombia y cuando acabada de dar tantas pruebas de desinterés 
en el Perú ; cuando venía de dar libertad á dos Repúblicas á costa de mil 

penalidades y trabajos Era necesario que no hubiera sido hombre, 

sino ángel, para que todo ese cúmulo de cosas, y el considerar perdidos sus 
trabajos en Colombia para verla próspera y feliz después de todos ellos, 
no hubieran conmovido su ánimo ; y más cuando se le había persuadido 
de que la causa de todo el mal era la acusación de Páez, admitida en el Se- 
nado por influjo del Vicepresidente, lo que creyó fácilmente, habiendo 
sabido que el doctor Soto, que era el oráculo del General Santarider, 
había sido de los más interesados por su admisión en el Senado. . 

Impresionado de este modo, y hablándole tantas personas en el trán- 
sito sobre el mal estado del país, unos de buena fe, por ver si con eso con- 
tribuían á su remedio, y otros por adulación, lo cierto fue que previnieron 
su ánimo de tal manera contra la administración del Vicepresidente, que 
dejándose llevar ligeramente de tales prevenciones, se produjo en varias 
ocasiones de una manera acre contra éste ; y como el Vicepresidente tam- 
bién tenía aduladores, éstos no perdieron la ocasión de informarle sobre lo 



126 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

que decía el Libertador ; y hé aquf ya el primer germen de enemistad 
entre estos dos personajes, para que nada se pudiera hacer con fruto en fa- 
vor del orden público. 

A las actas del Sur se siguieron otras ; tales fueron las de Panamá, 
Cartagena y Maracaibo, todas consignando la suerte de los pueblos á cuyo 
nombre hablaban, en manos del Libertador, como que era el único que 
podía reorganizar la República, protestando, entre tanto, mantenerse en el 
orden constitucional. 

Páez recibió ^las cartas del Libertador conducidas por el Coronel 
O'Leary ; pero nada se adelantó con esto, pues no convino en obedecer 
al Gobierno, temiendo lo que decía el doctor Peña, que si venía á Bogotá, 
Santander lo haría fusilar como á Infante, i Quién había de pensar que 
la injusticia cometida con este hombre se había de pagar tan caro 1 Es de 
creer que el General Páez, sin el influjo de un hombre tal como el doctor 
Peña, se habría sometido al juicio del Senado, como se sometió Córdoba, 
General de tanto mérito, al juicio que se le abrió en la capital por atribuirle 
la muerte de un hombre. Córdoba, cargado de laureles y de honores en el 
Cuzco, apenas supo, por un papel público de Bogotá, que se le atribuía 
aquel delito, escribió desde Cochabamba á un amigo suyo de esta capital: 

'* Hoy mismo pido al Libertador, que está en Lima, me permita pasar 
á Colombia á sujetarme al juicio de un Consejo de guerra. Esta será 
tal vez la más grande satisfacción de mi vida, por Jo que respecta á mi 
delicadeza, á mi honor y á mi franca conduela militar ; además, recibo 
inmensa satisfacción al ver que en mi país hay libertad, que los trabajos 
del ejército no han sido inútiles, que se juzga por la ley sin consideración 
á servicios, destinos, etc. 



CAPÍTULO NOVENTA Y TRES. 12? 




CAPITULO XCllI. 

El Ejecutivo expide el plan de estadios en virtad del acto legislativo de 18 de 'Maye 
Concepto del señor' Bestrepo sobre el plan de estadios— Dificultades en que se 
halla el historiador que ha tenido parte eu los hechos que refiere — Crítica sobre 
el concepto del historiador respecto al plan de estudios — El plan de estudios per- 
judicó á la instrucción de la juventud — Oposición del público al plan de estudios- 
Despotismo ministerial en esta parte — Muchos son los llamados 7 pocos los ^«¿»>^¿- 
dos — Razones de la oposición al plan de estudios— El historiador de Colombia justi- 
tífica nuestras apreciaciones — El acto legislativo de 18 de l)fajo era capcioso — 
Examen sobre este punto— Algunos capítulos del plan de estudios^— El primer día de 
aula de un benthamista — Primeros certámenes del utilitarismo— Gran satisfacción 
del doctor Azuero — La resunta. 

UY detalladamente refiere el señor Restrepo los trastornos acae- 
cidos en Venezuela después de haberse complicado sobrema- 
nera la situación con las actas de dictadura por una parte, y de 
federación, por otra ; con los pronunciamientos y sublevaciones 
de cuerpos militares, yá en favor de Bermúdez, yá en favor de Páez, yá en 
favor de Olivares, yá otros en contra de todos éstos. Tal estado de cosas tenía 
al Gobierno en una situación dificilísima ; pero en medio de tantas agitacio- 
nes y dificultades, dice el señor Restrepo que el Poder Ejecutivo, á cargo del 
General Santander, no perdía de vista el adelanto de todas las reformas que 
contribuyeran á mejorar el estado social y á cultivar la inteligencia de los 
pueblos. •* En virtud, dice, 3e la autorización que le había conferido el últi- 
mo Congreso por el acto legislativo de 18 de Marzo de este año, para dar el 
plan general de estudios que prescribía la ley orgánica de la enseñanza 
pública, de la misma fecha, expidió en 3 de Octubre el decreto correspon- 
diente. Este había sido preparado por una comisión de hombres escogidos^ 
á quienes presidiera el Secretario del Interior : contenía el arreglo de las 
escuelas de primeras letras; de las casas de educación donde los niños de* 
bían recibir la enseñanza secundaria ; de los colegios provinciales y de las 
universidades de Colombia, reorganizándolas bajo un plan nuevo, uniforme 
y nacional. Tal arreglo de la educación pública la mejoró y extendió en 
toda la República. 

'* Es cierto que el nuevo plan resultó con grandes defectos, uno de 
ellos el haber designado los autores y libros que debían servir para la 



128 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

enseñanza ; designación que en gran parte impedía que se siguieran en 
la instrucción de la juventud los continuos progresos que hacen las cien^ 
cias y las artes. Mas se podían variar aquellas disposiciones y mejorarse 
también el plan entero. Hubo mucha oposición para su establecimiento, 
porque atacaba los hábitos y costumbres antiguos; empero, el Gobierno 
supo superarlos al fín, obrando con prudencia, firmeza y constancia, hasta 
que logró establecerlo enteramente^ y que siguiese por algunos años con 
provecho de la educación general de los colombianos,^* 

I Qué trabajosos se ven los hombres que han sido miembros del Go- 
bierno cuando acometen la empresa de historiadores i El señor Restrepo, 
Secretario del Interior, que presidió á los escogidos que hicieron el plan 
y que lo autorizó con su firma y que como historiador confiesa lo malo de 
él, al mismo tiempo que no quiere dejar mal puesto al Gobierno de que 
hacía parte, se ve en gran dificultad para atravesar este mal paso del ca- 
mino. Esto lo nota cualquiera á la simple lectura del trozo que antecede. 
Todos los hombres hemos tenido nuestra época de *;rrores ; después nos 
d-esengañamos : vemos más claro, y si llega el caso de tener que formar jui- 
cio sobre lo pasado, lo mejor es empezar por decir que erramos. De este 
modo se marcha derecho y con paso firme. * 

El historiador de Colombia se ve embarazado en esta parte, y ¿ por 
qué ? Porque el mal gravísimo, el mal de los males hecho á este país y que 
en nuestro concepto forma el cargo más grave contra la administración del 
General Santander, ha sido el de sistematizar por medio de los estudios 
universitarios la propagación del materialismo y del ateísmo en la Repú- 
blica, obligando á beber estas pestilentes doctrinas en la fuentes de Tracy 
y Bentham á todo colombiano que quisiera recibir alguna instrucción, j Qué 
conflicto para los padres de familia I " Empero, el Gobierno pudo supe- 
rarlos al fin, dice el señor Secretario, obrando con prudencia, firmeza y 
constancia, hasta que logró establecerlo enteramente." Es decir, contra- 
riando, violentando la opinión pública, que se oponía á su establecimiento. 

Pero volvamos la hoja y vea el lector lo que dejamos copiado del señor 
Restrepo, tomado del mismo tercer tomo de su historia. ¿ A qué atribuye 
allí los males de la República ? 

'' A las teorías inadecuadas para nuestros pueblos, y á las malas doc- 



(1) Pronto vereinos al señor Restrepo marchar así j oponerse decididamente á las 
disposiciones perversas de ese plan de estadios. 



CAPÍTULO NOVENTA Y TRES. 1 29 

trinas de Bentham, de Destutt de Tracy etc." Y ahora nos dice, sin em- 
bargo, que el Gobierno supo superar las dificultades que al plan corruptor 
oponía la opinión pública y que con firmeza y constancia logró establecerlo 
enteramente con provecho de la educación general de los colombianos. 

Pero confiesa que el plan de estudios tenía grandes defectos, uno de 
ellos la designación de autores, "designación que en gran parte impedía 
que se siguieran en la instrucción de la juventud los continuos progresos 
en las ciencias y las artes." 

Aquí hay una notable contradicción de ideas, porque lo que en gran 
parte impide el progreso de las ciencias y las artes en una nación, no puede 
SQT provechoso á la educación general de los ciudadanos; á no ser que este 
provecho se entienda en la parte moral, mas no creemos que el señor Res- 
trepo lo entendiese así, tratándose de las enseñanzas epicúreas y materia- 
listas, 

Y entonces, ¿ cómo era, ó en qué sentido el plan de estudios impidió 
en gran parte los progresos de las ciencias y las artes ? El señor Restrepo 
no lo explica.... i Plan de estudios^ plan de enseñanza^ que impide los pro- 
gresos de las ciencias y las artes en gran parte ! ¿ Quién ha visto esto ? 
Entonces ¿para qué son los estudios? ¿para corromper? 

Nosotros vamos á decir lo que el historiador de Coloftibia no dice en 
este lugíar, pero que sí lo ha dado bien á entender en otro. 

El impedimento que se puso al adelanto de la ilustración consistió en 
la designación de autores para el e^studio de filosofía y legislación. Malos 
textos hubo en otros ramos, pero ningunos tan perjudiciales como éstos, 
que socavaban los fundamentos de toda moral, reduciendo el alma y la 
razón, divina inspiración de Dios, al mecanismo orgánico; negando el dere- 
cho natural y la conciencia, y de consiguiente la creencia en Dios, en la 

« 

vida futura, y en fin, en todo orden espiritualista. 

Por evitar un mal tan grande á sus hijos y á la sociedad en que vivíauj 
fue que muchos padres de familia, entendidos, prefirieron dejar á sus hijos' 
en la ignorancia de las letras, antes que pervertirlos de semejante modo, é 
hicieron bien. Estos prefirieron una sana ignorancia á la sabiduría perver- 
sa, teniendo presentes las palabras de Jesucristo: " De qué sirve al hombre 
ganar todo el mundo si pierde su alma ?" Pero ¿ qué sabiduría era la que 
sacaban de esos colegios en el orden filosófico, en el orden político ? Los 
resultados lo iban diciendo: no se vio un matemático, un físico, no se obtu- 
vo sino charlatanismo científico y demagogia política, todo acompañado de 



I 30 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

un orgullo insensato y de una imitación ridicula y pueril de cuanto se hacía 
en Francia y en los Estados norteamericanos.... Esto sf lo ha dicho el 
señor Restrepo. 

Empero, después de estos tristes descubrimientos del tiempo, el señor 
Restrepo no ha podido decir que tales enseñanzas rigieran con provecho de 
la educación de los colombianos, y menos habiéndolo reconocido antes, 
cuando ha dicho que habían sido harto perjudiciales á la moralidad de los 
jóvenes, resultados funestos que descubrieron el tiempo y la experiencia* 

"Mas, se podían variar aquellas disposiciones," agrega el mismo. 

Sí, se pudieron variar y se debieron variar, aun cuando los textos fue- 
ran excelentes, estando en contradicción con la opinión pública, y en 
Colombia, que era una República, debía valer más el clamor de los pueblos 
que el voto de esa Junta de hombres escogidos por el Poder Ejecutivo para 
imponer su voluntad á la Nación que, como cristiana y católica, no podía 
aceptar de ninguna manera enseñanzas destructoras de su creencia, que 
según lo declarado por la Ley de 17 de Septiembre, esta creencia era el más 
precioso de sus derechos, debiéndose conservar en toda su pureza. 

"Hubo mucha oposición para su establecimiento." 

Sí, y con sobrada razón, por los " resultados funestos que producía en 
la moralidad de los jóvenes.'' Esto se había experimentado yá hacía dos 
años; y un año desde que el Ejecutivo dio su Decreto de 8 de Noviembre, 
mandando enseñar el sensualismo de Bentham; y desde esa fecha hasta el 
3 de Octubre, en que los escogidos remacharon el clavo con su plan de estu- 
dios, no solamente había habido reclamaciones, predicaciones y papeles 
contra las dichas enseñanzas, sino hasta pleitos de los hombres escogidos 
contra los predicadores que clamaban contra ella; tal fue la queja que puso 
el doctor Vicente Azuero contra el doctor Margallo, y sin embargo, el Eje- 
cutivo hizo prevalecer el voto de sus escogidos contra el voto de los pueblos 
verificándose en Colombia^lo del Evangelio, que dice: muchos son los llama- 
dos y pocos los escogidos^ porque en la República los llamados á dar la Ley 
son los pueblos, y aquí la daban contra el voto del pueblo los escogidos^ de 
cuyo número eran los antiguos redactores de El Correo. 

¿ Y por qué era la mucha oposición al establecimiento del plan de 
estudios ? 

Esto sí lo dice el señor Restrepo. '* Porque atacaba los hábitos y cos- 
tumbres antiguos.'' 



CAPÍTULO NOVENTA Y TRES. t^i 

¿ Y cómo eran atacados, y en qué sentido, esos bábitos y costumbres 
antiguas por el plan de estudios ? 

Porque Benthanl y Tracy enseñaban el materialismo y destrufan los 
fundamentos de la religión cristiana, apostólica, romana, cuya profesión* 
según la Ley de la República antes citada, constituía uno de los más precio- 
sos derechos de losf colombianos, y contra cuya Ley obró directamente el 
Gobierno al designar esos textos. Luego esos hábitos y costumbres de que 
se habla serían la creencia en Dios ; en que tenemos alma y en que hay 
premios y castigos en la otra vida; mas no creemos que esto pensara el 
señor Restrepo (i). 

Véase, pues, demostrado, con muy sencilla lógica, que el tal plan de 
estudies del Ejecutivo y sus escogidos fue ilegal en la parte de asignación 
de textos. Además, que impidió en gran parte la difusión de las luces, 
retrayendo de los Colegios multitud de jóvenes ; y analmente, que fue per- 
judicial á la moralidad de los que concurrieron á los Colegios y cuyos 
.resultados descubrieron d tiempo y la experiencia, según el testimonio del 
«nismo señor Restrepo. 

Oh I cómo nos ha despejado di horizonte el historiador de Colombia ! 
Ahora conocerá perfectamente el lector cuáata razón hemos tenido en la 
lucha que con el mismo escritor hemos venido sosteniendo para defender 
estas verdades: i.* Se ha trabajado contra la religión en Colombia por los 

altos poderes; 2.^ Se ha exasperado á los pueblos con leyes opuestas á sus 

«I 

creencias, y esro ha despopularizado al Gobierno; 3.* Los católicos, y princi- 
palmente los Ministros de la palabra^ han tenido razón para damar contra 
los ataques dados á la religión ; 4.^ Que se les ha calumniado cuando esos 
clamores se han atribuido á fanatismo y godismo ; y 5.* Finalmente, que 
no ha habido en Colombia tal fanatismo, porque si lo hubiera habido, ni el 
•Congreso ni el Gobierno habrían podido sobreponerse impunemente á la 
opinión pública, al mismo tiempo que «e enseñaba el principio de la sobe* 
Tañía del pueblo al pueblo católico y eminentemente católico, armado con 
'una Ley que le daba derecho á opo/ierse á los ataques dados sobre " uno 
de los más preciosos derechos que corresponden á los ciudadanos '* (2). 

Y no solamente €e atacaba* la religión católica, apostólica, roma-* 
na con las enseñanzas materialistas, sino toda creencia religiosa, por- 

(1) En el«igaiente t&» se verá una ligera exposióiSn que justifica la 0]^ici$n que 
se ihizo al estudio de la legislación de Bentham. 

(2) Ley citada de 17 de Septáembre de 1821. ^ 



132 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

que toda creencia religiosa se funda sobre el principio espiritualista. Tales 
doctrinas, enseñadas en los Colegios, socavaban los cimientos del orden 
social; agregándose á todo esto la solemne iniquidad je envenenar las fuen- 
tes del saber, para obligar á todo el que quisiese hacer carrera con las letras 
ó saber algo, á beber en esas fuentes envenenadas ; obligación impuesta has- 
ta á los que emprendían la carrera eclesiástica, porque «ésta no se podía 
hacer fuera de la Universidad, y nadie podía matricularse en las clases de 
la Universidad sin presentar certificado de haber estudiado en la clase de 
filosofía el materialismo de Destutt de Tracy. 

Todo esto se dispuso en el plan de estudios con mucho arte y maña, 
empezando por encargar la formación del plan general de enseñanza públi- 
ca al Ejecutivo, recomendándole que en el momento que estuviera concluí- 
do lo pusiese eo ejecución sin necesidad de someterlo á la aprobación del 
Congreso, como era regular en materia del mayor interés público. Explica- 
remos las chicanas de que el Congreso usó en este negocio para burlarse de 
la opinión pública y poder lanzar en medio de la sociedad el plan corrup* 
tor de la juventud y por consiguiente de las futuras generaciones, sin dar 
lugar á oposición. 

Empezaremos por el considerando del Decreto del Congreso que dio 
esa facultad al Poder Ejecutivo. 

** Considerando la dificultad de acordar al presente, por falta de datos 
necesarios, el plan para el establecimiento de Escuelas, Universidades y 
arreglo general de la enseñanza que debe acompañar al Decreto sobre la^ 
organización «y arreglo de la Instrucción Pública yá acordado; y conside- 
rando también que es indispensable que haya entre tanto reglas que dirijan 
provisionalmente estos establecimientos, decretan,*' etc. 

Para comprender el guirigay de este considerando no hay' más que 
decir esto. Estaba definitivamente decidido entre los escogidos que las nue* 
vas generaciones colombianas se formasen según la moral del utilitarismo 
y la filosofía materialista. Para conseguirlo no había cosa mejor que las 
doctrinas de Tracy y Bentham; pero la designación de estos autores debía 
hacerse en secreto, de modo que el publico no lo entendiera. No podía, 
pues, el plan de estudios sujetarse á disQ^sión pública en el Congreso, por- 
que era exponer el éxito de la empfesa, aunque se contara con mayoría en 
las Cámaras; porque haciéndose la materia del dominio público, sufriría 
una contradicción muy seria por todos los órganos de la palabra. Esto fue 
lo que se quiso evitar, y la razón de por qué se mandó al Ejecutivo que tail 



CAPÍTULO NOVENTA Y TRES. 133 

luégó como tuviera concluido el plan lo pusiese en práctica sin necesidad 
de someterlo al Congreso. Hé aquí el verdadero considerando del Decreto 
de i8 de Marzo de 1826. 

¿ Y no era una disculpa baladí decir que por falta de datos no acorda- 
ba el Congreso el plan ? ¿Y el Ejecutivo tenía los datos en^ su bolsillo ? 
¿ No tenía también que buscarlos en los libros de la materia y recogerlos 
de las Provincias ? <i Y mientras tanto no se pasaba el año y venía la otra 
Legislatura ? Y tan se pasó, que el plan hecho por el F^oder Ejecutivo no 
se concluyó sino dos meses aptes del en que se reunía el Congreso. ¿ Por 
qué, pues, no pidió al Ejecutivo los datos para formar el plan de estudios 
en el siguiente año, ó por lo menos (y era lo más natural) que encargando 
al Ejecutivo la formación del plan, hubiera mandado lo presentase al pró- 
ximo Congreso para su aprobación ó reforma? Sin duda que si alguna cosa 
debió haberse hecho por el Congreso, era el plan de enseñanza pública, por- 
que en discusión con todos los Diputados de las Provincias ¿ cuántas más 
luces y mejores datos se podían haber obtenido para su formación oyéndo- 
los á ellos, debiéndose tratar del establecimiento de Escuelas, Casas de edu- 
cación j^ Colegios en sus Provincias? ¿Qué prisa corría para festinar así 
un negocio interesante, cuando el retardo, sometiéndolo al Congreso, á lo 
más habría sido de seis meses ? 

Pero también consideraba el Congreso que era indispensable que " en-- 
iré tanto hubiera reglas que dirigieran provisionalmente los estableci- 
mientos." 

¿ Y qué significaba ese adverbio entre tanto f ¿Entre tanto qué ? ¿ Sería 
entre tanto que el Congreso acordara otro plan ? El entre tanto era que 
en todo ese año debía venir del Perú el Libertador á ejercer el Poder Efe-* 
cutivo, y entonces era muy probable que el plan de estudios no saliera 
conforme se deseaba y se tenía dispuesto por el doctor Azuero. 

* También servía esa frase para entretener á los simples, en caso de que 
el plan causase alarma al publicarse, pues entonces se les podía decir que 
era provisionalmente que áe designaban los textos. 

Mas el considerando decía que era preciso (\^t provisionalmente hubie- 
ra una regla por donde se gobernasen los establecimientos de educación. 

Pero los establecimientos tenían regías provisionales dictadas por el 
Poder Ejecutivo, y con ellas podían seguir por algunos meses más hasta la 
reunión del Congreso.- Era que el tiempo urgía y la cuestión no se podía 
discutir en público. El negocio estaba en que nadie viera el toro hasta que 



í 



f 34 HISTORIA DE KUEVA GRANADA 

<el Ejecutivo lo eckara i la plaza; que estando fuera yá, no era taa fácil 
^encerrarlo. ¿ Quién no ve en todo esto un fondo de mala fe ? 

Debemos poner en conocimiento del lector ciertos ar^iculos del plan 
(de estttdiosi y hacer sobre ellos algunas reflexiones. 

CAPITULO VIL 

DE LOS QBABOS. 

Axtículo 50. La IJanrersidad, por medie del Héctor, confiere diferentes gra- 
•dos académicos ó condecoraciones á los que habieade ganado los cursos necesa- 
rios dan una prueba pública y cierta de la instrucción y aptitudes qne pide cada 
igrado. Ellos habilitan para diferentes efectos civiles y ecleaiásticee, y en lo 
venidero no habrá otros grados que los de Bachiller, Iiiceneiado y Doctor ea 
Jurísprudenoia, en Medicina y TeolQgia^^ etc. (1) 

OAPITULO XXX. 

DISTRIBUCIÓN «DE LOS CURSOS <ÍUE SE HAN BE GANAR Y ANOS QUE 8S HAN DE ESTU- 
DIAR PARA OBTENER CIADOS. 

Artículo 196. Llámase curso el cámalo de lecciones dadas dentro de uu 
•aSo escolar por un Catedrático. 

Artículo 197. En la dase de filosofía ó ciencias naturales deberán ganars e 
ios cursos siguientes: en el primer año, un curso de ideología é metafísica , gra- 
tmática general y Ipgioa...*^' etc. 

CAFÍTüLO XXIV, 



• • • 



CLASE DE PILOSOFIA 



Artículo 157. Ideología 6 metafüica, gramática generad y lógica, ün Cate- 
'drático enseñará estos ramoa^ qne comprenden bajo de sí lo que hay de útil e% 



(1) El grado de Doctor en Cánones, necesario en la jerarquía eclesiástica, qaedó 
suprimido. Por el Concilio de liento y por la erección de la Catedral se requería «$te 
'Sprado para el Aroedianato, para la Canongía doctoral y para desempeñar las funciones de 
Vicario Capitidar. Cesaron los grados pn la Universidad pontificia por el Decreto de 18 
de Marzo, de lo que se originaron cuestiones oon el Bector. Cuando los dominicanos 
supieron que la Universidad iba á terminar, se apresuraron en los tUiÁmos días á graduar 
;& enantes se presentaban, de lo que resultó «n flus de doctores tan considerable en pocos 
días, que parecía haber aplicado los Padres el vapor á la Universidad éomística, y por le 
«cual la gente de buen humor los llamaba doctores al va/pon, 



CAPÍTULO NOVENTA Y TRES» 135 

¡a tnetafístQa. Se leerán por la Ideoh^a de Destwtt de Traey;: j el Maestro* 
podrá también consultar & Condiliac en sus obras de lógica, del origen de los- 
conooimientos humanos y de* ka sensaeionesy lo mismo que otros autores.» 

Mandando aquí el Gobierno enseñar el materialismo de Tracy, comolo^ 
que bay de más útil en la metafísica, declaraba inútil la metafísica espiri* 
tualista. Por consiguiente, inútiles los estudios sobre Dios y sobre elalma^* 
y convo dejaba á los Catedráticos en libertad para agregar otros textos á su< 
enseñanza, era seguro que Catedráticos nombrados por Gobierno de seme- 
jantes principios, tratarían de complacerlo agregando otras enseñanzas peo- 
res, si peores podían dao'se, que las designadas en el Decreto. 

Esta perversa enseñanza era comiín á todos los estudiantes, y para que. 
el lector perciba bien esto, es que hemos dado á los capítq^los una coloca- 
ción inversa. Todos detítan hacerse materialistas desde los primeros pasos 
de su carrera, y para eso, nadie podía ser matriculado en las claises de lai 
Universidad sin acreditar con certificado del Catedrático de filosofk haber 
cursado la ideología can aprxyvechamiento, Y como pava obtener grados era 
preciso haber hecho todos los cursos, como se ve en el^ capítulo XXX^ lo», 
teólogos que se debían dedicar al servicio del Evangelio habían de hacer^ 
anee todo, su curso de materialismo. Sobre esta escandalosa iniquidad tam.'- 

bien calló la autoridad eclesiástica. 

• » 

CAPÍTULO' II. 

D£ LAS CASAS DE ENSEf^ANaKA Y L08 COLEGIOS» 

Artícmlo 20. Bn los Colegios de Provincia establecidos conlbrme^ á la Ziey 
¿e 6 de Agosto del año undécimo, ó que se establezcan en lo venidero^ habrá 
estas enseñanzas: 1.* de dibuja; 2.* de gramática oastellama y latin»; &*delen* 
giKi francesa é inglesa; 4.^ de principios de geograííay cronologí» á historia p 
5.^ de elementos de derecho constitucional;, 6.^ de elocuencia y literatura;. 7»*^ 
de principios de agricialtura y comercio *,. 8.^ de filosofía y cieneias naturales,, 
escogiéndose los ramos de una utilidad más general de aqiiellbs que se prescri- 
birán para los cnrsos de las Universidades ;, ma» T^reci»ameni% u han de #tije£ar 
¡o» que enumera el artículo 50 de la Ley de eahiáios^ 

El articulo 50 de esta Ley señalaba la meiafáséca, que pos e) pla&> de 
estudios era la ideología de Tracy. En el mismo capítulo segundo se decíat 
que estos estudios eran necesarios para matricuiarse ea la& clases de laUxu* 



136 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

versidad, y que en caso de que los estudiantes no acreditasen haber ganado 
en los Colegios y casas de educación todos los cursos ^ue debían preceder á 
la matrícula, los que la solicitaran estaban obligados á completarlos. 

No había, pues, establecimiento alguno de enseñanza donde no se pro- 
pinase á la juventud el veneno del materialismo, ni alguno podía hacer 
carrera sin haberlo tragado antes. Pero lo más gracioso era que por el plan 
de estudios se mandaba que los Maestros de Escuelas primarias llevaran á 
los niños en cuerpo de formación á misa los días de precepto, ¿ Había en 
esto inconsecuencia de ideas? Nó, seguramente: es que los escocidos saben 
que estudiando ciertos autores, las prácticas religiosas no dañan y antes 
son convenientes, porque con ellas se quita la desconfianza en los padres 
de familia piadosas, pero sin criterio. Sin embargo de la misa, el plan de 
enseñanza no mandaba á los Maestros enseñar la doctrina cristiana por el 
catecismo de la Iglesia, sino por el de moral de'Villanueva, autor heterodo- 
xo enemigo de la Iglesia católica, por quien estaban prohibidas algunas de 
sus obras. ¿Y sin la enseñanza del catecismo de la Iglesia, qué significaba 
para los niños la ceremonia de llevarlos á misa de precepto? ¿precepto de 
quién ? No podían saberlo, no sabiendo los mandamientos de la Iglesia. 

Pasemos ahora á los estudios mayores determinados por la Ley y 
reglamentados por el plan del Ejecutivo. 

Tenemos yá á todos los estudiantes de filosofía á la puerta de las aulas 
de derecho. Esas puertas no se les abren si no llevan el pasaporte de Des- 
tutt de Tracy. Todos lo llevan, por supuesto; yá saben que sentir es pensar^ 
y que por consiguiente los caballos piensan, porque los caballos sienten; y 
ea Consecuencia nosotros somos como los caballos, sin más diferencia que 
ea la figura. ¿Pero la razón humana ? Eso nada quiere decir: eso de que el 
hombre adelanta sus conocimientos á fuerza de sefitir y que sintiendo pue- 
da ir de consecuencia en consecuencia, por medio de números y signos, 
senos, cosenos y elipses y parábolas hasta medir el diámetro del sol; deter-; 
minar las órbitas de los planetas y saber lo que distan unos de otros, no 
quiere decir mucho; las abejas y los castores también hacen primores, aun- 
que sin adelantarlos. Eso de no hablar como el hombre y de no convertir 
la palabra en signos para trasmitirla á sus semejantes con las ideas que 
expresa, entrando esas palabras, no ya por el órgano de las sensaciones del 
sonido, sino por el órgano de ver, y que resulte, con diversa sensación, la 
qiisma cosa allá dentro del estómago cerebral del hombre, tampoco opone 
dificultad; esos no son más que fenómenos del organismo: ios corderos, se 



CAPÍTULO NOVENTA Y TRES. 137 

dice, comen contentos y sin alarma cuando, estando en el matadero, ven 
que de uno en uno los van degollando; con éstos no se entiende aquello de 
** cuando veas la barba de tu vecino rapada, echa la tuya en remojo "; esto 

tampoco prueba que los corderos no piensan, sino que son distraídos. 

Con tan buena filosofía intelectual iban premunidos los jóvenes estu- 
diantes para que las lecciones de Bentham no los corrompiesen y que saca- 
ran muy buen fruto de la primera lección que les decía: 

" La naturaleza ha puesto al hombre bajo el imperio del placer y el 
dolor; á ellos debemos todas nuestras ideas." Y como los brutos también 
.están puestos por la yaturaleza bajo el imperio del placer y del dolor, por- 
que á ellos les gusta comer y les duele una herida, tienen ideas sin duda 
alguna. 

" Vuestro objeto único és buscar el placer y evitar el dolor. Estos sen- 
timientos eternos é irresistibles deben ser vuestro gran estudio. El princi- 
pio de la utilidad lo subordina todo á estos dos móviles ; y la utilidad es el 
primer eslabón de la cadena de mi enseñanza. Mal es pena, dolor ó causa 
de dolor. Bien es placei* ó causa de' placer. Estas palabras, pena y placar^ 
las tomaréis en su significación vulgar, sin inventar definiciones arbitrarias 
^dxz, ^yiú\x\x ciertos placeres 6 ^2Jt7í negar la existencia de ciertas penas. 
Pena y placer es lo que todos sienten como tal, el labrador como el prínci- 
pe, el ignorante como el filósofo y como el marrano. La virtud no es un 
bien sino cuando ocasiona ^placer; y el vicio no es malo sino cuando zzm- 
s?Lpena, Así, si en el catálogo vulgar de las virtudes (como los mandamien- 
tos del aecálogo) halláis una que os produzca más pena que placer, borrad- 
la y pasadla al catálogo de los vicios; y si en el catálogo de los vicios (como 
el de los siete pecados capitales) encontráis alguno que inocentemente os 
produzca placer, borradlo y pasadlo al catálogo de las virtudes (i). 

^' La lógica de la utilidad consiste en partir del cálculo ó de la compa- 
ración de las penas y de los placeres en todas las operaciones del juicio, y 
en no comprender en ellas alguna otra idea (pág. 51). Los elementos del 
cálculo moral son los placeres y penas, según la clasificación y graduación 
por su intensidad, duración, certeza, proximidad, fecundidad y pureza. Por 
esta última palabra se entiende que el placer no tenga riesgo de producir 
pena. Sumados los placeres y sumadas las penas, se comparan, y el saldo 



(1; Todo esto ee encaentra hasta la página u3 del tomo 1 .* del Tratado de LegiiW 
ción de Bentham, 



^ 



Y 38 HISTORIA DB IfCTEVA GRANADA 

determinará la acción que se intenta; en la inteligencia de que cada uno se 
debe hacer juez de su utilidad, porque asi debe ser; de otra modo el hom- 
bre seria un agente irracion'^lj y el que no es juesde lo que-/^ cwwiene\ e» 
menos que mi nifto, es un idiota (pág. 69). Las reglas de este cálculo son 
las mispias que las de otro cualquiera, aun cuando el valor de las cifras esté 
sujeto á subir y bajar por el termómetro de nuestras inclinaciones, dándole 
más valor á lo que apetece y disminuyéndolo á los males- resultantes del 
placer que se desea. Se os dirá, tal vez, que el principio de la utilidad na 
es otra cosa que la renovación del epicurismo, y que los males que esa doc- 
trina hizo en las costumbres fueron bien conocidos, porque ese hombre fue 
de los más corrompidos. No le hace. Es una verdad que sólo £pic»ra, 
entre los griegos, tiene el mérito de haber conocido la verdadera fuentl de 
la moral, y suponer que su doctrina da motiva á las consecuencias qxie se 
le imputan, es suponer que la felicidad puede ser enemiga de la mismaYeli- 
cidad (pág. 95), Se dice que el hombre tiene cierta cosa que le advierte- 
interiormente lo que es bueno y lo que es malo, y que esa cosa se ilama 
conctencia. No hay tal conciencia; to^o eso en e^ fondo es arbitrario (H67 y 
68). Ley natural y derecho natural son ficciones ; no hay más ley natural 
que los sentimientos de pena y á^ placer (292 y 293). Es imposible razo- 
nar con fanáticos armados del derecho natural." (297) (i). 

Hé aqui las primeras lecciones dadas á esos jóvenes estudiantes^ ea 
quienes las de Tracy habrán quitado la idea de alma y de todo orden espi- 
ritualista. El aparejo de ese lienzo para recibir las impresio<ies de los cola- 
res de la paleta de Bentham no podía ser mejor. Pero continuem(% con el 
plan de estudios. 

En el mismo capitulo ZXV vemos sobre ciencias eclesiásticas: 

Artíonlo 173. — Derecho publico eeleeidstieo, inaiitueiones eanónicas etc^--^ 
ün mismo Catedrático enseñará estos diferentes ramos. Las lecciones de dere- 
cho público eclesiástico se darán por la obra de prenoeionee del derecho ede- 
siástico de Segismundo Lakis, cofitinuande después el estudio de su obca jti» 
publtcta» eclemasticnmf j el ensayo sobre las libertades de }a Iglesia española ecu 
ambos mundos. Se consultará á Tan Spen, Marca, Bosauet y Cobarrubias, ea 
■US recursos de fuerza y las instituciones de Cavalarío. La disciplina eclesiásti-i^ 
ea se estudiará por la obra de Pellizzia ó' la de Tomasini. La historia eolesiásii* 



(1) Véase él tom» 1.* del Tratado de Legiüaoión oivil y penal per Bentham^ edicida 
•ipafiola GomentadA por Salas. 



CAPÍTULO NOVENTTA Y TRESv «39 

ca por un resumen de la de Ducreux ó Qn^ineni, consultando el Maestro la»' 
obra» de Fleuri y de Martenne. La auma de los Concilioe podrá estudiarse por 
la obra de Larrea ó de Carranza. 

La mayor parte de esos autores eran prohibidos por la Iglesia. En la 
clase de teología los textos eran buenos, aunque no lo» mejores. 

El artículo 176, de Instituciones de teología dogntática y nroral, eo«- 
cluía diciendo: 

Tendrá también presentes (el Catedrático) los mejores autores nacionales 
para los puntos de doctrina particular con respecto á la disciplina observada en 
las iglesias de América, para lo cual se consultarán las nuevas leyes y disposición 
nes que rijan. 

No habiendo habido Concilio provincial en Colombia, se entiende n»ay 
bien que estas nuevas leyes y disposiciones sobre doctrina y disciplina par- 
ticular de la Iglesia eran las del Congreso y Decretos del Ejecutivo. Se 
declaraba, pues, por el plan de estudios la competencia de la potestad civil 
en materia dg doctrina y de disciplina eclesiástica^ amba» cosas condenadas^ 
por los Concilios como heréticas. 

Aunque el plan de estudios no tuviera un mes de sancionado, los frutos 
se empezaron á cosechar en e) siguiente, porque las enseñanzas de los auto* 
res en él designados se estaban practicando en el Colegio de San Bartolo- 
mé, desde mucho tiempo atrás, por las disposiciones del Vicepresidente 
Santander. 

En la Bandera Tricolor se publicó un artículo, probablemente redac- 
tado por el doctor Vicente Azuero, Catedrático de íegislación, dando razón 
del certamen presentado por los cursantes de ese Colegio sobre esta ciencia, 
conforme á las doctrinas de Bentham, con grande elogio. Según este 
artículo, Colombia había dejado atrás á la Europa. Empezaba así: 

*' Hoy por primera vez se piesenta en Colombia un acto literario sobre 
los principios universales de la moral (i) y la legislación. Pero qué de 
extraño ? en la misma Europa apenas comienzan á fijarse los elementos de 
esta ciencia." 

Quería decir que ese estudio aún no se hacia en Europa por la obra 
de Bentham, porque para el doctor Azuero, toda la ciencia humana estaba 
en Bentham y lo que no fuera de BentUam no era nada. Estos hombres 
escogidos habrían quemado todos los libros, incluso el Evangelio, como 

(1) Véase que se enseñaba la wutral por Bentham; moral de BeasacioneB; mona de 
brutoB. 



140 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

iaúliles, teniendo á Bentham, á guisa de aquel Califa que hizo quemar la 
gran Biblioteca de Alejandría, diciendo que ó todo lo que contenían^ esos 
libros estaba en el Alcorán ó no estaba; si estaba, eran inútiles, y si no esta- 
ba, también, porque lo que se dijera fuera de lo que estaba en el Alcorán 
era falso. Pero el de la resunta no mentía al decir que en Europa aun no 
se estudiaba la. ciencia verdadera^ porque, ^en efecto, el Tratado de Legisla- 
ción de Bentham no sólo no fue adoptado en las Universidades europeas, 
sino que fue impugnado por muchos sabios publicistas y moralistas; y no 
sólo fue impugnado, sino hasta prohibido en algunas partes. Sólo se adop- 
tó por el autócrata ruso; grande honor para Bentham; y estemos en que él 
mismo se quejaba de eso, y por lo cual estaba tan agradecido á Santander, 
que lo había adoptado en Colombia. Esto lo veremos más adelante. 

Decía el estudiante en la resunta : 

Nos dio (el autor de la naturaleza) la facultad de recibir impresiones, por 
cuyo medio sentimos el placer y el dolor : concediónos la voluntad que nos 
hace buscar el primero y evitar el segando ; y nos dio, en ñn, el entendimiento, 
que es la facultad que calcula los placeres y las penas, los bienes y los males 
que debe producir cada acción, y de consiguiente nos dirige en la investigación 

de lo que nos es útil ó pernicioso El primer sentimiento del hombre es el 

amor á su propia conservación, el deseo de la felicidad. Busca constantemente 
todo lo que le causa sensaciones agradables ; evita todo lo que se las produce 
desagradables : las primeras son bienes, las segundas son males ; las primeras lo 
hacen feliz, las segundas desgraciado. El placer y el dolor son, pues, el móvil 
de^ todas las operaciones hnmanas. El primero es útil al individuo porque le hace 
un bien^ la impresión agradable que le produce ; el segundo le es pernicioso 
porque le causa maL La utilidad, por tanto, es el objeto solicitado por el hom- 
bre en todas sus acciones La virtud ha sido degradada y vilipendiada 

cuando neciamente la han definido algunos moralistas, el sacrificio de nttestros 
placeres á nuestros deberes (1). 

¿ Qué tales lecciones de moral habían aprendido los alumnos en San 
Bartolomé con el maestro de legislación ? ¿ Y sería extraño que el doctor 
Margallo predicara contra Bentham ? Más adelante veremos cómo se ponían 
en práctica los principios utilitarios (2). 

(1) Esto es textual de Bentham, toi^o 1.^, página 92. 

(2; Entre los artículos nuevos del Dicoionario de Teologia de Bergier se dice : 
'* üTiLíTARios. Secta nacida en Inglaterra, cuyo pontífice ha sido Jeremías Bentham, 
y que tiene por divisa, por regla, por decálogo de «as pensamientos y acciones, la utilidad 
práctica y positiva. 



CAPÍTULO NOVENTA T>CUATRO. I4I 

* 

Atendido el plan sistemático que se seguía para destruir en las nuevas 
generaciones la creencia espiritualista, cualquiera podría preguntar: ¿ y 
cómo es posible que con semejante sistema exista hoy religión ni buenas 
costumbres en Colombia ? Gracias á las novedades políticas, que hacién- 
dose cada día más graves, barrían, como un huracán, todos esos elementos 
de destrucción moral, reduciendo á sus autores á la impotencia. 



CAPITULO XCIV. 

El Libertador en sa despedida de Lima, segf da el señor Restrepo— Juicio de este histo. 
riador sobre las miras políticas del Libertador — Es preciso juzgar al Libertador en 
presencia de las circaustancias— Las Glorias de Colombia no se deben empañar con 
juicios ligeros — Carta del Libertador al Intendente del Istmo — Es el cuerpo de su 
delito— Comentarios sobre esta carta — ^El fanatismo constitucional de la época— La 
conducta de los liberales de hoy condena la de los de aquella época —Carta del Li- 
l^ertador á. Santa Cruz — Esta carta vindica al Libertador — Su proclama desde Gua- 
yaquil—Envía la proclama á Bogotá— Diversos efectos que produce— Sale de Gua- 
yaquil para Quito y sigue á Popayán— El Libertador en Neiva— Su respuesta á la 
Municipalidad — El Vicepresidente con dos Secretarios marcha á Tocaima, donde es- 
peran aU Libertador — Llega el Libertador á Tocaima — Ccufereucian sobre el estado 
del país— Se ponen en camino para la capital — El Intendente recibe en Funza al 
Libertador — Sucesos desagradables — El Libertador entra en la capital — Eecibimiento 
que le hace el Gobierno — El Cuerpo Diplomático es presentado al Libertador— Se 
encai'ga del Poder Ejecutivo — Renuncian los Secretarios — No admite las renuncias- 
Confianza que hizo el Libertador del General Santander — Actos de su administra- 
ción—Marcha el Libertador para Venezuela — Su proclama— Felices resultados de 
la política observada con los revolucionarios de Venezuela — Su entrada en Caracas. 

AQUÍ debemos reanudar el hilo de estos acontecimientos. 
Dice 61 señor Restrepo que habiendo el Libertador determi- 
nado su regreso á Colombia, alarmado por las terribles noveda- 
des de este país, la ciudad de Lima se conmovió con la nueva, y 
que todos ocurrieron á suplicarle no se ausentase de su país : que determi- 
naron la adopción de la Constitución boliviana y elegir Presidente vitalicio 
al Libertador ; que se le significó todo esto, y que, últimamente, el día i6 de 
Agosto se vio rodeado de las damas de Lima, que le suplicaban no las aban- 
donase, y que el Libertador, cediendo á los ruegos de la belleza, les dio una 



142 HISTORIA DB HUBVA GRANADA 

coastestación satisfactoria, y afiade : " Este discurso revela completamente 
el pensamiento del Libertador y en gran parte ofrece la clave sobre sus mi- 
ras futuras. Aunque se excusa de aceptar la Presidencia vitalicia que se le 
ofrece, lo hace de manera fría y como por cumplimiento....^^ 

Antes ha indicado el seitor Restrepo las razone» que e( Libertador tu- 
viera para esforzarse tanto contra la» ideas de okonarquia en América^ en 
el discurso con que presentó en el Alto Pera su proyecto de Constitución, 
y apoya su opinión en todas las pruebas de desprendimiento y aversión al 
sistema monárquico que siempre habia dado. Pero después sigue diciendo: 
** conocida la decisión del Libertador /or el mando y la Presidencia vitcdu 
ciaj muchos de sus amigos, y aun personas indiferentes, que deseaban colo- 
car las instituciones de su patria sobire fundamentos un poco más sólv- 
dos que las elecciones periódicas y puramente demociáticas, comenzaron á 
obrar en aquel sentido, aun cocaetiendo irregularidades.,..." Y más adelan- 
te, dando por sentado lo que en aquel tiempo no fueron más que rumores, 
dice : " Cuando desde Lima promovió, por medio de sus agentes, las actas 
que le conferian la dictadura, debieron creer sus amigos y adictos en el Sur 
de Colombia que la aceptaría y que había concebido algún sistema para dar 
á la República otra organización......" 

Es menester mucho cuidado tratándose del Libertador t es preciso no 
faltar á la imparcialidad ni á la justicia, deslumhrados con los resplan- 
dores de sus glorias, porque Bolívar fue hombre como todos y no estuvo 
exento de defectos ; pero también es preciso medirnos mucho en nuestras 
censuras sobre su conducta política, para no empañar de ligeros su repu- 
tación como hombre público, porque Bolívar es la primera de las glo- 
rias de nuestro país y sin duda de toda la América española, como patriota, 
como guerrero, como político y como filósofo. Ninguna virtud ha resplan- 
decido más en* Bolívar que k del desprendimiento. £1 ambicioso es envi- 
dioso de las glorias de otro ; cuando reconoce sus méritos los reconoce á 
medias, con trabajo, porque esa ruin pasión cree que lo >que se da á otro se 
le quita á ella ; menos los cree superiores á los suyos, ¿y quién más que 
Bolívar nos presenta en la historia mejores pruebas de desprendimiento, de 
abnegación, de generosidad y de tal modestia que anonade su^ pf opio mé- 
rito por ensalzar el ajeno ? 

Pero, se dice, hay una carta del Libertacfor,, dirigida desde Lima al 
Intendente del Istmo ; y esta carta, qne se halla en la obra del señor Res^ 
trepo^ contiene instrucciones que sin duda tendían á producir un cambio* 



CAPÍTULO NOVENTA Y CUATRO. I43 

«n el sistema político constitucional y esto prueba miras ambiciosas. Véase 
aquí ese documento : 

Salior Intendente del departamento del Istmo. 

Lima, 6 de Agosto de 182C. 

La sitiftaciéa actnal de Colombia me ka forzado i meditar profundamente 
sobre los medios de evitar las calamidades que le amenazan. He creído conve- 
niente, mientras emprendo mí viaje hacia allá, enviar al ciudadano Leocadio 
Qozmán para que comunique las ideas que me han ocurrido. Usted las oirá de 
su boca. • 

Si usted j las demás personas de inñvjo se empeñan en apoyarlas, se con- 
tendrá el incendio que se asoma por todas partes. Propongo también el Código 
boliviano, que con alganas ligeras modificaciones parece aplicable á todas las 
sitaaciones que Colombia puede apetecer. La imprenta servirá con buen suceso 
para inclinar la opinión pública en favor de este Código, inspirar una gran cir- 
cunspección en materias de ianta magnitad y una lenta marcha en una senda 
tan peligrosa. Uiúdos los buenos ciudadanos á nuestro incorruptible ejército, se 
sostendirá el edificio levantado á costa de virtudes y de heroísmo. Un paso im- 
prudente puede sepultarnos para siempie. Calma y unión es cuanto importa por 
«Ubiora. Yo iré bien pronto á aya dar á un pueblo que no merece perder en un dia 
el fruto de tantas victorias y de tántes sacrificios, que serán reducidos á ceniESs 
si no se unen todos unánime y estrechamente para formar una sólida masa que 
sirva de barrera al torrente de horrores que nos quiere inundar. 

Tenemos un pabellón que ha sido testigo de nuestras glorias y de nues- 
tras calamidades. Colombia es la palabra sagrada y la palabra mágica de todos 
los ciudadanos virtaosos. Yo fioy el punto de reunión de cuantos amen la gloria 
nacional y los derechos del pueblo.» Con tales guías no hay razón ni justicia para 
'extraviarnos:^; reunámonos al rededor de estas insignias que nos han servido en 
ios largos día(9 de desastres^ y que né debemos abandonar en los instantes del 
"triunfo. 

Yo tomo á usted por órgano de estas ideas y sentim'ientd^^ para que los co- 
nnunique á los amigos y compatriotas. 

BOLÍVAB. 

Era menester k ceguedad de las pasiones para intei^etar mal esta 
•carta^ escrita por un hombre que desde su juventud, sin descansar un 
instante; lo había sacrificado todo por la felicidad 4e su patriaj corriendo 



144 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

mil azares y peligros, sufriendo necesidades de toda especie, vagando sin 
recursos por las colonias extranjeras para conseguir un puñado de hom- 
bres con que acometer á todo el poder español, adueñado por entero de la 
América meridional : por ese hombre á quien todo se debía, República» 
independencia y libertad; porque sin él todas las fuerzas juntas que obra- 
ron contra los españoles, nada habrían hecho, porque él fue quien las reu- 
nió, quien les dio impulso y dirección, porque él erapl sol de ese sistema 
planetario de valientes que giraban al torno suyo y sin cuyo centro de 
atracción todos se habrían chocado y todo se habría disuelto : por ese 
hombre, trabajado con las penalidades de una campaña de años, sin tener 
otro pensamiento que el de la felicidad de su* patria, y que no contento con 
verla libre é independiente, atraviesa desde el Orinoco hasta las heladas ci- 
mas del Potosí, por levantar Repúblicas en América ; después de tantos sa- 
crificios y trabajos vuelve desde Lima la vista sobre su patria, sobre la obra 
de tantos trabajos, de tantos sacrificios, de tanta sangre, y la ve despedaza- 
da, perdidos sus sacrificios y desvelos ; cuando creía tener la dulce satis- 
facción de verla próspera y elevada á un distinguido rango entre las 
naciones, la ve envuelta en la anarquía y amenazada de la guerra civil 
más desastrosa : Venezuela en armas rebelada contra el Gobierno y rom- 
piendo la Constitución, con Páez al fAnte de la revolución, y Páez rodea- 
do y dirigido por hombres todavía más temibles que él políticamente, 
sedientos de venganza,, y otros impulsados por un odio inveterado á la 
unión de Venezuela y Nueva Granada, odio manifestado desde que se 
sancionó la ley fundamental, que se reprimía como un volcán y que ha- 
biendo al fin hecho su explosión para romper el vínculo que unía tan 
forzadamente los dos pueblos, era imposible volverlos á unir, á no ser á 
costa de una guerra desoladora del uno y del otro ; guerra que dejaría 
odios profundos, que cada día se encenderían más y ^ue á la primera 
ocasión volverían á incendiar la República hasta reducirla á pavesas ; veía 
el Libertador, al mismo tiempo, conmovidas las provincias del Sur, que 
espantadas con el^ movimiento de Venezuela y exasperadas con leyes ina- 
decuadas, perjudiciales á sus intereses y hostiles á la religión, pedían una 
reforma en el orden constitucional establecido ; veía la República anarqui- 
zada y pronta á disolverse ; su crédito perdido en el extranjero, cuando ya 
admiraba el gran proyecto del Congreso de Panamá; y en fin, la veía sin 
que pudiesen salvarla las instituciones existentes, siendo ellas mismas la 
causa ó el pretexto de todos los trastornos. El Libertador, pues, en presen- 



CAPÍTULO NOVENTA Y CUATRO. 1 45 

cía de tantos males y males de carácter incurables por las vías ordinarias 
el Libertador, á quien tanto había costado la República ; el Libertador, que 
tenía ojo tan perspicaz para conocer la extensión y la gravedad del mal> ¿co- 
metería un delito, atentaría contra su patria al proponer los medios que 
creía convenientes para salvarla ? ¿ Debería quedarse como simple especta- 
dor del incendio ? ¿ Debería echar mano del ejército para mantener 1 a Cons- 
titución de Cúcuta, por cuatro años más, á fuerza de sangre y exterminio 
de los pueblos ? ¿ Cuál sería, pues, el partido que deber ía tomar, sino aquel 
que exigían las circunstancias para apagar inmediatamente el incendio ? 
Pero había en aquel tiempo una clase de fanáticos liberales que por no 
faltar á la Constitución, anticipando la reforma política, preferían arruinar 
el país inundándolo en sangre, como si la República se hubiera hecho para 
la Contitución y no la Constitución para la República. Los liberales de la 
época presente deberán espantarse de' tal fanatismo constitucional, supues- 
to que el progreso en política les ha enseñado que las constituciones pue- 
den no solamente reformarse, sino echarse abajo por la fuerza, siempre que 
se crean perjudiciales, y que el que esto haga, persuadido de que es nece- 
sario hacerlo así para bien del país, no comete un delito, y antes se le pre- 
mia con grandes títulos. 

A la luz de estas consideraciones vamos á examinar la carta del Liber- 
tador, que es el documento efectivo que se produce para probar que, por 
deseo de mandar, trabajaba á fin de trastornar el sistema constitucional. 

Es de observar, primeramente, la franqueza con que el Libertador se 
insinuaba en esta carta, cuyo contenido no sólo no trataba deocultar, como 
en tales casos hacen los que andan por malos caminos, sino que quería se 
pusiesen sus ideas en conocimiento de todos los colombianos. La situación 
de Colombia lo hahísi /orzado á meditar sobre los medios de remediarla; y 
era preciso ser muy temerario para no creer en la buena fe de las palabras 
del hombre que por toda su vida no había hecho otra cosa que dar pruebas 
del patriotismo más desinteresado. Francamente proponía sus ideas, que no 
eran precisamente las de que se adóptasela Constitución boliviana, como se 
ve por esta frase : " propongo también el Código boliviano*" No era, pues, 
la principal idea del Libertador imponer á Colombia el poder vitalicio. 
Pero aun cuando así fuera, eso no era un crimen: lo único que podía ta- 
chársele sería el proponer reformas faltando cuatro años para poderlo hacer, 
según la Constitución actual; pero el enfermo se moría antes de llegar el 
tiempo señalado para administrarle el remedio, y era preciso salvarlo. Si la 



146 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Constitución boRiyiana era mirada por algunos como el código de la tira- 
nía, por otros era ^apreciada como lo más bien calculado para evitar los 
trastornos y guerras civiles que los aspirantes á presidencia promueven en 
las elecciones periódicas cuando en ellas se ven chasqueados. 

El Libertador proponía* sus ideas recomendando se procediera con 
prudencia y calma, valiéndose de la imprenta para uniformar la opinión* 
Los que proceden con miras interesadas andan por vías subterráneas para 
ocultar sus procedimientos, porque el que obra mal, dice el Evangelio, 
huye de la luz, porque sus obras no sean reprendidas (Juan, III, 20). 

Contaba con la lealtad del ejército, no para imponer su voluntad á los 
pueblos, sino para sostener la voluntad de éstos contra los anarquistas que 
quisieran resistirla, si ella se declaraba por la reforma de la Constitución. 

Se ofrecía como centro de todos los que amaran Ja gloria nacional y 
los derechos del pueblo. Esto no era pretender una autoridad despótica, 
porque mejor podría ejercerla bajo las apariencias legales al posesionarse 
del Poder Ejecutivo, con las facultades extraordinarias que la misma Cons- 
titución le periqitía* De este modo, contando con tan grande opinión, con 
el prestigio adquirido por medio de tantas glorias y contando con el ejér- 
cito, habría podi4o realizar, con suma facilidad, los planes que se le atri- 
buían. La generación actual comprende esto perfectamente, después de ha- 
ber visto á los posteriores salvadores de la patria hacerse al poder y hacer . 
de nosotros cuanto les ha dado la gana, con alas de cucaracha. 

Proponiendo el Libertador los medios que le "parecían convenientes 
para «alvar la República de la anarquía, ningún crimen cometía en ofrecer- 
se como caudillo de iodos los buenos patriotas que adoptasen sus ideas, 
como no lo cometió cuando, para libertarla de los españoles que dominaban 
el territorio americano por entero, se constituyó jefe y caudillo de aquel 
puñado de valientes con que «en Carúpano empezó la obra hasta terminarla 
en el imperio de los Incas. 

¿Y quién otro reunía, como él, todos los espíritus y todas las opiniones, 
salvo las del círculo ambicioso, en aquel caos de opiniones divergentes en 
que se había puesto la República con la revolución de Venezuela y las 
actas y pronunciamientos jje otras provincias y pueblos ? La Constitución 
estaba rota de hecho, y en aquella confusión de voces diferentes, solamente 
un nombre se oía invocar por dondequiera y entre todos los partidos des- 
interesados : el de Bolívar; y la unanimidad en ias anteriores elecciones 
ihabía dado la medida de la popularidad del Libertador, y de consiguiente 



• \ 



CAPÍTULO NOVEatíTA Y CUATRO. 147 



no había otro nombre dado & los colombianos en lo humano, con que pudie- 
sen ser salvos, que el de Bolívar. 

Toda la carta del Libertador no respiraba otra cosa que un profundo 
dolor al ver perdidas, durante su ausencia, todas las glorias de Colombia y 
el grande anhelo que tenía por salvarlas. Cartas ¡guales á ésta 'dirigió á Ve- 
nezuela, y ellas, según dice el señor Restrepo, no fueron bien recibidas, 
como tampoco la Constitución boliviana. 

Otra carta escribió desde Popayán al General Santa Cruz, Jefe del Go- 
bierno peruano, sobre el estado de los negocios de aquella República y los 
de Colombia; carta sobre la cual dice el señor Restrepo lo siguiente: " Esta 
importante carta contesta por sí sola y muy satisfactoriamente á mil ca- 
lumnias repetidas cien veces contra los futuros planes de Bolívar para do- 
minar el Perú y gran parte de la América del Sur." En esta desmentida se 
comprenden algunos conceptos emitidos por el historiador de Colombia 
acerca de planes ambiciosos del Libertador sobre el Perú y Colombia en or- 
den á la Presidencia vitalicia. 

En el momento que el Libertador estuvo en Guayaquil, se dirigió á los 
colombianos con acentos tan dolorosos como elocuentes, lamentando el esta- 
do de la República. Decía : 

Colombianos I El grito de vuestra discordia penetró mia oídos en la capi- 
tal del Perú, y he venido á traeros una rama de oliva. Aceptadla como el aroa 
de salud. Qué ! ¿ faltan yá enemigos á Colombia? ¿No hay más españoles en 
el mundo ? Y aun cuando la tierra entera fuera nuestra aliada, debaríamos per- 
manecer sumisos esclavos de las leyes y estrechados por la violencia de nuestro 
amor. Os ofrezco de nnevo mis servioios: servicios de un hermano. Yo no he 
querido saber quién ha faltado ; mas no he olvidado jamás que sois mis herma- 
nos de sangre y mis compañeros de armas. Os llevo ud ósculo común y dos 
brazos para uniros en mi seno: en él entrarán, hasta el profundo de mi cora- 
zón, g[ranadinos y venezolanos, justos é injustos : todos del ejército libertador, 
todos, ciudadanos de la gran República. 

En vuestra contienda no hay más que un culpable: yo lo soy. No he ve- 
nido á tiempo,,.. Me presento para víctima de vuestros sacrificios: descargad 
sobre mi vuestros golpes ; me serán gratos si satisfago vuestros enconos. 

Colombianos I piso el suelo de la patria ; que cese, pues, el escándalo de 
vuestroB ultrajes, el delito de vuestra desunión. No haya mis Venezuela, no 

10 



148 HISTORIA DE NUBVA GRANADA 

haya más Gandinamarca: todos somos colombianos, ó la muerte cubrirá los 
desiertos que deje la anarquía. 

Guayaquil, 18 de Septiembre de 1826. — Boiívab. 

Esta proclamai venida á Bogotá, produjo «varios efectos: en unos, con- 
suelo y alegr^; eit otros, rabia y más encono: los primeros^ eran los repu- 
blicanos sinceros, que habían estado alarmados con vanos temores ; los se- 
gundos eran los enemigos envidiosos de Bolívar: los primeros se hallaban 
satisfechos con sus palabras y descansaban en la honradez y patriotismo 
del Libertador; los segundos decían que esa proclama estaba dictada por la 
hipocresía: que esa rama de oliva era la Constitución boliviana; y sobre 
todo los irritó en extremo lo de que no quería saber quiénes eran culpables, 
y que traía un ósculo común para todos. 

El señor Restrepo dice (página 549 del tomo 3.®): " El Libertador no 
se revistió en Guayaquil del poder dictatorial que le habían conferido los 
pueblos de los tres departamentos meridionales ; antes por el contrarío, de- 
claró que debía continuar observándose en todos los ramos el mismo siste- 
ma de administración que se hallaba establecido desde que se planteó el 
régimen constítucionaL Participólo así al Poder Ejecutivo al enviarle de 
oficio la proclama yá mencionada. Esta noticia causó mucho alborozo á 
todos los que sostenían el imperio de la Constitución y de las leyes. La glo- 
ria del Libertador adquirió á los ojos de aquellos ciudadanos un nuevo 
lustre." 

Salió de Guayaquil el Libertador el día 18 de Septiembre y estuvo en 
Quito el 28. Entró en la ciudad á las once del día, en medio de las aclama- 
ciones de un pueblo innumerable que lo saludaba como á su libertador y 
padre. El 5 de Octubre salió de Quito para Popayán. En el tránsito fue 
recibiendo los obsequios que en todas partes se le brindaban con el más 
grande entusiasmo. Los padres dominicanos de Quito le dieron un esplén- 
dido almuerzo en la hacienda de San Vicente. El Prior le dirigió un elo- 
cuente discurso, á que contestó el Libertador en su característico estilo, 
enlazando la religión con la política y la libertad con el Evangelio. Hé 
aquí una parte de esa contestación : 

'' JesúSi que fue la luzxle la tierra, no quiso dignidades ni coronas en 
el mundo; Él llamaba á los hombres hermanos; les enseñó }a igualdad; 
les predicó las virtudes civiles más republicanas y les mandó ser libres (i). 



iWi«B9i^MM 



(1) No tomando la libertad como yelo, dice el Apóstol San PedrOj para encubrir la 
maUcia de las pasiones (l.* Ep. II, 16). 



CAPfrtJZX) NOVENTA Y CUATRO. I49 

porque les amonestó que debían ser perfectos. No hay perfección en la ser- 
vidumbre, ni moral en el letargo de las facultades activas de la humani- 
dad...." 

El 23 de Octubre llegó el Libertador á Popayán, donde se le hizo un 
magnifico recibimiento. El 30 salió de esta ciudad y el 5 de Noviembre 
llegó á Neiva. El Gobernador y Cabildo le pidieron se invistiese de la dic- 
tadura. La contestación que les dio fue: que no habfa necesidad de apelar 
á un poder tiránico cuando bastaban las leyes para hacer la dicha de los 
pueblos; que él odiaba el mando, y sobre todo el título de dictador^ y que 
sus trabajos en tantos años de guerra se habían dirigido á destruir el poder 
absoluto délos reyes para sustituirlo con el dulce imperio de la razón. 
^' No quiero, concluyó, ni oír, si es posihle, lá palabra dictadura^ 

El 1 1 estuvo en Tocaima, lugar que dista diez y ocho leguas de Bo- 
gotá, á donde fueron á encontrarle el Vicepresidente y los Secretarios Sou- 
blette y Revenga. Al saber la aproximación del Libertador los oposicio- 
nistas, que empezaban á bautizarse ellos mismos con el glorioso título de 
liberales^ se asustaron tanto, que los principales de ellos se escondieron. 
El encuentro con el Libertador en Tocaima produjo buenos efectos. " Allí 
lo desengañaron, dice el señor Restrepo, de muchas ideas equivocadas que 
traía sobre el Gobierno y Constitución de la República, la que no había es- 
tudiado ni conocía en sus defaUes^ 

No podemos convenir en que el Presidente de la República no cono- 
ciese perfectamente la Constitución que en Cúcuta había jurado cumplir y 
hacer obedecer; y menos cuando el mismo señor Restrepo, en la página 
153 del mismo tomo 3.^ ha dicho que el Libertador y el General Santan- 
der, antes de jurar la Constitución, "privadamente manifestaron que no 
aprobaban algunos artículos sustanciales.'' 

Las conferencias tenidas entre el Libertador, el Vicepresidente y los 
Secretarios produjeron buen efecto, porque, mediante mutuas explicacio- 
nes, ambos magistrados quedaron satisfechos y en buena armonía, lo cual 
sabido en Bogotá, causó mucho contento, y á los liberales se les quitó el 
miedo, que ojalá lo hubieran conservado siempre. 

La comitiva se puso eii camino para la capital y el día 13 pernoctaron 
en Punza. Al siguiente día el Vicepresidente y sus Secretarios se adelan- 
taron y entraron em la capital á las ocho de la mañana, manifestando gran 
satisfacción, y se prepararon en el palacio de Gobierno para recibir de ce- 
remonia al Libertador. Este salió de Punza después de almorzar y vino 



150 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

al pueblo de Fontibón, donde le aguardaba el Intendente del Departamento, 
Coronel José María Ortega, la Municipalidad, varios empleados civiles y 
militares y muchos sujetos particulares. El Intendente, buen republicano 
y muy candorpso, impregnado de la atmósfera liberal que todos respira- 
bamos en Bogotá, no pudo menos que hablar, en la arenga que dirigió al 
Libertador, del respeto debido á la Constitución: que el Gobierno debía 
contar con la obediencia de los cundinamarqueses, conforme al juramento 

constitucional que habían prestado 

El Intendente no concluyó su discurso, porque el Libertador, que 
venía tan prevenido contra los liberales, por tantas cosas como estaban 
diciendo de él, y particularmente sobre la abolición que le atriUbían del 
orden legal, le interrumpió inmutado en extremo, diciendo que él esperaba 
que se le felicitara de otro modo cuando volvía á Colombia con un ejército 
cargado de laureles y no hablándole de Constitución y leyes que, si habían 
sido violadas, consistía en la iniquidad de algunas de ellas. Todos que- 
daron mustios: algunos de los que habían ido á encontrarle montaron 
á caballo y volaron para Bogotá contando lo que había pasado. El Liberta- 
dor montó y con tres ó cuatro personas picó á galope para la ciudad. A la 
entrada de San Victorino se detuvo algún rato para reponerse de la agita- 
ción en que venía; los de la comitiva del Intendente y demás que habían 
ido á.encontrarle á Fontibón, empezaron á llegar y le rodeaban silenciosos. 
El Libertador, como para dar alguna satisfacción, I03 saludaba á todos 
afectuosamente, y en particular al Intendente, que era su amigo y á quien 
quería mucho. Las calles del tránsito se habían adornado y puesto muchos 
arcos que venían, de trecho en trecho, desde los pueblos de la sabana, y en . 
todos ellos se había colocado en el remate una tabla con este letrero: Viva 
¡a Constitución inviolable, por diez años. Esto, con los antecedentes que 
había, era una verdadera diatriba dirigida contra el Libertador, y sin duda 
fue una de las cosas que le irritaron en su entrada á Fontibón, donde SQ 
había puesto une de estos arcos. La mañana ertaba lluviosa y la entrada 
del Libertador de Colombia y del Perú no se parecía á las que había hecho 
antes, porque el círculo liberal dominante^ con sus papeles y discursos 
había logrado enajenar en parte el cariño de los hijos paf^ con su padre. 
Jamás se había visto al General Bolívar en Bogotá sin bigote y con 
sombrero militar; siempre había usado bigote y moryón. Venía, pues, 
inconocible; á lo que se agregaba bastante flacura y un color un poco acei» 
tunado; pero el mismo en la viveza de sus movimientos y palabras. Había 



CAPÍTULO NOVENTA Y CUATRO. ISI 

mucha gente, y principalmente en el atrio de la Catedral, que queda frente 
al palacio. Cuando el Libertador entró á la plaza, le victorearon todos, y él, 
al llegar á la puerta de palacio, no entró derecho, sino que volvió veloz- 
mente la rienda al caballo, y dando una vuelta, saludó á la gente de la plaza 
^ quitándose el sombrero, y se entró ligero; se desmontó, y seguido de 
infinidad de gentes que se ;igolparon tras él, subió las escaleras, entró en 
donde lo aguardaba el Vicepresidente de grande uniforme con los Secreta- 
rios de Estado, el Presidente del Senado, los Ministros de la Suprema 
Corte de Justípia, el Provisor Gobernador del Arzobispado y varios oficiales 
generales del ejército. 

Las antesalas y hasta los cofredores se llenaron de gente, ansiosa toda 
por recoger algunas palabras de las que dijera el Libertador. El que esto 
escribe, como oficial que era de Iji Secretaría de Marina, se hallaba allí pre- 
sente con sus compañeros y siendo testigo de lo que con tanta exactitud 
refiere sobre este acto solemne el General Posada en sus Memorias^ ha 
creído no poder hacer cosa mejor que reproducir aquí la patética relación 
de este jefe, que allí se hallaba presente. 

" El General Santander, con la dignidad que correspondía al acto, y 
visiblemente conmovido, le dirigió la palabra en los términos más adecua- 
dos, felicitándole por su arribo á la capital en medio del gozo universal de 
todos los pueblos, cuyos males cesarían con su presencia. Recordó los es- 
pléndidos triunfos del Ejército libertador y de su digno caudillo, manifes- 
tando, por último, que sería esclavo de la Constitución y de las leyes, aun- 
que siempre admirador constante y leal amigo del Libertador. 

" No se respiraba, no se oía más que el latido de los corazones, mien- 
tras que el Libertador se recogió por un momento dentro de sí mismo. De 
repente, irguiéndose y chispeándole el rostro de animación, contestó al Vi- 
cepresidente, en un discurso sublime, incomparable, aprobando la conducta 
del Gobierno (i); elogiando con entusiasmo al ejército que había dado in- 
dependencia á la mitad de la América; manifestándose respetuoso á la 
Constitución; y al concluir con un apostrofe á los colombianos, excitándo- 
los á la concordia y á la reconciliación, tendió la mano al Vicepresidente» 
y se enterneció de manera que comunicó su emoción á cuantos le oían. 
Toda mala pasión se sufocó, todos los corazones saltaban queriendo romper 
el pecho; todos los ojos se humedecieron, y un grito espontáneo, inmenso 



(1) ]C{o en Bontido go&tnl, nao ocm aln0i6n á los liechos pzeBenteci. 



tS2 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

■ 

de I viva el Libertador! sacudió el edificio y retumbó por todo el ámbito 
de la capital.'' 

Al* salir de la gente, se remudaba la guardia, que era del escuadrón 
Húsares, que estaba de guarnición en Bogotá junto con el batallón Paya, 
que entraba de relevo y que tenia por jefe al Comandante José María Gai- . 
tan. Al oír el Libertador las cajas y el clarín, preguntó que si se estaba 
mudando la guardia y qué cuerpo la relevaba. Se le dijo que el batallón 
Paya; y en el acto lo mandó retirar y que permaneciese la guardia de 
Húsares. 

Por la tarde se obsequió allL.ibertador con un gran convite en palacio 
y por la noche se retiró á su quinta. 

El 15 le fueron presentados, por el Secretario de Relaciones Exterio- 
res, los Ministros extranjeros de los Estados Unidos mejicanos, de los Es- 
tados Unidos del Norte y de la Gran Bretaña. Todos dirigieron al Presi- 
dente de Colombia discursos altamente honrosos y satisfactorios para la 
República y su Libertador, quien contestó á cada uno de ellos con la faci- 
lidad y belleza que le era natural. 
El señor Campbell le dijo : 

*' Con sentimientos de orgullo y satisfacción me presento á felicitar á 
f V. E. por su restitución al país natal; á este país^al que tan grandes y emi- 
nentes servicios ha prestado V. E. y en donde el nombre de V. E. es con 
razón sinónimo del de Libertador y padre de la patria. Siento, sin embargo, 
que este alto honor no haya recaído en persona de más elevado rango di- 
plomáticOi como habría sucedido si el señor Cockburn, que fue acreditado 
por el rey mi señor como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipoten- 
ciario cerca del Gobierno de Colombia, no se hubiese visto obligado, á 
causa de su salud, i volverse de Cartagena á Europa. 

^ El interés que siempre ha manifestado mi Gobierno por la prospe- 
ridad de Colombia y el alto aprecio en que tiene la conducta pública y 
proezas de V« E. que tanto han contribuido á colocar vuestro país en la 
respetable condición que tiene entre las naciones de la tierra, le habían 
hecho lamentar las disensiones que por desgracia han ocurrido reciente- 
mente en algunos puntos de Colombia, etc." 
El Libertador contestó: 

" De ningún otro agente hubiera recibido con más gusto esta felicita- 
ción á nombre de S. M. B. que de aquel que fue uno de los dos que pre- 
pararon y llevaron al cabo el acto augusto con que quedó sellada la amis- 



f 



CAPÍTULO NOVENTA Y CUATRO. 153 



rfl^W^^^^^^^^^^^i 



tad que felizmente existe entre la República de Colombia y la Gran Bre- 
taña. El bien del reconocimiento excede en mi estimación á cuanto nues- 
tras armas, la sabiduría de nuestros legisladores y la capacidad de nuestros 
magistrados han hecho por nuestra Independencia. Puede decirse quQ la 
Gran Bretaña nos hizo desde entonces partícipes de su poder liberal y be» 
néfíco. S. M. B. ha querido añadir á todo esto la distinción particular que 
me ha hecho remitiéndome su efigie. La conservaré como prenda de su es- 
timación ; como testimonio de la generosa amistad que dispensa á Colom- 
bia y á las naciones de este continente; como imagen de un soberano que 
habiendo resistido constantemente al despotismo del usurpador de la Eu- 
ropa, se presenta como el conservador de las libertades de aquel continente. 
¿ Y qué puedo decir del señor Caning ? El es el digno Ministro de aquel 
soberano. Ninguno se ha esmerado más que él en generalizar los principios 
de libertad y de orden ; y siempre tendremos presente la parte que ha de- 
bido caberle en la determinación del gabinete británico con respecto á 
América. Os ruego queráis poner en conocimiento de vuestro Gobierno 
los profundos sentimientos con que admiro al gran monarca y al gran pue- 
blo que emplean la omnipotencia de sus victorias en la promoción de la 

libertad." 

El Encargado de Negocios de los Estados Unidos se expresó así : 
"Como representante de los Estados Unidos de América felicito á 
V. E. por su regreso á la capital de Colombia. Yo he sido testigo del regó* 
cijo y de la gratitud de los colombianos al encontrarse otra vez V. E. entre 
ellos: siendo libres, no son insensibles á los sufrimientos ni á los sacrificios 
de sus libertadores. Ellos ofrecen sus lágrimas y su júbilo por vuestros pa- 
decimientos y por vuestros triunfos. 

" Los nombres de Bolívar, Washington y Colón están escritos en 
la tabla indestructible de la historia americana. La emancipación de vuestra 
patria fue el designio de vuestra juventud cuando estudiabais en Europa; 
pero habéis hecho más. La batalla de Lexington en el Norte comenzó la 
revolución: la jornada de Ayacucho en el Sur la ha terminado. Desde el 
mar de las Antillas hasta las últimSis costas del Pacífico habéis sojuzjgado 
el despotismo y dado libertad y paz á tres naciones: habéis adquirido un 
justo título á la admiración de los hijos de Colombia, Perú y Bolivia. 
Toca á ellos mostrarse dignos de tan eminente don, del rango de hombres 

libres... . etc." 

El Libertador contestó dignamente, diciendo al concluir: "Y debo 



154 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

aquí expresar mi gratitud personal por el inapreciable don que se me ha 
hecho por la familia augusta de Washington, del retrato del más santo de 
los hombres ; presente inestimable que conservaré siempre en mi pecho y 
que siempre me dará lecciones de moderación y de amor á la patria, etc/' 

Después de semejantes testimonios dados al mérito y virtudes del Li- 
bertador por extranjeros de tan elevado carácter, é independientes, libres 
de todo sentimiento miserable de adulación, ¿ qué significan las calumnias 
é indignas detracciones de hombres ingratos, devorados de envidia, que no 
podían ser grandes sino rebajando al que era más grande que ellos ? 

Los Secretarios del Despacho se apresuraron á presentar su renuncia 
al Libertador, fundada en que habiendo querido justificar sus procedi- 
mientos los revoltosos de Venezuela, atribuyendo desaciertos al Gobierno 
de que ellos eran Ministros, podría ser conducente al restablecimiento del 
orden constitucional en Venezuela la variación de Ministerio. El Liber- 
tador no admitió la renuncia á ninguno de ellos, con lo cual dio al Vice- 
presidente y á todos los liberales una prueba evidente de que en su ánimo 
no se abrigaba ninguna clase de antipatías contra la Administración, y 
que profesando ésta los principios constitucionales, el Libertador profesaba 
los mismos. Conservando el Ministerio de la Administración Santander, 
justificó los procedimientos de ésta respecto á los disidentes de Venezuela, 
que la acusaban de diversos modos. 

Ninguna ocasión más favorable se le presentaba para descartarse del 
personal de una Administración tan hostil para quien tuviera en mira 
echar por tierra el sistema constitucional. No habría habido más que 
decir sino que, para facilitar el restablecimiento de la paz, era de necesidad 
alejar del poder á esas personas que podrían servir de obstáculo para este 
fin. Pero lejos de eso, el Libertador, posesionado de la Presidencia é inves- 
tido de facultades extraordinarias por el artículo 128 de la Constitución, 
deja al Videpresidente encargado del Poder Ejecutivo y con las mismas 
facultades extraordinarias, para ejercerlas donde no las ejerciera él, que 
marchaba para Venezuela. ¿ Podría darse una mejor satisfacción al Vice- 
presidente Santander y á todos los liberales de su círculo ? Aun no es 
esto todo. 

El señor Restrepo dice: " El Libertador, después de conocer ¡as ideas 
del Vicepresidente y de los Secretarios de Estado sobre lo que juzgaban 
conveniente ejecutar, en las difíciles circunstancias en que se hallaba 
Colombiai determinó hacerse cargo del Poder Ejecutivo por unos pocos 



CAPÍTULO NOVENTA Y CUATRO. I $5 

días. Expuso al Vicepresidente y á los Secretarios Castillo, Restrepo, Sou- 
blette, Revenga y Clemente, cuáles eran, las providencias que juzgaba 
convenientes, y las reformas que en su concepto debían plantearse en 
el estado lamentable en que se hallaba la República; sobre todo cuando 
• era probable que no se reuniese el próximo Congreso por falta de Repre- 
sentantes del Sur y del Norte de Colombia.'^ 

Se ve, pues, que con entero conocimiento de his ideas del Vicepresi- 
dente y de su Ministerio, el Libertador dejó gobernando todo este perso- 
nal. Luego estaba muy lejos de intentar alteración alguna en el orden 
constitucional y de llevar adelante ese pensamiento sobre adopción de la 
Constitución boliviana. Que hubiera propuesto reformas cuando sin cono- 
cimiento del estado de las cosas escribía desde Lima, era otra cosa, y el 
haber adoptado desde que llegó á Colombia otra línea de conducta, no se 
puede atribuir á vacilaciones, sino al conocimiento exacto del estado de las 
cosas; y en esto mismo se ve que el Libertador no abrigaba planes parti- 
culares y que sus acciones no tenían otro fin que el de remediar los males 
de la República. 

Otro hecho de confianza y deferencia del Libertador hacia el Vicepre- 
sidente, y que corrobora lo que vamos diciendo, es el que refiere el señor 
Restrepo y que conviene con lo que él mismo ha dicho, á saber: "Que 
desde Tocaima habían convenido el Libertador y el Vicepresidente en que 
debía sostenerse la Constitución." 

Debemos insertar aquí la interesante página en que el historiador de 
Colombia refiere el hecho de que hablamos, porque además de caracterizar 
perfectamente los dos personajes que en él intervinieron, prueba que el Li- 
' bertador, desde que conoció perfectamente el estado de las cosas, desistió 
de las ideas que había concebido en orden al modo de remediar los males, 
ya no pensó más que en sostener el orden establecido, sin omitir medio de 
conciliar los ánknos para evitar una guerra civil, á la que, sin embargo, 
se preparaba para el último caso, en el sentido de sostener el Gobierno 
constitucional. 

Dice el señor Restrepo : 
, ''A la sazón que Bolívar se hallaba en Bogotá, le había manifestado 
el Vicepresidente que, si no se reunía el Congreso el 2 de Enero próximo 
y prestaba en su seno el juramento constitucional, debía entrar á ejercer 
el Poder Ejecutivo de Colombia el Presidente del Senado, con arreglo á la 
ley de 2 de Mayo de 1825. Parece que el General Santander znanifestd 



IS6 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

muy pocos deseos de cesar en la Vicepresidencia, y que solicitó con instan- 
cia que el Libertador Presidente le autorizara, en virtud de sus facultades 
extraordinarias, para que, si no se reunía el Congreso en dicho día, conti- 
nuara desempeñando el Poder Ejecutivo, en virtud de que era el Vicepre- 
sidente constitucional electo para el próximo período. El libertador con- . 
vino en esta providencia, pues no le parecía entonces que debiera hacerse 
variación en la persona encargada del Ejecutivo colombiano. Firmó, pues, 
un oficio redactado /or el mismo Santander^ y como escrito en la villa del 
Rosario de Cúcuta en 12 de Diciembre y sin intervención de ninguno de 
los Secretarios de Estado, que« ignoraron este paso, concediendo la autori- 
zación que se le pedía. Mas á causa de la avenida de un río, se fue Bolívar 
en derechura á la villa de San José de Cúcuta, sin tocar en la del Rosario, 
quedando, por consiguiente, la orden con una fecha falsa. 

Sin embargo de esto, el Vicepresidente, luego que llegó el 21 de Di- 
ciembre, en que podía haber recibido la mencionada autorización, contestó 
á Bolívar manifestándole su profundo reconocimiento /or esta nueva y re- 
levante prueba de confianza que le daba en una ocasión tan solemne. Dijo 
que defendida su reputación con la egida de la opinión del Libertador, 
quien acababa de recibir de los pueblos proclamaciones y muestras de ilimi- 
tada confianza, se sometía á su voluntad y daría cuenta al Congreso luego 
que se instalara. * Puedo, añadía, asegurar á V. E. que, mientras que el 
Congreso ó V. E. disponen otra cosa, procuraré desempeñar fielmente mis 
deberes, siendo recto en mis procedimientos y obediente á las leyes, respe- 
tando los derechos del ciudadano y cooperando con V. E., en cuanto alcan- 
cen mis fuerzas, al bien general de la República. De resto, señor, los dere- 
chos DE V. E. A MI gratitud y fidelidad son ilimitados. Mi conducta ' 
NUNCA olvidará la obligación que la generosidad y opinión de V. E, me han 
impuesto^ y en toda ocasión debe creerme V. E\ animado de sentimientos 
de la más alta consideración y respeto! \ Ojalá estas expresiones hubieran 
sido sinceras en todas sus partes y no falsificadas por los hechos pos- 
teriores!'' (i) 

¡Qué farsa ! Y el Libertadorse prestó á ello, porque tal era la confianza 
que había vuelto á depositar en el General Santander, quien debería hajper 
agregado este yerro del Libertador como un cargo más en los Apunta- 
mientos de 1838. 

(1) EUtoria de ColomlHai tomo 3.% oapítulo XI, página 576 de la segimcla edición. 



' CAPITULO NOVENTA Y CUATRO. 1 57 

El Libertador se encargó del Poder Ejecutivo y expidió un decreto, 
con fecha 23 de Noviembre, declarándose en uso de las facultades extraor- 
dinarias, en virtud del artículo 128 de la Constitución. Declaraba al mismo 
tiempo que, teniendo que partir inmediatamente para Venezuela, durante 
su ausencia las ejercería el Vicepresidente en todo el territorio en que el 
Presidente no pudiera ejercerlas inmediatamente. Fuera de los objetos y 
casos comprendidos en las facultades extraordinarias, la Constitución y 
leyes debían observarse» debiéndose dar cuenta al Congreso de estas dispo- 
siciones. 

Por otro decreto de alta policía prohibió el Libertador con severas 
penas las juntas ó reuniones que tuvieran por objeto hacer actos que no es- 
tuvieran previstos por la Constitución. 

Otros decretos se dieron en conformidad de las presentes circunstan- 
cias; yá para suprimtt empleos que no fuesen de absoluta necesidad, yá para 
activar q1 cobro y percepción de las rentas, aumentarlas y restablecer el 
crédito nacional, y, en fin, para mejorar la administración de justicia. 

t El sábado 21 de Noviembre, á las siete de la mañana, salió de Bogotá 
para Venezuela el Libertador Presidente, llevando de Secretario general al 
de Relacioúes Exteriores, José Rafael Revenga. Dos días antes dirigió á los 
colombianos la siguiente proclama: 

Colombianos ! Cinco años há.que salí de esta capital para marchar á la ca- 
beza del Ejército Libertadori desde las riberas del Cauca hasta las cumbres ar- 
gentinas del Potosí. Ün millón de colombianos y dos repúblicas hermanas han 
obtenido la Independencia á la sombra de vuestras banderas, 7 el mundo de 
Colón ha dejado de ser español. Tál ha sido nuestra ausencia. 

Vuestros males me han llamado á Colombia: vengo lleno de celo á consa- 
grarme á la voluntad nacional: ella será mi código, porque siendo ella el so- 
beranOj es infalible. 

El voto nacional me ha obligado á encargarme del manda supremo; yo lo 
aborrezco mortalmente, pues por él me acusan de ambición y de atentar á la 
monarquía. Qué ! me creen tan insensato que aspire á descender? ¿No saben 
que el título de Libertador es más sublime que el trono ? 

Colombianos I Vuelvo á someterme al insoportable peso de la magistratura, 
porque en los momentos de peligro era cobardía^ nó moderación, mi desprendi- 
miento; pero no contéi| conmigo sino en tanto que la ley ó el pueblo recuperan 
su soberanía. Permitidme entonces que os sirva como simple soldado 7 verda- 



IS8 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

dero repnblioano^ de ciudadano armado en defensa de los hérmoBOs trofeos de 
nuestras victorias : vuestros derechos. — Bolívar. 

Es de notar este último pensamiento del Libertador: " entretanto que 
la ley 6 el pueblo recuperan su soberanía." Aquí está visto que, en primer 
lugar, trataba del restablecimiento del orden constitucional, y en segundo, 
no pudiendo verificarse esto, de que se estableciese por el voto del pueblo 
libremente expresado. ¿ Y qué otra cosa podría desearse en aquella situa- 
ción, sino el restablecimiento del orden legal, que en gran parte se había 
derrocado, ó si esto no podía verificarse, el establecimiento de un orden 
legal que se diera la mayoría popular ? 

El Libertador fue recibiendo en su viaje al Norte las más vivas de- 
mostraciones de amor, de agradecimiento y de admiración de todos los pue- 
blos por donde pasaba. Llegado á Maracaibo el 1 6 de Diciembre, tuvo allí 
las noticias más exactas sobre el estado de la revolución de Venezuela, que 
adelantaba á grandes pasos. Páez había convocado ya un Congreso consti- 
tuyente: la guerra civil se había empezado con Puertocabello, que estaba 
pronunciado contra Páez. El Libertador, que procuraba, por cuantos me- 
dios eran posibles, atraer por buenas á los disidentes de Venezuela, cuidaba 
también de reunir fuerzas suficientes para presentarse de una manera im- 
ponente en aquel país, pues con eso conseguiría también inspirar confianza 
á las tropas que, estando con Páez, quisiesen adherir al partido del Presi- 
dente, lo que era muy probable, y que en efecto se verificó, hasta poner el 
partido de aquél en estado de bastante impotencia. El Libertador había 
tomado muchas medidas en este sentido y encargado del mando del ejér- 
cito al General Rafael Urdaneta: al Vicepresidente Santander había pedido 
gente, armamento y municiones; pero el estado en que estaba el tesoro no 
permitió acudirle con todos los auxilios que se deseaban. Pero en ifin, todo lo 
suplió el gran talento político de Bolívar y el inmenso prestigio de su 
nombre. Este nombre resonó en Venezuela y su eco repercutió por todos 
los ángulos del país en la siguiente proclama: 

Venezolanos ! Yá se ha manchado la gloria de vuestros bravos con el 
crimen del fratricidio. ¿ Era ésta la corona debida á vuestra obra de virtud y 
de valor ? Nó. Alzad, pues, vuestras armas parricidas; no matéis la patria. Es- 
cuchad la voz de vuestro hermano y compañero, antes de consumar el último 
sacrifíoio de una sangre escapada á los tiranos, que el oielo reservaba para con- 
servar la Eeifública de los héroes. 



CAPITULO NOVENTA Y CUATRO. 1 59 

Venezolanos ! Os empeño mi palabra. Os ofrezco solemnemente llamar al 
pueblo^ para que delibere oon calma sobre su bienestar y sn propia soberanía. 

Muy pronto, este año mismo, seréis consultado^ para que digáis cuándo^ 
dónde y en qué términos queréis celebrar la gran Oonvención Nacional. Allí el 
pueblo ejercerá libremente su omnipotencia: allí decretará sus leyes fundamen- 
tales. Tan sólo ¿1 conoce su bien y es dueño de su suerte; pero no un poderoso^ 
ni un partido, ni una fracción. Nadie sino la mayoría es soberana. Es un tirako 

KL QUE BB PONE EN LU6AB DEL PUEBLO; T SU POTESTAD, USURPACIÓN. 

Venezolanos ! Yo marcho hacia vosotros á ponerme entre vuestras espa-* 
das y vuestros pechos. Quiero morir antes que veros en la ignominia, que es 
ptor todavía que la misma tiranía ; y contra ésta ¿ qué no hemos sacrificado ? 
¡ Desgraciados de los que desoigan mis palabras y falten á su deber ! — Simón 
Bolívar. 

En nada de esto se ven contemplaciones indignas con los perturbado- 
res de Venezuela, como tan injustamente se han querido atribuir al Liber- 
tador Presidente en esta ocasión, tomando de aquí y de allí datos misera- 
bles, como el de que le hizo mala cara al que había tenido parte en la rebe- 
lión de un batallón contra Páez; que á otro lo trató con la mayor frialdad 
porque se había pasado del campo de Páez al de Bermúdtz; que había im- 
probado que se opusieran á Páez con demasiado calor; que le pareció mejor 
la conducta tibia de Urdaneta respecto á lo que de él se esperaba, infiriendo 
de iodos estos /hechos..,/ que á pesar de sus protestas daba la razón á Páez 
contra el Ejecutivo nacional, i Qué hechos ésos para oponerse á las solem- 
nes protestas de un hombre del carácter y la posición del Libertador ! 

Páez expidió una proclama cuando recibió el oficio que éste le había 
enviado con el Coronel Ibarra, anunciándole su marcha á Venezuela. En 
esta proclama manifestaba á los venezolanos su grande alegría por elfansto 
acontecimiento de la llegada del Libeitador. Era lo mejor que podía hacer 
Páez cuando, al oír el nombre de Bolívar en Venezuela, lo habrían dejado 
casi solo ó al menos con muy pocas fuerzas. Sm embargo, en su proclama 
trataba de mantener su posición hostil. Veamos ahora, para que se acaben 
de evaporar aquellos hechos^ la carta que, con motivo de la proclama, diri- 
gió el Libertador desde Coro á Páez, con fecha 23 de Diciembre : 

Mi querido General: Al llegar hoy aquí he visto con satisfacción una pro- 
clama de usted, del 15 de Diciembre, en manuscrito, venida de Curazao: en 
ella están mis verdaderos sentimientos. Yo he celebrado infinito que la cariA lle- 
vada á usted por el Coronel Ibarra, haya causado este documento honroso á mí 



1 6o HISTORIA DB NUEVA GRANADA 

como á usted. \ Quiera el Cielo que los presagios de usted se realicen aun más . 
allá de lo que 70 deseo! Mi ambioión es la felicidad de Venezuela 7 de la Amé- 
rica toda, si fuera posible. Aseguro á usted con toda mi sinceridad que esto7 
sumamente fastidiado de la vida pública, 7 que el primer momento dichoso de 
mi vida será aquel en que me desprenda del mando delante de los Bépresentan- 
tes del pueblo en la gran Conyención. Entonces se convenceránftodos de mis 
más íntimos sentimientos. Y á la verdad ¿á qué puedo aspirar? Yo tiemblo de 
descender desde la altura á que la fortuna de mi patria ha colocado mi gloria. 
Jamás he querido el mando: en el día me abruma 7 aun me desespera. No 
combatiré 70 por él; digo más> me harían favor en sacarme del caos en que me 
hallo por una pronta muerte. Yo me estremezco cuando pienso, 7 siempre esto^ 
pensando, en la horrorosa calamidad que amaga á Colombia. Veo distintamen- 
te destruida nuestra obra, 7 las maldiciones de los siglos caer sobre nuestras 
cabezas, como autores perversos de tan lamentables mutaciones. Quiero salir 
ciertamente del abismo en que nos hallamos; pero por la senda del deber, 7 nó 
de otro modo. 

La proclama de usted dice " que vengo como un ciudadano." ¿ Y qué 
podré 70 hacer como un ciudadano? ¿Cómo podré 70 apartarme de los deberes 
de Magistrado ? ¿ Quién ha disuelto á Colombia con respecto ék mi y con res"- 
pecio á las leí/es? "El voto nacional ha sido uno solo: reformas y Bolívar. Nadie 
me ha rehusado; nadie me ha degradado. ¿ Quién, pues, me arrancará las rien- 
das del mando? ¡Los amigos de usted! ¡usted mismo! ¡La infamia seria mil 
veces más grande por la ingratitud que por la traición. No puedo creerlo. Ja- 
más concebiré que usted lleve hasta ese punto la ambición de sus amigos y la 
ignominia de su nombre. No es posible. General, que usted me quiera ver hu- 
millado por causa de una banda de tránsfugas que nunca hemos visto en los 
oombates. No pretenda usted deshonrar á Caracas, haciéndola aparecer como el 
padrón de la infamia 7 el ludibrio de la ingratitud misma. ¡ Qué no me deben 
todos en Venezuela ! ¿ Hasta usted no me debe la existencia ? 

EL Apure sería la habitación del vacío, el sepulcro de los héroes^ sin mis 
servicios, sin mis peligros 7 sin las victorias que he ganado á fuerza de perse- 
verancia 7 de penas sin fín. usted, mi querido General, 7 los bravos de aquel 
ejército no estarían mandando en Venezuela, 7 los puestos que la tiranía les 
habría asignado, serían escarpias, 7 nó las coronas de gloria que ahora ciñen 
sus frentes. 

Yo he venido desde A Perú para evitar á usted el delito de una guerra 
civil: he venido porque Caracas 7 Venezuela no volvieran á mancharse con la 



CAPÍTULO NOVENTA Y CUATRO. l6l 

sangre más preciosa. ¿Y ahora me quiere usted como un simple ciudadano, sin 
autoridad legal 7 No puede ser. Este título me honraría millones de yeces, reci- 
biéndolo por fruto de mi desprendimiento. No hay más autoridad legitima en Ve- 
nezuelOf fino la mía (1), se entiende autoridad suprema. £1 Vicepresidente mis- 
mo ya no manda nada aquí (2), como lo dice mi decreto. Yá no habrá motivo 
para queja ni desobediencia. El origen del mando de usted viene de Municipa- 
lidades, data de un tumulto causado por tres asesinatos; nada de esto es glorio- 
so, mi querido General (3). 

Ofrezco á usted, con la mayor franqueza, toda mi amistad, todos mis ser- 
vicios, y cuanto pueda serle honroso ; mas ^do debe marchar por la senda del 
orden, por la verdadera soberanía, que es la mayoría nacional. Gumaná mismo 
no ha desconocido el gobierno. \ Ojalá que el General Marino haya sido bien 
recibido, para que Cumaná no se convierta en una nueva Guinea, y se entienda 
conmigo para establecer la paz pública I 

Lo que más me asombra de todo, es que usted no me habla una palabra 
de mi autoridad suprema, ni de mediador, usted me ha llamado, y ni siquiera 
me escribe una letra después de tan graves acontecimientos: todo esto^me deja per- 
plejo. Crea usted. General, que á la sombra del misterio no trabaja sino el cri- 
men. Quiero desengañarme : deseo saber si usted me obedece ó nó, y si mi pa- 
tria me reconoce por su Jefe. No permita Dios que me disputen la autoridad 
en mis propios hogares, como á Mahoma, á quien la tilrra adoraba y sus com- 
patriotas combatían. Pero él triunfó, no valiendo su causa tanto como la mía. 
Yo cederé todo por la gloria; pero también combatiré contra todo por ella. 
¿ Será ésta la sexta guerra oivil que he tenido que apagar ? ¡ Dios mío, me es- 
tremezco ! 

Querido General: conmigo será usted todo, todo, todo. Yo no quiero nada 
para mí ; así usted lo será todo, sin que sea á costa de mi gloria, de una gloria 
que se ha fundado sobre el deber y el bien. 

La prueba más invencible de mis sacrificios á Venezuela y á usted, es mi 
decreto que ahora la mando. Yo me comprometo con el deber y con la ley á 
convocar la Convención Nacional : no lo debo, y sin embargo, me inmolo para 
evitar una guerra civil. ¿Y aun quiere usted más de mi consagración ? 



(1) Quia inpoteitate erat sermo ijptvus, 

(2) Hé aqnl un toque fino de política para los venezolanos. 

(3) ¿Y en vista de esto, habrá tenido razón el señor Bestrepo en inferir de ciertas 
vaguedades que el Libertador daba la razón & Páez í 



102 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Crea tusted que no pretendo ni pretenderé jamás hacer triunfar un partido 
sobre otro, ni en la Convención ni fuera de ella (1). No me opondré á la fede- 
ración ; tampoco q^^iero que se establezca la Constitución boliviana. Sólo quiero 
que la ley reúna á los ciudadanos, que la libertad los deje obrar y que la sabi- 
duría los guie, para que admitan mi renuncia y me dejen ir lejos, muy lejos de 
Colombia. Testimonio de este sentimiento es la venta de Aroa y la venta de 
todos mis bienes que mi hermana negocia. 

Adiós, mi querido General: yo parto mañana para Puortocabello ; allí es* 
pero la respuesta de usted. Puortocabello es un gran monumento de su gloria. 
Ojalá que allí se alce tanto que paseóla mía ! Este voto es sincero, porque no 
tengo envidia á nadie. 

Beciba usted la expresión de ardiente afecto con que le amo de corazón. 

BOLÍVAlt. 

r * 

Páez había proyectado el resistir al Libertador, y así, había hecho un 
viaje al Apure y dado disposiciones á varios de sus adictos Jefes ; pero 
como esas fuerzas empezaron á faltarle luego que sintieron los pasos del 
Libertador, tuvo que variar de sistema. Continuando éste su marcha, llegó 
á Puertocabello el 31 de Diciembre. Aquí estuvo pensando con bastatite 
ansiedad sobre lo que debiera hacerse, porque aún no sabía que las cosas 
hubieran tomado un aspecto tan favorable en Apure, Barinas y Carabobo. 
Algunos le persuadían *que cayera inmediatamente con la fuerza que tenía 
sobre Páez; pero el Libertador, obrando con suma reflexión, porque sabía 
muy bien todo lo que podía costar el primer tiro que se disparara en la 
guerra civil contra Páez, determinó dar el último paso en la vía de la paz, 
y el día i,^ de Enero de 1827 extendió un decreto de amplia amnistía, en 
uso de sus facultades extraordinarias, y en favor de todos los comprometi- 
^dos en los trastornos de Venezuela, disponiendo que su autoridad, como 
Presidente de la República, fuese reconocida y obedecida, juzgándose todo 
acto de hostilidad posterior como delito de Estado; y que Páez continuara 
ejerciendo la autoridad civil y militar bajo el título de Jefe Supremo de 
Venezuela. 

En el mismo día envió este decreto á Páez, quien se hallaba en Valen- 
cia, y los efectos fueron los que deseaba el Libertador. Páez reconoció su au- 



(l) Santander ha dicho en sus AjfuntamimtQS que Bolivar intrigó paza que él no 
fuera & la Convención. A semejante especie sólo pneden dar asenso los que no conocie- 
ron la nobleza y dignidad de carácter del Libertador. 



CAPÍTULO NOVENTA V CUATRO, X63 



^0>^i^r^ / ^^^^m^^^^f^0^ ^0^^t^*t^i^>i^»^*^m^&^*^^^^^0^^^^K, 



toridad como Presidente de Ir República; anuló sus* decretos de convoca- 
toria de Congreso, y ordenó que el Libertador fuese recibido en triunfo por 
todos los lugares del tránsito y en Caracas; 

Fi^e tal el gozo del Libertador al ver, de un momento á otro, desapare- 
cer de Venezuela la guerra civil, que sólo contemplándolo enajenado en 
esos momentos, podría dispensársele la ligereza con que. escribió á^Páez, 
que lejos de ser culpable, era el salvador de la patria etc. Esta contestación 
fue muy criticada, y con razón, y sólo podía ser disculpable en el sentido 
que decimos. No hay duda que Páez había inspirado grandes temores ai 
Libertador, que lo conocía demasiado y sabía todo lo que podía hacer con 
su valor y el ascendiente que tenía sobre los llaneros. 

El 4 de Enero salió de Puertocabello el Libertador y se encontró con 
Páez en el pie del cerro de Maguanagua. Allí se abrazaron y siguieron para 
Valencia, donde fue recibido el Presidente con entusiasmo. El Gelieral 
Páez le hospedó en su casa. Larrazábal refiere una anécdota, ^ue debemos 
oírla como él la describe: 

" En la mesa tuvo lugar un serio desagrado, que voy á referir con mi- 
nuciosidad, porque da la medida der temple de alma de'Bolívar. 

" Había publicado Páez una proclama referente á los sucesos qué vie- 
nen contados, y cuyo documento se acabó áe imprimir muy tardé. Traje- 
ron á la casa los primeros ejemplares, cuando todos se hallaban á la mesa ; - 
y el Coronel Matías Escuté, Jefe de Estado Mayor de Páez, repartió él mií- 
mo dicha, proclama, producción suya tal vez, á los oficiales que acompaña- 
ban al Libertador. Con éste venía desde el Perú, en calidad de Capellán, 
el doctor VUlarán, sujeto respetable, y al cual Escuté, intencionaltnente, 
no dio un ejemplar de lo que distribuía. Escuté hacii^ alarde de incrédiilo 
y de tener una moral estragada, y llevaba su sistema hasta la incivilidad. 
Sintióse coa razón el doctor Villarán.de aquel desdoro que sin causa se le 
hacía, y no quiso recibir la proclama de mano de otro que se la brindaba. 
Entonces Escuté, creyendo que Villarán desaprobaba el contenido del do- 
cumento, le dirigió algunas palabras mal sonantes, y la disputa se acaloró 
hasta llamar la atención delLibertador. Este preguntó qué pasaba, y su 
Capellán le informó con verdad del hechp. Bolívar le dio la justicia que 
tenía; reprendió severamente á Escuté, y pasando más allá, en un arranque . 
de incomodidad, zahirió á Páez y á los suyos que le oían: 

— " Está usted todavía, señor Escuté, con las manos tintas en sangre 

americana, le dijo, pues acaba usted de salir de las filas españolas y se atre- 

11 



1 64 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

ve usted á insultar á mi Capellán y á faltarme al respeto á mi, que soy el 
Presidente de Colombia. ¿ Piensa usted que no recuerdo que en Semen 
mandaba usted una Compañía de Cazadores realistas ?••• 

" Siguió la invectiva contra Escuté, y trayendo muy á propósito la ' 

idea de que había osado hacer lo que hizo, contando con el patrocinio de | 

Páez: I 

-— '* Aquí no hay más autoridad ni más poder que el mío, le dijo : yo 
soy como el sol entre todos mis Tenientes, que si brillan, es por la luz que 
yo les presto. 

'' La comida acabó en el silencio y el estupor. Los pocos amigos y i 

Oficiales del Libertador se le acercaron, y luego que se calmó, le represen- 
taron el peligro que corría de ser sacrificado fácilmente, rodeado como es- 
taba de enemigos, en quienes nunca son poderosos los beneficios para ase- I 
gurar la reconciliación y el respeto. Pero el Libertador contestó con la ma- ¡ 
yor serenidad: 

— " Nada temo, ellos no se atreverán á hacer nada.'* J 

De Valencia marchó el Libertador para Caracas, donde fue recibido el \ 

lo de Enero con los honores del triunfo, según lo dispuesto por el Congre- ¡ 

so. La función fue magnífica, y el regocijo de los caraqueños desmedido. 
El Libertador regaló á Páez dos famosos caballos peruanos, una espada y ' 

una lanza con grabados de oro, y un necesario de campaña. 

El Libertador emprendió la reorganización de aquel país trastornado, 
y al entrar el mes de Febrero escribió su renuncia para enviarla al Con- 
greso. 

Dejemos por ahora al Libertador haciendo importantes arreglos en los 

ramos de la administración de Venezuela, y volvamos á Bogotá. 



y 



CAPfrOLO NOVENTA V CINCO. 165 



CAPITUIO XCV. 

Fublioación de una representaoión dirigida al Libertador— ^os malos efeotoe-— Estado 
del partido liberal en la capital después de ido el Libertador á Yenezuela—Se había 
decidido su pérdida— Medio inicuo de que se echó mano— Los que no se hacían ene- 
migos del Libertador eran calificados de serviles^Ohst&onlo que presentaba el ejér- 
cito al plan de los liberales — ^Tramas empleadas para allanar este obst&culo— El Qo- 
biemo del Peni toma parte — ^Motín de la tercera División auxiliar del Perú— Carta 
del Libertador á Santa Cruz — ^Testimonio de Pando — Bustamante da parte de su in- 
surrección al Qobiemo — Se celebra este hecho en la capital de acuerdo con el Vice- 
presidente — ^El €k>biemo aprueba el motín militar— Cómo recibió el Libertador estas 
noticias en Venezuela — Bompixniento definitivo entre el Libertador y el General 
Santander— Desembarco de la tercera División en las costas de Colombia— Froviden* 
cias que se toman en Guayaquil — ^Atentados que cometen los Jefes de la División — 
Operaciones del General Flórez para mantener el orden constitucional— Cómo des- 
empeñó su misión el Coronel Antonio Obando— La Mar elegido Intendente de Gua- 
yaquil por los revolucionarios — Es electo Presidente del Perú — Deja & Guayaquil — 
Los periódicos de Bogotá— Guayaquil adopta la federación— Estado de la capital- 
Declamaciones contra el Libertador— Censura sobre la conducta de Santander— 2^ 
Conduotar y el Gobierno— Kegocioa de Boma— Breve del Señor León XII — Cómo 
saneó el Papa la nulidad de las canongías dadas por el Gk>biemo— El j^om — Obser- 
vaciones sobre este particular. 

SE había dado publicación á un documento trabajado por el doctor 
Vicente Azuero, y firmado por gran número de empleados y vecinos 
de la capital. Este documento era una exposición de los sentimien- 
tos de todas esas petsonas en favor del orden constitucional estable- 
cido. Grandes elogios se tributaban al Libertador acerca de su patriotismo 
y desinterés; pero esos elogios eran como los que se hacen de la formali- 
dad de un niño para comprometerlo á no hacer travesuras. Estaba escrita 
la representación como si los que hablaban estuvieran interiormente per- 
suadidos de que el Libertador venía á derrocar el orden establecido para 
suplantar la boliviana, y por lo mismo no se presentó al Libertador, de 
quien se había ya formado otra idea desde la conferencia tenida en Tocai- 
ma con el Vicepresidente, y sus actos subsiguientes. El General. Posada 
observa muy bien que si no era ya necesario presentarla, no había para qué 
publicarla, y que esta publicación produjo mal efecto, pues fue dar á cono- 
cer al Libertador que se desconfiaba de la sinceridad de su palabra, y que 



l£»6 HlStlORIA DE NUEVA GRANADA 

se le trataba de comprometer de ese modo. 

¿ Y cuál era el estado de cosas en la capital mientras que el Libertador 
lidiaba con Páez y sus partidarios para evitar la gran calamidad de una 
guerra civil entre Venezuela y Nueva Granada ? Tendríamos que extender- 
nos más de lo que hasta ahora nos hemos extendido fuera de nuestro plan, 
si quisiéramos referir todo lo perteneciente á esta parte de la historia. 

Todo el partido liberal de Bogotá parecía haberse contaminado del 
genio del doctor Vicente Azuero, segunda persona de la trinidad omnipo- 
tente del liberalismo, Santander, Azuero y Soto. Aquel hombre no se 
contentaba con nada que no fuera enteramente conforme con sus ideas, las 
que quería hacer triunfar á todo trance, como las había hecho triunfar hasta 
ahora en todo lo que se había propuesto. Continuaba, pues, descontento el 
partido liberal con todo lo que h^cía el Libertador, y traducía todos sus 
hechos y palabras como pasos dados hacia la tiranía, principalmente por la 
conducta que había observado con respecto á Páez, sin hacerse cargo de lo 
delicado de aquel negocio, que exigía suma política, la política que reve- 
la la carta que antes hemos copiado y en que más se da á conocer el talento 
y el finísimo tacto político de su autor. 

Se había decidido yá la caída de Bolívar, y para llevarla á efecto era 
necesario acalorar los animes y exaltar la imaginación de los republicano^ 
con la idea horrible de un tirano levantado en el país sobre la sangre de 
todos los mártires de la libertad; un tirano usurpador de los derechos del 
pueblo, que quería imponer el despotismo militar sobre el orden úe las 
leyes. Este era Bolívar, y el General Santander el defensor de las liber- 
tades COLOMBIANAS. Así se logró echar toda la odiosidad de los republica- 
nos sobre el primero, y se le procuró al segundo todo el amor y veneración 
de los sencillos republicanos, qiie no podían comprender hasta dónde llega- 
ba la perfidia de esa trama. Otros había que veían claro y se adherían 
siempre al partido del Libertador: éstos fueron denominados í^rz^z/^^, paro- 
diando así á los demagogos españoles, i Cuántas tramoyas no se empezaron 
á poner en acción para anular física y moralmente al único hombre capaz 
de mantener el orden y dar importancia exterior á la República! El Ejér- 
cito lo idolatraba, y éste era un grande obstáculo para ese plan. Ah! decían, 
si se pudiera quitarle ese punía!. {i). Esto se deseaba mucho, y quién sabe 

(I) El que esto escribe sabe lo que escribe ; porque fue de los alucinados de la época, 
y lo fue por inexperiencia y porque entonces se hallaba empleado en la Secretaría deHa- 
ti9a, que era tanto como estar en el foco del santandeHsmo, 



CAPÍTULO NOVENTA Y CINCO. 1 67 

cuántos resortes se moverían para conseguirlo. En el Perú se habían vuel- 
to yá, como la víbora de la fábula, contra el pecho del que le había dado 
calor y vida; y Santa Cruz, Pando, que había sido Ministro del Libertador*, 
y otros muchos, se declararon contra éste de una manera horrible, y en un 
tumulto popular hicieron declarar nula la elección del Libertador para 
Presidente, nula la sanción de la Constitución boliviana. Santa Cruz y 
Pando procedían en esto con la mayor perfidia, porque demasiado sabían 
cuáles eran los sentimientos del Libertador respecto á las cosas del Perú, 
cuando en la carta que desde Popayán escribió al primero con fecha 26 de 
Octubre, le decía entre otras cosas: " La voluntad del pueblo es la ley ó la 
fuerza que gobierna; debemos darle plena sanción á la necesidad que impo- 
ne su mayoría.... Yo aconsejo á ustedes que se abandonen aí torrente de 
los sentimientos patrios, y que en lugar de dejarse sacrificar por la oposi- 
ción, se pongan ustedes á su cabeza, y en lugar de planes americanos, adop- 
ten ustedes designios puramente peruanos; digo más, designios exclusivos 
al bien del Perú. No concibo nada que llene ampliamente este pensatnien- 
to; mas es mi deber y conviene á mi gloria aconsejarlo.... Yo no quiero 
más que mis amigos sean víctimas de su celo, ó que caigan en la detestable 
opinión de enemigos de su patria. Así, obre el Consejó de Gobierno ' libre- 
mente; siga su conciencia sin trabas ni empeños, oiga la voluntad pública, 
y siga velozmente, y habrá llenado todos mis votos: elbien del Perú. Cuan- 
do el Consejo de Gobierno juzgue que las tropas colombianas le embarazan 
ó le perjudican al Perú, debe inmediatamente mandarlas para Colombia, 
procurando pagarles una parte ó el todo de sus sueldos. Si no hubiere 
dinero, también vendrán sin pagas, pues nosotros no hemos ido á buscar 
sino fraternidad y gloria?* 

¡ Y después de esto, esos mismos hombres declaman y vociferan contra 
la ambición de Bolívar, y para hacer el caso grave, se declara su autoridad 
como nula, se le hace aparecer como un déspota usurpador! 

El mismo Pando, en un manifiesto que dio después de salir el Liber- 
tador de Lima, lo defendió contra los que le imputaban que quería perpe- 
tuarse en el mando del Perú, y concluía diciendo: " El día que el Liberta- 
dor dijo adiós á nuestras playas, fue para siempre." 

Estos hombres, de acuerdo con algunos de Colombia, fueron los pro- 
movedores de un acto inmoral de insubordinación militar, cometido por la 
tercera División cofombiana, que el Libertador había dejado en Lima ai 
mando del General Lara. 



l6S HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Esta División, compuesta de dos mil setecientos hombres, tenía por 
Jefe de Estado Mayor al Coronel graduado José Bustamante, natural del 
Socorro, circunstancia agravante, porque casi todos los socórranos se decla- 
raron oposicionistas, por el influjo y autoridad que sobre ellos ejercía su 
paisano el doctor Vicente Azuero. Bustamante encabezó la insurrección 
militar contra los Jefes que eran venezolanos, reduciéndolos á prisión el día 
26 de Enero de 1827 junto con los Oficiales venezolanos, quedando la 
División con sólo Jefes y Oficiales granadinos. El pretexto que para ello se 
tuvo fue el decir que esos Jefes y Oficiales eran bolivianos que se prepara- 
ban á trabajar contra la Constitución de Colombia. A los Jefes y Oficiales 
depuestos, después de una estrecha é ignominiosa prisión, los embarcaron 
en el puerto del Callao y los mandaron para Bogotá custodiados por dos 
Oficiales, que trajeron al Gobierno pliegos del General Santa Cruz y de 
Bustamante, juntamente con el acta de pronunciamiento militar. Esta acta 
arrojaba bastante luz para conocer que ella hacía parte del plan formado 
en Bogotá contra el Libertador. Los suscritos, que lo eran Bustamante y 
ochenta y seis Oficiales granadinos, decían : ^' Que se habían reunido para 
declarar que permanecían enteramente sumisos á la Constitución y leyes 
de Colombia; que profesarían el mayor respeto al Libertador Presidente; 
pero que nunca alterarían de manera alguna su propósito de sostener á 
todo trance la Constitución contra los infaustos y violentos ataques que le 
hacían en diferentes lugares de la República; ni consentirían en que se 
nombrara un Dictador, ó que se adoptara un Código extraño; que hacían 
esta declaración para dar á conocer sus sentimientos al Gobierno de Colom- 
bia^ el que podía disponer de sus stividíos para sostenerse contra las preten- 
siones de los innovadores^ á cuyo efecto se le daría cuenta remitiéndole 
copia del acta por medio de su nuevo Comandante." Quien no viera aquí 
la mano de Joab, no veía nada. El pronunciamiento vino como mandado 
hacer; no se podía desear cosa mejor, y por eso fue recibido en Bogotá con 
el más grande alborozo por el partido santanderista, que yá se había desem- 
bozado enteramente contra el Libertador. Las campanas se repicaron en 
todas las iglesias, y ésas no se repicaban por pura voluntad de los campa- 
neros; ni los prelados eclesiásticos las mandaban repicar de motu proprio 
por un pronunciamiento de soldados : se quemaron muchísimos cohetes ; y 
para no dejar duda, salió la banda de música militar por las calles y una 
infinidad de liberales publicando, en medio de grande algazara, la importan- 
te noticia, dando vivas á la Constitución, á la tercera División y al General 



CAPITULO NOVENTA Y CINCO. I69 

Santander, que iba en medio del concurso echando vivas y arengas (i)« 
iQué sarcasmo! ¡qué hipocresía I se juraba sostenerla Constitución^ al 
mismo tiempo que se infringía la Constitución que prohibía deliberar á la 
fuerza armada. Y este acto inmoral de insubordinación militar é inconstitu- 
cional, se festejaba con tal publicidad, y, puede decirse, oficialmente ! Y se 
victoreaba en unión del Vicepresidente, rodeado de empleados parti- 
darios 'suyos ! se victoreaba á esos Oficiales criminales que, sobre la insu : 
bordinación y la infracción de la Constitución, que les prohibía delibe- 
rar, habían cometido el crimen de reducir á estrecha prisión, por cuatro 
días, á unos cuantos Jefes y Oficiales sin autoridad alguna, añadiendo otro 
crimen y un insulto al Gobierno, al mandar presos sin causa á esos Jefes y 
Oficiales que estaban destinados al Perú y á órdenes de aquel Gobierno. 
Esta última circunstancia no era de extrañar, porque demasiado sabido era 
que los mismos gobernantes del Perú facilitaron la sublevación de la tropa 
colombiana, para poder revolver el país como lo revolvieron. Esa subleva- 
ción se hizo al servicio de dos conspiraciones contra el Libertador; la del 
Perú y la de los santanderistas. Pero ¿qué necesidad tenía Santa Cruz de 
semejante medio para sacar del Perú las tropas colombianas, habiéndole 
dicho el Libertador en su carta desde Popayán que si embarazaban ó per- 
judicaban en el Perú las mandara á Colombia en el acto, aunque fuera sin 
sus pagas, si no había dinero? En fin, otro crimen que cometieron los insu- 
rrectos de la tercera División fue el de robarle al General Lara diez mil 
pesos que tenía en onzas, de los premios que le había dado el Congreso 
peruano. Esto hacía más indigna é indecente la celebración de aquel hecho, 
celebración que no se hizo igual cuando vino la noticia de los triunfos de 
Junln y Ayacucho. 

Hablando sobre esto el señor Restrepo, dice lo siguiente, á pesar de su 
bien conocida moderación, respecto al General Santander : 

" Emanaba semejante alegría de las esperanzas que concibieron los 
exaltados republicanos y los enemigos del Libertador, de que habiendo éste 
perdido con el motín de la tercera División una de las basas de su poder, 
que existía en el Perú y en el Ejército colombiano, podrían al fin derrocar- 
le, desacreditando todos sus actos y oponiéndole las bayonetas de una par- 
te del mismo Ejército . Como llevaran adelante las pasiones y el sistema dé 



(l) Como en sus Memorias lo teetifioa el GU>neral Posada, que iba junto con él, como 
que m ano de los de Bn partido. 



I/O HISTORIA DB NÜ&VA GRANADA 

SU partido poJtíico^ nada les ibíportaba la guerra civil que preparaban 
can aquella insensata conducía, 

** De ningún modo participaban de estas ideas los Secretarios de Esta- 
do del Poder Ejecutivo. Pero deseando no exasperar á la tercera División, 
que podía hacer males muy grandes al Perú y á Colombia, cometieron una 
falta grzvt permitiendo que el General Santander dictara la contestación á 
Bustamante, concebida en términos que hicieron poco honor á la adminis* 
tración de que eran parte/' 

El Vicepresidente en esta contestación no sólo. aprobó la insurrección 
militar, sino que dijo á Bustamante que había dado un día de consuelo d la 
Patria en las presentes circunstancias; '^y desde luego, decía, lejos de que 
el Poder Ejecutivo desapruebe la conducta de usted y la oficialidad de la 
División, la aplaudirá altamente," etc. El sentido condicional en que esta- 
ba concebida esta cláusula era, caso de ser cierto lo que se decía en el oficio 
respecto á los Jefes depuestos. Pero aun cuando así fuera, el Gobierno nun- 
ca podría aprobar el motín de una División del Ejército contra sus Jefes, 
ni que se permitiese deliberar sobre el estado político del país para obrar 
de propia autoridad, contra el texto expreso de la Constitución misma que 
proclamaban. (Véase el número 8). 

Las noticias oficiales de las novedades del Perú y el motín de la terce- 
ra División las recibió el Libertador en Caracas, y por el Oficial que le 
entregó los pliegos sé supo que los había leído sin alterarse y que dijo: 
'' Colombia ha perdido sólo una División de tropas; pero la República 
peruana volverá á sumirse en la anarquía de que la habían sacado' mis 
esfuerzos y los del Ejército colombiano.'' 

El Libertador publicó de oficio en El Reconciliador algunas reflexio- 
nes sobre la enormidad del crimen de la tercera División y sobre la insen- 
satez de los aplausos dados á este crimen por el Vicepresidente de la Re- 
pública. 

'' Data desde estos sucesos, dice el señor Restrepo, el rompimiento 
entre Bolívar y Santander, que fue absoluto y jamás volvieron á tener 
conexiones. Es cierto que el primeroj después de haber dado los menciona- 
dos ataques oficiales, no los volvió á repetir. El alma grande y franca del 
Libertador se desdeñaba de ocuparse en escribir artículos de periódicos, y 
en otras arterías que eran el elemento del General Santander. Había mucho 
tiempo que éste empleaba con placer gran parte de su tiempo en redactar 
artículos para la Gaceta de Colombia y para otros periódicos* Apenas habla 






CAPÍTULO NOVENTA Y CJINCO, l*Jl 

alguno de ellos en que directa ó indirectamente no atacara al Libertador, á 
quien debía tan distinguidos servicios y una sincera amistad; también exci- 
taba á otros escritores de su partido á que hicieran lo mismo. Esta conduc- 
ta no era noble, y muchos la tacharon, con razón, de ingratitud " (i). 

Estos testimonios, dados por el mismo Secretario de Estado del Gene- 
ral Santander, sin que se le pueda atribuir parcialidad, aclaran demasiado 
la cuestión entre esos dos personajes. 

Este asunto de la 3.* División es demasiado fecundo en materias de 
observación, y da la clave para descifrar algunos misterios relativos á la 
conducta de los jefes oposicionistas. 

Prescindamos de la ilegalidad del procedimiento de Bustamante en 
Lima y de su connivencia con aquel Gobierno para toda aquélla tramoya, 
y consideremos los hechos de la 3.* División después de salida del Perút 

La expedición se divide en dos partes: una se dirige sobre Guayaquil^ 
al mando de Elizalde, y otra desembarca en el puerto de Paita, para 
dirigirse por allí á Loja y Cuenca. ¿ Y esto qué significaba ? ¿ Por qué no 
viene toda la fuerza junta al puerto de Guayaquil y se pone á órdenes del 
Gobierno ? Si era cierto que esa fuerza sostenía el orden constitucional» 
estando éste vigente en las provincias del Sur y con autoridades legítimas, 
no debía haber hecho otra cosa que mantenerse allí esperando las disposi- 
ciones del Gobierno, ó seguir para Panamá, como lo tenía dispuesto el 
Ejecutivo respecto á las tropas que regresaran del Perú. 

Las autoridades de Guayaquil recibieron aviso de la invasión que 
sobre los Departamentos del Ecuador, Asuay y Guayaquil venía á hacer la 
tercera División, sublevada en Lima, y de las miras hostiles que esos jefes 
traían para trastornar el orden, El Coronel Tomás C. de Mosquera y e] 
Coronel José Gabriel Pérez, jefe superior de los Departamentos del Sur, 
los declararon en estado de asamblea y empezaron á tomar medidas para 
resistir á los facciosos ; pero no había suficientes fuerzas para ello ni tiempo 
para conseguirlas, pues que la expedición estaba ya encima. El Intendente, 
con el Coronel Vicente González, se embarcó y salió al encuentro de 
las fuerzas, para manifestar á sus jefes que los Departamentos se halla- 
ban en paz bajo el orden constitucional y obedientes al Gobierno, con le- 
gítimas autoridades nombradas por éste; que en tal concepto, debían seguir 
su marcha para Panamá, como lo tenía dispuesto el Gobierno. La Comisión 



(1) Sutoria de Colombia, tomo i.^'^capitolo ZQ de la segtmda edidfin. 



17^ HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

se encontró con parte de la expedición que mandaba el Coronel Juan Fran- 
cisco Elizalde, porque la otra, al mando de Bustamante, dirigido por López 
Méndez, había penetrado ya por Paita. Elizalde contestó que la expedición 
no retrocedía un punto de su intento, que era restablecer el orden consti- 
tucional; que se había subvertido con la formación de actas de dictadura; 
que las autoridades existentes que las habían hecho, por consiguiente, no 
eran legítimas, que no obedecían sino al Poder Ejecutivo; y que en el Sur 
no reconocían más autoridad que la de los Cabildos. AI jefe superior ofició 
Elizalde en el mismo tono, extendiéndose á decir que la tercera División no 
descansaría hasta que el General Bolívar no se presentase al Congreso, como 
simple ciudadano, á dar cuenta de su conducta en el Perú. 

Hé aquí á los defensores de la Constitución de desfacedores de agravios, 
sin que la Constitución ni ley alguna los autorizase para ello. ¿ Y qué te- 
nían que hacer estos expedicionarios alzados en los Departamentos del Sur 
que no lo hubiera hecho, si necesario fuera, el Vicepresidente Santander, 
bajo cuya autoridad estaban estos Departamentos ? El haber hecho actas 
nada significaba, desde que el Libertador, á su paso por el Sur, las había im- 
probado y ordenado que se siguiera en el orden constitucional. Y lo gra- 
cioso era que esas actas habían sido hechas con los Cabildos cuya autori- 
dad proclamaban ahora. 

El Intendente Mosquera informó al jefe superior sobre las miras hos- 
tiles que traían los facciosos, y en el momento se empezaron á tomar pro- 
videncias para resistirles. A los Generales Flcrez y Pebres Cordero se les 
envió al Departamento del Ecuador para impedir las operaciones de Bus- 
tamante. Las medidas que se empezaron á tomar en Guayaquil se frustra- 
ron todas, porque el Jefe del Estado Mayor de la plaza, Coronel Antonio 
Elizalde, estaba de acuerdo con su hermano y juntamente con el General 
Jesús Barreto se ganaron la poca tropa de la guarnición y unidos con los 
del antiguo partido peruano hicieron la revolución el día i6 de Abril á las 
dos de la mañana. El Intendente, el Jefe superior y otros jefes que no pu- 
dieron impedir el levantamiento tuvieron que salir huyendo para no caer 
en manos de los revolucionarios y ponerse á bordo del bergantín Condeso. 
Estos pusieron presos á varios oficiales que permanecían fieles al Gobierno, 
y muchas personas tuvieron que ocultarse para escapar de la persecución. 

Elizalde hizo reunir la Municipalidad, á la cual presenta un oficio de 
su hermano en que decía que esta Corporación " debía elegir un jefe de la 
administración departamental, respecto de que las autoridades nombradas 



CAPÍTULO NOVENTA Y CINCO. I73 

por el Ejecutivo de Colombia ejercían facultades inconstitucionales que ve- 
jaban y oprimían las libertades públicas." 

Tenemos aquí á un Coronel, defensor del orden constitucional, desba- 
ratando lo hecho por el Gobierno constitucional de Colombia y apelando 
á las Municipalidades, cuya autoridad acababa de desconocer para hacer 
actos que no fueran de su gusto. La Municipalidad convocó una Junta po- 
pular y se hizo acta^ inconstitucional, para defender la Constitución. Aun- 
que las autoridades habían tenido que salir á escape huyendo de los revo- 
lucionarios, y aunque en el o$cio de Elizalde se decía que el Cabildo debía 
nombrar autoridades, porque las existentes ejercían facultades inconstitu- 
cionales, no obstante, en el acta se puso '^ que habiendo las autoridades 
abandonado la ciudad, dejándola acéfala, era indispensable que la Corpora- 
ción procediese á nombrar un Jefe de la administración que, reuniendo el 
Poder civil y el militar, proveyese á la conservación del orden público." 
La Junta decretó que á los beneméritos traidores Antonio Elizalde y Ra- 
fael Merino se les confiriese el grado inmediato ^' como una remuneración 
del importante servicio hecho á la patria, salvándola de los horrores de la 
guerra civil." ¡ Ah, salvadores de la patria, Dios eterno ! ¡Y éstos eran los 
enemigos de Bolívar 1 | los que le acusaban de arbitrario é infractor de las 
leyes ! / Pobre patria / 

Inmediatamente fue elegido Jefe civil y militar el gran Mariscal del 
Perú, don José de La Mar, que se hallaba en Guayaquil próximo á marchar 
para Lima como Representante. Se le llamó á la sala para darle posesión 
de la autoridad; mas La Mar se excusó. Sin embargo de la excusa, que no 
se supo cuál fuera, porque la dio en secreto, tuvo la indelicadeza de aceptar 
el mando, siendo General peruano; y mando conferido por una Junta revo- 
lucionaria de una República por la cual debía haber tenido algún respeto. 
Pero este hombre lo hacía por odio al Libertador; odio producido por la 
envidia y la ingratitud. La Mar y la Municipalidad de Guayaquil confe" 
rían d lor salvadores grados militares que sólo podía conferir el Poder 
Ejecutivo y el Congreso; y todo esto se hacía para sostener el orden cons- 
titucional que quería echar abajo el General Bolívar. 

En este estado, Juan Francisco Elizalde ocupó á Guayaquil con la 
gente de su mando; y Bustamante con el batallón Rifles, dos compañías 
de Caracas y el cuarto escuadrón de Húsares. Ocupó luego á Cuenca, desde 
donde ofició al Gobierno diciendo que su plan era sostener la Constitución 
y salvar la patria ( i pobre patria I ) sometiendo los Departamentos del Sur 



174 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

al Gobierno constitucional, al cual estaban sometidos. ¿ Era esto una burla ? 

Hallábase el General Flórez en Riobamba organizando fuerzas para 
oponerle á Bustamante, cuando se encontró con el Capitán Bravo, que re- 
gresaba de Bogotá llevando para Bustamante la contestación que el Vice- 
presidente daba á la nota que, con el mismo oficial, le había mandado dán- 
dole parte de la revolución del 26 de Enero. Flórez persuadió á Bravo del 
atentado que contra el orden constitucional cometían Bustamante y los 
otros compañeros de insurrección. Este oficial, que, como muchos otros de 
sus camaradas, estaba engañado por lo que los habían dicho en el Perú los 
jefes revolucionarios, convino con Flórez en que se ganaría el batallón 
Rifles y que asegurando á los jefes, los pondría á su disposición; lo cual ve< 
rificó puntualmente. La tropa se puso á órdenes del Gobierno y Busta- 
mante con su director López Méndez quedaron presos en poder de Flórez. 

Pensó éste que como Bravo le babía servido para coger á Bustamante, 
éste le había de servir para coger á los de Guayaquil; y predicándole en el 
mismo sentido, Bustamante se fingió convertido y se encargó de la comi- 
sión que le diera Flórez. Púsolo en libertad y lo mandó á Guayaquil, don- 
de se unió á sus compañeros y tomó el mando de las tropas que le entregó 
La Mar (i). Inmediatamente después llegó á Guayaquil el General Anto- 
nio Obando, nombrado Comandante general de la tercera División por el 
Poder Ejecutivo. En el tránsito había hablado con el General Flórez y con 
el Coronel Torres, quienes lo impusieron bien de los procedimientos ilega- 
les de los Jefes de la División y sus copar ti darlos, para que supiera cómo 
se había de manejar con aquellos traidores y embusteros. Pero nada de esto 
valió; Obando no tenía más recomendación para aquel encargo que ser 
decidido santanderista. Se le reconoció como Jefe de la División; pero el 
reconocimiento no fue más que una burla, porque Bustamante siguió con 
el mando dé la tropa y el General se dejaba llevar por donde los facciosos 
querían. 

En este estado de cosas, el Jefe Superior del Sur dispuso que el Gene- 
ral Flórez marchase sobre Guayaquil con tfopas, como lo verificó, con tan 
buen suceso que obligó á La Mar á entrar en avenimiento, por el cual se 
estipuló que la gente de Flórez quedase de guardián en la plaza; que las 
tropas que actualmente la ocupaban marcharan para Panamá y Pasto, y 
que La Mar continuara en el mando hasta que el Poder Ejecutivo dispu- 



(1) HideroQ lo mismo Yan^gan en el año de 40, y Kioto en 41, i Síemiare loa mismos 1 



CAPÍTULO NOVENTA Y CINCO. 175 

siera otra cosa. La Municipalidad de Guayaquil, á quien se remitió la 
aprobación de este tratado, no quiso pasar por él, pretendiendo que Flórez 
no continuará su marcha. Este la continuó ocupando á Daule y Baba has- 
ta atravesar el río de Vinces. La Mar mandó tropas para rechazarlo; pero 
tuvieron que retirarse sufriendo un descalabro en que perdieron una parti- 
da de húsares que hizo Flórez prisioneros. Volvió éste á proponer el aveni- 
miento anterior; pero inútilmente, porque así La Mar como la Municipa- 
lidad y aun el mismo General Obando, decían á Flórez que habiendo las 
autoridades abandonado la capital el día 16 de Abril, no se les debía recono- 
cer nuevamente ni alterar cosa alguna de lo hecho hasta que se recibiera 
contestación del Ejecutivo, á quien se había dado cuenta de todo. ¡ Cosa rara I 
de una parte estaba Flórez obrando conforme á las órdenes del Jefe Supe- 
rior, que obraba por autoridad del Poder Ejecutivo, y de la otra estaban 
los insurrectos, que obraban por su cuenta, y el General Obando, Jefe que 
siendo mandado por el Gobierno para regir aquellas tropas, manteniéndo- 
las bajo su obediencia, en lugar de obrar de acuerdo con Flórez, para redu- 
cir al orden legal á los insurrectos, se une en causa común con ellos contra 
aquel Jefe que obraba conforme á las órdenes del Gobierno. El señor Res- 
trepo se admira de esta conducta de Obando, y dice que no tiene explica- 
ción! Nosotros le hallamos una de dos explicaciones; ú Obando era un 
imbécil que fue á servir de miserable juguete de aquella gente, ú Obando 
tenía órdenes reservadas para dar cuerpo á la insurrección del Sur, obran- 
do de ese modo. Y no fue eso sólo, y es lo que más inclina á la segunda 
explicación. Obando fue instado por el Jefe Superior del Sur para que 
asumiera el mando del Departamento y restableciera el orden constitucio- 
nal en virtud de la autorización expresa que el Ejecutivo había conferido 
al Jefe Superior para nombrar las primeras autoridades de Guayaquil. 
Obando respondió que *'en esta ciudad regía la Constitución, y que más 
derecho tenía para mandar el General La Mar, aclamado por el pueblo, que 
el nombrado por el Jefe Superior." ¿ Era ésta la contestación de un sonám- 
bulo, ó la contestación de uno que protegía á los facciosos con autorización 
reservada del Jefe de partido ? El señor Restrepo dice sobre este hecho 
inaudito: *'Lo más admirable es que el Vicepresidente Santander aprobara 
esta conducta de Obando y sancionara el que las Municipalidades tenían 
facultades constitucionales para nombrar Jefes civiles y militares como La 
Mar, deponiendo á los que habían obtenido sus títulos del mismo Poder 
Ejecutivo, y que fueron expelidos de Guayaquil por una fuerza revolucio- 



Ií6 HISTORIA DB NX7EVA ORAHADA 

naria. Resolución extraña sobremanera, insostenible á todas luces y que 
era Aifa de los partidos y de las pasiones que reinaban en la capital de la 
República." 

Aun hay otra cosa que hace conocer más esto. El Vicepresidente San* 
tander, en su contestación á Bustamante, como se ve en el número 47, hacía 
mención del Decreto del Poder Ejecutivo, de 24 de Noviembre, en que se 
prohibían bajo severas penas todas las juntas de ciudadanos para hacer actos 
que no estuvieran prescritos por la Constitución y por las leyes, y decía 
que el Gobierno no excusaría el acto de la oficialidad si hubiera podido 
recibir el Decreto antes del día de aquella reunión. Quiere decir que si la 
reunión de la oficialidad en Lima se hubiera tenido después de recibido el 
Decreto que prohibía esas reuniones que no eran constitucionales ni legales, 
el Poder Ejecutivo no excusaría de crimen á la oficialidad, ¿ y cómo no 
solamente no acusa de crimen, sino que aprueba y justifica las reuniones 
de la Municipalidad de Guayaquil, prohibidas por el Decreto de 24 de No- 
viembre y tenidas después de enterados de dicho Decreto los congregados? 
Esta era una contradicción evidente del General Santander, después de 
haber hecho en su carta á Bustamante semejante indicación, á no ser que 
se le quisiese indicar aquel punto de defensa, que quizá no advirtiera el 
Jefe insurrecto. 

Pero andaban las cosas tan fuera de camino con las pasiones que 
las dirigían, que á renglón seguido Obando recibió una comunicación del 
Ejecutivo, poniendo á Flórez á sus órdenes para que le obedeciese en todo 
cuanto le mandase. Se halló con esto Obando en la posición más ventajosa 
para favorecer á los revolucionarios. Inmediatamente expidió orden á Fló- 
rez para que regresara al Ecuador con la fuerza que mandaba. Iba éste á 
cumplir con la orden, cuando recibió otra del mismo Gobierno en que se 
le decía que habiendo regresado el Jefe Superior al Distrito de su mando, 
obedeciese sus órdenes. Yá estaba otra vez parado el General Flórez; pero 
antes de ocho días fue revocada esta disposición con otra en que se supri- 
mieron las facultades del Jefe Superior en el Sur, y con lo cual volvió á 
caer el General Flórez bajo la autoridad de Obando. Pero cuando esta dis- 
posición vino, yá Obando se había embarcado para regresar á Bogotá, cre- 
yéndose ofendido por la orden anterior, en que se había mandado estar á 
las órdenes del Jefe Superior. 

Parece que Obando no había estado pecando de inocente, y que trata- 
ba con demasiada confianza al Ejecutivo, cuando sin solicitar relevo ni re* 



CAPÍTULO NOVfiNTA .Y CINCO. 1 77 

cibir orden alguna abandonó el puesto en que se le había colocado para 
volverse á su casa. 

El General La Mar fue elegido Presidente del Perú, y una comisión 
del Congreso vino á Guayaquil para hacerle saber su nombramiento. Con 
tal motivo tuvo que dejar á Guayaquil. Su ausencia del puesto que ocupa- 
ba se hizo sentir inmediatamente, porque La Mar había cuidado de con- 
servar el orden público; ido él, empezaron los alborotos. El Cabildo convo- 
có una Junta de padres de familia á instancias de varias personas acalora- 
das con la lectura de los papeles públicos que iban de Bogotá, tales como 
El Conductor^ El Granadino^ La Bandera Tricolor^ que hacían guerra 
implacable al Libertador, á quien se habían propuesto desconceptuar entre 
los republicanos de buena fe, principalmente para con la juventud, hacién- 
dole formar ideas falsas sobre la conducta de aquél, y exaltando la imagi- 
nación con imágenes oJiosas de la tiranía, y que con toda malicia aplica- 
ban á la víctima de su sacrificio. Se había hecho^un crimen de que se pro- 
pusiera reforma política antes del término fijado por la Constitución, y 
ahora se estaban ya proclamando rearmas por esos mismos en sentido 
federal. Esta idea de federación acomodó mucho á los de Guayaquil, y así 
fue que la Junta, reunida el día 25 de Julio, acordó la federación de la Pro- 
vincia, aunque ofreciendo mandar sus diputados á la Convención, si se 
reunía dentro de un año. Nombró para Intendente á Diego Novoa, y para 
Comandante general á Antonio Elizalde. Estaba, pues, Guayaquil en plena 
revolución, separándose del Gobierno nacional, declarado en Estado Sobe- 
rano que se daba leyes y Magistrados; la misma cosa de Valencia, verifica- 
da por obra y gracia de los defensores del orden constitucional, cuyo celo 
por ese ídolo sagrado de la Constitución les hizo apresar y deponer á sus 
Jefes en Lima, porque, á su parecer, tramaban contra la Constitución. 

La capital estaba en efervescencia cada día más : al Libertador ya no 
se le daba otro título en los círculos liberales que el de tirano.**. ¿Y en qué 
estaba esta tiranía ? Se hallaba con el mando y facultades extraordinarias 
de que se podía abusar en aquellas circunstancias; i qué hacía ese tirano ? 
Sufrir insultos de los santanderistas y hacer cuanto estaba de su parte por 
apaciguar las disensiones, evitar la guerra civil y el derramamiento de 
sangre colombiana. Esto era lo que hacía el tirano, que al haberlo sido, 
habrían tenido que decírselo desde otra parte sus enemigos, y no dentro 
del país, que estaba bajo su autoridad y poder con facultades extraordina- 
rias de que podía usar contra todos ellos muy constitucionalmente, califi- 



178 HISTORIA DS KUBVA ORANADA 

candólos de perturbadores del orden público. 

Este hombre, martirizado por los mismos á quienes había libertado, 
hizo publicar su renuncia desde el mes de Febrero, para que todo el mundo 
conociera sus sentimientos y su decisión á dejar el mando; pero los libera- 
les, en lugar de desarmarse con esto, se irritaron más, porque, como no era 
de buena fe que lo acusaban de tirano, sino para arruinar su reputación y 
concitarle enemigos entre los republicanos de buena fe, cada desmentida 
que el Libertador les daba para frustrarles sus planes los desesperaba más* 
Así fue que en el momento empezaron á decir que la renuncia no era más 
que hipocresía, y se fundaban en que las anteriores no las había hecho de 
buena fe, sin dar de ello más prueba que el decirlo así ellos, pues que así lo 
habían juzgado, y no por otro dato, puesto que todas ellas las había negado 
el Congreso con unanimidad; que sólo habiéndole sido admitida alguna y 
que sin embargo hubiera continuado en el poder, ó se le hubiera notado re- 
pugnancia al dejarlo, podría haber razón para decir que no había hecho sus 
renuncias de buena fe. Para juzgar de la temeridad con que se acusaba al 
Libertador, es preciso ver la renuncia,. Hé aquí este importante documento: 

Cuartel general libertador en Caracas^ 5 de Febrero de 1887^17, 
A S. £. el Freeidente de la honorable Cámara del Senado. 

Excelentísimo señor: — En ninguna cirounstanoia era tan necesaria á la 
Eepúblioa la augusta autoridad del Congreso, como en esta época, en que los 
disturbios internos han dividido los ánimos y aun conmovido toda la Nación. 

Llamado por Y. E. para prestar el juramento de estilo como Presidente de 
la República, vine á la capital, de donde me fue preciso salir prontamente para 
estos Departamentos de la antigua Venezuela. 

Desde Bogotá á esta ciudad he dado Decretos tan importantes que me atre- 
veré á llamar de instante urgencia. Y. E. se servirá reclamar la atención del 
Congreso sobre ellos y de encarecerle de mi parte que los considere en su sabi- 
duría. Si me he excedido de mis atribuciones, es mía la culpa; pero yo consagro 
gustoso hasta mi inocencia á la salvación de la Patria. Este sacrificio me faltaba, 
y me glorío de no haberlo ahorrado. 

Cuando supe en el Perú, por aviso oficial, el nombramiento de Presidente de 
la República que el pueblo había hecho en mí, respondí al Poder Ejecutivo 
denegándome á aceptar la primera Magistratura de la Nación. Catorce años há 
que soy Jefe Supremo y Presidente de la República; los peligros me forzaban á 
llenar este deber; no existen yá y puedo retirarme á gozar de la vida privada. 



'CAPÍTULO NOA''ENTA Y CINCO. . 1 79 

Yo ruego al CoDgreso que recorra la BÍtaación de Colombia, de la América 
y del mundo entero: todo nos lisonjea. No hay un español en el continente 
americano. La paz doméstica reina en Colombia desde el primer día de este 
año. Muchas naciones poderosas reconocen nuestra existencia políticSi y algu- 
nas son nuestras amigas. Una gran porción de los Estados americanos están 
confederados con Colombia, y la Gran Bretaña amenaza á la España. ¡ Qué más 
esperanzas ! Sólo el arcano del tiempo puede contener la inmensidad de los 
bienes que la Providencia nos ha preparado : ella sola es nuestra custodia. En 
caanto á mí, las sospechas de una usurpación tiránica rodean mi cabeza y tur- 
ban los corazones colombianos. Los republicanos <:elosos no saben considerarme 
sin un secreto espanto, porque la historia les dice que todos mis semejantes han 
sido ambiciosos. En vano el ejemplo de Washington quiere defenderme, y en 
verdad, una ó muchas excepciones no pueden nada conLra toda la vida del mun- 
do, oprimido siempre por los poderosos. 

Yo gimo entre* las agonías de mis conciudadanos y los fallos que me espe- 
ran en la posteridad. Yo mismo no me siento inocente de ambición: por lo mis» 
mo me quiero arrancar de las garras de esta furia para librar á mis oonoiudada- 
uos de inquietudes y para asegurar después de mi- muerte una memoria que 
merezca bien de la libertad. Con tales sentimientos renuncio una y mil millo- 
nes de veces la Presidencia de la Eepiiblica. El- Congreso y el pueblo deben ver 
esta renuncia como irrevocable. Nada será capaz de obligarme á continuar en 
el servicio público después de haber empleado en él una vida entera. Y yá que 
•el triunfo de la libertad ha puesto á todos en uso de tan sublime derecho ¿sólo 
yo estaré privado de esta prerrogativa? Nó; el Congreso y el pueblo colombia- 
no son justos; no querrán inmolarme á la ignominia de la deserción. Pocos días 
me restan yá; más de dos tercios de mi vida han pasado: que se me permita, 
pues, esperar una muerte oscura en el silencio del hogar paterno. Mi espada y 
mi corazón, sinembargo, siempre serán de Colombia, y mis últimos suspiros 
pedirán al cielo su felicidad. 

Yo imploro del Congreso y del pueblo la gracia de simple ciudadano. 

Dios guarde á V. E. — Excelentísimo señor. — Simón Bolívar. 

Estas eran las palabras que tan malignamente se interpretaban por los 
enemigos del Libertador. 

Este partido de ingratos,. que realmente eran los que querían subyugar 

al pueblo colombiano imponiéndole sus ideas por medio de leyes, contra- su 

voluntad, aumentaba su audacia á medida que iba descubriendo la niodera- 

12 



1 8o HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

ción y sufrimiento del Libertador: éstos, que negaban el título de Liberta-* 
dor al que había libertado & Colombia y el Perú, lo daban al revolucionario 
Bustamante, llamándolo salvador de la Patria: á éste que estaba en conni* 
vencia con el Gobierno peruano para desmembrar el ferritorio de su Patria- 
agregando á Guayaquil al Perú; á éste, que ársu salida del Perú hizo otro 
perjuicio á Colombia con desprecio de los tratados celebrados con el Go- 
bierno sobre auxilios, devolviendo al Gobierno peruano cuatrocientos sol- 
dados que se habían dado por reemplazos de colombianos en conformidad 
de aquel tratado; á éste, en fin, que despojó' al General Lara de diez mil pesos 
en onzas que tenCa de las recompensas recibidas del Congreso peruano, (i): 
y que luego vino ú¡ trastornar el orden constitucional: en las Provincias del 
Sur. Pero nada de esto escandalizaba á ese partido, que sólo tramaba con* 
tra el Libertador, nada más que por haber propuesto se adoptasen,, si se 
creía conveniente, al tiempo de reformarla Constitución, algunas dispoftí* 
clones del Código boliviano; sobre lo qoe no volvió á) hablar desde que vio 
la oposición que se le hacía ;^ oposición que no dimanaba de horror al siste- 
ma vitalicio,' sino porque quitaba las esperanzas de obtener la Presidencia 
á los que anhelaban por ella. 

£1 partida oposicionista tenía ala eapital en conflagración, en vez de 
propender á la paz, " El Vicepresidente Santander, dice el señor Restrepo, 
á pesar de la improbación constante d« su^ consejeros legales, los Secreta- 
rios de Estado, escribía contra Bolívar ea la Gaceta de Colomhia artículos, 
primero un poco disfrazados, y después nvuy claros y explícitos. Azuero 
redactaba, con su acostumbrada exaltación y acrimonia, un nuevo periódi- 
co, titulado El Conductor^ que salía dos veces^ por semana^ y en su mayor 
parte se costeaba de los fondos públicos, pues el Gobierno de Santander se 
habia suscrito por doscientos cincuenta ejemplares, que circutlaban en todas 
las Provincias."^ 

Sobre esto se hizo cargo por la imprenta al Gobierno, y en la Gaceta 
se contestó que no bastando ésta para las publicaciones oficiales, el Gobier- 
no había tenido que celebrar una contrata, que le era ventajosa, con el editor 
de El Conductor^ para que destinase una parte de sus columnas á las pu« 
blicaciones oficiales. Pero esto no era más que una mala disculpa para en- 
cubrir el verdadero objeto, que era el de auxiliar la publicación de ese papel 
incendiario, dedicado á hacer la guerra al Libertador y dar aire de autori- 



(1) Bestrepo* Sutoria de Colombia, tomo 8«p 



CAPÍTULO NOVENTA Y CINCO. l8l 

dad & h^- calumnias, con el carácter de semi-oficial que se daba al periódico» 
Mas la disculpa era tan insensata, que al mismo tiempo que se decía no 
' bastar la Gaceta para las publicaciones oüciale», se la estaba ocupando con 
\m2, parte no oficial^ en la cual el General Santander contestaba á los perió- 
dicos de Caracas y Cartagena, en que siempre llevaba su^ parte el Liberta- 
dor; y no era esto sólo, sino que, dando también por razón del contrató con 
El Conductor, el haber tenido antes que poner suplemento muchas veces & 
la Gaceta, costeándose en esto más de lo que se daba á £11 Conductor, se 
seguían dando suplementos, qo obstante la contrata con el periódico; y en 
la mism^a Gaceta en qoe se daban esas disculpas, hahiz parte no oficial, con 
artículos contra La Lira y contra El Reconcilmdor, y esa mismísima Ga^ 
ceta tenía suplemento. Estas cosas parecen pequeñas, pero dan bastante 
qué entender sobre el carácter de ios hombres ministeriales y de sus mise- 
rables pasiones. 

El editor responsable de este periódico era el joven Florentino Qon- 
zález. Este estaba empleado en la Secretaría de Guerra, y el doctor Azuero, 
conociéndole el temple exaltado en sentido republicano liberal, le solicité 
para que cargara con la responsabilidad que él excusaba, por miedo, sin 
duda; porque si creía justa su causa, no tenía por qué avergonzarse de sacar 
la cara como escritor público. González no se decidió inmediatamente, y 
consultó el negocio con el que esto escribe, y que siendo tan liberal como 
él entonces, se hallaba empleado en la misma Secretaría. Su amigo, á pesar 
de eso, no hizo más que manifestarle las ventajas y desventajas que se le 
ocasionaban, yá aceptando la propuesta del doctor Azuero, yá conserván- 
dose en el destino que obtenía, y con el cual era incompatible el de la em- 
presa periodística. González al €n se hizo cargo del periódico, y sin duda 
esto lo condujo al precipicio algún tiempo después. 

En esta época de táhta turbación en el orden político, se tuvo en el 
orden eclesiástico la gran satisfacción de recibir despachos de Roma con las 
resoluciones convenientes sobre las promociones del coro metropolitano. 
£1 Deán del Capítulo recibió en los últimos días del mes de Diciembre 
próximo una carta de Su Santidad el Papa León XII, fechada en Roma á 
30 de Agosto de 1825, en que le decía que teniendo suficientes noticias de 
la triste y lamentable condición de los negocios de la religión católica en 
Colombia, había determinado cumplir del mejor modo posible los deseos 
de su predecesor el señor Pío VII, quien había escrito al Obispo de Mérida 
pidiéndole todas las noticias convenientes sobre el estado de la Iglesia en 



l82 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

•estos países, para proveer á sus necesidades espirituales. 

Decía el Papa que no dudaba que el Cabildo, certificado de la muerte 
del Arzobispo, habría nombrado Vicario Capitular, conforme- á lo dispuesto 
por erConcilio de Trento; pero q4ae si por algunas novedades no se hubie- 
ra hecho dentro del término prescrito por el Tridentino, no habiendo 
intervenido otro defecto canónico, daba por válida y sana la elección, y que 
autorizaba al Vicario para administrar el sacramento de la confirmación. 

En cuanto á las preces que el Cabildo había dirigido al Papa desde 
.1823, dándole cuenta de los nombramientos de Canónigos y dignidades, 
pidiéndole su aprobación, contestaba accediendo á la solit:itud, y al efecto 
incluía el breve respectivo, declarando que sanaba aquellas elecciones 
condonando losirutos percibidos por los provistos y autorizando al Capí- 
tulo, mientras durase la viudedad de la Iglesia, para hacer elecciones de 
Prebendados válida y lícitamente. 

El Deán pasó el breve del Papa al Poder Ejecutivo, solicitando tifiase, 
.El Vicepresidente decretó, en 8 de Enero de 1827, que en cuanto á la par- 
te del breve que contenía la confirmación de las prebendas y canongías 
provistas en virtud del convenio particular entre- el Poder Ejecutivo y el 
JMetropolitano, conforme al Decreto de 23 de Enero de 1823, no siendo de 
. naturaleza tal que requiriese el pase para surtir sus efectos en cuanto á la 
-subsistencia de los beneficios, ni la retención en cuanto ^ que resultase 
alguna vacante, declaraba no ser necesario el pase. Mandaba también el 
Ejecutivo que en cualquier tiempo que se imprimiera el breve para circu- 
larlo, se hiciese juntamente con el citado Decreto. 

En. cuanto á la parte del breve que concedía al Cabildo la facultad de 
elegir prebendados, se retuvo, como contraria á la ley de patronato ; y en 
.cuanto á la de conceder facultad al Vicario para administrar el sacramento 
de la confirmación, se dio el pase, expresando que era en virtud de la au- 
toridad que concedía al Gobierno la dicha ley. 

Concluía el Ejecutivo mandando devolver los documentos al Cabildo 
y que se imprimiesen con sti decreto, , para dar de todo cuenta, al próximo 
Congreso. 

El Cabildo mandó, con fecha 13 de-Enero de i8:?7, que se cumpliese 
en- toda« sus partes el decreto del Poder Ejecutivo ; y al mismo tiempo 
publicó el Deán, doctor Andrés M. Rosillo^ una relación del asunto, en 
jg^ue manifestaba la satisfacción tan grande que había tenido el Capítulo 
al ver que Su Santidad había accedido á la solicitud que se le había diri^ 



CAPÍTULO NOVENTA Y CINCO. 1 83 

gido por la corporación, suplicándole se dignase aprobar las elecciones de 
canónigos y prebendados que se habían hecho en virtud de las razones que 
se habían expuesto. El Deán manifestaba la ansiedad en que por tanto 
tiempo habían, estado los provistos, al ver el silencio del Papa, lo cual 
hacía ver que los canónigos no tenían conciencia de haber obrado bien ai 
promover y admitir los nombramientos del Grbbierno. 

El lector debe recordar lo que sobre esto hemos dicho antes, para que 
vea con cuánta razón impugnamos las opiniones del señor Rosillo y demás 
defensores del derecho de patronato, y de la chicana de la epiqueya con 
que se doró é hizo pasar por lícitos los nombramientos hechos por el Go- 
bierno para las canongías. 

El señor León XII tuvo que manejar este negocio, en cuanto á lo re- 
Tativo al foro interno, de una manera reservada^ para que el Gobierno no 
dijera que se le desacreditaba para con el público, y así fue que mandó una 
bula especial para que el Obispo de Mérida púdrese absolver á- los canóni- 
gos provistos de las censuras en que habían incurrido, y previno que 
al prestar el juramento protestasen que recibían el cargo y beneficio como 
dados por el' Papa, y que los electos en to sucesivo por el Gobierno, no 
habiéndolo solicitado ellos, protestasen al recibir la institución canónica^ 
que lo hacían como-electos por el Surao Pontífice, haciéndose constar así 
en el acta. La protesta se hacía, pero nc se ponía en el acta, sino que se 
daba un certificado por el Secretario del Cabildo, haciendo constar la pro- 
testa. Esta bula se perdió en poder del Deán Amaya, quien U sacó dola?- 
chivo y la llevó á su casa. 

De este modo fue como el Papa sanó las elecciones y promociones he- 
chas indebidamente, y quedó ganado el pleito por los que sosteníanla 
cuestión en contra del pretendido derecho de patronato en el Gobierno (i). 

Debemos hacer algunas observaciones sobre el decreto del Poder Eje- 
cutivo ; pero antes es preciso tener presente que-el derecho de exequator no 
es inherente á la soberanía temporal, pc)rque entonces lo habrían necesitado 
los apóstoles para promulgar la ley evangélica, y los primeros pontífices ha- 
brían tenido que solicitarlo de los emperadores paganos que se oponían á 
la propagación del cristianismo, lo que sería un absurdo. "EX exequator Yíz. 
sido un derecho ejercido por los soberanos católicos de acuerdo y con asen- 
timiento de Ibs Papas ; teniendo origen esta práctica, según la opinión de 
algunos autores, hacia la época del gran cisma de Occidente, con motívo de 

(1) Véase el capítulo LXXXV.. 



184 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

la necesidad que había entonces de examinar las bulas pontificias para 
jiroveer la ejecucióa de las que emanaban del Papa que se consideraba le- 
gitimo, y desechar lasque emanaban de los antipapas (i^. Ahora, res- 
pecto al Gobierno de Colombia, se ha demostrado que no podía usar 
legítimamente el derecho de patronato hasta no obtenerlo mediante un 
concordato con la Silla Apostólica, y así, mal podía retener ni dar pase á la 
ejecución del breve que concedía al Cabildo la facultad de elegir para las 
prebendas vacantes. 

La parte del decreto del Ejecutivo en que decía no ser la confirmación 
de las prebendas de naturaleza tal que el pase pudiera surtir sus efectos, 
en cuanto á la subsistencia de los beneficios, y que, de consiguiente, no ne- 
cesitaba de ese requisito, no era más que la manifestación de una especie 
de desprecio hacia la resolución pontificia, que no hacia otra cosa que apro- 
bar lo hecho, conforme á la solicitud de los canónigos, cuyas conciencias 
no estaban tranquilas, y con razón. 

En cuanto A pase concedido á la parte del breve que facultaba al Vi- 
cario para administrar el sacramento de la confirmación, se ve que era 
obra de ignorancia en el derecho.; porque si el Gobierno pretendía ejer- 
cer esta facultad como la ejercían los reyes católicos, debería saber que 
éstos nunca pretendieron, ni podían pretender, el derecho de exequátur 
respecto á las constituciones dogmáticas ni de disciplina general conexio- 
nada con el dogma, y de consiguiente, en lo relativo á la administración 
de sacramentos i cómo habría podido el Ejecutivo suspender la adminis- 
tración del sacramento de la confirmación negando el pase á esta parte 
del breve ? ¿ Habría habido un Vicario en Colombia que dejase de admi- 
nistrar ese sacramento por haberle negado éipase el Ejecutivo? Creemos 
que hasta allá no habría llegado la condescendencia, porque entonces se 
habría declarado que el Gobierno podía suspender la administración del 
bautismo, de la confesión, etc. 

El Cabildo eclesiástico, sin^embargo, quedó muy satisfecho con los ab- 
surdos del decreto ejecutivo, sobre el cual debería haber hecho una pro- 
testa, para salvar el dogma católico comprometido en esa resolución, y 
que el pueblo no fuese inducido en .el error de creer que la administra- 
ción de sacramentos estaba sujeta á la voluntad del poder temporal, 

¿ Y el Gobierno que pretendía ejercer todos esos derechos y regalías 
como correspondientes al monarca español i. guien se había sustituidos^ 

(1) Donoso, Dereóho Oan^moo amerioanOf T. U 



CAPÍTULO NOVENTA Y CINCO. 1 85 

gobierno de la República, cumplía, como los reyes de España, con lo pres- 
crito por las leyes en esta parte? ¿ Suplicó al Papa de la parte del breve 
retenida como lo hacían aquellos monarcas ? Nada de eso. Nuestro Go- 
bierno, infatuado con los derechos inherentes que le atribuían sus conseje^ 
ros canonistas, parecía desconocer la soberanía é independencia de la 
Iglesia para dictar leyes y decretos en negocios propios de su universal 
jurisdicción, y con tono imperioso decía : negado. Los reyes dé España no 
empleaban este modo orgulloso cuando alguna constitución pontificia se 
creía perjudicial á los derechos de la corona, ó que pudieran en alguna 
manera alterar el orden público, sino que suplicaban para su revocatoria ó 
reforma. Hé aquí el texto de la ley 2.*, título 9.®, libro i.<> de Indias sobre 
la materia : ** Y si vistos en él (supremo Consejo de Indias) fueren tales 
que se deban ejecutar, sean ejecutadas ; y teniendo inconveniente que obli- 
gue á suspender su ejecución, se suplique de ello para ante nuestro muy 
Santo Padre, que siendo mejor informado los mande revocar^y entre tanto 
provea el]Consejo que no se ejecute ni use de ellos." 

Las leyes del ítítulo 9.®, libro I.® de Indias, en cierto modo parecían 
exigir, para la ejecución de todos los actos pontificios en América, el pre- 
vio /«j^. Pero después se dio la ley i.*, título 3.®, libro 2/» de la Novísima 
Recopilación, especificando qué clase de despachos y provisiones pontifí* 
cias deberían presentarse al Consejo, exceptuando de esta formalidad los 
breves de indulgencias, dispensas matrimoniales, de edad, de oratorios, 
para ordenar exira témpora y otros de semejante naturaleza^ los cuales 
sólo deberían presentarse al ordinario eclesiástico, exceptólos breves des- 
pachados por la peniienciaria. 

Poco tiempo después de venidos los despachos de Roma, el ministro 
Tejada envió al Gobierno las bulas despachadas por el señor León XII, 
para el doctor Buenaventura Arias, nombrado Obispo auxiliar de Mérida, 
conforme á la solicitud que había dirigido el señor Lasso ; y decía, al mis- 
mo tiempo, que muy pronto serían preconizados los prelados propuestos 
por el Ejecutivo paralas^sillas episcopales de Bogotá, Caracas, Quito, Santa 
Marta, Cartagena, Antioquia y Cuenca. Y no solamente participaba el Mi- 
nistro de Colombia cerca de la Corte de Roma estas plausibles noticias para el 
orden espiritual, sino también para el temporal, la de haber reconocido el 
Papa la soberanía de la República de Colombia. El Papa escribió al Vice- 
presidente la carta que se ve bajo el número 8. También el rey de los 
Países Bajos envió á la capital de Colombia, con <^I carácter de Cónsul de 



l86 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

aquella nación, al caballero Stuers. Igualmente nombró el rey de Francia 
Cónsul general cerca del Gobierno á Mr. Buchet Martigny, autorizado en 
debida forma, mandando admitir en los puertos de Francia la bandera co- 
lombiana ; resultado que se obtuvo por los esfuerzos del doctor José Fer- 
nández Madrid, agente de la República en París, y á quien se nombró luego 
Encargado de Negocios cerca de Su Majestad Británica, en reemplazo del 
señor Hurtado. El Emperador del Brasil, los reyes de Suecia y Baviera y 
las Ciudades Anseáticas, reconocieron también en este año la soberanía de 
Colombia. Pero la revolución de los venezolanos y la inicua ingratitud de 
los liberales granadinos hacia el Libertador, hicieron retroceder la marcha 
majestuosa de Colombia para degradarla, para rebajarla, para hacerla per- 
der sus glorias y sumirla en un abismo de males que cada día han ido á peor 
y que no-tendrán fin.- 



CAPITULO xcvr. 

Congreso de 1827— Dificultades para sa rennión— Se instala en Tanja-— Continúa sus 
sesiones en la capital^El Vicepresidente renuncia y S9 deniega á prestar juramen- 
to— £1 Congreso le compele — Juramentó y Mensaje^Se trabaja para la admisión 
de la renuncia del Presidente— -E^ Chasqui^ El Conduotor y El Zurriaff(f—E\ Con- 
greso considera la renuncia del Libertador — Los liberales declaman contra él y 
sostienen la admisión de la renuncia — Resultado de esta cnestióu— Se trata de la 
renuncia del Vicepresidente— Resultado— El Congreso dicta una ley de olvido— 
Erecciones de Obispos y otras promociones edesiásticas^Se reciben las bulas y 
palios de los Arzobispos y Obispos presentados al Papa desde 1823. 

^ X^""^^ UE situatón la de Colombia en 1827! Era una nave co- 

Im \ rriendo temporal, medio desarbolada y haciendo agua por 

^ 9 todas partes. Unos veían la tabla de salvación en el Liber- 
^||^ tador y otros en el Congreso. Pero había llegado el día de su 

runión y faltaban Senadores, cuyo concurso era imposible, á causa de los 
trastornos introducidos en las provincias del Sur por los Jefes de la tercera 
división, que estaban dando un dia de consuelo d la patria; que se proclama- 
ban sostenedores del orden constitucional contra el tirano Bolívar^ infrin- 
giendo la Constitución y echando á rodar el orden constitucional. ¿ Era 
esto una pesadilla ? 

Hablan corrido ya cuatro meses desde el 2 de Enero, en que debía 



CAPÍTULO NOVENTA Y SEIS-*' iS? 

haberse reunido el Congreso, y ya no faltaba más para haber guorum que 
el Senador Alonso Uscátegui, que venía de Venezuela, pero enfermó' 
gravemente en Tun ja. Como había riesgo de que muriese y se siguiesen 
mayores males á la República. si en este año no se reunía el Congreso, los 
miembros de ambas Cámaras,, existentes en la capital, asociados con los 
del Poder Ejecutivo, deliberaron sobre el'partido que se debía tomar, y se 
acordó el trasladarse á Tun ja los Representantes y Senadores para abrir 
allí las sesiones, aunque hubiese de conducirse en cama al Senador enfer- 
mo al lugar de la instalación, y abiertas las sesiones, regresar á continuar- 
las en Bogotá. Mas como la ley de i.® de Octubre de 1821 disponía que el' 
Congreso se reuniera en la capital, se acordó igualmente que elEjecutivo, 
en uso de las facultades extraordinarias de que estaba investido, suspen- 
diese por medio de un decreto los efectos de esa ley, solamente con eV 
objeto de que el Congreso pudiese abrir sus sesiones en Tunja, atendida la 
imperiosa necesidad qpe había de ha'cerló asi. 

Tomada esta resolución^ salieron inmediatamente de Bogotá para 
Tunja todos los miembros del Congreso que se habían reunido en esta 
capital. El 2 de Mayo el-Congreso abrid sus sesiones en Tunja, señalando 
el 12 para continuarlas en Bogotá, como se verificó. 

Abierta la sesión en este día, se mandó llamar al" General Santander 
para que, como Vicepresidente electo, prestara el juramento constitucio- 
nal. Se denegó hasta por segunda vez, alegando que había dirigido su re- 
nuncia á Tunja ; que no había ley que le obligase á aceptar un destino 
que no quería y por cuyo ejercicio se le atribuían los males de la Repúbli- 
ca, é. insistía en qpe se le admitiese la renuncia. Hubo sobre esto discusión^ 
pero todos opinaban porque se hiciese obedecer el llamamiento que el 
Congreso hacía al Vicepresidente ; y sobre lo cual el Diputado José María 
Domínguez dijo que si el Vicepresidente había obedecido al decreto de 
un hombre solo que lo autorizó para mandar desde el 2 de Enero, ¿ por 
qué no había de obedecer al mandato del Congreso ? Llamado por tercera 
vez, el General Santander se presentó en la. sala de las sesiones y prestó 
iuramento á las ocho de la noche. La cuestión había excitado el interés 
público en unos, y en otros la curiosidad, lo qpe había atraído tanta gente 
que no cabía en el salón del Congreso. 

En seguida el Vicepresidente pronunció un bello discurso, dando cuen- 
ta de los principios que había seguido en su anterior administración, y de 
los cuales protestaba no separarse en la sigpienter Después de esta sesión, 



lS8 HISTORIA DE NUEVA 'GRANADA 

«en que todos quedaron llenos de esperanzas de ver remediados los males 
por el Congreso, el Vicepresidente pasó él Mensaje de estilo, en que daba 
cuenta de lo acontecido en tan funesto año. 

El Vicepresidente en su Mensaje, después de hablar acerca de los ne- 
Tgocios comunes, daba cuenta de las ocurrencias de Venezuela con motivo 
de los procedimientos arbitrarios del Comandante General Páez; acusación 
de éste ante el Senado por tales procedimientos, y el estado de desorden en 
^que se encontró la República por aquella parte á causa de semejantes acon- 
tecimientos. Después de trazar el Vicepresidente e»te triste cuadro, decía: 

^^ En medio de este diluvio de calamidades^ en el cual la fidelidad de 
•las mencionadas provincias salvaba el arca de nuestros derechos, apareció 
•^el ins de salud, el Libertador Presidente de la República, por cuya presen- 
cia clamaban todos, inocentes y culpables, justos é injustos. El Libertador 
pisó las playas de Guayaquil el 12 de Septiembre, y en su tránsito para 
ífista capital mandó restablecer el régimen legal alterado en los Departa- 
•mentos del Sur, despreciando con un horror digno del primer ciudadano de 
^Colombia la dictadura que sin poderes ni derechos le habían conferido 
ilas Juntas populares. El 14 de Noviembre entró en esta ciudad y partió 
para Venezuela el 25, dejando diferentes arreglos económicos expedidos en 
los dos únicos días que quiso ejercer el Gobierno; y el decreto de 23 de 
.'Noviembre, que me atreveré á llamar inmortal, porque habiendo declara- 
do que entraba en ejercicio de las facultades extraordinarias que para casos 
como el presente le permite el artículo 128 de la Constitución, que deseaba 
con^rvar nuestro Código politico hattaque la Nación^ por medios legiiimos 
4<i reformase, y que las leyes debían quedar, eu su antiguo vigor en todo lo 
que no requeriese el ejercicio de aquellas facultades, pienso que se salvó el 
; honor nacional y la gloria del General "Bolivar^ 

Al concluir, hablando del modo de proceder el Libertador en Vene- 
zuela, decía: 

"El Libertador Presidente manifestó enun decreto, expedido en Ma- 
racaibo, que su deber le conducía á emplearla fuerza armada para someter 
3á4a obediencia del Gobierno nacional los pueblos que se hubiesen separado 
de ella; y en efecto,, todas sus medidas se contrajeron activamente á-tan 
laudable fin. De Boyacá, Maracaibo y Cartagena partieron auxilios de todo 
género. El Generar Urda neta se dirigió al Occidente de Venezuela, y el 
Libertador Presidente á la plaza de Puertocabello, que ya estaba separada 
del partido refractario. Los puéblos-se apresuraron á proclamar su obedien- 



CAPÍTULO NOVENTAS SEIS. 1 89 

xia al Libertador Presidente; y las autoridades disidentes de Venezuela de- 
pusieron las armas y también se le sometieron. Estos sucesos serán mejor 
conocidos delCongreso en las piezas que se le presentarán oportunamente. 
Veréis en ellas la lealtad de los cantones del Mantecál, Guadualko y otros 
pueblos de la Provincia de Apure, á cuya cabeza se puso el fiel y bravo Co- 
Tonel Tchazúr: veréis igualmente que el influjo del Libertador,^ la suavi" 
4Íad é indulg-encia qtie derramó en sus frwidencias^ ahogaron la guerra 
<civiL, reintegraron el celestiul imperio de la ley y y han devuelto & Colombia 
^A PAZ. El Congreso ha de apreciar en su justo valor 'el inmenso bien de 
da paz doméstica, á cuya nombra podrá discutir los intereses de la Nacién 
y escuchar «us reclamaciones. En vez de ios desastres, del luto y de las lá- 
grimas que habría causado la guerra civil, hoy no «e ven sino sinceros de- 
deos de curar las heridas de la patria y de hacer su verdadera felicidad. El 
mal parecía inevitable: en Cu maná ya había corrido la sangre preciosa de 
los colonibianos; en Puertocabello tronaba el cañón ^fratricida; en Apure se 
preparaba un desastrado combate entre los mismos soldados que habían 
hecho morder la tierra al ejército español; los odios, las venganzas y los 
partidos amenazaban envolver la República en muerte y desolación. Pero 
con la experiencia que ya^tenían los pueblos de los males que sufrían, á la 
voz del Libertador, á la presencia de^us tropas, á vista de sus promesas, el 
orden sucede al .trastorno, la esperanza al desconsuelo, la confianza al temor, 
4a razón á las pasiones, y á las hostilidades la paz. Tal es el estado de los 
Departamentos delNorte, según las más recientes comunicaciones de la 
'Secretaría general del Libertador'* (i). 

Después de estos testimonios dados por <él Vicepresidente Santander, 
QO sólo en favor sino en elogio de la política observada por 6l Libertador 
en la pacificación de Venezuela, ¿ valdrán algo las críticas y acriminaciones 
de los liberales f ¿ No es el mismo Jefe de los liberales él que ante el Con- 
greso dice que al Libertador se debe- el restablecimiento del orden consti- 
tucional, no sólo en el Norte sino en^toda la República? 

Tenemos, pues, que, ó el Vicepresidente mentía ante el Congreso de 
18^7, y trataba de engañarlo, ó hasta aquella fecha ningún cargo so podía 
hacer al übertador desde que pisó el territorio colombiano. Esto es claro. 
Pero es incomprensible cómo el 'Vicepresidente, que daba testimonio de 
jque d orden constitucional se hallaba perfectamente restablecido por el 
JLibertador en Colombia, pudiera haber aprobado y aplaudido la conduce 

Cl) Qaootadó Colombia juimwo:292, del.20 de Mayo d6:1827, oon soplen^to. 



IQP HISTORIA DE NUEVA GRANADA 



»X>«^»«r o x-^ ^» 



de los Jefes de la tercera División, que daban por razón de su alzamiento el 
hallarse trastornado en la República el orden constitucional, que decían 
venían á restablecer. 

Una de las cuestiones de. mayor importancia que tenía entre manos el 
Congreso, era la renuncia del Libertador. Se comprende, muy bien que el 
partido santanderista debía estar sumamente interesado-en la admisión dé 
la renuncia, pues que todo su anhelo era el de quitar la. suprema autoridad' 
al Libertador, no obstante el brillante testimonio que.respecto á su conducta 
política daba el Gei^ral Santander. 

Para conseguirlo se empeñaron de todos modos en hacer partidarios 
contra el Libertador, con la repetición de cargos; pero sin poderle hacer 
otros que el de haber dicho su Secretario,, desde el Perú, que su fe política 
estaba consignada en el Código boliviano; el haber propuesto su admisión 
en Colombia, caso de hacer reformas en el sistema existente, y la recomen- 
dación de Guzmán para que expusiera á sus amigos sus ideas acerca de los 
medios de remediar el mal estado de la República. 

Respecto de tales cargo», yá hemos visto que el Libertador varió dé 
pensamiento desde que llegó á Guayaquil, improbó los pronunciamientos 
mandando observar el régimen legal, y, sobre todo, desde que pudo tener 
un conocimiento exacto de las cosas por los informes que de ellas le dieron 
en Tocaima el Vicepresidente y sus Secretarios de Estado.. Desde entonces 
el Libertador reformó sus ideas, que en verdad no eran criminales, y de 
ahí para adelante no dijo ni hizo cosa que no fuese conforme con el orden 
constitucional. Pero como habían resuelto anularlo porque ya no lo nece- 
sitaban, porque su .gran superioridad hacía sombra á otras, y muchos, 
segón dice el señor Restrepo, '*' porque creían que iban á perder sus desti- 
nos y que no tendrían seguridad en sus personas si el Libertador se encar- 
gaba del mando supremo, desconociendo así la bien comprobada generosi- 
dad de su carácter." Todo esto, y quién sabe qué otros pensamientos que 
bullirían en las cabezas exaltadas, hizo que se tomase un empeño muy 
grande en procurarse partidarios para que se le admitiese la renuncia de la 
Presidencia. Fue tal el arte empleado, principalmente poi? los doctores 
Azuero, Soto, Diego Fernando Gómez y otros, para ganarse á- los patriotaa 
republicanos de buena fe, que hasta sacrificaban sus resentimientos parti- 
culares con algunos de éstos para ganárselos y que les ayudasen á trabajar. 
.No se puede decir más, sino que se ganaron al doctor Merizalde, á q^ien 
los Azueros, en el año de 1824, hablan dicho iniquidades por la prensa, atri* 



CAPÍTULO NOVENTA Y SEIS. I9I 

huyéndole El Notíciosote, papel en que él les había declarado la guerra por 
sus malas ideas, principalmente en punto de religión, lo mismo que al 
doctor Soto y demás liheráles. Pero en esta ocasión prescindieron de todo 
por hacerlo á su bando, persuadiéndole, como persuadieron á tantos, del 
peligro que amenazaba á las libertades públicas la autoridad del Liberta- 
dor. Conocieron que el doctor Merizalde, perteneciendo á la clase de escri- 
tores públicos, de esos que saben ó que tienen genio para manejar el arma 
del ridículo, podía servirles con. mucho provecho, y lo consiguieron, pues 
emprendió la publicación de un periodiquito titulado El Chasqui^ en que 
seguía el plan del doctor Afuero en. la representación que á nombre de los 
^vecinos de Bogotá había escrito para presentar al Libertador, haciendo á 
éste mil elogios, pero con arte, para que los cargos que le hacía^ como en 
sentido. hipotético, destruyesen los elogios, ó más bien, que se convirtiesen 
en veneno. Ridiculizaba altamente, á los congresistas que estaban opuestos 
á la renuncia del. Libertador, al mismo tiempo que realzaba el mérito de 
los contrarios. Figuraba su Chasqui haciendo viajes á Monserrate, donde 
conversaba con un loco amigo suyo. Las conversaciones se reducían á noti- 
cias, que le llevaba del Congreso, y demás cosas que ocurrían en la ciudad. 
Con esto daba al asunto el aire de cuento, para interesar al pueblo en su 
lectura. El Chasqui y El Conductor eran aliados, y los dos papeles que 
más guerra hicieron, cada uno por diverso estilo ; pero ambos agitando sin 
• cesar la túnica de César de la Boliviana; y vuelta de todos modos con la 
Boliviana, sin que valiera x:osa alguna para que abandonaran este tema, y 
de aquí no salían sino para incurrir en contradicciones y . despropósitos 
cuando querían ensayar otrosxargos. 

Hacíanle cargo al Libertador de que había atentado contra la libertad 
de imprenta, por la circular que hizo pasar á los escritores públicos para 
que no exacerbasen los ánimos escribiendo en tono acre, y que evitaran 
todo insulto personal, para poder restablecer la buena armonía entre las 
gentes y alejar la- discordia; y al mismo tiempo .se le hacía cargo en El 
Chasqui porque permitía, que en Venezuela se .escribiera contra la Admi- 
nistración del General Santander; y esto cuando en otro número del mis- 
mo periódico, en un artículo que tenía por objeto ganarse partidarios en 
Venezuela contra el Libertador, se hacían elogios al liberalismo de los ve- 
nezolanos, y una de las cosas que decía era que en Venezuela se escribía 
muy fuertemente contra la Boliviana. Luego la libertad de imprenta era 
completa, y hasta con desprecio de la circular, de que no hicieron caso los 



1^2 mSTO^VA DE NUEVA GRANADA 

periódicos liberales, principalmente El Conductor. 

El Conáucimr era una máquina infernal. En este periódico se dijo 
raucho sobre que no había hombres necesarios; que esta frase no era más 
que una invención de los que querían entronizar el despotismo y la tiranía. 
Esto. era porque todo el mundo consideraba al Libertador como el alma de 
la Repáblica y el garante de su estabilidad. Sin rebozo le negaban el méri- 
to de haber libertado á Colombia, Un largo artículo se escribió para decir, 
que no á él, sino á los puehlos\ era á quien se debía b libertad de Colombia, 
Cada punto, en forma de pregunta acerca de lo que se fue verificando para 
destruir el poder español, acababa con el estribillo de losfiuebíos; pero los 
pueblos sin Bolívar nada habrfian podido. Pueblos tuvieron los Generales 
peruaiK)s, y nada? pudieron contra los españoles, hasta que fue Bolívar á 
libertarlos. En todas partes hay pueblos, pero no en todas hay caudillos 
con»o Bolívar. Eira el colmo de la injusticia^ de la ingratitud y hasta de la 
bestialidad negar que á Bolívar se le debía la libertad de Colombia ;^ pero 
hasta ese punto se habían cegado los conductores liberales. 

Debiéndose, pues, ocupar el Congreso de las renuncias del Presidente 
y Vicepresidente d€ la República, se trató de ello en sesión del i6de Mayo. 
La discusión fue acalorada, mas no sobre el fondo del negocio, sino sobre 
oportunidad, pues que unos querían que el negocio se pusiese en discusión 
para resolver inmediatamente, y otros que se dejase para dentro de tercero 
día ; mas habiéndose hecho la proposición de diferir,, quedó aprobada con 
satisfacción de los santanderistas y sentimiento de los bolivianos. Estos 
tenían gran confianza en que, no dando lugar á las intrigas, la renuncia 
sería negada, por el gran crédito que tenía el Libertador. Aquéllos querían 
ganar tiempo para desacreditarlo más y más, confiando en que de este 
modo ganarían votos para la admisión. 

Desde el i6 de Mayo hasta el 6 de Junio se había trabajado mucho por 
el partido en arruinar el crédito del Libertador fuera y dentro de las Cá» 
maras, yá por medio de los periódicos, yá por medio de hojas sueltas en 
estilo virulento, otras aparentando imparcialidad, y en fin, por roedio de 
discursos en reuniones particulares^ y como por este tiempo acertaron á 
llegar á Bogotá las noticias del desembarco de la tercera División en las 
costas del Sur, subió de punto la energía liberal, creyendo tener yá seguro 
un ejército de su parte para oponer á los bolivianos, y más cuando se vio 
la comunicación dirigida por Elizalde al Jefe Superior Gabriel Pérez, en 
que dándole aviso del desembarco de las tropas, le decía (fiíe el designio 



CAPÍTULO NOVENTA ¥ SElSi 19? 

principal que traían era el de hacer presentar al Libertador al Congresa, 
para que se le juzgara por sa conducta política^ en el Perú y Colombia; Él 
atrevimiento fue cntonces^ grande : no se le diba yá otro título al Libertador 
en los corrillos y las calles q^e el de tirano, y hasta aplicándole epítetos^ 
ridículos : había habido anteriormente en Bogotá un loco despreciable, á^ 
quien le había dado por andar vestido con harapos militares, y lo llamaban 
Longaniza, A éste asimilaban al Libertador, llamándole por el mismo 
nombre,' principalmente loa estudiantes de la escuela azuerína. 

En Bl Chasqui %t publicó un sueño en que se pintaba un personaje 
malenco que anonadaba las libertades públicas ; era la personificación del 
más odioso despotismo, y ea la filiación de* su físico se le daba toda la seme-- 
janza al Libertador. Otro papel incendiario y atrevido que se daba en 
aquellos días contra el mismo, era El Zurriago; y hasta entre las muje- 
res se logTó infundir odio hacia el General Bolívar. También se publicaban 
algunos papeles moderados en sentido contrario, en que se desmentían las 
calumnias, haciendo ver la verdad de las cosas^ excitando á la paz y al orden; 
pero con esto sucedía lo mismo que con la renuncia de la Presidencia; se 
irritaban más los enemigos, y para que la razón no hiciera su efecto en los 
ánimos, decían que esa moderación era miedo y nada más; y que la paz 
que se quería era la paz de los sepulcros, donde nadie hablara para poder 
establecer el despotismo.. 

En este estado llegó el 6 de Junio, y hétenos aquí en la sesión del Con- 
greso y cuyo resultado se aguardaba como el de la guerra de franceses y 
prusianos. La barra estaba colmada de gente. Todos los estudiantes, prin-» 
cipalmente los de las clases de legislación y economía políticaí, discípulos 
de los doctores Azuero y Soto, ocupaban las primeras filas. 

Abierta la sesión y leída la renuncia del Libertador, el primero que 
habló manifestando su voto negativo fue el doctor Domínguez Roche, al 
cual siguió el doctor Alejandro Osorio. Éste discurrió largamente sobre ei 
mérito, virtudes y servicios del Libertador, en términos que muchos pen- 
saban iría á dar su voto negativo; pero luego dijo que por la misma razón 
de haber trabajado tanto, era justo que se le dejase descansar, conforme á 
los deseos manifestados en la renuncia, y que por esta consideración votaría 
porque se admitiese. 

Siguióle el doctor Jerónimo Torres, que discurrió aún más largamente 
contra la admisión de la renuncia, haciendo ver cuánta era la temeridad 
con que se juzgaba al Libertador por el partido liberal, y cuánta era la 



194 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

necesidaú que había en las presentes circunstancias para que continuase ea 
el' mando. 

Siguió al Senador Torres el doctor Diego Fernando Gómez, quien 
dtjo ser necesario fijar la cuestión para no divagar; y empezando por el 
tema de la boliviana, manifestó que al General Bolívar lo habían electo los 
pueblos con unanimidad, en la inteligencia de haber jurado sostener la 
Constitución; pero que desde que dijo estar su fe poh'tica en el Código de 
Bolivia, se debía creer qu« ni los pueblos gustarían de que siguiese man- 
dando quien aborrecía la Constitución, ni el mismo Bolívar se hallaría bien 
teniendo que observar una Constitución que desaprobaba. Dijo que la Cons- 
titución boliviana era el Código del absolutismo y de la tiranía; que esto se 
repetía en toda la República ; que todos estaban tan ai cabo de ello como de 
que ésa era la fe política del General Bolívar; y concluyó diciendo que 
poner los pueblos bajo la autoridad de Bolívar, era como poner un niño 
cristiano bajo la dirección de un mahometano para que le enseñara el Evan- 
gelio. El sofisma no podía ser más grosero, porque al Presidente de la 
República no se 4e manda que enseñe derecho constitucional, sino que eje- 
cute lo que le dan escrito. 

Tomó luego la palabra el Senador de Antioquia Uribe Restrepo (alias 
el' loco) y pronunció un discurso elocuentísimo, digno de mejor causa. Este 
exaltado republicano fue uno de los que llegaron á preocuparse más contra 
el Libertador. Tenía mucha cosa de historia griega y romana «n k cabeza 
y yá no veía en Bolívar sino á César y en el General Santander á Pompeyo. 

Empezando por la profesta de estilo, de no ser movido por ninguna 
clase de pasión contra el Libertador, sino antes bien, r-econociendo sus ser- 
vicios, fue, sin embargo, más parco en esto el Senador Uribe que los 
demás. "El, «o J^ay duda, ha trabajado por la independencia," dijo, 
■como si se tratara del último oficial del ejército.... Oh! jqué frase ésta 
para ser pronunciada el día 7 de Agosto de 1819 en Boyacál 

" Pero se propuso exttn^^tr su Código,'* continuó diciendo. 

¿ Cómo lo probaba ? 

'^Porque siendo un simple General, ha ejercido* toda suerte de actos 
•gubernativos desde que pisó á Guayaquil." 

Cuando pisó á Guayaquil, todo el mundo sabe qued pueblo lo había 
proclamado Dictador por medio de su Cabildo, y- lo primero que hizo fue 
declarar vigente el orden constitucional, desechando aquel pronunciamien- 
to, i Se olvidaba este Senador de lo que había dicho en su Mensaje el Vice- 



CAPÍTULO NOVENTA Y SEIS. I9S 

presidente Jefe de su partido ? En el trastorno en que estaban yá aquellos 
pueblos, no se debería imputar á crimen que dictase algunas disposiciones 
cuya necesidad sólo podían graduar. los que estaban viendo las cosas de cer- 
ca y en aquellos mismos momentos, y no los que hablaban desde el salón 
del Congreso al cabo de cuatro meses. Los papeles de los santanderistas 
abultaban los hechos hasti donde más no podían. £1 acto más notable de 
los ejercidos en el Sur por el Libertador, y que con justicia le ha criticado 
el General Posada en sus Memorias^ fue el de-conferir ciertos ascensos mili- 
tares. Unos que hizo 'pasar por las armas, eran pastusos, Jefes guerrilleros, 
que estando condenados á muerte, se habían escapado, y puestos yá en 
armas, fueron cogidos. En aquellas circunstancias, era mucho de temerse 
que, vueltos á escapar, pusiesen en conflicto aquellos Departamentos, porque 
yá se sabía lo que eran los guerrilleros de Pasto; y éstos no se ponían en 
armas para servir á la Constitución sino á Fernando VII. 

No por eso pretendemos justificar el acto en sí; únicamente queremos 
presentarlo en el punto de vista de la necesidad del tiempo, para quitarle 
el carácter maligno que se le atribuía. El Jefe del partido liberal hizo una 
cosa peor en años posteriores, siendo Presidente de Nueva Granada: habla-, 
mos de la muerte del General Sarda, á quien mandó matar el General San- 
tander alevosamente, hallándose escondido en una casa cuando se fugó de 
la prisión. Santander en sus Apuntamientos lo confiesa; pero se disculpa 
con que Sarda estaba yá sentenciado á muerte. El caso de los guerrilleros 
fusilados era muy diverso.... Pero continuemos oyendo al orador del Con- 
greso. 

**El ha hecho la más atroz injuria á Colombia, declarando salvador á 
Páez y ciñéndole su espada, símbolo de sus glorian por nuestra independen- 
cia y libertad.** 

Tampoco se hacía cargo el orador de la situación de Venezuela. Páez 
no era un enemigo cualquiera: el Libertador estaba allá viéndolas cosas de 
cerca y conocía demasiado á la gente llanera y á los que rodeaban á Páez. 
No bastaba que éste se hubiera -sometido, era preciso tenerlo grato. Hemos 
manifestado antes nuestro concepto desaprobando esa frase, tan ligeramen- 
te vertida por el Libertador en un momento de transporte y alegría, al ver 
á aquel caudillo rendir las armas, salvando así á la República de una gue- 
rra fratricida y desoladora. 

¿ Y el Vicepresidente Santander no acababa de justificar en su Mensa- 
je la pohtica usada por elT^ibertador para con los revolucionarios de Vene*^ 

% 13 



196 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

zuela ? ¿ Y el mismo Santander no había también llamado salvadores de la 
Constitución á los militares insurrectos contra sus jefes en Lima ? ¿Era 
constitucional que la fuerza armada de la tercera División auxiliar al Perú 
se erigiera en cuerpo deliberante para juzgar á sus jefes ? ¿ Y no se les dijo 
también á estos amotinados que habían dado con ese hecho un día de con- 
suelo á la Patria ? 

Que Bolívar le regaló una espada á Páez. ¿ Y S.mtander no le mandó 
á Bustamante, Jefe del motín de la tercera División, el despacho de Coro- 
nel efectivo? Y Bustamante no era un General como Páez, sino un militar 
cualquiera, que obraba de acuerdo con el Gobierno peruano para introducir, 
á nombre de la Constitución, el trastorno en los Departamentos del Sur, 
para acabar de despedazar la República y darle al Perú su parte, con la 
agregación de Guayaquil. 

^* Bajo sus auspicios, Guzmán ha trastornado la República con esas 
actas y esas peticiones arrancadas por la fuerza, y en que se le ha titulado 
Dictador y se le ha facultado para reformar la Constitución. Finalmen- 
te, Bolívar es enemigo de nuestras instituciones^ pues él ha confesado que no 
está por ellas; que un Gobierno tiránico, cual es el vitalicio y hereditario, 
es el que hace la felicidad de los pueblos.^' 

Si esto no era yá tocar en el extnremo de la locura, por no decir de la 
pasión, no sabemos qué decir.... | Bolívar enemigo de nuestras institucio- 
nes I ¿ Y á quién debimos esas instituciones ? Hé aquí la víbora mordien- 
do el seno que le dio calor y vida. ¿ Debía esperar esto el Jefe de los tres- 
cientos bravos de Carúpano ? 

La misión de Guzmán i el poder Vitalicio. Estes eran los cargos con 
que se condenaba como tirano al Padre de la Patria, Libertador de tres Re- 
públicas; cargos que no pudieron contrabalancear ni la desistencia del 
Libertador sobre los medios que él había ideado creyendo remediar con ello 
los males de la República; ni su posterior conducta, arreglada á la Constitu- 
* ción en el ejercicio de sus facultades; ni la condenación que hizo de los 
pronunciamientos de dictadura, que se decían promovidos por Guzmán; ni 
el haber prohibido esas reuniones por un Decreto, bajo graves penas; ni 
bastó el testimonio, completamente justificativo, que acababa de dar ante 
ese mismo Congreso el Vicepresidente Santander de la conducta del Liber- 
tador desde que pisó á Guayaquil hasta la fecha en que hablaba. La bolivia- 
na era el caballo de batalla, calificada de Código de la tiranía, y el absolutis- 
mo. No obstante, Baralt, siendo muy liberal, ha dicho que la Constitución 



CAPÍTULO NOVENTA Y SEIS. 1 97 

boliviana era más liberal que la de Cúcuta, y el análisis que de ella ha 
hecho el General Posada lo demuestra, con la ventaja de hallarse el libera- 
lismo á cubierto de la demagogia. 

Por fin el Demóstenes de los liberales concluía su filípica diciendo: 

" ¿ Y podría yo votar porque él siguiese presidiendo los destinos de 
unos pueblos sacrificados por ser libres ? ¿ Podría yo, ún hacer traición á 
mi conciencia y á los pueblos mis comitentes, votar porque los mandase un 
hombre que se ha pronunciado contra la Constitución ? ¿ Y los que no le 
damos nuestro voto seremos, como se nos ha dicho, traidores é ingratos ? 
Nó, señor; prefiero mi destierro voluntario de mi patria, ó la misma muer- 
te, antes que vivir en ella bajo otro gobierno. Votaré una y mil veces, 
como dice Bolívar, porque se le admita la renuncia que él hace en iguales 
expresiones. Como Senador, como hombre, lo repito por última vez que 
se le admita, pues no nací para ser bestia de carga." 

Hubo un estrepitoso palmoteo en la barra, y vivas de los colegiales. 

Pidió la palabra el doctor Soto y se siguió un profundo silencio. El 
orador se pone de pie, saca la caja, toma un polvo y empieza por protestar 
que no lo mueve animosidad ninguna contra el General Bolívar. Sigue lue- 
go con el mismo tema de la boliviana, el poder vitalicio, la tiranía, etc., etc. 
y concluyó dando su voto por la admisión de la renuncia. 

Siguióle el Senador de Santa Marta, Antonio Torres, que también era 
de los afamados; pero estaba en estado de consunción, y así, para poder 
sostener la palabra por algún rato, fue necesario que se le pusiese sobre la 
mesa una botella de vino y copa, para foguearse por intervalos, en que sus- 
pendía su descaecida palabra para tomar un poco de vino. No hay para 
qué decir que todo fue boliviana con vino, y votó por la renuncia. 

Pidió la palabra el Senador Espinar, y en su discurso contestó uno por 
uno á todos los cargos que se le habían hecho al Libertador. Respecto al 
principal, que era el de su fe política en la boliviana, dijo que no porque á 
un Magistrado le pareciera un sistema de Constitución mejor que otro, se 
había de decir que ese Magistrado no podía mandar con la Constitución que 
menos le gustara : que si los pueblos estaban por ella, aun cuando al gober- 
nante le pareciera que les perjudicaba, se conformaría con ella, manifestán- 
doles, sin embargo, su opinión; y que si no la atendían, los gobernaría con- 
forme á su gusto, y si se hacían el mal, él había cumplido con hacerlo 
presente: que esto era lo que había hecho, y no otra cosa, el Libertador, y 
que nadie podría acusarlo de enemigo de la, Constitución ni por obra ni po«^ 



198 HISTORIA DE "NUBVA GRANADA 



''^»^**^^"IIX"lfc»*lMl*«^'»^l^'^««> '««l»^ "^ 



palabra, después de haberse encargado del Gobierno: que el haber dicho que 
su fe poHtica estaba expresada en la Constitución que había dado á Boli- 
via, no era un cargo, porque, según lo que acababa de decir, el dar prefe-» 
rencia á una Constitución sobre otra, sin pasar de opinión, no era un dato 
para creer que se perjuraría al entrar al Gobierno con la Constitución de 
Colombia: que respecto á su teoria del ppder vitalicio, no se podía decir que 
'fuera por ambición particular, porque en Guayana y Cúcuta también había 
propuesto un Senado vitalicio para Colombia; y que ni lo babían calificado 
entonces de absolutista, ni se túvola menor desconfianza en él para hacerlo 
Presidente; y que no obstante haber manifestado, lo mismo que el General 
Santander, que no le acomodaban varios artículos sustanciales de la Cons- 
titución aprobada por el Congreso, la juró y mandó ejecutar, observándola 
religiosamente. Este orador no dejó de acalorarse bastante contestando 4, 
los cargos tan injustos que -se hacían al Libertador, lo que fue causa del 
gazapo que largó al concluir, diciendo: "Parece, señores, que he satis/acido 
los argumentos contrarios!" .una risotada resonó en la barra de los ^estu- 
diantes, y el consiguiente alboroto á las voces de "silencio, señores, 
cállense." 

El Senador Jerónimo Tof res se puso de pie, y con tono molesto recla- 
mó el orden. El Chasqui decía que se dirigió al pueblo en el tono de un pa- 
dre misionero que se molesta cuando en el fervor de su prédica llora un 
muchacho y echa una descarga para que lo saquen de la iglesia. 

El doctor Azuero, como era natural, interrumpió al señor Torres para 

defender á los de la bulla, diciendo que en tales casos no se podía contener 

la risa, y que los mismos ejemplos se veían en las Cámaras de Inglaterra y 

'los Estados Unidos, porque el prohibir semejantes demostraciones á la 

^arra, sería un acto tiránico y despótico. 

El representante por Popayán, Arboleda, contestó también á los argu- 
mentos con diversas razones bien fundadas. Principalmente se contrajo á 
los actos gubernativos que el Libertador ejerció en Guayaquil, los cuales 
se hicieron necesarios por las circunstancias, sin que se le pudiera acusar 
de haber ejercido algún otro en el tránsito hasta que llegó á la capital y 
se encargó del Poder Ejecutivo, con facultades extraordinarias. Sobre lo 
que habían dicho, de que cómo podría gobernar el Libertador con una 
Constitución que no era de su aprobación, dijo que del mismo modo 
que todos los encargados del Poder Ejecutivo gobernaban con leyes que 
creían malas y^que las habían impugnado con sus objeciones ante los Con- 



CAPÍTULO NOVENTA Y SEIS. I99 

gresos ;:pero que sancionadas con la insistencia, las ponían luego en ejecu-> 
ción, las hacían cumplir y gobernaban con ellas. 

Por último, se cerró la discusión, y puesta á votación nominal la re- 
nuncia, salio^negada por cincuenta votosi contra veinticuatro que estuvie- 
ron por la admisión. 

Eh seguida se tomó en consideración la del Vicepresidente, y sin 
discusión se votó; Esta fue negada por setenta votos contra cuatro que 
estuvieron porque se admitiera. 

Este resultado honraba á los bolivianos, dando á conocer que no 
obraban con pasión, pues que, con- excepción de cuatro, todos los de« 
más estuvieron porque continuase en el mando el General Santander, 
cuando de los santanderistas sólo el General Fbrtoul votó porque no se 
admitiera la del Libertador, porque era hombre íntegro y no lo cegaba la 
pasión.. 

El Congreso dictó una ley de olvido sobre todo lo pasado, y otra en 
que declaraba resta Wecido- el orden constitucional y suspendidas las facul- 
tades extraordinarias desde que se verificase la reunión del Congreso 
próximo. También hizo elección de Obispos para Guayana en el canónigo 
doctor Mariano de Talavera, y para Quito en el señor Lasso,'por haber* 
muerto el doctor Manuel Santos Escobar, que había ido propuesto á Roma 
para esta mitra. El Gobierno promovió al deanato de Panamá. al arce- 
diano doctor Juan José Cabareas, y nombró Chantre de la misma iglesia al 
doctor Manuel Calvo; para maestre-escuela, al canónigo de Guayana,. 
doctor José María Arias, y para tesorero, al presbítero José Ciríaco Isalbe. 
Para maestre-escuela de la catedral de Cartagena al doctor Luis Echega- 
ray. El Obispo auxiliar de Mérida, doctor Buenaventura Arias, fue consa- 
grado en su misma iglesia por el señor Lasso el día. 19 de Agosto-; y en 
este mismo mes recibió el Gobierno comunicaciones de su Ministro en 
Roma con las bulas y palios de los Arzobispos y -Obispos colombianos pro- 
puestos por el Ejecutivo y preconizados en los Consistorios de 21 y 22 de 
Mayo. Estos eran :• el doctor Fernando Ckicedo y Florez, Arzobispo de 
Santafé de Bogotá ; el doctor Ramón Ignacio Méndez, Arzobispo de Cara- 
cas ; el doctor José M, Estévez, Obispo de Santa Marta ; el doctor Calixto 
Miranda, Obispo de Cuenca ; el doctor Manuel Santos Escobar,.ya difunto^ 
para el obispado de Quito, y el reverendo padre Ffay Mariano Garnica, 
dominicano, para el de Antioquia. Todos estos prelados prestaron el jura- 
mento constitucional,^en conformidad de la ley de patronato, ante el Vice- 



200 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

presidente de la República. El señor Caicedo dejó el Rectorado de la Uni- 
versidad que desempeñaba, y fue nombrado, en su lugar, el día 5 de Agosto, 
el canónigo doctor Pablo Plata. También fue nombrado el doctor José Ig- 
nacio Márquez Rector de la Universidad de Tunja, que había sido erigida 
por el Gobierno en el mes de Mayo* 



CAPITULO XCVII. 

Beclamaciones de las provincias contra la enseñanza de Bentham — Exposición de al-* 
gunas doctrinas de este autot — Observaciones sobre ellas — El principio de utilidad 
que enseña Bentham es individaal 7 no general — ¡Sofisma que se comete al preten- 
der que ese principio se entienda respecto á la utilidad general — Textos de Bentham 
comparados con los del Evangelio y de San Pablo^Materialismo de Bentham — 
No reconoce ley natural, ni conciencia, ni delitos contra sí mismo — Justifica el in- 
fanticidio y otros crímenes análogos — Justifica el suicidio con el ejemplo de Jesu- 
cristo—Autoriza el robo de los caudales públicos— Enseña que el Ser Supremo, jaez 
de nuestras acciones ocalfais, es invención de los hombres para suplir lo que no al- 
canza la ley — Las penas eternas es otra invención que no se halla en la Sagrada 
Escritura — Proclamación de la moral sensualista — El Gobierno no pudo sostener la 
enseñanza de Bentham sin desmentir los principios de Bentham. 

A MEDIADOS de este año era general el clamor público contra las 
enseñanzas de Bentham. De todas las provincias había recibido el 
Vicepresidente representaciones pidiendo que se variase de texto 
en legislación ó que se suprimiese esta enseñanza. El General 
Santander y el doctor Vicente Azuero habían estado haciendo frente al 
ataque con -sus artículos en la Gaceta, en que defendían á ese autor, no en- 
trando en el análisis de sus doctrinas para demostrar su bondad, ó por lo 
menos, que no eran tan peligrosas como se decía, sino que se extendían en 
palabras de injuria contra los que las combatían con razones poderosas, y 
con decir que todo eso no era más que godismo^ fanatismo é ignorancia, se 
daban por victoriosos y seguían despreciando el clamor público que se ai- 
raba contra Bentham. 

Pero había yá llegado á tales términos la indignación general, que el 
Vicepresidente no pudo menos que dictar providencia sobre el particular. 
Como en su mismo plan de estudios decia que esa designación de textos 



CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE. 201 

era provisoria, cualquiera creería que su resolución sería variar texto. 
Pero nó ; cuando se usó de la palabra provisionalmente, no fue más que 
para engañar por el momento : Bentham era el alma del plan de estudios, 
y quitarle el alma habría sido matarlo. ¿ Qué resolvió, pues, el Vicepresi- 
dente ? Que informara la dirección de estudios. ¿Y qué informó ésta ? 
Que se podía enseñar legislación por Bentham sin inconveniente, advir- 
tiendo el catedrático á los estudiantes que el autor tenía algunas cosas 
malas que no debían seguirse. Los miembros de la dirección que infor- 
maron fueron : el señor Restrepo, el doctor Azuero y el doctor Vergara. 
El primero se separó de ese dictamen é informó que el autor era malo y 
que debía reemplazarse por otro. Pero en la Gaceta se publicó sólo el in- 
forme favorable á la enseñanza de Bentham, y el del señor Restrepo, que 
le era adverso, se guardó. 

Enseñar legislación por Bentham sin enseñar lo malo, que consistía 
en el principio fundamental del sistema, era como pretender enseñar el 
sistema astronómico de Cdpérnico sin enseñar que el sol está fijo y que la 
tierra gira. Es evidente que el t/o^w¿i: generador del sistema de Bentham 
es la utilidad individual, por más que sus sectarios quieran sostener que 
es la utilidad de la sociedad. Si Bentham no fuera tan claro y preciso en 
esta parte, nos bastaría una sola prueba tomada de su obra. Hablando so- 
bre el robo, dice: " Si un hombre, por ejemplo, roba los fondos públicos, 
él se enriquece, y á nadie empobrece, porque el perjuicio que hace á los 
individuos se reduce á partes impalpables " (i). 

Aquí pone Bentham en balanza la utilidad del ladrón con la pérdida 
no del Estado, no del común de los ciudadanos, sino la de cada individuo. 
A nadie, dice, perjudica el ladrón y él se enriquece, es decir, se utiliza. 
Con que el interés público se reputa como nada en presencia del interés 
del individuo, á no ser que se diga que la sociedad no se perjudica con 
que le roben sus rentas, es decir, las rentas publicas. A parte de esto, la 
moral de la máxima es bien inmoral, porquQ autoriza á todos los ladrones 
para que le roben al Estado, y á todos los ladrones rateros para que roben 
á los ricos, con el principio moral de que lo que roban no empobrece al 
jico y ellos remedian su necesidad. 

Es preciso examinar un poco el principio utilitario, para que se vea 



(1) Tratado de legUladón, tomo l.<>, página 227, edicióa eepaüola comentada por 
Salas. 



202 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

con cuánta razón se pedía al Gobierno la supresión del estudio de Ben- 
tham, y todo el mal que el Gobierno hizo en sostenerla. 

Estableciendo Bentham su principio, dice: 
^ ** La lógica de la utilidad consiste en partir del cálculo ó de la compa* 
ración de las penas y de los placeres en todas las operaciones del juicio, y 
en no comprender en ellas alguna otra idea. Soy partidario del principio 
de la w/íVíV/áflT cuando mido mi aprobación de un acto privado ó público 
por su tendencia á producir penas 6 placeres : cuando me sirvo de las vo- 
ces yV^í/o, injusto^ moral^ iitmoral^ hueno^ malo, como de términos colectivos 
que expresan ideas de ciertas penas y de ciertos placeres, sin darles algún 
otro sentido ; bien entendido que tomo estas palabras, pena y placer, en- 
su significación vulgar, sin invent^ar definiciones arbitrarias para excluir 
ciertos placeres ó para negar la existencia de ciertas penas. Nada de sutile- 
zas, nada de metafísica, no es necesario consultar á Platón ni á Aristóteles ; 
pena y placer es lo que todos sienten como tál, el labrador como el prín- 
cipe, el ignorante como el filósofo* Para el partidario det principio de uttlu 
dad, la virñid no es un bien sino porque produce \o^ placeres que se deri- 
van de ella ; y el victo no es un mal sino por las penas que son conse- 
cuencia de él. El bieft moral no es bien sino por su tendencia á producir 
bienes físicos ; y el mal moral no es mal sino por su tendencia á producir 

4 

males físicos ; pero cuando digo ^«cay, entiendo \2ls penas y los placeres 
DE LOS SENTIDOS. Yo considero al hombre tal cual es^ensu constitu- 
ción actual " (i). 

Si esto no es el materialismo puro, no> sabemos qué será* Un poco más 
adelante dice : 

• 

"Cada uno se hace juez de su utilidad'/ así es y así debe ser : de otro 
modo, el hombre no sería un agente racional ; y el que no es juez de lo que 
le conviene, es menos que un niño, es un idiota.'^ 

No puede enunciarse con más precisión el principio egoísta ; y este 
principio es la base de toda la legislación, según Bentham, porque de él 
sólo hace dimanar todas nuestras determinaciones : nada de acciones gene- 
rosas y desinteresadaSj nada de conciencia ni de sentido íntimo ; los senti- 
mientos de este orden los explica con el arbitrario principio de antipatías 
y simpatías. Cítensele á los benthamistas ejemplos de abnegación, de gene- 
rosidad ; cítenseles los tormentos de los mártires ; las austeridades de los 



(;i) Tomo I, p.&gina Slr.. 



CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE, 2^3 

aoacoretas^ y penitentes ;■ los sacrificios de los que se han consagrado al 
servicio de los pobres y enfermos, renunciando las riquezas y comodidades 
de la vida ; citad todo esto y mucho más al benthamista : él os oirá tranqui- 
lamente, aguardando á que acabéis,, para daros la respuesta concluyente ; él 
os dirá : todo eso se ha hecho por interés de la gloria, por gozar de la • 
felicidad eteraa ; y hé aquí el principio de utilidad observado á favor de- 
una equivocación. 

Con esto creerá haber satisfecho cumplidamente, pero esta respuesta» 
no es más que eféctO" de ignorancia ; porque para salvarse no- se necesita^ 
más que guardar los mandamientos. Vino un joven y preguntó- al Salva* 
dor : ¿ Qué bien haría para conseguir la vida eterna ? Le contestó r 
" Guarda los mandamientos." (Mat. XIX, 17). 

Hé aquí el oráoulo divino: guardando los mandamientos se consigue* 
la felicidad eterna, y si no se guardan, aunque más penitencias y más obras- 
buenas se hagan, no se entrará' en el reino de los cielos. Y entonces, ¿ qué 
objeto han tenido todas esas obras y hechos heroicos de austeridad, abne- 
gación y sufrimientos de todos esos santos ? El amor divino^ fuente inago- 
table de la misericordia y de las más altas virtudes. Pero este lenguaje no- 
es comprendido del hombre animal, que* no comprende las cosas que son- 
del espíritu. de Dios, porque le son una locura,. dice San Pablo, y agrega ;; 
^ porque los que son según la carné, gustan de las cosas de la carne : mas 
los que son según el espíritu, perciben las cosas espirituales." 

Por eso el comentador Salas, tan sensualista ó más que Bentham^ na» 
pudo comprender estas palabras de Santa Teresa : 

Aunque no hubiera cielo, yo te amara^ 
T aunque no Hubiera infierno, te temiera. 

Y dijo : " Entendiendo por cielo y por infierno^ todos los placeres jr 
todas las penas, expresó bien un amor desinteresado ; pero dijo una 
devota necedad.*' 

Para el caso de refutar la doctrina del interés, siempre resulta la mis- 
ma cosa ; y el comentador ha dicho una impía necedad. 

También había dicho San Pablo una devota necedad cuando expresa- 
ba su amor á Cristo por estas palabras :. 

" I Quién nos separará del amor de Cristo ? tribulación ? ó angustia? 
ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó persecución ? ó espada ? Mas en 
todas estas cosas triunfamos por aquel que nos amó; por lo cual estoy 



204 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

crerto que ni muerte, m vida, ni ángeles, ni principados, ni virtudes, ni 
cosas presentes, ni venideras, ni fortaleza, ni altura, ni profundidad, ni 
otra criatura podrá apartarnos del amor de Dios que es en Jesucristo, Señor 
nuestro." (Rom. VIII— 35 y 38). 

El mismo apóstol, por amor de sus hermanos los £lipenses, decía: 
" Me veo estrechado por dos partes; tengo deseo de ser desatado de la car- 
ne y estar con Cristo, que me es mucho mejor; mas el permanecer en carne 
es necesario para vosotros.*' Prefería á la inmediata posesión del cido per- 
manecer en ia tierra por el bien de sus prójimos. 

Ko hay una cosa más opuesta á la moral del Evangelio que el sensua- 
lismo, (i) ni coss, más disparatada ni más contraria á los hechos que el 
asignar por móvil de todas las determinaciones del hombre el interés pro* 
pió, sin admitir ninguna especie de sentimientos generosos y desinteresa- 
dos, ni de compasión ni de agradecimiento, ni aquel juicio interior de la 
conciencia que nos hace discernir lo bueno de lo malo, que nos produce 
una satisfacción interior cuando hacemos lo primero, y un remordimiento 
cuando hacemos lo segundo. 

El bentharaista todo lo explica con la utilidad, con el propio interés. 
Petrificado su corazón con la doctriha desoladora de su maestro, ni com- 
prende que haya acciones generosas independientes de todo interés : me- 
nos le cabe en la cabeza que haya sacriñcios desinteresados. Cuantas accio- 
nes heroicas se les cite á los sectarios del utilitarismo, las explican bajo 
aquel principio; pero \ qué explicaciones ! como la que dio uno que abo- 
rrecía á los jesuítas y decía que todo lo hacían por negocio. Se le dijo que 
se había ahogado al pasar un río uno de esos padres misioneros que iba á 
socorrer á unos pobres indios, y contestó; "¿Jesuíta y se ahogó? cuenta 
le tendría.'' Así son las explicaciones de los benthamistas. Díganles que 
Ricaurte se voló en San Mateo por destruir á los enemigos de su patria: 
*' Ah ! replican, eso no lo hizo por la patria sino por dejar nombre.^* Que 
la Pola prefirió el suplicio á la vida, antes que revelar los planes de los 
patriotas — '' También fue por hacerse famosa.'* — De manera que los poetas 
yá no tendrán que cantar hechos heroicos, porque si todo eso no ha tenido 



i«»> 



(1) Nosotros no podemos decir, como el doctor Eseqniel Rojas, moral sentualistOj 
pOrqne sengualümoj moral son cosas contradictorias. Sensual es lo qne pertenece á los 
sentidos, al orden de las sensaciones físicas ; 7 & lo que propiamente se da el nombre, 
de sensualismo en la lengua española es á la lubricidad, á la incontinencia. Creemos qUQ 
la moral no pertenece al orden de las sensaciones fisioaSt 



CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE. 30$ 

Otro móvil que el interés, tendrán que cantar los hechos heroicos de los 
comerciantes que, exponiéndose á grandes peligros, han llegado á una ri- 
queza colosal; habrán de cantarse los de aquellos embrollones y tinterillos 
que á fuerza de enredos han conseguido una gran fortuna. 

De la manera que dejamos dicho es como los benthamistas explican esos 
actos de heroico civismo; pero de esas mismas explicaciones se deduce una 
cosa digna de notarse, y es que, según eso, el placer de tener renombre es 
mayor que el dolor de perder la vida abaleado en un banquillo; pero ese 
placer no es del orden físico de los sentidos, según lo enseña Bentham 
(pág. 52), y ese placer, ese bien, no lo percibe ni lo siente el que ha muer- 
to, y que ha muerto sabiendo que no lo ha de percibir ni de sentir. Los 
que han hecho grandes sacrificios para ganar renombre, siempre ha sido 
para gozar de esa gloria que les ha de proporcionar placeres físicos, reales 
y efectivos. 

¿Y lo que se hace por compasión también será por utilidad ? Va uno 
por un campo desierto y ve un perro que se está ahogando en una chamba 
de donde no puede salir^ le da lástima y lo saca. Cuando el hombre ha 
hecho esto con ese animal, no ha sido por utilizarse, ni porque lo tengan 
por compasivo, porque nadie lo veía, ni el perro había de hablar para que 
contase el caso. Aquí quizá dirán que obró la simpatía^ es decir, el senti- 
miento íntimo de la compasión, bautizado por Bentham con otro nombre. 
Cuestión de voces. 

Pero encontramos un texto de este autor por el cual reconoce, sin 
advertirlo, que hay sentimientos íntimos que nos impelen á hacer el bien, 
no sólo independientemente de nuestro propio interés, sino en su perjuicio. 
En el tomo IV, página 83, hablando del derecho de defensa, dice : " La in- 
dignación que se sigue á la vista del fuerte que maltrata al flaco es un 
bello sentimiento del corazón (por supuesto que no habla de la viscera), es 
un bello sentímiefUo que nos hace olvidar nuestro peligro personal 
por acudir á los primeros gritos de angustiad Si esto no es contradecir el 
mismo Bentham su principio, no sabemos qué será. 

Supongamos ahora generalizado el utilitarismo, ó lo que llaman los 
de la secta moral sensualista, y que yá saben la aritmética moral hasta los 
bogas y carboneros; porque para juzgar de un sistema es preciso genera- 
lizarlo. Se vuelca en el Magdalena una canoa y se pierde una caja con cua- 
tro mil pesos en dinero. El dueño escapa, pero queda pobre. Se esparce la 
noticia y se hacen diligc^'^cias inútilmente para hallar el dinero. Un hom*. 



206 HISTpRIA DE NUEVA GRANADA 

bre pobre, padre de familia, encuentra, rf<) abajo,. !á caja detenida en un 
remolino : aguarda la noche para no ser visto, y la saca, sabiendo que esa 
caja es la que se busca. ¿Este hombre sigue la moral cristiana ? SI la sigue, 
va donde el dueño del dinero y se lo entrega, porque esto es lo que le man- 
da la religión, sin entrar en cálculos de interés: el cálculo que hace, en 
caso de tentación, es : Dios me ve ; Dios me ha de juzgar, y Dios me man* 
da entregar lo ajeno ásu dueño. Pero el hombre es benthamista, porqué- 
suponemos que yá la moral sensualista ha bajado (como bajará con el 
tiempo) á las ínfimas clases de la sociedad ; yá no hay padre Astete. Pue»^ 
eoge el hombre dos totumas y un poco de maíz ; porque si sabe aritmética^ 
moral, no sabe la numérica. Va á hacer un cálculo y balance de bien y mat^ 
de ganancia y pérdida : halla que nadie le ha visto sacar la caja ; que luego 
que sacó el dinero y lo enterró^ la arrojó al río ; puede utilizarse coa el di- 
nero,, y no encuentra mal de primer orden, ni de segundo ni de tercero. 
La totuma del^ mal se queda vacía y la del bien se llenó de maíz; porque 
quedándose con el dinero, sin riesgo de ser descubierto, se halla rico, en 
su clase, y de consiguiente en aptitud de poder gozar asegurando la sub- 
sistencia de su familia, sin tener que andar con el chinchorro río arriba y 
río abajo. Pero no- se para aquí y pone en balanza este bien con el que le 
resulta de entregar el dinero, y dice : me darán las albricias \ pero la parte 
es menor q.ue el todo, y mi bien es mayor quedándome con el todo¿ Va 
más adelante y compara el bien moral que produce el placer de ser tenido 
por hombre honrado ;. pero ¿ cuál es la^ utilidad que yo saco de acreditarme 
como honrado 7 La de tener crédito. ¿ Y para qué quiero crédito ?- i Para 
poder hacer buenos negocios ? ¿ Y para qué quiero hacer buenos negocios ? 
Piara tener plata y pasarme buena vida. Pues hé aquí que todo eso lo 
tengo conseguido por el camino más corto, quedándome con esta plata^. 
porque, según mi maestro de aritmética moral, tengo derecho á quedarme 
con ella ; porque derecho es lo que es recit) ; recto es lo que conduce á un 
punto dado por el camino más corto : los actos buenos son los que condi> 
cen á los hombres á su felicidad por el camino más corto y seguro; los 
actos buenos son, pues, los rectos; los rectos^ son los derechos ; luego los 
actos buenos son los derechos^ y como el acto de quedarme con este dinero 
es el camino más corto para hacerme rico,, que es en lo que yo hago con- 
sistir mi felicidad, mi utilidad^ cómo juez que soy y debo ser de ella, tengo 
moralmente derecho para quedarme con el dinero. Pero no me puedo aún 
parar aquf, debo hacer el cálculo y balance entre mi ¿^/¿7¿;^r de- hacerme 



CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE. 20^ 

jl4^^Lj,ii ^ I _i i j > - j- ii . 1 - 11 .^ 11 i - i - i ^- ' -~ ~ -^ ~ — i ~ ~'- ~ ~ - — -~ - -■—'-'■- - — - — ■ — -.»^— — -,- ■ — -- ^ i, r- i _n i _r ii .xi 

rico y salir de pobre con mi familia, y \zpena que sufre el que pierde el 
dinero ; es verdad que éstas son cantidades heterogéneas, inconmensura- 
bles, que no pudo niedir por varas ni pesar por libras, aunque Bentham las 
calcule por átomos ; {i) pero á^sto suple el mismo principio de utilidad, 
que me enseña á mirar más por mi interés que por el ajeno. ¿ Cuál es, 
pues, la pena que sufre el que pierde el dinero ? ¿ Quedar pobre si yo no 
se lo entrego ? Esta misma sufro yo si se lo entrego, pudiendo quedarme 
con él. Queda, pues^ la cuestión reducida á estos precisos términos.: á sufrir 
uno'de los dos el mal de la pobreza ; pero en igualdad de la balanza, el prin- 
cipio ÚQ. utilidad mQ manda atender con preferencia á mi bien ; y como aquí 
no hay más juez que decida sino yo mismo, que^oy y debo ser el juez de mi 
utilidad, quedóme con la plata ; salgo de pobre por el camino más corto, y 
digo : luego la moral sensualista es la moral sabrosa ; luego la moral sen- 
sualista esJa verdadera, porque con ella me hice rico por el camino más 

corto ¡ Alto ahí I se me dirá ; es preciso que el camino, además de 

ser el más corto, sea también el más seguro. ¿ Qué hago para asegurarme 
el camino, es decir, que no llegue á saberse que yo me encontré la plata? 
Todo consiste en seguir bien las reglas del arte de la ocultación^ que hace 
parte deltratado de la nuoral sensualista. Pues siguiendo estas . reglas, no 
sacaré á luz un cuartillo en todo un año, ó hasta que pase la alurma : 
cuando ya no se hable más de eso, empezaré á hacer negocitos de pobre, 
cumpliendo honradamente con mis comprometimientos ; .con esto me 
acreditaré ; haré creer que voy ganando, y poco á poco iré sacando la plata 
hasta que aparezca como sifuera fruto de mis negocios, y entonces habré 
llegado al /2^/?^ ¿¿7¿¡^, con toda seguridad, y sin causar alarma^ ^ qqsXz, 
sólo de un poco de paciencia. 

Hé aquí un caso enteramente natural, decidido con arreglo á los .prin- 
cipios de la aritmética moral, conforme al formulario que presenta Eentham 
en la página .221 deLtomoI de legislación, en donde xralcula porátomosla 
cantidad de pena causada por enemistad. 

¿ Y qué diríamos si á pesar de todo esto llegara, por arte descalabazas, 
á descubrirse que ese hombre -se había encontrado el dinero y le fuera 
mal ? En este caso dice Bentham lo que don Quijote cuando lo apaleó el 
paje de los comerciantes toledanos : " no por culpa mía sino de mi caballo," 
no por Culpa de la aritmética moral, sino por yerro del calculador ; y como 

(1) Tomo I, página 223. Ejemplo de oáloalo aritmético moral. Los ingleses, tan 
bnenos calculadores de su utilidad, no han h^cho caso de Beubham, bu paisano, 



208 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

la moralidad de las accrones debe juzgarse por sus resultados respecto á 
la utilidad del que las practica, la* moralidad ó inmoralidad depende de 
hilarse más ó menos los sesos á fin de ocultar crímenes. De manera que 
cuando á alguno le llega á caer la ley encima, es por no haber sido buen 
calculador, ó mal ocultador ; y de este modo puede decirse que el sistema 
penal del utilitarismo se reduce á castigar sólo un delito, el de haber sido 
mal calculador ; para anular la alarma con la ocultación del crimen, que 
es tanto como decir que el delito ha consistido en no haber tenido todo 
el talento necesario para ser picaro. 

Bentham, para no espantar con su sistema egoísta, no obstante la pre- 
cisión con que lo ha establecido con el principio de la utilidad individual, 
y sobre el cual dice que " para darle toda la eficacia que debiera tener, para 
hacer de él la base de una razón común, son necesarias tres cosas : la pri- 
mera, formarse de esta palabra utilidad nociones claras y precisas que pue- 
dan ser exactamente las mismas para todos los que se sirvan de ella : la 
segunda es establecer la unidad y soberanía de ESTE PRINCIPIO, 

r 

EXCLUYENDO RIGOROSAMENTE todo lo quc TÍO sca EL : uo basta suscribir á 
ÉL en general, es necesario, además, no admitir excepción alguna : la 
tercera es hallar los procedimientos de una aritmética moral etc.*' (i). 

A pesar de esta regla tan clara como absoluta, quiso Bentham, desde 
el principio, hacer sonar en su sistema la utilidad de la sociedad 6 interés 
público, de una manera antojadiza, apelando al arbitrio de alarma para 
pasar por este mal puente, echado sobre el abismo que separa los dos 
principios, y someter ciertas acciones al dominio de la justicia, suponiendo 
un pacto entre los hombres, que no se sabe dónde, ni cuándo, ni por qué 
hombres se hizo, ni cómo eran antes de ese pacto, para decir por qué se 
hizo. Rousseau siquiera nos contó un cuento en su Contrato social; pero 
Bentham ni aun esto. 

Mr. Jouffroy ha echado en cara á Bentham el haber sustituido, sin 
saber cómo, el principio de interés general al de utilidad individual, y de- 
muestra que, á pesar de la sostitución, siempre prevalece el principio 
egoísta, porque en último análisis lo que el hombre haga por utilidad ge- 
neral, según la razón que para ello da Bentham, no es con otro fin que con 
el de obtener la suya particular. De modo que la utilidad general, para él, 
no es otra cosa que un medio para conseguir la suya ; y entonces se ten- 
drá que cuando el medio se oponga al fin, el interés general va á tierra ; 

(1) Tomo I, página 48, 



CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE. 20^ 

así dice JouíFroy : *Ma regla de utilidad general que se proclama no es, pues, 
sino una mtntira, porque siempre permanece como verdadera regla la uti- 
lidad personal '^ (i). 

Bentham funda su sistema de legislación sobre el principio de utili- 
dad, porque no reconoce un Ser Supremo, autor de una ley divina que 
gobierna el universo moral. Hé aquí la prueba. 

Al tratar sobre los crímenes á que no alcanzan las leyes, dice : 

*' Para suplir esta imperfección del poder humano se ha creído útil iii- 
Cülcat en el espíritu de los hombres la creencia de un poder que tiene el 
mismo objeto y que no tiene las mismas imperfecciones; el poder de un 
Ente supremo invisible^ á quien se atribuye la voluntad de mantener las 
leyes de la sociedad y de castigar y recompensar de un modo infalible las 
acciones que los hombres no han podido premiar ni castigar." 

Tenemos, pues, que el Ser Supremo, Dios, ha sido inventado porque 
se ha creído útil para contener los crímenes á que no alcanza el poder hu- 
mano. Aquí pone una nota para evadir el cargo de ateísmo, pero no lo con- 
sigue, porque es claro que si creyera en que había ese Ser Supremo, no 
diría que se había creído útil inculcar esa creencia, ni que el poder de que 
. habla sea atribuido por los hombres. En la misma nota dice que el hombre 
no puede ofender á Dios, lo que es uña herejía, con la cual echa abajo toda* 
la historia santa, que está llena de ejemplos, de castigos que Dios ha en- 
viado á menudo por los pecados de los hombres ; y lo que es más, ha echado 
abajo el dogma de la redención por el pecado (2). 

Y este mismo publicista, que tiene por necesaria esta creencia, se em- 
peña en destruirla. Vamos á verlo ; pero es preciso advertir antes, que á la 
religión le da el nombre de ascetismo^ y él mismo la presenta como princi- 
pio antagonista del de la utilidad^ y agrega : 

" Sus sectarios tienen horror á los placeres, y todo lo que adula los 
sentidos es para ellos odioso y criminal : fundan la moral sobre las priva- 
ciones, y la virtud sobre el renunciamiento de sí mismos, y en una pala- 
bra, al revés de los partidarios de la utilidad." 

Este principio antagonista del de la utilidad es el de Jesucristo, que 
dice : " Si alguno quiere seguirme, niegúese á si mismo y tonae su cruz y 
sígame." (Mat. VIII, 34). Y en otro lugar : " ¿ Qué aprovecha al hombre 

(1) Refutación del sistema del interés, 6 sea del principio de utilidad, por Mr. Jou- 
&07 y Bossi, publicado en Bogotá, afio de 18*70. 

(2) Tomo VI, páginas 99 y 100. 



210 HISTORIA DE NUEVA GRAÍ7ADA 



^ganar todo el mundo si pierde su alma ? Buscad primero el reino de Dios y 
su justicia y las demás cosas os serán añadidas." (VI^ 26 y 33). Es muy 
exacto que la moral del Evangelio es diametralmente opuesta á la del ^en* 
sualismo utilitarista, y para decir, como alguno ha dicho, que son una 
misma, se necesita no conocer la religión ó no entender á Bentham. 

'^ Los átwoto^i ascéticos, sigue diciendo éste, son unos insensatos ator- 
mentados continuamente por vanos temores. El Jiombre es, É^u vista, un 
ente degradado que debe castigarse por' el delito de haber nacido, (i ) y no 
apartar jamás su pensamiento de la sima eterna abierta bajo sus pies. Sin 
embargo, los mártires de estas opiniones nectas tienen también un fondo de 
esperanza, porque á más de los placeres mundanos anexos á la reputación 
de santidad, estos piadosos atrabiharíos se lisonjean de que cada instante 
de pena voluntaria acá abajo les valdrá un siglo de felicidad en la otra vida; 
y así el principio se funda sobre la idea, aunque falsa, de utilidad, y debe 
todo ^l ascendiente que tiene á favor de una equivocación.'* 

El primero de estos atrabiliarios es San Pablo, que dice ; " Porque lo 
que aquí es para nosotrosde una tribulación momentánea y ligera, engendra 
en nosotros, de un modo muy maravilloso, un peso eterno de gloria." (2.* 
cor,*IV, 17). Hé aquí el primer piadoso atrabiliario que «igue el principio 
de la utilidad á favor de una eguivocación, que es la de creer que después 
de esta vida hay otra, y que hay un legislador y juez supremo, autor y eje- 
cutor de una ley moral que gobierna .el mundo y á que están sujetos los 
hombres, y que este juez castiga ó premia las acciones de los hombres. 

Queremos en esta parte oponer á Bentham la doctrina de un protes- 
tante, publicista francés, profundo moralista, á quien nadie niega un gran 
saber y cuya, honradez es bien conocida:: es Mr. Guizot, quien dice : 

" Yo he comprobado este hecho : que la ley moral no es ni de inven- 
ción ni de convención humana, ni una de esas leyes necesarias, por las 
cuales se rige el mundo material. Esta es la ley del mundo intelectual y 
libre," ley superior á este mundo, que, al reconocerla, se reconoce á la vez 
libre y sumiso. ¿ Quién es el autor de esta ley ? ¿ Quién la impone al hom- 
bre de quien ella no es la obra y lo gobierna sin esclavizarlo ? ¿ Quién 
la ha puesto en el mundo donde pasa suvida actual el hombre ? Evidente- 
mente hay un poder supremo de quien la ley moral emana y que ella 
misma revela. Con aquel buen sentido que tan frecuentemente hacía olvi- 



(1) Eete tiro es contra el dogma del pecado original^ 



CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE. ai I 

dar á Voltaire su frivolidad y su cinismo, ha dicho, hablando del mundo 
material y del orden que en él reina : 

' Yo NO PUEDO PENSAR EN QUE ESTE RELOJ EXISTA SIN QUE HAYA 
RELOJERO.' 

'^ Se trata, en el orden moral, de una cosa algo más importante que 
un reloj ; no nos hallamos en presencia de una* máquina construida y arre- 
glada una vez por tedas; la ley del orden, es decir, la ley moral, está siem- 
pre en lucha con la libertad humana: la libertad rinde homenaje á la ley, 
pudiendo cumplirla ó violarla; la ley manifiesta el Legislador Supremo, de 
quien ella es el pensamiento y la voluntad. Dios, soberano moral, y el hom- 
bre, subdito libre, se contienen á la vez en el hecho de la ley moral. Ha sido 
únicamente en este hecho que Kant ha encontrado á Dios; desgraciada- 
mente para él, no lo ha hallado en otra parte; pero ciertamente, en la ley 
moral, regla de la libertad humana, es donde Dios se manifiesta al hombre 
con más viva y directa claridad. 

^^ De la misma suerte la ley moral, sin un legislador que la imponga 
al hombre, es un hecho incompleto é inexplicable, es un rio sin fuente.; y 
lo mismo la responsabilidad moral del hombre libre, sin un Juez Supremo 
que la exija, es un hecho incompleto é inexplicable, es una fuente sin sali- 
da, que corre y va á perderse no se sabe dónde. Del mismo modo que la 
ley moral revela un legislador moral, lo mismo la responsabilidad moral 
revela un juez moral. Del mismo modo que la ley moral no es una ley de 
invención humana, de la misma suerte los juicios humanos, dados á nom- 
bre de la responsabilidad moral, no son casi jamás el juicio perfectamente 
verdadero y justo que esta responsabilidad exige. Dios está contenido en 
la ley moral como su primitivo autor, y en la responsabilidad moral como 
su juez definitivo. El orden moral, es decir, el conjunto déla ley moral, 
es incomprensible é imposible sin Dios que la establezca bajo la libertad del 
hombre, y que la restablezca cuando la libertad del hombre la ha trastornado* 

" Así los hechos morales, inherentes y propios á la na turaleza huma- 
na, á saber: la distribución del dt'en y del mal moral; la obligación moral; 
la libertad moral.; la responsabilidad moral, son intima y necesariamente 
ligadas á los hechos de la religión, á saber: Dios, legislador moral; Dios, es- 
pectador y juez moral. Así la moral está ligada natural y esencialmente á 
la religión." (i) 

(1) MeditationB sur la religión cretíeime dans sea rax)portfl ayeo Tetat actael des 
Bocietéft et des esprit por M, Goizot. París, 1868. 14 



212 HISTORIA DE NUEVA ORANADA 

Esto 63 luminoso, natural y lógico: esta es la única y verdadera san* 
ción que puede mantener el orden social: hé aquf el moralista que levanta 
su rostro hacia el cielo, mientras el otro lo pega contra la tierra. Pero Ben- 
tham se burla de todo esto, diciendo que son principios arbitrarios de sim- 
patía y antipatía. Dice que cada uno quiere imponer sus opiniones sobre 
los demás, y que para ello se recurre á diferentes invenciones y se cubre el 
despotismo con el velo de algunas frases ingeniosas, y añade: *'casi todos 
los sistemas de filosofía moral son prueba de esto. Un hombre nos dice que 
hay en él una cierta cosa que le ha sido dada para enseñarle lo que ea 
bueno y lo que es malo, y esa cierta cosa se llama conciencia,,^... Los más 
ingenuos de estos déspotas son los que dicen abiertamente: yo soy del nú- 
mero de los escogidos, y Dios tiene cuidado de instruir á sus escogidos de 
lo que es btíeno y de lo que es malo^' (pág. 66 y 68). 

Bentham atribuye los sistemas de moral fundados en la creencia de 
Dios, al principio arbitrario de antipatía y simpatía, '< Los enemigos más 
encarnizados del principio de utilidad, dice, son los que se fundan sobre 
lo que llaman principio religioso: éstos hacen profesión de tomar ia vo- 
luntad de Dios por regla única del bien y del mal. A éstos respondo, que 
el principio religioso no es un principio distinto, sino uno ú otro de los 
que acabamos de examinar, el cual se presenta bajo de otra forma " (pág. 
99). Estos principios son los de antipatía y simpatía. Así, la filosofía mo- 
ral de Mr. Guizot, que acabamos de ver, no se funda en r^zón sino en an- 
tipatías y simpatías, porque para Bentham no hay razón sino en el mate- 
rialismo. 

En la Deontología, Bentham niega el dogma del infierno y de las pe- 
nas eternas: " Este dogma terrible, dice, no se halla en el cristianismo. Es 
una impostura perniciosa y que nada basta á justificar. Todos los ojos pue- 
den leer en el libro de las Santas Escrituras ; en parte ninguna de ellas se 
encon traía indicada semejante sentencia.'' 

Apenas se podría creer, si un hombre de mediana ilustración dijese 
semejante cosa. Por supuesto que cuando este sofista se apoya en la auto- 
ridad de las Santas Escrituras, no es porque crea en ellas, sino para sor- 
prender con una aserción aventurada y atrevida á los que creen en la re- 
ligión sin conocer los libros santos y que ni los consultarán, fiando en su 
palabra, porque ¿ quién puede creer que todo un autor de legislación hable 
así sin haber leído las Santas Escrituras? Esto no se puede suponer; y para 
que se vea que en Bentham no hay honradez y que sin duda en su cálcu- 



CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE. 21 3 

lo de Utilidad ha hallado que es menor la pérdida que sufre en que lo cojan 
en una mentira que la ganancia que hace en disuadir de la creencia que 
en otra parte ha juzgado útil inculcar^ veamos un texto sólo de tantos 
que en la Santa Escritura se hallan sobre el dogma de las penas eter<^ 
ñas. (i) 

Hablando Jesucristo á sus discípulos sobre la sentencia general que se 
dará á los hombres en el juicio final por el juez de vivos y muertos, dice 
que después de la glpriosa sentencia de los buenos se dirigirá á los malos 
diciéndoles: '' Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que está preparado 
para el diablo y sus ángeles- Éstos irán al SUPLICIO ETERNO y los 
justos á la vida eterna." (Mat XXV — 41 y 46). 

Pero lo más gracioso es que Bentham erige en delito contra la religión 
todo lo que pueda disminuir la creencia en las penas eternas por el servicio 
que de ella saca el Estado. De manera que Bentham, al combatir esta creen- 
cia, incurre en ese delito. ¡Qué legislador ! (2). 

Entre los delitos contra la religión pone los dogmas perniciosos ^ y de- 
signa los del catolicismo bajo el nombre de cacoteismOy que dice produce 
delitos atroces, (3) ** que persigue á los sabios, embrutece al pueblo, llena 
á los hombres de terrores, les prohibe los placeres más inocentes y es el 
más peligroso enemigo de la moral y de la legislación " (4), Dice que este 
enemigo se debe atacar con el libre examen, es decir, con el protestan tis- 
mo. Por aquí puede conocerse de dónde les viene á los benthamistas, que 
no creen en religión ninguna, su decisión por el protestantismo. 

El carácter de esta obra no nos permite entrar en el examen formal 
de los errores del sistema benthamista, mas no podemos pasar por alto la 
inmoralidad de sus doctrinas, eminentemente antisociales. 

En el tomo VI, página 97, dice: — '* Delitos contra la población — Sui- 
cidio;' emigración; aborto; celibato voluntario; comercio de los sexos fuera 
del matrimonio." 

" Solamente hago esta enumeración para advertir el error comuna que 
mira estos actos como contrarios á la población, aunque no tengan alguna 



(1) El doctor EaEeqniél Bojas las admite, centra el principio fnndamental de en maefi- 
tro. t Quiere enseñar el sistema astronómico de Oopémioo por Ptolomeo? sin embargo, 
la tierra se mneve. 

(2) Tratado de Legüladán^ tomo VI, p&g. lOO. 

(3) t Esto dice el qne jostífica el snicidio, el infantíeidio, etc., etc. 

(4) Tomo VI, página 102. 



214 RfSTOiaA DE NUEVA GEIANAÜA 



^^^^^^m^*»^ié^^^m^^^^^ 



influencia perceptible sobre ella/' ¿ Se pueden dar doctrinas más fanestas 
para la sociedad ? ¿ Para enseñarse á los jóvenes en los colegios ? Es dema- 
siado sabido que las prostitutas se esterilizan: 9Í el comercio de los sexos» 
fuera del matrimonio, es acción indiferente y no entra en la clase de los 
delitos, la masa de la población femenina, que carece de ideas de honor, se 
dedicará á ese comercio ó industria libre, y hé aquí una gran parte de la 
población inutilizada para la procreación y disminuido el número de ma*- 
trimonios por la libertad y facilidad que los hombres encuentran para sa- 
tisfacer la pasión carnal. Todos los políticos convienen, menos Bentham^ 
en que la multiplicación de matrimonios es el primer medio para el au- 
mento de la población, y de población útil á la sociedad, por el orden que 
se establece en las familias. 

Bentham dice que no hay propiamente delitos contra sí mismo, sino 
errores de cálculo, porque nadie hace sobre si mismo cosa para dañarse, 
sino para darse gusto; y hé aquí justificados todos los crímenes ocultos, 
los placeres solitarios, los pensamientos y recreaciones lúbricas, etc., etc. 
Esto espanta. En los casos en que la alarma es nula, todo se puede, según 
la moral sensualista. Por eso Bentham y su comentador justifican el suici- 
dio, el infanticidio y, consiguiente á las mismas razones, el aborto y cuanto 
la maldad y la corrupción de costumbres han inventado para la ocultación 
de los crímenes con que entra la corrupción á las familias, sin que se vea 
ni entienda, ni por los padres ni por los esposos. 

Hemos visto á Bentham negar el dogma de las penas eternas, preten- 
diendo fundarse en las Santas Escrituras; pero ahora vamos á oírlo jus- 
tificar d crimen más atroz que puede darse, con el ejemplo de Jesucristo. 
Dice en la Deontologia : 

*^ No se puede decir que el suicidio haya -sido prohibido por Jesucristo. 
Su propio ejemplo demuestra que en todo evento pueden existir casos que 
le justifiquen, porque dueño como era de librarse de la muerte, se sometió 
voluntariamente á ella." 

Jesucristo era Dios, autor de la naturaleza, dueño de la vida y de la 
muerte. Él podía dejar la vida y volverla á tomar, como dijo á los judíos: 
'* Yo doy mi vida para volverla á tomar; ninguno me la quita, sino que 
la doy de mí mismo, y tengQ poder de darla y tengo poder de volverla 
A tomar." (Juan X— 17 y 18). 

El hombre, la criatura, ¿ tiene poder como el Criador para dejar la 
vida y volverla d tomar f ¿ Puede el suicida resucitarse á sí mismo como 



CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE. 21S 

resucitó Jesucristo ? Si el hombre pudiera volverá tomar ía vida después 
de quitársela, el suicidio no sería un crimen; sería como el acostarse á 
dormir para volver á despertar. ¿ Cómo, pues, viene el sofista equiparando 
el poder y las acciones del Creador con el poder y las acciones de la cria- 
tura ? ¿ O es que Benthaili no cree que Jesucristo fuese Dios ? El comen- 
tador Salas apoya la idea diciendo que por ser el hombre el propio dueño 
de su persona puede disponer de ella como quiera. Oigaiños, por último, 
la re^Ia general que da Bentham á los legisladores sobre delitos contra sí 
mismo: 

** Dejad á los individuos la mayor latitud posible en todos los ca«os 
en que no puedan dañar sino á sí mismos, porque ellos son* los mejores 
jueces de sus intereses " (i). 

£1 lector juzgará por estos pocos rasgos que hemos expuesio^ de los 
principios de Bentham, si podría enseñarse legislación por semejante autor 
á los jóvenes, sin riesgo de pervertir su creencia religiosa y sus costumbres. 
Creemos que aun cuando el doctor Margallo hubiera sido el catedrático 
y sus explicaciones se hubieran reducido á combatir las doctrinas de Ben- 
tham, estando el libro en manos de los estudiantes, preparados yá con el 
materialismo de la filosofía de Tracy, las malas doctrinas, las doctrinas 
seductoras que halagan las pasiones, habrían prevalecido sobre todos- los 
esfuerzos del catedrático. 

Se continuó enseñando por Bentham contra todo el torrente de la 
opinión pública; y si la teoría de este autor sobre los males resultantes de 
la alarma fuera cierta, todos esos males habrían venido sobre Colombia, 
pues que la alarma producida por la enseñanza del materialismo sensua- 
lista no pudo haber llegado á un grado más alto, y tanto más, cuanto que 
ese mal dimanaba del Gobierno, y no de un particular. 

Y bien : ¿ este dichoso Gobierno creía en los principios de Bentham? 
I Los sostenía con tanta tenacidad, persuadido de la exactitud de ellos ? 
Entonces, ¿ por qué no suprimió su enseñanza en el momento, al ver la 
alarma que ese estudio causaba en la sociedad ? ¿ No erige en delito todo 
lo que causa alarma ? Luego el Gobierno cometía un delito al sostener la 
enseñanza de Bentham, y se ponía en contradicción con el mismo Ben- 
tham. Digamos, pues, que el Gobierno de Colombia y sus escogidos lleva- 
ban otras miras más extensas al sostener esta enseñanza (2). 

(I) Tratado de legUlacUnf tomo I, número 241. 

C2) Pispéosenos el lector esta especie de disertación, que para algnnos pareceiS ex6- 



2l6 HISTORIA DE NITEVA GRANADA 



CAPITULO XCVIII. 

El Libertador recibe en Caracas las noticias del trastorno introducido en los Departa- 
mentos del Sar por loe Jefes de la tercera división — ^Escribe al Vicepresidente que 
Marcha para la capital — Alarmas del Vicepresidente y de los liberales — Aznero pro- 
pone la separación de Nueva Granada y Venezuela— Revolución fragruada para 
poner el plan de Afuero en pr&ctioa— El Vicepresidente estaba en ello — ^Los Secre- 
tarios lo impidieron — ^Testimonio de uno de ellos — Furores de Santander contra el 
libertador — ^£1 Congreso convoca la gran Convención^El Vicepresidente trata de 
* izúpedir que el Libertador veng« con tropas->El Libertador no suspende la marcha 
«de las tropas^-Entra en la capital 7 presta juramento ante el Congreso— Algunos 
oongresistas se esconden — El Libertador les manda ofrecer seguridades — Se encarga 
del €k>biemo y pasa su mensaje al Congreso — Providencias que se toman para res- 
tablecer la concordia entre las gentes — El Congreso aprueba todas las medidas que 
el Libertador habfa dictado en uso de las facultades extraordinarias— Cierra sus 
sesiones— Decretos expedidos por el Libertador— Muere en desafío el Cónsul general 
de los Países Bajos — Se le hicieron exequias en la Capilla — £1 doctor Margallo se 
retira de ella y anuncia que será arruinada— Terremoto del 16 de Noviembre — Ruina 
de la Capilla — Fiestas de Zipaquirá — Disgustos originados en estas fiestas — ^El Ca- 
bildo da una satisfacción al Libertador— Se reciben* las bulas y palios de los Arzo- 
bispos y Obispos — ^Banquete que el Libertador da á los Prelados — Su brindis — ^Mal 
estado del Norte y del Sur — Preludios de la guerra con el Perú — El Libertador 
publica BU artículo titulado Fe Púmioa — Las elecciones para la gran Convención — 
Guerrillas en Venezuela — El Libertador marcha para Venezuela — ^No continúa su 
viaje y se sitúa -en Bucaramanga— Se reúne en Ocana la Convención — Movimientos 
revolucionarios de Padilla en Cartagena — Se presenta á la Convención — Vuelve & 
Cartagena — Se le remite preso á Bogotá— Correspondencia del Libertador con el 
doctor Vergara— Mensaje del Libertador— Intrigas y disturbios de los oonvenoio- 
nistas— Se disuelve la Convención. 

POR este mismo tkmpo habían llegado á Bogotá las noticias del 
estado de trastorno en que los restauradores del orden constitu- 
cional de la tercera división liabían puesto las Provincias del Sur. 
Les cuadraba á éstos tanto el nombre de restauradores como á 
los expedicionarios de Morillo t\ át pacificadores. Los liberales ilusos y de 

Idea en una historia ; pero lo hacemos porque entre nuestras gentes hay muchas que 
están por Bentham ó ^contra Bentham sin conocerlo, 7 nosotros, por nuestra parte, no 
llevando otro objeto en lo que escribimos, sino el preservar á nuestro país de tan funes- 
tos males como los que lo aquejan y que por último lo entregar&n á la anarquía, sin que 
haya quien lo saque de ella, ni elementos para poderlo hacer ; por eso hemos creído con- 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. í I ^ 

buena intención comenzaron á comprender que no todos los que procla- 
maban la Constitución y que se mostraban tan temerosos de la tiranía eran 
de buena fe, y de consiguiente, muchos reformaban ya sus juicios sobre el 
Libertador. El señor Restrepo dice que aunque el jefe de este partido era 
el General Santander, no pudo menos, luego que recibió las noticias de los 
atentados cometidos en el Sur por los expedicionarios de Bustamante, que 
declarar, por decreto de 21 de Mayo, que el Gobierno de Colombia descono- 
cía cualquiera segregación de territorio, fuera cual fuera su origen ;; y que 
también desconocía cualquier acto por el cual se trastornara el orden cons- 
titucional, en todo ó en parte, de los departamentos del Sur. 

Se ve que el Vicepresidente tenía datos para creer que los jefes d^ la 
expedición tenían el designio de segregar á Guayaquil para ' agregarlo ai 
Perú. Sin embargo, el Vicepresidente había aprobado la conducta de estos 
alzados, á quienes dijo que habían dado un día de consuelo á la patria. La 
pasión contra el Libertador precipitaba ea un abismo de errores al General 
Santander* 

El Libertador recibió parte oficial de los .trastornos que los jefes de la 
tercera división habían introducido en Guayaquil y de los planes prodito- 
'rios contra la República, é inmediatamente oJ&ció al Vicepresidente con 
fecha 20 de Junio, por medio del Secretario general Revenga, avisán- 
dole que marchaba inmediatamente con tropas para Bogotá, con el fin de 
seguir á restablecer el orden constitucional en el Sur, y sin pérdida de 
tiempo hizo embarcar para Cartagena al General Salom con novecientos 
hombres, ordenó que el General Urdaneta marchase con otras fuerzas por 
Cúcuta, y dispuso que otras quedasen de reserva en Venezuela á órdenes 
de Páez, para que marchasen al Sur, caso de ser necesario^ 



veniente dar en este cuadro algunas pinceladas horrorosas, para ver 8i los padres de fa- 
milia que echan contra Beniham de oídas, 7 mandan á sus liijos á las aulas benthamis- 
tací, despiertan, abren los ojos 7 ven el abismo á donde conducen á sus hijos 7 á toda esta 
infeliz sociedad. 

Se ha dicho recientemente en un periódico de esta capital que el señor Arzobispo 
Mosquera había permitido se diese la absolución á los estudiantes de Bentham, 6 conse- 
cuencia de una intimación que le hizo el Presidente Santander por medio del señor 
Pombo. £1 señor Mosquera acreditó con su muerte que no era hombre de faltar 6, su deber 
por miedo ; 7 habría faltado á él mandando absolver sin exigir de esos estudiantes pro- 
testa ninguna. Los individuos á. que se refiere el escritor no existen, 7 el que atestigua 
con muertos, si no produce documentos auténticos que comprueben lo que dice, no tiene 
derecho ¿ ser creído. Autoridad no es razón, dice Bentham, 



2l8 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Tomadas estas disposicionesi se embarcó para Cartagena el día 5 de 
Julio, en una fragata inglesa Druida, juntamente con Sir Alejandro Crock- 
burn, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la Gran Bre- 
taña, que había pasado á Venezuela, antes de regresar á Inglaterra, á 
presentar su respetuoso homenaje al Libertador de Colombia á nombre 
de S. M. B. 

Apenas se divulgó en Bogotá la noticia de que el Libertador venía 
con tropas, el Vicepresidente se manifestó alarmadísimo, como si aquél no 
le hubiera dado aviso del movimiento y d^ su objeto. Pasó mensajes al 
Congreso, en que hablaba sobre los proyectos que se atribuían al Liberta- 
dor de venir á erigirse en dictador y echar por tierra las libertades públi- 
cas. Todo el'partido liberal se puso en agitación. En el Senado se decía* 
maba con furor por el partido que allí encabezaba el doctor Soto. Los can- 
didos republicanos á quienes se había hecho creer que Bolívar no era más 
que un tirano ambicioso, volvieron al mayor punto de exaltación. Los 
directores de partido creyeron llegado el instante de echar abajo la autori- 
dad del Libertador, y el doctor Azuero escribió un terrible artículo en 
El Conductor, proponiendo coino único medio de salvar el país de la tiVa- 
nía, la separación de la Nueva Granada de Venezuela, declarando roto el* 
pacto fundamental de Unión, y organizándose independien<temenle del 
Ecuador, bajo el régimen actual, inter se reformaba la Constitución. Res- 
pecto á la deuda extranjera, proponía que la reconociese la Nueva Granada, 
que quedaría con el nombre de Colombia, y que se hiciese cargo de pagarla 
por sí sola, caso de que las otras dos secciones rehusaran satisfacer lo que 
les correspondiera. Respecto á la deuda interior, se reconocería lo que se 
debiese á los habitantes del Interior. Hé aquí un rasgo de patriotismo muy 
hermoso ; como saliéramos de Bolívar, aunque se sacrificase la Repú}>lica; 
aunque se nos vendiese á los extranjeros. Pero no era esto sólo. El energú- 
meno del liberalismo proponía que declarada la separación, el encargado 
del Gobierno, que debía ser el General Santander, se revistiera de faculta- 
des extraordinarias ; que se quitaran los empleos á todos los sospechosos ; 
y que á los que fuesen desafectos al nuevo orden de cosas se les redujese á 
prisión y fuesen desterrados. 

El señor Restrepo, que entonces estaba en el Consejo de Gobierno, 
dice : ^* Poco faltó para que estallara una revolución en Bogotá con el 
objeto de realizar ti plan que proponía Azuero. Santander estaba en el se- 
creto de la conspiración, pero felizmente para su honor y para el die la Re- 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO; Tl^ 

m_r» i«~»~~"*~~^'~~^~"~'""~'~"~"^'''~t~T~r~T~' 1 — » — tí~tá — ■•"■ — » ~ ir ~ M ~ i i ~ ii ~ i ~ M ~fc i ~ iií ~ i ~ i ~ ii " II ~ i ~ i " ~ ~ i ~ i ~ w~ M ' i» - i nr i j- i I — »_ i — i j— « _«-x-»_r-«_rx^< 

pública, confió al Secretario de la Guerra el secreto de que había determi* 
nado renunciar la Vicépresidencia y ponerse á la cabeza de la revolución, 
para independizar á los Departamentos del Centro de los del Sur y Norte- 
de Colombia, añadiendo que estaba yá de acuerdo con más de veinte Jefe» 
militares. El General Soublette le disuadió de que diera un paso tan degra- 
dante, y por fortuna abandonó Santander aquel proyecto, dictando efica- 
ces providencias para impedir la revolución. Privados de su* apoyo tuvie- 
ron que ceder Azuero y los demás exaltados liberales, que no hallaron en 
Bogotá ni en las provincias la cooperación y las fuerzas suficientes parar 
oponerse al influjo y á las tropas que sostenían al Libertador. 

" A pesar de que d mismo Soublette y los demás Secretarios del Go- 
bierno (i) de Colombia aconsejaban de continuo la calma y la moderación* 
al Vicepresidente Santander, no podían conseguir libertarle de -que diera 
algunos pasos falsos. Los doctores Azuero y Sofo^, que formaban su consejo 
privado^ tenían mucho ascendiente sobre él y lo arrastraban en sentido con'- 
trarto (2). De aquí esa oposición decidida á que se convocara la Conven- 
ción, sin embargo de que ya era un grito nacional el que la pedía, y él decía 
que prefería la guerra civil á que se convocara ; de aquí esas vociferacio- 
nes de Santander, quien decía públicamente que le sería muy fácil opo- 
nerse y vencer en la guerra al General Bolívar, y que ésta debía declararse 
para conservar las libertades públicas ; de aquí el haber repetido varias 
veces que si aquéllas perecían, habría preferido que permaneciésemos uni- 
dos á la España ; de aquí el decir que entre Morillo y Bolívar quería más 
bien que el primero volviera á entrar en Bogotá, porque el segundo derra- 
maría igualmente la sangre de los mejores patriotas, y entre éstos él se 
consideraba en un riesgo inminente. Lo más admirable es que proposicio- 
nes tan escandalosas las propalara delante de su Consejo, de algunas dipu- 
taciones del Congreso y de otras varias personas. Estaba privado de la 
cordura y circunspección que deifhandaba su alta posición social. Dejábase 
arrebatar por Tos raptos de sus pasiones y de su genio brusco, que nada 
respetaba cuando perdía la paciencia ; por desgracia esto le sucedía fre- 
cuentemente. En aquellos días el Congreso era también objeto de sus 
declamaciones. Le tachaba de débil porque no acusaba y destituía al Li« 
bertador Presidente, declarando todos sus procedimientos ilegales.''' 



(1) Siendo uno de ellos el qne nos refiere estas cosas* 

(2) Beovéxdese lo q^ue dejamos dioha akáa. 



220 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Ni el faror de Saal contra David nos parece que llegó á an grado más 
alto que el del General Santander contra el Libertador, quien estaba en 
el caso de decir con David: Et Rostieron adversum me mala pro bonis ; et 
odiumpro dilectíone mea. 

\ Cuál seria la situación de Colombia con la enemiga de estos dos 
hombres, Bolívar y Santander, ambos puestos al frente del Gobierno na- 
cional ! Pero el primero sufría y también pudiera decir cum his^ qui ode^ 
runtpacemj eram pacificus. Parece que el Libertador mostró más valor en 
esta guerra de odios gratuitos sufridos con paciencia, que en los peligros de 
toda la guerra de independencia. 

No obstante la oposición del Vicepresidente y su partido á la convoca* 
toria de la gran Convención, el Congreso dio la ley el día 7 de Agosto, ani- 
versario de la batalla de Boyacá, y luego dio el reglamento para las eleccio- 
nes de diputados. La Convención se convocó para Ocaña el 2 de Marzo 
de 1828. 

'' Instigado por su impotente rabia y por su odio contra el Libertador, 
continúa diciendo de Santander el Secretario, protestó en un mensaje di- 
rigido al Congreso, que estaba en la firme resolución de resistir la entrega 
del mando, mientras Bolívar no prestara el juramento debido (i). Convo- 
có también al Consejo de Gobierno con el fin de consultarle dos proyectos 
que meditaba. Era el primero, que no teniendo el Ejecutivo fuerzas con 
qué oponerse á las que traía el Presidente, se disolviera, declarándolo así 
por una acta (2) y una protesta. Los Ministros del Consejo de Gobierno, 
que eran amigos del Libertador, que no se dejaban arrastrar con pasiones 
del momenta y que sólo querían el bien y la consolidación de la Repú- 
blica, se opusieron unánimemente á ideas tan subversivas del orden y de 
la tranquilidad. En segundo lugar, quiso el General Santander que se diri- 
giese una circular á los Ministros extranjeros, protestando contra los actos 
ilegales de Bolívar. También se opuso elConsejo á esta medida irregular, 
que á nada conducía, y por la que se pretendía conceder á las naciones ex- 
tranjeras una intervención indebida* 

'^ Viendo Santander que ninguno de sus proyectos encontraba apoyo, 
se quejó amargamente de la apatía de sus Secretarios para defender, según 



(1) El hombre deliraba. ¿ Podría pppenerfle que el Libertador pretendiese entrar al 
ejercicio del Poder Ejecutivo antes de prestrar el jmramento ? 

(2) Vaya, que yá el Vicepresidente constitucional le iba perdiendo el horror á lafi 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. 221 

« 

d^cfa, las libertades; díjoles estar convenido con doce jefes militares en que 
si resultaba cierto que el Sur de la República se hubiese decidido por el 
sistema federativo, y por una separación del Centro y del Norte, se irla 
allá con todos los que determinaran seguirle, para hacer la guerra al Li- 
bertador; repitió entonces /or la centésima vez que la deseaba ardiente- 
mente, /w^ le aborrecía de mtierte^ y que allí le opondría las barreras for- 
midables de Juunambú/' 

Según las órdenes del Libertador, las fuerzas del General Saloqi su- 
bían por el Magdalena, y la división Zulia, al mando del General Urdaneta, 
se dirigía á la capital por el Norte. El Vicepresidente ofició al Libertador 
oponiéndose á la venida de las tropas, por varias razones, una de ellas, la 
de ntrser necesarias, por haberse restablecido ya el orden legal en Guaya- 
quil ; pero el Libertador, teniendo más recientes noticias, sabía que, lejos 
de ser esto cierto, e§taba aquella parte de la República en peor estado, pro- 
clamando la federación. 

El Libertador no suspendió la orden, y las tropas siguieron su marcha 
ilegalmente sobre el territorio de Cundinamarca, que dependía de la auto- 
ridad del Vicepresidente, y sin que esto pudiera hacerse en uso de las fa- 
cultades extraordinarias, que el Congreso había declarado suspensas por 
hallarse restablecido el orden constitucional. 

Pero aquí hay que hacerse cargo de la verdadera situación en que 
esUbamos, á pesar de hallarse restablecido el orden legal. Acabamos de 
ver la disposición en que el General Santander y su partido se hallaban 
respecto al Libertador. El fuego más violento ardía bajo las cenizas : no 
se quería sino la ruina de Bolívar á todo trance : el volcán estaba para 
hacer su explosión, y era seguro que si el Libertador se hubiera atrevido á 
venir solo, la revolución kabría estallado en Bogotá para apoderarse de su 
persona, bajo pretexto dé hacerle rendir cuenta al Congreso de su conducta, 
que era lo que pretendían los Jefes de la tercera división, á quienes se ha- 
bría dado aviso, á fin de que obrasen de la manera conveniente á estos 
fines, y la revolución, generalizada de este modo contra el Libertador, ha- 
bría llegado al término que se quería -: al de su sacrificio. 

El Libertador sabía y conocía perfectamente todo esto, y conocía, so- 
bre todo, á sus enemigos y de cuánto eran capaces : sabia muy bien que al 
tratar de su renuncia en el Congreso, se le había acusado como á criminal 
de lesa-patria ; como á tirano usurpador de los derechos del pueblo ; y 
esto con una vehemencia espantosa y con aplausos de un partido desenfre- 



222 HISTORIA VE NUEVA CFRAITAIIIA 

nado, que no admiraba más que á los Brutos y los Cacios. Se hallaf)a, puesy 
en la alternativa de volver atrás y dejar perder la República por la parte* 
del Sur, ó entregarse maniatado á los que le querían beber la sangre. Pón- 
gase cualquiera en su lugar y diga si en circunstancias tales y donde la 
anarquía no aguardaba más que el menor triunfo para desencadenarse^ na* 
habría seguido adelante con las tropas, como* lo hizo el Libertador. El pasa 
era ilegal, pero los que lo ponían en la necesidad de darlo eran los culpables» 

Hizo su viaje por Ocaña el Libertador, y en Cachiri recibió comuni- 
cación del Congreso, junto con la ley que reducía el pie de fuerza, sobre lo- 
que contestó haciendo algunas observaciones, y siguió hasta ef' Socorro, 
donde recibió otro oñcio del Senado, en que se le decía que viniera á en- 
cargarse del mando, y que entonces podría hacer sus observaciones. * 

Inmediatamente se puso en marcha eon los Generales Kriceño Mén - 
dez y Urdaneta : éste había dejado las tropas en Soatá. Llegado á Zipa» 
quirá, envió un edecán con pliegos para el Gobierno y para el Cbngresov 
avisando que seguía inmediatamente para prestar el juramento constitu- 
cional al momento de llegar. El Congreso se reunió al punto^en la iglesia 
de Santo Domingo, donde aguardó hasta las tres de la tarde del' día i o de- 
Septiembre, en que entró el Libertador Presidente, quien fue recibido por 
las autoridades, empleados,, comerciantes, ciudadanos notables y un pueblb' 
inmenso, que, lleno de entusiasmo, lo victoreaba por las calles, que desde 
San Diego hasta Santo Domingo estaban adornadas con arcos triunfales y 
cortinajes en balcones y ventanas, que ocupaban infinidad de gente. 

El Libertador se desmontó en el altozano de Santo Domingo y se 
presentó al Congreso entre un concurso innumerable. Puestos de pie los 
Senadores y Representantes, el Presidente de la República prestó, en ma- 
nos del de el Senado, doctor Vicente Borrero, el juramento de observar y 
hacer cumplir la Constitución de la República. En el momento prorrum* 
pió todo el concurso en estrepitosos aplausos y vivas al Presidente de la 
República. Inmediatamente se hizo silencio, y el Libertador pronunció, un 
corto pero hermoso discurso, en que ofreció gobernar conforme á la Cons- 
titución y las leyes, y entregar á Colombia libre y unida ala gran Conven^ 
ción nacional. A este discurso contestó ei Presidente del Congreso muy 
satisfactoriamente, mereciendo grandes aplausos del numeroso concur^ 
que llenaba el templo. 

'El Libertador fue conducido al palacio de Gobierno en medio de un 
séquito lucido y numeroso. Allí le aguardaba el Vicepresidente con los Se* 



•CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. 22.3 

creónos de Estado y las priacipales autoridades civiles y eclesiásticas. 
Dirigióle la palabra felicitándolo por su llegada á la capital y por haberse 
encargado del Poder Ejecutivo Nacional. La contestación del Libertador 
fue digna, llena de \irbanijad y generosa ; pues una de las cosas que dijo 
fue que la conducta del Vicepresidente había sido arreglada á las leyes. 

Aunque Bolívar no era un César, cuyas venganzas pudieran temef 
aquellos bravos Senadores que con tanta energía habían declamado contra 
él cuando se trató de^u renuncia, éstos huyeron déla capital al acercarse á 
ella el Libertador. Supo éste que Soto, Azuero (el clérigo) y Uribe Res- 
trepo se habían ausentado temerosos, y les mandó á decir que nada tenían 
que temer : que viniesen á desempeñar sus funciones legislativas. 

Apenas se hizo cargo del Gobierno, pasó un mensaje al Congreso para 
que continuara sus sesiones extraordinarias, á fin de darle cuenta de sus 
operaciones en el desempeño de las facultades extraordinarias en Vene- 
zuela» y para que considerara el estado en que se encontraba la República. 

Los Secretarios de Estado presentaron sus renuncias para que el Go- 
bierno inspirase más confianza á los venezolanos, que tanto habían decla- 
mado contra la administración á que ellos habían servido ; pero el Liber- 
tador no las admitió, dándoles con esto una prueba de la confianza que 
tenía en su probidad. 

Aquí volvemos á observar lo que en otra ocasión que renunciaron 
estos mismos Secretarios y que tampoco convino en ello el Libertador, á 
saber: que éste procedía sin pasión alguna respecto á la administración 
Santander, queriendo gobernar con su jnisrao ministerio. De estos rasgos 
no se han visto más que en Bolívar. A los Presidentes de bandería no los 
hemos visto continuar con el ministerio de su antagonista. 

El Libertador no pensó desde entonces sino en calmar los ánimos, 
inspirando confianza á todo el mundo, con aquel su carácter franco, noble 
y generoso, contrayendo toda su atención al buen orden y arreglo de todos 
los ramos de la administración. " Ninguno creía, dice el señor Restrepo, 
que la imaginación ardiente y el genio tan vivo de Bolívar pudieran con- 
traerse al despacho de tantos detalles ; mas se engañaban. No solamente 
los entendía, sino que los penetraba inmediatamente, aun cuando fueran 
de ramos extraños á su profesión militar, por ejemplo de jurisprudencia, á 
la que tenía la mayor aversión, lo mismo que á los abogados. Tampoco se 
encaprichaba en sostener sus opiniones, aunque algunas veces las llevara 



¿^4 HISTORIA DE NUETA GRANADA 

formadas al Consejo ; cuando los Secretarios le manifestaban buenas razo- 
nes en.contrario, cedía con docilidad.'' 

El Gobierno pacífico y legal del Libertador restableció la paz pública, 
y todos aquellos enemigos suyos que lo habían sido pdr engaño de malos 
juicios, dejaron de serlo y se manifestaron completamente satisfechos y 
tranquilos ; en los de mala fe, esto mismo hacia arder más en ellos la pa- 
sión interiormente. Al circular los reglamentos del Congreso para las elec- 
ciones de Diputados á la gran Convención, encargó con mucho encareci- 
miento á los Intendentes y Gobernadores cuidaran de que ellas se hicieran 
con el mayor orden y completa libertad, sin faltar en un ápice á las reglas 
dadas por el Congreso. Este cerró sus sesiones el día 5 de Octubre, después 
de haber aprobado todas las medidas que en ejercicio de su autoridad ex- 
traordinaria había dictado el Libertador. Esta fue una gran satisfacción 
que se le dio contra todos los cargos y malignas acusaciones que le hablan 
hecho en la sesión del 6 de Junio* 

Entre algunas de las providencias dé policía dictadas por el Liberta- 
dor, se encuentra el decreto de 29 de Septiembre, encargando á los Jefes 
municipales no permitan casas de juego y que procedan contra los tahú- 
res, conforme á las disposiciones de la ley de 11 de Marzo de 1825 y á lo 
dispuesto por el artículo 35 de la ley de 3 de Mayo de 1826, reputándose á 
los jugadores por vagos y mal entretenidos. 

Otra de las medidas de policía dictadas por el mismo, fue la del. de- 
creto de 10 de Octubre, prohibiendo sepultar cadáveres en las iglesias, 
á cuyo efecto se declaraba en su fuerza y vigor, mandándose publicar de 
nuevo la real cédula, que es la ley 2% título 3.^, libro i/* del apéndice á la 
Novísima Recopilación. 

El Secretario del Interior había pasado al Arzobispo un oficio en que 
le decía haber observado el Libertador en sus viajes por los diversos pue- 
blos de Colombia, cuánto se había relajado la disciplina eclesiástica relativa-^ 
mente á la enseñanza de la religión y á lo prescrito en los cánones sobre 
residencia de los curas. Con este motivo el Arzobispo, doctor Fernando 
Caicedo, dictó en 6 de Octubre un auto para que los curas cumplieran 
exactamente con las obligaciones de su ministerio, observando las disposi- 
ciones canónicas sobre residencia. 

El día 30 de Octubre hubo una novedad en Bogotá. Amaneció muer- 
to en las inmediaciones de la ciudad, con un balazo en la frente y una 
pistola á su lado, el caballero Stuers, Cónsul general del rey de los Pabes 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCttO. 22 J 

Bajos. Lo mató en desafío un joven oficial hijo del General Miranda. El 
desafío tuvo lugar e^ un baile que se dio en palacio en obsequio del Li- 
bertador. Era tan hombre de armas el caballero Stuers, que se jactaba de 
haber matado unos cuantos en desafío, y Miranda era tan bisoño en esto, 
que la víspera del desafío lo e^uvo enseñando á tirar ^ blanco el Coronel 
inglés Johnson, y salió tan aprovechado el mozo, que le reventó la cinta del 
sombrero con la bala al Cónsul. Miranda se fugó, sin volverse á saber de él, y 
al muerto le hicieron exequias en la Capilla del Sagrario, donde los herma- 
nos de la cofradía del Santísimo, de que era capellán el doctor Margallo, se 
reunían diariamente á las seis de la tarde á practicar su ejercicio hasta las 
siete de la noche. El haberle hecho exequias en el templo al que había 
muerto en desafío, aun cuando el hecho no se había comprobado jurídica- 
mente, escandalizó mucho á la gente, y principalmente al doctor Margallo, 
quien dijo esa noche á los hermanos en la plática que no volvía á entrar á 
ese templo, porque estaba profanado, y que no quería quedar bajo sus 
ruinas. 

El doctor Margallo no volvió á la capilla ,* los hermanos de la cofradía 
siguieron concurriendo, y el 16 de Noviembre á las seis y media de la tar- 
de, estando en oración, vino un temblor de tierra tan fuerte, que echó abajo 
la cúpula del templo, y no quedaron allí sepultados muchos de los concu- 
rrentes, por haber habido primero un pequeño movimiento de tierra. Al 
sentirlo, aunque estaban á oscuras, porque se apagaban las luces para la 
oración, todos se dirigieron á la puerta : al segundo, que fue tan fuerte 
como nunca se había experinientado, y que se calculó su duración en trein- 
ta segundos, cayó la cúpula y apenas alcanzó á herir en la cabeza con 
un casco de ladrillo á un anciano, llamado don Francisco Romero, que no 
pudo andar tan ligero como los demás en la oscuridad de la iglesia. 

Uno de los más grandes daños que hizo este terremoto, fue el haber 
destruido la famosa lorre de carey que formaba el sagrario de la capilla (i) 
y así mismo la famosa custodia que estaba dentro. 

¡ Qué horrible catástrofe 1 Había llovido y el cielo estaba oscuro, cuan- 
do todo el mundo salió de donde estaba, dando alaridos destemplados; y 
como esto fue al mismo instante en la población, se formó un eco espanto- 
so y aterrador, unido al ruido como de un trueno sordo que producía el 

■ 

sacudimiento ó crujido de los enmaderados de las casas, al propio tiempo 



"%»*■ 



(1> Véase la descripcián de esta obra en él tomo L 



226 HISTORIA »E NUEVA €^RA)IABA 

que 8e oían todas las campanas, como si se tocara á rebato, por el bamboleo 
de ías torres y campanarios, causado por la oscilación de Norte á Sur« 

Todo el mundo salió de las casas y tiendas para las plazas y los arra- 
bales de la ciudad, no creyéndose nadie seguro bajo de techos. Sin embargo, 
las gentes no se aterraron tanto con este temblor como con el del año an- 
terior, á pesar de haber sido mucho más violento y de haber hechb tantos 
* 

daños, aunque en las personas no se experimentaron sino en solo cinco. 
Los movimientos de tierra duraron por muchos días, aunque casi insen- 
sibles. 

El impulso del terremoto vino de Sur á Norte, y su curso se maixsó 
bien por los daños, que fueron siendo menores hacia el Norte. Hacia el Sur, 
las iglesias de los pueblos, en esa dirección, iban sufriendo más ruina, hasta 
no quedar en pie ni las chozas de paja al lado de Neiva y Purificación. 
Por las noticias publicadas en la Gaceta se supo que el terremoto fue pro- 
ducido por erupciodies volcánicas. En cartas del Sur se decía que ese fenó- 
meno espantoso se atribuía á una violenta erupción de los volcanes Huila 
y Puracé, que rompiendo las ciénagas que los rodean, habían precipitado á 
las madres de los ríos tal cantidad de agua y -cieno, que saliendo aquéllos 
de su cauce, habían arrastrado en su torrente fétido y lleno de materias vol- 
cánicas, muchos ganados, sementeras y aun estancias de sus inmediaciones. 
También se atribuía la erupción al páramo de las Papas y aun al Toliraa, 
de cuyo cráter decían algunas personas haber visto levantarse columnas de 
humo el d/a 17. En la Provincia de Neiva hubo mil estragos; desaparecie- 
ron las poblaciones de Pital y Gigante; se dividieron terrenos, tomando los 
ríos diverso curso; hubo estancias que fueron á dar sobre otras, muriendo 
muchas personas. En el cantón de Timaná, hasta el 28 de ese mes, se habían 
contado doscientas y dos personas muertas. Se unieron do»<erros de Suaza 
por entre los cuales salía la quebrada, cuya represa rompió ppr otra parte, 
causando mil daños. En Popayán y en Pasto los estragos fueron muchos: 
la tierra quedó cortada por grandes zanjones gen varias partes, perdiéndose 
hasta los caminos. En Bogotá no quedó casi edificio que no sufriera, arrui- 
nándose algunos totalmente. Entonces fue cuando se arruinó la capilla de. 
las Cruces, que después se reedificó de nuevo donde Jioy se halla, y cuya 
obra se debió en mucha parte al señor Lucas Madero, vecino del barrio. 

El miedo de los temblores no permitió este año que se celebraran las 
fiestas nacionales en Bogotá; mas no por eso dejó de haberlas en Zipaquirá, 
á donde se fue toda la gente alegre, en el mes de Diciembre, con ánimo de 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. 22J 

divertirse. Los vecinos de aquel lugar propendieron de buena gana á la eC« 
lebración de las fiestas, y convidaron al Libertador y á otras gentes nota- 
bles, quienes concurrieron de muy buena gana. Pero como los ánimos esta- 
ban mal dispue&tos con las cuestiones de partido, nunca pudo 'haber aquella 
franqueza y alegría que en otras ocasiones. 

Todos los santanderistas concurrieron muy alegres entre s|; pero mi- 
rando de reojo á los bolivianos, que guardaban moderación por respeto al 
Libertador, lo que no hacían los otros, que en diversas ocasiones hicieron 
ostentación de irrespeto hacia él, hasta llegarle á insultar descaradamente 
unos cuantos jóvenes, estudiantes benthamistas, que no lo nombraban de 
otro modo que " el tirano,'' " el viejo," y aun con otros apodos desprecia- 
bles, y ese tirano sufría pacientemente todos esos vejámenes, y no sólo los 
sufría, sino que contenía á los militares, que á.cada paso querían vengar los 
ultrajes hechos al Libertador. 

En una comida que el Jefe político dio á éste, brindó el Comandante 
¡Francisco Valerio Barriga por que la Nación colombiana invistiera del man- 
do supremo, por toda su vida, al Libertador, como que era el único que po- 
día mantener el orden y hacer su felicidad. 

No dejó el Libertador concluir á Barriga, sino que encendido en cólera, 
dio un golpe sobre la mesa, §e puso de pie, y tomando la copa, la rompió con- 
tra el suelo, contestando al brindis de tatl modo como si se le hubiera hecho 
el más grande insulto. Todos quedaron confusos; nadie volvió á hablar pa- 
labra^ y la comida terminó prontamente. 

Fueron tales los irrespetos que se irrogaron al Libertador en Zipaqui- 
rá, que el Cabildo se creyó obligado á darle una satisfacción; y como no 
queremos que se, crea que exageramos, hé aquí el documento: 
Excelentísimo señor: 

Esta Municipalidad de Zipaquirá ha visto con dolor algunos acontecimien- 
tos ocurridos en la presente semana, y no ha podido menos de serle sensible el 
que á ella se le haya atribuido parte en ellos. Y. E. sabe que este Cuerpo y 
todos los pueblos á quienes representa, tienen la más alta consideraoión y res- 
peto por la persona de V. E., pues que en ella miran al Padre de la Patria y á 
BU digno Presidente, único capaz de hacer la felicidad de Colombia, y que pe- 
netrados de^na gratitud extraordinaria, están resueltos á no perdonar ninguna 
clase de saorifíoios en obsequio del Magistrado más digno. 

V. E. debe estar oierto de la sinceridad de este Ayuntamiento y del de los 
pueblos á quienes representa y que, consecnentes oon estos principios, tenemos 



228 HISTORIA DE NÜÉVA GRANADA 

d honor de dirigirnos á V. E. como á tan digno Jefe. 

Esta Manieípalidád tiene el honor de ofrecer á Y. E. sus respetos de apre^ 
cío 7 consideración, como sus más distinguidos servidores, Q. B. I/. M. de V. E. 

Dios guarde á Y. E. muchos años. — Zipaquirá, Diciembre 29 de 1827. 

Excelentísimo señor. — Pedro Juan Samudto. — Franciaco Riaño, — Nepo- 
muceno Coronado, — Agustín Baracaldo.-P-Jbse Miguel Ruiz, — Pastor González 
Vásquezi — Juan Nepomuceno Lugo (1). 

El Libertador regresó de Zipaquirá con el disgusto que era natural le 
causaran aquellas cosas. A pocos días tuvo la satisfacción de recibir des- 
pachos de Roma, con los palios para los Arzobispos de Bogotá y de Cara- 
cas, y el 23 de Enero dio un convite al Arzobispo doctor Fernando Caicedo 
y á los Obispos que se hallaban en la capital. Para honrar más á los pre- 
lados en este obsequio, el Libertador convidó al banquete á los Ministros 
del Consejo de Gobierno; á los Agentes diplomáticos y Cónsules extranje- 
ros; al Intendente del Departamento; á los Ministros de la Corte de Justi- 
cia; á otros empleados civiles y militares, y ^ varios ciudadanos distingui- 
dos. Durante el banquete hubo brindis alusivos á su objeto y expresivos de 
las esperanzas del pueblo colombiano, fincadas en el patriotismo de sus re- 
presentantes á la gran Convención. 

El Libertador dijo en su brindis: ^^ La causa más grande nos une en 
este día, el bien de la Iglesia y el bien de Colombia. Una cadena sólida y 
más brillante que los astros del firmamento, nos liga nuevamente con la 
iglesia romana, que es la puerta del cielo. Los descendientes de San Pedro 
han sido siempre nuestros padres; pero la guerra nos había dejado huérfa- 
nos como el cordero que bala erf vano por la madre que ha perdido. La 
madre tierna lo ha buscado y lo ha vuelto al redil. Ella nos ha dado pas- 
tores dignos de la iglesia y dignos de la República. Estos ilustres príncipes 
y padres de la grey colombiana son nuestros vínculos sagrados con el cielo 
y con la tierra. Sean ellos nuestros maestros y los modelos de la religión y 
de las virtudes políticas. La reuni(}n del incensario con la espada de la ley 
es la verdadera arca de la alianza. | Señores I yo brindo por los santos alia- 
dos de la patria, los ilustrísimos Arzobispos de Bogotá y Caracas, Obispos 
de Santa Marta, Antioquia y Guayana," 

El señor Talavera no estaba preconizado, pero asistía al convite como 
Obispo electo de esta última iglesia. 



(1) Gaceta de Oólomlia, del 6 de Enero de 1828, número 325. 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. 229 

EH señor Estévez siguió inmediatamente para Buga, donde lo consa- 
gró el señor Jiménez, Obispo de Popayán, el día 17 de Febrero; y regre- 
sado á Bogotá, consagró al señor Caicedo, el día 19 de Marzo> en la iglesia 
Catedral ; y éste consagró el día 23 del mismo al señor Garnica en la igle- 
sia de su convento. Los Obispos de Santa Marta y Antloquia siguieron 
para sus iglesias en el mes de Abril. £1 señor Méndez^ Ariobispo de 
Caracas, fue consagrado en Mérida por el señor Lasso, el día 18 d« 
Marzo. 

Entre tanto los revolucionarios de Guayaquil no dejaban de trabajar, 
y la revolución se habría consumado si el Libertador no hubiera dado sus 
instrucciones á los Generales Flórez y Torres, jefes nombrados para esa 
parte del Sur, que obraron con la mayor actividad, hasta poner en paz el 
departamento. En Venezuela tampoco estaban tranquilos y renováronse 
las guerrillas del partido español; hubo movimientos en varias partes. Los 
principales guerrilleros estaban obrando por órdenes del Capitán General* 
de Puerto-Rico ; pero los Generales Páez, Marino y otros jefes supieron 
enfrenar á los enemigos. 

El genio del mal parece que había desplegado yá sus alas sobre la 
América del Sur, para no dejar consolidar el orden y la paz. Yá eran las 
cuestiones con el Perú las que se presentaban con muy mal carácter. El 
Perú trabajaba por hacerse á Bolivia y á los territorios de Colombia, reno- 
vando sus antiguas pretensiones sobre Guayaquil. El Libertador, impuesto 
suficientemente de los manejos del Gobierno peruano contra Colom- 
bia, había hecho cubrir con fuerzas hasta Loja y luego publicó una 
exposición de los motivos de queja que este Gobierno tenía respecto 
del de el Perú, en un artículo de la Gaceta Oficial^ bajo el título de Fe 
Púnica, 

Poco duró lá tranquilidad en los departamentos del Norte, porque 
pronto volvieron á levantar la cabeza los guerrilleros, al mismo tiempo 
que otros trastornadores conspiraban de diverso modo; pero lo que dio un 
carácter más serio á estas cosas, fue la expedición española, que se dijo ve- 
nía sobre las costas de Venezuela, aunque todo se redujo á una recorrida ó 
crucero que hizo por la costa el almirante Laborde. Sin embargo, las cosas 
estaban malas. y el Libertador entró en cuidado sobre el estado de aquellos 
departamentos. 

Intertanto, se abría campaña en el centro de la República ; la cam- 
paña eleccionaria, de donde debían resultar los Representantes para la 



¿230 HISTORIA DE NUE\^A GRANADA 

gran Convencióa. El Libertador no había hecho más sobre esto que 
'encargar á los Intendentes y Gobernadores, por medio de una circular, 
'que se observara el reglamento del Congreso exactamente y que se pro- 
curara poner la vista en hombres de probidad y patriotismo. Pero el Ge- 
^neral Santander, encabezando á todos los de su partido, que se denomina- 
ba Hheral^*y que trabajaba por la federación, que poco antes detestaba, y 
por la ruina del Libertador, escribía cartas por centenares en todos los co- 
'rreos, dice el señor Restrepo; lo mismo hacían los doctores Soto y Azue- 
To; todos se pusieron en actividad, y el resultado fue que ganaron las elec- 
'ciones. 

En este estado estaban las cosas, cuando vinieron las noticias alarman- 
«tes de la situación en que se hallaban los departamentos de Zulia, Orinoco 
-y Maturín. El Gobierno entró en mucho cuidado sobre esto, y se decidió 
'que el Libertador fuese á pacificar esos departamentos, revestido de las fa- 
«cultad^s extraordinarias que concedía el artículo 128 de la Constitución. El 
Libertador expidió un decreto en que declaraba que conservaba el ejercicio 
^del Poder Ejecutivo en virtud de las facultades extraordinarias, y encargó 
'del despacho en la capital al Consejo de Gobierno. Dio otro decreto á po- 
<cos días, declarándose en uso de las facultades extraordinarias en toda la 
República, exceptuando el cantón de Ocaña, donde se reunía la gran Con- 
'vención. ¿ Cuál fue la causa de este nuevo decreto ampliándose las faculta- 
'des extraordinarias? Fue el haberse desengañado de que no era posible 
'conservar el orden público de otra manera, á tiempo que los demagogos 
^estaban empeñados en trastornarlo con papeles incendiarios y provocacio- 
'nes que, de un momento á otro, podían ocasionar un incendio. Este des- 
engaño lo dio jB/ -^«irrzíig-o, papel que, como otros, seguía provocando é 
insultando á los militares, sin hacer caso del encargo que el Gobierno ha- 
bía hecho sobre la moderación que se necesitaba guardar en los escritos 
tpara reconciliar los ánimos y apagar el fuego de la discordia. Insultados 
«los militares de la guarnición por dicho papel, el Coronel Luque lo quemó 
»en presencia de su batallón; tuvo choque con el joven Florentino Gonzá- 
•lez, que se decía autor de El Zurriago^ aunque no lo era sino el Coman - 
«dante José María Gaitán, y en seguida fue con el Coronel Fergusson á la 
'imprenta de Cualla, y desbaratando los moldes, regaron los tipos y atrope- 
alaron álos cajistas. Causó esto grande escándalo, y los liberales, con razón, 
pusieron los gritos en el cielo. Los dos Coroneles fueron mandados en- 
<tausar por el Libertador, quien improbó aquel hecho en términos enérgi* 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. 33I 

* 

eos, y mandó publicar la providencia en la Gateia para< dar una sati&fac^ 
ción al público. 

Bl Libertador marchó para Vfenez-uela el día i.4 de Marzo; pero ha- 
biendo recibido en el camino comunicaGiones dfe PXez en que le avisaba 
haber sido derrotados en todas partes los guerrilleros y estar yá restableci- 
da la seguridad pública, no siguió, ni regresó ála capital,, por haber recibido 
las noticias de un trastorno revolucionario en Cartagena, encabezado por el 
General Padilla, circunstancia agravante para temer mucho de la Costa. 
Esto determinó al Libertador á mantenerse en unpunto desde donde pudiera, 
atender á Cartagena y á Venezuela, y se estableció en Bucaramanga, donde- 
se hallaba de Cura el doctor Eloy Valenzuela, su amigo íntimo* 

Como á esta sazón se habían reunido en Ocaña algunos Representan-^ 
tes, la situación del Libertador en Bucaranwnga fue interpretada maligna- 
mente por los liberales, quienes dijeron quería tener en iaque á la gran 
Convención y violentar sus determinaciones. No se necesitaba de muchar 
perspicacia para conocer lo temerario é infundado de estos juicios, porque 
era menester que el Libertador fuera un estúpido para querer hacer violen- 
cia ala Convención, no habiendo querido inflluír en las elecciones para 
tener en ella mayoría y no necesitar después de medios escandalosos para^ 
conseguir cuanto hubiera querido. El Libertador no influyó en las eleccio- 
nes, sino que encargó á sus amigos que no obraran con espíritu de partido. 
El General Santander dice en sus Apuntamientos que el Libertador trabajó 
mucho para que no lo eligieran á él, pero que no lo consiguió. Si eV Libera 
tador hubiera influido en lo más mínimo en tal sentido, el General Santan- 
der ni habría ido á la Convención, ni habría tenido mayoría en ellaj porque 
el prestigio del Libertador era extraordinario en tpdos los pueblos, aun en 
aquellos que á su venida del Perú- habían concebido malas sospechas 
por el alboroto que se arm<5 con la boliviana, cuyas sospechas habían des- 
aparecido enteramente al ver que el Libertador no había vuelto á pronun- 
ciaf palabra sobre tal Constitución y que se había consagrado absolutamen- 
te á conservar el orden constitucional de Colombia. Los liberales del día, 
que son tan entendidos en esto de elecciones y que saben q«ie cuando el' 
que gobierna his pierde es porque no ha hecho nada por ganarlas, deben 
comprender muy bien que, cuando tes enemigos del Presidente Libertador 
ganaron con tanta mayoría las elecciones para la gran- Cbnvención de Oca- 
ña, fue porque éste no influyó en ellas para ganarlas. Y si el Libertador no 
hizo nada para tener mayoría ea la Convención^ á fijx de conseguir sin es- 



232 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 



^t^*^^m^^^^^^m^0^^ 



cáadalo y de un modo regular las miras que se le atribuían, ¿ querría con- 
seguirlas de una manera violenta y escandalosa ? 

No fue posible que se reuniesen en Ocaña todos los Diputados en el 
día designado para instalar la Convención, pero se instalaron en comisión 
los que se habían reunido, y se ocuparon en las calificaciones, presidiendo 
la Junta el doctor Francisco Soto. Por esta pinta se podía conocer todo el 
juego. 

Como el partido santanderista trabajaba por todas partes, se había lo- 
grado interesar al General Padilla en la causa contra el Libertador, y sólo 
esperaba una ocasión favorable para hacer un pronunciamiento en Carta- 
gena. Esta ocasión se presentó con motivo de tantas representaciones como 
de todas partes se dirigieron á la Convención con peticiones. Los militares 
de Cartagena hicieron una para que se conservara el fuero militar, pero 
los liberales no quisieron firmarla. De aquí se originó la división entre 
ellos, con los nombres de serviles y liberales. Padilla estaba al frente de 
éstos. Este General hizo<una asonada, y contaba ^n poder ganar la tropa 
que guarnecía la plaza. Contribuyó á la determinación áe Padilla la ene- 
mistad con Montilla, enemistad q^ue traía origen de la antigua antipatía 
entre venezolanos y cartageneros. Montilla estaba en Turbaco con autori- 
zación del Gobierno para asumir el mando militar á la hora que se origi- 
nara algún trastorno. Supo que se había trastornado el orden en la plaza, y 
se declaró en uso de las facultades concedidas por el Gobierno; se hizo reco- 
nocer por la tropa, y sin que nadie lo entendiera, dio orden para que por 
la noche se retirasen los cuerpos militares á Turbaco, donde estableció el 
cuartel general. Cuando Padilla creía apoderarse de la fuerza, se halló con 
que yá estaba en Turbaco. Entonces algunos militares y paisanos procla- 
maron á Padilla Intendente, cuya autoridad aceptó, retirándose Ucrós, que 
desempeñaba el destino. Mas, como este motín no tuvo apoyo en la pobla- 
ción, sino qu^ antes muchos vecinos se fueron á Turbaco, Padilla, con el 
doctor Ignacio Mimpz y otros de los suyos, se embarcó y se fue para Tolú, 
con dirección á Mompox. De aquí escribió al Libertador informándole, á 
su modo, de los sucesos de Cartagena, y escribió también al doctor 
Soto, como á Presidente de la comisión, diciéndole que pronto se presenta- 
ría en Ocaña para ofrecer á la Convención sus servicios y su espada para 
defenderla. 

I Quién atacaba á la Convención para necesitar de espadas? Recibida 
la nota de Padilla, el doctor ^oto reunió una parte de los diputados y 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. 233 

acordaron contestar á Padilla manifestándole la gratitud de la comisión 
por el celo que manifestaba en favor del orden legal y seguridad de la 
Convención. Esta extraña é indebida manifestación, hecha por los dipu- 
tados de la Nación al ridículo ofrecimiento de un militar que andaba pertur- 
bando el orden legal, fue revocada por la misma comisión, que, volviendo 
á discutir el asunto, resolvió dar á Padilla una simple contestación de 
recibo, con la debida cortesía. Estando en esto, llegó Padilla á Ocaña, y sa- 
bedor del negocio, se manifestó descontento. El señor Restrepo dice que 
entonces trató con Santander y socios sobre hacer una revolución en Mom- 
pox y Cartagena para sostener los principios liberales contra la tiranía de 
Bolívar; y que lo más extraño fue que hombres de talento como ésos, 
designasen á Padilla, que no era más que un soldado sin instrucción ni ta- 
lento, para jefe de la revolución. 

Padilla regresó á Mompox, mas no pudo hacer nada, porque yá Mon- 
tilla había mandado al Coronel Aldercreutz con fuerza armada para impe- 
dir trastornos. Entonces se dirigió á Cartagena, contando con la gente de 
marina y la de Getsemaní; pero Montilla estaba prevenido, y apenas llegó 
Padilla, le puso una guardia en su casa y á las pocas horas lo mandó preso 
para Bogotá, bajo custodia del Coronel José Bolívar. 

Cuando el General Santander supo la prisión de Padilla, escribió des- 
de Ocaña varias cartas, que autógrafas hemos visto, al doctor Estanislao 
Vergara, Secretario de Relaciones Exteriores y Presidente del Consejo de 
Estado, haciéndole repetidas y encarecidas recomendaciones en favor de 
Padilla. 

El 9 de Abril se instaló la Convención, bajo la dirección del doctor 
Soto, como Presidente de la comisión. Este pronunció un discurso por el 
tono de la época, lleno de diatribas contra el Gobierno del Libertador. Se 
hizo la elección de Presidente, que recayó en el doctor José María del Cas- 
tillo. La Convención se dividió en tres porciones: la liberal ó santande- 
rista, la boliviana ó ministerial, y otra cuyos miembros se dividían entre 
las dos ó se separaban de ellas según les parecía. Sin embargo, en ésta ha< 
bia más afinidad con la santanderista que con la boliviana, que estaba en 
minoría respecto de aquélla. ^ 

La Convención recibía diariamente actas y representaciones de las | 

provincias y pueblos; unas, pidiendo reformas; otras, que se mantuviera 
el orden establecido hasta que se asegurara completamente la independen- 
cia y el orden d^ la República; mas todos convenían en dos ideas; .cen« 



234 HISTORIA DE NUSVA ORAHAOA 

tralismo y pennaneDcia del Libertador al frente del Gobierno. Pero la 
mayoría liberal estaba en contradicción con ambas cosas, porque Santander 
y los de so partido, tan enemigos como habían sido antes del sistema fede- 
ral, se volvieron fanáticos federalistas y apoyaron la proposición hecha por 
el venezolano Echezuría, de adoptar el sistema federativo. 

La proposición de Echezuría, después de originar largas y acalora* 
das discusiones, fue negada, por haberse unido á la íraccióa boliviana la 1 

mayor parte de la neutral. Esto se tuvo como por un triunfo del partido 
del orden y se le dio de ello noticia al Libertador, quien, como hombre cono- 
cedor de las gentes y de los partidos, escribió al doctor Estanislao Vergara 
lo siguiente: 

^* Ayer recibí noticias de Ocaña que se reducen á que han desechado 
el sistema federal, y que las reformas se reducirán á algunos paliativos de 
los males de la patria. Estas son las ideas de nuestros amigos moderados y 
discordes I Los contrarios las tienen diabólicas, como usted lo verá por una 
carta de Santander que se manda á Urdaneta. Yo aseguro á usted que no 
tengo la menor esperanza, pues las relaciones y las cartas de Ocaña me ha- 
cen juzgar muy funestamente. La moderación siempre es timida, y usted 
sibe que la fortuna desaira á los tímidos " (i). 

Por el tenor de esta nota conñdencial se echa de ver que los bolivia- 
nos de la Convención obraban con absoluta independencia del Libertador. 

Con motivo del rechazo de la federación, se nombró una comisión para 
que redactara un proyecto de Constitución conforme á las bases que acor- 
dó la mayoría centralista ; pero el doctor Vicente Azuero, que pretendía 
siempre dar la ley á los demás, y que no sufría en paciencia que se contra- 
dijesen sus ideas, acostumbrado en la administración Santander á impo- 
nerlas á todo el mundo, peleó con sus compañeros, y fue necesario reor- 
ganizar la comisión, (2) la cual trabajó un proyecto de Cdnstitucióo 
reglamentaría que quitaba al Ejecutivo sus principales atribuciones, y 
entrababa su acción en términos de que no pudiera hacer cumplir las leyes, 
al paso que daba multitud de garantías á los ciudadanos para que las elu- 
diesen y se burlasen del Gobierno á cada paso. El territorio de la Repú- 
blica lo dividía en veinte Departamentos, cada uno con su respectiva 

(1) Copiada del antógrafo que oonserra la fiímilia del dootor Vezgara, como igual- 
mente lo son lae qne en segnida inaertsremos, dirigidas al mismo. 

(2) Azoexo, Soto, loévano^ Lópea Aldana 7 Beal oompusiexon la oomisión reoxgani- 
aáda. Ckm estos oompafWroen^ podía pelear Agoerg. 



- ■ ' 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. 235 

legislatura y su Ejecutivo, para disponer de los intereses locales. Era una 
completa burla la que se hacía de la misma mayoría que había rechazado 
el proyecto de federación, porque en el de la .comisión, que llamaran consti- 
iuctókazuertnaySe\ley£Lb2iél sistema federativo á la más alta teoría. Era 
también la burla y sarcasmo para la mayoría nacional, pronunciada contra- 
ía federación de la manera más clara en todas las representaciones y actas 
dirigidas á la Convención ; y por último^ era un insulto al actual Presi- 
dente de la República, para quien soló parecían puestas todas esas trabas 
del Poder Ejecutivo. El designio era presentar al Libertador un código con 
el cuaf no se pudiera mandar, para obligarlo á dejar el poder, y si seguía 
en él, que fuera nulo en sus manos. No había acto alguno de esta gente que 
no respirase el fuego del odio contra el Libertador, de- cuya conducta ad- 
ministrativa nadie podía quejarse en lo más mínimo, ni atribuirle ninguna 
clase de pretensiones» Con tales disposiciones de ánimo, ¿ cuál debía ser el 
despacho que se diera á las representaciones dirigidas á la Convención ? 
Que todas fueron dadas al desprecio, y calificándolas de actos de ser-- 
vitismo^ las enviaron al Gobierno, quién sabe para qué. De (panera que la 
tal Convención, en vez de tomar por norte de sus determinaciones la opi- 
nión de los pueblos, lo- que hizo fue desoír su voz y obrar conforme á las 
pasiones de partido, al servicio de los- particulares intereses de cuatro mag- 
nates que, acostumbrados al poder y á dar la ley conforme á sus principios,. 
no soportaban la superioridad de un hombre como el Libertador, cuya 
ruina habían jurado. Tal era. el odio con que lo miraban los santanderis» 
tas, que el mismo General Santander dijo en una carta que se haría hasta^ 
mahometano por salir del General Bolívar, á quien llamaba " el supremo- 
trastornador de la República;^ (i) y ^"o de los del partido, áquien se le 
hacían ver todos los- males que la federación debía causar á la Repú> 
blica, dijo que como se echara abajo con ella á Bolívar^ lo« demás no im- 
portaba. 

El que encabezaba el partido que los santanderistas llamaban servil, 
era el doctor José María del Castillo, quien había dejado el portafolio de 
Hacienda para ir á la Convención ; hombre de ideas tan liberales cuanto 
sé ha visto en el discurso de esta historia ; hombre de talento, de gran- 
des conocimientos políticos, sumamente desinteresado y puro (2). Visto 

(1) Restrepo^ Historia de Colomlnaf tomo IV, página 98, Begunda edición. 

(2) El doctor Castillo no tuvo m&s defecto qno bob ideas en materias eoles^tióa» 
j 8118 teosías eGonomistas^ En cuanto^ á oo9tiimbre8,.como paxtícnlar, no se le notó nnn- 



236 HISTX5RIA DE NUEVA GRANADA 

el proyecto de la Coastitución azuerina^ el doctor Castillo presentó otro, 
para ver si se evitaba aquel mal dividiendo las opiniones entre los dos pro- 
yectos. 

Entre tanto las cuestiones entre el Perú y Colombia se agriaban en 
Bogotá. Aquel Gobierno había enviado á don José Villa, como Ministro 
suyo cerca del de Colombia, para dar, según dijo> satisfacciones y explica- 
ciones sobre los puntos de queja que tuviera Colombia con el Perú. Este 
Ministro había venido antes de partir el Libertador para el Norte ; mas no 
quiso darle audiencia, por haber sido Villa de los aliados con Berindoaga 
para entregar el Perú á los españoles. Ido el Libertador, entabló sus con- 
ferencias con el Secretario de Relaciones Exteriores, Revenga, hombre an- 
tipático y pesado, que puso las cosas en mal pie. Siguió á Revenga el doc- 
tor Estanislao Vergara, quien fijó los puntos sobre los cuales el Gobierno de 
Colombia fundaba sus quejas y pedía satisfacción, uno de ellos, la restitu- 
ción del territorio de Mainas, y otro, los reemplazos del ejército, estipulados 
en el tratado con «I Gobierno del Perú. Villa dijo que no tenía instruccio- 
nes para satisfacer sobre lo primero, y sobre los reemplazos, negó que su 
Gobierno estuviera obligado á ello. Se le mostró el trataáo celebrado en 
Guayaquil con el General Portocarrero, enviado del Gobierno peruano, lo 
que sorprendió ¿ Villa, y dijo que el tratado era nulo porque Portocarrero 
no había sido nombrado con aprobación del Congreso, según lo exigía la 
Constitución vigente en aquel tiempo. E^ta era una evasiva que concul- 
caba los principios del Derecho de Gentes, puesto que bajo la fe de aquel 
tratado, celebrado con un Ministro del Gobierno peruano, el Gobierno de 
Colombia había franqueado todos los auxilios para dar libertad á aquella 
J^epública y con cuyo objeto había marchado á ella el Libertador y hecho 
tantos sacrificios. 

Con esta conducta tan desarreglada é insidiosa del Ministro Villa, que 
bien se podía llamar una villama^ el Gobierno previno se examinasen nue- 
vamente sus credenciales, y hallando que su nombramiento no estaba 
aprobado por el Congreso, conforme á Ja Constitución peruana, desconoció 
su carácter >de Ministro Plenipoteuciariü y le envió su pasaporte. El doc- 
tor Vergara dio noticia de este resultado, con los documentos, al Liberta- 



ca una falta ; 7 en cnanto á desinterés, no hay más qn» decir £Íno qne, habiendo sido 
Secretario de Hacienda en las dos primeras administraciones, murió pobre, sin haber 
vivido con lujo. 



/ 



> 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. 237 

dor, quien, encarta familiar, le contestó desde Bucaramanga, en el estilo de 
confianza de que solía usar con sus amigos: 

Es usted, Ití decía, el mejor Ministro de Eelaoiones Exteriores del mundo, 
para los negocios polémicos ; cáspita ! y qué ataque le ha dado usted al señor 
Villa I Si ese oabalWo entendiera su oficio, ya se hubiera marchado con su 
buen pasaporte de veinte fojas en cuarto. Vamos, que nunca se ha dado una 
despedida más completa á un Ministro público. Eso es despedirlo bajo los hono- 
res de la guerra. Debe usted imaginarse que no me ha disgustado el escrito d e 
bien probado que usted ha encajado al peruano. Este es el caso de é burro lerdo 
arriero loco. El se nos vino con sn proceso al canto y usted lo entendió llamán- 
dolo á estrados. Me parece que el juicio de Dios dará la sentencia, y por consi- 
guiente no tendremos á quién apelar. Así, mi querido amigo, continúe usted 
recio contra esa gentecita, cuyas ezplioaciones pacificas son renovaciones de ul- 
trajes. Si asi continuamos en América, vendremos á parar en que nuestras nego- 
ciaciones «tendrán que pasar al circo de los gladiadores. ¡ Qué vergüenza ! ¿ No 
sabremos ni siquiera saludar á los amigos ? Muchas veces me arrepiento de ser 
americano, porque no hay cosa, por eminente que sea, que no la degrademos. 
De todos modos reciba usted mis gracias por eu penoso trabajo en refutar nues- 
tros agravios. 

La njinoría de la Convención había propuesto que se llamase á Ocaña 
al Presidente de la República, de cuyas luces é indicaciones podía servirse 
la Convención. El doctor Castillo hizo la proposición el día 14 de Mayo; 
pero fue como si hubiera propaesto que llamasen á Morillo, y peor, por- 
que Santander había dicho antes que primero aceptaría á Morillo que á 
Bolívar : la ]>roposición fue negada, sin admitirse siquiera á discusión. 
Este pensamiento había sido comunicado al Libertador por sus amigos ; 
mas él había mirado la id^a con entera friafdad, porque sabía muy bien 
todo io que debía suceder. Por eso escribía con fecha 16 de Mayo al doctor 
Vergara z 

Mucho me alegro que ustedes estén tranquilos en la capital, como me lo 
anuncia la apreciable carta de 7 del corriente. He visto los papeles públicos del 
Perú y Boiivia, que nada contienen de nuevo. Por lo demás, usted se instruirá 
de lo que sucede en Ocaña, por la carta que escribo al señor Eestrepo, á quien 
comunico los proyectos de mis amigos y la ¿dea de Uag^arme ; lo que, en caso 
que suceda, dudo mucho que me determine á marchar^ pues ustedes deben cono- 
cer que me voy á encontrar en muchos embarazos y á empeorar nuestra causa» 



238 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

en lagar de servirla. AdemáA) me calumniarán iuponiendo miras que no tengo, lo 
que no dejaría de dañarnos y molestarnos. 

Esta carta, escrita á un amigo personal y polftico en el seno de la con- 
fianza, y amigo á. quien había puesto el mismo Libertador al frente del 
Consejo de Gobierno, y tratándose del negocio que se trataba, confirma 
todavía más ]o que hemos notado sobre la anterior ; es decir, la total in- 
dependencia con que procedían en la Convención los bolivianos, y la total 
prescindencia del Libertador en los trabajos y marcha de la Convención. 
Sería necesario estar ciegos con la pasión, para no conocer, por los térmi- 
nos y lenguaje de esa carta, cuan injustamente se juzgaba al Libertador. 

¿ Y cómo no había de juzgar no sólo inútil el proyecto de llamarle á 
Ocaña^sino aun p)er3udicial, sabiendo,, eomo sabía, el modo con que la ma- 
yoría liberal había recibido su mensaje al abrirse las sesiones, y las interpre- 
taciones siniestras dadas ásus palabras? Después de pintar el Libertador 
en este importante documento el estado de la República, concluía con estas 
palabras : 

** Legisladores ! Ardua y grande es la obra que la voluntad nacional 
os ha sometido* Salvaos del compromiso en que os han colocado vues- 
tros conciudadanos, salvando á Colombia. Arrojad vuestras miradas pene- 
trantes en el recóndito corazón de vuestros constituyentes ; allí leeréis 
la prolongada angustia que los agoniza : ellos suspiran por seguridad y 
reposo. Un gobierno firme, poderoso y^ justo es el grito de la patria. Mi- 
radla de pie sobre la ruinas del desierto que ha dejado el despotismo, páli- 
da de espanto, llorando quinientos mil héroes- muertos por ella, cuya 
sangre, sembrada en los campos, hacía nacer sus derechos. Sí, legisladores, 
muertos y vivos, sepulcros y ruinas os piden garantías: Y yo, que sentado 
ahora sobre el hogar de un simple ciudadano, y mezclado entre la multitud, 
recobro mi voz y mi derecho ; yo, que soy el último que reclama el fin de 
la sociedad ; yo, que he consagrado un culto religioso á la patria y á la li- 
bertad, no debo callarme en momento tan solemne. Dadnos un gobierno en 
que la ley sea obedecida^ el magistrado respetado y el pueble libre ; un go- 
bierno que impida la trasgresión de la voluntad general y los manda- 
mientos del pueblo. 

'^ Considerad, legisladores, que la energía de la fiíerza pública es la 
salvaguardia de la flaqueza individual ; la amenaza que aterra «al injusto y 
\3l esperanza de la sociedad. Considerad que la corrupción de los pueblos 



CAPÍTULO NOVENTA V OCHO. ^39 

nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. 
Mirad que sin fuerza no hay virtud, y sin virtud perece la República- 
Mirad, en fin, que la anarquía destr4iye laíiibertad y que la tunida,d conser- 
va el orden. 

" Legisladores I A nombre de Colombia os ruego con plegarias infi- 
nitas que nos deis, á imagen de la Providencia que representáis como 
arbitros de nuestros destinos, para el pueblo, para el ejército, para el ma- 
gistrado, / leyes inexorables /" 

Conociendo cómo habían de ser recibidas estas ideas, había dicho 
al principio : " Nada añadiría á este funesto bosquejo, si el puesto que 
ocupo no me forzara á dar cuenta á la nación de los inconvenientes prác* 
ticos de sus leyes. Sé que no puedo hacerlo sin exponerme á siniestras in- 
terpretaciones, y que al través de mis palabras se leerán pensamientos am- 
biciosos ; mas yo, que no he rehusado á Colombia consagrarle mi vida y 
mi reputación, me conceptúo obligado á este último sacrificio " '(i). 

La Convención se pasaba en disputas acaloradas, insultos y vejámenes 
hechos á los diputados de la minoría. Se les ridiculizaba siempre que ale- 
gaban las peticiones de los pueblos, del ejército y de las corporaciones de 
Colombia, que reclamaban un gobierno «fuerte y vigoroso. Esto decían que 
era la voz del servilismo, que pedía Constitución monárquica como la boli- 
viana. " Soto era Presidente de la Convención, dice el señor Restrepo, y 
con sus arterías y larga experiencia en los manejos é intrigas parlamenta- 
rias, dirigía las discusiones y votaciones, unas veces xon destreza, y otras 
aun faltando á los reglamentos internos y á lafi Teyes á que debían suje- 
tarse los miembros de la Convención ; su bando estaba, pues, seguro de 
triunfar en aquella lid parlamentaria^^' 

En vista de tales hechos y sin esperanza alguna de evitar lariUna de 
la República, t que debía resultar de la consecución de los inicuos planes de 
esta conjuración, traidora al voto popular, los representantes de la mino- 
ría resolvieron retirarse para no contribuir al mal por su parte. Sabido 
esto por algunos de los neutrales, se alarmaron en extremo y se empeñaron 
con el General Santander para que hubiese alguna transacción amigable.' 
Tuviéronse con este fin dos juntas, en que nada se adelantaba. Estando en 
éstas el triunvirato Santander, Azuero y Soto, hicieroo una solicitud para 



(1) PnblíOftdo en la Qaceta de Colamlna de I.» de Mayo, número 442. Biblioteca 
jC^acional, colección de Pineda. 



240 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

retirarse de la Convención, fundándose en la hipócrita fazón de que sus 
principios liberales, de los cuales no podían prescindir, eran un obstáculo 
para las reformas que se solicitaban. Esto no fue más que para hacer odio- 
sos á los otros y desacreditarlos, atribuyéndoles que pretendían reformas 
contrarias á los principios liberales. Al ver esto los veintiún diputados de 
la. minoría, resolvieron llevar á efecto su retiro de la Convención, lo que ve- 
rificaron el día I o de Junio. 

Quedaron cincuenta y cuatro diputados en Ocaña. no faltaba sino uno 
para que hubiera número; los que quedaron podían haber llamado á los 
suplentes y esperado á que viniera alguno; mas no se hizo así, y el ii de- 
clararon suspendidas las sesiones de la Convención. 

Los diputados que se retiraron dieron inmediatamente mi manifiesto 
justificando su resolución. Decían, entre otras cosas, que oprimidos por 
una mayoría altanera, zaheridos y burlados por ella, se consideraban sin 
libertad en la Convención; que el partido dominante pretendía dar una 
Constitución basada en términos inaplicables al país, despreciando alta- 
mente los hechos existentes en Colombia y las numerosas peticiones de los 
pueblos: que en ella se tenía por objeto debilitar al Ejecutivo para librarse, 
según decían los liberales, de las miras de Bolívar; designio que se traslu- 
cía en todas las partes de aquel peregrino proyecto de Constitución. Así 
que, íntimamente persuadidos de que llevándose á cima el nuevo pian de 
Gobierno, la República sufriría males de enorme trascendencia, no querían 
ser la causa indirecta de la ruina de la patria, etc. 

El señor Restrepo no admite justificación del hecho, diciendo ser de 
funesto ejemplo para que las minorías se separen de ks corporaciones coau- 
do quieran, y anular de este modo el sistema representativo; y el General 
Posada se abstiene de decidir sobre esto. 

En el caso excepcional de que se trata, á nosotros nos parece que la 
minoría hizo muy bien, porque salvó la República de inmensos males, 
puesto que el resultado de la Constitución azuerina habría sido una revo- 
lución general, de un cabo al otro de la República. Pero las razones princi- 
pales en que nos fundamos son las siguientes : 

Esta Convención fue convocada y reunida antes del período constitu- 
cional, por atender áfc la voz délos pueblos que así lo pedían. Reunida 
la Convención á petición de los pueblos, desoye y desprecia la voz de los 
pueblos que dicen á sus comitentes: os hemos llaníado para que nos deis 
una Constitución que asegure la paz y el orden, que nos salve de la anar- 



CAPÍTULO NOVENTA Y OCHO. Í4I 

quía; no queremos federación y queremos que el Presidente actual se 
conserve en el mando. 

Esto decían los pueblos á sus comitentes en las peticiones y represen- 
taciones que les dirigieron, y esos comitentes dieron al desprecio esas peti- 
ciones y proclamaron la federación y declararon la guerra al Libertador, 
que fue como contestar: ¿no queréis federación ? pues os hemos de dar 
federación. ¿ Queréis á Bolívar ? pues nosotros no lo queremos y vamos á 
obligarlo á dejar el mando... ¿ Qué clase de sistema representativo era 
éste ? En la forma, pero no en la realidad, era el despotismo enmascarado 
con el principio democrático. Esos representantes del pueblo ya no eran 
representantes, porque, ¿ cómo se representaban las voluntades de un pue- 
blo con hechos contrarios á esa misma voluntad ? Esos representantes sé 
habían erigido en déspotas del pueblo, y en circunstancias anómalas en 
que yá no había principios existentes/ sino que se trataban de fundar para 
librar á la nación de la anarquía, era preciso atender á este objeto y 
nada más. 

Las circunstancias eran excepcionales: el orden constitucional se había 
interrumpido: la misma Convención no era constitucional, porque la Cons- 
titución no permitía reformas hasta el año de 1830, y los mismos santan- 
deristas se habían opuesto á su convocatoria y á toda reforma, por incons- 
titucional. Cuando creyeron que el Libertador convenía con la opinión de 
los pueblos sobre reformas, se ponían letreros en todas partes: ** la Cons- 
titución inviolable por diez años." Si éstos eran unos Catones, y tributaban 
un verdadero culto á los principios que proclamaban, no debían haber ad- 
mitido la diputación, no debían haber concurrido á la Convención contra 
su conciencia política, y mucho menos haber trabajado, como trabajaron, 
para que los eligieran. En esto traicionaban su conciencia ó no tenían con- 
vicciones políticas, y la traicionaban más en proclamar la federación ha- 
biendo sido enemigos de ella y amigos del Gobierno fuerte mientras fueron 
dueños del poder público. 

Todo esto estaba manifestando que la República se hallaba en un es- 
tado anormal, y que los verdaderos patriotas debían salvarla, prescindiendo 
de fórmulas que los contrarios dejaban á un lado cuando les convenía, y 
variaban de principios según el caso. Siempre ha habido en este país dos 
partidos proclamando los principios; el uno practicándolos estrictamente 
aun en su daño, y el otro saltando por encima de ellos siempre que le han 
servido de estorbo para sus fines, de lo que ha resultado la pérdida del partido 



^4^ HISTORIA BE NUBVA GRANABA 

de verdaderos principios; han sido dos bandas de músicos, unos tocando sin 
-separarse de la nota, y los otros tocando á cido cuando (|uerian andar aprisa* 

La absoluta rigidez en los principios políticos, sin atender á las cir- 
«'Canstancias ocasionales, es muy mal principio, porque los principios son 
para el bien de los pueblos, y no los pueblos para los principios. El princi- 
pio que el señor Restrepo sostiene, es un buen principio en teoría ; pero 
las circunstancias en que se hallaban los pueblos de Colombia con la Con- 
vención de Ocaña, hacían necesario un paso fuera de la línea, como el que 
dieron los diputados que se separaron de ella. 

Quereqios que se nos diga qué se habría hecho en este caso. Se vuel- 
ven locos los diputados en mayoría y acuerdan un acto legislativo por el 
cual proclaman á Fernando VII como legítimo soberano de Colombia, so- 
metiéndola á su dominación. ¿Qué debería hacer la minoría cuerda? 
¿ Continuaría haciendo número para entregar el país á los españoles? Pues 
bien: en cuanto á ser locos físicamente y estar locos, como estaban esos 
hombres con la pasión que los cegaba, quizá la locura física haría menos 
daño que la locura de las pasiones; y en cuanto á contrariar la voluntad 
de los pueblosj $i debemos creer que decretar la dependencia del rey de Es- 
paña era contrario á la voluntad de los pueblos, también debemos creer 
que lo era la federación, contra la cual protestaron todos, cuando yá se 
convino en convocar Convención, porque los pronunciamientos que había 
habido en una que otra parte por ese sistema, no fueron otra cosa que un 
medio para sustraerse del Gobierno del General Santander. Era^ pues, la 
misma cosa en cuanto á contrariar el voto de los pueblos, y si en el primer 
caso habrían cometido una falta gravísima los que no hubieran evitado el 
^mal retirándose, lo mismo lo habrían hecho en el segundo. 

Hay casos en que no se pueden desaprobar ciertos hechos sin conde- 
>nar todo un orden de cosas, tal como la independencia de las Améri- 
cas. El Gobierno español, para los que hicieron la revolución, era un Go- 
bierno legítimo, dígase lo .que se quiera; pero como se reputó perjudicial á 
los pueblos de América, se echó abajo de hecho por medio de la fuerza. 
Aqm' está el 'hecho sobreseí derecho, y si no hubiera de usarse en ciertas 
ocasiones de estos medios, el rbundo sería de ios tiranos, cómodo quiere 
Bentbam cuando enseña que en ningún caso sepuede resistir ala autori- 
dad, aunque mande cosas contra la religión y contra el derecho natural, 
aunque mande que los hijos maten á sus padres''(x). 

(1) Tratado de legUlaeiónj tomo I, página 298, 



tJAPÍTüLO NOVENTA Y í*üBVE. « . 243 



CAPITULO XCIX. 

La Gonyencióii despnés de retirada la minoría — Besolación tomada por los miembros 
del Ck>iisejo— Acta de] 13 Junio— Se reproduoe en todas partes— El Libertador se 
encarga del mando — Sa proclama — Organiza el mando — Estado de la capital des- 
pués de llegados los oonvencioulstas— Proyectos contra la vida del Libertador— 
"Fiestas de Boyacá — Se trató de^seeinar al Presidente en el teatro— Se organiza la 
conspiración del 25 de Septiembre— Se trata de asesinar al Libertador en Soacha — 
Se opone al proyecto el General Santander— Estalla la conspiración del 25 de Sep- 
tiembre — Consecuencias y resultados de ella — Carácter de los Jefeb de la conspira- 
ción — Circular sobre reforma del plan de estudios— Se prohibe la enseñanza de legis- 
lación por Bentham— Se establecen cátedras de fundamentos de religión é historia 
eclesiástica— Decreto sobre prohibición.de^las logias— Se recomienda á los Obispos que 
hagan predicar al clero y ^enseñar la moral cristiana — Dispone el Libertador su mar- 
cha para el Sur — Decretos que expide antes de partir — Decreto que erige en Metro- 
politana laigleeia de Quito^¿ Estaba esto en las facultades del Libertador 7— Los con- 
siderandos de este decreto demuestran la soberanía temporal del Papa-Decreto de 
indulto en favor de los conspiradores del 25 de Septiembre— El Libertador se retira 
al^campo. • 

AUSENTADA de Ocaña la minoría, quedó falta de número la 
Convención, y los demás diputados tuvieron una junta en que 
la declararon disuelta, poniendo mano á la obra de la revolución*, 
para acal3ar de probar que ellos en lo que menos pensaban era en 
el bien de la República. 

" Mas el partido exaltado, dice el señor Restrepo, no se pudo sepa- 
rar sin que en una reunión de sus miembros preparara revoluciones con- 
tra el Gobierno 4Íel Libertador (i y, comprometiéndose algunos diputados 
á conmover las provincizs de Antioquia, Popayán, Socorro, Pamplona y 
Boyacá; movimientos que serían la base de una conflagración general. 
Otros dfi Venezuela debían promover allí revoluciones y guerrillas, ctsn 
la mayor extensión que les fuera posible. El grito y el objeto ostensible 
sería restablecer la Constitución de Cúcuta y poner término al mando de 
Bolívar. El General Santander asistió á la junta ó juntas que se tuvieron 
con tales designios, y fue señalado jcomo jefe de la proyectada reacción. 

(1) Es decir, contra el Gobierno constítndonal, porque el Libertador estaba encar- 
gado del Poder Ejecatiyo conforme á la Gonstitncián. 16 



244 * HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

c 

Aunque estos planes sólo se traslujeron entonces, porque estaban cubiertos 
con el velo del misterio, después se han averiguado hasta la evidencia. No 
faltaron tampoco quienes oyeran y denunciaran al Libertador las escanda* 
losas proposiciones de algunos hombres menos escrupulosos, que dijeron en 
Ocaña ser preciso matar á Bolívar para conseguir sus intentos/' 

£1 Libertador supo, por cartas de los mismos diputados de la minoría, 
la resolución en que estaban de abandonar sus puestos si la mayoría apa- 
sionada no cedía en nada de sus planes proditorios contra el voto nacional. 
Como el Libertador condcía demasiado la índole del partido santanderista, 
no dudó un momento sobre la disolución de la Convención y del estado en 
que iba á quedar la República. En vista de esto, escribió á los miembros 
del Consejo de Gobierno en Bogotá '*para que meditaran las providencias 
que debieran dictarse en aquella dolorosa hipótesis, que él no deseaba y 
que era muy probable iba á suceder.'.' 

Los miembros del Consejo, discutiendo el negocio con varias personas 
de influencia y valimiento en la sociedad, trataron de sondear bien la 
opinión «pública, teniendo presentes mil razones, entre ellas la de los males ^ 

que ocasionaría una Constitución federativa como la redactada por Azuero, 
contraria alVoto nacional, bien expresado por medio de las actas y repre- 
sentaciones dirigidas á la Convención ; Constitución por la cual se debilitaba 
enteramente lá fuerza del Gobierno nacional, cuya acción se entrababa de 

• mil maneras, solamente porque no pudiera gobernar el actual Presidente, 
y esto cuando, á más de las divisiones interiores, se veía amenazada la inde- 
pendencia de Colombia por España, con su ejército y marina de Cuba, , 
á la vez que el Perú tenía situadas sus fuerzas en la frontera para echarse 
sobre una parte de los departamentos del Sur. Considerando todo esto, y 
sabiendo perfectamente que la mayorí%de la Convención se había entrega- 
do al furor de las pasiones, sin ser otro su objeto que arruinar al Liberta- 
dor, aunque fuera arruinando la República, y que el resultado definitivo de 
los trabajos de esa Convención no daría otr« fruto que una revolución 
general, de que se aprovecharían los enemigos exteriores con ventaja; me- 
diante todas estas consideraciones, resolvieron tomar medidas de circuns- 
tancias para cortar el mayor mal) impidiendo que la Convención llevara 

. á efecto su proyecto de Constitución federal. Pero como de cualquier modo 
resultaría la disolución del Cuerpo, se acordó también que al Presidente 
constitucional se le invistiese de amplias facultades para toda emergencia, 
Ínter se consolidaba el orden y la paz para constituir de nuevo la Repúlplica. 



« 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE. 245 

En virtud de este acuerdo, el Intendente de' Cundinamarca, General 
Pedro Alcántara Herrán, convocó un plebiscito por medio de una proclama, 
en que manifestando el estado en que el país se hallaba, y que la Conven- 
ción no ofrecía esperanzas sino de desgracias, excitaba á los buenos ciuda- 
danos para que, en vista de las circunstancias, propusieran los medios que 
se creyesen convenientes para salvar la República. 

La reunión tuvo lugar el 13 de Junio, fue muy numerosa, y en ella se 

acordaron los puntos siguientes: i.^ No obedecer los actos que emanaran 
de la Convención de Ocaña; 2.® Revocar los poderes á los diputados elec- 
tos por la Provincia de Bogotá; y 3.® Que el Libertador Presidente se en- 
cargara del mando supremo do la República con plenitud de facultades en 
todos los ramos, los que organizaría del modo que le pareciera más conve- 
niente, y cuya autoridad ejercería hasta que juzgase oportuno convocar la 
representación nacional. Acordóse llamar al Libertador á la capital, y que 
el acta de la Junta se imprimiese y circulase por todos los Departamentos, 
En el mismo día se pasó esta acta al Consejo de Gobierno, que le 
aprobó, y en la misma noche la envió al Libertador. Estaba éste en el So- 
corro y haUa recibido allí el manifiesto de los veintiún diputados que 
habían abandonado la Convención, cuyo documento, con otros relativos al 
mismo objeto, había puesto en sus manos el Coronel Montúfar, uno de esos 
diputados. ^ 

El Libertador siguió para la capital y entró en ella el día 24 de 
Junio, entre un concurso numeroso de gentes que habían salido á recibirlo, 
con los miembros del Consejo de Gobierno, el Intendente y demás altos 
funcionarios. Acompañaban también al Libertador otras muchas gentes 
que venían de los pueblos.' Las demostraciones de alegría con que se le re- 
cibió manifestaban bien las esperanzas que se tenían en que se remediasen 
los males de la República. El Libertador se dirigió con el acompañamiento 
á la iglesia Catedral, y después de dar gracias, se le condujo al sitio que se 
había preparado en la plaza, donde recibió las felicitaciones de los empleados 
públicos. Los liberales hacían cargo al Libertador por haber aceptado la 
dictadura, en lugar de continuar bajo el régimen constitucional, y por 
esto lo calificaron de tirano. Pero yá no estaba en el caso del año de 1826 
para rechazar la dictadura y mandar observar el orden constitucional, como 
lo había hecho en Guayaquil. Las circunstancias eran muy diversas, porque 
la revolución de Venezuela, que se había apagado con la esperanza de re- 
forma contitucional, se había vuelto á encender, y no sólo en Venezuela, 



246 HISTORIA DE TmEVA GRANAI^A 

sino en muchas otras partes que habían concebido Ja misma esperanza, se 
habrían originado nuevos trastornos. La efervescencia de los partidos ; la 
amenaza de enemigos exteriores ; el desprecio «n ^ue liabía caído la Cons- 
titución de Cúcuta, habiéndola declarado insuficiente la misma Conven- 
ción, cuando declaró que era preciso reformarla ; todo esto junto hacía 
imposible la consolidación del orden y la defensa de la República. 

La acta de Bogotá se reprodujo en todas partes. En el Centro, en el 
Norte, en el Suf se repitió el mismo eco con unanimidad espontánea, sin 
que fueran emisarios á promover los pronunciamientos, lo que se notó de- 
masiado por el número prodigioso de firmas de personas conocidas y de lo 
principal de las ciudades, villas y pueblos. Todas esas actas se fueron pu- 
blicando en la Gaceta ^ con todas sus firmas, á medida que se iban recibien- 
do en la capital. Así se vio en muy poco tiempo un pronunciamiento tan 
general y uniforme como nunca se había visto. Esto impuso silencio á los 
que reclamaban la Constitución, y ninguno se atrevió 'á disculpar á la Con- 
tención de los cargos que contra ella se hacían. 

El Libertador nó se declaró en uso del poder dictatorial hasta que se 
aseguró de que la voluntad de la mayoría nacional -se lo confiaba. Cuaiado 
•esto se supo, expidió, con fecha 27 de Agosto, un decreto orgánico de la 
nueva administración. En el título último se mandaban conservar todas las 
garantías individuales de la Constitución de CúcijMí, y se les prescribían ^ 
los ciudadanos los mimos deberes que ésta enumeraba. Ofrecíase sostener 
y proteger la religión católica, apostólica, romana, como la religión na- 
cional, y que se convocaría álos representantes del pueblo para el día 2 d« 
Enere de 1830, á fin de que dieran la Constitución de la República. Con 
este decreto expidió elLibertador una proclama en que haiblaba sobre la 
•crítica situación en que se hallaba la República, cuando ^l pueblo había te- 
nido que ocurrir por sí mismo al remedio de sus males, estableciendo una 
•magistratura peligrosa. " Mi carácter, decía, de primer magistrado me 
•impuso la obligación de obedecerle y servirle aun más allá de lo que la po- 
'sibilidad me permitiera. No he podido, por manera alguna, denegarme en 
momento tan solemne al cumplimiento de la confianza nacional ; de esta 
confianza que me oprime con una gloria inmensa, aunque al mismo tiempo 
me anonada, haciéndome aparecer cual soy, 

** Colombianos I Me obligo á obedecer estrictamente vuestros legítimos 
"^deseos, protegeré vuestra sagrada religión como la fe de todos los colom- 
^bianos y.el código de los buenos; mandaré hacer justicia, por ser la pri- 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE. 24? 

'mera ley de la naturaleza y la garantía universal de los ciudadanos ; será la 
economía de las rentas nacionales el cuidado preferente de vuestros servi- 
dores ; rK)9 esn^eraremos por desempeñar las obligaciones de Colombia coa 
el extranjero generoso. Yo, en &n, no retendré la aiutoridad suprema sino, 
hasta el día que mandéis devolverla ; y si antes no disponéis otra cosa, 
convocaré dentro de un año la represeTttación nacional. 

^* Colombianos f No os diré nada de libertad, porque si cumplo mis pro- 
mesas^ seréis más que libres, seréis respetados ; adenüás, bajo de dictadu- 
ra, ¿ quién puede hallar libertad ? | Compadezcámonos mutuamente del 
pueblo que padece y del hombre que manda solo ! "" 

El Libertador formó un Consejo de Ministros, compuesto de los seño* 
res José María del Castillo, José Manuel Restrepo, General Rafael Urda- 
neta, Estanislao Vergara, Nicolás María Tanco;. Arzobispo de Bogotá, doc^ 
tor Fernando Caidbdo, José Rafael Revenga, Francisco Cuevas, Joaquín 
Mosquera, Jerónimo Torres, Félix Valdivieso y Martín Santiago de Icaza» 

Con este personal, no más, se estaba indicando lo que iba á ser la 
administración dictatorial del Libertador. ¿ Qué m^s garantía de orden, 
de seguridad, de libertad y de acierto ? Era éste un Senado respetable, com- 
puesto de las primeras notabilidades de todos los Departamentos, y que re- 
presentaba todos los intereses sociales y políticos. ¡ Qué conjunto de luces, 
de patriotismo y de probidad ! ¡ Cuándo se ha visto Colombia en mejores 
manos I 

El nuevo Gobierno se juró solemnemente por todas las corporaciones y 
clases de la sociedad, y se celebraron fiestas públicas en toda'; las ciuda- 
des y aun en los pueblos, con gran júbilo \ porque no hay mayor júbilo 
para los pueblos como el que los gobierne aquel en quien tienen toda su 
confianza. 

El Libertador empezó una reorganización y arreglo en todos los ramos 
de la administración pública, é hizo publicar en la G^ixia todas las actas 
• de la Convención de Ocaña, para que los pueblo» sr acabasen de pers,uadir^ 
de los males que semejante corporación pr^israba á los pueblos. Se fueron 
publicando todas las actas de adhesiói»ála de 13 de Junio, con las firmas de 
los ciudadanos que la suscribíate Nunca se había visto ni se ha vuelto á 
ver un pronunciamiento de opinión más uniforme ni más general ; hay su- 
pleipentos de Gacetas ocupados solamente de firmas, sin que se pudiera decir 
que había suplantaciones de nombres, porque cada ciudad, cada vecindario 
daba testimonio del conocimiento, de las personas. 



24^ HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Las providencias del Libertador y sus Ministros inspiraban confianza 
y satisfacción pública ; nadie tenía de qué quejarse, excepto algunos ene* 
migos del Gobierno á quienes se removió de los destinos en Que podían per- 
judicar; cosa que hace todo gobierno que no quiere ser traicionada y emba- 
razado en su marcha ; pero todos gidzaban de las más amplias garantías, 
basta para faltarle al respeto al mismo dictador^ cosa bien rara, porque 
ningún dictador se ha dejado irrespetar, ni menos mofar, como se vio en 
uno de los bailes que se dieron en Palacio, en que un joven de los exaltados 
enemigos del Libertador tomó el asiento que en lugar preeminente se había 
puesto para éste, y sentado allí, con aire atrevido, hablaba y reía con otros 
amigos, mientras el Libertador conversaba con unas señoras, sentado en 
un canapé. 

Desde la llegada de los Convencioiustas de Ocaña jH la capital se em- 
pezó á notar mucha animación en el partido santanderista. El General 
Santander, en virtud del nuevo orden de cosas, había dejado de ser Vice- 
presidente, lo cual se le hizo saber por el Gobierno ; pero el Libertador, 
por una medida de política^ tanto para darle una prueba de que no tenía 
resentimiento con él, como para alejarlo del partido revolucionario, que 
sin él nada podía hacer, le nombró Ministro Plenipotenciario de Colombia 
cerca del Gobierno de los Estados Unidos del Norte. Santander admitió 
el nombramiento, manifestando que no podía partir inmediatamente, por- 
que necesitaba-de algún tiempo para dejar arreglados sus intereses, y pidió 
por Secretario al joven Luis Vargas Tejada, uno de los más ardientes libe- 
rales, que había desempeñado la Secretaría de la Convención de Ocaña, lo 

cual le fue acordado al General Santander. 

« 

Los liberales no trataron yá de otra cosa, desde que se reunieron en 
Bogotá, sino de matar al Libertador. En las tertulias y aun en los corrillos 
públicos no le daban otro nombré que el de tirano ; los jóvenes exaltados 
hablaban con la mayor libertad contra los pronunciamientos de los pueblos» 
y sin embargo, nadie les decía nada ; el tirano los sufría con paciencia ; las 
mujeres liberales hacían gala de hablar contra el Libertador, á quien po- 
nían varios apodos. Todos veían que se [ireparaba algo, y algunos amigos 
se lo advertían al Libertador ; pero él les contestaba como á los de Vene- 
zuela, en casa de Páez : "No hacen nada.'* 

En el mes de Agosto se celebraron fiestas por el aniversario de la'ba- 
talla de Boyacá. Elidía lo, último de las fiestas, fue el aniversario de la 
entrada del Libertador en Bogotá, después de esa gloriosa jornada, y se le 



' 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVI?. 249 

obsequió por la Municipalidad con un baile de disfraces en el teatro. 
Como la conspiración contra la vida del Libertador fermentaba yá un 
tanto, pareció oportuna esta ocasión á h)s asesinos, y llevando las divisas 
de entrada al teatro, ss introdujo una pandilla de ellos con armas ocultas 
para asesinarle al salir de la función. Eran demasiado conocidos los de 
la compañía de El Conductor y El Zurriago^ que junto con otros, uno de 
ellos Lopotes, mulato de Mompox, oficial degradado por mala conducta, 
rodeaban por diversas partes del teatro con cierto aire misterioso y hablan- 
do entre sí, por lo que varias personas llegaron á sospechar, y temerosas se 
retiraron antes de concluir el baile. El Libertador hizo otro tanto, y por 
cuyo motivo se evitó, no sólo la muerte de éste, sino quién sabe cuántas 
xiíás de personas inocentes, que habrían sido víctimas del desorden y con- 
fusión que tal hecho habría ocasionado en aquel gran concurso. Esto era 
mucho patriotismo, mucho liberalismo ! 

Para organizar en regla la conspiración, se formó una junta secreta 
directiva, compuesta del viejo portugués Juan Francisco Arganil, director 
de ella; del francés Agustín Horment, del taciturno y reconcentrado Co- 
mandante Pedro Carujo, de Luis Vargas Tejada, Secretario del General 
Santander, y de algunos otros magnates. Arganil se había presentado en 
el país como médico y con todas las pretensiones de sabio. Era fraile após 
tata portugués de los Sans-culotes de Marsella en la revolución francesa; y 
Carujo había sido oficial de la escuela de Boves. 

Esta sociedad secreta dirigía otra que se formó, denominada Filológi- 
ca^ compuesta de jóvenes, bajo pretexto de perfeccionarse en el estudio 
de las ciencias, y al efecto, asistían á ella algunos catedráticos de los del 
plan de estudios. " Esmerábanse en estas juntas» dice un papel de la 
época, en exaltar la imaginación de los demás jóvenes; en familiarizarlos 
con las ideas de la muerte y de carnicería; y aun hubo quien en una de 
ellas hiciese un largo y acalorado elogio de las atrocidades de Robespierre, 
que representaban como sacrificio necesario, porque pretendían los malva- 
dos que el árbol de la libertad ha de regarse con sangre." 

Se trató de ejecutar el asesinato del Libertador en el pueblo de Soa- 
cha, á donde había ido de paseo por tres días, acompañado únicamente por 
el General Urdaneta y los dos hermanos París (Mariano y Ramón) y al- 
gunos criados. '^ Carujo tenazmente insistía, dice el papel que citamos, en 
que era forzoso aprovechar aquella oportunidad; podía hacerse todo sin 
estar fuera de la ciudad más de tres horas; él creía que eligiendo la noche 






i 



^ 



250 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

podíanr quedar á cubierto para siempre sus autores, y nunca habría necesi- 
dad* de matar más de las ocho personas que había en^ la casa.^ 

Este proyecto no se llevó á cabo por haberse opnesto á ello el Gene- 
ral Santander, y por eso decía el perverso Carufo ei? 3 de Marzo de 1830, 
desde Puertocabellor " El pueblo de Soacha pudo haber sido la escena feliz 
donde Bolívar expiase sus crímenes y se fijara la época de la restauración 
nacional; pero por otro evento funesto hubo quien detuviese nuestro brazo 
en aquella ocasión favorable, aunque de una influencia individual ; y ^^^ 
hombre, á quien el tirano debe hoy la existencia, vaga por el antiguo 
continente como víctima de los efectos que él mismo hizo producir de una> 
manera negativa" (i). 

Por último, quedó resuelto en la sociedad secreta que el 28 de Octu- 
bre, día en que se celebraba la fiesta del santo del Libertador, se le diera 
la muerte, asaltando por la noche el Palacio. Se contaba con el Jefe de Es- 
tado Mayor y con el Comandante de la brigada de artillería, para apode- 
rarse en la misma noche del cuartel de Vargas y poner en libertad al Ge- 
neral Padilla, que era e! jefe designado para encabezar la revolución. Lo 
único que temían, según decía Horment, era que luego tendrían que ha- 
bérselas con Páez y con Flórez; pero dec^ q:ue del primero darían cuenta 
los españoles, y del segundo los peruanos. Tanto así era el patriotismo de 
esta gente, que por tal de dar muerte al Libertador, aunque el país cayera 
en manos de los enemigos exteriores, no era del caso. Yá se ve, el Jefe del 
partido decía que prefería á Morillo sobre Bolívar, y que con tal de salir 
de éste, era capaz^ de hacerse mahometano. 

Todo estaba preparado para la conspiración del 28, cuando el 25 de 
Septiembre se presentó al Gobierno el oficial del Junín, Francisco Salazar, 
denunciando que el oficial Benedicto Triana le había invitada) á entrar en 
la conspiración para asesinar al Libertador. Inmediatamente se redujo á 
prisión á Triana; pero no pasaron de aquí las diligencias, porque na se le 
tomó declaración el mismo día, como debió haberse hecho. El Jefe de Es^ 
tado Mayor, que era uno de los conspiradores, Tes avisó en el acto c|ue 
Triana había sido denunciado y que estaba preso. La junta secreta se reu- 
nió ea la misma noche en casa del Secretario del General Santand^er, Var- 
gas Tejada, y antes de las once resolvieron dar el golpe en aquella misma 



(1) Véase este infame escrito en la Biblioteca IfacÜMia},. ooleocióa de Pineda, seri» 
2.*, YOlamea 20, nimeros 258 y 2^^ 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE. 2 S I 

noche. Dispusieroa las operaciones y se nombraron las personas (^ue de^ 
bían ejecutarlas. 

El Comandante Garujo, Horment, Wenceslao Zuláibar y el mulato 
López, con un piquete de artillería, fueron señalados para atacar el Palacio 
y matar al Libertador (i); Silva, para asaltar con, la artillería el cuartel 
de Vargas; y los Capitanes Mendoza y Briceño, para sacar á Padilla de lar 
prisión. Los primeros salieron después de las once á ejecutar su operación, 
y mientras Carujo fue al cuartel de artillería á tomar los soldados que 
necesitaba, Horment, con los compañeros de la Filológica^ lo esperaron en la 
plazoelita de San Carlos, media cuadra distante del Palacio. Como tenían 
el santo y seña, se dirigieron á su destino, y habiéndoles abierto la puerta 
del Palacio, la primera centinela fue muerta en el acto por Horment,. quien 
le clavó el puñal en el corazón. Siguieron adentro, y él mismo mató otras 
dos centinelas, y Carujo sorprendió á los dem4s soldados de la guardia, que 
por todos eran veinte y estaban dormidos y sip paquetes, porque tal era 
el descuido en que estaba el Libertador. Puestos yá en los corredores altos» 
se dirigieron á las piezas que no estaban con llave, y no encontraron más 
oposición que la que les hizo en la antesala el joven Andrés Ibarra, Ayu* 
dan te del Libertador, el cual, con sable eii mano,, los detuvo hasta que 
López lo puso fuera de combate, dándole un sai)lazo en el brazo derecho.. 
Entonces penetraron en tropel hacia la última pieza contigua á la en que 
dormía el Libertador, quien, oyendo á los asesinos^ saltó de la cama y,^ 
echando mano á su espada^ se dirigió á la puerta ; pero en este momento 
la señora Manuela Sáenz, que asistía al Libertador, y que estaba en la» 
piezas interiores, vino corriendo, y abriendo la puerta del último balcón, 
hace que salte á la calle el Libertador, siendo imposible su defensa. Los 
conjurados entran á la alcoba, y no encontrando al Libertador, vuelven £ 
salir gritando: ¡murió el tirano! K tiempo de salir para la calle se encuen- 
tran con el Coronel Fergusson,, quien venía volando para el Palacio al oíir 
los tiros del cuartel; el primero que se le presenta es Carujo, quien le apa- 
ga la pistola en^el pecho y lo mata, siendo su amigo. 

(1) Garnjov en el papel que aeabamos de citar, pone por oompafíeros snyos en el 
asalto del Palacio, los sigruíentes: *' Horment, Zuláibar 7 Avila, comerciantes; González, 
Aznero 7 Ospina,' profesores; Ortega y Farra, artesanos; Acevedo, agricultor; López, ofi- 
cial." Debía haberle agregado á la nota: " degradado 7 echado del seryicio por mala con« 
ducia." Preguntado este asesino qué objeto tenfa la revolución, contestó: ^^ Matar ^ 
robar^ (Documentos 7 pieaas justificativas para servir á la historia de la revolución del 
25 de Septiembre de 1828„ tomo I.*> 



2 $2 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

El Libertador, al dar en la calle, toraó por la cuadra arriba, y al do- 
blar la esquina para el Convento de las monjas del Carmen, lo alcanza su 
criado, que por fortuna estaba en la calle, y viéndolo saltar por el balcón, 
}e siguió y lo condujo debajo del puente del Carmen; donde se mantuvo 
por más de tres horas. 

Aquí debe recordar el lector el decreto que con fecha veinticinco de 
SEPTIEMBRE de i 8 19 puso el Libertador para socorrer con cien pesos men- 
suales á las monjas del Carmen de la Villa de Leiva (i). La Virgen parece 
que quiso favorecerle de sus enemigos, en correspondencia de la caridad 
con que había socorrido las necesidades de sus hijas, deparándole un asilo 
hajo el puente del Carmen. 

Al mismo tiempo que se atacaba el Palacio, fue atacado el cuartel del 
batallón Vargas, en el cual no estaba su Comandante ni había prevención al- 
guna, y antes bien, lo que había eran unos oficiales presos, con quienes 
se había comunicado Pedxt) C. Azuero para que ayudaran al tiempo del 
ataque. El Comandante de la brigada de artillería abocó un cañón á la 
puerta del cuartel para impedir la salida del batallón, pero la guardia de 
prevención hizo una resistencia heroica. Estaba de centinela el tuerto 
Márquez, indio natural de la Ciénaga, que llegó en la Nueva Granada 
hasta el grado de Coronel; otros soldados, desde las ventanas altas, apaga- 
ron los fuegos del cañón y lograron salir, mandados por el Oficial To- 
tralba, que estaba preso en el cuarteL Cuando el batallón salió, yá el negocio 
se redujo á perseguir á los conjurados, que no habían logrado su principal 
intento. 

Mientras se atacaba el cuartel, otros de los conjurados, con un piquete 
de artillería, entraron por encima de las paredes al edificio donde se hallaba 
preso el General Padilla, que estaba custodiado por el Coronel José Bolívar, 
que era uno de aquellos llaneros más valientes y esforzados del ejército. El 
Coronel Bolívar dormía; los conjurados se acercaron á la cama y le dieron 
un balazo en la frente, del que murió en el acto. Padilla se ciñó la espada 
del muerto y salió con los asesinos para la calle, mas no pi/do hacer nada, 
porque la cosa esíaba yá perdida. Al día siguiente lo encontraron en el 
cuartel de artillería con la espada de Bolívar (2). 



(1 ) Véase la página 43, Tomo IV. 

(2) NoBotros tomamos estas noticias del documento oficial qne fie publicó enttnxses. 
Véase la Gaceta de Colombia del 28 de Septiembre, número 874. 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE. «53 

El Libertador permaneció oculto hista que una de las partidas de 
Vargas que se habían destinado á buscarlo, pasó por el puente del Carmen 
publicando que los facciosos estaban derrotados. Entonces salió, é incorpo- 
rándose en ella, siguió para el cuartel de Vargas, y hallándolo solo, 
marchó para la plaza mayor, donde estaban el Secretario de Guerra, Gene- 
ral Urdaneta, el Intendente, Comandante general, parte de la tropa y otros 
muchos Jefes y personas que habían salido á reunírseles. Allí fue recibido 
el Libertador con los más grandes trasportes de alegría, abrazándolo todos, 
jefes y soldados, que no sabían cómo manifestarle el cuidado que tenían 
por su persona y el júbilo de verlo salvo. De la plaza se dirigió al Palacio 
acompañado del Intendente y demás personas que allí estaban reunidas. 
El Comandante general. Coronel Joaquín París, el Jefe de Estado Mayor, 
General Córdoba, los Generales Vélez, Ortega, los Jefes de los cuerpos y 
otros empleados de categoría, todos obraron con la mayor actividad por 
aprehender y perseg4iir á los conjurados. 

Avisada la gente de los pueblos de la Sabana, se vieron entrar en la 
ciudad, á las ocho de la mañana, más de mil hombres montados y armados. 
Fue tal el empeño que tomó la gente de los pueblos por aprehender á los 
conspiradores, que en ese mismo día fueron cogidos Horment, Zuláibar, 
Pedro Celestino Azuero, sobrino del doctor Vicente Azuero, López y la 
mayor parte de los artilleros. 

Estos declararon que se les había ofrecido su licencia absoluta, con seis 
meses de paga y el saqueo de la ciudad; y esto ¡por matar al tirano! ¡ Qué 
patriotismo I ¡ Qué principios tan liberales ! ¡Qué heroísmo ! 

Los conjurados contaban con que publicando la muerte del Liberta- 
dor, se les había de reunir mucha gente del pueblo, y por éso, desde que 
salieron del Palacio, y después de derrotados en el ataque del cuartel, gri- 
taban por las calles: ¡ Murió el tirano I ¡Viva el General Santander I ¡ Viva 
la Constitución de Cúcuta 1 Pero nadie los seguía; la población se horrori- 
Eaba y unos permanecían encerrados en sus casas, llenos de espanto, y 
otros salían á unirse con las partidas de Vargas que perseguían á los ase** 
sinos. 

El día 26 se celebró una misa pontifical, por el Arzobispo, en la iglesia 
Catedral, con Te Deum^ en acción de gracias al Todopoderoso, por haber 
librado del puñal asesino al Libertador, y se hicieron exequias á los dos 
Coroneles Fergusson y Bolívar, matados alevosamente. En este mismo día 
dispúsose, á propuesta del señor Antonio Castillo, del doctor Miguel Tobar 



254 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

y otros sujetos respetables, se conmemorase el beneficio que Colombia ha- 
bía recibido de la Providencia salvando la vida del libertador y padre 
DE LA PATRIA, dándole feliz salida por aquella ventana, sobre cuyo dintel se 

« 

incrustaría una lápida de mármol con la inscripción que trasmif'iera la me- 
moria de este hecho á las futuras generaciones. 

Este monumento lo costeó el Cabildo de la ciudad, y la lipida se puso 
allí con una inscripción latina, cuya redacción se encargó al doctor Miguel 
Tobar. £1 grabado de los caracteres se hizo con todas hs reglas del 
arte (i). 

En aquel mismo día y en los siguientes recibió el Li'bertador las con- 
gratulaciones de las autoridades y de todas las corporaciones civiles, ecle- 
siásticas y militares, y hasta de las monjas. Los agentes extranjeros le vi- 
sitaron inmediatamente. El Ministro Plenipotenciario de S. M. Británica, 
Coronel Patricio Campbell, que se hallaba fuera de la ciudad, dirigió al 
Secretario (Je Relaciones Exteriores la siguiente nota: 

« 

'*EI infrascrito, Eocargado de Negoeios de S. M. Británica, tiene el liionor 
de esperar qae el honorable Ministro de H elaciones Exteriores de Colombia 
tenga la bondad de presentar á S. E. el 'Libertador Presidente, en nombre de 
8u Gobierno, las más sinceras congratulaciones por haberse librado de la cons- 
piración del 25 del corriente, en que estuvo al suceder el asesinato del Jefe del 
Gobierno de Colombia, acontecimiento qne habría inundado el país en sangre 
y sumergido en todos los horrores de la guerra civil j de la anarquía. 

Sin embargo de las instrucciones que el infrascrito tiene de su Gobierno 
para no mezclarse en las disensiones civiles é intrigas del país en donde se 
halla acreditado, puede garantir al honorable Ministro el horror con que mira 
BU Gobierno toda amenaza contra la vida del Jefe de un pueblo amigo de la 
Gran Bretaña, y particularmente contra persoAa que, como S. E. el Libertador, 
ha demostrado siempre ser, no sólo amiga de su país, sine de la humanidad, y 
cuja pérdida habría sido sentida por todos los amantes de la libertad oaeional y 
del género humano. 

(1) Este monumento permaneció en su lugar Iiasta el aiSo de 1832, en q^o» vueltos 
al poder los del 25 de Septiembre, lo Moieron quitar, como era natural, habiendo decla- 
rado por un decreto el Congreso Gonstituyente de la Nueva Granada, en el que la facción 
tenía mayoría, que el asesinato no es asesinato, y que los asesinos no son asesinos, idén- 
ticamente lo mismo que había declarado el Congreso de Venezuela á petición del célebre 
Carujo, apologista de la doctrina del tiranicidio, que sirve para matar & nomine de la li- 
bertad á cuantos mandatarios no gusten & les demagogos. 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE. 2$ 5 

El infraBorito se aproyecha de esta oportunidad para ofrecer al honorable 
Ministro de Relaciones exteriores de Colombia su más distinguida conddera- 
o ion 7 respeto personal. 

Guaduas, 28. de Septiembre de 1€28. — Pavbigio Campbell. 

El inmediato resultado de la conspiración fue que el Libertador ¿e vio 
precisado á declararse en uso de las facultades extraordinajias de que no 
había querido usar hasta entonces, y en consecuencia expidió el siguiente 
decreto: 

" SIMÓN BOLÍVAR, etc., eta, 
considerando: * 

1.® ^ne la lenidad con que el Gobierno ba querido caracterizar todas 
4BUS medidas ha alentado á los malvados á emprender nuevos y horibles aten- 
tados: 

2.^ Que anoche mismo han sido atacadas á mano armada las tropas á quie- 
jies estaba confiada la custodia del orden y del Gobierno, y -el Palacio de éste 
convertido en teatro de matanza, y aun se amenazó con encarnizamiento la vida 
del Jefe de la Bepublica; 

3.^ Que si no se detiene oportonamente el crimen y se escarmienta á los 
perversos^ en breve perfeccionarán la disolución y ruina del Estado; 

4.^ Que en semejante caso seria culpable de esta catástrofe el Gobierno.» 
por las restricciones que^ por el decreto de 27 de Agosto último, puse en bene- 
.ficio de los pueblos á la autoridad de que ellos mismos yoluntariamente me in* 
vistieron; 

De acuerdo y á propuesta del Consejo de Estado^ 

DECRETO : 

Art. 1.^ Be hoy en adelante pendré en práctica la autoridad que por el 
-roto nacional.se me ha confiado, con la extensión que las circunstancias hagan 
forzosa. 

Art. 2.^ Las mism^'^e circunstancias fijarán la duración de esta extensión 
de aotoridad. 

Art. 8.^ En su'yii1;ud| él Conseje de Estado me consultará las medidas que 
en BU opinión exija el bien públioo, expresando su mayor ó menor urgencia. 



2S6 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Art. 4»^ Cada Ministro Seoretaño de Estado, en 8u respectivo despacho, 
queda encargado ae la ejecución de este decreto. 

DadO| firmado de mi mano y refrendado por el Ministro Seoretario de Es- 
tado en el despacho del Interior. 

Bogotá, á 26 de Septiembre de 1828. 

Simón Bolívab. 

El Ministro Secretario de Estado en el Despacho del Interior, 

« 

José Manuel Bestrepo,'^ 

Dictáronse por el Intendente varias providencias de policía y seguri- 
dad ; y fueron reducidas á prisión muchas personas, entre las cuales bas- 
tantes eran inocentes, aunque sospechosas, y de ellas se pusieron varías en 
libertad después de tomarles confesión, y otras fueron confinadas á diversos 
lugares. 

Exigióse un empréstito forzoso para gratificar á la tropatque había 
permanecido fiel. Pudo el Libertador en estas circunstancias exigirlo úni- 
camente de los individuos del partido revolucionario liberal, siendo el mal 
originado por ellos, y sin embargo no lo hizo asi, sino que lo impuso gene- 
ral sobre todos. De este modo manifestaba, cada vez más, el Libertador su 
carácter generoso y enteramente ajeno á la venganza (i). 

Formóse un tribunal especial y mixto de cuatro jefes militares y de 
cuatro letrados escogidos por su probidad, saber y patriotismo, para juzgar 
breve y sumariamente á los conspiradores. Los nombrados fueron : el Jefe 
de Estado Mayor, General José María Córdoba ; el Comandante general, 
Coronel Joaquín París, y los Generales Francisco de P. Vélez y José M. 
Ortega. Los letrados fueron: el Ministro de la alta Corte, doctor Francisco 
Pereira ; el Fiscal de la Corte Superior, doctor Joaquín Pareja ; el doctor 
Manuel Alvarez y el doctor José Joaquín Grofi. 

Los primeros condenados á muerte fueron: Horment, Zuláibar, Silva, 
Galindo y López, los cuales fueron pasados por las armas el día 30 de Sep-* 
tiembre. Siguieron el General Padilla y el Jefe de Estado Mayor, Coronel 
Ramón Guerra, que sufrieron la misma pena el á de Octubre; Pedro Celes- 
tino Azuero, Hinestrosa, un sargento y cuatro soldados de artillería, la su- 



(1) En tiempos posteriores, el Gobierno de los liberales de Nneva Gittnada, paca 
contener los progreeos de los guerrilleros de Goasca, dispuso que los gastos que causaran 
al Gobierno se sacasen del bolsillo de loe de su partido. 



K 



4 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE. 257 

frieron el I4 del mismo mes* No hubo más ejecuciones ; los otros condena- 
dos ájnuerte, entre ellos el General Santander, obtuvieron del. Libertador 
la conmutación del cadalso por penas temporales. 

El General Santander, á quien conmutó la pena de muerte por des- 
tierro temporal de Colombia, no fue condenado por haber tenido parte en 
el crimen del 25 de Septiembre, sino como aconsejador y auxiliador de la 
conspiración. '^ Esa sentencia es justa> dijo el Consejo de Ministros al Li- 
bertador, por cuanto resulta probado que aquél tuvo conocimiento de la 
conspiración, que la aprobaba y daba consejos y opiniones sobre ella, y que 
quiso tuviese su efecto después de su salida de Colombia ; mas no tuvo 
par^e en el suceso del 25, y la ejecución de muerte se miraría como injusta, 
excesivamente severa y tal vez como parcial y vengativa." 

Sin embargo, el General Santander, representando desde el castillo 
de San Fernando de Bocachica (1) al Libertador contra la sentencia, como 
injusta, decía : '^ Mas al lado de este borrón resaltará la página que sien- 
ciona la indulgencia con que V. E. ha reformado la sentencia que llevo 
refutada, imponiéndome penas menos graves, salvándome la vida, mis bie- 
nes y aun la esperanza de ser útil á mi patria alguna otra vez. Ha sido 
muy digna de V. E. esta conducta, porque habría amancillado la 
gloria y reputación del Libertador de Colombia (2) la ejecución de una 
sentencia mal fundada y verdaderamente injusta. ¿ Qué habría dicho el 
mundo culto, qué la'histofia imparcial, si V. E. hubiese mandado llevar á 
efecto la ejecución de pena de muerte contra mí, cuya memoria creo que 

no es posible sepultar? El Libertador de Colombia debiera ser en todo 

superior á los hombres comunes, porque su misión es mucho más ilustre, y 



(1) El General Santander salió de Bogotá para Cartagrena, donde debía ser embar- 
cado para Europa, el día 15 de Noyiembre, acompañado del Coronel José M. Briceno, su 
cuñado, y custodiado por el Comandante Genaro Montebrune. Fue detenido preso en 
aquel castillo por haber ocurrido á este tiempo el levantanuento deObando j López en 
el Sur, el de los Castillos en Venezuela y ser estos movimientos una ramiñcación de la 
revolución principal que desde Ocaña encabezaba St^itander como Jefe del partido lla- 
mado liberal. 

(2) Es decir que el Libertador no había amancillado su gloria y reputación, hasta 
el 25 4e Septiembre : luego era falso que se hubiera erigido en tirano; pues que nada 
más que esto habría amancillado su gloria y reputación, y entonces, i por qué fueron á 
asesinarlo en la noche del 25 de Septiembre ? 



-25^ HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

mucho más digna del que estd llamado á ser el benefactor de todo el 
mundo** (i). 

A Luis Vargas Tejada no se le pudo coger ; éste se escapó por el lado 
del Norte^ y se ahogó al atravesar un río. De los individuos apresados, que, 
aun cuando no resultaron cómplices en el crimen del 25, si se sabía que 
eran de los fautores y promovedores de la revolución, algunos fueron des- 
terrados á diversas partes, fuera y dentro de ColomTjia, entre ellos los doc- 
tores Vicente y Juan Nepomuceno Azuero, Francisco Soto, López Alda- 
na, Liévano etc. Los doctores Vicente Azuero y Soto habían tenido 
cuidado de estar retiraidos de la mina al tiempo de prenderla. El primero 
se hallaba en el Socorro, país de su nacimiento, y allí fue reducido á prisión? 
como que se sabía y era público y notorio ser este individuo la segunda per- 
sona áú plan revolucionario acordado en Ocaña. Azuero dirigió desde la cár- 
cel del Socorro una representación humillante al Libertador, con fecha 5 de 
OcÉubre, en que afeaba la -conspiración, protestando su inocencia y su reso- 
lución de abandonar Ja política para vivir retirado, y solicitaba se le dejare 
tranquilo, puesto que ningún cargo se le podía hacer por la conspiración 
'del 25 de Septiembre. Al mismo tiempo escribió una carta al Secretario de 
l^elaciones Exteriores, doctor Estanislao Vergara, su amigo y compañero- 
en la dirección de estudios, suplicándole se inter^esase con el Libertador 
para que despachase favorablemente su memorial, asegurándole que tenía 
tan aborrecida la política, que nunca volvería á^ingefirse en ella, y agrega- 
ba : ** Haga, pues, ios últimos esfuertcs en mi favor,^firmemente persuadido 
de que nunca^ nunca le haré quedar mal. Yo no quiero ni aun volver á esa 
'Ciudad, ni pasar á otra provincia ; tengo aversión hasta á la abogacía; una 
reducida hacienda aquí, es todo mi anhelo y sepultarme allí hasta la 
muerte " (2). 

El Libertador era generoso, no .conocía el espíritu de venganza ; pero 
conocía mucho á los hombres, y en estas protestas, que parecían tan since- 
ras, no vio sino el lenguaje falaz del miedo, y por eso no creyó en ellas y 
desterró fuera de Colombia al doctor Azuero. Estando en el destierro pen- 
só, sin duda, agradar al Libertador para hacérselo favorable y le escribió 



(1) Diciembre 13 de 1828. Estas piezas se hallan en la Biblioteoa Nacional, eeíleccién 
'de Pineda, serie 2.% volumen 20. 

(2) Copiado de su autógrafo en la colección de la íamilia Vei:gara. Pronto veremos - 
cómo cumplió los propósitos del miedo. 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE. 259 



'^■^^^^^^^'^^^^^^^^ 



acompañándole un proyecto de Constitución monárquica para Colombia (i). 
w A Carujo lo había escondido en Santo Domingo el Padre Fray Tom^s 

Mora de aquel convento, con motivo de haber tenido íntimas relaciones 
de amistad, no soló por identidad de opiniones, sino también por haberse 
dedicado Carujo ^\ estudio de las matemáticas, de cuya ciencia le daba 
lecciones dicho Padre. Este indicó al General Herrán que Carujo se pre- 
sentaría si se le garantizaba la vida. Consultado con el Libertador, autorizó 
á dicho General para que ofreciera la garantía. Entonces Carujo dirigió 
al Libertador un largo memorial, lleno de filosofías y de historia romana, 
de que tenía llena la cabeza, y quién sabe si los Brutos y Cacios, Scévolasy 
demás, fueron los que le volvieron al revés el juicio á este caballero, como 
al de la Mancha los Roldanes, Amadises y otros. Pero este Scévola no 
era de los que se quemaban la mano por haber equivocado el golpe, sino 
de los que se los daban en el pecho [disculpándose, y no sólo pidiendo gra- 
cia, sino ensalzando la magnanimidad, la generosidad y otras virtudes del 
Libertador. 

-^ 'Esto es lo que se ve en la representación que, desde ^l escondrijo, diri- 

gió al Libertador, en la cual, disimulando haber sido coa su anuencia como 

' el Padre Mora 'había ocurrido donde el General Herrán á ofrecer su pre- 

sentación, si se le garantizaba la vida, decía \: ^^ He entendido, sin embargo, 
de los enemigos, que V. E., encargado del Gobierno, es clementCi generoso 

é y filósofo Ahora, señor Excelentísimo, ¿ no sería natural que en segui- 

da yo me permitiera la libertad de interrogar á V. E. sobre si su clemen- 
cia y generosidad filantrópica eran limitadas, ó si eran^proporcionales, como 
deben serlo, á los otros dones de corazón y de alma que el Eterno Ser le 

concedió para caracterizarle en la escena de la tierra ? Sólo murieron 

dos. V. E. pudo ser aprehendido y nó muerto." 

Dice que no permita se aumente el número de víctimas, y añade : 

^ '^ Una tal conducta, Excelentísimo señor, ha de añadir quilates al con- 

junto de acciones que señalan la vida de V. E ", y concluía así : " l>ios 
guarde la interesante vida de V, E., que tanto importa conservar para 
evitar el presente naufragio, que amenaza el aniquilamiento general de la 
República.*' 

Y no parándose en esto, ofrecía tspontdneameníe hdLcer revelaciones so- 
bre los planes de la revolución. Indultado este hombre de la pena de 



(1) Yéase colección de Pineda, serie 2.% volmnen 20, número 266. 17 



26o HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

muerte, publicó su despedida de Bogotá, y en ella dijo á los bogotanos : 
" Es necesario deciros aquí, en obsequio de la imparcialidad del Gobierno, 
que yo he sido indultado de la pena capital en virtud de una garantía que 
al intento se expidió, con la condición deque rae presentara y descubriese, 
según ofrecí, el plan y elementos de la conspiración. 

" Bogotanos ! Es con el corazón dilacerado, suma pena en el alma 
y el llanto en los ojos, que me separo de vosotros : nada más puedo de- 
ciros. La magnanimidad y clemencia del Libertador han confundido 
tanto mi espíritu y mis ideas, y tales son las presentes circunstancias, que 
ya no me es posible expresarme cual lo haría en época muy diferente.'* 

Óigasele ahora lo que escribía en Venezuela después de dejar el man- 

é 

do el Libertador : 

" El 25 de Septiembre, aunque precoz é imprevisto en el proyecto á 
que casual y desgraciadamente perteneció, pudo, sin embargo, ser el día 
en que Colombia reasumiese su libertad y su esplendor, usurpada y eclip- 
sada por el más inicuo de todos los tiranos ; y la sola sangre vertida del 
malvado, habría prevenido los grandes desastres y ruinosas dilaciones ^ue 
sufre un pueblo una vez libre, siempre qué emplea los métodos ordinarios 
para recobrar la posesión de sus derechos. Pero desgraciada la conpira- 
ción por accidentes de sensible recuerdo y cuya mención es tal vez inútil, 
tomé el partido de ocultarme para eludir la venganza del tirano.'* 

Así fue como este Scévola del 25 de Septiembre fue á quemarse la 
mano á Venezuela, después de pedirle gracia al tirano en cambio de des- 
cubrir los planes de su* compañeros, y después de ensalzar la imparciali- 
dad, la magnanimidad y clemencia de ese que llama el más inicuo de todos 
los tiranos. 

Pero no era esto sólo. Garujo se disculpaba en la despedida ; y es 
digna de notarse la disculpa, porque ella da á entender en dónde estaba el 
centro de las tenebrosas maniobras. 

*'* Bien sé, decía, que varias personas y familias me son deudoras de 
algunas lágrimas y males ; mas yo espero que ellas me harán justicia. Un 
comprometimiento^ si, un comprometimiento sagrado, á que no podía faltar, 
por ningún título, es responsable de mi justificación en esta parte." 

* El lector debe recordar lo que Larrazíbal dice en el paralelo que hace 
entre Bolívar y San MartíUj sobre la causa por qué este último dejó per- 
der la libertad del Perú, después de haber obtenido tanjas ventajas sobre los 
españoles ; y por qué Bolívar hi2o lo que no hizo el otro, habiendo aquél 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE. 201 

empezado bajo mejores auspicios. Para que el lector no tenga que registrar 
la página 274, Tomo IV, repetiremos aquí esa razón de Larrazábal, quien 
dice : ** San Martín, hijo de las logias, al contrario, se ve sujeto, bajo la ley 
de muerta, á una tenebrosa subordinación, que al fin le pieríe." 

El Intendente había publicado por bando que todo el que supiera en 
dónde se hallaba oculto algún conspirador y no lo denunciara á la autori- 
dad, sería juzgado como conspirador, y sufriría la misma pena que el rea. 
Pues bien : el Padre Mora ofrece que Garujo se presentará si se le garanti- 
za la vida ; luego el Padre Mora sabe dónde está Garujo, y desde que se 
presentó al Intendente con aquella solicitud, debía, en virtud del bando, 
apremiarse al Padre para que dijera en dónde estaba ó podía estar el reo, y 
caso de no denunciarlo, se le debía haber juzgado y aplicado la pena. 
Esto era lo que habría hecho, no diremos un tirano, un juez cualquiera en 
aquel Caso. El Padre Mora no se habría dejado matar ni atormentar por 
Garujo ; lo habría descubierto, y Garujo habría sido fusilado irremisible- 
mente. ¿ Y €sto fue lo que se hizo ? Nó : lo que se hizo por el más inicuo 
de iodos los tiranos^ fue ofrecerle la garantía que solicitaba, bajo la condi- 
ción de que descubriese los planes de la revolución, planes flue el Scevola 
habría descubierto, juzgándolo como á Horment y demás. Guando llegó eí 
caso de que cumpliera lo que ofrecía, empezó ^ embrollar al Juez, sin hacer 
revelación ninguna. Hubo de consultarse al Gobierno ; y el Gonsejo resol- 
vió que habiéndosele acordado á Garujo la garantía bajo la condición de 
que revelase los planes revolucionarios, si no cumplía con hacerlo, •no tenía 
derecho á la gracia, y que se les juzgara como á los demás reos. Guando 
esto se le notificó al Scevola, aflojó y dijo algunas cosas generales é insigni- 
ficantes, que se le admitieron como buenas razones, porque ya no se trataba 
sino de cubrir el expediente para que el Gobierno no apareciese burlado. 

Así se abundaba en clemencia y generosidad hacia ese insigne criminal, 
para que luego, cuando se creyera seguro, levantara la voz para calificar á 
su benefactor, al que debía la vida, de el más inicuo de todos los tiranos. 
No parece sino que en Garujo era natural la ferocidad y la ingratitud. El 
Coronel Fergusson era su amigo, y por él, pocos días antes del 25, se le 
había ascendido á Comandante; lo encuentra en la calle y le saluda dán- 
dole un balazo en el corazón. 

Garujo estuvo preso en Puertocabello hasta el año de 1830, en que' 
hizo una representación al Congreso Constituyente, digpa de su^ ideas y 
de sus entrañas, respirando sangre y hiél por todas partes contra el Liber- 



2^2 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

* 

tador, y «n la cu^l se quejal}a de que aún lo tuvieran detenido por haber 
emprendido una obra santa. El Congreso decretó la libertad de Garujo y 
de todos los demás que se hallaran en su caso. Con tal motivo, nuestro 
Juan Petit pubRcó su representación y ^1 Decreto, bajo este titulo: 

TRIUNFO DEL PRINCIPIO DEL TIRANICIDIO (l). 

fiorment, Otro hombre feroz y que no lo manifestaba en su semblante, 
como CarujOi que tenía un aire taciturno y siempre pensativo; Horment 
'era un hombre fino, muy cortés, delgado, de pequeña estatura» narizón y 
^picado de viruelas. Hubo muchos fundamentos para juzgarle como sicario 
del Gobierno español para matar al Libertador, porque el ministerio de Fer- 
nando Vn estaba persuadido de que, faltando «Bolívar, la reconquista de 
las colonias de América era fácii Hacía poco tiempo que Horment 



(1)T)borí:to. 

^L CONGRESO COyBTITUYENTE DE VENEZUELA, OONSIDKBANDO : 

que proclamados de nnevo por Tenezuela los prinoipioB y zestábleoida en alia la libertad, 
no es justo padezcan en manera alguna I«b oiadadonos que «e han interesado en la con- 
^Gonsecnción de este bien, 

DB'CBETA : 

« 

Arfe, l.o Qne todas las personas qne^se hallen presas '6 detenidas en el territorio de 
Tenezuela por los aconte<ümientoS políticos que han tenido lugar en la Nueva Granada 
desde que se disolvió la Ck>nvención de OcaSa hasta el 26 de Noviembre üHimo, sean 
puestas en libertad. 

Art. 2,^ Que^todas las personas que, por haber tenido alguna parte en'dichos acon- 
tecimientos, ópor sus opiniones políticas, fueron expulsadas del territorio de Venezuela, 
puedan restituirse inmediatamente á^l, reintegrándose (tonto á éstas como á aquéllas) 
en el goce de todos sus derechos. 

Art. 3.0 El Poder Ejecutivo provisorio del Estado hará cumplir este Decreto, publi- 
'cándose, además, por medio de la ímpreilta. 

Dado en la Sala del Congreso.— Valencia, Junio 25 de 1830.--Andeés Nasbabtb. 

El Secretario, 2íanuel Muñoz.-^'EÍ Secretario, Rüfaél Acevedo, 

Por este Decreto, el Congreso Constituyente de Venezuela aprobó ampliamente el 
asesinato intentado contra el Libertador, y los consumados en los Coroneles Bolívar, 
Itergusson ^ cuatro soldüdos, y declaró que los asesinatos son acontecimientosr políticos.' 
Le faltó al Congreso haber decretado que el puñal de Horment, ensangrentado, que se 
liallaba en, Valencia, se colocara en una caja de oro, como instrumento empleado en la 
ooxuecueión'^é la libertad* 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVB. 263 

estaba en Colombia gomando de todas las garantías concedidas á los^extran- 
jeros, ningún motivo de encono tenía contra el Libertador y antes los 
tenía de gratitud, porque hacía poco tiempo que habiéndose visto encau- 
sado por haber dado una puñalada á Mariano Par^S) en una disputa qué 

tuvieron en la segunda calle, del comercio sobre opiniones, el Libertador, 

,1 

que era amigo de París, se interesó' para que se. cortara» la causa,.y Horm^nt 
quedó en libertad. 

Entre los papeles que se le* cogieron- se halld una carta escrita por su: 
madre en Nabarrens, en que le decía: *^Pero, en fio, es menester some- 
terse á su destino, y yo te empeño á tomar tu partido con valor, cual- 
quiera q^ue sea el aspectp que tomen los asuntos, en tu empresa^ porque 
cuando se está seguro, como tú^ de alcanzar un acomodo tranquilo y bas- 
ta nte ventajoso, no se ha perdido toda esperanza.^ 

El General Urdaneta envió á Páez el piííñal con que Borment mató 
á los tres centinelas de Palacio, y Páez convocó una junta, ante la; cual» 
exhibió el puñal ensangrentado, pronunciando un discurso famoso, que el 
Congreso Constituyente- de Venezuela debió mandar recoger y quemar 
por mano de verdugo, cuando en 18=^30 deckrá que esos asesinos eran ser* 
vidores de la Kbertad. 

Por consecuencia también del 2-^ de Septiembre, expidió d Liberta»- 
dor el decreto de 8 de Octubre, en que ptohibía las. logias, á- gusto y con» 
tentamiento del pueblo. Hé aquí este importante acto de alta policía: 

SIMÓN BOLÍVAR, LIBERTADOR PRü)SIDBNTE, ElC; 

Bebiendo acreditado la experiencia, tanto en Oolombia como en- otrash na- 
ciones, que las sociedades secretas sirven^ e&pecialm^nte para preparar los tras- 
tornos políticos, turbando la tranquilidad piUDÜca j el orden establecido ; que 
ocultando ellas todas sus operaciones con el velo del misterio, hacen presumir 
fondadamente que no son buenas (1)- ni útiles á la sociedad, y por lo mismo 
excitan sospechas y alarman á todos, aqnellos que ignoran los objetos de qfie se 
ocupan •,.oído el dictamen del CDnsejo de Ministros, (2), 

DECRETO :. 

Art. 1.^ Se prohiben en Colombia todas las. sociedades ó- confraternidades 
secretas, sea oualfoerela denominación de cada una.. 



(1) Qm maUagit odit lucem.— Juan— 111—20, 

(2) Todos menos uno (el sefioc Tanco) eran masones. Pero estos masones eran de otro 
enüo, y decían \. primero es la y aAxia que la logia^ * 



264 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Art. 2.® LoB Grobernadores de las provincias, por sí 7 por medio de los Je> 
fes políticos de los cantones, disolverán é impedirán las reaniones de las socie- 
dades secretas, averigoando ouidadosamente si existen algunas en sos respecti- 
vas provincias. 

Art. 3.® Cnalquiera qae<liere ó arrendare su casa ó local para una sociedad 
secreta, incurrirá en la malta de 200 pesos, y cada uno de los que concurran, 
en la de 100 pesos por la primera y segunaa vez ; por la tercera vez y demás 
será doble la multa; los que no pudieren satisfacer la multa, safirirán por la pri- 
mera y segunda vez dos meses de prisión; por la tercera y demás será doble 
la pena. 

Parágrafo 1.^ Los Gobernadores y Jefes de policía aplicarán la pena á los 
contraventores, haciéndolo breve y sumariamente^ sin que ninguno pueda ale- 
gar fuero en contrario. 

^ Parágrafo 2.^ Las multas se destinarán para gastos de policía, bajo la di- 
rección de los Gobernadores de las provincias. 

El Ministra Secretario de Estado del despacho del Interior queda encar- 
gado de la ejecación de este Decreto. 

Dado en Bogotá, á 8 de Noviembre de 1828. 

Simón Bolívar. — El Ministro Secretario de Estado del despacho del Inte- 
rior, José Manuel Eestrepo. (Véase el número 9). 

Después de este Decreto se expidió por el Ministerio del Interior una 
circular, reformando el plan de estudios en la parte que tanto había perju- 
dicado, y sobre que estaban cansados de reclamar los padres de familia, los 
Cabildos y Juntas de Provincia sin conseguir nada. Esta circular fue diri- 
gida á los Gobernadores, y en ella decía el Secretario del Interior, señor 
José Manuel Res trepo: 

Los escandalosos sucesos ocurridos en esta capital á consecuencia de la 
conspiración del 25 de Septiembre último; la parte que tuvieran desgraciada- 
mente en ella algunos jóvenes estudiantes de la Universidad, y el clamor de 
muchos, honrados padres de familia, que deploran la corrupoión, yá demasiado 
notable, de los jóvenes, han persuadido al Libertador Presidente que sin duda 
el plan general de estudios tiene defectos esenciales, que exigen pronto reme- 
dio para curar de raíz los males que presagian á la Patria los vicios é inmorali- 
dad de los jóvenes. 

S. E., meditando ñlosóñoamente el plan de estudios, ha creído hallar el 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE» 26 

__^^___ %__; 

origen del mal en las ciencias políticas que se han enseñado á los estudiantes, 
al principio de su carrera de facultad mayor, cuando todavía no tienen el juicio 
bastante para hacer á los principios las modificaciones que exigen las circuns- 
tancias peculiares de cada nación (1)^ El mal también ha crecido sobremanera 
por los autores que escogían (2) para el estudio de princijpios de legislación, 
como Bentham y otros, que, al lado de máximas luminosas, contienen muchas 
opuestas á la religión y á la moral (3) y á la tranquilidad de los pueblos, de lo 
que yá hemos i-ecibido primicias dolorosas. 

Añádese á esto que, cuando incautamente se daba á los jóvenes un tósigo 
mortal en aquellos autores, (4) el que destruiría su religión y su moral, de 
ningún modo se les enseñaban los verdaderos principios de la una y de la otra, 
para' que pudiesen resistir á los ataques de las máximas impías é irreligiosas 
que leían á cada paso. 

Para evitar éstos y otros escollos, el Libertador Presidente, con dictamen 
de su Consejo de Ministros y visto el informe de la Universidad Central de 
Bogotá, ha resuelto hacer las siguientes variaciones en el plan de estudios, las 
que se pondrán inmediatamente en práctica con calidad de provisorias y mien- 
tras que el Consejo de Estado propone al Gobierno las reformas permanentes 
que deban hacerse. . * 

La primera consistía en el sistema que debería observarse en la ense- 
ñanza de lengua latina, por su importancia en el estudio de la religión y la 
literatura. Por la segunda se mandaba que en el segundo año de filosofía 
se estudiara moral y derecho natural. Por la tercera se suspendía el estudio 
de Legislación universal, Derecho público y constitucional. Por la cuarta 
se debía enseñar el Derecho civil y el patrio y el Derecho público eclesiás- 



(1) En esto no iba mny fílosófícamente S. E., porque ni el materialismo de Tracy ni 
el sensualismo egoísta de Bentham son sosoeptibles de modificación. Con ésos no hay 
más que entregarlos al brazo secular de la sobrina, y á carga cerrada al corral con ellos. 

(2) Por hombres escogidos para que escogieran esos autores. 

(3) T no es extraño, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz, dice 
San Pablo en su epístola 2.* á los corintios, cap. XI, v. H. 

(4) No fue incautamente, sino estudiosamente, sabiendo bien lo que se hacía; pues 
que en tanto como se escribió, se predicó y se reclamó contra esas enseñanzas, no se hizo 
otra cosa que calificar de fanáticos y godos á los que advertían el mal que se estaba ha- 
oíendo. Testimonio dan de ello las once cartas de un patriota retirado que se publicaron 

m 

entonces, 7 en que sé hizo una análisis de los depravados principios del Tratado de Legit' 
loción de Jeremías Benthain. (Véase atrás^ página 127, Cap. ZCIII), 



266 . HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

tico. Por la quinta se disponía la enseñanza de fundamentos de religión 
católica é* historia eclesiástica. Aquí debemos copiar las palabras del 
Gobierno: " Procuiando que sea el tiempo bastante para que los cursantes 
se radiquen en los principios de nuestra^santa religión y puedan así reba* 
tir por una parte los sofismas de los impíos y por otra resistir los estímulos 
de sus pasiones. Esta cátedra se pagará con lo que se diera al catedrático 
de principios de legislación, y se cuidará mucho de escoger la persona más 
apta para regentarla, así por sus luces como por su piedad." Pot la sexta 
reforma se mandaba estudiar en el quinto y sexto año los principios de 
economfy política y derecho de- gentes. 

Esta circular concluía así: " Por separado propondrá los medios que 
pudieran emplearse para conservar pura la moral y las costumbres de la ju- 
ventud y para preservarla del veneno mortal de los libros irreligiosos y 
obscenos que hacen tanto- estrago en su moralidad y conducta. 

Consecuente á los principios de tales providencias, el Libertador excitó 
á los Obispos para que coadyuvaran por medio de su ministerio y autori- 
dad á fin de fomentar la moralidad de los pueblos. En una carta particular 
escrita al señor Méndez, Arzobispo de Caracas, le decfei: "He mandado 
que se invilfe á los ilustrísimos Arzobispos y Obispos de Colombia, para 
que hablen á^su clero diocesano con motivo del criminal suceso de la no* 
che del 25 ; pero quiero dirigirme á. usted con particularidad, para que 
con mayor instancia exhorte usted á sus ministros á que no cesen en la pre- 
dicación de la moral cristiana y de la necesidad del espíritu de paz y de 
concordia, para continuar en la vía del orden y de la perfección social. 
Del desvío de los sanos principios ha provenido el espíritu de vértigo que 
agita el país; y cuando^ se enseñan y profesan las máximas del crimen, 
es preciso que se haga también oír la voz de lo^ pastores que inculque la 
del respeto, de la obediencia y la virtud. ¿Cómo nos preservaremos de la 
anarquía y de las desgracias de la guerra intestina si no calman los espíritus 
y no se desvanecen los proyectos de la ambición ? Hay muchos empe- 
ñados en tramar conspiraciones^ y en destruir la patria; es preciso que 
haya muchos más dispuestos á sostener el Gobierno y salvar el orden, 

y salvar el poder de las tramas y maquinaciones parricidas Me tiene 

usted salvo y bueno> librado como por milagro del puñal asesino, y 
consagrando á la patria» los días que la Providencia ha querido conser- 
varme.'^' 

Antes de partir el Libertador para, el Sur, expidió varios decretos y 



... — ^_._-_^^j 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVE, 267 

Otros actos importantes, tales como el decreto de 12 de Noviembre, sobre 
indulto; el de 24 de Diciembre, por el cual Convocaba para el 2'de Enero de 
1830 el Congreso Constituyente de Colombia^, el de 23 del mismo, que eri- 
gia la silla episcopal de Quito en Metropolitana, teniendo por sufragáneas 
las de Panamá y Cuenca. En los considerandos de este decreto se decía que 
siendo estos Obispos sufragáneos del Arzobispado de Lima, y siendo- Colom- 
bia y el Perú dos naciones independientes, no convenía ala independencia 
de Colombia que los Obispos colombianos dependieran de u^i metropolita- 
no extranjero. 

Aquí ocurre una* reflexión importante. El Metropolitano de Lima, 
eomo autoridad eclesiástica, como prelado católico, no era> extranjero. San 
Pablo decía á los galatas, que habiendo abrazado la fe de Jesucristo, yá no 
eran extranjeros, sino ciudadanos de los santos y domésticos de Dios (i). 
En cuanto á ser católicos, somos todos ciudadanos de una misma sobera* 
nía. Pero bien ; el Arzobispo de Lima dependía, como ciudadano de la Re- 
¿)ública, del Gobierno de ella, y Colombia del^ tener la influencia que ese 
Gobierno exigiera sobre el Arzobispo; de manera que el Libertador tenía 
razón en sus consideran(k»s, y seguramente que no se Ja negará ningún li- 
beral. Pues trasportemos la cuestión á mayor escala y consideremos al 
Papa, Jefe espirituaí de todas las naciones católica^,, sin estados propios, 
sin independencia eu lo político, como subdito de cualquier soberano. ¿No 
temerán las naciones católicas la influencia de ese soberano extranjero 
sobre el Papa? Hé aquí tocándose, en un hecho en pequeño, la gran cu^- 
tión de ios estadoS temporales del Papa ; es decir, de la conveniencia que 
todas las naciones católicas tienea en que el Papa sea soberano temporal 
del Estado' en qjie se halle. 

El dicho decreto del Libertador decía :: 

SIMÓN BOLÍVAR ETC.. 

Art. l.^*" La iglesfa Episcopal de Quito qtieda erigida en* metropolitana; 
Art. 2.^ Serán sus sufragáneos los Obispados de Cuenca, Panamá y MainaSv 
Art. 3.^ Inmediatamente se ocurrirá á Su Santidad solicitando la bula de- 
erección del nnevo Arzobispado de Quito. 



(1) Galatas/capítuLo ir>-12 y 19,. 



268 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

« 

El Ministro Secretario de Estado del despacho del Interior queda encar- 
gado de la eJQOUoión de este decreto. 

Uado en Bojacá, á 23 de Diciembre de 1828— 18°— Simón Bolívar. 

El Ministro Secretario del Interior, José M. Bestrepo. 

Al pie de este decreto se dice : 

" El Gobierno ha solicitado de Su Santidad la ratificación de la erec- 
ción del Arzobispado, resuelta en el decreto anterior en cumplimiento del 
artículo 6.® de la ley de patronato," 

Tampoco se trató de celebrar el concordato con la Santa Sede bajo el 
gobierno del Libertador, y siempre siguió el abuso de meter la mano en las 
cosas del orden eclesiástico sin la autorización competente. La erección de 
Obispados y de iglesias metropolitanas es negocio privativo del Sumo 
Pontífice, y el Libertador no pudo, sin faltar á los cánones, decretar la erec- 
ción de silla metropolitana en el Obispado de Quito sin solicitarlo del Papa. 
De manera que, conforme á la- ley de patronato, la cosa se hacía al revés — - 
ensillen mientras traen las bejtias, como dicen vulgarmente — erigir el Ar- 
zobispado y después ocurrir al Papa. El Libertadpr no entendía de cáno- 
nes ; pero parece que estaba dando algunos pasos para la celebración d^l 
concordato, según lo hemos visto en su correspondencia privada con el 
doctor Vergara, Secretario de Relaciones Exteriores. En el mes de Abril 
le decía desde Bucaramanga : " La carta de Su Santidad será bueno que 
ustedes la pongan allá y yo la firmaré acá, pues poco entiendo el lengua- 
je santísimo. Quizá no tendremos papel en qué hacerlo aquí *' i La 

pobreza libertadora ! En otra comunicación del mes de Mayo le repetía : 
" Yo insisto en que ustedes me manden de allá la carta para Su Santidad. 
No es lo mismo hablar de la religión en general, que dirigirse directamente 
al Papa ; yo no conozco el lenguaje en que debe hablársele." 

Otro de los decretos que dio el Libertador fue el de indulto. Decía : 

SIMÓN BOLÍVAR ETC. 

Deseando terminar con prontitud el proceso seguido contra los conspira- 
dores del 25 de Septiembre último, y tratar á los que se hallan prófugos con 
toda la benignidad compatible con la seguridad pública, usando de las faculta- 
des del poder supremo que ejerzo y conformándome con el dictamen del Consejo 
de Ministros, * 



CAPÍTULO NOVENTA Y NUEVR. 269 



DECRETO : 

Art. 1.® Cualesquiera reos que se hallen prófugos por estar comprometidos 
en la conspiración del 25 de Septiembre último, gozarán un indulto de su vida, 
aun cuando merezcan la pena capital ; pero quedarán sujetos á las providencias 
que el Gobierno estime convenientes para la seguridad pública. 

Art. 2.^ Para gozai de este indulto deberán presentarse á las autoridades lo- 
cales dentro de quince días perentorios después que se baja publicado debida- 
mente. 

El Ministro Secretario del despacho del Interior queda encargado de la 
ejecución de este decreto. 

Dado en Bogotá, á 12 de Noviembre de 1828. — Simón Bolívar. 

Por S. E. el Libertador Presidente. — El Secretario de Estado en el des- 
pacho del Interior, José M, Bestrepo* 

El Libertador se había retirado al campo después del 25 de Septiem- 
bre, pasando algunos días en el pueblo de Chía y luego en el de Bojacá, 
donde permaneció hasta su partida para el Sur. 



270 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 



CAPITULO C. 

Aobitnd hostil del Peni respecto de Bolivia y de Colombia ^Intrigas del Gobierno po« 
mano para sablevar las tropas colombianas en* Bolivia — ^Motfn de La Paz— Conducta 
doble de Gamarra — Motín en Chaquisaca— El gran Mafiscal de- Ayacncho es he- 
rido — Se sofoca la rebelión^Sacre, enfermo, encarga el mando fi TJrdininca — Este 
hace OQ convenio desventajoso con Gamarra — Se reúne el Congreso— Sucre presenta 
BU mensaje y su renuncia de la Presidencia— Deja el Perú y regresa & Colombia — 
Gamarra entra en- Chuquisaca concias tropas peruanas — Se reciben ei^ Bbgot& es- 
tas noticias — Proclama del Libertador — La que contesta La Mar, Presidente del Perd. 
El Libertador envía una comisión de jpsay. al Perd— No^ tiene efecto alguno— Los 
peruanos rompen las hostilidades — El General Flórez organiza el ejército colom- 
biano— Es nombrado General en Jefe de operaciones el Gran Mariscal de Ayacucho— 
Los liberales de Colombia en connivencia coo/ éh Gobierno peruano— Insurrección 
de Obando y López — ^El Libertador hace marchar- pura Popayán una división al 
mando del General Córdoba — Derrota Obando^ las fuerzas del Gobierno en la Lade- 
ra — Obando levanta ¿los pastusos— Entra Córdoba en Popayán — Correspondencia 
del Libertador con el doctor Yergara— Negocios* de Eoma — ^El Libertador marcha 
para el Sur— Llega á Popayán— Situación de los facciosos— Insensatas pretensio- 
nes de- La Mar — Situación de los ejércitos peruano y colombiano— Los peruanos 
toman á. Guayaquil — Proclamas insultantes de La Mar— Sucre psopone la paz á 
La Mar, mas nada se consigue— Son derrotados los peruanos en Tarqui — ^Tratado 
de Girón, 

AHORA debemos retrogradar un tanto para dar una ligera noticia 
sobre lo que pasaba entre el Gk)bierno del Perú y el de Boli- 
via hasta la salida del Gran Mariscal de Ayacucho del Perú para 
Colombia. 
El Gobierno peruano no abandonaba sus miras, tanto sobre Bolivia, 
pretendiendo su incorporación al Perú^ como sobre los departamentos me- 
ridionales de Colombia que quería usurpar hasta el JHianambúw 

Con tan infames intenciones había situado dos ejércitos, uno en Piura» 
llamado del Sur^ que amenazaba á Bolivia, y otro en Puno, que amenaza- 
ba á Colombia, Mamado del N^orte. Uabía despedido d^ Lima al agente de 
Colombia, de una manera ignominiosa, y no permitía que las tropas co- 
lombianas, que debían regresar de Bolivia, atravesaran^ por el territorio 
peruano, lo cual tenía por objeto privar á Colombia de esas fuerzas que 
debían defender los departamentos del Sur, que pretendía invadir. Tam- 
poco permitía que se sacara con h& tropas Gobmbianas aingún solda- 



I 

1 



CAPÍTULO CIENTO. 27*1 

do peruano, faltando así al tratado celebrado coa Colombia caando se 
estaban ahogando, y por el cual se comprometió aquel Gobierno á reem- 
plazar las bajas del ejército colombiano. Esto estaba en consonancia con 
la negativa impudente que sobre ese tratado hizo el Ministro Villa, 
cuando tuyo conferencias con él Secretario de Relaciones Exteriores de 
Colombia. 

El General Gamarra, que mandaba el ejército del Sur, urdía la trama 
para sublevar las tropas colombianas que estaban en La Paz, prodigando 
dádivas y dinero, como habían hecho con la tercera división en Lima. Lo- 
gróse el intento en él raes de Diciembre, seduciendo el batallón Voltígeros 
y parte de ^la caballería. Los facciosos proclamaban el Gobierno del Perü, 
contra el voto de la población, que mh'aba indignada aquel movimiento re- 
volucionario. Cuando se supo en Bogotá esta sublevación de las tropas de 
Colombia, promovida por el Gobierno peruano, fue cuando el Libertador, 
bajo el título de Fe Púnica^ publicó en la Gaceta la exposición de los mo- 
tivos de queja que el Gobierno tenía contra el del Perú. 

El motín de ¿La Paz fue disuelto sin que el Perú sacara ventaja, y por 
consiguiente siguió con las tramas para conseguir sus intentos más adelan 
te. Sucre, Presidente de .Solivia, había tenido conferencias con Gamarra, y 
parecía que, de allí para adelante, las buenas .relaciones entre el Perú y 
Boli via no se habrían de alterar ; pero se engañaba Sucre, que así lo pensar 
ba,{ado en -las palabras de aquel ^lombre falaz. 

En érmes de Abril traicionaron á Sucre en Chuquisaca, donde logra- 
ron corromper la tropa que tenía de guarnición, encabezándola dos sargen- 
tos peruanos. Sucre montó á caballo^ y acompañado de seis personas^ se 
presenta ala tropa que no le obedece: -se avanza sobre ella con espada en 
mano y le hacen una descarga, con que le rompen él brazo derecho. En 
este estado tuvoque retirarse ; pero los amotinados lo reducen á prisión 
con sus Ministros. Uno de éstos, don Facundo Infante, pudo mandar lla- 
mar la tropa que estaba en los lugares inmediatos; viene ésta, pone en de- 
rrota á los facciosos y restablece él orden. 

Gamarra, autor del motín, ál saber que Sucre estaba preso, liizod 
papel de escandalizado; declam'ó contra los amotinados y protestó irá prote- 
ger al benemérito gran Mariscal \ pero era que iba á aprovechar la coyun- 
tura para introducir en Boli via las tropas peruanas. Supo inmediata- 
mente que el golpe había sido vano ; y entonces, dejando á un lado el disi- 
mulo, varió de tono y dijo que iba á libertar al Alto Perú (yá no le daba 



272 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

el nombre de Bolivia), oprimido por el extranjero y sometido á un Gobier* 
no vitalicio é irresponsable. Con tal protesta hizo lo que deseaba: ocupar 
con las tropas peruanas el territorio de Bolivia, para quitarle jsu indepen- 
dencia. 

Sucre, imposibilitado por su herida para mandar en aquellas circuns- 
tancias, formó un Consejo de Gobierno, presidido por el Ministro de la 
Guerra, General Urdininca, á quien entregó el mando, confiriéndole facul- 
tades extraordinarias, de que usó tan mal, que dejó perder el país, porque 
después de mil desaciertos y fracasos tuvo que -entrar en negociaciones con 
el peruano, conviniendo en las condiciones que se le quisieron imponer, 
entre ellas, que los colombianos saliesen de Bolivia para Colombia por la 
ruta que les señalara Gamarra;quese convocara el Congreso Constituyente, 
que estaba en receso, para el primero de Agosto,' con el principal objeto de 

■ 

admitir la renuncia á Sucre, nombrar Gobierno provisorio y convocar una 
Asamblea que reformase la Constitución y eligiese Presidente. ¿ Y con qué 
derecho iban los peruanos con todas estas exigencias á una República in- 
dependiente y soberana ? 

Reunidos los Representantes el día señalado, no pudo instalarse por 
falla de uno. Entonces Sucre puso en manos del Presidente, en presencia 
de seis Representantes, tres pliegos cerrados; uno contenía su mensaje ; 
otfo la organización de un Gobierno provisorio, y el otro las propuestas 
para Vicepresidente. Inmediatamente después se puso en camino para Co- 
lombia, y Gamarra entró en Chuquisaca con sus tropas. Los resto's del ejér- 
cito colombiano dejaron el territorio perjuano casi al mismo tiempo que 
Sucre. Este arribó á Guayaquil el 19 de Septiembre é inmediatamente si- 
guió para Quito. • 

El mensaje que este grande hombre dejó al Congreso de Bolivia, ter- 
minaba con estas palabras: " De resto, señores, es suficiente remuneración 
de mis servicios regresar á la tierra patria después de seis años de ausen- 
cia, sirviendo con gloria á los amigos de Colombia; y aunque por resultado 
de instigaciones extrañas llevo roto este brazo que en Ayacucho terminó 
la guerra de independencia americana, que destrozó las cadenas del Perú 
y dio ser á Bolivia, me conformo cuando, en medio de difíciles circunstan- 
cias, tengo mi conciencia libre de todo crimen. Al pasar el Desaguadero 
encontré una porción de hombres divididos entre asesinos y víctimas, en- 
tre esclavos y tiranos, devorados por los enconos y sedientos de venganza. 
Concillé los ánimos: he formado un pueblo que tiene leyes propias, que va 



CAPÍTULO CIENTO. 2*]^ 

cambiando su educación y sus hábitos coloniales, que está reconocido de 
sus vecinos, que está exento de deudas exteriores, que sólo tiene una inte^ ' 
rior pequeña y en su propio provecho, y que dirigido por un Gobierno pru- 
dente, será feliz." 

Recibidas en Bogotá las noticias de la invasión de los peruanos en Bo- 
livia^ el Libertador conoció claramente lo que se le preparaba á Colombia 
y expidió un manifiesto justificativo de los motivos que había para hacer 
la guerra al Perú, empezando desde la sublevación de la tercera división 
hasta el presente. Dio también una proclama, en términos muy fuertes, con- 
tra la conducta del Gobierno peruano; á la que contestó el Presidente La 
*Mar con otra en que, olvidando la dignidad de su puesto, llenaba de insul- 
tos al Libertador, á quien, negándole los títulos que le había dado el Con- 
greso de Colombia, llamaba Bolívar ^ con los epítetos de pérfido tirano y 
usurpador. 

El Consejo de Estado, aunque creía justa la guerra, opinó que se ten- 
tasen los medios pacíficos para exigir la satisfacción debida, no obstante 
haber mandado ya el Gobierno peruano su escuadra con el fin de bloquear 
los puertos del Pacífico. El Libertador, que con los qtie odiaban la paz era 
siempre pacífico, prefería los avenimientos á la guerra, aun con desventaja, 
convino en ello y envió al Coronel O'Leary con la misión cerca del Go- 
bierno peruano, para que propusiera una suspensión de hostilidades como 
preliminar de todo negociado. Cuando llegó O^Leary á Guayaquil, los pe- 
ruanos habían empezado la guerra con su marina contra la de Colombia. 
0*Leary dirigió su credencial desde Guayaquil al Gobierno peruano, pi- 
diendo salvo conducto para seguir á Lima; pero no se le envió, sino que se 
le exigió dijese cuáles eran las bases sobre que entablaría la negociación. 
O'Leary escribió también una carca particular á La Mar, de que no 
tuvo contestación. El tratamiento que le dio el Gobierno del Perú fue dfc 
** comisionado del General Bolívar," desconociéndolo como Jefe de Colom- 
bia. Esto no era más que la repulsa de todo avenimiento. No tuvo, por 
consiguiente, efecto alguno la negociación. La Mar declaró bloqueados los 
puertos colombianos del Pacífico y se dirigió con dinero y otros recursos 
para el ejército del Norte, que venía á mandar contra Colombia; ese ejército 
ascendía á más de cuatro mil hombres. El ejército colombiano del Sur 
era casi igual en número, aunque muy superior en gente y disciplina, 
porque era compuesto de los cuerpos que habían libertado al Perú. 

El Libertador encargó luego al Gran Mariscal de Ayacucho el mando 



JSr¡4 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

del ejército y de }os Departamentos meridionales^ en dase de Jefe supremo, 
«con amplias facultades. Flórez fue nombrado segundo de Sucre en el 
'mando del ejército. Este lo mandaba antes de venir Sucre y lo había, orga- 
nizado y disciplinado perfectamente. 

•El 22 de Noviembre la plaza de Guayaquil fue atacada por el Almn 

•rante Guise, del Perú. Jío había la tropa suficiente para ^resistirle; sin 

embargo, á fuerza de valor, no solamente se le rechazó, sino que se le dañé 

la fragata Presidente^ á cuyo bordo estaba, y él mismo fue muerto por una 

bala de cañón. 

Cuando se hallaba en este estado la guerra del Perú contra Colombia^ 
los enemigos del Libertador levantaron batidera en ésta para auxiliar -al # 
enemigo extranjero*t:ontra su patria por odio á aquél. Los Coroneles Oban- 
dp y López, que estaban de acuerdo con los liberales de Bogotá y con los 
peruanos, -se levantaron el día 12 de Octubre contra el Gobierno, bajóla 
insignia de la Constitución de Cúcuta y sostenimiento de las leyes, para 
quitar al .Libertador el mando que unánimemente le habían conferido los 
pueblos. El proyecto de esta revolución salió de los convencionistas de 
Ocaña, que dispusieron el levantamiento de guerrillas por el Sur, y otro 
de los Castillos por el Norte. El Ministro Villa, al retirarse de Colombia 
después de las conferencias con Revenga, había estado con Obando en 
Cali, y probablemente tratarían de este negocio desde entonces, puesto que 
los liberales de Bogotá, que dirigían á Obando, estaban en comunicación con 
el Ministro peruano, como consta de la carta del doctor Azuero que se 
halló entre los papeles de Arganil el día.^ó de Septiembre (véase el nú- 
mero lo); y tan estaban de acuerdo con el Gobierno del Perú para hacer á 
su tiempo<este levantamiento, que la prensa peruana anunció en Lima el 
II de Octubre la revolución de Popayán, un día antes de estallar; y Oban- 
do, en su primera proclama desde Timbío, dijo: " La poderosa Perú marcha* 
triunfante sobre ese ejército de miserables.^' 

Estos miserables eran los del ejército colombiano que había destruido 
las fuerzas de Morillo, que había libertado al Perú y á cuya cabeza estaban 
los Generales Sucre y Flórez. 

La insurrección de Obando era perjudicialísima y peligrosa en aque- 
llas circunstancias, porque tenía cortada la comunicación entre elGobier- 
no y los departamentos del Sur, á tiempo que estaban atacados por los pe- 
ruanos. Era, pues, indispensable quitar de cualquier modo aquel estorbo, 
y esos enemigos interiores auxiliares del extranjero. Con este objeto el Li- 



^^ 



> 



CAPÍTULO CIENTO. 2 ? S 

' bertador dispuso y envió para Popayán una división de mil quinientos ve- 
teranos, al mando del General Córdoba. 

La revolución de Oband9 tenía su base en Timbío; y en Popayán se 
hallaba de Intendente y Comandante general el Coronel Tomás C. de Mos- 
quera, con una fuerza como de setecientos hombres, con las milicias que 
del Cauca le había llevado el Coronel Pedro Murgueitio; Ob^ndo se 
aproximó á Popayán con cerca de quinientos hombres de montoneras y se 
situó en la Ladera. Mosquera ordenó saliese Murgueitio á atacarlo el 19 
de Noviembre por la mañana, quedando él á retaguardia con una reserva. 
Empeñado el combate, los de Obando fingen que huyen y doblan «la cuchi- 
lla de la loma; los persigue la caballería de Murgueitio, que se precipita 
en la persecución y caen en la celada al otro lado de la loma, dond^ estaba 
el grueso de la gente de Obando, que ataca á la caballería en una posición 
déla cual no podía retroceder para unirse con la infantería, que había que- 
dado atrás, la que en seguida fue derrotada completamente, de modo que 
cuando Mosquera quiso ir en su auxilio, yá no hubo medio de restablecer el 
combate. Murieron los Comandantes Sirakoski, polaco, y Cedefio, venezola- 
no; el primero fue lanceado por el peor guerrillero timbiano, Juan Grego- 
rio Zarria. Murgueitio apenas pudo escapar abriéndose campo con pocos 
hombres per entre el enemigo. Retiróse con Mosquera á la ciudad que pen- 
saban defender, lo que no fue posible y tuvieron que abandonarla en la 
noche del 13, dejando recomendado al Jefe dé Estado Mayor, Lino de 
Pombo, que capitulase con Obanda 

♦Mosquera y Murgueitio marcharon haíia La Plata, por el camino de 
Guanacas, con cincuenta y cinco soldados, á quienes persiguió Obando con 
más de ocihenta, y alcanzados en el Tambo de Gabriel López, fueron ataca- 
dos y dispersos, muriendo allí el Capitán Salgar; Mosquera y Murgueitio 
pudieron escapar, por ir bien montados; mas luego tuvieron que dejar los 
caballo^ para extraviar cansino á pie y poder escapar de una partida de ca- 
ballería que hizo seguir Obando á cogerlos. 

Hechos dueños de Popayán Obando y López, cogieron mil setecientos 
fusiles y muchos elementos de guerra. Los liberales se alborotaron y en el 
momento hicieron actas para sostener la Constitución de Cúcuta y las 
leyes, y el Contador departamental, Manuel Castrillón, se hizo Intendente. 
Establecidos así en Popayán, trataron de extender la insurrección al Cau- 
ca, lo que no pudieron conseguir porque los cancanos, en vista de la cons- 
piración del 25 de Septiembre, se habían desengañado acerca de los princi- 

18 



t 
276 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

pios liberales de los que proclamaban Constitución. Tampoco pudieron' 
adelantar nada con el envío de tropa sobre Neiva, siendo derrotada una 
parte de ella por el Coronel Murgueitio, teniendo que replegarse la otra. 

Entonces Obando se dirigió á Pasto, donde logró reunir muchos in- 
dios, ofreciéndoles que al triunfar del Gobierno de Bolívar juraban á Fer- 
nando VII (i). Estos, unidos con los timbianos que seguían á Obando, 
componían una fuerza temible para hacer la guerra en aquellas localidades; 
pero carecían de pertrechos. 

Llegada la división de Córdoba á La Plata, marchó para Popayán y 
ocupó esta ciudad el día 27 de Diciembre sin oposición, por haberla aban- 
donado López, quien se retiró á Patía. El Libertador, que permanecía en 
Bojacá, aguardaba que sus tropas adelantasen sus marchas hacia Popayán, 
para seguirlas él. Entre tanto arregló el modo de ejercer el Gobierno el 
Consejo de Ministros durante su ausencia, y dejó al Secretario de Relacio- 
nes Exteriores algunas instrucciones sobre varios negocios que le había 
consultado, siendo el principal sobre los pasos que habían estado dando 
cercadel gabinete de Madrid los Gobiernos de la Gran «Bretaña, los Esta- 
dos Unidos y la Francia, para obtener el reconocimiento de la Independen- 
cia de los Estados hispano-americanos. Se habían hecho ciertas propuestas 
al Rey de España, hasta la de ofrecer alguna compensación en dinero, y 
sobre lo cual el señor Madrid, Ministro de Colombia en Londres, había pe- 
dido instrucciones al Secretario de Relaciones Exteriores, doctor Estanislao 
Vergara. Este escribió al Libertador una carta confidencial sobre el nego- 
cio, y á la cual le contestó desde Bojacá, con fecha 14 de Diciembre di- 
ciéndole: 

Yá que uste<^ me pide mi opinión particular para con arreglo á ella dar 
instrucoiones al señor Madrid^ diré á rxB^á que siendo una materia ardua, 
espinosa y aventurada, yo creo que una anticipada resolución podría comprome- 
ter al Gobierno de Colombia. Ella debe ser obra de las circunstancias. Una 
conducta circunspecta y aun pasiva es preferible al presente. Un Gobierno cuya 
posición es precaria y vacilante, no puede tener miras extensas. Mañana ú otro 
día sucederá otra administración á la presente, y ella ó el Congreso resolverán 
lo conveniente sobre los compromisos en que pueda empeñarse Colombia. Por 
ahora debe aguardarse que de Europa se hagan las proposiciones que estimen 



(1) El señor Restrepo pone esta especie como dudosa; pero el General Poeada asegu- 
ra que fue cierto, como que á 61 mÍHmo se lo refirieron en Pasto. 



CAPÍTULO CI]?NTO. 277 

convenientes. Conforme á las condiciones que propongan, serán 6 no aceptables; 
porque además de todo, usted debe estar seguro de que nosotros no tenemos 
representación algnna en el día, por causa de la guerra con Ips peruanos y de^ 
dos 6 tres motines militares que nos afligen por todas partes. Los extranjeros 
ven mejor que nadie las tendencias de las cosas. Yá los Castillos han tomado el 
partido de Santander; Obando lo tiene, y en Venezuela no faltan guerrillas por 
el Hey, que nos molestan continuamente en el corazón de Caracas. Necesitamos 
un grande ejército para triunfar de todos, y entonces podremos decir sí ó nó, 
siempre seguros de que nuestra voz se cuenta por muy poco. 

Con fecha i6 escribía al mismo, y después de hablar sobre negocios 
diplomáticos, decía: 

Yá sabrá usted qne los diferentes correos no han traído nada de grande in- 
terés. Con todo, la guerra de oposición que han intentado en el Cauca Obando 
y López y en Matnrín los Castillos, exige encaminar la opinión con justicia y 
veracidad. No se oye otra cosa sino que soy un tirano de mi patria y que sólo 
aspiro á edificar un trono imperial sobre los escombros de la libertad de Colom- 
bia. Aunque mis amigos (que lo son todos los hombres de juicio) se ríen de 
estas calumnias, ellas cunden en el pueblo inocente é incauto; mendran á la 
sombra del partido sordo de los convencíonistas, y cuando menos pensemos apa- 
recerán estas imposturas revefetidals de un carácter colosal y se harán dueños 
de la opinión pública. Los papeles ingleses y los de los Estados Unidos, y quién 
sabe qué otros, hablan en el mismo sentido de monarquía. Es, pues, de primera 
importancia refutar estas opiniones falsas, totalmente falsas; desmentir á los 
impostores con la crítica precisa y enérgica que merecen; desengañar á la na- 
ción entera, y prometerle que en el año próximo verán reunida la representa- 
ción nacional con una plenitad de libertad y garantías de que no gozó jamás* 
Haga usted que se publiquen algunos artículos en la Gaceta y otros papales, 
con el indicado objeto, y* que' sean exactos con candor, pero con el fuego de la 
indignación que excitan la calumnia y la demagogia. 

Se repite de usted afectísimo amigo de corazón.- — Bolívar. 

Pocos días antes de ponerse el Libertador en camino para el Sur, había 
recibido comunicaciones del señor Tejada, Ministro del Gobierno de Co- 
lombia cerca de la Santa Sede, en las cuales le participaba la oferta que 
el Señor León XII le había hecho sobre la preconización del señor Lasso 
para Obispo de Quito, y del señor Talayera para éi de Guayana. 



2!¡S HISTORIA DC NUEVA GRANADA 

El día 28 de Diciembre partió el Libertador de Bojacá para La Mesa, 
después de dejar encargado al Consejo de Estado el despacho de los ne- 
gocios comunes .dp Gobierno, reservándose los extraordinarios, y para au- 
torizarlos llevó por Secretario general al Coronel José Domingo Espinar. 
£1 s de Enero de 1829 estuvo en Neiva, donde fue recibido con las mayo- 
res muestras de -entusiasmo popular. El 17 escribía desde La Plata al doc- 
tor Vergara: 

" He recibido muy buenas noticias de Guayaquil y del ejército del 
Sur. Si hasta el día no hubiere sido derrotado Obando, es probable que lo 
sea muy pronto, porque ha venido sobre Pasto el batallón Pichincha Jr un 
escuadrón; y el General Flórez venia, en persona, á dirigir las operaciones 
militares por aquella parte. El rechazo que ha sufrido la escuadra peruana 
-no le permitirá rehacerse tan pronto, y nos dará tiempo para exterminar * 
los facciosos de Patía y volar á reforzar el ejército del Sur. Sigo mañana 
mismo para Popayán." 

Hallóse el Libertador en esta vez en la misma situación que en 1822; 
él en Popayán con sus tropas; Sucre con la suya en el Ecuador, y los ene- ' n 

migos interpuestos entre los dos, ocupando los valles de Patía y Pasto. 
Estaba, pues, interrumpida la comunicación, y las noticias que había reci- 
bido de Guayaquil eran traídas por la Buenaventura por el Coronel De- 
marquet. No podía saber en Popayán el estado de las cosas entre Sucre y 
los peruanos, ni Sucre podía saber del Libertador. Era idéntica la situa- 
ción á la de 1822, con la diferencia de que entonces tenían de por medio 
un ejército en regla de veteranos españoles y pastusos, con jefes y oficia- 
les excelentes y con todos los elementos de guerra necesarios para sostener 
tina campaña en forma ; y ahora no había sino montoneras de pastusos y 
patianos guerrilleros, escasos de municiones y sin oficiales de pericia para 
sostenerse -contra 'Una fuerza veterana como la que les iba encima, manda- 
da por el Libertador, por Córdoba y con excelente!? oficiales. Careciendo 
Obando de recursos, de dinero y municiones, hizo mil diligencias por co- 
municarse con La Mar á fin de prestarse mutuos auxilios, porque los libe- 
rales de aqiiella época estaban en disposición no sólo de hacerse mahome- 
tanos por arruinar al Libertador de Colombia y del Perú, sino de entregar 
•la República á Morillo, porque preferían á éste sobre aquél. ¿ Y La Mar no 
era también colombiano natural de Cuenca ? [ Oh, envidia I Pero Obando 
no pudo lograr que llegasen sus cartas á manos de éste, ni recibir las suyas, 
que andaba- en las mismaié diligencias de acordarse con los guerrilleros de 



* CAPÍTULO CIENTO. 279 

Patía, porque los pueblos fieles al- Gobierno' ka interceptaban tascar- 
tas, y por eHas se supo qu« los guerrilleros *y los peruanos estaban de 
«acuerdo. « 

Permanecía en Guayaquil el General 0*Leary y no perdía ocasión de 
excitar á la paz entre Colombia y el Perú ; pero La Mar se había persuadido 
de que en esta vez iba á hacerse célebre y á ganar la fama del primer Gene.-: 
ral y hombre político de la América logrando arruinar al Libertador, ob- 
jeto de toda la envidia de aquel miserable, desagradecido á tantas distin- 
ciones como debía á aquel hombre, cuya grandeza no podía soportar. Por 
tan vil pasión, este indigno colombiano quería segregar de Colombia Ios- 
departamentos del Sur para hacerse él mismo peruano, siendo natural de 
Cuenca. A éste lo impulsaba el partido anticolOmbiano que existía en el 
Perú, porque es preciso- decir que no todos los peruanos incurrieron en la 
vileza de convertirse en enemigos de los que fueron á. libertarlos, sino nn 
partido de ambiciosos y traidores de su misma patria,, á quienes el Liber- 
tador no había halagado y se convirtieron en enemigos personales- que le 
juraron la guerra aijnados con los liberales de Colombia y encabezados por 
La Mar. 

Este recibió el refuerzo de la división de Gamarra que le llegó de So- 
livia, y^el ejército peruano ascendió á ocho mil hombres, perfectamente; 
armados y equipados. El colombiano del Sur, que debía oponérsele, ncr. 
constaba sino de seis mil hombres con guarniciones y hospitales, bravos 
veteranos acostumbrados á vencer, pero careciendo de mil recursos por la 
penuria en que estaba el país. El G^eneral Flórez había deseado atacar á 
La Mar antes dq gue le llegara el refuerzo de Gamarra, pero el Liberta- 
dor nuaca quiso que Colombia tomara la' ofensiva. Como Flórez deseaba 
tanto escarmentar al fanfarrón de La Mar, lo provocó de un modo indi-^ 
recto á que avanzara sobre el territorio colombiano, haciéndole creer por 
medio de emisarios, fingidos partidarios del Perú, que el ejército colom- 
biano estaba en un lamentable estado d^e desmoralización.. Esto determi- 
nóla La Mar, y á fines de Noiriembre se movi6 en dirección á Lo ja. Los 
cuerpos colombianos de observación 'recibieron órdenes de Flórez para 
irse replegando á Cuenca, y ordenó que siguieran á ese mismo punto al- 
gunos cuerpos. Dirigióse también á Cuenca el General Sucre, que man- 
daba en Jefe. • 

Con motivo del envío de tropas á Cuenca quedó Guayaquil con muy 
poca gente de guarnición. La escuadra peruana tenía bloq^ueada la rki de 



28o HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

aquella olaza; por consiguiente carecía de todos recursos ; unos cuantos 
pueblos de lá ribera se habíah sublevado contra el Gobierno de Colombia 
por instigaciones del traidor Bustamante y «is compañeros, que aun no 
dejaban de dar dios de consuelo d la patria. El General Illingrot, que se 
hallaba de Prefecto, no podía sostener aquella situación, de la cual se apro- 
vechó el Comandante de la escuadra peruana, don José Boterin, para inti- 
mar rendición á la plaza con amenazas temibles que muy bien podía poner 
en ejecución. Sin embargo, el Prefecto contestó que no entregaba la plaza. 
Entonces se le propuso capitulación. Entraron en conferencias, porque 
hacer defensa era imposible ; llegando á ponerse las cosas en términos tan 
desfavorables para el Gobierno, que el día 19 de Enero tuvo Illingrot que 
firmar un convenio por el cual se estipulaba que si dentro de diez días \io 
se daba una acción entre los dos ejércitos, se haría la entrega de la plaza 
de Guayaquil, con algunas otras estipulaciones. Como los diez días se 
corrieron sin que hubiera habido acción, el Prefecto tuvo que entregar la 
plaza á los peruanos. 

El ejército de La Mar avanzaba. En Gonsanamá publicó dos procla- 
mas, una dirigida á los pueblos del Ecuador y otra al ejército colombiano. 
La primera no contenía más que insultos desvergonzados contra el Liber- 
tador, en un lenguaje indigno de un hombre de educación, y tan inmoral, 
que hacía el elogio de los que intentaron asesinar al Libertador el 25 de 
Septiembre. La otra se reducía á decir que los peruanos no se dirigían 
sino contra algunos jefes prostituidos y contra la tiranía de Bolívar, y 
excitaba á los soldados á que se desertaran y se pasaran á sus filas, cosas 
Jtodas indignas de un jefe de honor. Estas proclamas y el, pinero que pro- 
digaba en los pueblos hicieron mucho daño, pues en Loja se adhirieron 
todos, desde el Gobernador, al partido peruano, en términos que los jefes 
colombianos no podían conseguir un espía para saber el estado del 
enemigo. 

El, 29 de Enero se movió el ejército colombiano en busca del enemi- 
go, cuyas tropas ocupaban desde Navón haáta Loja. Al acercárseles los 
colombianos, se retiraron precipitadamente sobre Saraguro, donde se halla- 
ba situado el grueso del ejército en una posición inaccesible. El ejército 
colombiano se situó en Pagichapa, á legua y media de Saraguro. 

• El General Sucre, de acuerdo con las instrucciones generales del Li- 
bertador, sobre no perder ocasión de transar las diferencias con el Perú por 
medios pacíficos, escribió desde Cuenca á La Mar invitándolo á algún 



CAPÍTULO CIENTO. 28 1 

avenimiento, antes de derramar la sangre de dos pueblos hermanos. Aun- 
que La Mar contestó con cierto tono desdeñoso, la correspondencia siguió 
hasta proponerse ciertas bases por Sucre. La Mar, que no podía formarse 
ideas generosas de parte de los colombianos, porque él no >era capaz de 
ellas, contestó que esas bases '* más bien parecían condiciones durísimas 
puestas en el campo del triunfo á un pueblo vencido, que proposiciones 
hechas á un ejército que había conseguido ventajas considerables y que 
tenía todas las probabilidades de la victoria.'' Esto decía porque antes ha- 
bían logrado sorprender y dispersar una partida que había quedado en 
destacamento. 

Como las proposiciones de La Mar tampoco eran admisibles, se con- 
vino en nombrar comisionados que entraran en arreglos. Por parte de Su- 
cre fueron nombrados el General Flórez y el Coronel 0*Leary, y por pane 
de La Mar el General Orbegozo y el Teniente-Coronel Villa. Se reunieron 
en los puentes de Saraguro y Pagichapa en los días ii y 12 de Febrero; 
mas no pudiéndose convenir en nada, declararon disueltas las conferencias. 
La Mar no había procedido de buena fe, porque se supo que al mismo 
tiempo que despachaba la comisión, despachó también una orden para que 
sus tropas hicieran un movimiento por el flanco derecho de los colombia- 
nos á fin de ocupar á Cuenca y amenazarlos por retaguardia; y al efecto se 
presentó una columna de trescientos hombres delante de Cuenca. Allí no 
tenía el Prefecto del Departamento, Coronel Vicente González, más solda- 
dos que los de los hospitales. Con los que pudo hizo resistencia hasta com- 
prometer al enemigo á capitular para entregar la plaza y salvar el lugar de 
un saqueo. 

El General Sucre previno al General Flórez que mandase dar un ata- 
que de sorpresa sobre Saraguro, porque pensaba que sin duda todo el ^ejér- 
cito peruano seguiría la marcha de la columna de vanguardia. Flórez 
comunicó órdenes al General Luis Urdaneta para que verificara la opera- 
ción con la compañía de granaderos del Cauca y cuarta de Caracas. La 
avanzada, compuesta de veinte hombres, se presentó por la noche en el 
puente de Saraguro. Los peruanos que estaban alU huyeron en desorden, 
sin haber intentado resistencia, y entrados precipitadamente en el pueblo, 
introdujeron el espanto y el desorden en la tercera división, q^iQ se hallaba 
formada en la plaza, que distaba media legua del puente. El Jefe de la divi- 
sión, General Jiménez, huye con sus soldados en dispersión, y huye también 
el arrogante gran Mariscal, Presidente del Perú, don José de La Mar.,., que 



282 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

se escapó de quedar allí prisionero, derrotado por veinte soldados Colombia* 
no9; pero la oscuridad de la noche lo salvó, porque no se pudo seguir la per- 
secución; pero perdieron los peruanos sus almacenes, sus equipajes,, arma- 
mento, municiones, caballos y sesenta prisioneros. Al día siguiente^ el Coro- 
nel Luque con el batallón RifleSi y el Comandante Camacaro con una partida 
del escuadrón Cedeño, continuaron la persecución de los fugitivos y cogieron 
bastantes prisioneros, doscientas muías, equipajes, y destruyeron: ochenta 
cargas de municiones y dos piezas de artillería. 

En once días corridos desde el 13 el 24 de Febrero, el General Sucre 
ejecutó hábiles movimientos con el ejército, y La Mar,' por su parte, tam- 
bién hacía los suyos. El 24 ocupó á Gir<iri el General Plaza para pasar por 
allí el ejército peruano á ocupar el Pórtete de Tarqui. Resolvió Sucre ata- 
car á Plaza y marchó con tres mil hombres el 26, pero un temporal no se 
lo permitió y tuvo que situarse por la noche en Tarqui. Mientras tanto se 
le avisó que Plaza había ocupado el Pórtete y que en aquella misma tarde 
llegaba todo el ejército peruano á Girón. Entonces resolvió dar aHí una 
batalla general,, y dictó todas sus disposiciones. El ataque debía empezar 
por una sorpresa dada con ciento cincuenta hombres escogidos, apoyados 
por el escuadrón Cedeño. El resto del ejército continuó en marcha á las 
doce de la noche, y antes de las cinco de la mañana hizo alto la primera 
división, compuesta de los batallones Rifles, Yaguachí y Caracas, á fin de 
esperar la segunda y la caballería que estaban atrasadas. El General Plaza 
ocupaba una fuerte posición en la colina del Pórtete, defendida al frente 
por una profunda quebrada; á su derecha tenía unas brexías escarpadas y 
á su izquierda un bosque. 

Al amanecer el día 27 se rompió el fuego de fusilería con el escuadróo* 
Cedeño, habiéndose extraviada el Capitán Piedrahíta. El batallón Rifles 
atacó al enemigo por su derecha, uniéndosele luego el destacamento de Pie- 
drahíta y los cazadores de Yaguachí. Al rtiisrao tiempo, el Comandante 
general Flórez, con el resto de este batallón y el de Caracas, penetró por 
el .bosque de la izquierda del enemigo. La división Plaza cede al ataque 
combinado; yá estaba en derrota, cuando aparece sobre la colina del Porte- 
te una gruesa columna de Cazadores,, mandada por el General La Mar, que 
restablece per un momento el combate;. al mismo tiempo subieron la coli- 
na dos batallones de la división Oamárra, con este General á la cabeza. La 
batalla se hizo general entre mil quinientos colombianos de infantería y el 
pequeño escuadcóa Cedeñxxy cinco mil hombres de la infantería peruana^ 



CAPÍTULO CIENTO. 283 

que^ á pesar de una fuerte resistencia, tuvieron que plegar al ataque simul- 
táneo de los bravos batallones Caracas, Ya guachi, Rifles y Cedeño, refor- 
zados con una compañía de Cazadores del Cauca. Por todas partes ceden 
los peruanos y huyen en completa derrota, con sus grandes Mariscales y 
Genet-ales La Mar y Gamarra. Los Comandantes Alzuro^ Guevara y Braun 
siguieron la persecución. Cuando á las siete de la mañana llegó la segunda 
división, yá estaba todo concluido. 

Perdieron en este combate los peruanos más de dos mil quinientos 
hombres entre mnertos^ heridos, prisioneros y dispersos, inclusos sesenta 
Jefes y Oficiales, contándose entre los primeros el General Plaza. Se les 
tomaron muchos fusiles^ bandera* y cajas de guerra y otros despojos. El 
ejército colombiano tuvo de pérdida ciento cincuenta y cuatro muertos, 
entre ellos tres Jefes y seis Ofitíales; y heridos doscientos seis. Al General 
Flórez, que mandó esta acción, le mataron el caballo, y él se distinguió tanto 
por su inteligencia y valor, que sobre el campo le ascendió el General Su- 
cre á General de división, usando de las facultades extraordinarias que, 
como á Jefe supremo^ le había conferido el Libertador; y al Coronel O'Lea- 
ry á General de brigada. 

El generosa y caballero Sucre y en íugar de cargar con todo el ejército 
sobre los derrotados peruanos hasta aprehenderlos á todos y humillar al 
petulante La Mar^ lo que hizo fue ofrecerle una capitulación honrosa^como 
si hubiera quedado en estado de resistir á todo el ejército colombiano des- 
pués de destruido el suyo. La Mar no contestó ahora con la soberbia que 
antes, sino que, cuáles serían las condiciones y quiénes los comisionados 
para capitular. Los coniisionados fueron los mismos que anteriormente, y 
las condiciones las mismas; porque, ni cuando se le presentaron á La Mar 
la primera vez había sido por efecto de miedo^ ni ahora se trataba de abu- 
sar de la victoria. Estas eran unas buenas lecciones que se daban' á aquel 
hombre vano y presuntuoso. Los comisionados por parte de éste tuvieron 
todavía la sandez de pedir que Colombia les dejase á Guayaquil. Al punto 
que Sucre supo esto, intimó á La Mar que si no se aceptaban las condicio- 
nes tales como las había propuesto desde el día lo y las repetía ahora, al 
amanecer del 28 no concedería transacción alguna sin que á las bases pro- 
puestas se agregara la entrega del resto de sus armas y banderas y el pago 
efectivo de todos los gastos de la guerra. 

La Mar reunió por la noche una Junta de guerra,, la; cual opinó uná- 
nimemente que ''fuera cual fuese el partido qioe se adoptara,, bien de 

\ 



284 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

combatir segunda vez, ó de emprender una retirada hacia las fronteras del 
Perú, el ejército se perdería infaliblemente; por tanto, que no había otro 
remedio que capitular.*' Al amanecer del 28 yá estaba un Ayudante de La 
Mar en el campo de Sucre con un mensaje en que pedía que se suspendiesen 
las hostilidades. La Mar decía al General Sucre, que en prueba de la since- 
ridad de los deseos que tenía de terminar las diferencias existentes entre el 
Perú y Colombia, excogiese los dos Jefes del ejército peruano que debían 
pasar al campo á verificar el tratado de paz, yá que le eran tan conocidos 
todos ellos. ¡ Oh, qué generosidad I Sucre contestó que todos eran iguales 
para él, no obstante haber manifestado en Pajichapa sus deseos de que fue- 
ra uno de ellos el gran Mariscal Gamarra, 

En el ríiisrao día 28 de Febrero se reunió la Comisión de paz, concu- 
rriendo á ella, por parte de Colombia, los Generales Fiórez y 0*Leary, y 
por parte del Perú los Generales Gamarra y Orbegozo. Estos hicieron va- 
ler en favor de la paz la generosidad colombiana y los sagrados vínculos de 
fraternidad que debían unir los intereses de ambas Repúblicas, cosa de que 
no se acordaron en la otra conferencia, cuando pensaban que podían triun- 
far por la fuerza. El convenio se firmó en Girón el mismo día, y el i.** de 
Marzo quedó ratificado. 

Las estipulaciones de este convenio fueron: que las fuerzas militares 
del Norte del Perú y del Sur de Colombia se redujesen á tres mil hombres 
en cada país; que se arreglarían los límites de ambos Estados por una Co- 
misión, á la que serviría de base y punto de partida la división política de 
los Virreinatos de Nueva Granada y el Perú en Agosto de 1809; que la 
misma Comisión liquidaría la deuda del Perú á Colombia, la que se paga- 
ría dentro de diez y ocho meses, ó en el término que se conviniera; que se 
..concederían los reemplazos que debían, por las bajas que sufrió el ejército 
colombiano en el Perú, y que se daría una satisfacción por haber despedido 
de Lima al Agente del Gobierno de Colombia. Se declaró que ninguna de 
las dos partes contratantes tenía derecho de intervenir en los negocios do- 
mésticos de la otra. Este punto y varios otros deberían arreglarse definiti- 
vamente en un tratado de paz que debería celebrarse en Guayaquil en el 
raes de Mayo. Además se comprometió la Comisión, á nombre del Gobier- 
no peruano, á devolver la fragata Pichincha, que por traición de unos ex- 
tranjeros había sido entregada á los peruanos, quienes se habían quedado 
con ella desde antes de romperse las hostilidades; se comprometió el 
Jefe peruano á pagar, dentro de un año, ciento cincuenta mil pesos para 



CAPÍTULO CIENTO.* 



285 



satisfacer las deudas contraídas por la escuadra y el ejército del Perú en 
los Departamentos de. Guayaquil y Azuay; á desocupar el territorio colom- 
biano dentro de veinte días, devolviendo en el mismo término la ciudad 
de Guayaquil, con su marina y demás efectos que los peruanos recibieron 
en depósito, levantándose también el bloqueo de los puertos colombianos 
'del Pacífico. Por último, se declaraban las seguridades y garantías que ten- 
drían los colombianos en el Perú y los peruanos en Colombia; que se soli- 
citaría de los respectivos Gobiernos un Decreto de amnistía para todos los 
comprometidos en la presente guerra; y que en este tratado preliminar 
quedaría iniciada una alianza defensiva entre las dos Repúblicas para repe- 
ler toda agresión extranjera 'que se intentara contra la independencia na- 
cional. El ejército peruano que invadió á Colombia, fuerte de ocho mil 
cuatrocientos hombres, reducido á dos mil quinientos, tuvo que retirarse 
cubierto de humillación, por la ruta de Leja que se le trazó por él General 
colombiano. * 

A eso expusieron á la nación peruana los viles enemigos personales 
del Libertador, émulos de su mérito, llenos de envidia, que no viendo más 
^ue el interés propio, no podían sufrir la superioridad de aquel que celaba 
por I0& intereses públicos. Ese partido peruana^ enemigo de Bolívar, estaba 
identificado con el colombiano llamado liberal y procedían enteramente de 
acuerdo al mismo fin. Esto se probó de una manera evidente, é hizo ver 
que en esos partidos no había patriotismo sino pasiones. 



286 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 



CAPITULO CI. 

El Libertador escribe al Secretario de Relaciones Exteriores sebre el estado del Sur, « 
con relación & la subleyación de Obaaáo— Correspondelicia con el señor Madrid- 
Estado de escasez en que se hallaba el Libertador — Comisión eclesiástica para pre- 
dicar la paz— Sus buenos resultados^Córdoba sale de Popayán para Pasto — Capitu- 
lación de Otendo— El Libertador la imprueba — Expüde un decreto de olvido- 
Exenciones acordadas al cantón de Pasto— Se someten los pastnsos al €k>biemo— El 
Libertador en Pasto— Recibe la noticia de la victoria de Tarqui — ^No cumple La 
Mar el tratado de Girón — Infidelidades de La Mar — Sus efugios para no cumplir 
con lo pactado— El Libertador en Quito reclama del Gobierno del Perú el cumpli- 
miento del convenio de Girón — El Libertador se dirige sobre Guayaquil — La tercera 
división del Perú se pronuncia contra el Gobierno de La Mar— El General Gamarra 
se pronuncia también contra LaidBSár — Proclama de Lafuente — El Libertador envía, 
nn comisionado á Lima — Enfermedad del Libertador — Correspondencia del Liber- 
tador — La circular de 31 de Agosto— Sus malos efectos — Término de la guerra con 
el Perú — Regresa el Libertador á Quito — Negocios de Roma — Muerte del Papa — 
Elogio tributado á su memoria — Elección del señor Pío YlII-^-Cómo entendía el Li- ^ 
bertador el derecbo de tuición*-Correspondencia epistolar. 
t 
lENTRAS estas cosas pasaban en los departamentos de Guayan 
quil y Azuay, el Liberiador se hallaba empeñado en reducir á 
Obando por medios pacíficos^ sin saber en qué estado se hallaba 
Sucre con los peruanos. Con fecha 28^ de Enero había escrito 
desde Popayán al doctor Vergara : 

Las cosas del Sur van bien, j mis conjetaras son mrty lisonjeras. Yo es- 
pero un resultado pro^ito y feliz, pues qu6 ningún obstáculo me amenaza, y to- 
davía menos aparece ninguna imposibilidad. Nuestro ejército es grande y nues- 
tros enemigos chiquitos. La paz, la religión y la Oiecesidad ol^n de acuerdo á 
mi favor. Por estas mismas causas estoy obrando con clemencia y política ; he 
ofrecido perdonar á todos para atraerlos á la razón, y para que la oigan, he 
amenazado con terribles castigos, y sin embargo, no he castigado á nadie, ni 
pienso hacerlo sino en la última extremidad. Obando y López se irán por el 
Marañón después de batirlos en Patía y en Pasto. Florea: debe estar con una 
fuerte división cerca de' Juanambú) y nosotros marcharemos de aquí dentro de 
pocos días, sin perder tiempo mientras tanto, porque combatimos las guerrillas, 




CAPÍTULO CIENTO UNO. 287 

les predicamos y preparamos nuestra marcha para el Sur. Mañana sale una mi- 
sión de canónigos moy respetable á predicar la paz, llevando mi indulto por 
guión. Yo he dirigido algunos oficialmente á los cabildos más importantes, y es- 
pero que no se hagan sordos á su propio bienestar y á su riesgo. 

El señor Madrid me ha escrito muy largamente, pero no de negocios eu- 
ropeos. Habla de miserias pecuniarias ; de las -esperanzas políticas que ha fun- 
dado en nuestra administración. £1 tiene mucha confianza en nosotros, y sin 
embargo, por poco nos lleva el diablo. 

Sabrá usted que Madrid ha* tomado por mi cuenta once ó doce mil pesos, 
los que él debe haber librado ó librará. Este es, pues, negocio de Eelaciones Ex- 
teriores y del honor de su ministerio ; y annqne no quiero que usted apure al 
señor Tanco, tampoco quiero que usted me olvide, pues ha de saber que el Li- 
bertador de tres Bepúblicas está lleno de deudas, y si no lo llaman tramposo, 
es porque es Presidente. 

f 
Esta última parte de la carta inspira tristes meditaciones, j Esterera 

el déspota, el tirano ! El que renunció los millones del Perú, tenía que 

prestar á sus amigos con qué comer y estaba adeudado../.! y no le cobraba 

á la República lo que le debfa.... 

La comisión eclesiástica de qae hablaba el Libertador para predicar 
la paz á los pueblos levantados, salió de Popayán con el indulto apoyado 
por una pastoral del Obispo. Ella se componía de los doctores José María 
Urrutia, José María Grueso y Belisario Gómez, y sus resultados fueron 
los más felices. Varios de los principales jefes de guerrillas que habían se- 
guido á Obando, y toda la parroquia y valle de Patía, se sometieron al 
Gobierno, quedando la insurrección reducida al cantón de Pasto. 

El Libertador hizo marchar la íFuerza de Córdoba el día i o de Fe- 
brero, y él las siguió luego. La comisión de paz estaba yá adelante, y 
continuaba surtiendo sus buenos efectos. De Pasto salieron comisionados 
con Obando á tratar con ella, porque ya tenían noticia del mal q^tado de 
los peruanos, y vinieron hasta el puente del Mayo y el río Juanambú, don- 
de encontraron á los eolesiásticos comisionados y tuvieron varias confe- 
rencias. Obaudo y los pastusos hacían exorbitantes exigencias para some- 
terse al Gobierno, al que trataban de dar ' k ley con tono arrogante. 
Hicieron una capitulación, que firmaron en la Cañada, y la enviaron al 
Libertador para que la ratificara como tratado entre partes beligerantes. ? 
El Libertador la improbó, y en 2 de Marzo expidió un decreto, que fue 



2 88 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

aceptado por Obando y los comisionados pastusos. No pensando el Liber- 
tador más que en evitar efusión de sangre y en volar al Ecuador con 
las fuerzas veteranas de Córdoba, no reparó en hacer concesiones desmedi- 
das en fa^or de los pastusos. Dióles una amnistía absoluta de vidas, pro- 
piedades, empleos, etc* Se eximió por un año al cantón de Pasto de toda 
contribución, hasta de reclutas. Se dejó á Obando en la Comandancia de 
armas, con el armamento que tenía, quedando allí empleado López, y per- 
mitió que se premiaran los servicios de los Jefes y Oficiales que en la actiia- 
lidad servían en Pasto; y finalmente se eximía de toda responsabilidad á 
los disidentes de cuanto hubieran tomado para el sostenimiento de sus 
fuerzas. Con esto terminó la revolución de Obando y López, fraguada en 
la Convención de Ocaña, y por cuya causa pudo haber perdido la Repú- 
blica parte de su territorio, entregado á los peruanos. 

Los liberales se jactaban en aquel tiempo de que Obando había obli- 
gado á capitular arOeneral Bolívar, sometiéndolo á las condiciones que 
había querido imponerle. Esto era ridículo, y lo escandaloso fue que el 
Libertador hubiera andado con tantas consideraciones, habiendo quedado 
reducida á tan poco la fuerza de Obando con la defección de los patianos 
y de los mejores Jefes guerrilleros, tales como Ibs Córdoba, Vargas y otros, 
y llevando el Libertador una fuerza veterana respetable al mando de Cór- 
doba. Piénsese si el vencedor de los pastusos y españoles en Cariaco, man- 
dados por excelentes Jefes, con artillería y toda clase de recursos, se vería 
intimidado por la miserable facción de Obando. ' 

Siguió su marcha el Libertador y fue recibido en Pasto, con demos- 
traciones de regocijo, tanto por el pueblo como por las autoridades, y 
Obando dirigió una proclama á los habitantes de Pasto y de Patía, en que 
llamaba á los peruanos /^'r/?¿/(95 de la tierra^ y excitaba á los pastusos á que 
marchasen en pos " del gran soldado que les diera gloria, patria y liber- 
tad.'^ ¿Qué tal? Poco antes amenazaba á los miserables de Bolívar con la 
poderosa Ferú. Los poderosos se volvieron pérfidos de la tierra y los mise- 
rables ^rtí'«^i?^.ío/¿/¿a:¿/o5. ¡Qué hombres! 

Al siguiente día de estar el Libertador en Pasto recibió las noticias de 
la completa derrota de los peruanos, y á poco recibió el parte con el conve- 
nio da Girón. Con esto siguió inmediatamente para Quito, á donde llegó 
el 17 de Marzo. 

^ Las esperanzas que llevaba de celebrar el tratado definitivo con el 
Petó para asegurar la paz, sé desvanecieron bien pronto, porque era me- 



CAPÍTULO CIENTO UNO. 289 

nestef no haber tratado con La Mar para creer que el convenio de Girón 
se habría de cumplir. En efecto, él no fue suscrito y ratificado por los Jefes 
peruano?, sino para dar lugar á que se pusieran en salvo los miserables res- 
tos de su ejército y después no cumplir con lo estipulado. La plaza de 
Guayaquil no fue entregada á los comisionados que partieron desde el Cam- 
po de Tarqui á recibirla^ El Jefe que la mandaba dijo que no la entregaba 
hasta que el Gobierno del Perú no lo mandara; como si La Mar no fuera 
el Presidente del Perú, autorizado ilimitadamente para hacer la guerra y 
la paz con*Colombia. Cualquiera se admiraría de que un subalterno resis- 
tiera el cumplimiento de un tratado celebrado en el campo de batalla con 
el Jefe supremo del ejército y Presidente de la República. Pero, ¿ qué era ? 
Que el mismo La Mar, con el Jefe con quien mandó la orden de entrega de 
Guayaquil, envió otra en contrario, para que no se entregara. Este proce- 
dimiento no sólo era ajeno del Jefe de un gobierno, por, conculcar los prin- 
cipios del Derecho de gentes, faltando así á la fe de loi* tratados, sino que 
era indigno de cualquiera hombre que hace un trato en que empeña su 

' -^ palabra^ 

Y ¿ cómo creyó el gran Mariscal La Mar, Presidente del Perú, justifi- 
car su mala fe ? Todavía de una manera más torpe. 

Escribió al General Sucre quejándose de que el parte de éste al Go- 
bierno, dando cuenta de la acción de Tarqyi, era deshonroso para el Perú; 

>» y sobre todo, un Decreto que expidió Sucre antes de celebrado el convenio 

de Girón, en que concedió escudos de distinción, con inscripción, á los ven- 
cedores, y en que mandaba. levantar en Tarqui un monumento con inscrip- 
"ciones que conmemoraran aquella acción, en que cuatro mil colombianos 
habían triunfado de ocho rail peruanos que osaron invadir el territorio de 
la República. Estos eran los pretextos del lobo que culpaba al cordero de 
que le ensuciaba el agua, estando debiendo más abajo que él. No recia- 

r mó el Decreto cuando firmó el convenio, y lo reclama después. 

El Libertador ofició desde Quito al Vicepresidente del Perú, recla- 
mando el cumplimiento del tratado de Girón, á lo que contestó con un 
manifiesto sobre las razones que el Perú tenía para hacer la guerra á Co- 
^ lombia, y usaba de otra zafativa parecida á las de La Mar, diciendo que el 
tratado era nulo porque éste no lo había podido celebrar, siendo sólo Gene- 
ral en Jefe, y que la estipulación habría necesitado de ser aprobada por el 
Congreso, como si éste no hubiera autorizado á La Mar, por Decreto de 20 
de Mayo de 1828, para retener el mando político, aunque se hallase al fren- 



59© HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

te del ejército ; y que todo General, en casos tales como él de Tarqui, pue- 
de, por los principios del Derecfeo de gentesj, celebrar capitulación á que 
quede obligado su Gobierno, quien no puede hacer más que exigirle la 
responsabilidad. Sobre tales motivos el Gobierno peruano declaró que no 
Je era obligatorio el convenio de Girón, y empezó á tomar providencias 
para repetir otra expedición que debía marchar para Piura (i). Para esto 
era necesario- estorsionar á los pueblos exigiéndoles contribuciones, y los 
pueblos esquilmados por La Mar para la primera expedición, no estaban 
dispuestos á sufrir más. En el Perú había un partido que hacía oposición 
al Gobierno de La Mar, y esfte partido encontró ahora la ocasión favorable 
en el disgusto de los pueblos. * 

El Libertador se había dirigido con fuerzas sobre Guayaquil y em- 
prendido algunas operaciones; pero de repente vino como un huracán la 
revolución del Perú\ contra el Gobierno de La Mar y se lo llevó á él con 
todos sus paniaguados y sus intrigas. 

El General don Antonio Gutiérrez de Lafuente, Jefe de la tercera di- 
visión peruana destinada para venir sobre Colombia, fue quien encabezó 
esta revolución de acuerdo con el General don Agustín Gamarra, quienes 
resolvieron apoderarse del mando político y militar á la vez, aprovechando 
el estado de descontento en que se hallaban Iqs pueblos con el Gobierno y 



(1) Por este tiempo se publicó en OTieuoa un opúsculo titulado Vna mirada sobre 
la América expañola^ en el cual decía el Libertador las siguientes prof éticas palabras al 
observar el giro que los hombres púbHcos iban dando á estos países : 

" No hay buena "fe en América, ni entre los hombres ni entre las naciones. Los 
tratados son papeles; las constituciones libros; las elecciones combates; laHbertad anar-^ 
quía, y la vida un tormento. 

Esta es, aínericanos, nuestra deplorable situación ; si no la variamos, mejor es la 
muerte ; todo es mejor que una lucha indefinida, cuya malignidad hacen acrecer por la 
violencia del movimiento y la prolongación del tiempo; no lo dudemos, el mal ee multi- 
plica por momentos, amenazándonos con una completa destrucción. 

" Colombianos I Mucho habéis sufrido y mucho rsacrifícado fiin provecho, por no ha- 
ber acertado en el camino de la salud. Os enamorasteis de la Libertad deslumhrados por 
sus poderosos atractivos ; pero como la libertad es tan peligrosa como la hermosura de 
las mujeres, á quienes todos seducen y pretenden, por amor ó vanidad, no la liabéis con- 
servado inocente y pura como ella descendió del cielo. 

*' Oigamos el grito de la patria, los magistrados y los ciudadanos, las provincias y 
los ejércitos, para que formando todos un cuerpo impenetrable á la violencia de los 
partidos, rodeemos á la representación nacional con la virtud, la fuerza y las luces de 
Colombia.*' 



CAPÍTULO CIENTO UNO. 1^1 

facción de La Mar, que no se ocupaban de otra cesa que de la ruina del 
Libertador, á quien la fatuidad de La Mar había creído sustituirse como 
primer General de la América del Sur^ triunfando del ejército colombiano 
y aumentando el territorio peruano con el nuestro, después que á Colom- 
bia debía el Perú su independencia y libertad. 

Lafuente había llegado á Lima con la tercera división, que estaba en 
el Sur, hacia Solivia, y debía seguir á Guayaquil, cosa que /epugnaban los 
Jefes y Oficiales de ella. Este espíritu de los militares con el espíritu de 
oposición que los pueblos hacían al Gobierno de La Mar, prendió el fuego 
que debía consumirlo. Lafuente no necesitó más que de comunicar su idea á 
los Jefes y Oficiales de su división para que acordaran el hacerle ugz repre- 
sentación contra la política del Gobierno, alegando, además, que La Mar do 
era Presidente legítimo, y otras cosas con que siempre se llenan esta clase -de 
representaciones en las Repúblicas. Estos, aunque de un modo más regu- 
lar, sin amotinarse ni cometer crímeires, hicieron una cosa parecida á la 
que hicieron los de la tercera división colombiana, concluyendo con la 
protesta de estilo de todos los revolucionarios, ^'de que estaban decididos 
á salvar la patria á cualquiera costa." 

En consecuencia, Lafuente se hi?:o cargo del Gobierno, y el Vicepresi- 
dente Salazar Baquijano, que lo ejercía^ se fue para su casa porque todos lo 
dejaron, é hizo renuncia del poder, la que le fue admitida eñ 5 de Junio 
por la Comisión permanente del Congreso. Al día siguiente Lafuente, hecho 
cargo del Gobierno, se tituló Je/e provtsortQ, mientras se reunía el Con» 
greso. 

Al mismo tiempo él General Gamarra, que estaba con los restos del 
ejército peruano en Piura, escribió al General La Mar una carta amistosa, 
dándole buenos consejos. Decíale que el Perú se arruinaba por los desacier- 
tos de^u Gobierno; que estaba dominado por la facción de Luna-Pizarro y 
se fiaba de jóvenes inexpertos; que había un General descontento (i); 
que*el Perú estaba <iecidido á no sufrir más el ultraje de su Constitución, 
que exigía fuera peruano de nacimiento el Presidente de la República, y 
que él no lobera. Concluía aconsejándole buenamente que renunciara la 
Presidencia, si quería dejar con decoro el mando que ejercía inconstitucio- 

(1) Frase también de estilo. Cuando se encausó al Gkneral Sarda, se le hizo cargo de 
que^abla dicho que había un General descontento contra el .Gobierno de Santander, 4 lo 
que contestó: ** Sí, señor; he dicho que hay un General descontento contra el £(obiemo, 
7 ese General desoontenjbo soy 70." 19 > 






J 



2^2 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

nalmente. Si hubiera triunfado en Tarqui, no se habrían acordada de la 
inconstitucionalidad, como no se acordaron cuando lo eligieron y autori- 
zaron para hacer la guerra á Colombia. Por último consejo le decía que 
los peruanos no lo querían en el mando y que él estaba resuelto á satisfacer 
los deseos de sus compatriotas. 

Este General Gamarra era el pobre que le pedía limosna á Gil Blas 
apuntándole ^on la escopeta. 

La Mar, el gran Mariscal émulo del Libertador de tres Repúblicas^ 
tuvo que renunciarlo todo, y entregar el mando del ejército á Gamarra, 
quien lo hizo embarcar y lo deportó para la República de Centro- América- 
Esta derrota fue más vergonzosa que la de Tarqui para este hombre envi- 
dioso y vano, que había creído elevarse sobre las ruinas del coloso de la 
América del Sur (i). 

Así, pues, con este golpe quedaron de un momento á otro cortadas las 
desavenencias entre el Perú y Colombia. No era la mayoría de los perua- 
nos la ingrata é injusta para con Colombia y su Libertador, sino un parti- 
do inicuo, impulsado por viles pasiones, idéntico al que en Colombia desem- 
peñaba la misma misión con la máscara de liberalismo. , 

Lafuente y Gamarra vindicaron al Perú é hicieron justicia á Colom- 
bia, i Lástima que Gamarra no hubiera abierto los ojos un poco antes, para 
ahorrar á su patria alguna sangre y alguna humillación 1 Cuando Lafuen- 
te se encargó del Gobierno del Perú, dio una proclama en que decía: "Una 
guerra insensata y fratricida, provocada artificiosamente con depravados 
designios; una invasión del territorio extranjero, ejecutada con la más in- 
signe indiscreción; la campaña que, dirigida por las máximas más obvias 
del arte militar, hubiera debido producir laureles á nuestros bravos guerre- 
ros (2), terminada con desdichado é inmerecido oprobio; los valientes sal- 
vados de las consecuencias primeras de la ineptitud, condenados después á 
perecer lastimosamente ; el nombre peruano sin mancilla en medio de los 
antiguos reveses de la jfortuna, ahora pronunciado con desprecio pdV las 
naciones y con baldón por un pueblo hermano ; la Constitución y las leyes 
holladas por satisfacer privados é innobles resentimientos, y ^ara arrancar 
á la indigencia contribuciones onerosas destinadas á fomentar la funesta 
lucha; los campos yermos, las familias desoladas, cegados todos los ma- 

(1) La Mar murió á poco tiempo, abandonado de todos: el Perú no lo quiso, ni Co- 
lombia tampoco. Qui auiem ee exaltaverit hmnilictbUur. 

(2) 8i no hubieran tenido que habérselas con colombianos. 



CAPÍTULO CIENTO UNO. 393 

cantíales de la prosperidad pública.... hé aquf el bosquejo, el triste, el 
espantoso cuadro que presenta el Perú, cuando debía yá saborear en paz y 
alegría los goces de la abundancia y de la dicha social." 

«^ Lafuente ofició á Gamarra para que inmediatamente se pusiera en 
comunicación con el General Sucre, á fin de solicitar la celebración de un 
con^fenio militar y suspensión de hostilidades hasta que se reuniese el 
Congreso y deliberase sobre la cuestión de la paz ó de la guerra. 

Recibidas por el Libertador estas noticias, intimó al Gobernador de 
la plaza de Guayaquil la entrega de ella en cumplimiento del convenio de 
Girón. El mando dé la ciudad había recaído, por renuncia del General Ne- 
cochea, en el Coronel español don Miguel Benavídez, quien contestó á la 
intimación, que tenía orden de no entregarla y sostenerla á todo trance; 
pero agregaba que el Libertador podía entenderse con el General Gama- 
rra, y que si para esto creyese necesario un armisticio, estaba pronto á eje* 
cutarlo, siempre que fuese bajo justas condiciones. Aceptada la propuesta^ 
se celebró el armisticio entre don Francisco del Valle Riestra, Jefe de Es- 
do Mayor de Benavídez, y el General Córdoba, por parte del Libertador» 
Ya Gamarra había hecho una excitación al Libertador desde Piura, mani- 
festando las mismas ideas de Lafuente, explicándose aún con más franqueza 
sobre la cuestión de la guerra. Confesaba Gamarra los esfuerzos que repe- 
tidas veces había hecho el Gobierno de Colombia para evitar una guerra 
fratricida, obra exclusiva de La Mar y su partido; y concluía su nota propo- 
niendo un armisticio por noventa días, hasta que instalado el Congreso 
peruano, autorizase al Gobierno provisorio para nombrar los Plenipotencia- 
rios que acordasen el tratado definitivo de paz, como lo deseaba el Perú 
ardientemente. * 

El Libertador envió comisionado á Lima al Coronel francés Demarquet 
Edecán suyo, joven fino y político, con quien mandó una carta particular 
al General Lafuente, en la cual le manifestaba los sentimientos pacíficos 
que le animaban y la esperanza que le ha^a concebir la nueva administra- 
ción, de que todo terminaría por la celebración de una paz que evitase más 
derramamiento de sangre, y por lo cual no había querido reintegrar por la 
fuerza la plaza de Guayaquil, teniendo fuerzas superiores con que poderlo 
hacer. 

El Coronel Antonio Guerra había ido en comisión cerca de Qtmarra, 
y de ella resultó un convenio que se ajustó el 10 úe Julio. En él se estipu<- 
ló un armisticio de sesenta días por mar y tierra, y la cesación del bloqueo 



294 HISTGFRIA DE NÜBVA ORAKADA 

de las costas de Colombia; y en segundo lugar, la devolución de la plaza y 
Departamento de Guayaquil, dentro del término de seis días después de la 
ratificación del convenio por el Libertador, sin cuya condición el Gobierno 
de Colombia había protestado no continuar negociación alguna. La entre- 
ga de Guayaquil se verificó puntualmente y en ella entraron las tropas del 
Gobierno el día 21 de JuIíq, y el Libertador á ios seis días de la ratificación 
del tratado. 

Tantas fatigas y cuidados de 4a campaña y el clima insalubre de Gua- 
yaquil en el invierno, ocasionaron al Libertador una enfermedad que lo 
puso á riesgo de morir. El día 3 de Agosto le atacó un accidente nervioso 
y de cólera morbo, con fuerte calentura, que le tuvo en estado de peligro, 
hasta el 10, que le empezó acceder. No hay duda de que los padecimientos 
del espíritu era lo que estaba acabando física y moralmentj con este hombre 
de imaginación ardiente y de un corazón tan sensible como grande. ¿ Qué . 
hombre no se volvería loco al repasar su vida en tantos trabajos, en tantos 
cuidados, en tantas necesidades, por libertar á sus compatriotas, y al fin de 
la jornada no encontrar por recompensa sino ingratitud, maldiciones, ca- i 

lumnias, insultos y los puñales asesinos que se levantan contra él en manos 
^e sus mismos compatriotas, y de los cuales escapa por un milagro? Y sin 
embargo, después de esto, viéndose su patria amenazada por la guerra ex- 
tranjera, corre aún á ponerse á la cabeza de los ejércitos para defenderla; 
-sin que por esto cesen ias callumnias y los insultos, pintándosele como un 
tirano que quiere' imponer su voluntad sobre los pueblos como la suprema 
ley. ¿ Quién en esta situación no se volvería loco? ¿ Quién no se desespe- 
raría ? Llegó á notarse en varios actos del Libertador, por este tiempo, 
cierta cosa que indicaba bien el estado de su espíritu, todo dimanado de la 
angustia en que se hallaba en medio de tantas contradicciones y trabajos, « 
no sólo mal agradecidos] sino mirados como'obra sólo de la ambición y del 
interés particular. 

En una caita escrita al doctor Vergara desde Guayaquil á 31 de Agos- 
to, cuando se hallaba en estado de gran debilidad de con valeciente, «e nota 
esa desesperada turbación en que estaba «1 Libertadjor. Después de hablar 
sobre algunos asuntos de relaciones exteriores, decía: 

Medico usted que ansia por mi vuelta á Bogotá para que oompongamos 
una Constitución que debiera ye presentar al Congreso constitajente. ¡ Ay I mi 
amigo, estoy y á desengañado de Constitacionea; y aun^^ están en moda en el 



«APÍTüLO GTENTO üHOi- 29tS 

• 

áh, todavía estám en más vigor sus derrotas. Yo he compuesto dos, y en' menos 
de diez: años, la primera sufrió mucllAs alteraciones fundamentales; y última*- 
Hiente ha sido abolida con fracaso; la segunda apenas duró dos ó tres años^ y 
aunque últimamente se ha vuelto é* levantar de su caída, no dunari- más que una 
cuchara de pan. Por' consiguiente, estoy demasiado desengañado para mezclarme 
en adelante en semejantes obras. Yo no me excuso de contribuir con mis servir 
cios, ó por mejor decir, con mis opiniones á lo qae yo creo que es más conven 
niente á la Repiibliea, y en prueba de ello he moi»trado mis opiniones, pública 
y solemnemente, en todas ocasiones. Sí se quieren consultar, no hay necesidad de 
q«ae yo las repita, pues se puedisn encontrar en los documentos de mi vida 
pública. 

Aparte de esto, yo he convocado ese CbngFeso y le he dado atribuciones y 
ñicultades para nombrar el Jefe del Gobiemow Sería, pues, repugnante y aun 
deshonroso para mí que yo diera un Código y qoe admitiera su nombramiento; 
tanto má», cnan^to veinte revoluciones sucesivas han- acabada mis- const) tu cienes y 

# mi autoridad. Este es un testimonio de que mis ideas están en oposición con las 

inclinaciones del pueblo y que- mi administración lo desespera hasta hacerlo 
cometer los mayores atentados por libarse de mí. Me engañaban mis amigos, 
ó más bien ellos se engañaban, creyendo que todo» los actos hostiles contra mi 
gobierno eran efecto de las maniobras clandestinas de más enemigos particula- 

^ res. Cedí yo entonces á sus instancias, porque me dejaba alucinar. Mas, desenga- 

ñado ahora, y bien deseii>gañado, no me es posible creerles otra vez ni ceder de 

nuevo (1). 

Veo todo lo que usted me dice sobre- el asunto- de Elvers. Ahora^ pues, 
dígame usted r ¿puede suponerse todo eso ? ¿ Y de las personas que más debie- 
ran interesarse en la felicidad del país, de su Oobierno y de su gloria ? Pues 
todo esto y cuanto no podría decirse en> muchos pliegos, es más que bascante^ 
*i para desesperar á un santo. 

Esta carta sirve, en cierto modo, para explicar un acto del Libertador 
expedido en la misma fecba,« y por consiguiente baja las mismas impresio- 
nes de espanto;, acto que se ha censurado mucho en sentidfo político, y con 
razón. Hablamos de la circular dirigida á los pueblos para que emitieran 
libremente sus opiniones sobre el sistema político que debiera adoptarse ei^ 



(l) Para inteligenDÍa de esta parte de la carta es preciso saber qiLe el doctor Yerga- 
ra le hablaba sobre la necesidad de que él fnera el Presidente electo por el Congreso y de 
que siéndolo, era preciso que no se excusara de mandar.. 



296 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

el próximo Congreso constituyente, y acerca del Jefe de la administración 
que se hubiera de elegir. En ella decfa el Libertador: ^^ Que él no tenia 
ninguna mira personal lelativa á la naturaleza del Gobierno, ni de la admi- 
'ilistraci^n que debia presidirlo; asi que todas las opiniones, por exageradas 
que parecieran, serían igualmente bien acogidas, con tal que se emitieran 
con moderada franqueza y no fueran contrarias á las garantías individua- 
les ó á la independencia nacional." 

Estaba yá preocupado el Libertador con la idea de que no se le que- 
ría, que se le aborrecía porque se le creía con pretensiones ambiciosas, 
queriendo imponer su voluntad contra la del pueblo; esto se ve por la car- 
ta que antecede. Esta preocupación en que estaba era lo que le impelía á 
hacer manifestaciones tan exageradas é imprudentes de su desprendimiento 
y de su respeto por el voto popular: tal fue uno de ellos la circular de que 
hablamos. 

Esta circular contenía otra parte aun más sustanciosa, y era la auto* 
rización que se daba á los colegios electorales para que dieran instruc- 
ciones á los Representantes. El Libertador envió esta circular al Consejo 
de Estado para que la comunicara al resto de Colombia. El Consejo 
acordó que se cumpliera con la orden, pero suprimiéndole la parte re* 
lativa á los poderes que debían dar á los Representantes los colegios elecj^ 
torales. 

Aquí es preciso observar: ¿ qué clase de dictador y de tirano era éste, 
cuando así reformaba y truncaba sus disposiciones un Consejo de Minis- 
tros, sin representarle una palabra acerca de la inconveniencia de su 
mandato? ¿ Habría pasado por semejante atrevimiento alguno de nuestros 
posteriores dictadores cuando se han ido á campañas, cargando con el Po- 
der Ejecutivo en las pistoleras, dejando á sus consejeros encargados del * 
despacho de negocios comunes? De éstos era de los que había quedado en- 
cargado el Consejo de Estado; la circular no era un negocio común, sino de 
grave importancia, un negocio extraordinario; y sin embargo, el Consejo 
tenía tan poco que temer del dictador, que se atrevió á cercenar una de 
sus principales disposiciones. Y este dictador tirano decía al doctor Verga - 
fa en su misma carta de 31 de Agosto: " ¿ Qué quiere usted que yo haga 
yéndome á Bogotá, cuando no puedo encontrar favorable al Gobierno, ó 
más bien á su jefe, ni aun á los Ministros y grandes jueces ? Usted ha visto 
lo que ha pasado con Elversll Primero Elvers que Bolívar, que la justicia» 
la utilidad y todo junto I ! i ** 



CAPÍtULO CIENTO UNO. * 297 

Por aqui se ve que en toda clase de negocios se obraba con tal inde- 
pendencia y libertad, cual no se ha usado ni se usará nunca donde gobier* 
ne un dictador, por más pequeño y débil que sea. * 

El Consejo suprimió aquella parte de la circular por creerla contraria 
al sistema representativo. Así es en la teoría, pero creemos que en la pr¿^p- 
tica, acá en Sur-América y en presencia de la actual sociedad, no sola- 
mente no sería contrario al sistema representativo que los pueblos ciñesen 
á ciertas reglas generales los poderes de sus represen tan tes^ sino que sería 
muy conveniente para que esa represelitación. no fuese ilusoria, ó mejor 
dicho, burlada, como se ve entre nosotros. Cuando las virtudes desapare- 
<:en ; cuando las ideas de derechos y deberes se fundan en la propia utili- 
dad y no en una ley natural y eterna, emanada de un pddef sobrenatural 
y eterno que rige él universo; cuando los hombres que figuran no tienen 
conciencia, y creen que esa es cierta cosa que los engaña, como enseña 
Bentham, entonces los representantes de los pueblos se creen autorizados 
para hacer lo que más convenga á sus particulares intereses y á sus pasio- 
nes; y si á esto se agregan la candidez de los pueblos y las intrigas eleccio- 
narias de los que quieren medrar á costa de la nación, la tal representación 
popular es una mentirse; y si no que se nos diga: ¿ en qué consiste que en 
Repúblicas de tres millones de habitantes católicos, y en que no hay cien 
mil anticatólicos, resultan las mayorías de los Congresos anticatólicas, dan- 
do leyes anticatólicas á sus comitentes católicos ? Esto no sucedería con 
tanto descaro si los pueblos sujetaran á sus Representantes á ciertas reglas 
sobre puntos cardenales, tales como la conservación de su religión, con 
prohibición absoluta de invadir los límites de la jurisdicción eclesiástica 
en los negocios de su competencia, conforma á las' reglas del derecho cav 
nónico; la conservación de la independencia nacional, garantías individua- 
les, etc. Los políticos de moda se reirán de esto y lo graduarán de anacro- 
nismo^ porque para poner nombre á las cosas son muy hábiles ; pero 
nosotros nos reímos de los que profesan el dogma de la soberanía popular 
y hacen leyes á nombre del pueblo, contrarias á sus creencias y á su vo^ 
luntad; porque, ó no saben loque dicen y creen lo que no entiendeui 
ó son unos hipócritas en política, que no merecen se haga caso de 6us 
juicios. 

El Congreso peruano se instaló el 31 de Agosto y nombró Presidente 
provisorio al gran Mariscal Gamarra y Vicepresidente al General Lafuen^ 
te. En él mensaje que éste presentó al Congreso^ decía: ^^ Una ¿oerra 6us^ 



298 * HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

citada con el úmco esencial objeto de saciar odios y venganzas individúa- 
le», arrebatando' d un puebla amig(^y hermano la porción más cara desui 
posesiones^ habla expuesto a la nuestra á ser el despojo del extranjero. Ni 
loi reveses de nuestros bravos en k jornada del Pórtete, ni los últimos 
sacyficios arrancados á nuesf^ra espirante* patria, bastaron á calmar el furor 
y encono de la facción opresora^ guerra y exterminio eran su divisa." 

Y en carta de 8 de Agosto había dicho al Libertador: *' Los peruanos,. 
eS' decir, los hombres jeistos é imparciales y los amigos de la libertad bien 
entendida, I05 verdaderos patriotas,* jamás han atribuido á u%ted miras 
innobles, ni proyectos dirigidos á mancillar sus glorias ; antes, por el con- 
trario, ellos han conservado en el íjiido de sus almas una gratitud y ad* 
miración que no se extinguirá jamás. El Perú, señor, no desconoce lo» 
eminentes servicios que le ha dispensado una República hermana, y mu« 
cbo menos los deberes que ellos han impuesta á su gratitud, E^tos puntos 
serán considerados con la mayor circunspección y cordura por la comisión 
diplomática que ha de nombrarse al efecto, lisonjeándome desde ahora 
que recordará entonces todo lo que usted ha hecho por el Perú y lo que se- 
interesa por su felicidad.'' 

Hé aquí la vindicación más completa del Libertador respecto á laa^ 
calumnias forjadas contra él por los malos peruanos y los malos Colombia « 
nos^y confesada la injusticia y las miras depravadas con que La Mar y sus* 
Ministros emprendieron la guerra contra Colombia, 

Abiertas las sesiones del Congreso, fue nombrado con su aprobación y 
consentimiento don José Larrea y Loredo Ministro Plenipotenciario para 
negociar la paz en Guayaquil, quien se embarcó inmediatamente. Con este 
i^mbramiento se quiso dar al Libertador una prueba de conñanza, porque 
el señor Larrea era su amigo y había sido su Ministro de Hacienda cuan* 
do mandaba en el Perú. Por parte de Colombia fi»e nombrado el señor 
Gual. 

El tratado definitivo de pa? entre el Perú y Colombia quedo concluí- 
do á satisfacción de ambas partes, y el 22 de Septiembre se firmó en Guaya- 
quil. El Ministro de Colombia declaró, después de firmado el tratado, pri- 
mero: que su Gobierno estaba pronto á revocar en términos satisfactorios 
el decreto que expidió el gran Mariscal de Ayacucho en el Pórtete de 
Tarqui el 27 de Febrero, luego que llegase á su noticia que el del Perú 
había hecho lo mismo restituyendo al Libertador Presidente y al Ejército 
Libertadou: los honores y distinciones que se les. habían conferido legal* 



CAPÍTULO CIENTO UND^. 299» 

» 

mente por sus servicios pasados (i); y segundo: que á nombre de su Go- 
bierno escogía como arbitro y conciliador para transigir las diferencias que 
ocurriesen entre amt)as Repúblicas, á la de Chile. El Ministro peruano 
aceptó en todas sus partes estas declaraciones. El tratado se ratificó oportu- 
namente por el Gobierno del Perú y por d de Colombia, sin limitación 
alguna, y fue nombrado Ministro Plenipotenciario del Gobierno de la Re- 
pública, cerca del de el Perú, el General Tomás Cipriano de Mosquera^ 
quien debía hacer la liquidación de la deuda en favor de Colombia. 

Después de concluido esto y de varios arreglos hechos en Guayaquil, 
' el Libertador se puso en marcha para Quito, á donde Uegó e! día 2ó de 
Octubre. Aquí dictó muchas providencias económicas y efe gobierno que 
reclamaban los pueblos. 

En el mes de Mayo el Secretario de Relaciones Exteriores recibió 
comunicaciones del agente del Gobierno en Roma anunciándole la muerte 
del Papa. Este oficio se publicó en la Gaceta número 414, bajo el rubro de^ 
"Pérdida lamentable para Colombia.'' Decía el señor Tejada: 

En la inaDana de boj (Febrero 10), y después de cuatro dia&de enferme^ 
dad, ha fallecido el Sumo Pontífice León XII de este uombre; lo aviso á^ U. S. 
pora que se sirva oomanicarlo al Excelentísimo señor Libertador Presidente. 

El Santo Padre tenía 69 años de edad, y era un antiguo valetudinario, 
tanto, qne cuando subió al solio, todos anunciaban una próxima vacante. Ha 
gobernado la Iglesia cinco años y medio, y Colombia le debe los primeros Obis- 
pos que ha obtenido después de su afortunada independencia política. A este- 
tftulo debe sernos sensible su muerte, y grata su memoria. 

En el mes de Junio se reciñeron las bulas del señor Lasso, trasladado* 
al obispado de Quito j las «deí señor Arias, Vicario apostólico de Mérida, 
y ías del señor Talavera^ de Guayana, quien se consagró el día i S de 
Agosto en la Iglesia Catedral. Fue consagrante el metropolitano señor 
Caicedo, y padrino el General Rafael Urdaneta, con poder del Liberta»- 
dor Presidente^ quien se hallaba en el Sur. 

En este mismo raes recibió el Gobierno la nota del .señor Tejada ea 
que comunicaba la elección de nuevo Papw. El 3?! de Marzo á las dos de 
la tarde se anunció en Roma la elección hecha en el Cardenal Francisco 



(l ) El Gobierno de La Mar \lM» Ikgado luist» el pnnto^^ despoíait al Idbestadc» 
dé BUS títulos y lionocea* 



300 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Javier Castiglioni, tomando el nombre de Pío VIII, El Cónclave, com- 
puesto de 56 Cardenales, había durado treinta y seis días. El Ministro 
Tejada se prometía grandes esperanzas respecto á la Iglesia de Colombia; 
y envió despachados unos cuantos breves de secularización, para religioso» 
y religiosas. Los de éstas fueron sólo para Quito. 

En la Gaceta de Colombia del 20 de Septiembre se escribía lo siguien- 
te respecto al Papa difunto, con motivo de los elogios que le habían hecho 
los Ministros extranjeros: « 

Para «1 pueblo de Colombia es, sin dada, un motivo de gran placer el 
ver tan dignamente elogiado, por los representantes de tres soberanos podero- 
sos, al ilustre Pontífice León XII, por la condnota verdaderamente evangélica 
que usó con los fieles de estas regiones distantes. Nó, jamás se borrará de 
nuestra memoria el Yieario digno de Jesucristo, qvA desconociendo esa política 
mundana qvA somete las cosas más santas á los intereses temporales^ sólo se 
acordó de que era nuestro padre común y de nuestra prolongada orfandad. Nues- 
tros votos serán constantes por su eterna dicha y porque sus sucesores se glo- 
ríen de seguir sus huellas, verdaderamente apostólicas; lo que esperamos con- 
forme á las promesas del que gobierna actualmente la Iglesia. 

El Gobierno envió las bulas inmediatamente al señor Lasso, para que 
se pusiese en camino para Quito. Cuando el Libertador regresó de Gua- 
yaquil, expidió un decreto, que debía regir en Colombia, y por el cual 
declaraba sujetos al ordinario eclesiástico todos los regulares de la Repú- 
blica; pero con calidad de someter antes este decreto á la consideración de 
la Silla Apostólica. Había observado el Libertador, según decía, mucha 
relajación en los conventos, y pensaba remediar el mal con aquella pro- 
videncia. Sus ideas acerca de la protección que el Gobierno debiera dis- 
pensar á la Iglesia, eran muy buenas, pero no estaba impuesto en los prin- 
cipios del Derecho para saber el modo y términos en que los Gobiernos 
católicos pueden usar del derecho de protección. La profesión y los nego- 
cios en que el Libertador había empleado su vida, no eran para hacer de 
él un doctor en • Derecho público eclesiástico; y esto era lo que le hacía 
incurrir en varias faltas, contra sus buenos sentimientos. En una carta, 
desde el Sur, al Secretario de Relaciones Exteriores, le decía: 

No dudo que el Congreso se manejará con firmeza y mucha precaución 
eü todos los negocios que tengan relación con nuestros Obispos j Su Santidad 



CAPÍTULO CIENTO UNO. , 3OI 

La religión debe gozar de una absoluta protección por parte del Oobiemo ; pero 
esto no qniere decir que dejen de cortarse los males que la intriga española 
puede hacemos. 

Desde Quito decía al mismo en otra carta, en 16 de Abril: 

Sobre mis opiniones en las deliberaciones del Congreso y forma política 
que debe darse á la Nación, las he manifestado antes 7 las repito ahora á mis 
amigos y á todo el mundo. Mi opinión es que se haga lo que los Bepresentantes 
del pueblo crean que es más oonveniente^ A ellos toca fijar los destinos de 
Colombia y examinar cuáles -serán los medios para engrandecerla ; j á mi 
someterme á su voluntad soberana^ cualquiera que ella sea. Esta es, mi estimado 
amigoj mi besolución irrevocable. 

Desde Pasto, con fecha 10 de Noviembre, escribía al mismo señor 
Vergara: 

Ya el tratado de paz ratificado por el Perú; á la vez he recibido mil cartas 
de los Ministros y personas más respetables de aquel país. Todas ellas están 
animadas por la gratitud y el reconocimiento, y contienen palabras muy esco- 
gidas y muy expresivas en nuestro favor. El tratado lo hau visto como mag- 
nánimo y grande por nuestra parte, y se me anuncia hasta por el Yicepresi- 
dente Lafuente que el Congreso se ocupa en dictar decretos en honor de mi 
persona y del ejército colombiano, que pronto verá el mundo, en reparación 
de los ultrajes pasados. 

£1 Sur queda bien asegurado y tranquilo, y el General Flórez me dice 
que puedo disponer de todas las tropas que tenemos por acáj y sin ningún 
motivo de temor por ninguna parte. 



302 HISTORIA DE NUEVA 6RAHADA 



*i^^^ *»^^^^^^^^^"^^^^* 1 



CAPITULO cir. 

« 

Pioyecto de monarqnía para Colombia— El Consejo de Ministros oonyeoa una Junta- 
Pasos que adelanta sobre ello— Se comunica el proyecto al Ministro inglés ; al 
eomisionado francés, M. Bresson— Se inician negociaciones sobre el proyecto— 
Ks bien recibido por el Ministro inglés y por el comisionado francés— El Condb de 
Monte Bello parte para Franela con pliegos para el Ministro de Relaciones Exte- 
riores — El Consejo oomnnic& al libertador el estado del proyecto, con inclusión del 
acta del Consejo y oontestaeiones de los Ministres extranjeros— El Libertador 
contesta con una improbación absoluta y una protesta contra lo hecho— Apuros en» 
que se encontraron los Ministros comprometidos en el proyecto— rTuvíeron^ que sus^ 
penderlo»- Explicaciones que dieron al Ministro inglés y al comisionado francés — 
Notas diplomáticas de éstos — Documentos oficiales inéditos sobre este negocio- 
Injusticia con que se quejaron del Libertador los Ministros del Consejo — Testimo- 
nios de la oposición que siempre hizo el Libertador al establecimiento de^ monar- 
quías en América — Corresponiencia del Libertador sobre esta cuestión— Enorme 
' injusticia que se ha cometido atribuyéndole el plan de monarquía» 

ROPONER monarquía para Colombia después de íibertada de los 
españoles y de establecida la República, era algo má» que herejía 
política. No era posible concebir idea de monarquía sin despotis- 
mo, tiranía, abyección y cuanto puede envilecer y degradar al 
ciudadano; no se podía formar idea de monarquía separadamente de esf^s 
tachas; no se podía formar ¡dea de monarca sin la identificación de Fer- 
nado VII, objeto de odio y de aborrecimiento para los americanos. 

Pues con esta idea detestable fue con la qne identifi^caron al Libertador 
sus enemigos para hacerlo odioso entre los republicanos, atribuyéndole 
el proyecto de monarquía, á pesar de todas las pruebas que daba de su 
desprendimiento, de su liberalismo y de su aversión al mando* Pero llegó 
la malhadada ocasión en que hallaron los malignos sobre qué hacer pie 
p^ra dar aire de verdad á la calumnia, y fue cuando por parte del Gobierno 
se proyectó erigir á Colombia en Monarquía. Esto tuvo íuga* en 1829, 
y con tan favorable ocasión lograron revivir contra el Libertador las malas 
ideas que antes habían hecho concebir contra él, atribuyéndole querer plan» 
tear la Constitución boliviana; ideas que yá habían desaparecido desde 
que se le vio sosteniendo el orden constitudonal establecido. £n e&cto^ 




I 

4 



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CAPÍTULO CIENTO ©OS. 303 

hubo el proyecto de raonarqnía para Cdlombia; y se traté de ello o<in 
los Ministros de Francia é Inglaterra; pero 

¿ Fue el O'bertador el que concibió el proyecto ? 

¿Se trabajó en él con su consentimiento^ 

^ Lo aprobó ? 

¿ De quién eman^ó él proyecto t 

¿ Quién trabajó en él ? 

Esto es lo que importa saber y loque vamos á decir, empezando por 
oír á uno délos autores de ese proyecto, al señor Restrepo, M'inistro deí 
Consejo de Estado, quien con toda sinceridad dice: 

•^ Abver muchos de los hombres de experiencia y de influjo en los 
negocios, residentes en Bogotá, el estado alarmante que tenía la subsis- 
tencia de la Unión Colombiana; al considerar que el único vínculo que 
ligaba á las diferentes partes de esta hermosa República era Bolívar, su 
fundador, cuyas enfermedades y vejez prematura no prestaban garantías 
jde que viniese lo bastante , para dar cima á la obra comenzada; al meditar, 
finalmente, ias fuertes antipatías que existían, por desgracia, eatre grana- 
dinos y venezolanos, y las que profiesaban contra ambos los hijos del Ecua- 
dor, naturalmente miraban con ansiedad el porvenir de Colombia, que no 
podían juzgar duradero. A tales motivos, fundados de temor, se añadían 
las revueltas originadas de las elecciones de Presidente y Vicepresidentei, 
qiie habían puesto á Colombia á ^punto de dividirse, y la inmensa lista 
militar compuesta en gran parte de Jefes audaces y ambiciosos, émulos 
algunos del Libertador, que aprovecharían la primera ocasión que pudie- 
ran atrapar, á fin de dividir el -territorio y mandar con independencia en 
la sección que les tocara. Todos estos y otros varios motivos reunidos 
hacían escogitar á muchos antiguos y verdaderos patriotas cuál sería el 
remedio para que subsistiera largo tiempo el magnífico Estado de Co- 
lombia. 

" l3espués de muchas meditaciones pareció á algunos, en los cuales 
se contaban los miembros del Consejo de Ministros, que Colombia no 
podía subsistir regida por instituciones republicanas que prescribían un 
Jefe electivo' cada cuatro años, según lo estableciera la Constitución de 
<^úcuta, pues infaliblemente se dividiría por las antipatías y rivalidades 
existentes, y las que excitaban las cuestiones eleccionarias. Fueron, pues, 
de opinión .que el único Gobierno que daría al territorio colombiano 
garantías de orden y estabilidad, seria el monárquico constitucional, lia- 



304 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

hiando al trono á un Príncipe extranjero de las antiguas dinastías de 
Europa. 

'^ Pero al mismo tiempo creyeron que era preciso combinar con esta 
idea capital ¿ qué se haría en tal caso con el Libertador ? Parecía que 
su grande influjo era necesario para hacer la transición y consolidar á 
Colombia ; ésta, además, no debía olvidar los eminentes servicios que le 
había prestado para conseguir su independencia, y que los pueblos estaban 
acostumbrados á obedecerle. Creyeron, pues, algunos resolver el problema 
estableciendo: ' Que se adoptara en principio la monarquía constitucional 
en Colombia; y que Bolívar, mientras viviera, mandase en ella con el 
título de Libertador Presidente; pero que desde ahora se llamase á un 
Príncipe extranjero á sucederle, quien sería el primer Rey, y hereditario 
el trono en sus descendientes.' En cuanto á la elección del Principe, pareció 
á algunos que sería acaso lo más conveniente escoger de la familia reinante 
en Francia, entre los hijos del Duque de Orleans." 

Hé aquí todo el proyecto de monarquía en Colombia; la corona no 
era para el Libertador, como lo han pensado algunos sin conocer el asunto. 

Pero este plan debía ser apoyado por el comisionado del Gobierno 
francés, M. Carlos Bresson, que se hallaba en Bogotá hacía poco tiempo 
y cuya misión era la de examinar el estado de la República relativamente 
á las probabilidades de orden y estabilidad que presentara, para vei si 
S. M. Cristianísima podía entrar en relaciones diplomáticas ó nó con ella. 
Este, desde el día en que fue presentado "al Consejo, hizo grandes elogios 
de las virtudes y talentos del Libertador, y dijo: " Que los votos de su 
Gobierno eran por la tranquilidad de Colombia, por su prosperidad, por 
el desarrollo de sus inmensos recursos y por el restablecimiento de insti- 
tuciones libres y fuertes." 

El señor Bresson había venido por Venezuela y desde que estuvo en 
Caracas dio á conocer sus opiniones y las de su gobierno sobre lo t^ue lla- 
maba instituciones ¡idres y fuertes, que era la monarquía constitucional .; 
de consiguiente, el comisionado francés acogió con mucho gusto la idea de 
establecer en Colombia semejante gobierno. 

^' Era la condición precisa de todos los que opinaban por el estableci- 
miento de una monarquía constitucional en Colombia, dice el señor Res*- 
trepo, que fuera sostenida por la mayoría de la Nación, y que la acordaran 
los representantes de los pueblos, reunidos en Congreso. Cualquiera paso 



CAPÍTULO CIENTO DOS. 305 

que se diera din estos ¿rmes apoyos, era un insulto á la voluntad nacional, 
suprema ley en un negocio de tamaña trascendencia." 

Los Ministros, guiados por los sentimientos de un puro y desijitere- 
•sado amor á su patria, estaban muy lejos de querer imponer reforma de tal 
naturaleza contra el voto nacional, y por eso, antes de adelantar más en el 
proyecto, quisieron sondear la opinión de la capital y reunieron una junta 
de personas notables de los diversos estados de la sociedad, el día 30 de Ju* 
nio, en la cual se encontró uniformidad de sentimientos con los del Con^- 
sejo de Ministros. 

Los individuos interesados en este proyecto, y con el cual pensaban 
salvar á Colombia de su disolución y de la anarquía, estaban persuadidos, 
en vista de los hechos existentes en todas las Repúblicas de Sud- América, 
de que el mal consistía en el sistema, que no era calculado para [fueblos 
acostumbrados al régimen colonial. Tampoco se preocupaban creyendo 
que con decir República se depía libertad, y que con decir monarquía se 
decía tiranía, porque observaban monarquías como las del Reino Unido 
de la Gran Bretaña, donde había más libertad y garantías individuales 
que en algunas repúblicas, como las nuestras, donde los militares más 
atrevidos echaban abajo todas las garantías el día que se les antojaba pro- 
nunciarse á nombre de la ley ; y observaban que de todos los Estados de la 
América meridional sólo se mantenía en paf, orden y progreso, el del Bra- 
sil, que se había constituido en monarquía. 

Se trató también de inquirir sobre la opinión de los Jefes militares 
respecto al proyecto eñ cuestión, y se halló que la mayor parte de ellos 
lo aceptaban. El General Páez fue consultado, y aunque él había sido 
el primero que en Colombia propuso la monarquía, contestó : que necesi^ 
taba saber cuál era la opinión del Libertador. El Consejo no pudo contes- 
tarle sobre esto, porque aun cuando estuviera dando pasos sobre el particu- 
lar, era sin pontar con aquél, y Páez tuvo entonces que enviar al Comandan- 
te Austria á donde estaba el Libertador, para informarse sobre el negocio. 

En este estado se hallaban las cosas, cuando el rompimiento del 
convenio de Girón por los peruanos, cosa que acabó de afectar el ánimo 
del Libertador, matándole toda esperanza de orden y estabilidad en las 
Repúblicas sud«americanas, pues que no se podía contar con la buena fe de 
los tratados, ni por consiguiente con regla algiína de derecho internacional, 
á lo que se agregaban ya otros síntomas revolucionarios en Colombia y 
por parte de quien menos debía esperar el Libertador, como era del Gene- 



306 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

ral Córdoba, que ya parecía alistado en las banderas de los del 25 de Sep- 
tiembre. Venezuela tenía muy malos síntomas, y los aprestos de una fuerte 
expedición espaflola en las islas de Cuba y Puerto Rico formaban un nu* 
felado tan horrible, que el Libertador, como desesperado de todo bien; 
dirigió al Secretario de Relaciones Exteriores un oficio en que, haciendo 
Ja más triste pintura del estado de Colombia, le decía que privadamente 
hablara con los enviados de los Estados Unidos y de la Gran Bretaña ; 
con el primero, á <fin de solicitar la mediación de su Gobierno con el objeto 
de poner término á la guerra del Perú, como que era la nación escogida, 
por el convenio de Girón, para intervenir en las diferencias entre las dos 
Repúblicas ; y con el segundo, para exponerle las pocas esperanzas que 
había de que se consolidaran los nuevos gobiernos americanos, y las pro» 
habilidades de que se despedazaran mutuamente, si una potencia poderosa 
no intervenía en sus diferencias, ó tomaba á la América bajo su protec- 
ción. Según el resultado que tuviera una conferencia privada, autorizaba 
al Ministro de Relaciones Exteriores para entablar de oficio la negociación, 
siempre que hubiera probabilidad de un buen suceso. 

Al Consejo de Miaistros, con quien se mandaba consultar este proyec- 
to, dice el señor Restrepo' que le pareció sumamente extraño, hijo sólo de 
momentos de exaltación y de absoluta desconfianza sobre el porvenir de 
las nuevas Repúblicas, y que to meditó con la debida circunspección : que 
hallando impracticable la abertura de semejante negociación, el consejo, 
por medio del Secretario de Relaciones Exteriores, ofició al Secretario ge- 
neral del Libertador, repr^esentando los inconvenientes que hallaba pira 
iniciar tal negociación. Sin embargo, ^ste insistió en la idea, dice el mismo 
-señor Restrepo, á causa, sin duda, de hallarse cada día más desconsolado 
'Con la suerte futura de las repúblicas americanas, habiendo recibido en 
aquellos días noticias alarmantes de nuevos excesos, revoluciones y cri- 
menes que hacían cada vez más negra la historia de la América española 
y que se hablaba ya de una fuerte expedición madtima y terrestre que la 
España reunía en la isla de Cuba. 

Antes de que el Secretario de Relaciones Exteriores recibiera esta co- 
municación, ya había «tenido algunas conferencias prelimi-nares con el señor 
Bresson, quien manifestó cuál era el objeto de su misión, según hemos 
dicho antes, recalcando siempre sobre que su gobierno no podría estable- 
cer sus buenas relaciones con Colombia, por el estado vacilante é incierto 
en que se hallaba. Esto mismo se decía en Europa á los Ministros de la 



CAPÍTULO CIENTO DOS. 307 

República establecidos en Londres y París, doctor José Fernández Madrid 
y Leandro Palacios, y por cuyas razones, que ellos no podíaü desvanecer, 
porque los hechps lo probaban, poco era lo que se adelantaba en la vía que 
antes se había presentado tan fácil y feliz. El señor Bresson, pues, hallaba 
la idea de la monarquía muy conveniente ; porque ésta había sido siempre 
la del gobierno francés respecto á los nuevos Estados americanos, y antes 
lo había expresado el Secretario de Relaciones Exteriores de Francia al 
Ministro Gómez, enviado de las Provincias Unidas, diciéndole que re- 
flexionando sobre los verdaderos intereses de esos países, estaba convencido 
de que esto dependía enteramente del establecimiento de un gobierno bajo 
cuya influencia pudieran gozar de las ventajas de la paz, y que él creía que 
dicha forma de gobierno sólo podría ser una monarquía constitucional, con 
un príncipe europeo á la cabeza, cuyas relaciones pudieran inspirar y au- 
mentar el respeto al Esjtado, y facilitar el reconocimiento de su indepen- 
dencia nacional." 

Viendo, pues, los Ministros las disposiciones de la Francia ; teniendo 
ya datos sobre la popularidad en favor de su proyecto ; sabiéndose yá el re- 
sultado de las elecciones para el Congreso, que había recaído en hombres 
patriotas, desinteresados y juiciosos ; y en fin, creyendo análogo'su pro- 
yecto de monarquía con el del Libertador, como conducente al mismo objeto 
de asegurar la existencia de Colombia bajo la protección de una potencia 
europea, creyeron que era tiempo oportuno para dar curso á las negocia- 
ciones sobre el establecimiento de monarquía en Colombia, y después 
de algunas meditaciones bastante detenidas, se decidió el Consejo á exten- 
der un acuerdo el 3 de Septiembre, tratando en él de resolver el difícil 
problema recomendado*con tanto empeño por el Libertador, de adquirir 
para Colombia la ayuda y protección de una poderosa nación europea, sin 
comprometer de modo alguno la independencia nacional. (Véase el nú- 
mero 11). 

En consecuencia, el Consejo creyó llegado el caso de entablar negocia- 
ciones con los Ministros extranjeros de Francia é Inglaterra, y el Secreta- 

V 

rio de Relaciones Exteriores inició sin tardanza las negociaciones acordadas 
por el Consejo. Tanto el señor Bresson como el señor Campbell se mani- 
festaron complacidos de comunicación tan impor.tañte, y pidieron que se 
les hiciese por escrito, lo que sé verificó inmediatamente. Al Ministro de 
la.Gran Bretaña no se le habló de intervención en aquellas circunstancias, 

ni se indicó al Encargado de Negocios sobre la probable elección de un prín- 

ao 



308 HISTORIA DE NUEVA G^IANADA 



^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^ 



cipe francés. Las instrucciones que se dieron á los Ministros de Colombia 
en Londres y París fueron conformes á las bases acordadas por el Consejo 
de Ministros, encargándoles que procediesen con suma circunspección en 
este asunto. 

El Consejo de Ministros dio cuenta al Libertador con todos los docu- 
mentos de la materia, y concluía diciendo que esperaba que tales providen* 
cias fueran de su aprobación. 

El Libertador recibió en Popayán estos documentos, que le sorpren- 
dieron demasiado, pues que habiéndole escrito yá particularmente sobre el 
proyecto de monarquía, lo había desaprobaclo. Aunque se haya escrito des- 
pués de muerto el Libertador, que había guardado silencio sobre el parti- 
cular, consta por carta escrita al señor Madrid lo que acabamos de decir. 
(Véase el número 12). 

El Libertador contestó al Secretario de Relaciones Exteriores con 
fecha 22 de Noviembre, improbando rotundamente todo lo hecho y pro- 
testando que no reconocería por acto suyo otro que someterse como ciu- 
dadano al gobierno que diera el Congreso constituyente, y que de ninguna 
manera aprobaría la menor influencia en aquel cuerpo departe de la admu 
nistración actual. (Véase el número 13). 

Dice el señor Restrepo que '* al terminar la lectura de esta nota, fue 
uniforme el sentimiento de los miembros del Consejo de Ministros, la in* 
dignación." Y agrega: ^* creyéronse sacrificados á la popularidad de Bolí- 
var, y que sin consideración á sus largos y fieles servicios al Gobierno de 
Colombia y á la independencia de su patria, se les había dejado deslizar 
por un camino peligroso. El Libertador pudo y debió hacerles evitar los 
riesgos y multitud de sinsabores, hablándoles desde el principio con fran- 
queza, á fin de que no contaran con su apoyo en aquella difícil empresa. 
Esta conducta habría sido noble, leal y generosa, propia de Bolívar con 
sus antiguos amigos." 

,E1 señor Restrepo, en mxxy sentidas palabras, añade en una nota, que 
desde el mes de Mayo los Ministros le habían escrito cartas particulares 
anunciándole el plan que meditaban ^ sin que les hubiese dado contestación 
en los cuatro meses corridos hasta Septiembre. 

Por la carta del Libertador escrita al señor Madrid, se ve que había 
contestado á la correspondencia particular dirigida sobre el asunto, y que 
había contestado manifestando su improbación sobre el plan de monarquía; 
el lector formará sobre estas dos aserciones el juicio que le parezca. 



I 

« 



CAPÍTULO CIENTO DOS. 309 

Ya hemos dicho que nosotros no somos fanáticos en política, para creer 
que los partidarios del gobierno monárquico hayan de condenarse como 
sectarios de la tiranía. Nada de eso; y bien se ha visto que los peores dés- 
potas son los que, como dice el apóstol San Pedro, toman la libertad por 
velo de sus siniestros designios. Antes se ejercía el despotismo por los re- 
yes, porque ésos eran los gobiernos de la época; en los tiempos del libera- 
lismo los déspotas ejercen su oficio con el gorro de la libertad en la cabeza, 
porque la corona yá no está en moda, y á los pueblos se les engaña con 
palabras. Así, pues, nosotros estamos muy lejos de reputar como malos pa- 
triotas á los que promovieron y trabajaron en el plan de monarquía para 
Colombia, y si se hubiera verificado, quizá habríamos marchado como ha 
marchado y marcha el Brasil; pero tenemos que fallar en el pleito y es 
preciso estar á los autos. 

Los Ministros del Consejo no han podido hacer inculpación al Liber- 
tador quejándose de él por no haberles dicho antes que no prestaría su 
asentimiento al proyecto que meditaban, aun admitiendo la idea de que, 
habiéndole dado aviso de ello, pasasen cuatro meses sin decirles nada, por- 
que según repite en muchas partes el mismo señor Restrepo, el Libertador 
siempre combatió la idea de levantar tronos en América, y nos cita hada 
menos que estas palabras, dirigidas al Congreso de Bolivia: ** Legisladores I 
Los principes flamantes que se obcequen hasta construir tronos encima de 
los escombros de la libertad, erigirán túmulos á sus cenizas que digan á 
los siglos futuros cómo prefirieron su fatua ambición á la libertad y á la 

gloria." 

¿ Cómo pudieron, pues, los que sabían estas palabras del Libertador, 
figurarse que apoyara el proyecto que tenían entre manos ? Aun hay mas: 
escribiendo al mismo Secretario de Relaciones Exteriores, doctor Vergara, 
en 1828, desde Hatoviejo, le decía: "No me gusta que intervengamos en- 
tre los argentinos y el Emperador, sino en el -caso de que pudiéramos indu- 
cir al último á la idea justa de dejar la banda oriental en libertad de for- 
mar un gobierno propio,^ de ninguna manera debemos entrar por la ereC" 
cien de un nuevo trono en América. Esto no es bueno ni nos seria honroso 
como republicanos acérrimos " (i). 

Con esto, ¿ cómo pudo el Secretario de Relaciones Exteriores, miem- 
bro del Consejo, formarse idea de que el Libertador pudiera recibir bien 
alguna vez sus proyectos dg erigir nuevos tronos en América ? ¿ Y la carta 

r\\ r./miado del original autógrafo qn^ conserya la familia del dootor Vergara. 



/ 



3Id HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

á Páez en qae el Libertador improbaba ese mismo proyecto y en que se 
extendió manifestando todos los inconvenientes que en Colombia se pre- 
sentaban al tal proyecto, no era otra prueba que el Consejo tenía á la vista 
para juzgarlo adverso al proyecto ? 

Es preciso convenir en que el Consejo procedió en esto con demasiada 
ligereza, porque la prudencia exigía que, en materia de tanta gravedad, no 
debiera darse paso alguno antes de consultarlo con el Libertador. Los Mi- 
nistros se quejaban de que éste, con su áspera improbación, los había dejado 
en un comprometimiento fatal; pero ellos no reparaban en comprometer, 
de una manera peor, al Presidente de la República al proyectar, sin su 
anuencia, el cambio de la República en Monarquía, cosa que si el Liberta- 
dor hubiera aceptado por no dejar comprometidos á sus Ministros, lo habría 
comprometido á él y dado fundado motivo á sus enemigos para acabarlo 
de perder en la opinión pública, pues que habrían dicho, y con apariencia 
de toda razón, que el proyecto era suyo. 

La disculpa que daban los Ministros para evadir el cargo de haber 
procedido arbitrariamente en tan delicado negocio^ no parece de hombres 
serios. Dicen que no habían hecho otra cosa que dar aplicación, del modo 
que era posible, á la orden del Libertador de solicitar la ayuda y protec- 
ción de alguna potencia europea para las Repúblicas de la América espa- 
fiola, porque esto no se habría podido conseguir sin fundar un Gobierno 
que diera garantías de orden y estabilidad á Colombia ; y añadían que an- 
tes el Consejo había hecho menos de lo que prevenía la orden, reduciendo 
los términos, en que se creyó asequible, á sólo Colombia. Esto quería de- 
cir que sin reducirla habría formado el proyecto de monarquía para toda 
la América del Sur; y como esto habría sido absurdo, se sigue que el modo 
de aplicar la idea contenida en la orden fue absurdo, porque los principios 
deben aplicarse por medios consiguientes á ellos y no por medios incom- 
patibles, porque la orden era solicitar protección para las Repúblicas y no 
para Monarquía, sistema en desacuerdo con los principios proclamados por 
los pueblos y por el mismo Libertador. Así, pues, la disculpa era inadmisi- 
ble, porque no se puede admitir en principio que cada cual, para cumplir 
las órdenes que se le prescriban, pueda usar de medios incompatibles con 
la intención del que las ha dado. Y si así no fuera, también el Consejo 
habría podido adoptar para Colombia la religión protestante, á fin de que 
la Inglaterra nos tomase bajo su protección; podría haber proyectado, 
igualmente, tratados degradantes con esta ú otra potencia europea; y si 



CAPÍTULO CIENTO DOS. 3II 

nada de esto habría podido hacerse para cumplir la orden del Libertador, 
tampoco podría hacerse la República Monarquía. Mando yo que me refec- 
cionen mí casa porque se está cayendo, y me hacen de ella una iglesia. 
I Buen modo de cumplir mis órdenes ! ¿ Tendría razón para quejarse de mí 
el arquitecto si yo le hacía desbaratar la iglesia? 

Verdaderamente, quedaron los Ministros del Consejo en una situación 
bien penosa con la declaratoria hecha por el Libertador contra el proyecto 
de Monarquía en que tanto se había avanzado. Se hallaban en compróme* 
timiento con el Ministro inglés y con el Comisionado francés. Este, á 
quien tanto cuadrara el dicho proyecto, había despachado prontamente, 
con las comunicaqiones que lo contenían, al Duque de Montebello para la 
Corte de Francia, y él había suspendido su partida por aguardar los resulta- 
dos de aquella embajada. Los Ministros de la República en Londres y Pa- 
rís, á la fecha habrían yá dado pasos sobre el negocio cerca de los respecti- 
voí Ministsos de Relaciones Exteriores. Éstas cosas, consideradas por todos 
y cada uno de los Ministros del Consejo, eran un tormento insoportable y 
serían mucho más dignos de compasión si ellos mismos no tuvieran la cul- 
pa de sus trabajos. 

En el ánimo del Libertador, tan angustiado como estaba en aquella 
época, también había causado un tormento grande el proyecto del Consejo, 
pues bien sabía que de poco necesitaban sus enemigos para desacreditarlo 
más y más. Era tal el estado de desaliento ó de desesperación en que se 
hallaba, que á poco escribió á los Ministros que él se separaba absclutanien- 
te del mando; que había dado orden de cerrar su Secretaría general, en- 
viando todo lo pendiente á los respectivos Ministros, y que ejercieran ellos 
el Gobierno en todos sus ramos. 

£1 Consejo no admitió esta delegación, manifestando al Presidente que 
á él exclusivamente era á quien los pueblos habían concedido las facultades 
de un Dictador, y que habiéndolas aceptado, no podía dimitirlas sino ante la 
representación nacional que debía reunirse el i,^ de Enero. 

El General Páez, como se ha dicho antes, había enviado al Comandan- 
te Austria cerca del Libertador para inquirir su opinión sobre el proyecto 
del Consejo de Ministros. Desde Popayán contestó á Páez manifestándole 
su opinión. Hablábale también sobre la necesidad de sostener la unidad 
colombiana, y añadía: "Mucho y mucho más podría decir á usted en esta 
carta, que sería nunca acabar. Por lo mismo me refiero en todo á lo que 
diga á usted Austria, que va bien empapado de mis ideas, que se reducen á 



312 HISTORIA DB NUEVA GRANADA 

dos palabras: sostener al Congreso^ Austria, manifestando á Páez los sen- 
timientos del Libertador, concluía así: '* Su Excelencia ha dicho antes que 
jamás cambiaría su titulo de Libertador por el de Emperador ni Rey, y que 
éste ha sido y es el voto más sincero de su corazón; y por último, que aun 
cuando Colombia entera, del modo más decidido y resuelto, quisiera un 
Rey, S. E. no sería monarca." 

Estos testimonios han sido publicados en Venezuela por los mismos 
enemigos del Libertador, como publicó también el General José María 
Obando, en posterior época, en sus Apuntamientos para la historia^ que et 
Libertador, cuando recibió las primeras cartas sobre el proyecto de monar- 
quía, lo llamó aparte y le dijo: ^*¿No ve usted cómo quiei'en estos hombres 
perder la República, y á mí con ella ? vea usted estas cartas;*' y agrega que 
le mostró las contestaciones que había dado á los Ministros improbando el 
proyecto. 

Sinembargo, los enemigos del Libertador, desentendiéndose de todo, 
siempre han continuado cultivando su calumnia de atribuirle el haber que- 
rido ser R^y de Colombia (i). 

El Consejo dio contestación, en 8 de Diciembre, á la nota de 22 de 
Septiembre con la exposición de las razones que había tenido presentes 
para proceder sobre el proyecto de monarquía ; la principal era la que 
antes hemos indicado, á saber: la de dar cumplimiento á la negociación 
encargada por el Libertador para solicitar la* ayuda y protección de 
alguna potencia europea en favor de la América. Esta nota del Consejo 



(1) Guando el General Santander estuvo en Eniopa por causa del 25 de Septiembre, 
Buministró un largo artículo para la ^Enciclopedia Británica, que se publicó bajo el rubro 
de " Colombia." Ese opúsculo fue traducido en tiempos posteriores por el doctor Lorenzo 
Haría Lleras, en Bojg^otá, agregándole algo más en el sentido calumnioso del texto, re- 
lativamente al Libertador. En el año de 1848, el editor de El Aviso, en una serie de ar- 
tioulos titulados ** Las cuatro administraciones," volvió á las calumnias sobre el proyecto 
de monarquía en Colombia, atribuyéndolo á ambición del Libertador y callando malioio- 
sámente, como lo habían hecho Lleras y los otros enemigos suyos, la improbación ezpli- 
cita que átal proyecto había dado. Ninguno más impuesto de los negocios del Consejo 
de Ministros que el editor de El Avino, señor José María Yergara Tenorio, hijo del señor 
Vergara, Secretario de Relaciones Exteriores. La calumnia de la monarquía de Bolívar 
61^ una cosa parecida á la forjada contra el Papa con el cuento de la condenación d^ Ga- 
lilea Se han publicado los documentos que la desmienten; se repiten todos los dfas, y 
sin embargo, el cuento se repite también todos los días, como si nada se hubiera dicho 
€m Qontraxio. Asi procede la mala fe, porque dicen que de la oalumia algo queda. 



CAPÍTULO CIENTC^ DOS. 313 

fue contestada con fecha .18 de Diciembre por la Secretaría general del 
Libertador, que yá se hallaba en el Cauca. (Véase el número 14). 

"Confesamos francamente, dice el señor Restrepo, que los fundamen- 
tos aducidos por el Libertador para fundar la improbación del proyecto 
de monarquía eran muy poderosos. Aun sin haberlo consentido, sus ene- 
migos se valieron de este pretexto para calumniarle y para despedazar su 
reputación, haciendo creer maliciosamente á los incautos é ignorantes 
que Bolívar, el fundador de tres Repúblicas, había querido coronarse y 
establecer un trono en Colombia." 

El Consejo resolvió suspender las negociaciones sobre este asunto, 
y el Ministro Secretario de Relaciones Exteriores dirigió en 31 de Diciem- 
bre, á los señores Bresson y Campbell, nota comunicándoles aquella reso- 
lución. Estos contestaron al Secretario, y eñ las contestaciones no deja de 
traslucirse la extrañeza que les causara tan repentina mutación en negocio 
que parecía tan meditado. (Véase el número 15). 

La negociación en Francia no había tenido resultado alguno, porque 
el Ministro Polignac, acérrimo legitimista, no quiso oír proposición alguna 
de los Estados americanos, por respeto á los derechos que creía tenía 
España sobre sus antiguas colonias. 

En Inglaterra la negociación iniciada por el Ministro de Colombia 
produjo todos sus efectos. El señor Madrid tuvo dos conferencias oficiales 
con el Secretario de Relaciones Exteriores de S. M. Británica, lord Aber- 
deen. De estas conferencias resultó: i.® Que el Gobierno inglés nada 
aconsejaba ni aconsejaría á Colombia sobre alteración en la forma de su 
gobierno; pero que, lejos de oponerse al establecimiento de una monar- 
quía, lo celebraría, porque el Gobierno de S. M. Británica se hallaba con- 
vencido de que esto contribuiría al orden y prosperidad de esta parte de 
la América; 2.^ Que el Gobierno inglés no opondría objeción alguna si el 
pueblo colombiano proponía al Libertador para su Monarca; declaración que 
hizo espontáneamente lord Aberdeen, no habiéndose tratado, por parte de 
los Ministros ni del Enviado de Colombia, de coronar á Bolívar; 3.^ Que 
Inglaterra tampoco tendría que hacer objeción alguna si el Príncipe que 
se eligiese era de la familia real de España; pero escogiéndose de cual- 
quiera otra dinastía, sería este negocio de sumo interés para la Gran Bre- 
taña, cuyo Gobierno de ningún modo permitiría " que un Príncipe de Ja 
familia reinante en Francia cruzase el Atlántico para coronarse en el 
Nuevo Mundo." Al mismo tiempo declaró que el Gobierno de S. M. no 






314 HISTORU DE NUEVA GRANADA 



^>»X'»yvrVr« 



sé prestaría, aun cuando se le propusiese, á que un Príncipe de la real 
familia inglesa fuese á reinar en la América española; declaratión que 
hacía para manifestar que ningún espíritu de concurrencia ni aspiración 
alguna motivaba aquella declaración. Después de esto, decía el Ministro 
inglés al de Colombia: '* Me parece, además, que el proyecto, como se ha 
indicado, es irrealizable: él es demasiado vago é incierto para que pueda 
satisfacer á nadie. ¿ Cómo es posible, que ningún Príncipe de las grandes 
naciones de Europa acepte un nombramiento que no podrá llevarse á 
efecto sino después de la muerte del Libertador ? Si se cree que la monar- 
quía es necesaria en Colombia y que convendría un Príncipe europeo, 
llámese á éste desde luego; de otro modo, ustedes no pueden encontrar 
un individuo de las primeras dinastías europeas que pueda llevar con- 
sigo el lustre y consideraciones que desean; encontrarán, á lo más, algún 
pequeño Príncipe alemán, con el que poco adelantarán ustedes. Pero ¿ qué 
necesidad tienen ustedes de hablar ahora de la sucesión ni de Príncipes 
europeos ? Continuando el Libertador al frente de Colombia, yá sea du- 
rante su vida, ó por un cierto número de años, ustedes podrán después 
resolver en lo sucesivo lo que sea más conveniente." 

Este era el concepto que el Gabinete británico había formado del 
Libertador. 

No pasó de aquí el ruidoso proyecto de monarquía en Colombia; y 
solamente volvió á promoverlo el doctor Vicente Azuero, cuando desde 
su destierro mandó, al llamado tirano^ un proyecto de Constitución mo< 
nárquica para Colombia, que fue dado al desprecio por el Libertador. 
Esto fue muy válido en aquel tiempo; y en el año de 1835 se le hizo cargo 
de ello al doctor Azuero en un papel titulado ^' Candidatura del doctor 
Vicente Azuero/' en que, para combatir ésta, se hacía una relación de 
hechos de la vida pública del candidato liberal (i). Baralt y Díaz han 
hecho un crimen de que los Ministros del Consejo hubieran proyectado 
proponer al Congreso la adopción del Gobierno monárquico, y dicen que 
se les debía haber juzgado y castigado. El fanatismo político de los libera- 
les debía también tener su inquisición para quemar á los que no opinaran 
por la democracia, y los venezolanos debían haber empezado sus autos de 
fe por Páez, los Carabaños, Tobar y otros de sus paisanos monarquistas. 



(1) Puede verse en la Biblioteca nadonftl, oolecoión de Pineda, serie 2.*, volomen 
20| número 266. 



CAPÍTULO CIENTO TRES. 315 

El señor Restrepo les ha contestado perfectamente bien á esos dos histo- 
riadores; pero se le olvidó lo mejor, y era que cuando el Consejo estaba 
dando pasos sobre esto, no sólo había libertad para opinar en política, sino 
que á poco vino la circular en que se excitaba á todos los colombianos á 
proponer sus ideas respecto al sistema de gobierno que hubiera de adop- 
tarse, y en la cual se decía ** que todas las opiniones, por exageradas que 
parecieran, serían igualmente bien acogidas," etc. 



CAPITULO CIII. 

SableTAción delJGeneral Córdoba en Aatioquia^Atentados que comete-— Denegación 
del Obispo al desconocimiento del Grobiemo— El General O'Leary marcha con ana 
expedición para Antioqnia— Derrota 7 muerte desgraciada de Córdoba — Revolu- 
ción en Venezuela contra la autoridad del Libertador— Juicio del Libertador sobre 
los Generales de Colombia—- Actas de separación de Venezuela— Actitud amenazante 
de Páez— La opinión pública se pronuncia en Venezuela por la separación—Los gra- 
nadinos la^deseaban igualmei^te — ^Páez nombrado Jefe interino del Gobierno de Ve- 
nezuela—Expide varios decretos y convoca el Congreso constituyente— Llega á la 
capital el Libertador— Se instala el Congreso constituyente— Sucre es nombrado 
Presidente— Mensaje del Libertador— El Congreso aprueba las medidas del Liberta- 
dor— Proclama del Libertador ¿ los colombianos — Sublevación del batallón ¿^^¿(E 
en Riohacha— Se pasa al servicio de Venezuela— El Congreso discute las bases de 
la Constitución— Se manda una comisión para presentarlas & Venezuela— No son 
aceptadas— El Libertador se retira del mando por enfermo— Se encarga del Poder 
Ejecutivo el Presidente del Consejo— Casanare se agrega 6, Venezuela— Es asesinado 
en los Llanos el General Carvajal^Cuestiones en el Congreso sobre la separación 
de Venezuela— Nuevas publicaciones contra el Libertador— Las elecciones de Pre- 
sidente y Vicepresidente— Alarmas en Bogotá— Concluye el Congreso la Constitu- 
ción-Mensaje del Libertador— Contestación del Congreso— Carta al doctor Madrid. 
Elección de Presidente — Desorden en el Congreso y se interrumpe la elección- 
Resulta en favor del señor Joaquín Mosquera y la de Vicepresidente en el señor 
Caicedo— Acto legislativo en favor del Libertador— El Congreso de Venezuela quiere 
el ostracismo del Libertador— Sublevación del Batallón Granaderos— Insultos hechos 
al Libertador— Parte para Cartagena— Decreto del Congreso en favor del Liberta- 
dor—Lo recibe en Turbaco y contesta al Gobierno. 

EMOS indicado antes las malas disposiciones en que se hallaba 
el joven General Córdoba, y debemos volver un poco atrás para 
dar alguna n&ticia sobre los antecedentes de este sangriento epi- 
sodio de la vida de Colombia en sus últimos dfas. 




3X6 HISTORIA T3i$ NX7EVA GRANADA 

I Qué desgracia para esta Repúblicaí que acabando de sellar la causa 
de su soberanía é independencia por el heroísmo militar de tantos ilustres 
hijosy estos mismos hijos, en vez de seHar cada uno de ellos la página de 
8U historia con la marca del desprendimiento, la tiznaran tantos de ellos 
con el feo borrón del interés personal, buscando su propio engrandeci- 
miento á costa de estji patria, que entre todos despedazaron para tomar 
cada uno su parte, y esto ] Dios santo 1 volviendo sus lepguas y sus espa- 
das contra aquel á cuyo genio debían todo su lustre; contra aquel que 
los había conducido al campo de la gloria; contra aquel que era el lazo 
común de los pueblos y el que en medio de los tumultos y algazara de 
ambiciosos se señalaba por su desprendimiento y clamaba porque los hijos 
de Colombia no despedazaran así las entrañas de su madre ! 

Añadían á esto la ingratitud personal para con aquel hombre que se 
olvidaba de sí mismo para ceder todo el honor y la gloria de los hechos 
militares que en él tenían origen, á sus compiiñeros de armas, porque él 
misma no se reputaba como superior á nadie, sino como compañero de 
todos ellos, y si alguna vez llegó á hacer valer su mérito, fue para refrenar 
y contener la ambición de algunos orgullosos que yá pretendían ñncar su 
patrimonio en la República, porque le habían prestado sus servicios. 

Ál ver lo que escribía Córdoba desde Bolivia cuando supo que se le 
acusaba en Colombia como criminal, ¿ quién podría creer que fuera capaz 
de adunarse con los facciosos? Ya fuera desvanecido espontáneamente 
por su propio orgullo y poco juicio, ya fuese seducido por los agentes del 
partido demagógico, lo cierto es que Córdoba se lanzó en una revolu- 
ción que, al no haberse podido sufocar tan pronto, quién sabe hasta dónde 
habría ido á dar con sus resultados. 

Empezó Córdoba desde antes del mes de Abril á manifestar en Pasto 
sm tendencias revolucionarias, estando con el mando de su división. Allí 
trató de fomentar rivalidades entre los oficiales granadinos y venezolanos ; 
quejábase de éstos y de sus Jefes, incluso el General Bolívar. Luego dio 
en el tema favorito de la tiranía. Sabedor el Libertador de estas cosas, 
lo reconvino en un viaje que hizo al Cuartel general, y satisfizo al Liber- 
tador con algunas razones; pero vuelto á Pasto, siguió con la misma con- 
ducta y se unió enteramente con los enemigos del Libertador. Éste, en- 
tonces, quiso quitarlo de enmedio de los pastusos, al mismo tiempo que 
aumentar los favores y distinciones que siempí^ le había prodigado, 
dándole un puesto, elevado, y le nombró Secretario de Estado del Despa- 



CAPITULO CIEÍÍTO TRES. 3^7 

cho de Marina. Córdoba» en lugar de gratitud, miró la cosa con desprecio, 
y dijo que le había dado aquel destino para ganárselo. Pidió luego licencia 
para ir á Antioquia, y en su tránsito por Popayán y Cauca continuó des- 
caradamente con sus vociferaciones y tramas revolucionarias. 

Llegado á Rionegro, asistió á un convite, y enMa mesa brindó excitas- 
do á derramar la sangre del Libertador, calificándolo de tirano...... ¿ Qué 

le había hecho á este desagradecido, sino favores y distinciones de amor 
como de un padre? ¿Qué había hecho el Libertador para que este joven 
ambicioso le calificara de tirano ? El lector ha visto cuál era. la conducta 

• 

del pretendido tirano. En seguida hizo juntas y empezó á tramar la revo- 
lución, contando con el apoyo de su hermano el Cónsul Salvador Córdoba, 
que era Comandante general de armas, y con el Gobernador JaramiUo/ 
que era su cuñado. El Coronel Francisco Urdáneta se hallaba en Medellfn, 
y aunque sin mando de tropa de que pudiera disponer, trató de impedir 
la revolución, y mandó unos veinte hombres con un Oficial á Rionegro, 

' ^ con el designio de aprehender á los Córdobas; pero nada se hizo, sabiendo 

que Córdoba tenía yá reunida gente, con la cual se dirigió al día siguiente 
sobre Medellín. Urdáneta trató de reunir gente para oponérsete, pero casi 
nada consiguió de la generala que hizo tocar» y habiéndose empeñado 
varios vecinos para que hubiera algún arreglo y evitar desgracias, Urdá- 
neta capituló con Córdoba, quien se posesionó de Medellín, donde cogió 
como dos mil fusiles, municiones y otras armas, con que. pudo yá hacerse 
fuerte. 

Desde el 20 de Septiembre quedó Córdoba dueño de la Provincia 
de Antioquia y dispuso á su antojo de las rentas públicas, de las propieda- 
des y vidas de los habitantes. Proclamóse él mispio Comandante en Jefe 
del Ejército de la libertad; mandó desconocer el Gobierno de Colombia 

^ y declaró subsistente la Constitución de Cúcuta. Envió emisarios y pro* 

clamas á todas partes para que se hicieran actas en todos los pueblos y 
ciudades, como se hicieron, reconociendo su autoridad y la Constitución 
de CúCbta, por la cual no se reconocía esta clase de autoridades. 

El Gobernador Jaramillo pasó al Obispo un oficio trascribiéndole el 
que á él le pasó Córdoba exponiéndole las razones de su pronunciamiento, 
siendo la primera y principal el haber llegado á convencerse de *' que el 
tremendo poder con que rige el General Bolívar la República (todos los 
revolucionarios le quitaban el título de Libertador) es tan vicioso é ilegal 
en su origen, como tiránico en su ^'eradoJ^ Cói?doba pedia todos su» awi« 



3X8 HISTORIA DE NUEVA QRANADA 

lios al Gobernador y le proponía que mandara desconocer el Gobierno de 
Bolívar y de su Consejo de Ministros, y que se observara la Constitución 
legítima de la República ''en todo lo que no se oponga al paso que ahora 
damos." (i) 

El Obispo contestó que no tendría inconveniente para deferir al 
torrente de las circunstancias, si no se le exigieran actos contrarios á su 
conciencia. "En esa misma capital, decía, he prestado el año próximo 
pasado un juramento solemne de sostener el actual Gobierno constituido 
por una unanimidad absoluta de toda la República: lo creí justo: lo presté 
voluntariamente, de buena fe, y este acto simultáneo en todos los pueblos 
produjo tan excelentes resultados, que la República se salvó de los horrores 
de la anarquía." Concluía el Obispo diciendo que antes de someterse á un 
acto que estaba en contradicción con su conciencia, le expidiera el corres- 
pondiente pasaporte para la capital. Estos documentos los envió el Pre- 
lado en copia al Consejo de Ministros con la correspondiente nota dando 
cuenta de su conducta. 

Era una cosa semejante á los salvadores de la tercera división que 
vipieron á Guayaquil á quitar autoridades constitucionales á nombre de 
la Constitución. Córdoba hizo reclutamiento y formó su ejército, que 
empezó á disciplinar activamente; pero no halló cooperación en las gentes 
de influjo en la Provincia, que casi todos desaprobaban la revolución tan 
intempestiva cuando estaba para reunirse el Congreso que debía remediar 
los males de que se quejaba Córdoba. Dos * Oficiales quisieron sufocar la 
revolución apoderándose de un cuartel, matando al Jefe de la revolución. 
Descubiertos que fueron, los pjüiso en capilla y los hizo fusilar sin proceso 
alguno. Este era el enemigo del Urano. 

Córdoba ofrecía en sus proclamas libertar toda la República, y decía 
que su insurrección contra la tiranía se extendería en todo el Sur, porque 
lo había dejado minado desde Pasto hasta Neiva. Esto era de temer, porque 
bien se sabía cuánto había intrigado por todos los lugares por donde había 
pasado, y siendo un General de tanta fama, era posible que al for mazarse 
la revolución en Antioquia, se trasmitiría al Cauca y el incendio siguiera 
sus estragos. 

El Consejo de Ministros recibió las noticias ¿t esta insurrección el día 

(1) A este paso han qnerido hacerse dneñoe de la Bepública siempre los revolucio- 
naxiOB; en 54, Meló dijo lo mismo: " La Gonstitnción, en todo lo que no se oponga etc." 
Lo tísico que en las GonBtitaoioneB no se ppone es el título. 



capítulo ciento tres. 319 

26 de Septiembre, y en el momento se empezó á tratar sobre el modo de 
sufocarla, con el mayor empeño, antes que tomara cuerpo. Al siguiente 
día se hizo marchar para Antioquia la columna de Occidente de Vene- 
zuela, al mando del General O'Leary, compuesta de ochocientos veteranos 
excelentes. Como la capital quedó desguarnecida y había muchos enemigos, 
de quienes se sabía que tenían reuniones clandestinas para conspirar con- 
tra el Gobierno, éste dispuso que 'se practicasen diligencias para descubrir 
las tramas y conocer á sus fautores. Resultó que el Coronel Torrens, 
Encargado de Negocios de Méjico, Hendersson, Cónsul británico, y el Ge- 
neral Harrison, antecesor del Coronel Moore en la Legación de los Estados 
Unidos, y otras personas particulares, sabían que iba á estallar la revolu- 
ción de Córdoba, y que algunos de los que concurrían á juntas clandes- 
tinas estaban en correspondencia con él. El General Harrison se había 
yá señalado desde su Legación como enemigo del Libertador, y de acuerdo 
con los santanderistas, mandaba á los Estados Unidos artículos denigran- 
tes de su conducta política, para publicarlos en aquella República. Estos 
escritos, publicados contra el Libertador en los Estados Unidos, son los 
que hace valer el General Santander en sus posteriores Apuntamientos; 
pero sabiendo el origen de esos artículos, también se sabe lo que ellos 
pudieran valer contra el Libertador. 

Torrens, que era de las logias yorkinas de Méjico, logias por medio 
de las cuales los norteamericanos dispusieron á su arbitrio de los destinos 
del país, se empeñó en resucitar la masonesía en Bogotá para hacer la 
guerra al Gobierno del Libertador, contra quien había dirigido multitud 
de chismes al Presidente dé Méjico; pero los esfuerzos de Torrens nada 
habían adelantado por este camino; ni él ni Harrison pudieron lograr 
influjo político en Colombia por medio de las logias, que desde 1823 
habían caído en descrédito; y, por último, el Decreto de 8 de Noviembre 
había imposibilitado la existencia de ellas. El Gobierno determinó des- 
cartarse de tan peligrosos enemigos, y de acuerdo con el Ministro inglés 
y el de los Estados Unidos, hizo salir de la República en breve tiempo 
al Cónsul Henderson y af General Harrison. A Torrens le expidió pasa- 
porte, y dirigió á los respectivos Gobiernos las explicaciones y documcQ'- 
tos que acreditaban la indebida ingerencia de esos extranjeros en los nego-^ 
cios domésticos del país, con el designio de turbar la tranquilidad pública. 

La expedición sobre Antioquia marchó con toda celeridad y sorpren* 
dio en Nare un destacamento de Córdoba. Desde la montaña mandó él 



323 HISTORIA DE NUSVA GRANADA 

General O'Leary al Comandante José Manuel Montoya con misión de 
paz cerca de Córdoba; mas nada adelantó, aunque se le ofrecieron cuantas 
garantías pudiera apetecer; todas las proposiciones las despreció este Gene- 
ral orgulloso, que se creía invencible con cuatrocientos reclutas que tenía 
en el Pefiol y en la Ceja de Guatepé á la salida de la montaña, que fue 
donde lo encontró Montoya. 

Córdoba aguardó la expedición de 0*Leary en el Santuario. Esta salió 
el 17 de Octubre de los Baos á las seis de la mañaiía, y á las once se estaba 
batiendo con las fuerzas enemigas cerca de la capilla del Santuario. El 
Coronel Carlos Castelli era el Jefe inmediato de las fuerzas del Grobiefno, 
y á quien O'Leary dio la orden de atacar. Una retirada falsa por parte 
de la tropa de Castelli hizo precipitar á Córdoba sobre toda la fuerza 
del Gobierno, empeñándose un combate general, el que concluyó á las 
dos horas con la derrota completa de Córdoba. Este se situó con unos pocos 
hombres en la puerta de la Casa de Teja, haciendo un fuego vivo. El Coronel 
Castelli y el Comandante de caballería, Ruperto Hand, recibieron orden 
de O'Leary para atacar la casa y no dar cuartel á los que resistieran. Cor* 
doba recibió una herida y se retiró al interior de la casa, donde lo halló 
Handy quien le dio un sablazo en • una mano y otro en la cabeza, de que 
murió á los pocos momentos. Se dijo que Hand había matado á Córdoba, 
no obstante haberle dicho éste que estaba rendido. 

De la gente de Córdoba quedaron muertos, entre oficiales y soldados, 
cerca de doscientos; y del Go))ierno hubo doce soldados muertos y quince 
heridos. 

Muy lamentable fue el extravío de Córiloba, sin duda uno de los 
militares más valientes que figuraron en la guerra de la independencia. 
(Véase el número 16). 

Hay misterios inexplicables en la conducta de Córdoba. Con el Liber- 
tador no sólo no tenía' motivos de queja, sino que los tenía de gratitud por 
lo mucho que lo quería y lo había distinguido. Respecto de su conducta 
política, ¿ por qué lo trataba de tirano ? ¿ Sería por haber aceptado la dic- 
tadura que le confiaron los pueblos desde el 13 de lunio ? Pero el día 13 de 
Junio por la tarde, cuando se tenía la junta de padres de familia y demás 
personas notables que acordaron el acta en la galería de la plaza de Bogotá, 
estaba allí el General Córdoba, quien, sentado sobre una mesa y con foete 
en mano, echaba bravatas contra los convencionistas de Ocaña y amena- 
zaba á los liberales enemigos del Libertador. Esto lo presenciaron gentes 



CAPÍTULO CIENTO TBStó» }2X 

que hoy viven en Bogotá. Viene luego el 25 de Septiembre, y resulta que 
esa noche se encuentra con Garujo, quien iba con unos artilleros que le 
entrega á Córdoba, creyéndolo de su partido. ¿ Y por qué lo creía de sa 
partido, habiendo Garujo presenciado la escena del 13 de Junio? Parece 
que Garujo, que acababa dé matar á su benefactor Fergusson, en vez de 
dar á Córdoba la gente, debía haberlo tratado como á enemigo. Algunos 
piensan que Córdoba 'era yá enemigo del Libertador antes del 25 de Sep- 
•tiembre; pero también es cierto que Córdoba fue uno^de los más empeña- 
dos en castigar esos conspiradores: que esa noche los persiguió cotí los 
soldados que le dio Garujo, y que, como Jefe de Estado Mayor, se portó 
con la más grande actividad. ¿ Y después de todo esto, Córdoba grita, como 
los del 25 de Septiembre, muera el tirano ? 

A consecuencia de las intrigas de Córdoba también había habido 
pronunciamiento contra el Gobierno en el Chocó, promovido por el Go- 
bernador, primer Comandante, Fermín Vargas. Mas luego que O'Leary 
le dirigió una intimación anunciándole la derrota y muerte de Córdoba, 
aunque Vargas contestara con arrogancia,. el vecindario, que no estaba por 
revoluciones, junto con el Jefe político y el extranjero Guillermo Goutin, 
se apodera del cuartel, pone preso á Vargas y proclama de nuevo el Gobier- 
no del Libertador, sin necesidad de que OXeary tuviera que enviar tro* 
pas á restablecer el orden, como lo tenía dispuesto. 

Al concluir la revolución de Antioquia, estalló la segunda de Vene- 
zuela. Allí se esperaban los resultados de los planes de Córdoba, y al saber 
que yá éste había dado el grito contra el Libertador en Antioquia, creye- 
ron los venezolanos que era llegado el tiempo; pero no sabían que tan 
pronto hubiera desaparecido el auxiliar con que contaban; ni sabían aún 
que la guerra con el Perú había también terminado, que era otro elemento 
con que se contaba en Venezuela para la destrucción del Gobierno del 
Libertador. Pero si por este lado las cuentas les salían mal, por otro les 
salían muy bien, porque les llegó la circular de 31 de Agosto, y con esto 
no solamente creyeron que podían proponer reformas á su gusto, sino que 
podían ponerlas en práctica. Después de varios pasos del General Páez 
y de algunas intrigas, se proclamó la separación de Venezuela del resto 
de Colombia, para constituirse en nación independiente, y al efecto se 
acordó todo ello en una junta tenida en Caracas. Páez fue encargado del 
mando supremo y se mandaron formar las Asambleas electorales para ele- 
gir Representantes á la Convención venezolana. 



322 HISTORIA DE NUEVA ÓRANADA 

La revolución empezó, como empezaban todas las de ese tiempo, mal- 
diciendo á Bolívar, quejándose de su tiranía ; y como en este tiempo se 
trataba en el Consejo sobre el proyecto de monarquía, en Venezuela lo 
atribuyeron al Libertador é hicieron grande escándalo, no obstante haber 
salido de allí y del mismo Páez el primer proyecto de monarquía ofre- 
ciéndole la corona al Libertador. 

Una cosa graciosa hay que notar en esta comedia venezolana, y es 
que en el pronunciamiento de Caracas contra la autoridad d^ Libertador 
Presidente, figuraba el dichoso Leocadio Guzmán, nada menos que de 
comisionado para llevar el acta de Caracas á Páez; el mismo comisionado 
por Páez para llevar á Bolívar en 1826 la carta de monarquía. Hay hom- 
bres, como dijo Mr. Cormenin, hablando de Mr. Thiers, que son instru- 
mentos que sirven para todo; que se doblan y no se quiebran. Los otros 
comisionados eran Alejo Fortique y Félix María Alonso. Estos instaron 
á Páez, que estaba en Valencia, se trasladara á Caracas y se hiciera inme- 
diatamente cargo del mando supremo que se le había confiado. Páez se 
denegó, escrupulizando de faltar *al juramento que había hecho de observar 
la organización provisional establecida por el Libertador, escrúpulos que 

■ 

no tuvo en 1826 para faltar al juramento de observar el orden establecido 
por la Constitución de Cúcuta; sin embargo, ofreció que los deseos de los 
venezolanos serían satisfechos por el Congreso Constituyente de Colombia 
que estaba para reunirse, y mientras tanto Caracas no tendría nada que 
temer por su pronunciamiento. 

Como cuando se forjó la nueva revolución de Venezuela fue contan- 
do sobre los resultados del alzamiento de Córdoba y los de la guerra del 
Perú, que, según se pensaba, estas dos cosas á la vez debían acabar con el 
poder de Bolívar para quedar cada General dueño de su hato (j); tan lue- 
go como se supo que todas esas esperanzas se habían vuelto humo, se hicie- 

' (1) i Qué escribía sobre esta especie de crisis el Libertador ? Oigámosle: " ¿Qaé liare* 
moB con estos Oenerales conspiradores 1 Si los contengo, soy tirano, y si espero que de- 
lincan para castigarlos, soy eruel asesino, i Qué liaremos ? Usted verá lo que hay con 
respecto á Córdoba 7 Popay&n. Bebemos, sinembargo, impedir el mal para qne Inégo no 
sea mayor. El Clonsejo hará lo que tenga por más conveniente. Yo no sé si todavía es da* 
ble mandar en misión á Córdoba. Si fuese posible emplearlo en Europa, haría menos mal 
sin dejar de hacerlo. Ustedes verán lo que hacen para que no nos acusen de dejar fomen* 
tar las conspiraciones para castigarlas y de iz^pedir la libertad. Lo peor es que cuantos 
Jefes haya en la Nueva Granada harán lo mismo si se oreen con partido; y éste no les 
faltará por sh fe de bautismo. Yo tendré que ser viotima y tirano juntamente aH fin de 



CAPÍTULO CIENTO TRES. 323 

^^^ ^ ** *^ »^ ** *^ «* ^# «^ « « «^ «_^ «_« ^> «_^ *_# %^ *_# %^ ^^ *_# ^* *^ *# ^^^i^^^^^^^^^'X-rxjxj^ 

ron los escrupulosos y no entraron al pretorio por no contaminarse y poder 
comer la pascua legalmente á sombra del Congreso. Tampoco los gatos 
quisieron comerse el asador, porque era caso de conciencia. Esta es nuestra 
historia: hipocresías y negocio. 

Páez escribió al Ministro del Interior dando cuenta de todo al Conse- 
jo, y al concluir decía: " Yo no me he querido meter en nada, porque S. 
E. el Libertador me ha prevenido que deje á los puebles obrar (i) y decir 
lo que quieran con entera franqueza y libertad. Así lo han hecho, y yo por 
mi parte diré que he llenado mis deberes si, sosteniendo el régimen jurado, 
puedo mantener el orden, la tranquilidad y la administración hasta que el 
'Congreso constituyente res'uelva en la materia. Asi lo he encargado á todas 
las autoridades que están bajo mi mando en estas Provincias, dando ór- 
denes al mismo tiempo para que se conserve el respeto, veneración y obe- 
diencia á S. E. el Libertador Presidente. 

Estas promesas eran muy buenas, pero duraron poco. Las actas siguie- 
ron en todas partes y en algunas se hizo una segunda, declarándose yá 
separada Venezuela de la Unión Colombiana; una de éstas fue la de Valen- 
cia, firmada por lo principal de su vecindario, que se señaló miserablemente 
con la negra mancha de la ingratitué, de la injusticia y de la iniquidad, 
pidiendo el ostracismo del Libertador. Era general la opinjón por la se- 
paración; y así fue que de los Representantes electos para el Congreso, unos 
renunciaron, y otros se excusaron; sólo cuatro vinieron de Venezuela á las 
sesiones, y cinco más que concurrieron estaban en otras partes. En este 
estado, Páez se dejó de contemplaciones creyendo la fruta yá madura, se 
trasladó á Caracas á fines de Diciembre, y aprobando todo lo hecho, ofreció 

* 

sostener con las armas la separación de Venezuela. Entonces escribió al 
Libertador manifestándole su resolución y amenazando con que si se les 
quería sujetar por la fuerza, el país entero se cubriría de guerrillas que lo 
destruirían, y que por último recurso, más bien se entregarían á los espa- 
ñoles. 



todo. Esto es horrible. Yo nd sé cómo conducirme para dar gusto & estos señores. Si 
hago mucho, abuso, y si no, están quejosos. Ahora yoj á hacer cuatro Generales grana- 
dinos; y usted verá luego lo que hacen: no quedarán conformes. Esto no tiene remedio." 
Carta escrita desde las Bodegas de Babahoyo en Guayaquil, á 28 de Septiembre de 1829, 
á uno de los Ministros del Consejo. 

(I) Los pueblos de que hablaba el Presidente Fey en su proclama de 1810. Los pue- 
blos entre nosotros no obran nada;.lo8 revoltosos j ambiciosos son los que obran sobre 
el pueblo. 21 



324 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Sabedor de esto el Consejo de Gobierno, nada se atrevió á hacer, pues 
pocos meses antes había recibido comunicaciones del Libertador en que 
opinaba por la separación de Venezuela, fundado en que este hecho era 
inevitable. No hizo más que darle cuenta de todo, cuando yá estaba en 
camino para la capital. La contestación fue que la separación era irreme- 
diable, y que lo que convenía era que la deqretara el Congreso para que se 
efectuara de un modo pacífico y regular. • 

El Consejo, viendo que uno de los pretextos de la revolución de Vene- 
zuela era el de oponerse al establecimiento de monarquía, determinó que 
se oficiara á los Ministros Madrid y Palacios, dando por rota la negociación 
entablada sobre el asunto. La improbación del Libertador y la aversión 
manifestada en los pueblos de Venezuela por el proyecto, eran los princi- 
pales motivos alegados en las notas diplomáticas para tomar tal deter- 
minación. 

El General Páez se halló perfectamente bien apoyado por la opinión 
pública en Venezuela acerca de la separación, y así empezó á ejercer todos 
aquellos actos consiguientes á la suprema magistratura, expidiendo varios 
decretos de organización gubernativa. Creó Secretarías de Estado, y para 
la primera, que era de lo Interior y Justicia, nombró al doctor Miguel 
Peña, cabeza que dirigía las principales operaciones de Páez desde la pri- 
mera revolución de 1826, que sin el doctor Peña no se habría verificado, 
y sin la muerte del Coronel Infante, Peña no habría ido á Venezuela^ y sin 
las pasiones é influencia de tres hombres que sf propusieron hacer matar á 
Infante, no se habría anticipado la revolución que mató á Colombia. Es 
cierto que las revoluciones siempre habrían tenido lugar, porque para no 
haberlas, no debía haber habido Generales ambiciosos ni demagogos docto- 
res; pero sin la revolución de Páez, Colombia habría seguido su marcha 
gloriosa, al menos por ocho años más, y entonces ¡de qué diverso modo ha^ 
brían sido las cosas ! 

Si los venezolanos deseaban separarse de la Nueva Granada, los gra- 
nadinos no deseaban menos la separación de Venezuela: quejábanse del 
mando y despotismo de los venezolanos, que desde la unión habían ocupado 
los primeros puestos en las tres secciones de Colombia^ y se quejaban de 
qae de la Nueva Granada se habían estado sacando grandes sumas de 
dinero, desde el año de 1819, para auxiliar á Venezuela, cuando de allá 
no se podta decir lo mismo. Los ecuatorianos tampoco se llevaban bien ni 
con los del centro ni con los del Norte; los llamaban colombianos^ como si 



CAPÍTULO CIENTO TRES. 325 

ellos no lo fueran también. Así, la opinión por la separación era uniforme 
y yá se podía contar con la disolución de la Gran República; aunque no 
con la anticipación que se hizo ni del modo como se hizo. 

Entre los decretos de Páez, el más notable fue el de 13 de Enero de 
1830, convocando el Congreso venezolano constituyente que debíai reunirse 
en Valencia el día 30 de Abril próximo. 

En Bogotá no se pensaba más que en la llegada del Libertador y la 
reunión del Congreso; pero el 2 de Enero había llegado y eran muchos los 
Diputados que faltaban. En el mismo día se reunieron los presentes y eli- 
gieron Presidente de la Junta preparatoria al doctor José María del Casti- 
llo, y Secretario al señor Juan García del Río. La diputación se bcupó en 
calificar las elecciones y en dictar providencias para la concurrencia de los 
diputados que faltaban. Una de las primeras medidas que tomó la diputa- 
ción fue la de dirigirse al Libertador para que apresurase su marcha y vi- 
niera á instalar el Congreso. El 15 de Enero estuvo en la capital, donde se 
le recibió con general alegría, tributándole todos los honores y demostra- 
clones que le eran merecidos. 

No tardó en reunirse el Congreso después de la llegada del Libertador. 
La instalación se verificó el 20, con gran solemnidad y presidiéndolo el 
mismo Libertador, quien recibió el juramento á los cuarenta y siete diputa- 
dos presentes. Presidió luego la elección de Presidente del Congreso, que 
recayó en el gran Mariscal de Áyacucho, y la de Vicepresidente en el señor 
Estévez, Obispo de Santa Marta. El Presidente electo ocupó el solio y el 
Libertador pronunció un corto pero elocuente discurso, que concluyó di- 
ciendo al Congreso que los pueblos fincaban todas sus esperanzas en sus 
representantes, que les darían una Constitución llena de fuerza y libertad ; 
que, por tanto, se retiraba con la mayor confianza, dejando el Congreso pre- 
sidido por el más digno de los Generales de Colombia. Dicho esto, entregó 
su Mensaje al gran Mariscal y se retiró, acompañándolo has¿a el Palacio 
una diputación del Congreso. 

El elogio hecho por el Libertador al General Sucre parece que ofendió 
al General Urdaneta, que estaba presente como Representante. Túvose 
por una de aquellas ligerezas en que solía incurrir el General Bolívar, y 
la frase se corrigió en la Gaceta en que se publicó el discurso, poniendo: 
por uno de los más dignos Generales de Colombia. 

El Libertador en su Mensaje hacía la pintura del triste estado de la 
República desde 1826: al hablar de 1& Convención de Ocaña, decía que lo 



326 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

había colocado en una situación horrible *'por haberlo puesto á dis- 
creción de los juicios y de las sospechas. Mas, que para salvar la República 
de la disolución y de la anarquía, no le había detenido el menoscabo de 
nna reputación adquirida en una larga serie de servicios en que habíaa 
sido necesarios y frecuentes sacrificios." Manifestaba que no hacía indi- 
cación alguna sobre las instituciones que debían darse á Colombia, porque 
habiendo él mismo convocado el Congreso y señaládole facultades, no 
debía influir sobre él de modo alguno en sus deliberaciones. Su único de- 
ber, decía, era obedecer sin restricción el Código y á los Magistrados que 
dieren los representantes del pueblo, y concluía pidiendo al Congreso que 
pensara én otro ciudadano para la Presidencia de la República, y decía: 

Dentro y fuera de vuestro seno hallaréis ilustres ciudadanos que desempe- 
ñen la Presidencia del Estado con gloria y ventajas. Todos mis conciudadanos 
tienen la fortuna inestimable de parecer inocentes á los ojos de la sospecha; 
aólo yo estoy tildado de aspirar á la tiranía. 

Libradme, os ruego, del baldón que me espera si continuo ocupando ' un 
destino que nunca podrá alejar de sí el vituperio de la ambición. Creedme, un 
nuevo Magistrado es yá indispensable para la Bepública. El pueblo quiere saber 
si dejaré alguna vez de mandar. Los Estados americanos me consideran con 
cierta inquietud, que puede atraer algún día á Colombia males semejantes á 
los de la guerra del Pera. En Europa mismo no faltan quienes teman que yo 
desacredite con mi conducta la hermosa oajiisa de la libertad. Ah ! cuántas cons- 
piraciones y guerras no hemos sufrido por atentar á mi autoridad y á mi perso- 
na! Estos golpes han hecho padecer á los pueblos, cuyos sacrificios se habrían 
ahorrado si desde el principio los legisladores de Colombia no me hubieran for- 
zado á sobrellevar una carga que me ha abrumado más que la guerra y todos 
sus azotes.. 

Mostraos, conoiudadauos, dignos de representar un pueblo libre, alejando 
toda idea que me haga necesario para la Bepública. Si un hambre fa^e neóesa- 
rio para mantener el Estado, no debería existir, y al fíu no existiría. 

El Magistrado que escojáis será, sin duda, un iris de concordia doméstica^ 
un lazo de fraternidad, un consuelo para los partidos» abatidos. Todos lo^ colom- 
bianos se acercarán al rededor de este mortal afortunado: él los estrechará en 
los brazos de la amistad, formará de ellos nna familia de ciudadanos. Yo obe- 
deceré con el respeto más filial á este Magistrado legítimo; lo seguiré cual ángel 
de paz; lo sostendré con mi espada y con todas mis fuerzas. Todo afiadirá ener- 



CAPÍTULO CIENTO TRES. 327 

gía, respeto 7 sumisióa á vuestro escogido. Yo lo juro^ legisladores; 70 lo pro- 
meto á nombre del pueblo 7 del ejército colombiano. La Bepúblíca será feliz si, 
al admitir mi renuncia, nombráis de Presidente á un ciudadano querido de la 
Nación: ella sucumbiría si os obstinarais en que 70 la mandara. Oíd mis súpli*^ 
cas: salvad la Bepública; salvad mi gloria, que es de Colombia. 

Disponed de la Presidencia que respetuosamente abdico en vuestras manos. 
Desde ho7 no 807 más que un ciudadano armado para defender la patria y obe- 
decer al Gobierno; cesaron mis funciones políticas para siempre. Os hago for- 
mal 7 solemne entrega de la autoridad suprema que los sufragios nacionales me 
han conferido. 

Pertenecéis á todas las Provincias; sois sus más selectos ciudadanos; habéis 
servido en todos los destinos públicos; conocéis los intereses locales 7 generales; 
de nada carecéis para regenerar esta Eepública desfalleciente en todos los ramos 
de su administración. 

Permitidme que mi último acto sea recomendaros que protejáis la Religión 
Santa que profesamos, fuente ^profusa de las bendiciones del cielo. La Hacien- 
da nacional llama vuestra atención, especialmente en el sistema de percepción. 
La educación pública^ que es el cancro de Colombia, reclama de vosotros sus más 
sagrados derechos. El ejército, que infinitos títulos tiene á la gratitud nacional, 
ha menester una organización radical. Jja justicia pide códigos capaces de de« 
fender los derechos de la inocencia de hombres libres. Todo es necesario hacer- 
lo, 7 vosotros debéis poner el fundamento de prosperidad al establecer las bases 
generales de nuestra organización polítioa. 

Conciudadanos! Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien 
que hemos adquirido á costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para 
reconquistarlos, bajo vuestros soberanos auspicios, con todo el esplendor de la 
gloria 7 de la libertad. 

Bogotá, 20 de Enero de 1830. ♦ Bolívar. 

El Congreso constituyente de Colombia se componía de hombres de 
todas las Provincias, de todos los partidos, de todas las profesiones ; hom- 
bres escogidos entre lo más notable de ellas por su patriotismo y por sus 
luces; hombres elegidos libremente, sin intrigas ni influencias del poder. 
Este Congreso, verdaderamente admirable^ como lo llamó el Libertador, 
dio á éste la última y más espléndida satisfacción por todos los ultrajes, 
por todas las calumnias y por todas las iniquidades que la ingratitud y la 
perfidia habían irrogado al Libertador y Padre de la Patria. 



328 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

En contestación al Mensaje, el Congreso dio una completa aprobación 
de 311 conducta, en cuanto había hecho, así para conservar la unión colom- 
biana, como para precaver á los pueblos de la anarquía. £1 Congreso le ma- 
nifestaba hallarse dispuesto á sostener la unión colombiana entre Nueva 
Granada y Venezuela, punto capital y en que se hallaba en oposición con 
el Libertador, quien, desde los últimos acontecimientos de aquel país, había 
manifestado al Consejo de Ministros su opinión por la separación, porque 
yá tenia por imposible la unión de estas dos secciones de Colombia. El 
Consejo, que opinaba en contrario, le había contestado suplicándole que 
no manifestase su pensamiento sobre esto, porque entonces sería irremedia- 
ble la destrucción de Colombia, y así lo hizo, no volviendo á decir palabra 
en pro de la separación de Venezuela, aunque siempre opinando lo mismo; 
mas cuando el Congreso se manifestó del modo dicho, se sometió absolu- 
tamente á sus disposiciones, porque había repetido muchas veces: ** á los 
Representantes toca £¡ar los destinos de Colombia y á mí someterme á su 
voluntad soberana.^' De estos hechos se deduce la absoluta independencia 
con que obraban, respecto del Libertador, el Congreso y el Consejo, y la 
resignación de aquél en la voluntad del Cuerpo soberano. 

El Congreso, en su respuesta al Libertador, le decía: 

El monstruo dev orador de la anarquía se cebaría, señor, en Colombia, si 
YOB la abandonaseis en este momento. Vos habéis prometido solemnemente con- 
tinuar ejerciendo la suprema autoridad hasta tanto que el Congreso promulgase 
la Constitución del Estado y nombrase sos Magistrados; y si por una parte, lo 
que debéis á Colombia y á vos mismo, señor, opone obstáculos poderosos á qne 
Be lleve á efecto la abdicación que habéis hecho de la Presidencia de la Repú- 
blica, el Congreso, por otra, se ve en la absq^uta imposibilidad de aceptárosla, 
porque aquella promesa está contenida en la ley de su creación, y él debe ser 
el primero en respetarla religiosamente. Por lo que hace á vuestra reputación, 
ella no puede sufrir menoscabo por las calumnias de vuestros detractores: la 
existencia de esta Asamblea es la respuesta más victoriosa á todas ellas. Con- 
tinuad, señor, preservando á Colombia de los horrores de la anarquía; dejadla 
por legado la consolidación de sus le jes; y vuestro nombre, yá inmortal, apare- 
cerá más resplandeciente aún y más puro en las páginas de la historia, cuando 
el buril de ésta baya grabado en ellas que todo lo pospusisteis, todo lo sacrificas- 
teis á la felicidad de vuestra patria. 



m 









CAPÍTULO CIENTO TRES. 329 

En el mismo día dirigió el Libertador estas elocuentes palabras á los 
colombianos: 



^' \ Colombianos ! Hoy he dejado de mandaros. Veinte años há que os be 

servido en calidad de soldado y magistrado. En este largo período hemos recon- 
quistada la patria, libertado tres Repúblicas, conjurado muchas guerras civiles, 
y cuatro veces he devuelto al pueblo su omnipotencia, reuniendo espontánea- 
mente cuatro Congresos constituyentes. A vuestras virtudes, valor y patriotis« 
mo se deben estos servicios; á mí la gloria de haberos dirigido; 

El Congreso constituyente que en este dia se ha instalado, se halla encar- 
gado por la Providencia de dar á la Nación las instituciones que ella desea, si- 
guiendo el curso de las circunstancias y la naturaleza de las cosas. 

Temiendo que se me considere como un obstáculo para asentar la Bepúbli- 
ca sobre la verdadera base de su felicidad, yo mismo me he precipitado de la 
alta magistratura á que vuestra bondad me había elevado. 

¡ Colombianos I He sido Víctima de sospechas ignominiosas, sin que haya 
podido defenderme la pureza de mis principios. Los mismos que aspiran al 
mando supremo se han empeñado en arrancarme de vuestros corazones, atribu- 
yéndome sus propios sentimientos ; haciéndome aparecer autor de proyectos que 
ellos han concebido; representándome, en ñn, oon aspiración á una corona que 
ellos me han ofrecido más de una vez y que yo he rechazado oon la indignación 
del más fiero republicano. Nunca, nunca, os lo juro, ha manchado mi mente la 
ambición de un reino que mis enemigos han forjado artificiosamente para per- 
derme en vuestra opinión. 

Desengañaos, oolombianos : mi único «nhelo ha sido el de contribuir 4 
Tuestra libertad y á la conservación de vuestro reposo ; si por esto he sido 
culpable, merezco, más que otro, vuestra indignación. No escuchéis, os ruego, 
la vil calumnia y la torpe codieia que por todas partes, agitan la discordia* 
¿Os dejaréis deslumhrar por las imposturas de mis detractores f ¡ Vosotros no 
sois insensatos ! 

¡ Oolombianos I Acercaos en torno del Congreso constituyente: él es la 
sabiduría nacional, la esperanza legítima de lea pueblos y el último punto 
de reunión de los patriotas. Penden de sus decretos soberanos vuestras vidas, 
la dicha de la Bepúblioa y la gloria de Colombia. Si la fatalidad os arrastrase 
á abandonarlo, no hay más salud para la patria, y vosotros os ahogaréis en el 
océano de la anarquía, dejando por herencia á vuestros hijos el crimen, la 
sangre y la muerte. 



! 



330 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

I Compatriotas I Escuobad mi última voz al terminar mi carrera política; 
á nombre de Colombia oa pido, os mego, que permanezcáis unidos para que no 
seáis los asesinos de la patria y yuestros propios Terdugos. 

Bogotá, Enero 20 de 1830. Bolívar. 

El Departamento del Zulia no había entrado en la revolución y se 
mantenía fiel al Gobierno; pero como se temía que los disidentes trasmi- 
tieran allí el espíritu revolucionario, el Libertador había dado órdenes al 
General Mon tilla para que asegurase aquel Departamento. Mon tilla era 
Prefecto del Magdalena, pero se extendía su autoridad hasta el Zulia. Para 
cumplir con las instrucciones que tenía, empezó á reunir tropas en Rio^ 
hacha y Santa Marta, para enviar una buena división al Zulia, cuyo 
mando se dio al Coronel Adlecreuts. Estas tropas, juntamente con otras 
que el Libertador había dispuesto que marchasen de otros puntos, debían 
formar una expedición, á cuya cabeza se pondría el General O'Leary. 
Cuando esto se verificaba, se supo que Mérida se había pronunciado yá por 
la separación de Venezuela, y á poco hizo lo mismo Maracaibo, de modo 
que hubo de suspenderse todo lo ordenado á O'Leary, mandándole perma- 
necer en el Táchíra. 

En este estado se hallaban las cosas, cuando el Coronel José María 
Vargas; natural del Socorro, Comandante del Batallón Boyacá acantonado 
en Riohacha, sabiendo el pronunciamiento de Maracaibo, hizo el 14 de Fe- 
brero una Junta de Oficiales, que determinó marchar á sostener el pronun- 
ciamiento de aquella ciudad y ponerse á las órdenes de Paez para que este 
Jefe los reconociera "como una parte integrante de sus estandartes libera- 
les." El Batallón Boyacá marchó con su Jefe para Maracaibo el día 16 de 
Febrero, para ponerse á órdenes de Páez, como lo verificaron. 

Había empezado el Congreso á discutir las bases sobre que la Comi- 
sión debía formal el proyecto de Constitución, cuando se propuso enviar 
una Comisión de paz á Venezuela llevando las bases que se acordaran, para 
ver si se podía evitar la separación de aquel país. La proposición fue muy 
bien recibida, y aprobada, se nombraron los comisionados, que fueron el 
Gran Mariscal de Ayacucho, el señor Estévez, Obispo de Santa Marta, y 
el Diputado de Cartagena, Juan García del Río. Este se excusó y quedó la 
Comisión encargada á los dos primeros, quienes marcharon para Cúcuta el 
día 17 de Febrero, quedando de Presidente del Congreso el doctor Vicente 
Borreroy y de Vicepresidente el señor Modesto Larrea. 



CAPÍTULO CIENTO TRES. 33 1 

En estos mismos dias el Libertador mandó expedir salvo-conductos 
para que pudieran volver á Colombia todos los que sufrían destierro por 
causa de la conspiración del 25 de Septiembre. Pasó luego un Mensaje al 
Congreso, manifestando que por el mal estado de su salud se veía en la 
necesidad de separarse del ejercicio del Poder Ejecutivo. En consecuencia, 
habiendo sido nombrado Presidente del Consejo el Secretario dé Relacio- 
nes Exteriores, el General Domingo Caicedo entró á desempeñar temporal- 
mente el Poder Ejecutivo, y el Libertador se retiró á la quinta de Fucha. 

La Comisión de paz iba ya á pisar el territorio de Venezuela, cuando 
se le presentó el Comandante de la Grita impidiéndoselo, por tener órde- 
nes de Páez para no dejar entrar al territorio venezolano comiáionado ó 
agente alguno del Gobierno de Colombia. Tuvieron, no obstante, conferen- 
cias con unos comisionados de Páez, pero nada pudo arreglarse y la Comi- 
sión regresó á la capital. 

Páez estaba ardido sabiendo que el Congreso trataba de sostener la ley 
fundamental de unión; organizó tropas y dio proclamas en que protestaba 
defender hasta el último trance el pronunciamiento de Venezuela, y aun 
amenazaba con venir á libertar la Nueva Granada. Pero no era esto sólo, 
sino que se puso en juego la intriga para promover pronunciamientos en el 
territorio gianadino contra el Gobierno, anexándose á Venezuela, como lo 
hizo Casanare. Entonces fue cuando los de Moreno asesinaron al General 
Lucas Carvajal y al Comandante Francisco Segovia, porque trataban de de- 
fender los hatos de las Misiones del Meta, que el Libertador había dado en 
arrendamiento al General Rafael Urdaneta, quien los había puesto al cui- 
dado de Carvajal. * 

La agregación de Casanare á Venezuela- fue promovida por los libera- 
les de Bogotá, siempre con el fin de quitar fuerzas al Libertador. Así tue 
que cuando vino á Bogotá la noticia de que Moreno había separado á Ca- 
sanare de la Nueva Granada y agregádole á Venezuela, la recibieron con 
grande alborozo, como la de Bustamante y la tercera División, aunque sin 
manifestarlo en público, sino privadamente. 

Discutíase en el Congreso el proyecto de Constitución, cuando los ve- 
cinos de Popayán le dirigieron una representación, manifestando los males 

♦ 

que tendría que sufrir la Nueva Granada si quisiese contrariar el pronun- 
ciamiento de Venezuela; y proponían se suspendieran las sesiones del Con- 
greso; que no acordase Constitución alguna; que convocase un Congreso 
constituyente de la Nueva Granada y nombrase intertanto un Gobierno 



332 HISTORIA DB NUEVA GRANADA 

provisorio. De otras varias Provincias vinieron representaciones en igual 
sentido; el Vicepresidente Caicedo pasó un mensaje manifestando el estado 
en que se hallaba la opinión pública, que se oponía á la guerra con Vene- 
zuela y deseaba antes la separación; y terminaba proponiendo la misma 
idea de los de Po payan. Los liberales se hicieron sostenedores de esta opi- 
nión, porqtie temían que con la unión Bolívar sería electo Presidente: los 
bolivianos que trataban de que se eligiera, se oponían á la separación, y los 
representantes de Quito decían que si se convenía en la separación de Ve- 
nezuela, el Ecuador también se separaba. De este modo, el Congreso se ha- 
llaba en un combate terrible de opiniones, y como la Comisión de paz no 
había tenido el resultado que se deseaba, yá se creía que sería inútil dar 
Constitución. Sobre este punto hubo grandes debates y muy acalorados, 
hasta que el Representante por Antioquia, y de los más liberales, Alejan- 
dro Vélez, presentó un proyecto de decreto, que fue aprobado, en que se 
decía que se concluyese la Constitución y se presentase á los pueblos de 
Venezuela como un vínculo de unión; pero que si no la admitían, no se les 
hiciese la guerra, y qiae se convocase una Convención granadina. En con- 
secuencia^ el Congreso continuó discutiendo la Constitución. 

Pero yá se acercaba el tiempo de elegir Presidente y Vicepresidente, y 
los partidos se acaloraban por momentos. Entre los amigos del Libertador 
había muchos que no querían que fuese elegido, por evitarle más penas y 
considetar que ni su salud podría yá resistir el trabajo sin desfallecer. Otros 
estaban empeñados en elegirlo y que continuara en el mando, porque creían 
que en el estado en que estaba la República era el único que podía salvarla 
de la anarquía. Los Ministros Plenipotenciarios del Brasil y la Gran Breta- 
ña (i) se interesaban en el mismo sentido y aun interesaron al Libertador 
p.\ra que admitiese la Presidencia si era reelegido, como se esperaba. Estos 
Ministros habían representado al Gobierno que^ si se establecía la separa- 
ción nombrando un gobierno provisorio para la Nueva Granada, conside- 
rarían que había cesado su representación. El señor Turner se extendió 
hasta decir que, en tal caso, quedaría anulado el tratado que existía entre 
la Gran Bretaña y Colombia. 

La efervescencia seguía en la capital con la cuestión elecciones. Los 
liberales movían todos los resortes posibles para desacreditar al Libertador: 
nuevas publicaciones por la imprenta aparecieron repitiendo cargos contra 

(1) Este era el se&or G-aülermo Tomer, qite haoia poeo iiabía llegado á reemplazar, 
al señor Campbell. 



capítulo ciento tres. 333 

él. Se les vio cortejando al General Urdaneta, de quien se decía estar re- 
sentido con el Libertador d^de el día de la instalación del Congreso, en 
que dijo que Sucre era el más digno General de Colombia. Los bolivianos, 
por otra parte, trabajaban en sentido opuesto; y en uno de esos días hubo 
alarma y grande agitación, porque se dijo que se estaban recogiendo firmas 
para pedir al Congreso la reelección del Libertador, y que el Coronel espa- 
ñol Demetrio Díaz, que era uno de los que recogían firmas, iba á procla- 
mar, al frente de un escuadrón de milicias, al General Bolívar como Dicta- 
dor. El Vicepresidente Caicedo salió por las calles para restablecer la 
confianza y calmar la alarma, porque yá se habían cerrado las tiendas de 
la Calle Real y la gente se encerraba en las casas. Hizo prender á Díaz, que, 
en efecto era el principal de los alborotadores, y lo mandó preso para Car- 
tagena. En el camino lo mató el Oficial conductor, y aunque se le mandó 
seguir causa, nada se le hizo. Estaban yá los liberales encima. 

En este estado de cosas, el Libertador pasó al Congreso su último men- 
saje, en que decía: 

¡ Conciudadanos ! Concluida la Constitución j encargados como os halláis 
por la NaciÓQ de nombrar los altos fancionarios que deben presidir la Repú- 
blica, he juzgado convenionte reiterar mis protestas repetidas de no aceptar la 
primera Magistratura del Estado, aun cuando me honraseis con vuestros sufra- 
gios. Debéis estar ciertos que el bien de la patria exige de mi el sacrificio de 
separarme para siempre del país que me dio la vida, para que mi permanencia 
en Colombia no sea un impedimento á la felicidad de mis ooociudadanos. 

Venezuela ha pretextado, para efectuar su separación, miras de ambición 
de mi parte; luego alegará que mi reelección es un obstáculo á la reconcilia- 
ción, y al fin la República tendrá que sufrir un desmembramiento ó una gue- 
rra civil. 

Otras consideraciones ofreci á la sabiduría del Congreso el día de su ins- 
talación, y unidas éstas a otras muchas, han de contribuir todas á persuadir al 
Congreso que su obligación más imperiosa es la de dar á los pueblos de Colom* 
bia nuevos Magistrados, revestidos de las eminentes cualidades que exige la ley 
y dicha pública. 

Os ruego, conciudadanos, acojáis este mensaje como una prueba de mi 

más ardiente patriotismo y del amor que siempre he profesado á loa colom- 
bianos. 

Sim<5n Bolívar, 



334 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

El Congreso contestó al Libertador en 30 de Abril, elogiando, como 
era debido, el patriotismo y desinterés que siempre le habían caracterizado; 
luego decía que los Representantes pesarían en el fondo de su conciencia 
cuál sería la persona que el bien público exigía se elevara á la Presidencia, y 
concluía diciendo: **Sea cual fuere, señor, la suerte que la Presidencia pre- 
pare á la Nación y á vos mismo, el Congreso espera que todo colombiano 
sensible al honor y amante de la gloria de su patria, os mirará con el res- 
peto y consideración debida á los servicios que habéis hecho á la causa de 
la América, y cuidará de que, conservándose siempre el brillo de vuestro 
nombre, pase á la posteridad cual conviene al fundador de la independen- 
cia de Colombia." 

El que acababa de libertar á Colombia de la opresión española expe- 
liendo á los ejércitos enemigos que la cubrían, se veía precisado á salir de 
este suelo inmediatamente después de los españoles, y no como quiera se 
veía precisado á salir de este suelo, sino que era echado, arrojado de la pa- 
tria y expulsado con ignominia por los mismos cuyas cadenas había roto. 
¡ Qué dolor no causaría al Libertador tanta ingratitud I 

Se preparaba, pues, para seguir á Cartagena, pensando en que no ten- 
dría recursos para vivir en adelante. Al señor Madrid escribía sobre la 
venta de unas minas de cobre que tenía en Venezuela, adquiridas por he- 
rencia, y le decía: 

Con respecto á las minas diré á usted que si se venden, tenga la bondad 
de mandar pagar al señor Dcpradt 9,000 pesos, asegurándole de mi parte que 
ya no pnede continuar más la pensión, porque todos mis bienes so han aca- 
bado, y he renunciado yá la Presidencia de Colombia ; la que no volveré á 
admitir más nunca, aunque perezca la patria, para desarmar á mis enemigosi 
6 á lo menos desmentirlos, sin dejar por esto de seirvir á la patria con todas 
mis fuerzas hasta el último término. 

Posteriormente á ésta, le escribió otra, en que le decía sobre el mismo 
asunto: 

Qnedo instruido de que los señores que han comprado las minas piden 
nuevos documentos, lo que usted no me indica ni yo puedo adivinar. El hecho 
es que mi situación se está haciendo cada día más crítica, sin tener esperanzas 
siquiera de poder vivir fuera de mi país de otro modo que de mendigo, pues 
no vendiéndose las minas, puedo sufrir alguna confiscación de parte del Go« 



CAPÍTULO CIENTO TRES. 335 

biemo de Venezuela, porque tal es el encono que hay contra mi de parte de 
aquellos Jefes. 

El Congreso conclu)ró la Constitución el día 29 de Abril, y se firmó el 
3 de Mayo y señalándose el día siguiente para verificar las elecciones de 
Presidente y Vicepresidente de Colombia, cuya duración debería ser hasta 
las próximas elecciones constitucionales. 

Tanto los liberales como los bolivianos tenían un grande interés en el 
resultado de la elección de Presidente, y el concurso fue numeroso. Los 
liberales^ como siempre sucede, tuvieron más gente de su parte en la barra, 
porque escrito está que los hijos del siglo son más activos en sus caminos 
que los hijos de la luz. Tenían de su parte los estudiantes, que es gente de 
algazara y que para esto, cada uno vale por diez. En el primer escrutinio 
tuvo más votos el doctor Eusebio M. Canabal, siguiéndole el doctor Joa- 
quín Mosquera. El primero pasaba por candidato del Libertador, y el se- 
gundo por el de los liberales, no porque el señor Mosquera no hubiera sido 
siempre distinguido amigo del Libertador, ni porque hubiera participado 
nunca del espíritu demagógico de los titulados liberales, sino por la creen- 
cia en que se estaba de que Canabal era el candidato de los bolivianos. Re- 
petido el escrutinio entre los dos, la multitud de la barra y galerías iba 
contando los votos. Cuando yá se iban acabando y se vio que Canabal lle- 
vaba mayoría, uno de los chisperos que encabezaba á una pandilla de exal- 
tados y que era Oficial de milicias de caballería, gritó: ¡traición al pueblo! 
y á esta voz se levantaron unas cuantas que llamaban al pueblo, y corrien- 
do una multitud para fuera, fue tal el alboroto y desorden, que muchos 
Representantes salieron precipitadamente de la sala por la puerta excusada 
que comunicaba con los corredores del edificio de las Aulas, temiendo se les 
asesinara, porque habia habido amenazi.% de esas que en tales ocasiones 
se hacen sin intención de cumplirlas, pero que sirven para convencer á los 
miedosos (i). Restablecido el orden, se empezó nuevo escrutinio, y enton- 
ces sé vio cuánto podía el miedo sobre el patriotismo. Salió electo, pues, 
el señor Mosquera por una gran mayoría. 

Procedióse á la elección de Vicepresidente, y fue electo el General Do- 
mingo Caicedo. 

Al momento de concluidas las elecciones, las músicas, cohetes y repeti- 
dos vivas al Presidente manifestaban el gozo de los liberales, no por la 



1) Véanse las Gonfidenoias de Ambrosio López hablando del 7 de Marzo de 1849, 



336 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

elección, sino por haber terminado la Presidencia del Libertador, y se esme- 
raron, en todo su alboroto, en hacérselo entender así. El señor Caicedp fue 
llamado en el acto para que prestara el juramento y se encargara del man- 
do, por hallarse en Popayán el Presidente electo. Comunicósele su nom- 
bramiento para que viniese á la capital; y también se comunicó al Liber- 
tador haber cumplido el Congreso con los objetos de su convocatoria, y 
que por consiguiente cesaba el Decreto orgánico de 27 de Agosto de 1828 
y las facultades que por la convocatoria se habfa reservado el Libertador. 
£1 Congreso le hacia una manifestación de los sentimientos de gratitud 
nacional por todos sus servicios á la patria. 

El Libertador manifestó su complacencia al Considerarse exonerado 
del Poder que tantos padecimientos le ocasionara, y contestó al Congreso 
felicitándolo por la terminación de sus trabajos y por la acertada elección 
de Magistrados que acababa de hacer. 

En esta última sesión el Congreso dictó un acto de justicia que lo 
honrará demasiadp, y muy particularmente al que lo propuso, que fue el 
Diputado por el Socorro, doctor Salvador Camacho, y al Diputado por Ma- 
riquita, Coronel Joaquín Posada Gutiérrez, que apoyó la proposición del 
doctor Camacho, haciendo presente que la República debía al Libertador 
una gran suma de servicios que debía satisfacerle, y que habiendo vuelto á 
la vida privada, era muy justo que, bien existiese en Colombia ó fuera de 
ella, se le continuase la pensión que por toda su vida le decretó la Legisla- 
tura en 23 de Julio de 1823, á Cuyo efecto debía expedirse un Decreto por 
el Congreso. El proyecto fue redactado inmediatamente, siendo unánime 
el consentimiento de los Diputados. 

En el mismo mes en que el Congreso de Colombia (i) tributaba al 
Libertador y Padre de la Patria las nobles manifestaciones de reconoci- 
miento nacional por sus inapreciables servicios á la Patria, y cuando dicta- 
ba un acto de justicia para asegurar la subsistencia de aquel á quien la 
República debía la suya, el Congreso venezolano,-reunido en Valencia, — ¡ el 
Congreso de' la tierra de Bolívar ! — decía: "Que no tendría lugar ninguna 
negociación (con la Nueva Granada) mientras permaneciese en todo el 
territorio de Colombia el General Simón Bolívar; que para todos los nego- 
cios de interés común se pondría por base fundamental el mutuo recono- 
cimiento de la soberanía de ambos Estados^ la expulsión del General Si- 



(1) De Bogotá, como lo llamaban los yenezolanoB, 



CAPÍTULO CIENTO TRES. 337 

món Bolivár de iodo el territorio de Colombia ^^ Pero aún era poco esto; 
algunos días después los Diputados Ramón Ayala, de Caracas, y Juan 
Evangelista González^ de Maracaibo, propusieron: " que si el General 
Bolívar iba á Curazao, se le declarase fuer a de la ley^ lo mismo que á todo el 
que se le uniese." ¡Qué horror ! Esto era peor que lo del 25 de Septiembre. 
I Habrán hecho penitencia estos pecadores ? 

Concluida la Constituciónj fue jurada por los miembros del Congreso y 
enviada al Ejecutivo para su sanción. El Vicepresidente la mandó publi- 
car, cumplir y ejecutar el día 5 de Mayo. 

En el Decreto acordado por el Congreso para ofrecer á Venezuela la 
Constitución, se disponía que si para admitirla exigía algunas refoftnas, el 
Gobierno cdhvocase una Convención que, reunida en Santa Rosa de Tun- 
ja, decidiese lo conveniente al bien general; que si no se admitía absoluta* 
mente, convocase una Convención del resto de Colombia para rever la 
Constitución, adaptándose en lo posible á los intereses nacionales. Hé aquf 
el primer acto legal para la disolución de la Gran República de Colombia. 
\ Quién le había de haber dicho á Zea en Guayana, cuando auguraba tanta 
grandeza para esta Nación, que no había de durar sino lo que durara la 
guerra con los españoles, y nada más ! 

Él mismo día 5 la ciudad de Bogotá presentó sus más entrañables y 
sinceros sentimientos de gratitud, reconocimiento y admiración hacia el 
héroe de la América del Sur, vilipendiado por los Representantes del país 
que le vio nacer. Después de recordar las famosas hazañas del guerrero que 
había destruido las huestes españolas desde el Orinoco hasta el Potosí^ y 
sellado en tres Repúblicas la libertad de Sud América, decía: " V. E. con- 
quistó el plano sobre que debe levantarse el edificio de nuestra futura feli- 
cidad, y creyéndose un obstáculo, abdicó voluntariamente la primera ma- 
gistratura, protestando no volver á tomar jamás las riendas del Gobierno. 
Un aciD tan noble, generoso y magnánimo coloca á V. E. á la altura de 
los héroes. La historia llena sus páginas con las acciones de los soldados 
valientes y los guerreros afortunados; pero sólo podía embellecerlas con las 
de un Washington ó un Bolívar." Concluían los suscritos ofreciendo sus 
servicios y protestando que su amor y lealtad hacia el Libertador, retirado 
á la vida privada, siempre serían los mismos; que nunca olvidarían el be- 
neficio de la libertad recibida de su mano. Esta manifestación estaba sus- 
crita por el Vicepresidente Caicedo; por el Arzobispo de Bogotá; por los 
doctores Alqandro Osorio y José Ignacio Márquez, por al General Herráa 



338 HISTORIA DB NUEVA GRANADA 

y mil doscientos individuos más, de los principales vecinos de la ciudad, 
empleados, particulares y eclesiásticos. 

Por parte de los que se titulaban liberales era todo lo contrario; tuvie- 
ron la bajeza de desencadenarse más en diatribas é insultos contra el Li- 
bertador^ desde que lo vieron largar el bastón y descender al nivel de los 
simples ciudadanos, y no sólo insultaban al Libertador, sino á los que le 
amaban, y particularmente á los militares de la guarnición, que se compo- 
nía del famoso Batallón Granaderos, fuerte de setecientas plazas, y de dos- 
cientos húsares de Apure. Se vieron en estos días soldados del Granaderos 
arrancando de las esquinas unas hojas en que se ofendía al Libertador y se 
insultaba á los militares. ¿Y en qué paró esto? 

En que el dfa 7 de Mayo el batallón y el escuadrón «amanecieron 
sobre las armas, con avanzadas y centinelas en las esquinas de las manza- 
nas de sus cuarteles, y el parque de artillería, donde estaba todo el arma- 
mento y municiones, ocupado por una columna de Granaderos, con las 
piezas de artillería listas. 

Estos cuerpos habían puesto presos á sus Comandantes Muguerza y 
Soto, y puéstose á las órdenes del General venezolano Trinidad Porto- 
carrero, que, de acuerdo con el Coronel Luque y otros venezolanos, fue 
el autor del motín. El General Herrán, Ministro de la Guerra, y el Coman- 
dante General de armas. General Urdaneta, se presentaron en los cuar- 
teles sublevados ; ellos fueron rechazados con amenaza. El Libertador 
mandó inmediatamente á ofrecer sus servicios al Vicepresidente, expre- 
sándole que si lo tenía por conveniente, pasaría en persona al cuartel de 
Granaderos para hacerlos entrar en su deber. Los liberales dijeron al punto 
que el motín era mandado por Bolívar para provocar un pronunciamiento 
por la dictadura y hacerse necesario, y que de ningún modo se le debía 
permitir presentarse en el cuartel. 

El Vicepresidente contestó dándole las gracias y diciéndole que todo 
se allanaría sabiendo yá lo que exigía la tropa amotinada, que era mar- 
charse para Venezuela después de que se le pagara lo que se le debía 
y se le dieran bagajes. Portocarrero exigió setenta mil pesos, que dijo era 
lo que se debía á esos cuerpos ; pero no había de dónde dárselos. 

Toda la ciudad se pu^o en alarma. Se publicó un bando para que se 
reunieran todos los ciudadanos que tuvieran armas; se tocó llamada á las 
milicias. Prontamente se reunieron más de mil personas, armadas unas 
y desarmadas otra^ en la plaza mayor; de carrera se empezaron á formar 



CAPÍTULO CIENTO TRES, 339 

compañías. Compúsose uiia de cerca de doscientos estudiañte3y la que se 
acuarteló en el edificio de la Corte Suprema, al man^o del Coronel Fran* 
cisco Valerio Barriga, que los armó reuniendo algunos fusiles y escopetas. 
Inmediatamente los puso á practicar el ejercicio y á hacer cartuchos. Todo 
era bulla y grande alarma, porque se decía que si no se daba á los Grana- 
deros lo que pedían, habría saqueo. El Ministro de la Guerra recorría todos 
los puestos de guardia y compaiíías formadas. Cuando fue á donde e&ta« 
ban los estudiantes, le pidieron con grande empeño que los llevara á tomar 
el parque, j y la mayor parte no sabían disparar el fusil I 

Este entusiasmo no dejó de imponer algún resptto á los Jefes del 
motín, .viendo que había disposición para resistir cualquiera hostilidad que 
intentaran. Así, hubo de contentarse Portocartero con mil pesos y los 
bagajes necesarios. A las dos de la tarde salió de Bogotá para Venezuela 
la tropa insurrecta. El Gobierno, por su parte, mandó al Coronel Laurencio 
Silva á conducirla hasta la raya de Venezuela y proporcionarle recursos 
para evitar extorsiones en el tránsito. El General .Urdaiieta hizo marchar 
al otro día una columna' de milicias de caballería con el Comandante 
Joaquín Barriga, para auxiliar á los pueblos en caso de algún desorden. 

En esa noche permaneció Ja gente acuartelada en Bogotá, porque 
decían que ?había riesgo de que los Granaderos volvieran á saquear. Los 
estudiantes estuvieron en sus glorías y se entretuvieron en fusilar el retrato 
del tirano^ que, conforme á. un decreto del vCongreso, se íhabía colocado en 
la sala de la Suprema Corte. ¡Quién había de pensar cuando fusilaban 
en Honda en 1820 el retrato de Fernando VII,.que en el de 30 se había <ie 
fusilar por-mano de rouchaclios al que los había librado de Fernando Vil ! 

Al siguiente día, 8 de Mayo, salió el Libertador de Bogotá, para no 
volverla á ver más. Salió tristemente, acompañado sólo d« los Minis- • 
tros del Consejo y los del Cuerpo Diplomático. En todos los lugares del 
tránsito hasta Cartagena se le hicieron las debidas manifestaciones de 
aprecio y consideración. 

Al m«s siguiente de la partida del Libertador se anunciaba esta noti- 
cia en Venezuela con satisfacción: "Está yá fuera de toda duda, se decía 
en un periódico de Valencia, que el 8 del pasado ha salido por fin el Gene- 
ral Bolívar de la capital de Bogotá para Cartagena, resuelto, según ha 
manifestado, á dejar el país que tantos aiños ha mantenido «in ^orden ni 



340 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

tranquilidad ( i), por conducirlo á sus ambiciosas miras, y en el que por el 
mismo motivó deja sembrados con su mano funestos elementos de diso- 
ciación y tiranía. Los acerbos remordimientos que llevará consigo á todas 
partes, serán el más severo castigo que pueda imponerse á su injusta con- 
ducta contra un pueblo que pudo deberle su libertad^ su consolidación y 
prosperidad." 

Y esto decían los det país de donde salió el proyecto de monarquía, 
cuya corona le mandó ofrecer al Libertador el Jefe de los liberales vene- 
zolanos que ahora trataban de tirano al que les rehusó con indignación 
el proyecto de monarquía. Y esto decían los que primero dieron el grito 
de insurrección en Valencia, donde mismo se estaban escribiendo estas 
iniquidades para disociar á Colombia (2). 

El 1 9 de Mayo, doce días después de la partida del Libertador, san- 
cionó el Ejecutivo el decreto del Congreso ratificando el de 1&23, en que 
se le había asignado una pensión vitalicia de 30,000 pesos anuales. El 
Libertador recibió el decreto en Turbaco, desde donde contestó al Gobier- 
no, con fecha 16 de Junio, y al expresar su gratitud decía: ** Tanta gene- 
rosidad y benevolencia hacia mí, de los poderes supremos, por servicios 
que todo ciudadano debe á su patria y que, por mi desgracia, han quedado 
imperfectos, me confunde y humilla, sin que pueda ofrecer á la República 
más que lealtad y gratitud eterna/' Comparando la fecha en que salió de 
Bogotá para Cartagena (8 de Mayo), con la del Decreto del Congreso 
Constituyente que ratificó la pensión de 30,000 pesos (19 de Mayo), y la 
en que contestó desde Turbaco (16 de Junio), se ve que el Libertador no 
recibió ni pudo haber recibido cantidad alguna del Gobierno, correspon- 
diente á la pensión asignada por el Congreso Constituyente, antes de partir 
para Cartagena, ni después de su partida. 

Este decreto honrará siempre al Congreso de 1830, en contraste con 



(1) Sería porque fue el que íntelrrumpió el orden de los banquillos de Morillo y 
Sámano. { Avergüéncense los venezolanos .que han tolerado semejantes escritos en sn 
pafs ! Debían haberse quemado por mano del verdugo. 

(2; Los venezolanos justos y buenos patriotas volvieron por el crédito de su país, 
tributando honores públicos á la memoria del Libertador ; y es preciiifO que se sepa que 
los Fortique, Quintero, Ayala, Osio y González nada habían hecho por la independencia, 
mientras el Libertador estaba pugnando con los ejércitos de Morillo para libertarlos. 
El primero de estos señores era el abogado de la parte contraria del Libertador en el 
pleito que le promovieron para quitarle las minas de Aroa, que era lo único con que 
contaba de bienes patrimoniales. 



CAPÍTULO CIENTO TRES. 34I 

el acto legislativo del de Venezuela, que para entrar en tratados con el 
Gobierno de Bogotá, exigía, con ridículo orgullo, que se echara fuera del 
^país al Libertador (1). 



(\) El Congreso CoMtituyenie^ 

CONSIDEBAKDO : 

Qne el Libertador Simón Bolívar bo bóIo ha dado existencia y vida á Colombia, por 
BUB intereeantes é inaaditos esfuerzos, sino qne ha excitado la admiración del aniyerso 
por BUS proezas 7 eminentes servicios á la causa americana; 

Que ha cesado (^e ser Presidente de la Eepúblíca desde que, insistiendo en hacer 
dimisión del mando, el Congreso nombró un sucesor; 

Que el desinterés 7 la noble consagración de que ha dado las más distioguidas 
pruebas, desde que comenzó su carrera pública, exigen una demostración de la gratitud 
nacional que lo ponga á cubierto de los efectos de un generoso 7 sin igual desprendi- 
miento, 

DECRETA: 

Art. l.<* El Congreso Constituyente, á nombre de la Nación colombiana, presenta 
al Libertador Simón Bolívar el tributo de gratitud 7 de admiración á que tan justa- 
mente le han hecho acreedor sus relevantes méritos 7 sus heroicos servicios á la causa 
de la emancipación americana. 

Art. 2.<^ En cualquiera lugar de la Eepública que exista el Libertador Simón Bolí- 
var, será tratado siempre con el respeto 7 la consideración debidas al primero 7 mejor 
tsiudadano de Colombia. 

Art. 3.<^ El Poder Ejecutivo dará el más puntual 7 exacto cumplimiento al Decreto 
del Congreso de 23 de Julio de 1823, por el cual se concedió al Libertador Simón Bolí- 
var la pensión de treinta mil pesos anuales, durante su vida, desde el día en que termi- 
nase sus funciones de Presidente de la República ; 7 esta disposición deberá tener efecto, 
cualquiera que sea el lugar de su residencia. 

Dado en Bogotá, á 9 de Ma70 de 1830— El Presidente del Congreso, Vicente Bo- 
BBEBO — El Secretario, Simón Burgos— lEí Secretario, Rafael Caro, 

Palacio del Gobierno en Bogotá, á 19 de Ma70 de 18S0— Domingo Caioido— Por 
S. E. el Vicepresidente encargado del Poder Ejecutivo, el Ministro de Estado en el 
Despacho de Hacienda, José I. de Márquez, 



342 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 



CAPITULO CIV, 

® Gongrefo cierra sos Beeiones— La iweva adminxstraoión — ^Sl dootor Soto encabeza 
un pronimciamiento contra el €U>biemo en Pamplona — Comisión para Yeneznela^- 
No es admitida la Constitneión— Mari&o deyaelre los militares granadinos— Flórez 
^trabaja por la agregación de Pasto al Ecuador — Separación de Qoito— Asesinato 
del Gran Mariscal de Ayaonobo — El Presidente Mosquera se posesiona del Gobier- 
iio^El Libertador llega á Torbaoo— AUí recibe la noticia de .la muerte de Suero— 
Dificultades que encuentra para salir de Colombia — Movimiento en Venezuela 
por la unión — Se le* comunica al Libertador su ostradsmo decretado en Venezuela— 
El sefior Mosquera j Larraaábal— Viene á Bogotá el Batallón Callao— Entra el Bata- 
llón Boyacá — Oposición entre estos dos cuerpos— Se provoca una revolucióa— 
Estalla en Agosto— Acción del Santuario, y triunfo del Callao— Urdaneta en ^1 
mando— Se ezoita al Libertador para que tome el mando— Contesta denegándo- 
^se 6 imprueba la revolución — Pronunciamiento en Cartagena — Trastorno general de 
las provincias— El Libertador enferma en Cartagena — Se traslada á Santa Marta y 
de alli á la hacienda de San Pedro— Se agrava su enfermedad — Su última proclama 
despidiéndose de los colombianos — Su muerte — Sus exequias en Santa Marta— Tes- 
timonios de 'la grandeza de Bolívar — ^Sus aforismos sobre la América. 

L Congreso cerró sus sesiones el lo de Mayo por la noche. Ha sido 
uno de los más notables de Colombia por lo escogido de sus miem- 
bros. X^os venezolanos lo llamaban irónicamente W .<a:¿¿m2ra¿/^ 
porque este título le había dado el Libertador en una carta á 
Páez. Sin duda creían ridiculizarlo los mismos que llamaban la cosiata su 
•causa de reformas ; es decir, su funesta rebelión, que dio muerte á Colom- 
bia y principio al estado anárquico y deplorable en que hoy se halla ese 
:país. 1 Q\xé cosiata t^n* admirable:! 

La nueva administración fue el tipo y modelo de que no se debían 

apartar en lo^sueeslvo las administraciones conservadoras. El Vicepresi- 

» dente Caicedo llamó para los primeros puestos á4os más desaforados lifee- 

^rales, á los más encarnizados enemigos del Libertador y más amigos de 

'reformas y teorías dañinas : para decirlo todo, no hay más que saber sino 

«que el doctor Azuero fue llamado para el Consejo de Estado y nombrado 

Secretaario del Interior ; seguramente por atraer á los liberales, olvidándose 

de aquel dicho vulgar de nuestra tierra que dice : no se amarran perros 




CAPÍTULO CTENTO CUATRO. 343 

con longaniza, sistema de que no han usado los liberales^. porque son más- 
sabidos que los conservadores. 

En estas circunstancias se hizo un pronunciamiento en Pamplona- 
desconociendo al Gobierno y se erigió' una Junta, presidida por el doctor 
Francisco Soto, caudillo de los san tan d cristas. Éste, Azuero y otros de^ 
los que por providencia gubernativa habíatr sido desterrados á consecuen- 
cia del 25 de Septiembre, habían vuelto á sus hogares á beneficio del in- 
dulto dado por el Libertador.. Las tropas que estaban acantonadas en 
Pamplona, compuestas- de venezolanos a^ mando del Generat Florencio? 
Jiménez, se entendieron con las del Gíeneral Marino, que había venido á^ 
la línea con una división de Venezuela y se adelantó hasta situarse en San 
José de Cúcuta. Jiménez ofició al Gobierna a vi sándiofe que, como venezola-^ 
nos que eran él y su gente, marchaban para su país,.y así lo verificaron. 

El Vicepresidente Caicedo había nombrado ya la- comisión que debía 
presentar la Constitución ét Vénezuelar. Se componía del señor Juan de- 
Dios Aranzazu y del doctor Soto, am»bos liberales ;el último no admitió la^ 
comisión y Aranzazu solo* tuvo q^ue desempeñarla,, entendiéndose primero^ 
con Mariñb y después con el Congreso venezolano, que na recibió la Cons- 
titución porque era mejor su cosiaia^ No se adelantó más con la misión de 
Aranzazu que la devolución de la Provincia de Casanare, qjue había sido 
anexada á Venezuela. 

El General Marino tenía en su división tropas granadinas, de las cua^* 
les formó una columna q.ue puso al mando del Coronel José M. Vargas, 
Jefe del Batallón Boyacá^ pasado á los venezolanos. Aranzazu persuadió á. 
este Jefe y- demás Oficiales y soldados granadinos que obedeciesen al Go* 
bierno y marchasen para Bogotá. 

Los pastusos, por este tiempo^ también quisieron hacer k) que Gasana* 
re, agregándose al Ecuador, pera por instigaciones de esta parte, atribuidas 
principalmente al General Flórez, á quien dirigieron una representación- 
pidiendo se les admitiese la anexión. Flórez- no. tuva escrúpulo en admi- 
tirla, y ya se preparaba para mandar fuerza á Pasto, cuando se le adelantó 
el Comandante general José María Obando con las suyas, sabedor de aque^ 
lia novedad, y de este modo frustró la tentativa de Flórez y de algunos 
pastusos, porque eran pocos los amigos de éste y de los ecuatorianos, y de 
Obando, todos ellos eran partidarios. 

Siguióse á esta novedad otra mayor : el pronunciamiento de Quito 
para erigir en Estado independiente lo que comprendía la antigua presi- 



344 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

deacía de ese nombre. Flórez se había retirado de la capital á la antigua 
Provincia de Poraasqui, pretextando enfermedad, y mientras eso se hizo el 
pronunciamiento, por el cual se le llamó para encargarle del Gobierno. El 
General Flórez siguió exactamente el programa de Páez en Venezuela. Los 
departamentos de Guayaquil y Azuay siguieron el pronunciamiento de 
Quito. Uno délos fundamentos que alegaban para su separación, era el ha- 
ber dejado el mando el Libertador, á quien tributaban los raás esplén- 
didos homenajes de amor, gratitud y admiración por sus heroicos é in- 
mortales servicios hechos á la causa de la libertad americana. Así el 
él Libertador, en su estado de sim'ple ciudadano, recibía las manifestaciones 
más gloriosas de los hijos de Nueva Granada y Ecuador, en compensación 
de los oprobios y baldones que le irrogaban los de su propio país, Ve- 
nezuela. 

El Gobierno había empleado todos los medios de política que parecían 
necesarios para persuadir al General Flórez la conveniencia de la unión 
de Colombia por parte del Ecuador, pero nada se había conseguido. Sólo 
se tenían esperanzas de que llegado á Quito el General Sucre, restablece- 
ría las cosas á buen estado ; porque el Vicepresidente Caicedo se había 
puesto de acuerdo con el Gran Mariscal sobre la conveniencia de la unión, 
antes de que partiera para Quito, lo que verificó apenas cerró sus sesiones 
el Congreso, porque anhelaba por retirarse á la vida privada con su es- 
posa é hija, 

Sucre era, sin duda, el segundo hombre de Colombia después de Bo- 
lívar, como militar, como político y de alta inteligencia. Debía, pues, te- 
ner envidiosos que quisiesen hacerlo desaparecer del teatro en que ellos 
quisieran hacer los primeros papeles. Conociendo esto los amigos del Gran: 
Mariscal, temieron por su vida en el viaje y le aconsejaron en Bogotá que 
se fuera por el Cauca y la Buenaventura; mas no siguió el consejo y si- 
guió por Neiva. Llegado á Popayán, hubo ciertos indicios de que al Gran 
Mariscal le podría ir mal en el tránsito si se iba por la montaña, y le acon- 
sejaron que tomara por la Buenaventura ; pero tampoco quiso hacer caso. 
En Patíale manifestó el Comandante Delgado que temía por su vida y le 
instó que demorase su salida para el otro día, en que podía acompañarle, 
porque no llevaba más compañeros que el Diputado de Cuenca, García Té- 
llez, y dos asistentes ; tampoco quiso detenerse. Siguió, y en el Salto de 
Mayo durmió en casa de José Erazo, guerrillero antiguo de los españoles, 
hombre fero?, terror de aquellos contornos. Al otro día, 3 de Junio, siguió 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 345 

hasta el punfeo llamado Ventaquemada, donde se sorprendió al encontrar 
allí á Erazo^que había quedado en su casa cuando sahó de ella Sucre. ¿Por 
dónde había pasado sin que lo vieran ? Después se presentó en la venta 
Juan Gregorio Zarria, otro tigre de esa montaña, aun peor que Erazo* Este 
venía de Pasto. Estos dos desalmados se pusieron en pláticas que infun- 
dieron graves sospechas á Sucre, y mandó á los asistentes que prepararan 
las armas. Erazo regresó con Zarria para el Salto de Mayo, y Sucre con- 
tinuó su viaje al día siguiente, 4 de Junio, saliendo de la venta á las 
ocho de la mañana, para entrar inmediatamente en la .sombría montaña de 
Berruecos. Apenas habían andado mediar legua^ cuando en la angostura del 
Cabuyal se disparó un tiro de fusil, y exclama Sucre al sentirse herido: / Ay 
balazo / En el instante se disparan tres tiros más de un lado y otro del 
camino, y el Gran Mariscal de Ayacucho cae traspasado en la cabeza, el 
cuello y el pecho. 

El diputado García, que iba adelante, siguió huyendo. El Sargento 
Lorenzo Caicedo, que venía atrás, corrió á socorrer al General, que ya no 
existía. Vuelve entonces á la venta con el otro asistente á pedir auxilio, y 
no hubo quien lo acompañara, porque nadie se atrevió á entrar en la mon- 
taña. Cuando Caicedo dejó el cadáver para volver á la venta, los cuatro 
asesinos lo llamaron por su nombre, pero él no quiso volver la cara, según 
el horror de que estaba poseído. Por la tarde se supo que el cadáver per- 
manecía en el mismo sitio. Marchó entonces Caicedo con otroe compañe- 
ros á recogerlo para darle sepultura, y hallaron que nadie le había tocado, 
porque se le encontró el reloj en el bolsillo y unas monedas de oro que 
llevaba. El cadáver fue conducido á un pequeño prado llamado la Capilla, 
y allí lo sepultaron. 

Sobre este deplorable suceso se ha escrito mucho, han sido sindicadas 
varias personas, y algunas se han denunciado mutuamente ; pero hasta 
ahora no se ha puesto en claro más sino que los liberales de Bogotá sa- 
bían que Sucre iba á morir en el camino, porque así se anunció en El De^ 
mócrata^ periódico liberal de esta capital, ** Puede ser, decía, que Obando 
haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar, por lo cual el Gobierno está 
tildado de débil, y nosotros todos, y el Gobierno mismo, carecemos de se- 
guridad." Esto se publicaba en Bogotá tres días antes de la muerte de 
Sucre. 

Hallábase el Presidente Mosquera en camino para Bogotá. Llegado i^ 
esta capital, se posesionó del Gobierno el día 13 de Junio, con gran júbilo 






iiV^ v>*r* i.ir:uir. z*^ ^/"Jí^jír^'A^ eC sal ^:ís er^ i se f^r?fg* ^ ros» :3qL¿- 

Hj*'/í Z^^pt-'' i Tir'^fitC fC l^'-JSZMiirj: tí ¿f¿ ir re 3Íít3.. tScrrpo ce 

C'iíe lít ^yj'j^**^^'Á CferUi^era Ci *? uc <i c^c -rz^-Á-Tr, i¿ :«r ractr-. srssd? 
j<K *í O-r-^^il y^.**35íVa.'>v ?fdL->s-:K.o C*rTs:.v::a. q::::er2 rTtrrt- ís se 5£sc>io- 

^/f ^a ''J/4fjJ'/^i crKT en tí 'a hacft ft.f-''?':. eC Ccr z'c&s. y r.ci pr-gssbaa nal. 

Jet ¿^/y <i'i<e •« acaUvt la CoT,u*tric:6o y d GcbíersD erEsísste. Ectccces 

ir/fiyírií^Tf/n ím jjr*r la Oy;ft:tiíc»:, c:«a q^se isasta enf^ncss no se hibía 
|K>d>io c/yr,í«;j;jir en Cartagena* En Tarbico redbíód Libertador Ufanes- 
ta noticia del z§e%:mto del Gran Mariscal de Ayacncho, golpe terrible, pero 
^oe n^/ le ujrprtnáí^j sin diida, porque de esta tierra 3ra no esperaba más 
qtie cr/fnen<íf , 

O/fi el pensamiento de embarcarse para «alir de Colombia, el Liberta- 
ác;r $íí^m/j de Tarbaco para Cartagena* en cuya plaza fue recibido con las 
demostraciones mái %\r\ctrz% de veneración y zprecío el día 24 de Junio. 
Gomosa ánimo era salir de Colombia, ya había hecho poner á bordo del 
paquete inglés su equipaje; pero d buque carecía de comodidad y tavo^ d 
contratiempo de encallar al salir de la bahía, circunstancia que impidió la^ 
talida del Libertador* Sinembargo, aguardaba el arribo de la fragata ingle- 
sa La Shannon^ pero resultó que tenía órdenes de hacer un crucero por las- 
costas de barlovento, A estas dificultades siguiéronse otras, que oponían 
unos cuantos amigos del Libertador que le hacían una oposición terrible, 
porque creían que su presencia en Coiombla era indispensable en aquellas 
circunstancias, aunque no fuera más que para mantener con su nombre el 
respeto en el ejército. 

Hablando el sefíor Restrepo, en su Historia^ sobre las^ providencias to- 
madas en este tiempo por el Gobierno relativamente á la denegación de 
auxilios que el General Julián Itifante pedía desde Venezuela para sostener 
un pronunciamiento encabezado por él en favor de la unión y llamando al 
Libertador, dice que esta denegación por parte del Presidente Mosquera 
fue estrictamente legal y aprobada por todos los colombianos amantes del 
orden I per^o luego agrega: ^^Mas líubo un paso del Presidente Mosquera 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 347 

qtie fue, y en nuestro concepto debe ser, censurado con justicia. Tal era la 
comunicación que por medio de su Ministró de lo Interior, Azuero, hizo 
al Libertador de la resolución acordada por el Congreso venezolano en 28 
de Mayo, según la cual^ éste se denegaba á entrar en relaciones con el resto 
de Colombia mientras el General Bolwar permaneciera en su territorio* 
D^cía Azuero que le remitía una copia á fin de que V. E. quede informado 
de esta notable circunstancia, por lo que pueda influir en la dicha de la Na- 
ción, y por la trascendencia que tenga en la gloria de V. E. Hé aquí los 
fundamentos que se adujeron para dar un paso tan ofensivo al Liberta- 
dor''' etc. ^ 

El señor Mosquera ha contestado a^ señor Felipe Larrazábal sobre este 
cargo; pero éste, en su Vida de Bolívar^ publicada en 1866, no ha hecho más 
que reproducir lo del señor Restrepo. El señor Mosquera, en su contestación, 
ha presentado reflexiones muy justas para probar que su ánimo no fue mor- 
tificar al Libertador, y así lo debe creer todo el que conozca el carácter no- 
ble y bondadoso de este distinguido ciudadano y entrañable amigo de 
Bolívar. El señor Mosquera creía salvar física y moral mente al Libertador 
promoviendo su partida, y esto lo da á entender bien claramente en su 
contestación. El señor Mosquera reclama se tengan en cuenta las circuns- 
tancias en que se hallaba para juzgarlo sobre este hecho; y es de creer que 
Tina de ellas, y quizá- la más terrible para él en aquella época,, sería la de 
tener por Ministro del Interior al doctor Azuero, que era enemigo declara- 
do del Libertador. 

Pero el señor Larrazábal, que. en esto sigue al señor Restrepo, ha omi- 
tido estas palabrasr** Aunque Mosquera haya asegurado / sea verdadero 
que semejante publicación se hizo sin su conocimiento " etc. 

El doctor Azuero no se contentó con sólo aquello, sino que quiso darle 
la mayor publicidad insertándolo en la Gaceta de Colombia (i) con las in- 
dignas actas y demás piezas del Congreso venezolano contra el Libertador. 
Al mismo tiempo se hacían en Bogotá publicaciones terribles contra éste 
y sus partidarios. ** Agregaban á tan aflictivas circunstancias, dice el señor 
Restrepo, el choque de partidos. Orgulloso el exaltado, que se llamaba lí- 
beral^ con haber atrapado el poder, y respirando crueles odios y venganzas 
contra el Libertador y sus adictos, los insultaba constantemente, sobre todo 
por la imprenta. Eran órganos de aquel bando político dos periódicos titu- 



(1) Númetos 475 7 476. Véanse en la colección de la BiÜ^lioteca nacional. 



34^ HlSTOinA DE NUEVA GRANADA 

ladofi El Demócrata y La Aurora^ en que no había reputación del partido 
contrario que no se despedazara.'^ 

Por este tiempo se hallaba en Londres Santander, quien había entrado 
en relaciones de amistad personal con Jeremías Bentham. Santander partía 
para San Petersburgo, recomendado por Bentham al Almirante Mordvinoff, 
á quien debía entregar cierto pliego. Bentham envió á Santander este pliego 
y la carta de recomendación con un billete en que, entre otras cosas, le 
deoía: 

Como nuestra lengua inglesa iiene la ventaja de no ser desconocida da 
Udted, me tomo la libertad de mandarle un ejemplar del original inglés de mi 
obra, para supÜr la edición imperfecta de la traducción española, como para ser- 
vir de correctivo á las faltas que dicen que encierra. 

Reciba usted, señor General, con la declaración más sincera del respeto 
quo le es debido á tantos títulos, los votos igualmente sinceros por su pronto 
restablecimiento en la posición eminente é ilustre de donde lo arrojó la tiram'a 
j á la que lo llama con clamor el bien de su patria, que sufre. 

En la carta al Almirante, fechada en Londres á 9 de Julio, decía: 

Mi querido Almirante: 

Todavía estoy vivo, aunque paso de los ochenta y dos4 siempre con buena 
salud y fortaleza, cudifíoando como un dragón.... He comisionado á mi amigo el 
General Saut-^nder, que será, me lisonjeo, el portador de ésta. 

Ahora es preciso que yo hable á usted del General Santander, en justifi- 
cación (ó más bien debería decir, por vía de apología) por la libertad qne me 
tomo con usted en su favor. En el Estado de Colombia, antes América españo- 
la, y en la carrera militar, es uno de los héroes que no ha tenido por superior 
sino á Bolívar en la carrera civil ; y bajo la Presidencia de Bolívar ha sido Vi- 
ce presidenta; mas junto con un humilde servidor de usted, habiendo caído en 
desgracia «^,el archihéroe, hv^ilo obligado á correr igual suerte, es decir, á ser 
expulsado de su país del mismo modo que mis obras, que han tenido el honor 
(me aseguran) de ser traducidas dos veces en la lengua de usted. El Ge- 
neral Santander, lo se por el y por otros conductos, cuando ejercía las funcio- 
nes de Vicepresidente, hizo cuafito dependía de él por difundir mis escritos en 
el territorio del Estado de que es miembro tan distinguido y de tanta influen- 
cia. Así obró Bolívar con relación á ellos, hasta ahora poco. Mas últimamente, 
como es natural al hombro y en cierto grado más ó menos inevitable, Bolívar ha 



t:AÍ>ÍTULO CIENTO CUATRO. 349 

sido echado 'á perder por el poder» y después de haber por tantos años merecido^ 
j taa bien merecido, el título que tomó de Libertador, se ha constituido después 
en tirano de su patria. En un tiempo tuvimos él y yo cierta correspondencia, y por 
recomendación mía dio el grado de Coronel á uu hombre de talentos del nombre 
Hall, qoe había servido bomo Teniente en el ejército inglés, Pero parece que du- 
rante el curso de la oposición que él (Bolívar) experimentó, algunas personas se 
apoyaban para ello, ó citaban mis escritos; y tal fue la causa por que él juzgó á 
propósito expedir un decreto, poco hace, cuyo objeto declarado era impedir que 
ninguno de ellos fuera leído (i). Y esto es lo que yo me lisonjeo que no será 
tan fácil efectuar como ordenar^ porque tengo noticia por los hermanos Bosan- 
ge, libreros de París, de cuarenta mil volúmenes de mis obras y traducidas del 
francés al español y vendidas por ellos para el mercado de la América espa^ 
fwhy^ etc. 

I Y se quiere que el mundo esté en paz !... El mismo Bentham sabía 
que estaba inceadiando la sociedad, cuando hablando al Almirante ruso de 
los escritos que l^ había mandado antes y que le mandaba ahora con Santan- 
der, le decía: '^ Considerando la cantidad de materia combustible de que 
yo he provisto á usted, y la grande economía de leña que le he hecho ha- 
cer, ^me parece que usted no dejará de recordar algunas veces al pobre 
ermitaño Q. S. P. como dicen aquí los pobres " (2). 

Volvamos ahora al estado de la capital, que se hallaba en combustión 
con las publicaciones de la prensa. 

Indecibles fueron las provocaciones insultantes que los liberales hicie- 
ron en aquel tiempo á los bolivianos, que llamaban serviles^ y ellas se ha- 
cían hasta con aquiescencia y aun cooperación por parte de las autoridades. 
Como habían atrapado el poJer en todos sus ramos, los Alcaldes de este 
año fueron liberales. El doctor Isidoro Carrizosa, de los exaltados, lo era 
de esta ciudad y consintió que en los fuegos artificiales de las vísperas de 
la fiesta del Corpus se pusiera por la tarde un gran castillo en la plaza de 
la Catedral, con caricaturas ridiculizando áios bolivianos, lo que iba dando 
lugar á un motín, pues hubo personas que intentaran4espedazar las pinturas. 

(1 ) Es una ver Jad que el estadio de las doctrinas inmorales de este autor tuvo gran 
parte en la determinación délos asesinatos del 25 de Septiembre, y para convencerse de 
ello, basta leer los escritos que Canijo publicó -por la prensa en ¥euezaela sobre el suce- 
io, y en cuyo apoyo cita las doctrinas de Bentham á cada paso. 

(2) Véase esta carta en El Constitucional de Otindinamaroa, ndmero 59, año de 183¿. 
en la Biblioteca nacional. 



350 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

En tales circmistancias había venido de guarnición á Bogotá el Bata«< 
llón Callao, distinguido en la campaña del Perú en la toma de la plaza de 
este nombre. Tenía por Jefe al Coronel Florencio Jiménea-, venezolano, que 
había tomado. servicio en clase de soldado raso desde el principio de la 
guerra de Independencia, y ascendido hasta el grado que obtenía por rigu- 
rosa escala, á beneficio de su valentía y buena conducta individual; hom- 
bre de la última clase del pueblo,, apenas sabía leer y poner su firma; pero, 
en cambio, era un excelente Jefe práctico, y el Gobierno tenía en él mucha 
confianza. Este Batallón, todo de venezoFanos,. era conocido por su afecto 
al Libertador, y por tal causa fue odiado de los Kberales desde que entró á 
Bogotá y empezaron á creerse inseguros. Pero á pocos días entró en la ca- 
pital el Batallón Bbyacá, al mando del Coronel José María Va«^gas, liberal 
exaltado y enemigo del Libertador. Los liberales se prepararon para hacer- 
le recibimiento, y de acuerdo con él le mandaron á Chapinero cintas colo- 
radas con un letrero que decía Libertad ó muerté\ las cuales se pusieron en 
los morriones y sombreros de soldados y oficiales. Con esta insignia y mu- 
chos cohetes y música entró- el Batallón en Bogotá, y los liberales empeza- 
ron á echar bravatas contra los del Callao. Picados éstos, se divisaron con 
cintas verdes al día siguiente, y en este mismo^día ama-necieron las paredes 
de las calles con calaveras pintadas y letreros que decían: Libertad ó muer- 
te^ y ésta fiíe Fa primera vez ^e se pusieron en las paredes de las calles 
letreros sediciosos;, y debe tenerse presente que esta invención se debe á los 
liberales. Por aquí empezó á encendeyse la llama que bien pronto había de 
hacer estragos (i). 

A esta sazón desempeñaba el Ejecutivo el Vicepresidente, por haber 
tenido que irse al campo á reponer su salud el Presidente. Era yá choque 
de militares lo que había, y los dos primeros Magistrados, en el estado de 
desmoralización en que estaba el ejé'rcito, no podían imponer respeto. El 
señor Caicedo era General,, pero de título, porque ni él había hecho carrera 
militar, ni había peleado nunca. Nom^brado Coronel de milicias, tuvo lue- 
go el titula de General, y así. Los militares no lo tenían por tal, sino como 
de ceremonia. 

El señor Caicedo,, para evitar un conñlcto entre los dos cuerpos, no 

(1) Desde aquí tenemos que compendiar nuestra bistoria, dejando Ioh detalles, que 
el lector pu.ede ver en las Memoria t del General Posada^ porque los limites de esta obr« 
no nos permiten extendemos con la misma prolijidad que lo hemos hecho hasta 
Ahora- 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 351 

contando con más fuerza de su parte que con unTedncido cuerpo de Caza- 
dores, reclutas, é importunado por los liberarles, dio orden para queel Callao 
marchase de guarnición á Tunja. Apenas lo supieron los. bdlivianes, se con- 
sideraron perdidos, en manos de-^sus encarnizados enemigos, con un Bata- 
llón á su di-sposiciónr; y no sólo ^e consideraron mal los bolivianos, sino 
unos cuantos vecinos indiferentes, temiendo que por salir de los bolÍJ(^ianos 
sufriesen muchos otros, y en tal conflicto dirigieron mna representación al 
Vicepresidente, pidiendo que se mantuviera el Callao en Bogotá, para equi- 
librar la^fuerza del partido opuesto. OLos bolivianos decían, y ^con bastante 
fundamento, que se creían sacrificados á la hora que el Callao saliera de la 
capital. Esta representación estaba suscrita por trescientos ochenta y cua- 
tro ciudadanos conocidos y abonados, muchos de ellos padres de familia 
délo más notable de la ciudad .(i). Mas esta representación no anrtió efec- 
to, porque cuando se presentó, yá había marchado el Callao. 

'Unos cuantos individuos de influencia y muchos de la Sabana, monta- 
dos y bien armados, alcanzaron al Batallón en Gachancipá, á diez leguas 
de la capital, d día 10 de Julio. E&tos individuos, resueltos á correr cual- 
quiera suerte, antes que caer en manos de los liberales, presentaron á Jimé- 
nez una exposición -firmada por todos ellos y otros más, sobre los peligros 
que decían correrían sus vidas>é intereses bajo^un Gobierno oprimido por 
una facción exaltada de hombres enemigos, que bien manifestaban las da- 
ñadas intenciones que tenían contra los amigos del Libertador, y protestá- 
ronla Jiménez que primero pasaría sobre sus cadáveres que seguir adelante 
con el Batallón, única garantía con que podían contar ellos y los pueblos 
de la Sabana á cuyo noníbre hablaban. Jiménez, que era un hombre ente- 
camente vulgar, no sabía qué hacerse entrenen deber de cumplir las órdenes 
del Gobierno y las agencias de aquella gente, á quien apoyaban tam- 
bién los vecinos de Gachancipá. Manda, pues, un Oficial dandocuenta de 
i'todo al Gobierno, pero sin detener su marcha, que intenta continuar, á 
pesar de las dificultades que el Alcalde y vecinos oponían para darle los 
bagajes necesarios. 

Intertanto 'fue aprehendido, porcinos sabaneros, un 'Oficial que iba 
para Tunja con una orden del Estado Mayor general, para que el Coman- 
dante de armas de aquel lugar disolviese el Batallón Callao. Esto irritó en 
extremo á Jiménez y á todo el Batallón, que, fiel á las órdenes del Gobier- 



■•*■ 



(1) Yéase este uaportante doonmento en las Memeriai del Genera] Posada, pág. 425. 



352 HISTORIA DE KüEVA ORAJiADA 

TÍO, seguía su camino, engañado con que se le destinaba de goarnicióa 
á Tunja. Jiménez vio, á pesar de su poca capacidad, que no se procedía 
con lealtad, y con lo que él mismo había estado presenciando en Bogotá 
por parte de los liberales, agregándose esta última circunstancia, se per- 
suadió enteramente de que era exacto todo cuanto se decía ep la exposi^ 
ción que se le había presentado. No fue menester más para que se decidie- 
ra á proceder conforme á lo que de él se solicitaba. 

Súpose inmediatamente que habían llegado á Zipaquirá una&dos 
compañías del Batallón Boyacá, al mando del Coronel José María Gaitán, 
autor de £¡ Zurriago^ y al punto marchó Jiménez sobre ellas y las de« 
rrotó en el cerro del Águila, cogiendo prisioneros, con que aumentó sus 
fuerzas. 

Marchaba también para Zipaquirá, con 300 hombres, el General Vélez, 
quien, al saber la derrota de Gaitán, suspendió su marcha. Jiménez no 
quiso atacarlo como lo pedia su gente, sino que quiso tener una conferen- 
cia con él, á ñn de arreglar las cosas pacíficamente, manifestándoles las 
causas por qué se había determinado á desobedecer al Gobierno. Tenida 
la conferencia con Vélez, nada se adelantó, sino el ofrecimiento de Vélez, 
de que expondría todo al Gobierno á fin de allanar las dificultades y evi- 
tar el derramamiento de sangre. Vélez contraraarchó con su gente para la 
capital. 

Llegado éste á Bogotá, informó de todo al Vicepresidente, quien 
nombró inmediatamente en comisión, para tratar con Jiménez, al General 
José María Ortega. Los chisperos y demagogos que se llamaban liberales 
censuraron agriamente á Vélez porque no haVa cogido á los del Callao 
y los había traído amarrados, como si fuera negocio de coger pollos : cen- 
suraron la comisión de Ortega, diciendo que todo no era más que pasteUs^ 
cuando con los facciosos no había que hacer más sino cogerlos, juzgarlos y 
fusilarlos. ¡ Así recetaban los que, indultados por el Libertador por cons- 
piradores, lo acusaban de tirano y se escandalizaban de que hubiera hecho 
juzgar y fusilar á algunos de los Jefes del 25 de Septiembre 1 

Ortega encontró en Chía á Jiménez, quien le manifestó el compro- 
metimiento en que estaba de sostener y proteger á los pueblos de la Sa- 
bana que se habían levantado por todas partes, y no exigía más para some- 
terse al Gobierno, que el cambio de Ministerio, reemplazándole con uno 
mixto de hombres moderados que inspirasen confianza á uno y otro par- 
tido, cosa que era demasiado razonable. Hizo presente á Ortega que nin- 



CAPÍTULO CIENTO CDATlRO. $¡3 

guna queja tenían del Presidente ni del Vicepresidente, á quienes recono-' 
cían y obedecían con gusto, . pero que con scís Ministros era imposible 
toda transacción. 

Ortega fue recibido por los sublevados con muchas atenciones y res- 
peto ; pero en Bogotá lo recibieran de otro modo los titulados liberales 
y sostenedores de las libertades públicas j porque sucedió como con Véiez, 
atribuyéndolo todo á pastelería Sj como si hombres de la clase de estos dos 
Generales fueran capaces de cosas indebidas. 

Con las proposiciones hechas por los sublevados, los Ministros pre- 
sentaron sus renuncias, lo que dio motivo á debates y opiniones ; unos de- 
cían que no se debían admitir, porque era manifestar miedo ; otros opinaban 
por la admisión, para evitar mayores males ; el Vicepresidente estaba ya 
decidido por esta opinión, cuando, sabido por los liberales más notables, 
tuvieron una junta en que acordaron no obedecerle si entraba en com- 
posiciones con los facciosos. Entonces el Vicepresidente negó las renuncias, 
y á esto se siguió una proclama del Prefecto, sumamente impolítica, que 
enardeció más al partido contrario, que ya había tomado un carácter impo- 
nente, pues que se habían agregado á Jiménez escuadrones de la Sabana 
bien montados y armados, y el Batallón Callao, que sólo constaba al princi- 
pio de 230 plazas, pasaba de 390, y además se le habían juntado muchos 
Jefes y Oficiales del ejército y bastantes particulares, que se habían salido 
de la capital temiendo les echaran mano. 

El Gobierno despachó postas pidiendo auxilios á Tunja, Casanare y el 
Socorro* El General Moreno contestó desde Casanare fechándose en " El 
Estado de Venezuela ^' y hablando al Gobierno unas veces como extran- 
jero y otras como faccioso de peor carácter que Jiménez. De Tunja man- 
dó el Prefecto 600 hombres de milicias. Después de salida esta fuerza de 
Tunja, la población se pronunció de acuerdo con los de la Sabana de Bo- 
gotá, siguiéndolos espontáneamente los demás pueblos, que se pusieron á 
órdenes del Coronel Mares, auxiliado por el Coronel Juan' José Patria. El 
General Antonio Obando debía mandar auxilios del Socorro ; pero el es- 
cuadrón 3.® de Húsares y la milicias se pronunciaron por el Libertador y 
tomaron por Jefe al General venezolano Justo Briceño. 

El día 15 de Julio amaneció la división de Jiménez en las inmediacio- 
nes de Bogotá, lo que produjo grande alarma. El Gobierno mandó en co- 
misión al señor Baralt y al General Ortega donde Jiménez, que estaba en 
Techo rodeado de los principales Jefes del pronunciamiento. Entraron en 






354 HISTORIA DE NUEVA «RANADA 

conferencias en ique todos -hablaban aun tiempo y nadie se «entendía. Por 
<£ltimO| escribieron y firmaron entre todos ucia disparatada exposición de 
agravios y quejas que motivaban el alzamiento, y la entregaron á losco- 
misionados para presentarla al Gobierno, sin que arreglaran nada con ellos. 
Por la tarde volvió en comisión el señor Baralt con los doctores Castillo y 
Joaquín Suárez* No se estipuló más sino que se retiraran las tropas de íTi- 
ménez seis leguas distantes déla ciudad, y que las del Gobierno que esta- 
vieran en camino para la capital, no continuaran su marcha. Retiráronse 
inmediatamente áPontibón las de Jiménez. 

£1 1 6 siguieron para Chía, no obstante haber sabido Jiménez que el 
General Vélez salía de Bogotá con 200 hombres para proteger la entrada 
de la tropa que se había pedido á Tunja, y con lo cual se faltaba á lo 
pactado. Jiménez escribió una carta al Presidente, y la envió con el clérigo* 
Ramirotes, quejándose en ella de los términos en que A Prefecto, General 
Mantilla, se expresaba respecto de jellos en su imprudentísima proclama, 
y reconvenía al Gobierno por la infracción de .lo que acababan de estipu- 
lar, pues decía que en esa misma noche habían cogido sus destacamentos 
un posta que se dirigía á Tunja con un oficio del Secretario de Guerra, 
para que acelerara sus marchas la tropa que se había pedido. 

En este mismo día regresaba de Anolaima el señor Mosquera y cayó 
en manos de una partida enemiga que mandaba Muguerza ; mas luego 
que fue reconocido, se le dejó continuar su camino para Bogotá. Al día 
siguiente los vecinos de la Sabana dirigieron al Presidente. una respetuosa 
representación, en que decían que deseando ver restablecida la paz y 
el Gobierno restituido á su plena libertad, pedían que variase el Ministe- 
rio ; que no se permitiesen divisas de partidos, prometiendo garantías á 
.todos los comprometidos en cualquiera opinión, así en sus personas como 
en sus bienes y empleos, olvidando absolutamente lo pasado : que su- 
puesto que el Batallón Boyacá debía marchar para el Cauca, quedando el de '¿ 
Cazadores de guarnición, se aumentase el Callao hasta igualarle el número 
<á éste, con el objeto de que, quedando ambos de guarnición en la capital, 
mantuvieran el orden de una y otra parte é inspirasen seguridad á todos ; 
que se llamase al General Urdaneta á ocupar su puesto 'en el Ministerio de 
Guerra, ó que nombrase el Gobierno á otro Jefe de confianza é inteligente, 
si Urdaneta no podía venir por sus enfermedades ; y finalmente, que el pe- 
queño gasto que se había causado por los movimientos de la tropa fuese 
pagado por el Gobierno. El Presidente ni contestó ni resolvió sobre esto, 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 3SS 

sino que dirigiendo á Jiménez una carta conciliatoria con el General Pa- 
rís, le decía que nada hiciese hasta que tuvieran una conferencia^ conforme 
á las indicaciones que haría el General París. El resultado de esto fue te* 
dactar otras proposiciones para el Gobierno» dando por supuesto que el 
Batallón Boyacá marchara para el Cauca, que el Batallón Callao se retira^ra 
á Guaduas y el de Cazadores á Tunja; que la guarnición de la capital po- 
drían hacerla las milicias.; que si el Gobierno quería concentrar^en la capi- 
tal los dos batallones, se igualaran en fuerza,; un olvido total de lo pasado 
y garantías como antes se habían pedido. Esto se propót^ el día 20 de 
Agosto desde Techo. 

El Presidente contestó al día siguiente á Jiménez, ofreciéndole con- 
sultar las proposiciones con el Consejo y que haría todo esfuerzo por sal- 
var de su comprometimiento á él y á sus gentes <sin mengua del Gobier- 
no, y concluía con estas palabras : ** Pero persuádase usted que no trata 
conmigo solamente; y que yo, como mediador^ sólo puedo obtener un re- 
sultado si hay generosidad recíproca." 

El General Posada dice sobre esto lo siguiente.: 

Esta carta' explica elocnentemeute la situación forzada en que <fie encon- 
traba el señor Mosquera. Persuádase usted que no trata conmigo solamente^ y 
que yOy como mediador, sólo puedo obtener un resultado si hay generosidad recí- 
proca. Quiere decir^ de una manera clara : yo no mandoj yo no pnedo resol- 
ver nada como magistrado : yo no tengo más poder que el de interponerme en- 
tre los partidos en calidad de mediador. 

Esto da la medida del estado de las cosas en la capital y de la razón 
que tenían los disidentes para decir que el Gobierno estaba oprimido 
por una facción violenta y vengativa, de la que tenían demasiado que 
temer. 

El día, ^3 por la mañana entró en Bogotá la columna de Tunja, 
conducida por el General Vélez, que había ido á encontrarla y tuvo que 
venirse con mil trabajos por los cerros, para evitar la persecución que le 
mandó hacer Jiménez con la caballería y una partida de infantería, irri- 
tado al ver que se le había engañado cuando se ie hizo retirar de los eji- 
dos de Bogotá. La persecución se le vino haciendo hasta San Diego, donde 
se hallaba el Comandante Millán, que con un catión hizo fuego á los perse- 
guidores, de los cuales recibió un balazo en una pierna. ' 23 



356 HISTORIA DK NUKVA GRANADA 

El Presidente reunió en ese día el Consejo y manifestó su resolución 
á conceder una amplia amnistía á los sublevados. Hubo oposición en el 
Consejo, y el doctor Azuero fue uno de los opuestos ; pero habiendo in- 
sistido el Presidente, convino en ello, encargándose, como Ministro del In- 
terior, de redactar el decreto. 

" El doctor Azuero redactó, en efecto, el decreto, dice el General Po- 
sada, de una manera que no dejaba qué desear á sus copar t id arios. Más 
bien que una excitación á la concordia, en el lenguaje conciliador del hom- 
bre de Estado que moviese á sus conciudadanos extraviados á volver sobre 
sí, era una vista fiscal inoportuna, imprudente, apasionada, que los cubría 
de baldón, lo que en un hombre de la alta capacidad del doctor Azuero no 
podía mirarse sino como desahogos premeditados para hacer inadmisible 
la amnistía. El señor Mosquera, como fatigado del esfuerzo que hizo para 
que se adoptase su idea en lo principal, firmó el decreto que á manera de 
proclama le presentó su Ministro, sin hacerle la menor observación'* (i). 

El General Urdaneta fue encargado de proponer á los de Jiménez la 
vista fiscal^ como la llama el General Posada ; pero viendo aquello y que 
aun á él mismo se le trataba de perder, lo que hizo fue enviarle el pliego 
á Jiménez. Sobre la conducta observada por el General Urdaneta, hasta 
verse comprometido á unirse á los disidentes, el General Posada la explica 
perfectamente, vindicando, ó más bien disculpando, á este Jefe. 

Dos hechos determinan la moralidad de los disidentes, que ni pro- 
clamaban dictadura del Libertador ni desconocían el Gobierno. Esos dos 
hechos son : el haber tenido en sus manos al Presidente y no haber abu- 
sado de esa circunstancia en su favor deteniéndolo entre ellos, y el de ha- 
ber cogido el correo de Antioquia que conducía oro en barras para la Casa 
de moneda, y no sólo no haber tocado ese caudal, sino que antes lo hizo 
escoltar Jiménez hasta ponerlo cerca de Bogotá. Esta gente no se había 
pronunciado para robar. 

La lectura de la tal amnistía entre las gentes de Jiménez produjo una 
indignación estupenda, y desde ese momento ya no vieron más esperanza 
de salvarse sino peleando. Jiménez y el Coronel Castelli dispusieron sus 
planes. El Coronel Jhonson madaba la caballería y se esperaba al General 
Briceño, que venía del Socorro con los húsares. 

Las fuerzas del Gobierno se componían de ochocientos hombres de in- 



(l)Yéase en las Memaricu citadas, pfigina 449. 



é^ 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 357 

fantería y como doscientos de artillería y caballería, baio el mando inme- 
diato del Coronel Pedro Antonio García. El General Vélez era el director 
de las operaciones militares, como Comandante general del Departamento. 
Púsose en marcha esta tropa hacia la Sabana el día 25 de Agosto, en dircC'» 
ción al pueblo de Engati vá, para atravesar por allí el río Punza en balsas y 
presentarse al enemigo por su espalda. Este se había situado en el punto 
llamado el Santuario, que está á la salida de la calzada que empieza desde 
Puente Grande, camellón estrecho y flanqueado á una y otra parte por los 
profundos pantanos que forman las aguas. Al Coronel García se le había 
prevenido que si llegaba á oírse tiroteo en la ciudad, regresara con la gentei 
porque podía el enemigo intentar tomarla haciendo algún rodeo. El día 26 
por la mañana hacían en los ejidos déla ciudad un fogueo les reclutas que 
habían quedado, y alcanzaron á oírse las descargas en la Sabana. Se avisa 
á García, y cerciorado de ello, contramarcha precipitadamente hasta cerca 
de la ciudad, donde se informa de que las descargas que oían eran de un 
fogueo mandado hacer imprudentemente en aquellas circunstancias. Vuel- 
ve el ejército para Fontibón y entonces se da á García la orden de mar- 
char de frente por el Puente Grande, para atacar al enemigo, situado en la 
salida de la calzada, y con trincheras de cespedón levantadas á un lado y á 
otro, desde donde podía cruzar sus fuegos sobre la calzada. El General Vé- 
lez se había opuesto á semejante operación; pero con el Jefe militar sucedía 
como con el Presidente, que lo tenían sufocado los exaltados, que no se for- 
maban más idea que la de triunfar á la hora que atacaran al Callao, fuera 
del modo que se fuera, y con esto salir de los bolivianos en un día. Sinem- 
bargo, aunque dada la orden, Vélez, que había quedado tomando ciertas 
providencias en la ciudad, mandó una orden á García para que hiciera 
alto y lo aguardara dondequiera que estuviese. Cuando llegó esta orden, 
yá habían pasado el puente, desalojando á una partida de caballería que se 
retiró haciendo fuego, para llamarlos al estrecho donde querían cogerlos. 
Entrada toda la columna, con artillería, caballería é infantería, en el 
camellón, sin poderse abrir para ninguna parte, yá no fue posible de- 
tenerse, porque los Jefes y Oficiales exaltados se opusieron, y García 
no pudo hacer más que seguir y presentar batalla. En el momento se rom- 
pió el fuego por una y otra parte; pero los del Gobierno lo hacían sobre 
gente parapetada, y el Callao lo hacía muy certero sobre la columna que 
en masa compacta estaba encajonada en la calzada. El Coronel García es 
moTtalmente herido; antes de caer manda tocar fuego á pie firme y muere. 



358 HISTORIA DE NUEVA ORANADA 

Como no hay quien mande, se sigue en aquel puesto, nadie pasa adelante 
y se hace todo un pelotón, adonde no pierden tiro los veteranos del Callao, 
que al ver esto, salen de los atrincheramientos y cargan á la bayoneta y 
por tres veces son rechazados, no obstante el desorden. Una parte de la 
caballería de la Sabana se arroja en los pantanos y, dando un rodeo, sale 
sobre la calzada por la espalda de la columna y carga sobre -ella. Enton* 
^ces se completó la derrota ó, más bien, el destrozo. 

Allí murieron, ó quedaron heridos, un Coronel, siete Jefes, entre ellos 
-el Teniente-^Coronel Fermín Vargas, hermano del Coronel José María Var- 
.gas, 14 Oficiales y 218 individuos de tropa: unos cuantos murieron ahoga* 
dos en los pantanos y ciénagas donde se arrojaron, porque los de la Saba- 
na lanceaban á cuantos encontraban por delante, sin consideración ninguna. 
:£l combate no duró más que tres cuartos de hora, terminándose, á las nue- 
vve de la mañana, y á las diez se supo en Bogotá. 

Él primero que entró con la noticia de la derrota fue el Coronel José 
•María Gaitáa; luego los Comandantes Carrasq4iilla y Espina. .La población 
■entró en una alarma y espanto terribles, porque sucedió lo que en el ano 
de 1814, cuando la invasión del General Bolívar con las tropas de la Unión, 
que los enemigos de éstas, para. concitarles en contra la opinión pública, 
Jas pintaban con Jos colores más negros, atribuyéndoles hechos horrorosos 
y proyectos diabólicos. No habían quedado. en Bogotá más que 400 reclu- 
tas, que permanecían en la plaza de la Catedral con unos pocos milicianos y 
los Coroneles José Acevedo, Manuel Montoya y. Francisco Javier González 
•(alias Gonzalón). Este último, hombre enérgico, no obstante su avanzada 
edad, protestó que no se rendiría, y al momento, tomando cuantos costales 
'encontró en las tiendas, losshizo llenar de tierra y con ellos cerró de trin- 
cheras las cuatro bocacalles de la plaza y. puso cañones. 

Los vencedores se presentaron dentro de pocas horas en Jas inmedia- 
ciones de la ciudad intimando rendición; pero no había quedado más auto- 
ridad que el Presidente en la casa de Gobierno, situada fuera de la plaza, 
sin quQ pudieran servirle de nada los que estaban encorralados en la plaza: 
' no había quedado Prefecto, (i) ni Comandante general, ni Alcalde, ni Jefe 
' ^político. El Presidente mandó al campo de Jiménez á los Generales Anto- 
nio Morales y José María Ortega, para que ajustaran una capitulación, de 
que no se obtuvo resultado. Esa noche fue diabólica para los habitantes^ 



(1) Lo era el Qeneral José María Hantilla. 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 359 

que temían un asalto, no obstante la vela de las armas que el Coronel Gpn*^. 
zUgz hacía en la pila de la plaza; muchas familias durmieron en las iglesias 
y conventos. A la una derla mañana fueron nombrados como negociado* 
res los señores José JWt Castillo y Luis A, Baraltj quienes desde esa Mora- 
fueron al carapO'de San Victorino á verificar la capitulación con Jiménez. 
Al amanecer el día, casi todos los reclutas se habían desertado de la plaza, 
dejando al valeroso Coronel G<?nzádez casi solo^ con upos cuatro milicianos^. 

La capitulación se firmó á las diez de lai mañana, y en el momento se 
ratificó-por el Gobierno. Se estipuló^ garantía* completa de vidas^ propieda- 
des etc. de todos los habitantes de la ciudad, inclusos los militares; pero 
debían salir con sus pasaportes dentro de tercero día para Cartagena los 
ciudadanos Antonio y Juan M. Arrubla,. Francisco y Jt)sé M.. Montoya, 
Vicente y Juan N. Azuero,. José I'. Márquez, General José M. Mantilla,. 
Coronel(5s José M. Gaitán, Francisco V. Barriga y Juan N. Vargas. Con- 
vínose en el licénciamiento denlos reclutas yque los soldados, clases y Ofi- 
ciales se agregaran á la División Callao^ que debía reemplazar los cuerpos 
Boyacá y Cazadores; que las milicias se retiraran á sus hogares conservan-^ 
do el fuero militar; que se recogerían las armas del Estado; qu« se conce- ■. 
derían pasaportes á los que quisiesen ausentarse; y que la División Callao 
ocupara la ciudad,, sin que hubiese un soldado en la plaza el mismo día 28 
á la una de la tarde. Al mandar retirar los milicianos qjue quedaban con et- 
Coronel Francisco Javier González, éste protestó que no entregaría la pía* 
za hasta que Jiménez no le diera recibo de ella. A las cinco de la tarde entra-' 
ron las> tropas del Callao en la capital, desfilandb para sus cuarteles, sin 
causar el menor daño ni desorden alguno.. No hubo insultos ni demostra- 
ciones de regocijo por parte de los vencedores. 

El Presidente Mosquera pidió al Consejó le consultase lo que diebería 
hacer en aquellas circunstancias^ pues veía que en realidad su poder era 
fantástico y nada más. El Consejo opiné por una conferencia con Jiménez- 
y los Jefes militares). la cua! se tuvo; pero nada se adelantó^ Entonces se 
pensó en que el Presidente reorganizase el Gobierno, como lo hizo, nom*- 
brando Ministros en quienes tuvieran confianza los vencedores. El Presi* 
dentCj en la junta que tuvo con; éstos, hizo mucho porque se sobreseyese 
en los artículos de la capitulación relativamente al destierro de los indi- 
viduos allí designados y sobre lo del fuero militar, alegando que eran actos 
inconstitucionales. Pero era digno de notarse que cuando el Gobierno 
plegaba esto á Iiménez>. no se acordal^a de que, al saber la sublevación del. 



360 ' HISTORIA DE NUEVA G-RA^ADA 

Callao, habla áedlataáolvigente el decreto del Libertador contra conspira 
dores, que era inconstitucional ; y si los del Callao hubieran sido vencidos, 
con este decreto inconstitucional los habría fusilado. 

Estaban las cosas en este estado, es decir, no se sabía en quién estaba 
el Gobierno en el hecho, porque en derecho sí se sabía dónde estaba, aunque 
las circunstancias lo desmintieran. Nadie, entre los pronunciados con 
Jiménez, había proclamado al Libertador, ni principio político alguno; 
pero como yá en el Socorro lo había pioclamado Briceño, se acordaron 
de él, y con tal motivo se tuvo una junta de vecinos y cabildantes, con^ 
vocada por el Prefecto, sin contar con el Gobierno, y en ella se acordó 
llamar al Libertador para que se pusiera á la cabeza del Gobierno y que, 
mientras tanto, se encargara de él el General Urdaneta. Después de la junta 
híibo una función bastante ridicula^ que fue sacar en procesión en andas, 
por las callas, el retrato del Libertador, acompañándolo los militares con 
música y cohetes y repiques de campanas. Comu no se hacía ya caso 
alguno del Gobierno, el Consejo fue de dictamen que el Presidente y el 
Vicepresidente se retiraran de sus puestos, dando un manifiesto para que ^ 

la Nación supiese cuál había sido el curso de las cosas, hasta tener que 
abrazar ese partido. 

En otra junta que hubo, más numerosa, se le entregó el mando á Ur- 
daneta, aun cuando él lo rehusara ; porque todos, hasta los mismos libe- 
rales, se empeñaron en que lo aceptase, por ser el único hombre de pres- 
tigio que podía mantener el orden y dar garantías á todos. 

Urdaneta organizó un Gobierno provisorio mientras venía el Liber- 
tador, á quien inmediatamente se le mandó posta llamándolo. En el 
nombramiento de Consejeros mostró que no procedía apasionadamente, 
nombrando entre ellos al liberal conocido Diego Fernando Gómez. Urda- 
neta logró que los vencedores cediesen en cuanto al primer artículo de 
las capitulaciones y que no fuesen expulsados los once individuos que allí 
se expresaban; de manera que dieron hien á conocer que, á pesar de tantos 
insultos, no estaban animados por el espíritu de venganza. Por eso, al 
concluir él manifiesto de los Jefes y Oficiales de la División Callao, decían 
acerca de los documentos que contenía: " Suplicamos á nuestros lectores 
los mediten con detención y los comparen con los insultos que tan injus- 
tamente nos ha irrogado la facción en el manifiesto y en la amnistía que 
se tíos dirigió á nomhre del Gobierno. Nosotros sólo contestamos á inju- 
rias tan atroces poniendo por testigos á todos los pueblos de la SabauJt 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 361 

y á la misma capital, de cuál ha sido nuestro comportamiento." 

Hubo mucho interés en que el Libertador viniera á ponerse al frente 
del Gobierno. El General Urdaneta le escribió y envió una comisión coa 
tal objeto. El Libertador le contestó denegándose con mucha política, 
pero con mucha claridad: ^* No me ha sido posible, le decía, decidirme á 
aceptar un mando que no tiene otros títulos que dos actas de dos Con- 
cejos Municipales Santamaría me dice que si no acepto el mando, 

habrá infaliblemente una espantosa anarquía; pero ¿ qué he de hacer yo 
contra una barrera de bronce que me separa de la Presidencia ? Esta barrera 
de bronce es el derecho. No lo tengo, ni lo ha cedido el que lo posee." 

Ahora, veamos la carta confidencial escrita á su amigo el doctor Ver- 
gara, y por ella, más que por ninguna otra, puede juzgarse de la injusticia 
con que los liberales atribuyeron la revolución del Callao á influencia del 
Libertador; aunque no la insertamos toda, por ser muy larga. Hé aquí lo 
principal de ella: 

Cartagenaf Septiembre 25 de 18S0^ 

Mi querido Binigo: — Usted me dioe que dejará luego el M¡nisterÍ0| porque 
tiene que atender á su familia, y luego me exige usted que yo marche á Bogotá 
á consumar una usurpación que la Oaeeta extraordinaria ha puesto de ma- 
nifiesto, sin disfrazar ni en una coma la naturaleza del atentado. Nó, «ni amigo, 
yo no puedo ir, ni estoy obligado á ello, porque á nadie se le debe forzar i 
obrar contra su conciencia y las leyes. Tampoco he contribuido en la menor 
cQfia á esta reaooión, ni he comprometido á nadie á que la hiciera. Si yo reco- 
giese el fruto de esta insurrección, yo me haría cargo de toda su responsabilidad. 

Los comisionados me dijeron que todo marcha á las mil maravillas; pero i 

desgraciadamente lo que escriben de allá y lo que se sabe aquí, hace presumir 
á iodo el mundo que ustedes marchan con más rapidez i en ruina que los legi- 
timados. Me alegan precisamente esta razón para que yo vaya á parar los golpes 
que se temen ; mas, para esto era necesario que yo fuera otro Mosquera, que 
me dejare engañar por las setenta cartas. Por fortuna á mí no me han escrito 
ni la quinta parte, y algunas he visto de Castillo y de Restrepo que muestran 
matemáticamente el mal estado de las x^osas, y lo que es peor, que yo no he 
sabido gobernar, porque he sido muy parcial, injusto, vindicativo, mal finan- 
cista y cuantos nombres hay en el diccionario de las tachas; lo que me ha 
inducido á pensar que el señor Castillo sería el mejor Presidente del mundo, 
pues él posee todas las calidades que á mí me faltan. ¡ Qué lástima es que no 



36^2 fílSTORIA DE NUEVA GRANADA 

hubiera mostrado todas sus habilidades desde que entró á gobernar !' TodO' 
se lo reservó para después de muerta la difunta. 

Aon cuando no hubiera nada de lo que llevo dicho, no pnedo menos dé* 
confesar á usted que aborrezco mortalmente el mando, porque mis- servicios 
no hnn sido felices; porque mi natural es contrario á la vida sedentaria; por- 
que carezco de conocimientos; porque estoy cansado, 7 porque estoy enfermo»- 
No puedo,, mi amigo, no puedo volver á mandar más ; y orea usted que cuando 
hé resistido hasta ahora á los ataques de los amigos de Cartagena, seré inoon-- 
trastable. 

Denin'd dé tres dias me voy hacia Santa Marta por hacer ejercicio, per 
salir del fastidio en que estoy y por mejorar de temperamento. Yo estoy aquí 
renegando contra toda mi voluntad, pues he deseado irme á los infiernos por' 
salir de Colombia ; pero el señor Juan dé Francisco, á la cabeza de otra porción 
de importunos, me ha tiranizado haciéndome quedar donde no puedo ni' 
quiero vivir (1); 

Usted me dice que tbdo esto está en oposición con mi proclama y mi oficia 
al Gobierno. Besponderé que Santamaría me hizo ver que ustedes sciban á* 
dividir en mil partidos y se arruinaba completamente la patria si redondamente 
yo respondía que no aceptaba. Ofrecí^ pties, disimulando, hablando vagamentei^ 
de servir como ciudadano y como soldado. Sin embargo, no dejé de manifestar 
al General Urdaneta que yo no iba á Bogotá ni aceptaba el mando : lo mismo^ 
he dicho á los amigos. Por consiguiente, yo no he engañado á nadie, !»no á loe 
enemigos, para que no acabaran con ustedes de repente y de nuevo. 

Dígale usted al General Urdaneta que no he recibido carta suya, y que 
ésta le puede servir para informarse de mis ideas. 

Yo compadezco al General Urdaneta, á usted y á tbdos mis amigos que 
se ven comprometidos, sin esperanza de salir bien, pues nunca debieron ustedes* 
contar conmigo para nada después de haber salido del mando y que había visto 
tatitos desengaños. A nadie le consta más que á usted mi repugnancia á servir y 
Ik buena fe con que insté por mi separación. Desde aquel momento he ienido^ 
mil motivos para aprobar mi resolución ; dé consiguiente, sería absurdo de mi 
parte volvernos i comprometer. 

Añadiré á usted una palabra más para aclarar esta cuestión. Todas' 
mis razones se fundan en una: no espero salud para la patria. Este sentí-*' 

(1) En Colombia ! país que había libertado y constituido en Bepública, llamado á 

ser grande 7 feliz, convertido e» tierra de maldición y de orimenes [La ingratitud, 

la envidia K 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 363 

mie&to, ó más bien, esta convicoión interior, ahoga mis deseos y me arrastra 
¿la más crael desesperación. Tb creo todo perdido para siempre', y la patria 
y mis amigos samergidos en nn piélago de calamidades. Si no hubiera más que 
un sacrificio que hacer, y que éste fuefa el de mi vida, ó el de mi felicidad, 
6 el de mi honor...... créame usted, no titubearía. Pero estoy convencido de 

que este sacrificio sería inútil, porque nada pnede un pobre hombre contra un 
mundo entero; y porque soy inoapaz de hacer U felicidad de mi país, me deniego 
á mandarlo. Hay más aún^ los tiranos de mi país me lo han quitado; así, yo no 
tengo patria á" quien haoer el sacrificio. • 

Perdóneme usted, mi qaerido amigo, la molestia que le doy en esta funesta 
declaración : la he debido al General Urdaneta y á usted ; por eso no me he 
detenido en hacerla, pues un desengaño vale má»^ que mil ilusiones. 

Póngame usted á los pies de su señora y mande usted á quien le ama de 
Gorazé^n^ 

BoLÍVAB. 

Hé aquí el funesto oráculo que se está cumpliendo: *'No espero salud 
para la patria.... yo creo todo perdido para siempre...." Terribles palabras 
en boca de aquel hombre 1 

¿ Y no era ésta ya su despedida de Colombia ? 

En Cartagena habían hecho pronunciamiento desconociendo al Go-. 
bierno, desde las primeras noticias que llegaron de la sublevación del Callao 
y del General Briceño con los húsares en el Socorro. Proclamaron al Li-, 
bertador y lo asediaron, loumportunaron todcs los militares y sus amigos 
para que se pusiese al frente del poder y á la cabeza de las tropas; mas 
nada consiguieron. En la carta que antecede queda dicho todo, y puesto 
en claro, una vez más, eí desprendimiento del Libertador, así como la ini-. 
quidad de sus calumniadores. Esta carta íntima, escrita en el seno de la 
amistad, es, moralmente, el documento más importante en la materia, tanto 
por la grandeza de alma que manifiesta, como por el alcance que tienen 
esos conceptos políticos lanzados entre el suspiro del dolor de quien se ve 
arrojado de su casa por sus propios hijos. 

Todo, desde esta época, no es más que una historia de trastornos y 
alborotos por todas partes. Urdaneta 110 logró consolidar Gobierno ni esta- 
blecer sistema. El Ecuador yá se había declarado independiente, procla- 
mando al Libertador, y su Congreso, á la inversa de Venezuela, le decreta-, 
ba honores, alabanzas, glorias, reconociendo sus servicios, sus méritos y 



3^4 HISTORIA DE NUEVA GRAIVABA 

virtudes. Antes le habían dirigido los quiteños una manifestación de su 
afecto, en desagravió del infame tratamiento que recibia del Congreso 
venezolano. En esa manifestación lo llamaron á su pafs los nobles y agra- 
decidos quiteños por quienes estaba suscrito ese documento, que los honra- 
rá siempre. 

El Cauca estaba en trastorno en el tiempo de que vamos hablando; 
Panamá lo mismo; Riohacha, Mompox, y últimamente las Provincias del 
Norte. Era un verdadero campo de Agramante la Repáblica. 

El Libertador, enfermo, se había trasladado de Cartagena á Soledad y 
Barranquilla, donde permaneció los meses de Octubre y Noviembre. Cada 
día se agravaba más con las penas del espíritu. Se hallaba casi solo, si no 
abandonado, entregado alas tristes reflexiones que debían amargar la exis- 
tencia de un hombre que, repasando su vida toda, no hallaba sino un con- 
tinuado sacrificio, que se estaba pagando con la más negra ingratitud. {Qué 
desengaño ! 

El Obispo de Santa Marta y el General Montilla insistieron con ins- 
tancia para que se trasladase á esa ciudad, donde podía estar más atendido. 
El Libertador se sentía cada día más debilitado y más enfermo. Accedien- 
do á las instancias de esos amigos, resolvió su viaje por mar y llegó á Santa 
Marta el día i.^ de Diciembre; pero en un estado lamentable de acabamien- 
to. Allí se repuso un tanto con algunos remedios que le aplicaron dos mé- 
dicos extranjeros, el doctor Próspero Reverand, francés, y el norte-ameri- 
cano doctor Mac-Night. Cahnáronsele un poco la tos, el dolor de pecho y los 
insomnios. Decidióse llevarle al campo, como lo deseaba, para respirar 
aire más fresco, y el día 6 se le condujo á la hacienda de San Pedro, pro- 
piedad del señor Joaquín Mier, distante una legua de la dudad. Los pri- 
meros días pareció mejorarse; pero desde el 8 se agravó considerablemente. 
Allí se hallaba acompañado del Obispo Estévez y de varios amigos milita- 
res y civiles. El Obispo, desesperando ya de la salud del Libertador, le 
indicó que sería conveniente prepararse para que se le administrasen los 
sacramentos. El Libertador pidió que lo dejasen solo por algunas hjras 
para disponerse, y luego hizo su confesión t:on el prelado, quien le llevó 
la Majestad, que recibió de una manera «diñcativa (i). 

(1) £1 doctor Beyerand, médico franoéa que aBÍstió al Libertador en su dltiina enfer- 
medad, esoríbiendo sobre la muerte de éste, ha dicho que no fue el Obispo de Santa Mar- 
ta quien le administró los últimos sacramentos, sino el cura de Mamatoco. Kosotros he- 
mos dicho lo contrario, apoyados en buenos testimonios, y lo sostenemos con el del señor 



capítulo ciento cuatro. 365 

El día 10 hizo su testamento (véase el número 17) y en seguida, para 
despedirse de los colombianos, dictó al amanuense la siguiente última pro* 
clama: 

'' Colombianosi Habéis presenoiado mis esfuerzos para plantear la libertad 
donde reinaba antes la tiranía. He trabajado coa desinterés, aband(mando mí 
fortana j aun mi tranquilidad. Me. separé del mando cuando me persuadí de que 
desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credu- 
lidad 7 bollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor á la liber- 
tad. He sido víctima de mis perseguidores, que me kan conducido á las puertas 
del sepulcro. ¥0 lo€ perdono. 

" Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo ha- 
eer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro á otra gloria que á la 
consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la 
unión; los pueblos obedeciendo al actual Gobierno para librarse de la anarquía; 
los ministros del Santuario dirigiendo sus oraciones al cáelo, y los militares em- 
pleando su espada en defender las garantías sociales. 

^' Colombianos ! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria; si mi 
muerte contribuje para que cesen los partidos y se consolidé la unión, yo baja- 
ré tranquilo al sepulcro," 

Quiso él Libertador poner en esta despedida su nombre con su propia 
mano, y haciendo un esfuerzo, se incorporó en la cama, tomó la pluma y 
escribió por última vez: Simón Bolívar. 

Desde ese mismo día empezó un delirio que le dejaba pocos momen- 
tos; aquélla vida, que había animado un mundo entero, se iba extinguien- 

Jaan Ujaeta, snjeto respetable 7 veridico que existe en Bogfotá, 7 que-asifitió al Liberta- 
dor hasta su muerte en la hacienda de San Pedro. Tenemos «n nuestro poder dos cartas 
del señor Ujueta 7 de las cunles se publicó una parte en M TradicianUtaf con motivo de 
la especie del doctor Reverand reproducida en La O^inién nacional de Caracas, número 
2,324. En ellas describe todo lo acontecido, hasta las menores circunstancias, en la enfer- 
medad 7 muerte del Libertador, como testigo ociAar de los hechos, citando multitud de 
testigos, que aún viven algunos. Bostaríannes para nuestra afirmación las siguientes pa- 
labras del señor Ujueta, al hablar del momento en que el Obispo montó en la berlina con 
el doctor Recuero para ir & Mamatoco á traer el viático: '* A la vuelta, dice, indiqué que 
saliésemos á recibir 7 alumbrar la entrada del viático; 7 en efecto, como diez 7 seis per- 
sonas hicimos calle 7 volvimos hasta la misma puerta del ilustre enfermo, dejando en- 
trar solo al Obispo 7 al doctor Recuero, 7 colocándome al lado que lo viera bien, logré 
verlo comulgar" etc.— (Aí^te ¿í^í ^ttíor). 



366 HISTORm DE NUEVA GRANABA 

do por momentos, hasta el 17 de Diciembre,, en que espiró á Ik una de la 
tarde, rodeado de los fieles amigos que le acompañaban y que derramaban 
lágrimas al contemplar el fin de tanta gloria,. de tantos servicios, de tantos 
sacrificios correspondidos con hi más negra ingratitud. 

Hecha la autopsia del cadáver por eF doctor Reverand, halló los pul- 
mones un poco dañados y que las pleuras pulmonares estaban adheridas á 
las pleuras costales. Según la opinión de este facultativo, la enfermedad 
que dio la muerte al Libertador "fue en su principio un catarro pulmonar 
que, habiendo sido descuidado, pasó al estado crónico y consecutivamente 
degeneró en tisis tuberculosa." 

Murió el Libertador á la edad dé cuarenta y siete años, cuatro meses 
y veintitrés días, habiemlo nacido en la ciudad de Caracas el día 24 de 
Julio de 1783. { Cuántos más servicios pudo haber hecho este grande hom* 
bre á su patria, si las viles pasiones contemporáneas no lo hubieran empu- 
jado al sepulcro en toda la fuerza de su edad ! 

El General Montilla y el Obispo Estévez-. dispusieron las exequias del 
Libertador del moda más decoroso y decente que les fue posible,^ las que 
se verificaron en la iglesia Catedral, depositando el cadáver en una de sus 
bóvedas, sin ninguna clase de distinción. £1 sepulcro del conquistador don 
Gonzalo Jiménez de Quesada fue cubierto con eí' pendón de la conquista; 
el del Libertador Simón Bolívar no fue cubierto con la bandera de la 
Independencia que llevó victoriosa hasta clavarla sobre la cima dtel Potosí, 
¡ Qué diferencia entre un conquistador y un Libertador I j Así pagan los 
imperios y así pagan las repúblicas \ 

I Y por qué no se cumplió con la disposición testamental del Liberta- 
dor llevándolo á sepultar á Caracas ? Ah 1 el hijo ilustre de Caracas estaba 
proscrito, y los que entonces imperaban en ese país no habrían dado ni se- 
pultura á su cadáver (Véase el número 18). 

Los que estábamos en la capital el día 9 de Agosto de 181 9 y vimos 
salir á Sámano con sus tropas, y vimos al día siguiente entrar al General 
Bolívar trayendo la libertad, sabemos lo que se debía á este hombre y nos 
horrorizamos al contemplar el fin de su carrera. Bolívar es el mártir sobrf 
todos los mártires de la patria ^ porque si los Caldas, Torres, Lozanos, To-. 
rices, etc. fueron sacrificados por los verdugos españoles; el Libertador lo 
ha sido más dolorosamente por mano de los mismos republicanos; por los 
mismos á quienes había salvado de aquellos verdugos I 

Pero no> hay que admirarse^ no ha sido Bolívar el único Libertador 



CAPÍTULO CIENTO CUATRO. 367 

calumniado. Washington también lo fue por enemigos senvidiosos; pero 
la verdad histórica los ha glorificado, y la posteridad les erige monumentos, 
execrando la memoria de sus detractores. Es condición precisa de todo 
hombre grande el ser perseguido por la envidia y la calumnia, y 'Bolívar 

' no seria grande si hubiera merecido la aprobación de los gue se declararon 
sus enemigos. Diremos de Bolívar como dijo Balmes hablando de otra 
cosa: d que quiera saber quién fue Bolívar^ pregunte quiénes fueron sus 
r€nemigos. 

Pero la historie, la grande historia del mundo es la que califica el ver- 
dadero mérito. El historiador extranjero, de universal autoridad, César 
Cantú, en su historia de cien años dice, al hablar de Bolívar: *^ Sus adver- 
sarios pretendieron que esta renuncia (i) era aparente, para hacer que se 
ie devolvieran los poderes ; pero ¡ feliz el hombre de quien no se puede 
calumniar sino las intenciones I Los historiadores preocupados no recono- 

r CGn como causa de todas las ambiciones sino la aspiración á un trono; 
pero los varones ilustres pueden tener otra causa más noble. Un» cetro no 
habría hecho tan grande á BotíVa-r como su propia espada, á la que debió 
su libertad ün cotitinente entero." 

Uno de nuestros primeros hombres de Estado escribía en 1830: " Las 
acciones de los hombres que han influido en el destino de los imperios 
.pertenecen al dominio de la historia ; y si la adulación y la calumnia, 
robándole su buril, se apresuran, envío general, á retratar, á medida, de 
:su conveniencia, al héroe del día, la verdad, por el contrario, aguarda, para 
pronunciar sus oráculos, que éste haya terminado su carrera política. 

*^E1 gran Bolívar ha arrancado al Rey de España las más preciosas 
joyas de su corona: las puertas de la eternidad se abrieron yá para :éL; y 
aquí era donde la imparcialidad le aguardaba para fallar sobre sus méritos. 
** Bolívar es un fenómeno en los anales de la humanidad. Su nombre 
resplandecerá en los. fastos de la civilización, cual resplandece el primer 
astro- en la^xtensión del firmamento. Brillará en ellos al lado délos genios 
que el cielo envía de siglo en siglo á la tierra para mejorar la condición de 
las naciones. .Madurado precozmente su entendimiento por el amor al estu- 
dio y por los viajes que emprendió en su juventud; poseyendo sentimien- 
tos los más nobles; dotado de una imaginación de fuego que frecuentemen- 
te lo trasportaba más allá de la esfera de los sucesos comunes, al primer 



(1) La que últimainente liizo de la FreBÍdencia, 



¿6S HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

tDuncio de las victorias de las huestes de Napoleón en Espaffca, se lanzó 
con ardor en la carrera de la emancipación de Venezuela. Desde aquel mo- 
mento memorable se consagró todo á quebrantar los grillos con que estaba 
aherrojada la América» Digno émulo de Pelópidas, resolvió sacrificar por 
la libertad de la patria reposo, regalo, fortuna y hasta su vida misma. 
Desde aquel instante toda ella fue una serie no interrumpida de sacrificios 
heroicos, de combinaciones sublimes, de acciones portentosas^' (i). 

Cerremos la tumba del Libertador con estas palabras suyas^ pronun- 
ciadas pocos días antes de morir: 

" La* América es ingobernable. Los que han servido á la revolución han 
arado en el mar. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. Es- 
tos paifi«8 caerán infaliblemente en manos de la multitad desenfrenada, para des- 
pués pasar á las de tiranuelos casi imperceptibles de todos colores y razas, devo- 
rados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad. Los europeos tal 
vez no se dignarán conquistarlos. Si fuera posible que una parte del mundo 
volviera al caos primitivo» éste seria el último período de la América.'' 

¡Deplorable aúo para Colombia el de 1S30 1 Guerra civil; muerte del 
Libertador; muerte del gran Mariscal de Ayacucho, y muerte del Ministro 
de Colombia cerca del Gobierno británico, el antiguo patriota doctor José 
Fernández Madrid, acontecida el 28 de Junio en Barnes, inmediato á Lon- 
dres, cuando trabajaba con muy buenas esperanzas acerca del reconoci- 
miento de los Estados Sur-americanos por la España. La Iglesia también 
tuvo que lamentar la muerte del Sumo Pontífice Pío VIII, cuyo pontifica- 
do fue bien corto, pues elegido el 31 de Marzo de 1829, falleció el 30 de 
Noviembre de 1830. El Enviado de Colombia ^n Roma había dada noti- 
cia al Gobierno de la distinción y aprecio que este Papa le había manifes- 
tado por la República, continuando las buenas relaciones de su antecesor 
el señor León XII. Al dar noticia la Gaceta de Colombia sobre la muerte 
del señor Pío VIII, hace un grande elogio de sus virtudes y dice que mu« 
rió tan pobre, que apenas tuvo con qu^dejar á subfamilia para la subsis- 
tencia. 



(1) García del Bío, en la Necrología del Libertador. 



r-ír. jr.sc.- i.-, .• ^ J--K.-. . - •<- 



CAPÍTULO^ CIENTO CWCO. 369 



CAPITULO CV. 

SI General Montilla participa á tfrdaiieta la xnnerte del Libertador— tTrdaneta decrets 
lato por itn mes, 7 exequias en todas las iglesias— Pompa fúnebre con qtre se cele* 
braron las de la Catedral — Urdaneta quiere dejar el mando— No se le permite— Se 
acuerda la convocatoria de una Conyención-^Honradez y buena fe de Urdaneta — 
Pronuiíciamíento y defecciones contra éste— Popayán hace acta 7 Obando 7 Lopes 
toman eí mando de las tropas — Se agregan al Ecuador — Acción de Palmira — El 
Coronel Posada se une al pronunciamiento de Neiva— El Vicepresidente Caicedo se 
decdara en ejercicio del Poder Ejecutivo— Se comunica con Urdaneta— Los tratados 
de Apulo— El Vicepresidente vieáe á la capital 7 se posesiona del mando — Urdaneta 
se retira— Las tropas del Callao reconocen al Vícepresidenie— El General Moreno 
derrota en Cerinza las fuerzas de Patria — ^BCoreno resiste los tratados de Apulo— 
Situación peligrosa para todos — López Iiace entrar en razón á Moreno-*E1 ejército 
' constitucional en las inmediaciones cíe Bogotá — Dificultades que se presentan por 
la exaltación de los ánimos— Entrada de los constitucionales á la capital— Los 
exaltados liberales descontentos con el Vicepresidente 7 clOn López— Tienen junta« 
para desobedecer al Gobierno 7 hacer Dictador á Moreno— López lo impide — Siguen 
los odios 7 las venganzas— Imposibilidad de establecer la concordia — Inconse- 
cuencia de principios en el Gobierno— >Convoca la Convención — Los conspiradores 
del 25 de Septiembre rehabilitados— Inmoralidad política— La Convención sanciona 
los odios de partido— La filosofía de nuestra historia. 

L General Montilla, Comandante general del Magdalena, comunicó 
inmediatamente la muerte del Libertador al Gobierno. El General 
Urdaneta dio una proclama y un decreto en que participaba á los 
colombianos tan infausta nueva. £1 decreto decía: 

Art. h? Por el término de ntt mes, contado desde la publicación de este 
decreto en las capitales de provincia, no se podrá tener ningún género de 
diversiones, sean públicas ó privadas^ sobre cuyo cumplimiento velarán los 
Jueces locales. 

Art. 2.^' Por el mismo tiempo, contado en los propios términos, todos los 
empleados de la Eepública, de cualquiera clase que sean, llevarán luto rigu- 
roso. El del Ejército será con los distintivos de ordenanza, j las tropas usarán 
las armas á la funerala. 

Art. 8.^ Los Prefectos y Gobernadores, poniéndose de acuerdo oon las 
respectivas autoridades eclesiástíoas, dispondrán que se celebren exequias f u&e* 




ZJO HISTORIA DE NUEVA ^GRANADA 

rales á la memoria del Libertador ea todas las iglesias, con.k pompa \j decoro 
que sea. posible. 

Art. 4.<* Durante naeye días se darán dobles en todas la« iglesias á las seis 
7 doce de la mañana 7 á las seis de la tarde. 

Dado en Bogotá, á 10 de Enero de 1831, etc. 

£1 día 10 de Febrero, en que terminaba el mes de lato, se hicieron 
las solemnes exequias en la iglesia Catedral metropolitana con cuanta 
ostentación fue posible. El General Urdaneta, en clase de Jefe del Go- 
bierno, convidó por esquelas á todas las corporaciones, empleados y parti- 
culares. Todos correspondieron con buena voluntad al convite, y el tem- 
plo se veía cubierto de gentes por todas partes. El acompañamiento oficial 
y muchos sujetos particulares de notabilidad concurrieron al Palacio de 
-Gobierno, de donde salieron con el General Urdaneta y los Ministros de 
Estado para la iglesia. El séquito «funerario iba precedido de dos pajes 
enlutados, que llevaban de mano dos caballos negros cubiertos de crespones 
del mismo color, y sobre cayos caparazones estaban bordadas en oro las 
iniciales del nombre del Libertador. Seguía tin Oficial de astado Mayor 
rhaciendo funciones de Mayor de plaza, á caballo, con espada en mano, y 
«n seguida y del mismo modo. iban un General, un Coronel y un Coman- 
dante. Tras .éstos marchaba una compañía de infantería en columna. 
Venían después los Colegios, la Universidad Central, presidida por el 
Rector, y el Cabildo eclesiástico. Seguían luego todas las corporaciones 
civiles y Tribunales de Justicia, el Cabildo de la ciudad, los Ministios y 
0^1 Jefe del Gobierno con el Cuerpo Diplomático; concluyendo el séquito 
un coche tirado por caballos negros, todo enlutado,. teniendo al;frente, en 
.grandes letras de oro, este nombre: 

I ¡BOLÍVAR!! 

Toda la .guarnición, compiaesta de infantería, artillería y, caballería, 
hacía los honores de ordenanza y salvas de cañón, las que se empezaron 
desde la víspera, repitiéndose cada diez minutos. 

Empezó el funeral por una solemne vigilia-entonada por efCoró Cate- 
dral; terminada la cual, celebró la misa el Chantre doctor Francisco Javier 
Guerra, á que siguió un responso, que cantó el Ilustrísimo señor Arzobispo, 
doctor Fernando Caicedo. Pronunció una excelente oración fúnebre el 
reverendo Padre Fray Manuel Teodoro Gómez, de agustinos calzados. 



CAPÍTULO CIENTO CINCO. gjl 

El orador observó una coincidencia bien particular en la vida de Simón, 
de la Santísima Trinidad, Bolívar y Palacios, nacido el día 24 de Julio de 
1873. Hé aquí sus palabras: *'¡Ah! ¡Quién hubiera dicho entonces á 
Carlos III, Rey de Espafia, que en ese mes y afto y día en que firmaba la 
carta para quitar á la Inglaterra sus colonias, nacía en Venezuela de Amé- 
rica aquel genio sin igaal que algún día había de privarlo délas suyas y 
hacer resonar en todas ellas el dulce grito de la libertad t" Los párrocos, 
con sus cruces, y las comunidades religiosa^, ocupaban sus lugares ea la 
asistencia, y el concurso era inmenso, y en el sHencio de las pausas defl 
canto se oían los sollozos y gemidos. 

El templo estaba cubierto de velos y emblemas funerarios. En el res- 
paldo del coro de los canónigos, frente á la puerta principal, se colocó un 
gran cuadro, pintado en claro oscuro, en que se representaba el sepulcro 
del Libertador con esta inscripción, tomada del capítulo XI de San Juan 
en la muerte de Lázaro: 

Señor, ú hubieras estado aqníj 
nuestros hozmanos no hubieran muerto, 

aludiendo esto á la guerra civil del mes de Agosto, en que murieron tantos 
colombianos en el Santuario. La Paz, representada por una matrona ves- 
tida de blanco, apagaba, con faz llorosa, una antorcha al pie del sepulcro. A 
lo lejos volaba la Victoria, que se retiraba de Colombia, dejando en el suelo 
abandonada su palma y su corona de laurel. Colombia, simbolizada en una 
mujer que tenía el escudo de arma$, estaba en el primer término, vestida 
de luto, con el rostro cubierto; y al lado opuesto estaba Belona reclinada 
sobre un montón de despojos marciales. En la parte superior volaba la 
Fama tocando su trompeta, de donde se veía «alir el nombre BOLÍVAR. 
En el centro se leía este soneto: 

Pierde Bolívar su preoiosa vida; 
Se estremece el imperio de la muerte .t 
Belona á golpe tan terrible y .fuerte 
Sobre sus triunfos cae desfallecida. 

Gime la Paz llorosa y confundida.; 
Se aleja la Victoria triste, inerte; 
Lamenta el orbe4an infausta suerte.; 
Colombia queda en llanto «umergida. 24 



37* HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

La Fama, inquieta, rápida volando 
Le da á la trompa bu robusto aliento, 
Qae repiten loe montea retumbando, 

Y desde Orienté á Ocaso oon su acento 
Del héroe muerto el XK)mbre publicando, 
Elevará su nombre ai firmamento. (Anóniuo). 

Delante del presbiterio y sobre un túmulo cubierto de terciopelo ne- 
gro, se levantaba un sepulcro de mármol con este epitafio en letras de oro: 

Aqui yacen mil triunfos sepultados, 
Mil laureles, mil palmas obtenidas, 
Mil hazañas muy más esclarecidas, 
Un soldado que hacía por mil soldados. 

Mil cadenas, mil hierros destrozado!. 
Mil enemigas huestes abatidas, 
Tres naciones á un tiempo redimidas^ 
Diez millones de esclavos libertados. 

Aquí Marte, Belona y la Victoria, 

Aquí Palas y Temis ¡ Oh viajero I 

Contempla el triste fin de tanta gloria. 

¡ Aquí yace Bolívab I y el guerrero 

Que fatigó á la Fama y á la historia, 
Rindió á la muerte su invencible acero. 

Manuel Castillo. 

A los lados del sepulcro había dos estatuas que representaban la 
Inmortalidad y la Historia. Al pie de la primera se leía : 

l^odo pereoe en esta triste vida, 
Cualquiera esfuersío para el hombre es vano. 
La Libertad á no morir convida, 
Ella Inspira un aliento sobrehumano: 
Bolívar conservó su don divino, 
Y la inmortalidad és su destino. 

ÜRQÜIKAONA» 



CAPÍTULO CIENTO CINC(X 3?^ 



^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^M^^^^^^^^^^^ 



Sobre el pedestal de la segunda: 

Abaudona el buril la grave Historia; 
La ardua empresa admira contemplando; 
Es muy penoso recordar la gloria 
Al mismo tiempo que el dolor infando; . 
Aquel á quien virtud ardiente inflama 
Sólo puede pintar tu ilustre fama. (Del mismo). 

En las columnas del templo había sonetos; no daremos sino dos 
muestras de ellos, dejando todas las demás composiciones, que nos ocupa* 
rían muchas páginas: 

¿Por qué la Patria triste y afligida 
Cubre su rostro en lágrimas bañado, 

Y sobre el mármol del sepulcro helado 
Jura acabar la malhadada vida ? 

¿ Por qué la Independencia dolorida 
Deja el laurel marchito j deshojado 
Que en los campos de Marte había segado 

Y fue con ¿I su frente ennoblecida ? 

¿ Por qué la Libertad, antes vestida 
De colores que al iris ha prestado. 
Abandona su símbolo encarnado 

Y toma el luto viuda desvalida 7 

I Ay ! bastante esa tumba lo refiere, 
) Colombia toda con Bolívar muere 1 (Anónimo). 

En la columna correspondiente á la anterior: 

Ciudadanos que admira fiel la historia. 
Patriotas que de honor fuisteis la egida, 
Héroes en que virtud siempre se anida, 
Colombianos idólatras de gloria: 

Lamentad para siempre la memoria 
Del varón cuya fama esolarecida 
ínclitos triunfos consiguió en bu vida 
T arrancó de la Muerte la victoria» 



374 HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

s 

De nn genio superior tuvo el encanto, 
De todas las virtodes fue el modelo; 
mngano en perfección se alzará tanto. 

Indigno se hizo de poseerlo el suelo; 

Un corazón tan puro, noble y santo 

Hecompensatlo sólo pudo el cielo. 

Ubquinaona. 

El Representante al Congreso de 1827, doctor Antonio Torres, que 
fue de los veinticuatro que estuvieron por la admisión de la renuncia del 
Libertador, desengañado ya por este tiempo, contribuyó también á lamen- 
tar la muerte del béroe con esta octava: 

Por un decreto eterno ya cumplido 
Que el hombre ignora prevenir siquiera, 
Sobe Bolívar á mejor esfera 
De majestad y gloria revestido. 
A los Caldas y Torres reunido, 

Y dando fin á su eternal carrera, 

De las sillas ocupa la primera 

Entre un número de héroes distinguido. 

A. Torres. 

Llegó á BU ocaso el sol de la viotorla, 

Llanto deja á stis hijos el guerrero; 

Y ñrme baja á la región sombría, 
De oscura tumba que miró risueño. 

] Blayas de Santa Marta I j Tierra ilustre ! 

£s justo el llanto y funerario velo, 

Tú viste al gran soldado que espiraba 

JLibertad.y Colombia repitiendo, 

J.F.Obtw. 

Con Itt muerte del Libertador se verificó lo que había dicho. Molien, 

que Colombia no duraría sino mientras viviera Bolívar. Hasta aquí no 

dejaba de haber signos de esperanza, á pesar de la separación de Venezuela, 

iporque lo cierto es que allí no cesaban los movimientos promovidos por 

■ Jefes militares de importancia, secundados por algunos pueblos en fa* 

Yor de Colombia; la unión bajo la autoridad de Bolívar era el espíritu 



CAPÍTULO CIENTO CINCO. 375 

que aun animaba y que sin la muerte de éste quizá habría venido &» un. 
gran resultado. Pero se acabó el lazo común que unía el espíritu popular,, 
y cada cual tomó por su lado. Urdaneta hizo cuanto» pudo por mantener 
el orden y establecer un gobierno constitucional,, y así fue que muy pronto 
consultó con una Junta compuesta de muchos y respetables ciudadanos y 
los Secretarios de su Gobierno, que igualmente- eran hombres de lomas res- 
petable bajo todos aspectos, de orden y buenos patriotas, consultó con esta». 
Junta sobre eómo* debía establecerse el Grbbiernoy quién debería gobernar.. 
Manifestó que después de muerto el Libertador, él no podía continuar eii 
el mando que se le había confiado interinamente. Todos se opusieron á 
esta proposición, porque Urdaneta era el único que podía contener la anar- 
quía. Se determina que se observasen las garantías constitucionales y que 
se convocase una Convención para constituir la República die la Nueva. 
Granada, no omiciendo hacer alguna excitación á Venezuela y al Ecuador 
acerca de la unión; lo cual se hizo sin que se consiguiera su objeto. 

Urdaneta procedió con honradez y buena fe; no tenía aspiraciones,, y 
convocó la Convención, que se debía reunir en la Villa de Leiva el 15 de 
Junio, y dio reglamento de elecciones., Pero todo^ estaba yá. revuelto: el 
Cauca, Panamá, los Departamentos del Míagdalena, el Norte, Cásaiiare,.por 
donde quiera empezaron los movimientos contra sa gobierno; 

Obando y López, hechos J-efes de la fuerza que había en Popayán, por 
medio de una acta militar, se- declararon restauradores del gobierno legíti- 
mo;: de lo que se originó una determinación bien particular en los popaya- 
nejos,. que se declararon anexados al Ecuador. Urdaneta había mandado 
fuerzas contra Obando y López, unas al mando de Muguerza y otras al 
mando de Posada. El primero fue derrotado en Pal mira por causa de un^ 
defección de su* gente. Posada se hallaba en La Plata, y conociendo el 
estado insostenible de las cosas respecto al. Gobierno de Urdaneta, porqu« 
en todos los pueblos que antes proclamaban al Libertador,, ahora se procla- 
maba el Gobierno granadino, tomó la resolución de enviar comisionados á 
Obando con proposiciones que tendían á un arreglo pacífico, sometiéndose 
á las deliberaciones del Congreso que estaba convocado y que debía nom- 
braff los altos funcionarios que hubieran de regir el Estado. Otros varios 
puntos contenía el arreglo propuesto k Obando, todos relativos al modo de- 
establecer los cosas en buena armonía entre los partidos, evitando la gue- 
rra civil. El Coronel Posada dio cuenta á Urdaneta del paso que había 
dado de motu propio^ y recibió contestación aprobándolo, lo. que hacía ver 



37^ HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

que Urdaneta no estaba dispuesto á sostenerse á costa de derramamiento 
de sangre (i). 

El Coronel Posada tuvo que retirarse de La Plata mientras recibía 
contestación de Obando, pero en ese tiempo se pronunció Neiva y los 
demás pueblos por el restablecimiento del Gobierno legítimo, proclamando 
al Vicepresidente Caicedo. Posada recibió comisionados de Neiva invitán- 
dolo á unirse al pronunciamiento del pueblo. Él resolvió marchar con su 
columna para la provincia de Mariquita y pasó á Neiva; mas los pueblos 
protestaron que le impedirían el paso á costa de su sangre si continuaba su 
marcha. Viendo las cosas tan desesperadas, hizo en Neiva una junta délos 
Jefes y Oficiales de su columna, y tomando en consideración el estado de las 
cosas, se acordó, casi por unanimidad: i.® Que habiendo fallecido el Liber- 
tador, á quien los pueblos, después del acontecimiento del mes de Agosto 
próximo pasado, habían llamado para que tomase las riendas del Gobierno, 
habían caducado los poderes que recibiera el General Urdaneta para encar- 
garse provisionalmente del Poder Ejecutivo, mientras venía el Libertador 
de Cartagena; 2,^ Que siendo esto evidente, sería una violenta opresión la 
que cometería la columna usando de las armas para sufocar la voz del pue- 
blo hollando sus derechos. Resolvía: i.*^ Someterse á los deseos del pueblo 
y obedecer sus mandatos; 2,« Reconocer por legítimos Magistrados los nom- 
brados por el Congreso de 1830; 3 ® Obedecer «como á encarga io del Poder 
Ejecutivo al Vicepresidente; 4.® Desconocer la autoridad del General Ur- 
daneta, como Jefe del Gobierno; y 5.* Que se mandase copia de esta acta 
al Vicepresidente Caicedo, poniéndose la columna á sus órdenes^ y otra 
copia al General Urdaneta, rogándole, á nombre de la patria, se sirviese 
acoger este pronunciamiento, á ñn de restablecer el orden constitucional 
para evitar los males de una guerra civil. 

El señor Caicedo estaba en su hacienda de Saldaba, á donde se 1« 
mandó la acta invitándolo á que viniese á ponerse al frente del. Gobierno, 
declarándose en ejercicio del Poder Ejecutivo; lo que hizo inmediatamente, 
expidiendo en la Villa de Purificación el Decreto de 14 de Abril de 1831. 

Al otro día llegó el General López, quien pretendía se te reconociese 
como General ecuatoriano auxiliar de la Nueva Granada, cosa que escan- 
dalizó á los Jefes y Oficiales de la División y que habría sido parte para que 



(1) El lefior Beatrepo dioe que fae improbado, pero el General Posada 3ia publicado 
•u 808 Memoriai la ooxkteetadén aprobando Ja medida. 



CAPÍTULO CIENTO CINCO. 377 

no lo reconocieran, si el señor Caicedo, cuando se le presentó de cere- 
monia, no le hubiera contestado que el Gobierno aceptaba los servicios del 
General López coitio colombiano. Con lo cual no volvió á hablar más sobre 
el ecuatorianismo, y recibió el mando de las tropas como General en Jefe. 

Con esto se pusieron en marcha hacia el paso de Fusagasugá, donde se 
encontraron con el doctor Borrero y el comerciante Raimundo Santama- 
ría, comisionados de Urdaneta para proponer una suspensión de armas 
mientras se celebraba un convenio pacíáco entre el General Urdaneta y el 
General Caicedo, 

Esta comisión era ^el resultado de una junta que el Secretario García 
del Río había promovido en Bogotá para consultar sobre lo que debería 
hacerse después de haberse impuesto bien del estado en que se hallaba la 
opinión de los pueblos, por los informes que el Coronel Posada y otros hom- 
bres que veían las cosas sin pasión, acababan de dar al Gobierno de Urda- 
neta. Se convino, pue^, entre el señor Caicedo y los comisionados que se 
tendría una entrevista en Apulo con el General Urdaneta, é inmediata- 
mente marcharon hacia Tocaima. Es de advertir que cuando la junta 
de García del Río daba su determinación, aún no se sabía en Bogotá que 
el señor Caicedo se hubiera declarado en ejercicio del Poder Ejecutivo, ni 
que el General López se hubiera reunido al Coronel Posada. 

El General López escribió una carta á Urdaneta en que, olvidando 
generosamente la injusticia con que éste lo había declarado fuera de la ley 
junto con Obando, por atribuirles el asesinato del Gran Mariscal de Aya- 
cucho, abundaba en sentimientos patrióticos, manifestándole que sus más 
ardientes votos eran por la paz y el bien común. Urdaneta contestó en el 
mismo sentido y añadía: "Yo estoy muy lejos de todo espíritu de partido 
y cuanto deseo es la felicidad de esta tierra: busco los medios de evitarle 
desastres; y si los alcanzo, habré llenado mis votos; en caso contrario, mi 
honor, como viejo soldado, será mi guía. Es preciso no equivocarnos; hay 
dos grandes bandos que se odian y se temen. Nosotros debemos colocarnos 
en un punto más elevado q.ue ellos, y ver .cómo les hacemos dar un ósculo 
de paz. De otro modo, no habrá tranquilidad. Mas claro; es preciso hacer 
porque ninguno de los partidos triunfe, sino que se refundan; que la razón, 
y nó la pasión, hable á todos. La empresa es difícil, mas no imposible. Por 
mi parte no habrá sacrificio que no haga porque ustedes se entiendan.'' 

Nótese que aquí hablaba Urdaneta como si no perteneciera á ninguno 
de los dos partidos; la frase ^* que ustedes se entiendan '' lo daba bien á co- 



378 HISTORIA DK NUEVA GRANADA 

nocer. Este Jefe, animado de tan buenos sentimientos, aceptó con sumo 
gusto la conferencia que el señor Caicedo le propuso, é inmediatamente 
partió de Funza, que era donde se hallaba, para las Juntas de Apulo, 
acompañado del Secretario de Guerra, Juan García del Río, del doctor José 
María del Castillo y del General Florencio Jiménez. 

La conferencia tenida en Apulo pasó como debía ser entre gentes que 
síMo deseaban el bien de'su patria. El resultado fue acordar un convenio 
en 28 de Abril, por el cual se estipuló que los Generales Urdaneta y Caice- 
do empleasen cada uno su autoridad é influjo personal para que se transi- 
giesen amigablemente las diferencias que existían en los Departamentos 
del Centro, á fin de que éstos se reunieran bajo un solo Gobierno, hasta 
que se juntase una gran Convención que los constituyese, dándoles Magis- 
trados y arreglando sus relaciones con las otras partes independientes de 
ColcMnbia; que hubiese un eterno olvido sobre las disensiones pasadas, ob- 
servando mutuamente la mayor moderación respecto á las opiniones y acon- 
tecimientos anteriores; asegurar las garantías individuales, los grados y as- 
censos militares concedidos por una y otra parte; que las fuerzas veteranas» 
mandadas por ambos Generales, permaneciesen en su organización actual, 
con los Jefes que las dirigían; que después de jurar obediencia y fidelidad 
al Gobierno, éste determinaría acerca de ellas lo que tuviera por convenien- 
te, Ib mismo que sobre las tropas existentes en el Cauca; que todos los 
militares se retirasen á sus hogares, y, finalmente, se declaró abolida la 
odiosra denominación de granadinos y venezolanos. La base principal de 
este convenio no se escribió, aunque era sobre la que estribaban todas las 
demás estipulaciones, á saber : *' que el General Urdaneta dejara el mando, 
sometiendo todas las tropas que estaban á sus órdenes al Gobierno y auto- 
ridad que ejercía el Vicepresidente Caicedo.** 

Cuando se ajustó este convenio, los constitucionaíes no contaban aún 
con la División de Casanare; las fuerzas que tenían en el Cauca y Popayán, 
aun después de la pasada Je la gente de Muguerza, eran muy pocas, según 
los informes reservados que le habían venido á Posada por medio del Ede*^ 
can de Obando, Domingo Gaitán, y Urdaneta contaba con más de cinco 
mil veteranos entre las Provincias de Cundinamarca y Tunja, regidos 
por excelentes Jefes y Oficiales; pero Urdaneta no quería sostener su 
autoridad contra la opinión de los pueblos, que se le manifestaba adversa 
después de la muerte del Libertador, que era por quien lo habían sostenido 
antes. *' Estos sentimientos, dice el señor Restrepo, y la conducta modera* 



CAPÍTULO CIENTO CINCO. 379 

da que observaba Urdaneta en aquellos días, la que tanto contribuyó al 
restablecimiento del orden y de la paz, son muy laudables, y desmienten 
completamente las calumnias que en aquella época d« pasiones publicaran 
contra él sus enemigos." 

Se ve qoe por el convenio de A pulo^ quedaron encima los constitucio- 
nales, porque si en cuanto á olvidoy garantías quedaban iguales los dos 
partidos-, en cuanto á gobierno nój porque Urdaneta debía dejar el mando 
al Vicepresidente Caicedoj quedando todas las fuerzas bajo su obediencia, 
¿ Qué más querían los liberales ? ¿ Quedaron contentos ? Nó; porque juz- 
gando siempre mal de todos, dijeron que cuando Urdaneta había entrado 
por tal convenio, era porque se veía perdido, y que así, no se le debía ha- 
ber aflojado. Pero ese no aflojar sería para que los ahorcaran, pues en cuan- 
to á entregar el poder y la fuerza, nada les había quedado que desear; todo 
quedaba en sus manos. 

El Greneral Urdaneta regresa y llegó áFun^a el día 30; Lo primero 
que hizo fue pasar un mensaje al Consejo de Estado, participándole el con- 
venio celebrado en Apulo y declarando que en virtud de él cesaba desde 
aquel momento su autoridad en el ejercicio del Poder Ejecutivo, cuyo Jefe 
debía señalar el Consejo. Expidió en seguida dos proclamas en que anun- 
ciaba la mismo al ejército y á los ciudadanos, mandando, en consecuencia, 
retirar las milicias á sus hogares. 

En er mismo día por la tarde el Consejo de Estado llamó al Vicepre- 
sidente Caicedo á ocupar su puesto en el Gobierno. El Vicepresidente ya 
estaba en camino y entró en la capital el día 2 de Mayo á las diez de la 
noche. 

Con este paso se alborotaron los chisperos liberales, y dijeron" que el 
señor Caicedo, después de hacer sus pasteles en Apulo, había venido á po- 
nerse en manos de Urdaneta y de Jiménez. Al mismo tiempo los chisperos 
santuaristas decían que Urdaneta, después de haberlos entregado en Apu- 
lo, se había metido en su casa y abandonado el poder á Caicedo.,.. ¡La 
América es ingobernable !' \ Qué oráculo....! El General López se situó con 
su División en La Mesa, aguardando órdenes del Vicepresidente. El Go^ 
bierno legítimo estaba ya restablecido. 

El Vicepresidente organizó su Ministerio; dictó otras providencias, y 
el día 7 de Mayo expidió un decreto en que convocaba la Convención, que 
debía reunirse en la capital el día ij de Noviembre, con el objeto de cons- 
tituir la República de la Nueva Granada. 



iSo HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

Mientras estos hechos se cumplían «n la Provincia de Bogotá, en la 
de Tunja se presentaba otra escena. El General Moreno, de Casanare, ha- 
bía salido de los Llanos por el páramo de Pisba con setecientos hombres de 
infantería y caballería. Se le había auxiliado de Venezuela con 300 lance- 
ros de Apure y con 500 fusiles y pertrechos. En Sogamoso se hallaban el 
General Justo Briceño y el Coronel Patria con mil hombres de infantería 
y caballería. Se encontraron en Cerinza, y Moreno los derrotó. Después 
del triunfo fusiló cinco Oficiales prisioneros,* uno de ellos el Comandante 
Miranda, el que había matado en desafío al Cónsul de los Países Bajos. 
Briceño pudo retirarse con 400 hombres hacia Bogotá, y Moreno avanzó 
hasta Zipaquirá, uniéndosele una multitud de exaltados, que lo previnie- 
ron terriblemente contra el convenio de Apulo, porque ya creían que con 
esta fuerza podían dar la ley á sus contrarios sin concesión alguna, lo que 
era una verdadera felonía. 

López supo tolo esto en La Mesa, y supo que la exaltación de la Divi- 
sión victoriosa de Casanare pretendía descoiiocer, no sólo el tratado, sino 
al Vicepresidente y á él mismo, y nombrar un Dictador que exterminase 
á los que llamaban godos^ que eran todos los bolivianos, y supo, en fin, que 
la División Callao se había aumentado con el refuerzo de Briceño. López 
consideraba perdido todo lo hecho^ porque las fuerzas del Callao eran res- 
petables, y puestos los bolivianos en estado de desesperación con la amena- 
za de Moreno, podían muy bien hacer un esfuerzo que costara muy caro ¿ 

los liberales. 

En este estado recibió un oficio del Vicepresidente, en que lo llamaba 
con urgencia á la capital, por haber protestado Moreno que no obedecía el 
tratado de Apulo. ** Moreno, dice el General Posada, no era sino el Florencio 
Jiménez de su partido: firmaba lo que otros escribían y estaba rodeado de los 
mismos hombres que en Julio y Agosto del año anterior precipitaron con 
su intolerancia los acontecimientos que produjeron la caída del Gobierno 
que oprimían." 

El General López entró por la noche con sus edecanes á Bogotá, y al 
otro día fue Jiménez con la oficialidad del Callao á cumplimentarlo, po- 
niéndose á sus órdenes- Como Briceño y algunos otros Oficiales no concu- 
rrieron, López le dijo á Jiménez que los ci|ara á otra junta para hablar con 
ellos. En esta junta Briceño se mantenía callado; mas habiéndole dirigido 
López la palabra ofreciéndole el cumplimiento fiel délos tratados de Apulo, 
Briceño dijo que confiaba en la palabra del General en Jefe y en la del 



CAPÍTULO CIENTO CINCO. 38 1 

Vicepresidente, pero que ellos no seríajn obedecidos Hegado el caso; y 
agregó que si él hubiera triunfado en Cetinzaf los tratados de Apulo serian 
una realidad. Briceño desconfiaba absolutamente, y con razón, por las 
amenazas de Moreno, que había empezado á ejercer su autoridad en 
Cerinza fusilando Oficiales prisioneros. La División Callao temía igual- 
mente, estaba con las armas en la mano, y los proyectos de Briceño eran 
de salir de riesgos combatiendo; y fue de sentir que no se permitiese vol- 
ver al campo al General López; lo que sabido por éste, tuvo que salir á 
escape por la noche, estando en un baile que le daban las liberales. 

Las tropas habían salido yá á la Sabana con el Coronel Posada. López, 
Heno de cuidado por las cosas de la División Casanare, partió para Zipa- 
quirá con el objeto de hacer entrar en razón á Moreno. Le encontró allí 
enkrmo. Oiga ahora el lector lo que el mismo General López dice en sus 
Memorias sobre su entrevista con Moreno, para que juzgue de los libera- 
les de aquella época: 

*'Allí encontré al General Moreno reducido á la cama por sus enfer- 
medades, y ninguna cosa me indicaba que esa División pensara en moverse. 
Como las circunstancias eran urgentes, pedí al General Moreno que hiciese 
retirar la multitud de gente gue le rodeaba^ á efecto de conferenciar con 
él. El resultado fue persuadirle de la necesidad de obedecer mis órdenes 
con sumisión y confianza, replegar inmediatamente su División á Serrc- 
zuela y prevenirlo contra las sugestiones de algunas cabezas acaloradas 
que le imbuían ú no obedecer ninguna clase de autoridad hasta después de 
haber destruí do el antiguo partido boliviano. Hubo quienes propusieran 
al General Moreno decxj^rarse dictador, movidos sólo del deseo de una 
implacable venganza." 

i Y éstos eran los que tanto horror tenían á la dictadura, que por ello 
calificaron de tirano al Libertador, levantando contra él los puñales 1 
I Moreno dictador de los liberales, un llanero bruto 1 ¿ Y para qué ? Para 
destruir el partido boliviano, es decir, para matar colombianos en masa; 
porque de otro modo no puede entenderse lo de *' no obedecer ninguna 
dase de autoridad hasta después de haber destruido el antiguo partido 
boliviano." | Y ese partido boliviano componía la mayoría nacional ! No 
sabemos de qué otro modo, sino matando, seiía como un llanero pudiera 
destruir un partido. Atiéndase bien que la autoridad de quien tenemos 
estas noticias es intachable para los liberales. 

Moreno vino á Serrezuela con su División, y allí se reunieron todas 



382! HISTORIA DE NUEVA GRANADA 

las fuerzas. El Vicepresidente escribió al General López que vendría á 
Fbntibón con Jiménez y otros- Jefes del Callao, á.tener una conferencia 
con Morena y arreglar la entrada de las tropas en la capital. Vinieron las 
fuerzas á Fontibón ; llegó allí el Vicepresidente con Jiménez y otros Jefes 
y Oficiales. El General López dice en su citada obra: *' Algunos Jefes y 
otras personas que na querían dejar solo al General Moreno, se tomaron la 
libertad de dirigir diatribas al General Florencio Jiménez, en presencia del 
Vicepresidente y mía; lo que me disgustó extremadamente... El General 
Jiménez corrk, par otra parte, un riesgo inminente de perder la vida, si le 
faltaba mi protección y apoyo, que imploró de mí y que yo le prometí." 

El General Posada, que estaba allí, dice: " El lance fue mucho más 
escandaloso y terrible de lo que dice el General López; y no sólo Jiménez, 
sino algunos de los Oficiales de su séquito, hubieran sido asesinados allí, si 
él no los hubiera cubierta con su cuerpo, imponiendo á los exaltados libe- 
rales que tan criminal exceso estuvieran á punto de cometer. El Vicepresi- 
dente, irrespetado á gritos, ofendido á manotadas, apenas podía, á. fuerza 
de prudencia, evitar un rompimiento, interponiéndose entre los amena- 
zados y los amenazadoreSe" 

Jiménez accedió á cuanta se le propuso sobre la entrada de las tropas 
á la ciudad y el modo en que debían salir los cuerpos del Callao, sucesiva- 
mente y con intervalos, para incorporarse con las tropas constitucionales. 

¿ Cómo se quedarían los del Callao y todos los bolivianos al regresar 
Jiménez á Bogotá y referirles toda lo que le había pasado en Fantibón ? 
Lo que el Vicepresidente tuvo que trabajar para calmar la agitación, la 
desesperación de esta gente, es indecible, y creemos que sólo el carácter 
bondadoso del señor Caiceda pudo hacerlo. 

El 13 de Mayo estaba el ejército en la entrada de San Victorino, hacia 
eí llano de Garzón. El General López mandó la orden para que empezaran 
á salir los cuerpos del Callaa; pero no salían. Se repite en vano. ¿ Qué 
era ? Que en los cuarteles reinaba la mayor efervescencia, cl'amando por 
combatir, antes que entregarse como víctimas cobardes. Aquí fueron los 
cuidados y los afanes del Vicepresidente,, que ofrecía á Jiménez y demás 
militares seguridades, en que ellos po tenían fe ni podían tenerla, viendo 
cómo lo habían irrespetado en Fontibón. La agitación reinaba en el cam- 
po de San Victorino^ cuando llegó el Coronel Piñeres con ana intimación 
de Jiménez, en que le decía al General López que si no se le daban seguri- 
dades de eu-mplir el tratado de Aptrio, bs cuerpos, de su Dlvisióa no sal- 



CAPÍTULO CIENTO CINCO. 383 

drían sino á batirse. Sobre este pasaje dice el General Posada: "En aquel 
conflicto, me atrevo á decir que si Jiraénesi hubiera salido con sus tropas, 
animadas por el valor temible de la desesperación, había tres probabilida- 
des contra una de que hubiéramos sido vencidos Hombres teníamos más 
que él; soldados teníamos menos, y sobre el particular! apelo al testimonio 
de los muchos ciudadanos que v^ven de «los que en aquel tiempo nos 
vieron.'* 

El autor de esta Historia es uno de ellos; le consta todo 4o que refiere 
el General Posada, por haberse hallado desde tres días antes entre los c/¿^- 
rigos sueltos (con perdón del General) que seguían el ejército; y fue testigo 
también de otro incidente ocurrido ese día -eii San Victorino y que de- 
muestra el espíritu de que estaban animados, los que venían siguiendo á 
Moreno; y fue el caso que un inglés boliviano, miembro de la Legación Bri- 
tánica, atenido, sin duda, á la inmunidad de su pabellón, salió de la ciudad 
á pasear el campo militar, introduciéndose por entre los cuerpos. Empezar 
ron á decir que era espía, y al instante Narciso Gómez picó sobre él eKca- 
ballo con lanza en ristre, y sin duda lo habría lanceado si no se leatraviesao 
dos Oficiales á contenerlo (i). £1 inglés se quedó mustio y se retiró á toda 
prisa del campo. Otra cosa sucedió, debida dX estado de encono en que ha- 
bían puesto á la gente de Jiménez, y fue que mientras se esperaba la salida 
del Callao, un Oficial Galarza, del ejército de López, se entró ala ciudad á 
caballo por ver.á su familia, el cual fue lanceado por un piquetq de húsares 
de Briceño. Esto dio ♦también motivo para irritar á los que no necesitaban 
de tanto: á gritos se pedía la orden de entrar á la ciudad para atacarlos 
cuarteles, lo que pudo calmar López haciendo un enérgico reclamo contra 
aquel atentado, alo que le contestó el Vicepresideate que estaban yá presos 
los que lo habían cometido. 

El mensaje de Jiménez causó una excitación terrible, y yá se preparaba 
el viejo Moreno con susllaneros para entrar ala ciudad. La figura de éste 
era digna dcifotografía. Corpulento y renegrido; con una levita azul larga; 
pañuelo blanco puesto en forma de moatéra amarradoálas quijadas, y som- 
brero de tres picos galoneado. El Vicepresidente calmó la jefervescencia 
mandando un billete al General López, en que le decía que pronto saldría 
él en persona y se arreglaría todo. Así fue; el Vicepresidente bajó á caballo 



(1) Narciso Gómez se había ÍBOOirporado en la caballería de Morano. Fae el del ase- 
sinato de don Sebastián Herreía. . 



384 HISTORIA DB NUEVA GRANADA 

en grande uniforme de General; conferenció con los Generales López y 
Moreno, aunque éste y los de su séquito guardaron silencio, sobre lo cual 
dice el General Posada que dio lugar á pensar mal de sus intenciones. En 
esta conferencia el Vicepresidente manifestó los fundados temores que ocu- 
paban el ánimo de los del Callao y demás comprometidos, al ver lo que 
había pasado en Fontibón, con desprecio del convenio de Apulo, en el cual 
estaban fincadas sus seguridades, y el haberse avanzado yá la división hasta 
la entrada de la ciudad: y concluyó diciendo que era preciso que retroce- 
diesen las tropas constitucionales hasta Fontibón, mientras él lograba ins- 
pirar confianza entre las del Callao, para que á la mañana siguiente pu- 
dieran hacer su salida. Perd el Vicepresidente no insistió en la retirada á 
Fontibón, viendo lo mal recibida que era esta proposición. El señor Cai- 
cedo regresó á la ciudad y el campo quedó en fermentación. 

A pocas horas apareció un oficial con pliegos del Vicepresidente, en 
que decía al General López que se retirasen sin cuidado á pasar la noche á 
la hacienda de Techo, que mandase Jefes y Oficiales que se hicieran cargo 
de los cuerpos del Callao para que los sacaran á la mañana siguiente á 
incorporarse con la División constitucional. El General López comunrcó 
la orden y señaló los Jefes y Oficiales que se pedían, pero se trataba de 
resistir la orden de replegarse á Techo. López se revistió de energía y se 
hizo obedecer. ♦ 

El General Posada refiere de un modo patético las escenas que tuvie- 
ron lugar esa noche en los cuarteles de la División Callao, al resolverse 
los Jefes y Oficiales á obedecer las órdenes del Vicepresidente, para que 
entregasen sus soldados á los Jefes y Oficiales de la División constitucional. 
La desesperación, el sentimiento, hacían prorrumpir á los viejos veteranos 
en lágrimas y maldiciones al separarse de sus Jefes y Oficiales: unos pedían 
que ios sacasen á morir peleando; otros rompían los fusiles contra el suelo; 
una partida de zambos de Apure, húsares de Ayacucho, montando á caba- 
llo y abriéndose campo, se fueron para Venezuela; muchos soldados se 
desertaron; los Jefes y Oficiales venezolanos pidieron pasaportes para 
Venezuela unos, y otros para las colonias. Estos sacaron, en clase de asis- 
tentes, más de 200 soldados de los antiguos del Callao que no quisieron ser 

* El General Posada, en bus Memarioi, refiere todo lo que el señor Gaicedo tuvo 
f ve trabajar para calmar los ánimos de los militares de la capital, porque él lo presenci6 
todo, habiendo tenido que ir en ese mismo día adonde estaba el Vicepxesidente. £1 qn« 
quiera inf ormaise de esos pormenores consulte el libro de Posada. 



CAPÍTULO CÍENTO CÍÑCd. 585 

entregados. Los Jefes y Oficiales granadinos más comprometidos se ocul- 
taron. En fin, la noche en Bogotá fue infernal para esa gente, y sobre todo 
para el Vicepresidente, que unas veces con energía y otras con dulzura» 
evitó una espantosa catástrofe, que sin duda habría sido en perjuicio de los 
liberales, si en esa noche hacen una salida desesperada sobre ellos los dos 
mil honlbres Veteranos con veinte piezas de artillería bien montada que 
tenían, como lo propuso el General Briceño; á lo que contestó Jiménez que 
él no quería obtener otro triunfo como el del Santuario y que obedecía al 
Gobierno. Al señor Caicedo le pagaron todas esas penas los liberales con 
tratarlo de pastelero y traidor. El General López participó de los mismos 
honores. Urdaneta, que tanto había hecho en el mismo sentido hasta en- 
tregar el Gobierno al Vicepresidente, teniendo fuerzas más que suficientes 
para triunfar de los constitucionales, fue tratado de tirano y usurpador 
infame ; y por los suyos, de traidor y cobarde, teniendo que esconderse ^ 
temeroso de que, al haber un rompimiento, lo sacrificasen. 

Pero los liberales estaban alegrísimos. I Qué triunfo tan grande I pero 
debido sólo á los tratados de Apulo, que echaron á rodar luego que Urda- 
neta entregó el mando al Vicepresidente y que se triunfó en Cerinza. 

Al siguiente día, 15 de Mayo, por la mañana, salió la tropa del Callao 
á incorporarse con la de los constitucionales, que yá estaba á la entrada 
de San Victorino. Ordenados todos los cuerpos por el General López, quien 
pronunció una arenga antes de cocar marcha, entraron á la plaza de la 
Catedral entre el ruido de cajas, ' cornetas, músicas, repiques, cohetes y 
vivas á los vencedores, de los cuales se llenó la plaza, que parecía un jardín 
de diversos colores con los nuevos uniformes que todo el ejército constitu- 
cional se había estrenado el día antes. El señor Restrepo dice que la para- 
da fue hermosa, por la variedad de trajes. Aquí preguntará el lector: ¿ y 
cómo pudieron uniformarse tan pronto ? 

El comerciante Isidoro Cordovés, amigo íntimo de Obando, ayudado 
de otros, reunió cuantos cabos de bayeta hubo en la calle del Comercio y 
los condujo al campo de San Victorino. Allí fueron cortando pedazos de 
á vara, y dando á cada hombre el suyo, con una abertura en la mitad para 
que se los pusieran como ruana. A unos cuerpos repartieron colorados, á 
otros azules, amarillos y verdes. De este modo desaparecieron, como por 
encanto, los harapos y la mugre que cubría al ejército constitucional. 

El General López disolvió allí mismo, en la plaza, el Batallón Callao, 
y la bandera que tremolara victoriosa sobre los muros de la plaza de este 



386 HISTORIA SE NURVA GRANADA 



nombre en d Perú, la mandó á la Municipalidad de Popayán. Triste pa« 
rodia del Gran Mariscal de Ayacucho, mandando las banderas de Pi<zarro 
al Museo de Bogotá. Así gradúa el hecho el General Posada, quien critica 
con justicia la disc^lución de aquel antiguo cuerpo,*stn que para ello hubie- 
ra dado orden el Vicepresidente. 

Los llaneros ál otro día empezaron á pasear las calles y á meterse á 
las casas y tiendas á pedir, ó alomarse lo que les gustaba, y ^n^estas vuel- 
tas se supo que habían hecho dos muertes, lo que tenia en alarma á las 
gentes. Los exaltad os 'liberal es les celebraban mucho estas gracias, y cuan- 
do veían á algún boliviano, se lo mostraban con el dedo diciénddes: *' ese 
es godo.'* Todos temían la bandada de bárbaros, pues se sabe que nunca han 
podido los Jefts sujetarlos á la disciplina militar, si no es cuando están 
con el enemigo ál frente ; así lo dice el General Páez. Fue necesario des- 
pacharlos pronto, gratificándolos antes; y como no "había dinero, el Go- 
bierno tomó géneros del Comercio para darles. El día que se les hizo el 
reparto, se sentaren en toda la calle del Comercio á jugar ál dado los efec- 
tos, formando una algarabía insufrible, lo que servía á unos de diversión y 
á otros de molestia. 

Cuando entro el Callao en Bogo'tá victorioso, el día ^8 de Agosto, 
después de ganar una batalla, todos los del partido contrario gozaron de 
plena seguridad; nadie iue insultado; el olvido de lo pasado fue efectivo, 
observando religiosamente lo pactado en la capitulación, que no contenía 
más artículo hostil que el del destierro de once individuos, que se derogó 
inmediatamente después que Urdaneta tomó .el mandp, y esos individuos 
.quedaron gozando de .toda seguridad. 

No se portaron ahora lo mismo los exaltados del otro partido, que no 
entraron en Bogotá victoriosos venciendo por arnaas, sino á beneficio de los 
tratados de Apulo, que echaron por tierra, para convectirse en perseguido- 
res luego que se hicieron dueños de la fuerza. El paralelo entre estos dos 
hechos da la medida de los hombres de esos dos partidos. 

Nadie sabe lo que se debió en aquellas ciicunstancias á la prudencia 
del Vicepresidente Caicedo y á la energía y caballerosa conducta del Geoe- 
íral López, sostenido por el Coronel Posada con su División. Y sin embargo, 
en lo general hubo quejas contra ellos, en especial contra el primero, á 
quien atribuían no sólo debilidad, sino connivencia con los enemigos de la 
libertad, porque no infringía el tratado que había celebrado en Apulo como 
Jefe del Gobierno, es decir, porque no hacía lo que La Mar después de los 



CAPÍTULO CIENTO CINCO. 387 

tratados de Garzón; porque no aprisionaba, desterraba y fusilaba á los que 
se le habían sometido bajo la fe de aquel tratado. 

Era preciso, pues, para salvar la patria y el orden legal^ hacer lo mis- 
mo que los que llamaban facciosos: echar abajo el Gobierno legítimo, desba- 
ratar lo que se acababa de hacer, colocándose en el terreno de los facciosos 
para castigar á los facciosos que habían echado abajo el Gobierno legítimo, 
y proclamar la dictadura de un llanero los que se habían horrorizado con la 
dictadura de un Bolívar, á quien habían llevado á la tumba por el crimen de 
haber sido dictador por el voto de los pueblos. De estos fenómenos parece 
que no se habrán visto en otra parte del globo. Pero eso era lo que estaba 
al suceder en las noches del 16 al 17 de Mayo, y que impidió el General 
López. 

Él mismo nos lo refiere en sus Memorias, En estas dos noches hubo 
juntas secretas de muchos Jefes militares y gran número de liberales, ó 
mejor dicho, demagogos como los del 25 de Septiembre, presididos por el 
General Moreno. En estas juntas se declamó violentamente contra la con- 
ducta del Vicepresidente, improbando todas sus providencias. Se quejaban 
agriamente de que aun se vieran por la calle Jefes y Oficiales del Callao, 
que habiendo pedido sus pasaportes y obtenido del Vicepresidente algunos 
días de plazo para preparar su viaje, permanecían en la capital. Díjose que 
era preciso adoptar sin tardanza fuertes medidas, tales como la renovación 
del Ministerio, del Consejo de Estado y de todos los empleados civiles (i), 
reemplazándolos con personas de toda confianza; la expulsión de los des- 
afectos fuera de la Nueva Granada; confinamiento de otros á diversas Pro- 
vincias, donde no tuvieran relaciones; la remoción de varios curas de sus 
beneficios, y últimamente, la reforma del reglamento de elecciones para la 
Convención, acortando el tiempo señalado para su reunión, disminuyendo 
las bases de población, de propiedad y de edad, porque tanto los desacomo- 
dados como los colegiales querían ser legisladores, los unos para acomodar- 
se y los otros para continuar en grande la República bartolina. Pero encon- 
traban para todo esto y mucho más de que trataban, el obstáculo del 
Vicepresidente, que no se prestaba á ejecutarlo. Propúsose, pues, para alla- 
nar la dificultad, el plan de quitarle el mando al Vicepresidente y conferir 
la dictadura al General Obando ó al General Moreno, contando con el 



(1) No pedían tanto los pueble» de la Sabana 7 el Callao en el mes de Agosto de 
1830 y de esto se les hÍ2K> un crimen. 25 



388 HISTORIA DB NUEVA GRANADA 

apoyo del ejército, principalmente con la División Casanare, que estaba 
dispuesta á todo cuanto fuera exterminar godos. Esta denominación, apli- 
cada por estos tiempos á los conservadores, trae su origen de entonces, y 
que surtió tan buen efecto entre los bárbaros llaneros para hacer odiosos á 
los bolivianos. 

La junta había acordado citar al General López para intimarle el plan 
acordado y comprometerlo á tomar parte en sus malignas deliberaciones, 
dice el mismo López, y que habiéndolo sabido y puesto en conocimiento 
del Vicepresidente, se dirigió á la casa de la junta secreta, como á las ocho 
de la noche. Después de haber escuchado las peroratas y discursos á lo 
Marat, y que no se daban tregua unos á otros, sin permitir lugar á López 
para tomar la palabra, pudo hacerlo en un momento de suspensión, para 
emitir sus opiniones en contra. Comenzando por manifestar que á nadie 
cedía en principios liberales, dijo: ''¿Hay aquí un solo patriota que, ultra- 
jando al Gobierno legítimo y á la santidad de las leyes, intente arrogarse 
facultades que no le han sido otorgadas, para tomar en su virtud medidas 
de hecho, á fin de aterrar á nuestro antiguos enemigos ? ¿ Hay uno solo 
que quiera hollar la Constitución, y ¡con la espada en la mano amenazase 
las garantías sociales, se sobrepusiese á la autoridad constituida y obrase 
apasionadamente por el estéril y vergonzoso deseo de una venganza crimi- 
nal ? Pues digo á ustedes que el que tal piensa no es patriota, no ama al 
país ni quiere el honor y lustre del Ejército libertador. Ningún argumento 
más fuerte de retorsión pudiera ofrecerse á nuestros enemigos; ninguna 
justificación más completa pudiera presentárseles. ¿ Por qué es que hemos 
combatido; por qué hemos venido hasta esta ciudad trayendo en triunfo el 
pabellón nacional ? ¿ No ha sido porque nuestros adversarios despreciaron 
las leyes y derrocaron el Gobierno? ¿No ha sido por restablecer el impe* 
rio de esas mismas leyes y reinstalar á ese mismo Gobierno en el puesto 
que le había usurpado el despotismo militar y una ambición desenfrenada ? 
¿ Y no es por esta conducta que hoy se cubre de honor y gloria el Ejército 
restaurador ? Y obrando en contrario, ¿ qué se dirá de nosotros ? Nada me- 
nos se dirá sino que nuestras intenciones no habían sido otras que reem- 
plazar á los antecesores mandatarios y gobernar como ellos á nuestro anto- 
jo; que nuestro objeto no había sido restablecer la libertad, sino oprimir al 
pueblo invocándola." 

Pasó luego el General López á la parte de cargos que se hacían al Vi- 
cepresidente, y lo defendió con buenas razones; y ofreció que se interesaría 



¿g ' j¿ — ^^ ■ tj;g»a4«j;» > ^^«^ ^.^4 »! *-* '■ " . ' ' ■ ' i " -! 



CAPfXÜDO CIENTO CINCO. 389 

con él para que en lo posible se acordaran con los deseos de la junta» y 
ofreció que muy pronto saldrían de Bogotá los militares del Callao. Pero 
nada valía; nada era capaz de aplacar el espíritu vengativo de aquella 
Asamblea demagógica, que sostenía ser inútil esperar algo del Vícepre* 
sidente. 

^* Apenas acabé de hablar, dice el General López, cuando uno y repe- 
tidos discursos, aun más amenazantes que los primeros, se pronunciaron 
por los mismos oradores, protestando que no había qué esperar del General 
Caicedo y que de allí no podían separarse, como no se separarían, sin haber 
deliberado obrar por sí mismos." 

López se había sentado junto á Moreno, y mientras peroraban pudo 
persuadirle de que los llamados sus amigos le hacían perder su honor y cré- 
dito; que le ofrecía empeñarse con el Vicepresidente para que tomara me- 
didas más enérgicas, pero que era preciso se suspendiera la deliberación de 
la junta hasta obtener respuesta del Vicepresidente. Moreno ofreció á Ló- 
pez que así lo haría. 

*' Mas la furia, sigue diciendo éste, subía de punto, y el calor de los 
discursos no dejaba esperanza de aquietar los ánimos. No perdamos el 
tiempo, decían; no perdamos el tiempo inútilmente. Si el General en Jefe 
no apoya nuestros proyectos, si nos da la pena de verlo separado de nues- 
tro lado discorde en el mod